Libro de notas

Edición LdN
Cartas desde el exilio guineano por José Eburi Palé

Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.

Febrero de 1969: dos provincias españolas bajo el terror

José Eburi Palé

Macías, nuevamente en Bata

Loriga, Macías y Fraga
El 12 de febrero de 1969, Macías decide regresar a Bata una vez más. Pero esta vez las circunstancias son graves porque lo hace inmerso en un torbellino de recelos que le han convertido en una bomba de relojería; en su cabeza se agolpan un rencor irreconciliable hacia el gobierno español y a su diplomacia y un enorme temor a los movimientos que protagonizan en Rio Muni, mayoritariamente descontentos con él, los partidarios de Bonifacio Ondó Edú y Atanasio Ndongo en las elecciones recientes. Además, soporta la losa de una bancarrota económica que no tiene ni idea de cómo resolver y el pánico a mostrarse vulnerable y con las manos vacías de prebendas, ante sus correligionarios de clan y tribu.
Con ese equipaje personal, aterriza en el aeropuerto de Bata el día 12 de febrero de 1969.

Don Juan

Lóriga y Edmundo Bosío, vicepresidente
de Guinea asesinado por Macías
La denostada figura de nuestro primer embajador en Guinea, D. Juan Durán Lóriga, ha conseguido por méritos propios y en poco más de tres meses, todo un record de nefastos desatinos diplomáticos en la reciente nación guineana. Ha intermediado para que el opositor a Macías en las elecciones, Bonifacio Ondó Edú, regrese a Santa Isabel con “garantía” de salvaguardia en nombre de España. Bonifacio es detenido y, según versiones, envenenado por Macías a los pocos días; en cualquier caso su asesinato por este es confirmado a partir del mes de marzo.
Ha conseguido, a base de inoperancia personal y nulas dotes negociadoras, encolerizar a Macías y convertirse en el blanco de sus iras.
También ha conseguido, descalificar públicamente al ministro de asuntos exteriores guineano, Atanasio Ndongo, cuestión que a Macías le encantó sin duda.
Don Juan en el fondo, aborrece a los guineanos, desprecia la incultura personal de Macías y exhibe una patética arrogancia personal que no pasa desapercibida para nadie, incluyéndole a él mismo.

Atavismo versus snobismo, instinto contra desidia
He aquí como Macías, con capacidades e inteligencia limitadas en principio, gana la partida a un petimetre snob, falto del más elemental sentido de la ética personal y profesionalmente nulo, nuestro embajador, al que se le supone un “saber hacer” y en posesión de un acerbo cultural de dos mil años de historia patria.
Macías no tiene otro interlocutor válido, representante de España, que a Juan Durán Lóriga. Al mismo tiempo tiene que jugar sus cartas con astucia si quiere seguir siendo presidente de Guinea, a la vista del malestar en Rio Muni. La mente de Macías improvisa una estrategia que le es servida en bandeja, cuyo desenlace programa minuciosamente y que de forma magistral le permite afianzar su mandato político, vengarse de la administración española, y, de paso, defenestrar a Juan Durán Lóriga definitivamente de su entorno.
El precio que paga, como se verá, es sumergir a Guinea en una pesadilla y retrotraerla a la noche de los tiempos durante una década decisiva para el país.

Macías en Bata
Macías aprovecha su gira por el interior de Rio Muni para jalear a la población culpando de todos los males de Guinea a la administración española y a las empresas madereras, que según él, apoyaron a Ondó Edú y a Atanasio Ndongo en las pasadas elecciones.
Él se presenta libre de toda culpa y como una víctima más.
Construye un chivo expiatorio frente a sus correligionarios de clan sobre todo, y de paso atemoriza a sus opositores, partidarios de Ondó y Atanasio, que quedan gravemente señalados como co-responsables de la situación caótica del país.
Macías conoce las realidades diplomáticas y la verdad de la situación, pero sus correligionarios de tribu, en los poblados remotos de la selva continental, creerán siempre sin duda lo que el diga. Estrategia básica, intuitiva y elemental, que el nivel intelectual y profesional de nuestro embajador, Don Juan, obviamente no supo, no quiso, o le trajo al pairo, ver.

