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	<title>Libro de Notas - el ojo que ve</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>El rábano por las hojas</title>
		<description><![CDATA[<p>Nunca me han interesado mucho los asesinos en serie, ni los asesinos de ningún tipo, y eso a pesar de mi interés genuino por el conocimiento del funcionamiento de la mente, que debería incluir cualquier tipo de mente humana. Pero no despiertan en mí mucha intriga, quizá porque me parece imposible llegar a ningún tipo de comprensión en el momento actual y a estos temas siempre me gusta acercarme desde el planteamiento científico.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca me han interesado mucho los asesinos en serie, ni los asesinos de ningún tipo, y eso a pesar de mi interés genuino por el conocimiento del funcionamiento de la mente, que debería incluir cualquier tipo de mente humana. Pero no despiertan en mí mucha intriga, quizá porque me parece imposible llegar a ningún tipo de comprensión en el momento actual y a estos temas siempre me gusta acercarme desde el planteamiento científico.</p>

	<p>Pero me resulta muy curioso el proceso habitual de análisis que se sigue desde la sociedad. Primero se intenta encontrar una conexión directa con el hecho, una relación causa-efecto que lo explique, algo tan evidente que los de su entorno podrían haberlo previsto. La mayor parte de las veces esto falla: los conocidos de los asesinos suelen describirlos como normales, amables, eso sí, tímidos, solitarios… Nada que no se pueda decir de muchos que jamás llegarán a convertirse en asesinos en serie. Con el paso de los días se indaga un poco más y se encuentra a alguien que revela algo de su carácter y su comportamiento que guarda más relación con lo inexplicable, de nuevo nada que no se pueda decir de muchos que jamás llegarán a convertirse en asesinos en serie.</p>

	<p>El siguiente paso consiste en indagar en su historia, algo de su infancia y adolescencia que pueda arrojar algo de luz, algo oscuro y horrible que nos pueda dar una explicación. Pero de nuevo la relación causa-efecto falla, incluso encontrando algunas posibles causas, siguiendo con un razonamiento científico, esas mismas causas no producen este tipo de efectos en millones de seres humanos, es más, existen episodios más terribles sufridos por otros seres cuyas vidas y mentes son bastante normales. </p>

	<p>Y, al final, vienen las explicaciones de tipo sociológico: nuestra sociedad, nuestro modo de vida acaba siendo la causa. En estos últimos días he leído dos, la primera con el argumento de siempre: es fruto de la sociedad <a href="http://www.gamba.cl/?p=28136">capitalista y competitiva</a>; la <a href="http://www.elmundo.es/accesible/america/2012/07/24/estados_unidos/1343128189.html">otra</a>, más sorprendente, dice algo así como que esto no hubiera pasado si los héroes no fueran sólo los actores guapos sino también, en el caso al que se refiere el artículo, los neurocientíficos. Una propuesta ya en sí misma un tanto preocupante, puesto que parece indicar que conseguir la fama debe ser un fin loable en el caso de que se sea neurocientífico. Y a uno pueden no gustarle muchas cosas de nuestra sociedad, incluso podría estar bien cambiarlas, pero estas cosas no tienen por qué ser la explicación. Aunque sólo sea desde un punto de vista probabilístico, dado que existen millones de seres humanos, millones de jóvenes y adultos varones (el tipo más habitual en estos casos), gracias a Dios sólo unos pocos generan este tipo de comportamiento, por lo que la probabilidad es casi igual a cero y deberíamos concluir que tenemos una sociedad que genera tan pocos individuos de este tipo que deberíamos darla por buena, al menos en este aspecto.</p>

	<p>Y es que, como tantas veces he dicho en esta columna, necesitamos explicarlo todo; nuestra mente busca relaciones y patrones para poder prevenir y actuar. Pero deberíamos saber que hay veces en las que buscar una explicación puede resultar más perjudicial que beneficiosa. ¿Qué interés puede tener la explicación que nos den de sus acciones? Nada, enredarnos y aprovecharse de nuestro interés, cuando probablemente ni los propios asesinos tengan una explicación. Puede resultar curioso, puede resultar interesante, pero no nos va a dar una comprensión de unos hechos que están fuera del alcance de nuestras mentes. </p>

	<p>Como dice <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Roth">Philip Roth</a> en su impresionante <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pastoral_americana">Pastoral americana</a></p>

	<p>&#8220;La tragedia del hombre es que no está hecho para la tragedia… ésa es la tragedia de cada hombre&#8221;.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/22805/el-rabano-por-las-hojas</link>
		<pubDate>Fri, 27 Jul 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Por tu culpa, por tu culpa</title>
		<description><![CDATA[<p>Hay mensajes científicos que tienen mucha probabilidad de calar rápidamente porque de alguna forma conectan con nuestros fantasmas. Siempre me ha sorprendido que casi nadie haya oído hablar de Skinner, fuera del ámbito de la psicología o de un ámbito más o menos científico, y, sin embargo, todo el mundo conozca a Freud y piense que los sueños tienen una interpretación profunda cuyo desciframiento puede revelarnos la clave de nuestra vida.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hay mensajes científicos que tienen mucha probabilidad de calar rápidamente porque de alguna forma conectan con nuestros fantasmas. Siempre me ha sorprendido que casi nadie haya oído hablar de Skinner, fuera del ámbito de la psicología o de un ámbito más o menos científico, y, sin embargo, todo el mundo conozca a Freud y piense que los sueños tienen una interpretación profunda cuyo desciframiento puede revelarnos la clave de nuestra vida. Y es que parece que la vida inconsciente y sus misterios tienen más entidad que la vida de la que somos conscientes, quizá porque esta última no acaba de satisfacernos.</p>

	<p>Y cuando un mensaje empieza a calar, no es difícil que te acabe llegando por diferentes canales. Y eso es justamente lo que me ha ocurrido en los últimos días. Había estado leyendo algunos artículos sobre <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Epigen%C3%A9tica">epigenética</a>, en los cuales se exponía la influencia que podían tener algunos comportamientos de la madre con respecto a la cría, a la hora de que un gen finalmente acabe expresándose o no. Desde el punto de vista científico no se puede negar que tiene muchísimo interés y que en un futuro pueda ayudar a las madres a mejorar, pero no pude evitar pensar: &#8220;¡Oh, no! Otra vez la culpa recae sobre la madre&#8221;. Porque esto viene a unirse a los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Apego">estilos de apego</a> que tanta investigación han propiciado en los últimos años y que parecen indicar que el estilo de relación que hayas tenido con los adultos significativos en tu vida (fundamentalmente los padres) es un pilar fundamental en tu futuro.</p>

	<p>En sólo una semana, dos personas, procedentes de dos culturas totalmente diferentes, me habían comentado de la forma más natural cómo estas teorías se aplicaban a sus madres (claro, no utilizaban el lenguaje de la psicología pero de alguna forma lo habían internalizado). Curiosamente una de ellas tenías hijas y había llegado con ellas al pacto de que sólo se verían si no le volvían a echar en cara que era la causa y origen de todos sus males, algo muy parecido a lo que ella pensaba de su madre. Yo siempre les hago la misma reflexión: pero si esto es así probablemente tu madre es víctima de su madre y su madre de su madre y ésta de la suya…. y así nos tendríamos que remontar hasta no se sabe cuándo. Así que lejos de ser motivo para culpar debería servir para empatizar con ellas, puesto que también debieron ser víctimas. Eso no significa que no deba corregirse lo que se hizo mal, pero no puede corregirse cuando no se sabe qué se hace mal y menos culpabilizarse por ello.</p>

	<p>Y es que hay una diferencia fundamental entre el planteamiento científico y el contenido del mensaje cuando llega a la mente humana. Para la ciencia, la causa siempre es como una guía o una luz que nos puede orientar para poder corregir o entender; sin embargo, en el ser humano, cuando la causa tiene que ver con la acción de otro ser humano, la causa se convierte en culpa, que suele ser el mejor modo de empeorar las cosas. Porque incluso en el caso de que nuestros progenitores nos proporcionen su genética y contribuyan también con lo que no es genética para &#8220;determinar&#8221; nuestras vidas, ello no implica en modo alguno que necesariamente tengan responsabilidad ni culpa de nada. Porque en la mayoría de los casos no sabemos muy bien cuál tiene que ser el comportamiento que se debe tener para garantizar el bienestar de las crías, y no creo que nadie pueda dudar mucho de que este es el objetivo fundamental de un progenitor, salvo que tenga algún tipo de patología.</p>

	<p>Pero este tipo de argumentación conecta muy bien con nosotros porque tiene uno de los componentes que muchos seres humanos necesitamos, echar la culpa a otro y eludir nuestra responsabilidad, ¿en qué momento toma uno el control y la influencia de los padres deja de ser vital? Para muchos nunca. Y esto me recuerda una famosa frase de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Les_Luthiers">Les Luthiers</a>: &#8220;Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es mas humano todavía&#8221;. </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/22659/por-tu-culpa-por-tu-culpa</link>
		<pubDate>Wed, 27 Jun 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>El que algo quiere</title>
		<description><![CDATA[<p>Nunca me ha interesado mucho la &#8220;política&#8221; tal y como suele entenderse por aquí, más bien como una especie de lealtad y apoyo a los que cada uno considera los suyos. En este contexto, es muy difícil que cuando alguien haga algún comentario los demás no lo sitúen necesariamente en uno de los bandos y que el resto de sus reflexiones no sean ya evaluadas a través de ese prejuicio.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca me ha interesado mucho la &#8220;política&#8221; tal y como suele entenderse por aquí, más bien como una especie de lealtad y apoyo a los que cada uno considera los suyos. En este contexto, es muy difícil que cuando alguien haga algún comentario los demás no lo sitúen necesariamente en uno de los bandos y que el resto de sus reflexiones no sean ya evaluadas a través de ese prejuicio. Por eso he evitado muchas veces hablar aquí de temas que, aunque me interesan, en un momento determinado adquieren un matiz político en el que no quiero entrar; no quiero acabar debatiendo sobre partidos políticos ni sobre políticos. Pero hoy no puedo evitar hablar de uno de los temas que más me importan, y no sólo porque formen parte de mi trabajo, sino porque ha sido el tema central de mi vida: el conocimiento. </p>

	<p>Ahora el lema que más aparece por todas partes es el de la defensa de una enseñanza pública y de calidad. Por supuesto firmaría esto, llevo años luchando por ello y apoyándolo y lo consideraría como uno de los fines prioritarios en cualquier sociedad. Pero, como siempre, no todos debemos ver lo mismo cuando hablamos de la calidad. Está claro que el problema de la financiación, que es el que está movilizando a la gente, es importante, la pérdida de puestos de trabajo para los implicados mucho más…, pero esa no es la reivindicación fundamental: la calidad.</p>

	<p>Por lo menos no es la calidad tal y como yo la entiendo. Por ejemplo, en el caso de la enseñanza superior, una universidad de calidad es aquella que tiene a los mejores profesores y a los mejores alumnos, en la que la formación que se da es la que en cada momento se considera necesaria en cada área de conocimiento. Jamás he visto la más mínima protesta entre los alumnos ni entre los profesores en esta dirección, ni movilizaciones, ni protestas, ni acciones que vayan encaminadas a ello. Y no será porque no sea necesario.</p>

	<p>Llevo muchos años pensando que se confunde una enseñanza pública y de calidad con una enseñanza en la que más o menos todos consigan un título, hagan lo que hagan, aprendan lo que aprendan. Que lo público se confunde con lo gratuito y sin ningún esfuerzo. No hay profesor con el que no hables que no piense que cada año tiene que bajar un poco más el nivel, porque si no tendría que suspender a casi todos. Y no soy de los que piensan que la culpa sea de los alumnos, ni por supuesto que estos sean cada vez más torpes; la formación de cada generación tiene mucho que ver con cómo la han educado las generaciones anteriores. No podemos pedir que <em>motu proprio</em> se les desarrolle la necesidad de esforzarse si hasta entonces no les ha hecho falta. Y el problema no es de ahora que vienen los recortes, porque incluso cuando se redujo la ratio de alumno por aula y se ofrecían todo tipo de apoyos, el nivel seguía su vía descendente. Por lo tanto, algo falla en la ecuación.</p>

	<p>Nunca puedo evitar hacer la comparación con el deporte, porque parece más objetivo, porque ahí no es tan fácil engañar. Llevo años dándole vueltas a por qué se han invertido tanto las cosas, cómo es posible que el nivel de la educación baje mientras nuestro nivel en deporte sube; nunca pude imaginar el lugar predominante que éste ha ido tomando al final del <span class="caps">SXX</span> y sigue en el comienzo del <span class="caps">SXXI</span>. Claro que hay inversiones económicas importantes, tanto públicas como privadas, no se puede negar que el dinero es importante, pero hay una diferencia fundamental: no se rebajan los estándares constantemente para que cualquiera tenga derecho a jugar en primera división y ganar lo que ganan las estrellas. Se escoge a los mejores y se les exige un rendimiento y unas condiciones y no se tienen consideraciones si no se cumplen. Es duro, pero es la única forma de conseguirlo.</p>

