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Cartas desde el exilio guineano por José Eburi Palé

Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.

12 de octubre de 1968: el día después

José Eburi Palé

Los delirios de Macías Nguema
A pesar de su conocido desequilibrio psíquico, la conducta inicial de este hombre con posterioridad al 12 de Octubre de 1968 no carece de cierta lógica. Sus primeras declaraciones como presidente del nuevo país hacían hincapié en que Guinea y España estaban a partir de octubre “en pié de igualdad” y se refería a nuestro dictador como “mi colega Franco”, pues eso le había hecho creer dicho “colega” y otros muchos. Si Francisco Franco era un dictador, él, como admirador incondicional, decidió también serlo pues no tenía otras referencias del mundo libre. Si Francisco Franco tenía una organización llamada J. O. N. S.(Juntas de Ofensiva Nacional—Sindicalista) y Hitler sus “juventudes hitlerianas”, él tendría sus “juventudes de Macías”. Si Francisco Franco fusilaba a los enemigos de su régimen, él haría lo mismo en caso necesario. Ese “detalle” era lícito para él ya que la madre patria —su arquetipo político— funcionaba así.

Contra Franco – Ampliar
En su personal delirio, Macías suponía que eso de la independencia sería algo así como que a partir de octubre “mandaría él” sin más matices. Mandaría en “la Guinea de siempre”, la que conocía y no alcanzaba a imaginar por qué tendría que cambiar. Imaginaría a los blancos a sus órdenes sin más vueltas que darle al asunto. Viviría en el palacio del gobernador de Santa Isabel y llevaría trajes espectaculares. Tendrían que llamarle Sr. Presidente todos los blancos, todos los negros, y saldría en su Mercedes a pasearse por Santa Isabel y Bata ostentando sus prebendas y su poder. “Su colega Franco” iría de vez en cuando de visita oficial y él sin duda, sería invitado a visitar España como le habían prometido; todos los poblados de Río Muni y Fernando Poo le rendirían pleitesía.

Cualquier otra reflexión a Macías le venía grande; ese era el panorama que bullía en su cabeza y cualquier otra premisa no formaba parte de sus inquietudes. Básicamente, para él no había nada más que tener en cuenta. De cómo funciona un país y de cómo se dirige y administra esa maquinaria, ya se encargarían “los que sabían”; por ejemplo los muchos guineanos blancos que él conocía, apreciaba, y que “obviamente” seguirían allí. Tenía además el poder del clan y la magia de sus brujos, no faltaba nada porque además “su colega Franco” en pié de igualdad, le echaría una mano como le había prometido.

Primeros pasos
Macías está ya en el poder y en principio se dedica a testar su nueva situación. Lentamente y con cautela, se va despojando de sus miedos y decide hacer ostentación externa de su poder. Hace declaraciones en radio, en el único periódico existente —el “ébano”— y decide en breve recorrer la isla de Fernando Poo, visitando los poblados y dando alocuciones de oratoria ciertamente difícil de clasificar. Pudiera sorprender que —perteneciendo él a una etnia continental— no tomase como primera medida el traslado de la capitalidad del nuevo estado a Bata; para los que conocían su mente, nada más lejos de sus intenciones. En Santa Isabel se siente más seguro, está en territorio “conquistado” a los bubis y allí está la sede del gobierno por tradición secular, que él quiere ocupar; dos razones de peso.

Una de sus primeras decisiones es, organizar una auténtica invasión de la isla de Fernando Poo por guineanos continentales de la etnia fang. Para ello se sirve de dos barcos de la Transmediterranea que desde siempre cubrían el trayecto Bata-Santa Isabel, el “Rio Francolí” y el “Capitan Segarra”. Se ve así la isla —de forma súbita— invadida por los enemigos seculares de los bubis, la etnia fang continental. Se trata además de gentes desarraigadas, de los poblados más profundos del continente y en su mayoría jóvenes adolescentes sin formación, cultura, ni trabajo estable. Gentes adictas al clan de Macías y que a penas dos meses más tarde y por decreto formarán el grueso de las “juventudes de Macías”. Macías les entrega armas y la actitud de estas hordas frente a la población bubi es fácilmente deducible: intimidación de la población, envalentonamiento, establecimiento de controles en las carreteras, etc. No obstante, en los primeros días y semanas, los sucesos no pasan de ahí.

Nuestro estreno diplomático

Fraga visitando TVEAmpliar
Como no podía ser menos, España —siguiendo en su línea de despropósitos— destina en la nueva nación un embajador y cuerpo diplomático absolutamente bisoño, inexperto en cuestiones africanas e ignorante por completo de la idiosincrasia guineana. Gentes burócratas que a falta de otros quehaceres más honorables, se toman su estancia en Guinea como un deber desagradable que antes o después engrosará sus expedientes.