La guerra de las banderas en Bata
En Bata, capital de la zona continental, y después de la independencia, había tres lugares en los que ondeaban banderas españolas, el consulado español, la residencia del cónsul español y el acuartelamiento de la guardia civil, esta última aún operativa según los acuerdos firmados al respecto. No era desde luego un número excesivo, y no más que las que ondeaban en las sedes representativas de otros países.

Sábado15 de febrero. Interviene en el detonante de la operación, el comandante Tray, hombre adulador de Macías y que había adquirido una formación militar en España. Este, con la aviesa y simple intención de apropiarse para si de la residencia consular, embauca a Macías y le convence de que tres, son demasiadas banderas españolas en Bata. Macías coge la idea al vuelo y ve en ella la ocasión perfecta para sus propósitos; sale así de gira por el territorio de Rio Muni y astutamente deja instrucciones a Tray para que en su ausencia resuelva el asunto. Este intenta arriar la bandera de la residencia consular española en un primer intento, sin éxito. Le falta para ello carisma personal, agallas e inteligencia.

Domingo 23 de febrero. Macías regresa de su gira y al conocer el fracaso de Tray, se encoleriza y convoca al cónsul general español, Abrisqueta. En una violenta conversación le declara persona non grata y decreta su expulsión inmediata de Guinea. Al mismo tiempo, ordena que ocho miembros de la guardia nacional, entren por la fuerza en la residencia consular española y arríen la bandera. Así se hace.
Carrero Blanco se entera del suceso con relativa rapidez, por un telegrama puesto desde un barco atracado el puerto de Santa Isabel; Castiella en cambio, tarda más en conocer los hechos por las precarias comunicaciones con Guinea (fantástica cooperación entre dos miembros de un mismo gobierno).
Se envía un telegrama urgente al embajador, Juan Duran Lóriga, para que actúe “rápida y enérgicamente”.
Don Juan se entrevista con Macías informalmente una primera vez y le expone “enérgicamente” su descontento con la acción, deshaciéndose en explicaciones acerca de su tesón y propósito sin tachas, de colaborar en las fraternales relaciones con Guinea, etc. etc. retórica vacía y hueca que aburre a Macías soberanamente. Por añadidura, su falta de agallas queda expuesta a la luz pública y ante testigos, grave error ante unos interlocutores que por tradición secular, valoran el aplomo como algo primordial en un hombre con el que se está negociando.

Martes 25 de febrero. Macías recibe en audiencia oficial a Juan Durán Lóriga que, como se ve, actúa “rápida y enérgicamente”. Macías no le da opción, casi ni a hablar. Quita importancia al tema de las banderas, calificándolo como “menor” y reclama al embajador, directamente y sin preámbulos, los quinientos millones de pesetas que España le había prometido. También acusa a nuestro embajador de favorecer a las empresas madereras, las cuales según reitera Macías, habían ayudado a Bonifacio Ondó en las elecciones. Nuestro embajador, no obstante, se apunta un “gran éxito” diplomático: acepta arriar la bandera de la residencia consular, si las demás representaciones extranjeras hacen lo mismo. Debió pensar Don Juan en ese momento, que Churchill a su lado, fue un apocado grumete.
Evidentemente, Macías firma un decreto al respecto con toda tranquilidad, sabe que ha ganado la batalla pública y lo demás no le importa. Definitivamente sólo queda una bandera española izada en el consulado general. A Macías las demás representaciones le importan un rábano, él ha conseguido expulsar al cónsul español, humillar a nuestro embajador en presencia de testigos y culpar de todos los males de Guinea a este y a las empresas madereras.

Miércoles 26 de febrero. Se produce por parte de Macías, la expulsión oficial de Guinea de Don Juan Durán Lóriga, nuestro primer, fugaz y pusilánime embajador en la nueva nación.