	<p>Así que al margen de las inversiones económicas, no veo al personal muy dispuesto a hacer el resto de inversiones que son necesarias para una universidad pública de calidad; nunca he visto grandes protestas por lo que a todas luces es una enseñanza que va rebajando año a año su nivel. No he visto a la mayoría de alumnos ni a la mayoría de los profesores haciendo grandes esfuerzos para aumentar la calidad, porque ello requiere mucho trabajo. No he visto protestar por lo mal preparados que salen, por lo malos que somos los profesores, parece que eso no importa; se pita a un entrenador cuando el equipo pierde y juega mal, pero no a los que día a día no lo hacemos igual de bien con la educación. El día que esto empiece a pasar creeré que de verdad estamos luchando por una enseñanza pública de calidad, mientras tanto, estamos luchando por otros objetivos igual de legítimos, pero son otros.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/22491/a-dios-rogando</link>
		<pubDate>Sun, 27 May 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Al otro lado del espejo</title>
		<description><![CDATA[<p>Ya he hablado en otras ocasiones de que lo que vemos a través de nuestros ojos es sólo una parte de todo lo que hay ahí fuera, probablemente la parte más útil para nuestra supervivencia. Pero es evidente que también hay partes de ese mundo exterior, invisibles para el ojo humano, cuya percepción nos habría resultado de gran utilidad. Nadie podría dudar de la utilidad de poder percibir los virus y las bacterias que nos invaden sin ayuda de microscopios. Para</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ya he hablado en otras ocasiones de que lo que vemos a través de nuestros ojos es sólo una parte de todo lo que hay ahí fuera, probablemente la parte más útil para nuestra supervivencia. Pero es evidente que también hay partes de ese mundo exterior, invisibles para el ojo humano, cuya percepción nos habría resultado de gran utilidad. Nadie podría dudar de la utilidad de poder percibir los virus y las bacterias que nos invaden sin ayuda de microscopios. Para ellos su invisibilidad es su gran baza como especie y quizá la nuestra no pudiera conseguir tal habilidad sino a costa de perder otras más importantes para nuestra adaptación. No sé, eso es algo que dejo para los expertos en la evolución.</p>

	<p>Pero hay algo más, además de estar restringido el ámbito de la realidad que nos resulta accesible a través de cualquiera de nuestros sentidos, nuestras percepciones están moduladas por nuestro cerebro de una forma bastante rígida, imposible de ser cambiadas. Por ello, aunque un estudio científico de la realidad nos lleve a darnos cuenta de que las cosas no eran tal y como nosotros veíamos, nos cuesta mucho creerlo. Lo que más curioso resulta de esta situación es la contradicción que a veces viven nuestra percepción y nuestro conocimiento sin que podamos hacer nada por remediarlo. Si uno observa cualquiera de las ilusiones perceptivas típicas, por más que sepa que las dos líneas de la ilusión de Müller-Lyer son iguales o que realmente no hay dibujado ningún triángulo en el de Kanisza, no podemos dejar de ver la líneas de diferente longitud, ni dejar de percibir un triángulo. Es imposible, la razón, la ciencia, no pueden imponerse a un sistema perceptivo modulado a lo largo de siglos de evolución para adaptarse y aprovechar de la mejor manera posible las características del entorno que nos son más necesarias. De momento, no sabemos por qué se producen estas ilusiones, pero no cabe duda de que son efectos derivados del funcionamiento necesario para que nos movamos con facilidad en un mundo para el que estamos bien adaptados.<br />
<p align="center"><br />

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<img src="http://librodenotas.com/images/2862.jpg"  width="150" height="150"v/><br />
<br />

</p></p>

	<p>Por eso, aunque con medios objetivos nos demuestren, o nosotros mismos comprobemos, que lo que hay ahí no es lo que parece, nos resistimos a aceptarlo. La evolución nos ha preparado para confiar en nuestros sentidos y hacemos bien, nos suelen salvar la vida. Pero tampoco podemos renunciar fácilmente a nuestra razón; cuando uno muestra diferentes ilusiones perceptivas, no es extraño que al final la mayoría intente encontrar lo cree que debería existir y no lo que ve, intentando que la razón tome el mando: &#8220;a mí, ya no me engañas&#8221;. Pero si en este momento, entre las ilusiones, a uno le muestran una que no es, caerá en una trampa, intentando encontrar “el truco”. Es cierto que hay ilusiones que son más irreales: en cualquier postefecto de color (el que se produce cuando uno mira durante un tiempo un círculo rojo y luego, al mirar hacia una superficie blanca, aparece un círculo verde sobre el fondo blanco) uno sabe que no puede ser real, que si uno mueve los ojos, el círculo verde se mueve, por lo tanto, no puede estar ahí, pero ni por ese motivo uno deja de verlo. Sin embargo, es imposible intuir que las dos líneas de la ilusión de Müller-Lyer son iguales.</p>

	<p>En algunas situaciones esto resulta dramático, como en el caso de la <a href="http://www.flickr.com/photos/bizarra/2733894714/">anorexia nerviosa</a>. Por muy increíble que pueda resultarnos al resto, la percepción del enfermo sufre tal alteración que no hay forma fácil de modificarla y, por tanto, de convencer a alguien que donde ve una persona obesa los demás apenas vemos un esqueleto. Es imposible que quién la padece dude de que lo que está viendo no es la realidad. Por eso, es fundamental acompañar a nuestros sentidos de otros acercamientos a la realidad que nos ayuden cuando ellos nos fallan. Y es muy importante ser conscientes de que no se puede convencer fácilmente a alguien de que lo que está viendo no es la realidad, porque nuestro cerebro no viene preparado para ello.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/22331/espejismo</link>
		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>No estoy loco</title>
		<description><![CDATA[<p>Resulta sorprendente, y un poco triste, el rechazo que sigue generando en la mayoría de la gente ir al psicólogo. No es frecuente que ante un síntoma físico no se quiera acudir al médico, que parezca que uno es raro por pedir cita con su médico de familia, pero si se trata del psicólogo lo más habitual es que se utilicen expresiones del tipo &#8220;yo no estoy loco&#8221;.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Resulta sorprendente, y un poco triste, el rechazo que sigue generando en la mayoría de la gente ir al psicólogo. No es frecuente que ante un síntoma físico no se quiera acudir al médico, que parezca que uno es raro por pedir cita con su médico de familia, pero si se trata del psicólogo lo más habitual es que se utilicen expresiones del tipo &#8220;yo no estoy loco&#8221;. Incluso entre las nuevas generaciones que han sido educadas con mayor conciencia de la existencia de problemas psicológicos y que deberían verlo como algo natural, se produce este mismo rechazo. Tampoco es habitual que alguien diga que va al psicólogo con la misma naturalidad que dice que va al oftalmólogo; ya he hablado de este tema en <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/14605/se-cree-el-ladron">otro artículo</a>. En esta ocasión quiero centrarme en otro punto de vista, no en el del que ya sabe que tiene un problema psicológico y ha buscado ayuda, normalmente porque el problema es grave, sino en el del que tiene pequeñas alteraciones que atajadas a tiempo por un buen psicólogo tendrían fácil solución, pero no acude a él porque le parece una aberración hacerlo.</p>

	<p>Se podría pensar que ello se debe a que no tienen fe en que el psicólogo le vaya a solucionar el problema o en que la psicología sepa cómo resolverlo (lo que puede ser cierto en algunos casos), pero no se trata de eso. De hecho, la mayoría sí aconsejan a otras personas que busquen este tipo de ayuda. Es más bien que siguen con la vieja idea de que un psicólogo va a hurgar en su interior y va a responsabilizarle de todo aquello que hace mal; no deja de ser una nueva versión de la culpa. Espera en cierto modo encontrarse con un adivinador de los pensamientos que uno no quiere revelar y que va a poner en cuestión sus ideas. Y está claro que todos tenemos una parte de nuestra intimidad que no queremos compartir, claro que tenemos apego a nuestras ideas, pero eso no es lo que le interesa al psicólogo. Es cierto que gran parte de este temor se debe a la fuerte influencia de la terapia psicoanalítica (a la que por otra parte tanto le debemos en el reconocimiento de la existencia real de los problemas psicológicos) intentando buscar en nuestro pasado la causa del mal, pero la mayoría de las terapias no se centran en eso.</p>

	<p>Dándole vueltas a esto, muchas veces me pregunto si tan importante es conocer la causa cuando se trata de dar una solución. Desde un punto de vista científico el conocimiento de las causalidad es fundamental, pero no siempre es condición necesaria para obtener una solución en un momento dado y a una persona concreta. </p>

	<p>Si la causa sigue presente y tengo que combatirla para solventar el problema, conocerla será de vital importancia. También es importante el análisis cuando las causas pueden ser múltiples y en función de la causa tengo que elegir una solución u otra. Pero muchas veces se puede atajar el problema sin importar mucho la causa, por ejemplo, si se me rompe una pierna, independientemente de la causa, necesito una reparación e incluso sin conocer la causa pueden solucionarme el problema tranquilamente.</p>

	<p>Pero cuando uno va al psicólogo cree que le van a dar este tipo de explicación causal, que además no le va a gustar. Y eso es lo que pasa muchas veces con los niños y adolescentes, cuando algunos profesionales no expertos en psicología (con buena intención) tratan de explicarle a uno la conducta de su hijo en función de lo que ellos perciben: &#8220;lo que ocurre es que tiene celos de su hermano y quiere llamar la atención…&#8221;. Pero esta explicación no tiene la más mínima utilidad para el que lo recibe, puesto que aún en el remoto caso de que eso fuera cierto, no le dicen cómo solucionar el problema. Como si cuando uno va al médico y le diagnostican un cáncer le explicaran por qué se ha desarrollado sin proponerle ninguna alternativa para atajarlo.</p>

	<p>Y al final, la mayoría de los niños y jóvenes van al psicólogo en contra de su voluntad, lo cual agrava el problema por pequeño que sea. La profecía autocumplida, si te parece mal ir, te sentirás mal por ir y la tarea del profesional será más compleja. <br />
Aunque muchas veces he dicho que a la psicología le queda mucho camino por delante, no es menos cierto que hay mucho camino ya recorrido y que si se acude a un buen psicólogo en los primeros síntomas de algunos problemas, la solución es rápida y sencilla, incluso aunque no se descubran sus causas últimas. Pero si uno se empeña en intentar arreglarlo por su cuenta no hará sino empeorar las cosas. La mente humana está preparada para aprender en pocos ensayos y no para desaprender de forma sencilla. Si uno aprende a nadar por su cuenta, como hemos hecho la mayoría de los de mi generación, luego requiere mucho esfuerzo corregir los movimientos. La nuevas generaciones lo tienen más fácil, hemos decidido que es importante enseñarles a nadar bien desde el principio. Así que en algún momento debe verse normal que si uno no es capaz de subirse en un ascensor y vive en un 7 piso, necesitará que le enseñen a nadar y cuanto antes mejor.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/22161/no-estoy-loco</link>
		<pubDate>Tue, 27 Mar 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	<item>
		<title>Pan y circo</title>
		<description><![CDATA[<p>Si observamos la evolución de las sociedades, aunque sea de forma poco profunda y sólo en el breve periodo de tiempo en el que somos testigos, no deja nunca de sorprendernos. Este es el motivo por el que me cuesta mucho creer en las conspiraciones sobre las fuerzas que guían nuestros designios. No digo que no haya intereses que no conozcamos y que a lo largo de la historia no haya habido y seguirá habiendo grupos de poder que intenten y consigan que triunfe alguno de sus intereses, pero guiar a toda una sociedad en una dirección concreta es realmente complicado</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Si observamos la evolución de las sociedades, aunque sea de forma poco profunda y sólo en el breve periodo de tiempo en el que somos testigos, no deja nunca de sorprendernos. Este es el motivo por el que me cuesta mucho creer en las conspiraciones sobre las fuerzas que guían nuestros designios. No digo que no haya intereses que no conozcamos y que a lo largo de la historia no haya habido y seguirá habiendo grupos de poder que intenten y consigan que triunfe alguno de sus intereses, pero guiar a toda una sociedad en una dirección concreta es realmente complicado. No siempre las causas tienen las consecuencias previstas. Y esto se ve muy bien reflejado en las películas o en los dibujos animados, donde la mayoría de las veces los malos piensan en provocar un gran cataclismo como la vía más segura para conseguir sus fines, porque eso de ir modelándonos a todos poco a poco es realmente complicado, casi imposible, salvo por medio del miedo atroz (que, en cierto modo, equivale a un gran cataclismo).</p>

	<p>Esta idea me viene siempre a la cabeza cuando pienso en cómo ha evolucionado la televisión. Recuerdo que antes las noticias de fútbol, o de deportes en general, ocupaban más o menos unos cinco minutos al final de los telediarios y sólo había algunas retransmisiones deportivas los fines de semana; los <em>realities</em> o programas similares eran impensables. Estas dos secciones han ido ganando terreno, de manera que la parte dedicada al deporte puede ocupar en los telediarios una proporción casi equivalente a la del resto de noticias nacionales, internacionales y culturales (la verdad es que esta sección es casi inexistente, puesto que parece que no hay más cultura que el deporte). No estoy haciendo ningún juicio de valor; sólo muestro mi sorpresa. Habría pensado que con el aumento de la alfabetización y el número de estudiantes universitarios, lo que se habría producido es el aumento de programas tipo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_clave">la clave</a> o más creativos aún.</p>