Recién llegados de España y conociendo la desidia del gobierno de Franco hacia Guinea, se dedican con una patética y mal disimulada apatía a ejercitar desde el principio una malsana prepotencia ante el inexperto gobierno de Macías, entre otras exquisitas actitudes. También —ejercitando una novedosa consigna — desprecian profundamente a la población blanca española que permanece allí aún casi al completo, minusvalorando todo el bagaje de experiencia acumulado por esta en relación con Guinea a lo largo de decenios y su apego a la tierra. Guinea, por una norma dialéctica instaurada en la conferencia constitucional hacía un año, comienza a ser denominada “ex colonia” y los guineanos blancos que allí permanecen, comienzan a ser tratados despectivamente por nuestro cuerpo diplomático en Guinea, como “ex colonialistas”.

Tal cuestión deja perplejos a los propios políticos guineanos que, a la hora de asesorarse en confianza y por recelo hacia este grupo de ineptos recién llegados, siguen sincerándose con sus amigos blancos de toda la vida, con quienes comparten el asombro ante la actitud de estos individuos. Situación kafkiana donde las haya, propia de un gobierno español absolutamente degenerado en sus convicciones y en fase terminal.

Entre las primeras cosas que sacan de quicio a Macías gratuitamente, merece la pena recrearse en dos —sólo anecdóticas— por lo que tienen de simbología:

  1. El palacio del gobernador en Santa Isabel, es un edificio de noble arquitectura y sede de ese cargo desde hacia al menos un siglo. Era por tanto la prevista residencia del presidente de Guinea y de su gobierno. Pues bien, días antes del 12 de octubre “alguien” se ocupa de desmantelar el despacho del futuro presidente Macías, dejándolo sin mobiliario y arrancando hasta los cables de teléfono de la pared. Inteligente actitud, digna de la mejor filosofía y buen hacer diplomático que soy capaz de recordar.
  2. Don Manuel Fraga Iribarne dona al gobierno de Guinea en nombre de España durante los actos de la independencia del 12 de octubre, unas recién inauguradas instalaciones de TVE, las mejores de toda África en ese momento. Pues bien, Don Manuel — quizá porque no veía el momento de salir de allí durante los actos — “se olvida” de hacer la cesión de forma documental.

Y así es como el personal de dichas instalaciones queda sin marco jurídico determinado. Se siguen emitiendo programas enlatados llevados desde España y ante las quejas del gobierno guineano —que lógicamente quiere decidir sobre el asunto— se producen tensiones importantes, porque el personal técnico de TVE no asume la autoridad guineana en esta materia. Se llega al extremo de que, ante la falta de respuesta diplomática, Macías hace la pantomima de detener a todo el personal de TVE y llevarles ante un pelotón de ejecución, que aborta a última hora.

Las cosas no podían haber comenzado peor y obviamente, a mi juicio, por la exclusiva responsabilidad del gobierno español. Ante la desastrosa gestión de la independencia guineana, surgen de inmediato situaciones límite y vacíos jurídicos, se genera una tierra de nadie que atrae como moscas a bucaneros dignos del guión de una opereta decimonónica, comparación jocosa a no ser por la tragedia humana que se cernía en el horizonte a pasos agigantados.

De las memorias de Juan Duran Lóriga, primer embajador de España en Guinea:

«Una misión del ministerio de hacienda vino a Guinea, donde los funcionarios españoles de hacienda, habían preparado muy bien sus papeles. Venia esta misión apoyada por una carta de Franco a Macías en la que le prometía la ayuda del gobierno español, para superar esta primera crujía económica.

[...] Hubo una cicatearía por parte española que estimuló los enfermizos recelos de Macías. No se cedió a los guineanos una casa en Madrid para instalar su embajada……Y por supuesto, no se produjo invitación alguna al Presidente para visitar en España a “su colega”. Todo esto era difícil de obtener de un gobierno gravemente escindido en el que Castiella había perdido fuerza y solo se mantenía por la resistencia del Jefe del Estado a los cambios ministeriales.»

De las “memorias de estío” de Miguel Herrero de Miñón:

«La ejecución de la política española, desastrosa. Al decir de mis amigos, nuestra representación pasaba del protocolo de escuela, a la política del cañonero, y nuestros representantes en Naciones Unidas no se dignaban prestar su coche en día de lluvia al nuevo delegado guineano, al que, sin embargo, entregaban abiertos los despachos que recibía vía Madrid.»

La cariñosa, fecunda, española y amiga tierra guineana, manipulada y engañada tras las bambalinas por una banda de facinerosos de tres al cuarto de la peor calaña.

Las giras
Macías recorre la isla; por fin se siente como pez en el agua y comienza una gira en la que arenga a la población al más puro estilo franquista y, de paso, mostrando también entre líneas el calibre de sus limitaciones y carencias como ser humano y estadista.

Palabras de Macías en los primeros días, en octubre y noviembre de 1968:

Discurso en Sácriba: «Seguiremos la política de 30 años de paz del generalísimo.»

De otro discurso: «Las fuerzas armadas españolas están bajo mis órdenes.»