El terror está servido

Discurso en Bata
Macías ha jugado sus cartas ante la evidencia de la apatía española y su pánico personal. Pánico no exento de base como él bien sabe, las reglas del juego tribal y atávico, de la profunda selva ancestral son esas; la ley de la selva, la del más fuerte, y esos códigos sí los domina a la perfección, le son innatos.
Ha aprovechado su gira por el interior de Rio Muni, para arengar a la población y generar una ola de violencia contra de todo lo que no proceda del clan de Mongomo, y, mientras, ha dejado en Bata la semilla de un plan, listo para madurar justo a su regreso.
Sus “juventudes”, formadas por desocupados adolescentes, reclaman en medio del caos el derecho a un botín, y el único botín posible es el derecho a la intimidación, el saqueo y allanamiento de las propiedades, la violación y el asesinato de quien les plazca indiscriminadamente.
Macías ha perdido el control del orden público a cambio de ganar tiempo personal para afianzarse en el poder, mientras su clan crea en sus historias.
Comienza la violencia contra la población de las otras muchas etnias continentales y contra las fincas aisladas en el bosque. En esto no hay racismo, tal y como hoy se entiende, hay tribalismo. El terror, afecta tanto a los negros de otras etnias, como a los blancos, a mujeres, a hombres y a niños.
Macías actúa consecuentemente con sus “códigos” de tribu, persiguiendo, torturando y asesinando a todo aquél de quien imagina, pueda provenir algún tipo de amenaza, real, o imaginaria.
Los blancos en ese sentido no son su objetivo personal potencial, lo son todos los guineanos negros mejor formados que él, lo mejor de la pirámide poblacional autóctona de Guinea.
Para sus juventudes, el objetivo es indiscriminado, el que se presenta día a día, asesinan a un Combe, Ntumu, Bujeba u Okak, para robarle la mujer o simplemente violarla, o las dos cosas, es el botín.

La ONU mira para otro lado, el mismo lado al que miran los EEUU.
Muchas decenas de miles de ciudadanos españoles, negros y blancos, no tienen otro lado al que mirar, sólo cara a cara al terror, al caos, a la desesperación y a la tortura. Cara a cara al asesinato abominable de familiares, amigos y paisanos de toda la vida, a escasos metros de las casas y calles radiantes de luz y sol, sólo unos meses antes.
El caos y la confusión están servidos, aunque no había hecho más que empezar.
Mientras tanto, Don Juan Duran Lóriga está ya cómodamente instalado en Madrid.
El Sr. Carrero Blanco siempre lo estuvo.
Y el Sr. Castiella
Y Don Manuel Fraga Iribarne.
Y Franco
Y el Sr. Paesa……………………y muchos otros más.

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La mayoría de fotos aportadas, provienen del fondo fotográfico de: http://www.raimonland.net/

José Eburi Palé | 05 de julio de 2007

Comentarios

  1. Ely
    2007-07-07 05:52

    Definitivamente, no todas las memorias históricas se desempolvan.
    Y con esta, habría que hacerlo.

  2. Edu
    2007-07-09 19:56

    Resulta curioso.
    Estando de actualidad el tema de la Ley de la Memoria Histórica, es chocante que existan “otras” memorias tan históricas como cualquiera, que no parece que se esté por la labor de desempolvar.
    Ahora que se ven con profusión imágenes de exhumación de cadáveres, en fosas comunes de todos los rincones de España.
    Ahora que se rehabilitan derechos y se pormenorizan resarcimientos de todo tipo.
    Ahora que se escuchan testimonios exhaustivos a ciudadanos de las aldeas más recónditas del país.
    Ahora, repito, es sumamente curioso como nuestros políticos regatean y pasan de puntillas sobre la memoria histórica de nuestra presencia en Guinea, y más concretamente del lamentable proceso descolonizador, que provocó una diáspora y un drama social colectivo, de primer orden.
    Resulta curioso

  3. Basuala el apátrida
    2007-07-19 20:09

    Me he encontrado con estas alabras de Don Juan Durán Lóriga en sus memorias:
    ……”Las perspectivas para los españoles en Guinea eran cada vez más inciertas. Es comprensible que arreciasen sus críticas contra el embajador como representante de un gobierno por el que se creían abandonados. Recibí cartas anónimas. En una de ellas un estimable compatriota me calificaba, entre otras lindezas, de “eunuco”. No es imposible que fuese la misma persona que al estallar la crisis de febrero me acusó de haber puesto en peligro a los españoles “por defender un trapo”.