	<p>He oído muchas veces eso de que estos medios de comunicación son la vía para adormecernos y atontarnos, para que no pensemos por nosotros mismos, eso del pan y el circo. Pero me pasa como con las conspiraciones, no lo veo. Veo más bien que al pueblo le gusta el circo, y no se lo reprocho. El problema es que cuando más oferta debería haber habido, puesto que hay más medios, más se ha reducido la misma, circo y circo, y a los que no nos gusta el circo, ajo y agua.</p>

	<p>Pero lo más curioso, lo que no me deja de sorprender es que el formato es más o menos el mismo de mi añorado programa, un presentador y un conjunto de contertulios expertos defendiendo diferentes puntos de vista. El contenido nada que ver, el nivel de discurso de los contertulios tampoco, pero el nivel de implicación emocional infinitamente mayor. Y ahí debe estar el quid. Recuerdo que los debates de la clave que más interés suscitaban eran los más cercanos a la política, en los que los contertulios más se acaloraban. Reconozco que a mí los que más me gustaban eran los de ciencia, por mi propio sesgo personal. </p>

	<p>Los participantes en estos nuevos &#8220;debates&#8221; deportivos argumentan de cualquier trivialidad como si estuvieran hablando de física cuántica, con tesis y datos a favor y en contra, tratando de hacer argumentos objetivos y racionales. Pero en este caso no tiene ningún sentido, gran parte del encanto del deporte es el componente emocional que despierta, si no, sería imposible que ocupara el lugar que actualmente ocupa en los medios de comunicación y en la vida de tanta gente. Y,  si la objetividad es casi imposible en cualquier ámbito de la vida, incluida la ciencia, cuanto más cercano esté a la emoción el hecho que se juzga más se aleja la objetividad. </p>

	<p>En las áreas de la ciencia donde interviene el ser humano, tanto como observador o como sujeto de la observación, se ha generalizado el procedimiento del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Doble_ciego">doble ciego</a>, en el que ni el observador ni el observado saben en qué condición experimental están, qué les están evaluando o haciendo, para que no puedan influir en los resultados, ni siquiera de manera inconsciente.  No creo que ninguno de los comentaristas, ni de los aficionados resistieran un estudio ciego sobre los partidos de fútbol, una simulación en la que un aficionado no supiera si es o no de su equipo el que está implicado en la acción. Pero, comos hemos sido alfabetizados, nos han enseñado que hay que ser en cierto modo objetivos y tratamos de convencer al contrario de que lo nuestro se basa en un análisis de lo que vemos, partido tras partido. El contrario por su parte hace lo mismo. Por supuesto, utilizamos todos los trucos de la argumentación, hacemos ciertas concesiones, “ves, cuando es un penalti injusto, yo lo reconozco” y nos lo creemos, pero no cuela. La emoción y la objetividad son incompatibles en la mayoría de las ocasiones, aún poniendo todo nuestro empeño en que no lo sean y, seguramente, sea adaptativo tener que defender a los míos aunque no tengan razón, para eso están mis emociones que se encargan de dársela.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/22003/pan-y-circo</link>
		<pubDate>Mon, 27 Feb 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>La excepción</title>
		<description><![CDATA[<p>Siempre que se acerca la fecha del examen recibo (como me imagino que le pasará a la mayoría de los profesores) la misma súplica: “por favor, que sea fácil”, junto a la pregunta de qué les ocurrirá si suspenden todas las convocatorias. Siempre les contesto lo mismo: “pues que no deberíais conseguir el título de psicólogo”. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre que se acerca la fecha del examen recibo (como me imagino que le pasará a la mayoría de los profesores) la misma súplica: “por favor, que sea fácil”, junto a la pregunta de qué les ocurrirá si suspenden todas las convocatorias. Siempre les contesto lo mismo: “pues que no deberíais conseguir el título de psicólogo”. Y para que vean que no lo digo por decir, ni porque sea muy dura y me encante suspender a los alumnos (de hecho nada produce más placer a un buen profesor que poner un examen difícil y ver que sus alumnos lo resuelven), les hago la siguiente pregunta: ¿irías o llevarías a tu hijo a un psicólogo de estos que han tardado años en acabar la carrera? Y, para que les resulte más fácil la reflexión, la personalizo: ¿de cuántos de tus compañeros te fiarías para llevar a alguien, o ir tú, a su consulta? Se ríen, claro; no se fiarían de casi ninguno.</p>

	<p>Supongo que no tengo mucho éxito en mi intento de demostrarles por qué considero importante que alguien que va a trabajar con personas que generalmente tienen problemas importantes y buscan ayuda debe estar muy bien preparado. En ese momento, el único punto de vista con el que mirar la realidad es el de un estudiante que quiere sacarse un título y eso está por encima de cualquier otra consideración. Es comprensible.</p>

	<p>Lo mismo nos ocurre como padres: no queremos que les pongan las cosas difíciles en el colegio, nos quejamos de que les bajará la nota si les dan mucho nivel y luego les perjudicará para poder entrar en la carrera que quieran y es que, por encima de la formación, queremos que aunque sea a trancas y barrancas al final consigan un título. Sin embargo, como usuarios somos exigentes, nos quejamos de lo malos que son los profesionales en todos los ámbitos, lo malos que son muchos de los profesores o psicólogos que se ocupan de la educación de nuestros hijos, lo que nos cuesta encontrar un buen médico… En el fondo no es más que una nueva versión de la paja en el ojo en el ajeno y la viga en el nuestro.</p>

	<p>Pero es que la ecuación funciona así; si uno quiere que aflojen para que le dejen pasar a ellos y a sus descendientes, también pasarán todos los demás y sus descendientes, de forma que al final la solución es la que es.</p>

	<p>Y lo más curioso es que, mirándolo desde un punto de vista egoísta, el planteamiento resulta bastante desacertado. Al final, el perjuicio que nos producen todos los malos profesionales de los que dependemos a lo largo de la vida, y en los diferentes ámbitos, no puede compensar ese pequeño engaño de que uno, o uno de los nuestros, ha conseguido estar donde no debía.</p>

	<p>Es cierto que creo necesaria una reforma importante de la enseñanza, pero eso no justifica el que la formación deba quedarse bajo mínimos.  Probablemente una reforma que de verdad vuelva a formar buenos profesionales no sería del agrado de los que protestan por la educación actual. De hecho, y este es otro de mis reproches, nunca les he oído quejarse de que les damos una formación de poco nivel y que luego el mundo laboral va a ser más exigente.</p>

	<p>Y es que creen que todo puede ser, y no es raro que argumenten con el famoso hoax de cuán nefastos alumnos han sido los grandes genios de la humanidad, sin ir más lejos, Einstein o Newton. No voy a entrar en el análisis de lo lejos que está esto de la realidad; ningún mal alumno habría conseguido entrar en las universidades donde ellos lo hicieron, pero aún suponiendo que fuera cierto, no se puede montar un sistema educativo que no eduque porque algún genio consiguió destacar a pesar de él. Más bien sería “la excepción que confirma de la regla”, aunque ellos quieran convertirla en la “excepción que genera la regla”, en fin, por si acaso fastidiamos a algún genio, mejor no exigir nada, no nos lo vaya a reprochar luego. </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/21839/la-excepcion</link>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	<item>
		<title>A río revuelto</title>
		<description><![CDATA[<p>Una de las primeras sorpresas que me llevé cuando empecé a estudiar psicología era el empeño que había en muchas de las asignaturas por defender su estatus científico. Suponía, ingenuamente, que si estaba dentro del ámbito universitario, eso se daba por supuesto; creía que había elegido una materia científica. No creo que ni en la carrera de física, ni en la de medicina, ni en la de biología, dediquen un minuto a tales reflexiones (supongo que si en medicina siguen empeñados en crear postgrados en homeopatía, tarde o temprano tendrán que reflexionar sobre la medicina como ciencia).</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las primeras sorpresas que me llevé cuando empecé a estudiar psicología era el empeño que había en muchas de las asignaturas por defender su estatus científico. Suponía, ingenuamente, que si estaba dentro del ámbito universitario, eso se daba por supuesto; creía que había elegido una materia científica. No creo que ni en la carrera de física, ni en la de medicina, ni en la de biología, dediquen un minuto a tales reflexiones (supongo que si en medicina siguen empeñados en crear postgrados en homeopatía, tarde o temprano tendrán que reflexionar sobre la medicina como ciencia).</p>

	<p>Y es que hemos visto cómo, aprovechando los debates internos en torno al método y a la ciencia, han proliferado todo tipo de pseudociencias e ideas que argumentan eso de que la ciencia no puede explicarlo todo. Siempre digo que ni puede explicarlo todo ni debe; hay cosas que caen totalmente fuera del método científico y de su objetivo, como la mayor parte de las cosas de nuestra vida personal. No voy a reflexionar aquí sobre el método científico ni sobre lo que hace que algo sea científico, pero está claro que hay cosas que no lo son, por ahí no vamos a pasar.</p>

	<p>Recientemente, podíamos leer el siguiente titular: <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/26/espana/1322304818.html">El riesgo de poner a los hijos el nombre de los padres</a>. Lo leí esperando alguna referencia en revistas científicas donde se demostraran las afirmaciones que se hacían, algunas tan surrealistas como el “efecto ventrílocuo” en el que el antepasado habla a través del niño con su nombre. Pero nada, un titular como ese y ni una sola demostración, ni un solo artículo en el que se demuestre la propia existencia del fenómeno. Un estudio controlado con una muestra representativa de niños con el mismo nombre que sus antepasados y una muestra control equivalente, con niños con las mismas características pero que no se llamen como algunos de sus antepasados, y demostrar la existencia del tal efecto. Nada, salvo el anecdotario, ese que tan útil es para convencer a cualquiera, como el ejemplo de esa chica a la que pusieron el nombre de su hermana muerta y se quiere suicidar. Por cierto, si sirve de contra-argumento yo conozco a una persona a la que pusieron el nombre de su hermana muerta y está tan feliz.</p>

	<p>Porque lo más alucinante es que lo que falla no es sólo todo el argumentario explicativo sino la existencia del propio fenómeno; no se ha demostrado que tal cosa suceda, pero se da por hecho y, luego, una vez convencido al personal, se montan las teorías que explican y solucionan lo inexistente.</p>

	<p>Y es que el tipo de afirmaciones que hacen son demostrables. Siempre les digo a mis alumnos que si alguna teoría dice que el nombre que se le pone a una persona tiene un efecto sobre su karma, ahí la psicología no tiene nada que decir, pero si la afirmación es que tiene un efecto sobre su conducta, eso tiene que demostrarse.<br />
Ya he hablado muchas veces de lo difícil que es observar un fenómeno, salvo que sea evidente. Todo el mundo puede comprobar fácilmente que si a uno le empujan con suficiente fuerza se cae, pero no es fácil comprobar que la vida de uno está determinada por el nombre que tiene, es más, la mayoría no hemos comprobado nada parecido. En cualquier caso, no es nuestra observación ingenua sino la observación controlada y sistemática la que nos permite comprobar si algo es, o no, cierto. </p>

	<p>El artículo que comentamos, aparece en este periódico como podría haber sido en cualquier otro; estamos acostumbrados a que este tipo de teorías triunfen entre el público y entre el público de todo tipo. Es sorprendente cómo científicos reputados en otras áreas se dejan convencer por toda clase de teorías pseudopsicológicas. Estoy segura de que un titular similar pero con un tema relacionado con la medicina no habría conseguido abrirse paso. Las tan denostadas industrias farmacéuticas tienen que hacer miles de pruebas y demostraciones antes de poner algo en circulación, con todas los peros que les podamos poner a muchas de las cosas que hacen. Cuando algo entra por fin al circuito es porque ha demostrado su efecto principal y se han recogido los efectos secundarios. Pero en psicología no, cualquiera puede inventarse la teoría que le de la gana, abrir un chiringuito y llamarse &#8220;psicoalgo&#8221;, que nadie va a decir nada. Aunque no tenga demostrados efectos principales y, lo que es peor aún, pueda incluso tener efectos secundarios para muchas personas que acuden con problemas psicológicos.</p>