(Así lo creían él y otros, por la malísima calidad de redacción de los acuerdos suscritos con España, en los que ambiguamente la Guardia Civil quedaba en Guinea con esa función)

En Sevilla de Niefang: Anuncia la creación de un «partido único» (PUN), para «unificar ideas».

De las memorias de Juan Duran Lóriga, primer embajador de España en Guinea:

«Este mimetismo le jugó una mala pasada en Bata, pocos días después de la independencia. Llevó tan lejos su afán de seguir el precedente colonial que, olvidándose de la nueva situación, terminó una arenga con las frases rituales de adhesión inquebrantable a “nuestro glorioso caudillo”, de las que tuvo que desdecirse en cuando volvió a la realidad.»

La trampa y el zumbido del avispero

«¡Atención!» – Ampliar
A Francisco Macías le llevó poco tiempo darse cuenta del trasfondo real de las intenciones de España tras la independencia. Pronto fue consciente de que estaba prisionero en una trampa y de que era víctima de una situación para la que no tenía suficiente experiencia, aplomo, ni recursos intelectuales para manejarla. Despierta de su sueño de forma brusca y comprende en tres meses escasos que es el presidente de un país en bancarrota, que el gobierno español no quiere saber nada de él ni de Guinea, que los blancos y las empresas en las que él confiaba para sostener el país, están —al igual que él— traicionados por dicho gobierno y atados de pies y manos. La sensación gradual y acelerada que debió embargar a Francisco Macías de un día para otro fue sin duda de absoluto pánico.

Guinea amaneció el 13 de octubre de 1968 con una estéril constitución y sin una sola ley que la desarrollara, sin un código civil, penal, sin una estructura jurídica y con un vacío estructural y administrativo absoluto. Esa fue la magnífica gestión de nuestro entonces gobierno. Macías era técnicamente analfabeto, su única arma intelectual era la intuición natural y lo mismo puede decirse de la mayoría de los ministros que el mismo eligió. Un hombre de esas características solo tenía resortes instintivos ante ese cúmulo de circunstancias para decidir una cosa: dar rienda suelta a su ira y atacar él primero. Víctima del pánico, Francisco Macías reacciona entonces como lo haría un jefe de tribu ante una amenaza, que en parte no está capacitado para comprender, pero percibe muy peligrosa. Sabe, o imagina saber con certeza, varias cosas:

  1. España se ha lavado las manos.
  2. España no cumplirá sus promesas y compromisos de tutela económica y técnica, con él, ni con Guinea.
  3. “Su colega Franco” también le ha abandonado.
  4. En Guinea hay suficientes personas negras mucho mejor formadas y capacitadas que él para asumir el timón del país, manejar las riendas y negociar mejor con España, aunque en algunos casos de otras etnias.
  5. Su clan de Mongomo, no sólo no le perdonaría una actitud moderada, sino que se la haría pagar cara.
  6. La administración pública esta en absoluta bancarrota.

Interpreta por tanto que están en peligro, su propia seguridad, su cargo y su vida. Su actitud derivó en breve en la que se podría esperar de un adolescente sin madurar, con multitud de conflictos personales y al que se transfiere una responsabilidad infinitamente más grande de la que es capaz de asumir; Macías no es consciente de ello hasta pasado el mes de diciembre de 1968, punto sin retorno y de inflexión de los acontecimientos.

Mientras esa situación va tomando forma y cuando finalmente se produce el caos, España mira para otro lado, la ONU también, EEUU naturalmente también y el “comité de los 24”… ya no existe. Como estaba previsto.

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La mayoría de fotos aportadas, provienen del fondo fotográfico de: http://www.raimonland.net/

José Eburi Palé | 19 de enero de 2007

Comentarios

  1. Elisa
    2007-01-22 21:26

    No comprendo como, nuestro país lo hizo tan extremadamente mal.
    Tampoco comprendo, como es posible que desde entonces no se haya cuidado la relación con un país de habla y cultura española, en el corazón de África.
    Verdaderamente, tenemos muy poca tradición en la exigencia del conocimiento público de nuestra política exterior.
    Lástima

  2. Marcos
    2007-01-22 21:52

    Claro Elisa… y ese es el auténtico objetivo de estas Cartas… dar a conocer y divulgar una realidad tan cercana y tan olvidada.

    Saludos.

  3. claro
    2008-12-01 04:10

    Nuestro pais hizo lo correcto, aislar a un regimen autoritario lo de menos y lo mas importante SANGUINARIO. Mas de 40000 muertos. 100000 huidos , 50000 desaparecidos.
    Era lo que querian. Querian la independencia,querian la libertad, querian ser como una democracia avanzada, querian a su presidente Macías nguema. Los guineanos que murieron los mataron otros guineanos. NO me direis que fue franco.
    SI el mazayas veia que no era apto que hubiera dimitido y escapado. Era facil.
    Que quieren ahora subvenciones, bonificaciones? Que se las den a los españoles que comen en los basureros.

  4. jorge
    2012-09-28 01:06

    @Claro,
    No. No pedimos subvenciones, ni bonificaciones. El proposito es entender la historia. Eso nos enriquece.



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