    Su excelencia Juan Durán Lóriga:

    Primera apreciación:
    El valor simbólico dado a un trapo o bandera, no es ofendido por quien quiere, si no por quien puede. Es decir, por quien comparte el valor intelectual concedido a semejante objeto.
    Una cosa son las novelas de caballería y los desvaríos de los idearios franquistas, y otra muy distinta las tomas de decisiones firmes en momentos críticos, que han de estar basados en la razón, la honestidad y las convicciones morales universales. Es decir, en el sentido común.

    Para el sector de guineanos autóctonos exaltados en febrero de 1969, el valor de cualquier bandera, incluida la de su recién creado país, era cero; entre otras cosas, porque el mismísimo 11 de octubre de 1968 a las 23h, aún no estaba decidido su diseño. Por lo tanto no entraba en su mentalidad que semejante trapo, el de ellos o el nuestro, tuviera el más mínimo valor real, salvo el que sabían que usted le daba y por el que su natural y sobradamente conocida cobardía, tendría que responder ante sus superiores.
    Le conocían muy bien a usted los guineanos, Mr. “Florindo Mbá”.
    La idiosincrasia tribal secular de los guineanos, no estaba basada en “trapos” de ningún color, ni a Macias le importaban un rábano las disquisiciones patrioteras de usted al respecto. Sus palabras Don Juan, no son más que una demostración más, entre otras cosas, de su ignorancia y ausencia de reconocimiento, de la historia y la forma de ser de los guineanos.

    Segunda apreciación:
    Aún suponiendo que no fuera así, cuando a 5000km de la península ibérica se producen unos sucesos como los de Guinea en 1969, anteponer la conjetura de la honorabilidad de un “trapo”, bajo la subjetiva óptica de una horda de desarrapados, a la vida de decenas de miles de ciudadanos, hombres, mujeres y niños, me parece cuando menos una excusa incalificable para justificar su cobardía e inoperancia personales. También me parece un ejercicio sublime de fariseismo.
    Usted, Don Juan, actuó como lo hizo, no por un anacrónico sentido de honorabilidad patriótica, representada en un trapo; lo hizo por un pánico personal ante la reacción de sus mandos, nada menos que Carrero Blanco y Francisco Franco, por mencionar solo a algunos.
    Y como a ellos, a usted verdaderamente le importaba un bledo la seguridad y la vida de decenas de miles de españoles, blancos y negros.
    A usted, su excelencia, le preocupaba exclusivamente su pellejo, y su futuro profesional.

    Basuala apátrida

  4. Rober
    2007-07-31 00:19

    ¿Como es posible, que 32 años después de la muerte de Franco y 38 años despues de los hechos que nos cuentan, aún sea un tema silenciado por gobiernos y medios de comunicación?

  5. Juan Durán-Loriga
    2009-03-04 03:17

    Quiero puntualizar, ya que me afecta, la “Carta desde el exilio guineano” publicada en la sección “El libro de notas”.
    El buen Bonifacio Ondó tuvo harta razón al refugiarse en el Camerún para escapara a la furia paranoica de Francisco Macías. El presidente, obsesionado par el temor de ser desplazado por Ondó, logró que las autoridades camerunesas lo entregasen por la fuerza en la frontera.
    Por supuesto no hubo por mi parte gestión ni intermediación alguna para animarlo a regresar. Lo que hubiese sido, ciertamente, un criminal desatino.

    Juan Durán-Loriga, primer embajador de España en la Guinea Ecuatorial



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