	<p>Por supuesto, todo científico que se precie no puede menos que ser crítico con muchas cosas de la psicología; yo misma lo hice en el artículo anterior, pero tampoco deja de ser menos cierto que hay teorías, la mayoría derivadas de los modelos de aprendizaje, bastante bien asentadas. En cualquier caso, si alguna nueva propuesta puede abrirse paso será necesariamente sustentada por el método científico. <br />
Y si toda ciencia que se precie tiene su pseudociencia, en psicología nos llevamos la palma. Supongo que, entre otras cosas, tiene que ver fundamentalmente con dos aspectos: el tema del que se trata (todos somos expertos en psicología) y el estado actual de la psicología. Es evidente que cuanto más avanzado sea el estado de una ciencia, menos poder de maniobra tienen los &#8220;iluminados&#8221;. Mi esperanza es que a medida que la psicología vaya avanzando, todas estas teorías pseudocientíficas vayan cayendo por su propio peso. Mientras tanto ya se sabe eso de que a río revuelto…</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/21653/a-rio-revuelto</link>
		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Mentiras</title>
		<description><![CDATA[<p>Muchos de los que estáis alejados de la psicología, quizá no hayáis leído la <a href="http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/11/02/biociencia/1320265403.html">noticia</a> donde se pone al descubierto que un reputado psicólogo social se había inventado los datos de algunas de sus investigaciones, muchas de ellas publicadas en revistas de las más prestigiosas. No es la primera vez que pasa y ocurre en todas las áreas de la ciencia. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos de los que estáis alejados de la psicología, quizá no hayáis leído la <a href="http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/11/02/biociencia/1320265403.html">noticia</a> donde se pone al descubierto que un reputado psicólogo social se había inventado los datos de algunas de sus investigaciones, muchas de ellas publicadas en revistas de las más prestigiosas. No es la primera vez que pasa y ocurre en todas las áreas de la ciencia. Por una serie azarosa de circunstancias me vi contestando para una cadena de televisión cómo podía ocurrir eso y, ya que me tuvo durante un tiempo dándole vueltas a todos los aspectos involucrados, me surgieron algunas reflexiones que me parecieron interesantes para esta sección.</p>

	<p>Es imposible evitar que en una revista, por muchos controles que tenga y por muy buena que sea, alguien mienta, sobre todo si el que miente es muy inteligente y sabe mucho del área en la que va a cometer el fraude. Como en cualquier <a href="http://librodenotas.com/computacion/21477/sin-embargo-hay-algo">ámbito</a> de la vida. La mentira es una herramienta que permite a algunos adaptarse y triunfar en el medio y, por tanto, es difícil pensar que desaparezca este tipo de comportamiento, salvo que dejara de reportar beneficios al que lo practica. Pero la ventaja de la ciencia es que todo resultado importante tiene que ser replicado y tarde o temprano, a veces muy tarde, si la teoría no concuerda con la realidad el engaño acaba por descubrirse y si el engaño concuerda con la realidad (que los datos y sus análisis sean inventados no implica necesariamente que no sea cierta la teoría subyacente), pasará desapercibido pero sus consecuencias no serán importantes.</p>

	<p>El problema es que en este caso, según los que han realizado la denuncia, las falsificaciones eran un poco burdas, ni siquiera era un falsificador muy brillante. Si alguien se hubiera tomado un poco de tiempo mirando los datos y análisis estadísticos que presentaba, habría sido detectado. Y ahí quizá tiene cierta influencia el ámbito concreto en el que el autor hacía sus investigaciones: la psicología social; es cierto que podría haber sido cualquier otra área dentro del de las ciencias sociales e incluso en algunas áreas de las experimentales; en todos los ámbitos donde la experimentación es complicada y donde los resultados se analizan mediante técnicas estadísticas. A mí me ha venido muy bien para convencer un poco más a mis alumnos de por qué si quieren ser buenos psicólogos tienen que estudiar estadística, porque justamente ahí es donde pueden tomarles el pelo. Es como si un físico no supiese matemáticas y todas las explicaciones de los modelos las hicieran en lenguaje descriptivo. La estadística “no miente” pero es muy fácil engañar con ella al ojo poco avezado y la mayoría de los psicólogos no tienen mucho interés en ella. </p>

	<p>Aún así, son demasiadas publicaciones y demasiados años los que este investigador llevaba engañando, así que me produjo curiosidad saber qué publicaba. Entre sus artículos más conocidos está el que &#8220;demuestra&#8221; una correlación entre la ingesta de carne y la agresividad y, como siempre, la interpretación directa a que llega a la mayoría es que si comes carne te vuelves más agresivo. Son investigaciones que gustan a la gente, que van en la dirección de lo que en esta época tiene éxito. Por eso a nadie le pareció que pudiera ser falso.</p>

	<p>Y sobre esto es sobre lo que quería reflexionar aquí. Cuando una información tiene que ver con nuestro sistema de creencias o con nuestras ideas sobre el mundo o sobre el hombre, la asumimos de forma acrítica, sin el más mínimo resquicio de duda sobre lo que nos presenta, aunque no resista mucho un análisis lógico. Pero si una idea no nos gusta, somos capaces de encontrar resquicios donde no los hay. Si el resultado de su investigación hubiera sido que existe una relación entre ser vegetariano y la agresividad, probablemente las voces de los vegetarianos se habrían alzado y en poco tiempo se habrían realizado investigaciones intentado demostrar lo contrario. Así que no hay mejor camino para desmantelar una mentira que el que exista alguien a quién le moleste lo suficiente, por el motivo que sea, para que se ponga a la tarea.</p>

	<p>La única ventaja es que en este caso las consecuencias de los resultados no son muy relevantes para la población (no como ha ocurrido <a href="http://blogs.elcorreo.com/magonia/2011/01/12/el-inventor-la-conexion-entre-triple-virica-y-autismo-planeo/">otras veces</a>) como de forma muy irónica señala <a href="http://www.science20.com/science_20/blog/diederik_stapel_another_world_class_psychology_fraud-84171">Hank Campbell</a>:</p>

	<p><em>&#8220;Dios, espero que su estudio en el que afirmaba que cuidamos más las formas si hay un vaso de vino en la mesa durante la cena no esté en la lista de los cuestionados. He cambiado completamente mi vida basándome en él.”</em><br />
_______________<br />
<small>En el original:<br />
&#8220;Gosh, I hope his study claiming that we use better manners if a wine glass is on the dinner table isn&#8217;t on the questionable list.  I changed my whole life based on that one. </small></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/21493/mentiras</link>
		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-11-26:77c262b7562572606450a68115f67ab6/a9547664d9c08f8b847465c6d3512884</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Cuando el río suena</title>
		<description><![CDATA[<p>Después de haber utilizado muchos dichos o refranes del acerbo popular para titular la mayoría de mis artículos, me ha parecido que igual no estaría mal echarles una mirada. Y como siempre, mi mirada no se centrará en la cantidad de verdad o no que contienen sino en cómo los ve nuestro ojo.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Después de haber utilizado muchos dichos o refranes del acerbo popular para titular la mayoría de mis artículos, me ha parecido que igual no estaría mal echarles una mirada. Y como siempre, mi mirada no se centrará en la cantidad de verdad o no que contienen sino en cómo los ve nuestro ojo.</p>

	<p>La idea me surgió después de escuchar una conversación que me resultó bastante sorprendente. Mientras desayunaba, las dos personas que estaban a mi lado hablaban de alguien a quién ninguna de las dos parecía tener mucho aprecio y consideraban que debería llegar algún momento en que tuviera su merecido. La que parecía más afectada por las acciones del aludido se lamentaba de que al final este tipo de personas conseguía sus objetivos y de que la vida no fuera justa. Sin embargo, la otra no estaba dispuesta a resignarse y cuando veía que el pesimismo se adueñaba de su amiga, como principal argumento (y con una convicción que me pareció envidiable), le dijo: &#8220;¿por qué piensas así, ya sabes eso de que a todo cerdo le llega su San Martín?&#8221; Supongo que esta convicción no podría proceder de su propia experiencia, porque un análisis racional de cuán justa ha sido la vida con todos los que nos rodean no nos puede llevar a esa conclusión, así que de alguna manera delegamos en la sabiduría popular tal conocimiento. Como mantra de consuelo, reconozco que no está mal, pero como verdad en la que confiar nuestra esperanza, poco científica sí que resulta.</p>

	<p>Y dándole vueltas al tema, me vino a la cabeza una conversación reciente que tuve acerca de una de estas creencias populares. Alguien habló de la idea de que en las noches de luna llena tenían lugar más nacimientos que en otras fases de la luna. Yo les decía que había leído que tal cosa, cuando se había analizado con métodos científicos,  había demostrado ser falsa. Me contraargumentaban con que muchos médicos, enfermeras y personal de hospital con los que ellos habían hablado lo constataban siempre. Siguiendo mi habitual manía de ir a las fuentes, hice una búsqueda de los artículos donde se analizaban los nacimientos en función de la fase lunar, la mayoría coincidían en que no había ninguna diferencia, y en los que encontraban algún efecto, éste era mínimo. Para mi sorpresa, intentando ser lo más rigurosos posible, algunos de ellos utilizan modelos probabilísticos nada triviales. Y mi pregunta es ¿cómo puede haberse difundido una creencia que, aún en el caso de que fuera cierta, supone una diferencia tan pequeña que sólo con métodos de análisis de datos puede encontrarse? Sólo si el efecto fuese muy llamativo podríamos suponer al ojo humano la capacidad para detectarlo. </p>

	<p>En realidad, esto ocurre en muchos ámbitos de la vida, tal y como recoge <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_Gilovich">Gilovich</a>, y tiene que ver con nuestra tendencia a generar <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/19780/yo-solo-se">correlaciones ilusorias</a>. En este caso, también existe una explicación utilizando el modelo de la teoría de señales:</p>

<p align="center"><br />

<img src="http://librodenotas.com/images/2613.jpg"  width="300" height="100"v/> <br />

</p>

	<p>En este caso, partimos de nuestra teoría, sea la que sea (&#8220;a todo cerdo le llega tu San Martín&#8221; o &#8220;en las noches de luna llena nacen más niños&#8221;). No se sabe muy bien de dónde proceden muchas de ellas, ni cómo han conseguido abrirse paso con tanta facilidad. Pero una vez que se abren paso y corren como la pólvora, uno no puede menos que pensar que &#8220;cuando el río suena&#8230;&#8221;. De alguna manera, no recordamos o no almacenamos igual las cuatro situaciones de la tabla; nuestro cerebro tiende a recordar más los éxitos que los fracasos, así que, de las cuatro casillas, recordamos mucho más la casilla A, la que confirma nuestra teoría: &#8220;llevo razón&#8221;, y no mucho la C. Cada vez que a un cerdo le llega su San Martín o que es luna llena y hay muchos nacimientos lo almacenamos como un acierto, pero si a un cerdo no le llega su San Martín o si hay luna llena y no muchos nacimientos, este fracaso parece más fácil de olvidar.</p>

	<p>Sin embargo, a pesar de todos los análisis racionales que hagamos, estoy segura de que es imposible convencer a alguien que lleva años observando este fenómeno de que es sólo un efecto de su imaginación, o de su mala memoria para sus fracasos y su buena memoria para sus éxitos. </p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/21313/cuando-el-rio-suena</link>
		<pubDate>Thu, 27 Oct 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-10-26:77c262b7562572606450a68115f67ab6/4ab61f94c262e381ce26c1c79991fa8c</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Espejismo</title>
		<description><![CDATA[<p>Ya he hablado en muchos otros artículos de las relaciones entre la realidad y nuestras percepciones, no en vano es el eje central de la columna que escribo todos los meses. Y hace tiempo que quería reflexionar sobre una expresión que siempre me ha parecido muy curiosa y que tarde o temprano debería aparecer por aquí: &#8220;nuestros sentidos nos engañan&#8221;.
 </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ya he hablado en muchos otros artículos de las relaciones entre la realidad y nuestras percepciones, no en vano es el eje central de la columna que escribo todos los meses. Y hace tiempo que quería reflexionar sobre una expresión que siempre me ha parecido muy curiosa y que tarde o temprano debería aparecer por aquí: &#8220;nuestros sentidos nos engañan&#8221;.</p>

	<p>Si la tomamos literalmente, desde lo que ahora conocemos sobre cómo se produce el fenómeno de la percepción, podemos afirmar que esta apreciación es falsa, puesto que los sentidos son sólo el primer paso en el resultado final, ellos sólo proporcionan la información de entrada y luego en diferentes partes del cerebro se genera la percepción. Así que quizá sería más adecuado afirmar que nuestro cerebro nos engaña, pero no dejaría de ser una expresión contradictoria pues somos nuestro cerebro, de manera que estaríamos proponiendo que el cerebro se engaña a sí mismo. </p>

	<p>Está claro que la información contenida en esta frase tan repetida tiene su parte de verdad, puesto que en ocasiones hemos podido comprobar que lo que habíamos creído ver no se correspondía con la realidad. Esto ocurre más a menudo de lo que creemos pero, por suerte, la mayoría de las veces no tiene la más mínima importancia. Aunque en realidad, la suerte no debe tener mucho que ver aquí sino más bien la evolución, ya que cualquier ilusión perceptiva que hubiera tenido graves consecuencias habría hecho del ser humano una especie poco adaptada.</p>

	<p>Ya he explicado otras veces que la propia <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/15542/veo-veo">segmentación</a> que hacemos de la realidad no es una tarea sencilla, que las cosas no están dadas y que incluso tenemos que <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/20811/%252a%252a%252a%252a">aprender</a> a percibirlas. De alguna manera nuestro cerebro hace uso de muchos de los recursos e información que tiene almacenados (bien porque los tenemos de forma innata o bien porque los hemos adquirido con la experiencia) y hace que esa tarea de percibir la realidad sea mucho más eficiente de lo que lo sería si analizara detalladamente todo lo que le viene del exterior. Procesar toda la información sería muy costoso y en la mayoría de las ocasiones supondría un esfuerzo cuyo resultado no tendría mucha utilidad.</p>

	<p>Así que con un poco de información del exterior y con lo que ya &#8220;sabe&#8221;, nuestro cerebro construye su realidad y en la mayoría de los casos se corresponde bastante con la de fuera tal y como la concebimos los humanos. Pero a veces &#8220;falla&#8221;. Esos fallos son muy importantes para estudiar cómo funciona el cerebro: nos ayudan a saber qué hace el cerebro y por qué en estos casos &#8220;se equivoca&#8221;.</p>

	<p>En muchas ocasiones tiene que ver con el análisis global de la imagen, en otras con la comparación con parte del contexto:</p>

	<p><center><img src="http://pequenoldn.librodenotas.com/images/232.jpg" border="0" name="basename" usemap="#areas" /><br />
</center></p>

	<p>(Pasa el ratón por la imagen para ver bien el efecto)</p>

	<p>Y en muchos casos, aunque no se sabe muy bien por qué se producen, tiene que ver necesariamente con cómo procesamos la información.</p>

	<p><center><img src="http://pequenoldn.librodenotas.com/images/1467.jpg" border="0" name="basename2" usemap="#area2" /><br />
</center><br />
(Pasa el ratón por la imagen para ver bien el efecto)</p>

<script languaje="javascript">
baseimg = document.images["basename"].src;
function activate (link) {
   document.images["basename"].src = link;
}
function deactivate () {
 activate(baseimg);
}
baseimg2 = document.images["basename2"].src;
function activate2 (link) {
   document.images["basename2"].src = link;
}
function deactivate2 () {
 activate2(baseimg2);
}
</script>
<map name="areas">
<area coords="0,0,500,300" shape="RECT" onmouseout="deactivate()"
onmouseover='activate("http://pequenoldn.librodenotas.com/images/233.jpg")'
/>
</map>
<map name="area2">
<area coords="0,0,800,800" shape="RECT" onmouseout="deactivate2()"
onmouseover='activate2("http://pequenoldn.librodenotas.com/images/1468.jpg")'
/>
</map>
Sin embargo, en muchas ocasiones la acusación de engaño es complemente injusta. Sucede en los casos en los que la información que generan dos situaciones distintas es indistinguible y sólo información adicional nos permite hacer una u otra interpretación. Por ejemplo en la ilusión de tamaño a partir de la perspectiva:
 <p align="center"><br />

<img src="http://librodenotas.com/images/2584.jpg"  width="500" height="400"v/> <br>
</p>
Si fuera una foto de una imagen real, necesariamente el hombre más a la derecha debería ser más alto, aunque el tamaño que su imagen proyectara en la retina sería la misma que la que proyecta el que está más cerca y es más bajo. Esto es lo que ocurriría en el mundo y lo que el cerebro está acostumbrado a percibir, por lo que hace la interpretación más probable y, por eso, más adaptativa, hacer otra interpretación no sería muy lógico.
Lo mismo ocurre con los espejismos que vemos cuando la temperatura es elevada y creemos ver líquido sobre el asfalto. La información que nos llega es la misma que produciría una superficie líquida y, por tanto, sería impensable que el cerebro lo interpretase como un sólido en lugar de cómo un líquido. No puede ir contra su experiencia. No hay forma de que el cerebro distinga dos cosas que presentan la misma información a nuestros sentidos, ni nos engaña ni se equivoca, simplemente recibe información ambigua y opta por lo más probable; de hecho una vez que se sabe esto nadie piensa que hay agua a pesar de que lo parezca.
<br>
<br>
Y este debe ser el mismo proceso que permite que muchos psicópatas pasen desapercibidos durante mucho tiempo, porque son capaces de producir comportamientos equivalentes a los que producen los modelos ideales. No es extraño oír decir expresiones del tipo: "era tan educado", "era tan agradable"… De este modo consiguen que muchos caigan en la red, porque nuestro cerebro tarda en detectar esas diferencias, y se aprovechan de esa ventaja. Y por eso quizá deberíamos enseñar a detectar esas pequeñas diferencias que nos permitan saber que, aunque lo parezca, no hay agua en el asfalto, es sólo un espejismo. Hay algunas pistas que la experiencia nos da y no estaría de más entrenar a las nuevas generaciones.]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/21121/espejismo</link>
		<pubDate>Tue, 27 Sep 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Mirar sin ver</title>
		<description><![CDATA[<p>Recuerdo la sensación de irrealidad y artificio que me produjo el final de <em>Marianela</em> de Galdós que leí como texto obligatorio en el colegio. En ese momento no sabría explicar muy bien por qué (más allá de que me pareció un libro un tanto cursi y aburrido). Pero lo más curioso es que ahora que estoy interesada por la percepción visual, esa primera impresión no podría haber sido más adecuada y muchas veces me viene a la mente aquel final. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo la sensación de irrealidad y artificio que me produjo el final de <em>Marianela</em> de Galdós que tuve que leer como texto obligatorio en el colegio. En ese momento no sabría explicar muy bien por qué, más allá de que me pareció un libro un tanto cursi y aburrido. Pero lo más curioso es que ahora que estoy interesada por la percepción visual, esa primera impresión no podría haber sido más adecuada y muchas veces me viene a la mente aquel final. Para quién no lo haya leído, o no lo recuerde, el hecho es que un chico muy guapo ciego se enamora de Marianela, que no es que sea un dechado de cualidades físicas. Cuando finalmente un oftalmólogo consigue que recupere la vista, como resultaba previsible, cae completamente rendido a la belleza de otra chica, la guapa del libro. Nada original, el viejo tema de la importancia del aspecto físico frente a otras cualidades morales. Pero no voy a entrar en el tema, que daría para mucho y del que no soy muy experta, de hasta qué punto podemos sustraernos de la influencia del aspecto físico de una persona (variable según la cultura) y cómo otro tipo de cualidades deben multiplicar su efecto para contrarrestarla. Me interesa mucho más el otro aspecto: qué ve alguien que es ciego si de repente recupera la vista. La respuesta es compleja y no del todo resuelta desde un punto de vista científico, pero sobre la que se está arrojando cierta luz.</p>

	<p>Aunque parezca sorprendente, tenemos que aprender a ver a través de una interacción entre la predisposición innata, la maduración del cerebro y la experiencia perceptiva con nuestro entorno. Ver no es tan fácil como nos parece, aunque no nos haya costado el mínimo esfuerzo conseguirlo.</p>

	<p>Si este texto lo hubiera escrito hace décadas, habría tenido que decir que a partir de cierta edad si alguien recupera la vista no ve prácticamente nada, muchos oftalmólogos consideraban que a partir de los 7 u 8 años no valía la pena operar la ceguera congénita provocada por causas reversibles. Se basaban en lo que se denomina la hipótesis del periodo crítico: si durante el periodo crítico en el que se desarrolla la visión, uno es sometido a deprivación sensorial, aunque desde un punto de vista óptico se pueda recuperar el ojo, el cerebro no ha aprendido a ver y, por tanto, uno es ciego funcional. </p>

	<p>Sin embargo, investigaciones más recientes, como las del admirable <a href="http://web.mit.edu/bcs/sinha/prakash_science.html">proyecto</a> dirigido por Pawan Sinha, están demostrando que la plasticidad neuronal es algo mayor de lo que se pensaba y que no están tan claras las consecuencias de la deprivación ni si podrían existir algunos programas de entrenamiento que ayudaran al cerebro a &#8220;ver&#8221; mejor. Como además la construcción de la realidad no la hacemos sólo a través de uno de los sentidos, el cerebro va componiendo una imagen de la realidad donde luego van encajando las piezas nuevas, de manera que a medida que la experiencia visual de estas personas avanza van integrando la información adquirida mediante  diferentes sentidos. La transferencia no es inmediata, requiere de la experiencia, por lo que por fin queda resuelto el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Problema_de_Molyneux">problema de Molyneux</a>.</p>

	<p><p style="margin-left: 30px; margin-right: 50px"><br />
<em>“Supongamos a un hombre ciego de nacimiento, ya adulto, y que ha sido enseñado a distinguir, por el tacto, la diferencia existente entre un cubo y una esfera, hechos del mismo metal y aproximadamente de igual tamaño, de tal suerte que pueda, tocando a una y la otra figura, decir cuál es el cubo y cuál la esfera. Supongamos, ahora, que el cubo y la esfera están sobre una mesa y que el hombre ciego recobre su vista. Se pregunta si por la vista, antes de tocarlos, podría distinguir y decir cuál es el globo y cuál el cubo”</em><br />
</P></p>

	<p>La respuesta, como defendían los empiristas, es no.</p>

	<p>Así que el protagonista del libro no habría podido tener un imagen nítida de ninguna de las protagonistas cuando abrió sus ojos. Pero más aún, resulta difícil que, incluso en el caso de que hubiera podido recuperar una visión nítida y parecida a la de alguien con visión normal, hubiera tenido las categorías de perfección y belleza para aplicarlas directamente a las dos protagonistas. No debe ser menos cierto que este tipo de categorías deben ser aún más dependientes de la experiencia con el entorno que la percepción visual sin más. Y en caso de haber habido algún tipo de transferencia de los distintos sentidos, sería su conocimiento previo y, por tanto, unido a una emoción por la protagonista, la que debería haber guiado su concepto de belleza y no al revés. Ya se sabe eso de que el amor es ciego.</p>

	<p>Por eso, siempre me hace mucha gracia cuando oigo eslóganes del tipo: &#8220;que no te condicionen&#8221;, lo único que me viene a la mente es: &#8220;imposible&#8221;.</p>

	<p>Es cierto que Galdós no tenía por qué tener ningún conocimiento de todas estas ideas, pero no puedo evitar recordar esa sensación de artificio que en su momento me produjo el libro y que con el paso de los años la ciencia ha ido confirmando. </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/20811/%252a%252a%252a%252a</link>
		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>El que busca halla</title>
		<description><![CDATA[<p>En el último año  hemos asistido a la aparición de este tipo de noticias que muchos estaban esperando, yo diría que casi deseando, que se produjeran. ¿Veis como no podía ser bueno? Somos usuarios compulsivos de la tecnología pero estamos convencidos de que es mala, sobre todo la que utilizan los otros.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En el último año  hemos asistido a la aparición de este tipo de noticias que muchos estaban esperando, yo diría que casi deseando, que se produjeran. ¿Veis como no podía ser bueno? Somos usuarios compulsivos de la tecnología pero estamos convencidos de que es mala, sobre todo la que utilizan los otros. No es nada sorprendente oír a alguien convencido de lo malas que son las antenas de telefonía móvil, los alimentos manipulados genéticamente o de lo perjudicial que son para la salud mental de niños y jóvenes el uso de las nuevas tecnologías, mientras ese alguien fuma tranquilamente. Vaya por delante que no digo ni que lo sean ni que no lo sean, simplemente no lo sé. Pero hay mucha gente convencida de que sí, y a mí me sorprende.</p>

	<p>¿Cuál es la evidencia en que sustentan su opinión? Mucho me temo que ésta tiene mucho más que ver con un modelo personal que con un modelo empírico. No se trata de una convicción a la que uno llega tras un análisis racional y científico, donde el conocimiento del mecanismo responsable de producir cáncer o cualquier alteración psicológica lleve a valorar estos “artilugios” tecnológicos como posibles causas de riesgo, es que hay cosas que por algún motivo las debe cargar el diablo. Pero lo más curioso es que estamos empeñados porque nos parece evidente, porque mirando a nuestro alrededor observamos algo que apenas se percibe cuando se mira bajo la lupa de la investigación. Incluso demostrar si existe o no un aumento de la violencia en jóvenes o de determinado tipo de cáncer, una vez que se eliminan aquellos factores que lógicamente deberían llevar a un aumento de los mismos (aumento de la esperanza de vida, aumento de las revisiones que lleva a un aumento de detecciones…) es muy complejo, aunque de esto sabe mucho más nuestro <a href="http://www.librodenotas.com/quierounasegundaopinion/">compañero</a> de libro de notas.</p>

	<p>Y como ponemos mucho empeño en ello, por fin lo encontramos: el teléfono móvil está en el grupo 2b como “posible carcinógeno”. Y también sabemos que el hecho de que los niños pasen mucho tiempo frente a “monitores” puede provocarles problemas psicológicos.</p>

	<p>Si analizamos un poco en detalle la clasificación de la organización mundial de la salud (que desde un punto de vista científico me parece muy loable y recomiendo su lectura a quién le interesen estos temas), el informe viene a decir que:</p>

	<p>&#8220;Con respecto a exposiciones ocupacionales o del ambienta, así como de otros tipos de cáncer que no sea glioma o neuroma acústico, la evidencia es inadecuada&#8221;</p>

	<p>Consideran evidencia inadecuada cuando los estudios disponibles no tienen suficiente calidad, consistencia o potencia estadística para permitir una conclusión sobre la presencia o ausencia de asociación causal entre la exposición y el cáncer o no hay datos disponibles de cáncer en humanos.</p>

	<p>&#8220;Con relación al glioma o neuroma acústico la evidencia es limitada&#8221;</p>

	<p>Y consideran evidencia limitada cuando se ha observado una asociación positiva entre la exposición al agente y el cáncer y el Grupo de Trabajo considera creíble interpretación causal, pero el azar, el sesgo o confusión no pueden ser descartadas con suficiente confianza.</p>

	<p>Es decir, de momento poca cosa. Eso sí, está en todas las portadas de los periódicos. La información que transmiten es más bien mínima. Está en el grupo de los posibles, ni siquiera de los probables. Pero el ser humano no diferencia mucho entre posible y probable, ellos mismos afirman que es una diferencia cualitativa y no cuantitativa. Quizá sí sea fácilmente cuantificable el efecto que ambos vocablos producen en el oyente: si me dicen posible no hago mucho caso, si me dicen probable me parece bastante peligroso.</p>

	<p>La misma clasificación podríamos aplicar a lo perjudicial que son para la salud mental de niños y jóvenes el uso de las nuevas tecnologías, en vista de la <a href="http://pediatrics.aappublications.org/content/126/5/e1011.abstract?sid=0e123955-8325-4e86-96cd-8b43c5c7efda">evidencia disponible</a>. </p>

	<p>Y es que no nos gustan los cambios en las costumbres, no nos gusta que las generaciones que nos siguen utilicen tanto y en tantos contextos las nuevas tecnologías y que hayan cambiado nuestra forma de jugar y relacionarnos, así que pensamos que debe ser malo. </p>

	<p>Leer en dispositivos electrónicos o pantallas de ordenador, también cuenta con muchísimos detractores. Perjudica a la vista. Resulta sorprendente que se aplique también a los lectores de tinta electrónica, que no emiten luz, pero incluso entre los que emiten luz no existen estudios que demuestren un perjuicio para la vista, más allá del fastidio de no parpadear y que el ojo se seque un poco porque parpadeamos menos (pasar la hoja sirve para refrescar el ojo) y pasamos más horas que frente a una hoja de papel, ni más ni menos la misma <a href="http://ocularis.es/blog/?p=75">fatiga visual</a> que tenemos cuando realizamos cualquier actividad que suponga fijar mucho la vista.</p>

	<p>Sin embargo, hay cosas mucho más evidentes y más cercanas, como que los accidentes de tráfico son la principal causa de muerte entre los niños y jóvenes y nadie de esta generación tiene nada en contra de los coches, salvo que contaminan y eso podría tener efectos a largo plazo sobre la salud. Es como si de alguna manera lo que nos preocupara más es aquello que tiene efectos más a largo plazo y más desconocidos.</p>

	<p>Cómo haga uso de toda esta información para que afecte a mi comportamiento depende más bien de mis prioridades vitales que de la información de que dispongo. No vamos a renunciar fácilmente al uso del teléfono móvil, como no hemos renunciado a fumar aun sabiendo que el tabaco sí tiene calificación de carcinógeno. Siempre me produjo mucha gracia eso de que nadie quisiera tener una antena de telefonía cerca, pero hiciera uso constante del móvil, con el perjuicio que eso ocasionaba a sus congéneres. Y es que lidiar día a día con este tipo de decisiones resulta un poco agotador y nos dejamos llevar por la corriente.</p>

	<p>Esto me recuerda a una señora de mi pueblo, que al final de su vida tenía un poco de demencia y estaba convencida de que su marido la iba a matar mientras dormía y así se pasaba las noches en vela, pero un día cuál no sería su cansancio que antes de irse a su casa, les dijo a su vecinas: &#8220;pues yo esta noche, aunque me mate, me acuesto&#8221;.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/20642/el-que-busca-halla</link>
		<pubDate>Mon, 27 Jun 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Humo de paja</title>
		<description><![CDATA[<p>Hace poco me remitían una especie de <a href="http://www.poesiaantelaincertidumbre.com/defensa.html">manifiesto poético</a> para que lo sometiera a mi consideración y, aunque he estado tentada a hacer un análisis del mismo, creo que la mayoría de las cosas tienen tanto de déjà vu que caen por su propio peso.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco me remitían una especie de <a href="http://www.poesiaantelaincertidumbre.com/defensa.html">manifiesto poético</a> para que lo sometiera a mi consideración y, aunque he estado tentada a hacer un análisis del mismo, creo que la mayoría de las cosas tienen tanto de <em>déjà vu</em> que caen por su propio peso. Pero al hilo del mismo hay varias ideas que sí han merecido cierta atención por mi parte y que tienen que ver con el tono general de esta sección, donde de nuevo puedo unir mi pasión por la literatura y la psicología. </p>

	<p>Vaya por delante que no tengo nada en contra de estos poetas, cuya lectura tengo pendiente en un futuro inmediato y no tendré ningún inconveniente en que entren en <a href="http://librodenotas.com/unaagujaenunpajar/">mi pequeño parnaso</a> si su poesía así lo merece.</p>

	<p>Pero está claro que sus ojos y los míos no ven lo mismo. </p>

	<p>Lo que más me descolocó al leerlo fue que, después de años intentando encontrar <a href="http://librodenotas.com/unaagujaenunpajar/">agujas</a> por tierra, por mar y por aire, no tenía ni idea de a qué grupo de poetas o a qué poetas individuales se estaban refiriendo, quienes eran esos poetas obtusos que no se entienden, que escriben poemas sin ideas y que son los responsables de que no haya lectores de poesía y de que ésta no ocupe grandes estanterías en las librerías. Tampoco acierto a ver en qué momento de la historia la poesía ha ocupado un lugar masivo entre los lectores o las librerías.  Dándole vueltas, se me ocurren algunas explicaciones posibles; por ejemplo, que no esté viendo la parte de la red que ellos ven y por más que salte de enlace en enlace, de suplemento en suplemento, de crítica en crítica, de premio en premio… nuestros mundos no se crucen. Y si yo no he conseguido dar con ellos, dudo mucho que hayan echado para atrás a muchos potenciales lectores. </p>

	<p>Otra explicación alternativa es que realmente no veamos de la misma forma la dificultad, la comprensión o capacidad de suscitar emociones en un poema. Pero aquí es donde mi vena científica se dispara y no puedo menos que manifestar mi disconformidad con algunas de sus afirmaciones:</p>

	<p>&#8220;Si un poema no se entiende, el único responsable es quien ha tratado de establecer la comunicación.&#8221; Falso, tan falso como cuando los alumnos afirman que si una asignatura no se entiende es culpa del profesor. No voy a entrar en todos los aspectos implicados en la comunicación que hacen que esta afirmación haga aguas por todas partes y son de sobra conocidos. Si el mejor profesor del mundo trata de explicarme la última teoría de física cuántica, no la voy a entender nunca, y no me vale eso de que un buen profesor es capaz de hacer fácil lo difícil porque no es verdad. La divulgación científica da la falsa impresión de que uno entiende algo, pero si con esas ideas uno pretende trabajar en la <span class="caps">NASA</span>, se dará cuenta de que no tiene ni la más mínima idea acerca de qué va eso.</p>

	<p>Así que en su alegato se olvidan de la condición necesaria para que alguien pueda entender algo y es que tenga el nivel suficiente de partida. Sin ir más lejos, hay lectores que no tienen nivel para entender a Lorca. Si uno no sabe sumar no hay manera de que entienda una ecuación diferencial, ni con el mayor genio del mundo como comunicador. Y los niveles de los lectores son muy dispares, como los niveles de los estudiantes, y si uno explica para los que tienen menos nivel priva a los de más nivel de aquello a lo que tienen derecho. Pero es que además la dificultad de cualquier cosa es algo que va cambiando a medida que uno avanza. Para un niño de 3 años los puzzles de 25 piezas son dificilísimos y para uno de 10 triviales. Así que algo no es fácil o difícil en sí mismo, es fácil o difícil en función de las características del receptor. A esto hay que añadir que la dificultad, siempre y cuando sea adecuada al nivel que uno tiene, es una fuente de placer inmensa, y lo fácil satura y aburre. En poesía, lo trivial aburre a quién ya ha leído mucho.</p>

	<p>Pero lo más sorprendente ha sido para mí encontrarme, entre los poetas que han hecho &#8220;una poesía perfectamente entendible&#8221;, a Lorca (<em>¿El romancero gitano</em> o <em>Poeta en Nueva York</em>?), Alberti (<em>¿Sobre los ángeles?</em>) o Miguel Hernández (<em>¿El rayo que no cesa?</em>). Quizá hayan olvidado que en esta época estos poetas ocupaban en el mundo literario un lugar destacado eclipsando a otros poetas &#8220;más inteligibles&#8221; que eran los que entusiasmaban a la mayoría de la gente. </p>

	<p>Pero es que la propia tesis del texto tendría que demostrarse ¿qué evidencia empírica tienen de que no leemos poesía actual porque no la entendemos? Como siempre, es muy sano comprobar hipótesis alternativas: igual la que entendemos tampoco nos gusta. </p>

	<p>Lo mismo podríamos decir de lo que produce emoción: no hay recetas universales. A mí particularmente no han conseguido producirme emoción alguna la mayoría de los poetas vivos que para ellos son destacables. Ergo según su argumento o no es poesía digna de destacar o el poeta no ha logrado su objetivo, porque según parece el lector (en este caso yo) no se equivoca sino que el escritor yerra en su función. Es que los argumentos los carga el diablo.</p>

	<p>¿Por qué ese empeño en la homogeneidad? No voy a entrar en el concepto de poesía que defienden, uno de tantos, nada nuevo, ni el objetivo que le atribuyen. A mí todos me valen, yo defendería el suyo y el contrario, siempre y cuando, como decía Borges, se escriban textos de esos que merece la pena releer.</p>

	<p>Y cómo no, he dejado para el último lugar la explicación más prosaica y, por ende, más probable, que no sea más que una pequeña reyerta dentro del propio mundo cerrado de las editoriales, premios… y por eso los profanos no nos enteremos de nada. </p>

	<p>Así que supongo que el objetivo es dar una cierta forma a un grupo y en eso los aplaudo. Aunque me vienen a la memoria los movimientos que han ido surgiendo en la historia con propuestas más o menos <a href="http://mason.gmu.edu/~rberroa/manifiestodadaista1.htm">extrañas</a> o más o menos <a href="http://www.isabelmonzon.com.ar/breton.htm">profundas</a>, y uno no puede evitar la comparación. Y para que no parezca que todo tiene que ser complejo, existen otras propuestas curiosas en el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dogma_95">séptimo arte</a>. Pero más allá de eso, lo que realmente uno no puede perder de vista es que nunca se habría hablado de ellos si detrás no hubiera habido una creación artística impresionante tanto de los fundadores de los movimientos como de sus seguidores. </p>

	<p>Así que espero impaciente los movimientos derivados de este “manifiesto”, aunque parece que no promete mucho porque se echa de menos cierta originalidad, pero nunca se sabe, hay quien es capaz de darle a cualquier idea trillada una nueva vuelta de tuerca.</p>

	<p>Todo lo demás es humo de paja. </p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/20477/humo-de-paja</link>
		<pubDate>Fri, 27 May 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Más sabe el diablo</title>
		<description><![CDATA[<p>Últimamente, y en diferentes contextos, estoy teniendo que ejercer mi derecho democrático al voto más de lo acostumbrado. Y, como tengo esta manía de aplicar el razonamiento científico también a este tipo de decisiones, he de confesar (sin querer renunciar a este derecho que tanto trabajo ha costado adquirir) que no me siento muy cómoda cuando estoy en esta tesitura.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Últimamente, y en diferentes contextos, estoy teniendo que ejercer mi derecho democrático al voto más de lo acostumbrado. Y, como tengo esta manía de aplicar el razonamiento científico también a este tipo de decisiones, he de confesar (sin querer renunciar a este derecho que tanto trabajo ha costado adquirir) que no me siento muy cómoda cuando estoy en esta tesitura. Y no es porque me de miedo equivocarme, sino porque no acabo de encontrar un modelo de razonamiento que me lleve a poder tomar la decisión con la información que considero necesaria. Está claro que hay demasiados aspectos implicados, que el modelo tiene tantos grados de libertad que no es fácil saber qué va a pasar una vez que uno da su confianza algún proyecto o a algún candidato.</p>

	<p>Dejando de lado eso de que todos son iguales, que sólo van a su propio beneficio (ni más ni menos que el resto de lo mortales), los aspectos circunstanciales imprevistos que podrían llevar al fracaso un proyecto… hay tres factores fundamentales que deberían ayudarme a tomar mi decisión: la persona, el fin y el medio. Y en la interacción de estos tres factores es donde mis últimas decisiones se encuentran empantanadas, sin que haya conseguido casi nunca votar con cierta ilusión.</p>

	<p>En el último sufragio en que acabo de participar, alguien más joven proponía leer los programas para tomar una decisión más informada. Por desgracia ya hemos visto qué poca relación hay entre lo que suelen proponer los programas y lo que suelen hacer los políticos, y como además eso no tiene nunca consecuencias, no sirve de mucho perder el tiempo en leer papel mojado. Pero aún dando un voto de confianza, y considerando que esos van a ser sus objetivos, deberíamos considerar un segundo grado de libertad: la capacidad de las personas implicadas para alcanzarlos. Y aún suponiendo que posean esta capacidad, está el tercer elemento que más desasosiego me genera últimamente: cuál es el procedimiento adecuado para lograr un objetivo. La experiencia también nos viene demostrando cómo muchas veces lo que un análisis racional nos presenta como la mejor manera de conseguir un fin, no siempre que se pone en marcha el experimento luego funciona como teníamos previsto. Al final cualquier sociedad es un sistema dinámico complejo cuyas leyes de funcionamiento no conocemos demasiado bien, de manera que las predicciones no suelen ser muy acertadas.</p>

	<p>Yo proponía que lo ideal sería tener un modelo de simulación donde pudiéramos ver al candidato, su propuesta y los medios que pretende emplear para conseguirlo en acción y, una vez observado el resultado final, votar en conciencia. Porque las diferencias en el voto deberían estar basadas fundamentalmente en esto, qué resultado final queremos, y está claro que no todos queremos el mismo. Sin embargo, tengo la impresión de que hemos olvidado un poco este asunto y nos fijamos demasiado en los medios, por supuesto, hablo siempre de medios lícitos.</p>

	<p>A veces, lo único que tengo claro es cuál quiero que sea el resultado final, pero ni en estas ocasiones tengo claro cuál es el medio más adecuado para lograr ese fin. He visto demasiadas veces como salía el tiro por la culata. Por ejemplo, tengo clarísimo que quiero una Universidad de calidad, que los alumnos tengan una buena formación, que se investigue en buenas condiciones… ¿quién no? Y me gustaría que fuera pública, pero la experiencia no parece que me esté dando muchas esperanzas de que así sea. Si uno mira a su alrededor, las mejores universidades del mundo no suelen ser públicas, suelen ser privadas y muy caras, aunque en algunos países las públicas sean mejores que las privadas. Una pena y una realidad. ¿Es posible un modelo público y de la misma calidad? Me cuesta renunciar y decir que no, pero los deseos no pueden impedir un análisis que permita alcanzarlos. Así que de alguna manera debe uno replantearse qué objetivo quiere para conseguir lo mismo: que la Universidad sea de calidad y que pueda acceder cualquiera independientemente de su estatus socioeconómico. Se puede conseguir este objetivo con una Universidad pública de calidad o con un modelo de Universidad privada que permita el acceso a cualquiera. Sigo prefiriendo lo primero y no he renunciado a ello, pero necesito comprobar que empíricamente es posible. Y para ello hay que contar con las características del ser humano y de las posibles sociedades que pueden generarse con él. Siempre le digo a mis alumnos que no podemos confundir cómo nos gustaría que fuera el ser humano con cómo es, porque la única forma de conseguir los objetivos que nos propongamos es hacerlo conforme a su naturaleza. Estaría bien que no sufriéramos, que pudiéramos tele-transportarnos… pero, de momento, esto es lo que hay.</p>

	<p>Es evidente que cuanto más cercano es el proceso, más fácil nos resulta anticipar cuáles van a ser las consecuencias de nuestras decisiones. Si conoces bien a la persona sabes hasta qué punto va a ser capaz de utilizar los medios y de conseguir los fines; en el fondo ya lo has visto en acción, así que tienes cierta aproximación a lo que podría ser una simulación, siempre y cuando la nueva misión se parezca a la que le has visto realizando, porque también sabemos que no pueden hacerse fácilmente inferencias para otros ámbitos. Pero cuando el candidato está más allá de tu entorno próximo, la posibilidad de hacerte una idea de cómo va a resultar es casi nula.</p>

	<p>Si uno tiene una implicación emocional, independientemente de todo análisis racional y eligiendo de la realidad sólo aquellos aspectos que confirman las expectativas de uno, la decisión resulta fácil y supongo que gratificante, pero los que no tenemos ese apego, nos vemos un poco perdidos ejerciendo un derecho al que bajo ningún concepto queremos renunciar pero del que nunca estamos muy convencidos de estar realmente ejerciendo. No quiero votar contra nadie ni como mal menor, quiero hacerlo alguna vez como debería ser. Y me temo que el número de insatisfechos van creciendo. Si uno pudiera opinar de aspectos más concretos, de los que uno sí tiene claro que quiere y cómo quiere que se haga, quizá el sistema se iría pareciendo más a un modelo en el que de verdad uno pudiera tener cierta maniobra de decisión, y con los medios tecnológicos actuales no creo que esto fuera tan complicado. Se trata de dar un pasito más.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/20305/mas-sabe-el-diablo</link>
		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	<item>
		<title>El color del cristal</title>
		<description><![CDATA[<p>Nunca fui muy aficionada a leer el periódico, reconozco que es una de esas sanas costumbres que no comparto con la gente de mi generación, siempre he preferido leer otro tipo de cosas. Vaya por delante que no tengo nada en contra de la prensa y que creo que ha habido y seguirá habiendo muy buenos periodistas y, como en toda actividad, también muy malos.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca fui muy aficionada a leer el periódico, reconozco que es una de esas sanas costumbres que no comparto con la gente de mi generación, siempre he preferido leer otro tipo de cosas. Vaya por delante que no tengo nada en contra de la prensa y que creo que ha habido y seguirá habiendo muy buenos periodistas y, como en toda actividad, también muy malos. Supongo que mi falta de interés tenía que ver con la falta de interés por los temas que suelen tratarse y con una especie de manía personal de buscar en todo la objetividad, así que prefería el acercamiento a la realidad a través de la ciencia.</p>

	<p>A medida que uno va creciendo, va notando que el suelo que se pisa no es tan firme como parecía. Se descubre pronto que la objetividad en ciencia tampoco resulta una tarea fácil, que incluso las teorías científicas sólo podemos considerarlas como provisionalmente verdaderas mientras no haya algún dato que venga a echarlas abajo. No deja de ser menos cierto que, fijados ciertos axiomas y utilizando las herramientas adecuadas, es posible alcanzar acuerdos y que parte del encanto de la investigación científica es esa metamorfosis que va sufriendo la verdad a medida que se va viendo bajo la luz de las nuevas teorías, igual que el cambio del punto de vista te cambia la realidad. También hay quien intenta engañar, quien dificulta que se publiquen los datos que van en contra de sus modelos, quien miente e inventa resultados. Ni más ni menos que el ser humano en toda su dimensión.</p>

	<p>La realidad que refleja el periodismo es mucho más esquiva a esta “objetividad”. Como en ciencia, en cierto modo la teoría bajo la que uno observa condiciona en gran medida lo que se considera un hecho, pero a diferencia de la ciencia, es mucho más difícil definir axiomas sobre los que lograr un consenso y, por tanto, mucho más difícil el entendimiento. No creo que actualmente nadie defienda la posibilidad de objetividad en casi ningún ámbito, pero mucho menos en el de la información periodística.  Y no hace falta que haya una intención de manipular, que también la habrá en muchos casos; incluso intentando mantenerse neutral e intentado informar de forma objetiva, la objetividad es imposible. Tanto por las limitaciones de la capacidad de procesamiento de información de los seres humanos (limitaciones en la percepción, fragilidad de la memoria, facilidad para crear falsos recuerdos…), como porque quizá no exista una realidad objetiva desde la cual una mente ingenua pueda pensar. En este caso, los hechos a los que nos referimos son las acciones humanas y, por tanto, la intencionalidad forma parte esencial de las mismas, y ahí es imposible que pueda entrar fácilmente la objetividad. No descubro nada nuevo, es un tema sobre el que han reflexionado muchos pensadores a lo largo de la historia.</p>

	<p>Hasta aquí probablemente todos estemos de acuerdo. Pero como siempre,  lo que me interesa analizar es el ojo que ve la noticia, no el que la da.  Por mucho análisis racional que hagamos sobre la imposibilidad de la objetividad, sobre la existencia de la verdad y si, en caso de haberla, podríamos acceder a ella, al final uno es un ser humano con todas sus limitaciones y necesita suelo firme. Está bien este metaconocimiento sobre la imposibilidad del conocimiento, pero para poder vivir, y hacerlo de una manera más o menos adaptativa, no podemos dudar de todo, no podemos evaluar cada información que recibimos como posible interpretación subjetiva. Uno podría tranquilamente instalarse en una subjetividad aceptada, reconocer que la objetividad no es posible y que quizá no sea tan importante, que conocer las diferentes subjetividades puede ser mucho más interesante. Y hay quien, llegado a un punto de madurez, lo consigue. Hay quien directamente se instala en una subjetividad sin interesarse lo más mínimo por el resto de visiones del mundo. Pero a la mayoría nos cuesta renunciar a la posibilidad de objetividad.</p>

	<p>Evidentemente, la única forma que tenemos para saber si alguien o algún medio es objetivo consiste en contrastarla con el hecho y ver si coincide. Pero la única forma de acceder al hecho es a través de los medios, por lo que tenemos muy poca capacidad de maniobra y entramos fácilmente en un círculo vicioso. Si todos los medios coinciden en el hecho, podemos darlo por bueno (aunque hay casos extremos, como quienes todavía piensan que lo del hombre en la luna fue un engaño colectivo), pero cuando las visiones son distintas, y queremos hacernos una idea de lo que está pasando, no hay más remedio que tomar partido. La mayoría argumentaría que como hay muchas noticias, uno acaba fiándose más de aquellos medios que más verdad u objetividad contienen. Pero en el fondo lo que tenemos a mano para contrastar es lo que uno piensa de la realidad, de manera que aquel que nos ofrezca un modelo que encaje mejor con muestro patrón tiene muchas más posibilidades de tener éxito y convencernos de que lo que nos presentan es la verdad.</p>

	<p>Resulta curioso ver como cada uno sólo ve la falta de objetividad y la manipulación en los medios con los que no comparte su modelo de realidad o que si la ven siempre es mucho mayor en los otros y no hay forma de que nadie nos convenza. Todos hemos visto alguna vez cómo algún hecho que hemos vivido o que conocemos no se ve bien reflejado, pero aún así nos cuesta mucho hacer extensiva esta experiencia a lo que no conocemos. Todos pensamos que los demás no tienen derecho a opinar desde fuera sobre hechos que no conocen y que nosotros vivimos en primera persona, pero opinamos constantemente sobre otros hechos que no conocemos. Necesitamos información, nos gusta la información y para ello necesitamos a los otros. </p>

	<p>Así que, como en la ciencia, he aprendido a cogerle el gusto a esta metamorfosis que sufre la realidad según quién me la presente, en el fondo todas estas realidades forma parte de la realidad y no hay más remedio que convivir con ella.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/20129/el-color-del-cristal</link>
		<pubDate>Sun, 27 Mar 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Ofiuco</title>
		<description><![CDATA[<p>Hasta hace pocos años, cuando le decía a alguien que era psicóloga no era extraño que se pusiera un poco a la defensiva y considerara que a partir de sus palabras, sus gestos o sus actos yo iría extrayendo, como un detective privado, aquellos aspectos oscuros de su vida y averiguaría sus más profundos secretos. Hoy, afortunadamente, ya no es tan frecuente oír este tipo de comentarios, sobre todo entre las nuevas generaciones.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta hace pocos años, cuando le decía a alguien que era psicóloga no era extraño que se pusiera un poco a la defensiva y considerara que a partir de sus palabras, sus gestos o sus actos yo iría extrayendo, como un detective privado, aquellos aspectos oscuros de su vida y averiguaría sus más profundos secretos. Hoy, afortunadamente, ya no es tan frecuente oír este tipo de comentarios, sobre todo entre las nuevas generaciones. Supongo que toda la herencia del psicoanálisis y cómo se ha difundido en el mundo de la cultura tenía mucho que ver con esta idea un tanto romántica de la psicología.  Hasta ahora la psicología no ha llegado  a este nivel de predicción y dudo que nunca lo haga, de hecho, no creo que deba encontrarse entre sus objetivos. De la misma manera que un médico no puede adivinar observando el aspecto físico de una persona qué alimentación suele tomar, ni a qué hora se levanta o se acuesta, ni si tiene una vida sexual activa, ni determinada enfermedad o disfunción, salvo ciertas cosas muy evidentes. Un psicólogo tampoco adivina la vida privada y  la personalidad de nadie, salvo ciertas manifestaciones de trastornos que sean llamativas.</p>

	<p>Pero junto con esta reserva siempre me ha llamado la atención la afición que tiene el ser humano a que analicen su personalidad y le den algún resultado, especialmente si es positivo, sobre todo cuando se es adolescente o joven. Sólo hay que ver la cantidad de tests que hay en todas las <a href="http://www.bravoporti.com/tests/?id=43&amp;mode=view">revistas juveniles</a>.</p>

	<p>Y lo más curioso es que en la mayoría de los casos la información que nos dan es la misma que ya sabemos; es cierto que nos la devuelven de una forma elaborada y con un lenguaje técnico. Esto no quiere decir que los tests no sean de utilidad, lo son y de mucha, pero para lo que están diseñados. Porque una cosa es el uso de un test para que un experto pueda tener de forma rápida cierta información sobre algunos aspectos de nuestras capacidades y de nuestras cualidades y otra es que esa información sea novedosa o útil para nosotros.</p>

	<p>Lo mismo ocurre con los informes que se dan a los padres sobre sus hijos, si uno no sabe si sus hijo es más o menos introvertido, maniático pues dice muy poco de su relación con él. Pero parece que tener un informe da cierta entidad a las cualidades de nuestros hijos. Por no decir que en la mayoría de las ocasiones la información que se da a los padres resulta un tanto incomprensible, al hablarles en términos de constructos psicológicos que desconocen, al igual que se desconocen la mayoría de las cosas de las que se habla en los informes médicos. Pero a los padres les gusta que les den esos informes. En el instituto de mi hijo nos pidieron permiso para pasarles tests de actitudes y aptitudes y no dijeron que sólo si detectaban algo extraño o si algún padre lo pedía nos darían un informe. Me pareció un signo de que se tomaban en serio la evaluación. No siempre tiene sentido que esa información llegue a un padre, sobre todo si no se sabe interpretar bien y para ello se requeriría una explicación personalizada y detallada que tampoco aportaría gran cosa. Salvo algún tipo de patología que pueda detectar un psicólogo y no un padre, la imagen que uno tiene de su hijo es la que se deriva de su relación con él. </p>

	<p>Y lo más curioso es que suelen producirse dos tipos de reacciones, cuando la información que nos dan es negativa y no nos gusta, aunque pudiéramos reconocer cierto nivel de verdad, tendemos a pensar que el test no sirve. Cuando la información es positiva, aunque no nos reconozcamos no es extraño que tratemos de retorcer el argumento para encajar: &#8220;en realidad soy muy extravertida y alegre pero sólo lo manifiesto en la intimidad&#8221;. No estoy hablando de ningún estudio científico, ni de evaluaciones más o menos formales, sino de la experiencia diaria cuando alguien lee una descripción de su personalidad.</p>

	<p>Y la prueba más clara de que ésta es sin duda una de las aficiones más generalizadas del ser humano es el éxito de los horóscopos en su faceta descriptiva de la personalidad. Es cierto que el éxito tiene que ver con <a href="http://amazings.es/2010/11/05/la-importancia-de-conocer-el-efector-forer/">el efecto Forer</a>: son descripciones los suficientemente generales y en las que predominan los aspectos positivos para que uno pueda conectar fácilmente con ellas. Y lo más divertido es que incluso los que no creemos en ellos, en cierto modo tenemos cariño a estas descripciones que sobre nosotros mismos hemos ido leyendo desde pequeños. Y así puede entenderse la oposición que ha encontrado la nueva configuración de los horóscopos. ¿Hay alguien a estas alturas de la vida dispuesto a cambiar su horóscopo?, ¿quién querría cambiar &#8220;un signo intenso con una energía emocional única en todo el zodiaco&#8221; por &#8220;uno de los signos más civilizados del zodiaco&#8221; y pasar de ser &#8220;afable, buen tertuliano, reservado y cortés&#8221; a &#8220;tener encanto, elegancia y buen gusto, y ser amable y pacífico&#8221;? Yo desde luego no.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/19958/ofiuco</link>
		<pubDate>Sun, 27 Feb 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Yo solo sé</title>
		<description><![CDATA[<p>Uno de los grandes cambios que se ha producido en la educación en los últimos años, junto con el abandono considerable del ejercicio de la memoria, es el fomento de la &#8220;opinión propia&#8221;. En principio, todos estaríamos de acuerdo en que debería ser uno de los principales objetivos de cualquier sistema educativo y no dejaríamos de abrazar toda iniciativa que fuera en esta dirección.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los grandes cambios que se ha producido en la educación en los últimos años, junto con el abandono considerable del ejercicio de la memoria, es el fomento de la &#8220;opinión propia&#8221;. En principio, todos estaríamos de acuerdo en que debería ser uno de los principales objetivos de cualquier sistema educativo y no dejaríamos de abrazar toda iniciativa que fuera en esta dirección. El problema es que, como siempre, los procesos suelen ser pendulares, de forma que hemos pasado del argumento de autoridad como principal herramienta a considerar fundamental espetar lo primero que se nos pasa por la cabeza sin más. La opinión propia sólo tiene valor para los demás cuando ha sido formada, es decir, cuando se basa en ciertos conocimientos o cierta reflexión. </p>

	<p>Esta fiebre &#8220;opinadora&#8221; ha llegado a los medios de comunicación, siendo Internet su máximo exponente, de forma que tenemos todo tipo de periodistas, políticos, famosos, oyentes, espectadores y lectores opinando de cualquier cosa. Por no hablar de las encuestas, donde se pregunta sobre los aspectos <a href="http://www.formulatv.com/noticias/17056/mayoria-espanoles-sanchez-drago-acostado-menores-despedido/3/">más peregrinos</a> de los que uno no tiene por qué tener una idea clara, proporcionando información tan sorprendente como que: &#8220;un 31% de los españoles tiene cosas más importantes en las que pensar que en el medio ambiente y un 61,3% no&#8221;. A mí lo que me preocupa es que un 61,3% de los españoles no tenga cosas más importantes en las que pensar que en el medio ambiente. Claro que las encuestas merecen un capítulo para ellas solas.</p>

	<p>Debería estar claro que formarse una opinión sobre algo es un proceso complicado, requiere beber en muchas fuentes y tener ciertos conocimientos a partir de los que la información pueda interpretarse. Es más, incluso deberíamos considerar que no es necesario tener opinión sobre muchísimos temas. También está claro que no debemos volver al argumento de autoridad exento de espíritu crítico, así que tenemos que replantearnos qué es lo que de verdad queremos fomentar.</p>

	<p>Hay una primera distinción de carácter esencial: saber a qué puede aplicarse la opinión y a qué no. Esto, que debería ser evidente, en la mayoría de las ocasiones no lo es. Un dato es algo medible y contrastable y, por tanto, no es susceptible de opinión. Si existe relación entre dos fenómenos o si uno es la causa de otro tampoco es opinable. </p>

	<p>Como ejemplo, veamos algunos de los argumentos que se han planteado con respecto a la ley del tabaco. Por un lado, tenemos los aspectos que no son susceptibles de opinión y para lo que no queda más remedio que recurrir y confiar en los expertos:<br />
<ol><br />
<li>Comprobar si existe una relación entre la enfermedad del tipo que sea y el tabaco. </p>

	<p><li>Comprobar si el tabaco tiene efectos en el fumador pasivo.</p>

	<p><li>Comprobar si los efectos del tabaco tienen un coste en el sistema sanitario que no lo compensan los impuestos que se pagan al comprarlo.</p>

	<p></p>Por otra parte, tenemos todos aquellos aspectos sobre los que sí podemos opinar, que tienen mucho que ver con los acuerdos y normas que se establecen en cada sociedad y que muchos de ellos cuentan con el acuerdo implícito, puesto que se aplican en otros ámbitos:</p>

	<p><li>Considerar si cualquier cosa que tenga un efecto sobre la salud de otro va a ser prohibida. En cuyo caso, si 2 es cierto, no queda más remedio que prohibirlo en sitios donde puedan asistir fumadores pasivos, pero podrían considerarse sitios para fumadores activos.</p>

	<p><li>Considerar que se va a ejercer una tutela sobre lo que perjudique a la salud de cualquiera, independientemente de lo que él decida. En este caso, aunque 2 fuera falso daría igual. Entonces debería prohibirse su venta.</p>

	<p><li>Considerar que sólo se va a considerar el punto 5 siempre y cuando  repercuta económicamente en la sociedad. En este caso comprobar el punto 3 es fundamental. </p>

	<p>De hecho esto es lo que se argumenta siempre para declarar obligatorio el uso del cinturón de seguridad, cuyo incumplimiento lleva asociada pérdida de 4 puntos y una multa, sin que se alcen muchas voces pidiendo libertad para no ponérselo.</p>

	<p>Lo mismo podemos aplicar a otros problemas como el del cambio climático, donde debemos diferenciar entre la existencia o no de cambio (sólo contrastable científicamente) de si queremos renunciar a nuestro tipo de vida, aún sabiendo que se está produciendo un cambio climático, si vale la pena que los recursos del planeta duren más para la generaciones futuras o preferimos vivir mejor a costa de las nuevas generaciones.</p>

	<p>Pero tenemos la costumbre de aplicar la opinión también a los datos, porque uno va recogiendo información de su entorno y se cree que se puede hacer una idea bastante adecuada de lo que ocurre. Sin embargo, hay que ser conscientes de que la mente humana no es muy hábil estimando grandes números ni estableciendo relaciones y causas. Fijaos en esta dos tablas donde aparecen el color de los coches y un registro de accidentes en determinadas situaciones:</p>

<p align="center"><br />

<img src="http://librodenotas.com/images/2457.jpg"  width="285" height="200"v/> <img src="http://librodenotas.com/images/2458.jpg"  width="285" height="200"/><br />

</p>

	<p>Si uno no se detiene mucho, lo que más llama la atención es que hay muchos coches rojos con accidentes, así que se tiende a pensar que existe una relación entre el color del coche y la probabilidad de tener accidente, es más, incluso se suele achacar al color del coche la causa del accidente.</p>

	<p>Por suerte, disponemos de herramientas científicas para analizar la realidad y poder comprobar si esta impresión es acertada. Es evidente que el dato combinado de color rojo y accidente es el que nos llama la atención, pero debemos considerar otro dato que debería también atraer nuestra atención: hay más coches rojos, por lo que no es de extrañar que aparezca más ese color en el recuento de accidentes. En el primer caso, veremos que no hay una relación entre el color del coche y la probabilidad de tener un accidente y en segundo caso sí. </p>

	<p>En la primera tabla, si calculamos el porcentaje de coches rojos con accidente, 99 de 110, comprobamos que 90% de los coches rojos han tenido accidentes, si calculamos el porcentaje de coches blancos con accidentes vemos que también hay un 90% , 36 de 40. Que además coincide con el porcentaje de coches que tienen accidentes sea cual sea su color, 135 de 150.</p>

	<p>Si realizamos el cálculo en la segunda tabla, vemos que este caso, los coches rojos con accidentes son el 90%, como antes, pero el  de blancos un 50% (20 de 40). Como el porcentaje de coches que tienen accidentes independientemente de cual sea su color es un 80%, 119 de 150, podemos comprobar que sí hay una relación entre el color del coche y los accidentes siendo más probables entre los coches rojos. </p>

	<p>Espero haberme explicarlo con cierta claridad, si no, me consolará el hecho de que os habré convencido de lo complicado que es establecer si existe relación entre dos fenómenos.</p>

	<p>Por otro lado, hay que considerar que ni siquiera es probable que el observador humano sea capaz de reproducir estas tablas sin un registro sistemático. Con lo que no es fácil que pueda darse cuenta de las diferencias entre las dos condiciones. <br />
A esto hay que añadir esa pequeña manía que tiene nuestro cerebro de convertir cualquier relación en causa, de manera que en caso de la segunda tabla, donde claramente hay un relación entre el color del coche y tener un accidente, le atribuiremos el accidente al color rojo.  Y no nos paramos mucho a considerar explicaciones alternativas, por ejemplo, que a los conductores más agresivos les guste más el color rojo. Es más, esta falsa creencia llevaría a los conductores más prudentes a comprar coches blancos, produciéndose una especie de profecía autocumplida.</p>

	<p>Lo complicado del asunto es que tan compleja resulta la comprobación de los hechos como lograr acuerdos sobre las normas. Y lo más sorprendente es que incluso cuando no discrepamos en las normas, para conseguir hacer con nuestra vida lo que nos de la gana, no queda más remedio que negar, con la opinión, los datos, como única forma de llevar el agua nuestro molino: “yo quiero fumar y hacerlo como lo hacía hasta ahora, así que no es malo”, y eso hay que entenderlo.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/19780/yo-solo-se</link>
		<pubDate>Thu, 27 Jan 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Fantasmas en la mente</title>
		<description><![CDATA[<p>Aunque ya hablé largo de este <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/14605/se-cree-el-ladron">mismo tema</a>, como es uno de los que más me preocupa, vuelvo a dar una nueva vuelta de tuerca. Leyendo hace poco un artículo técnico sobre si los síntomas de la enfermedad mental pueden verse como un continuo con la normalidad (en el que la enfermedad no sería más que un grado exagerado de lo que nos pasa a todos), el autor, que no compartía este punto de vista, consideraba que gran parte del éxito de esta perspectiva se debe al loable objetivo de quitar estigma a la enfermedad mental.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque ya hablé largo de este <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/14605/se-cree-el-ladron">mismo tema</a>, como es uno de los que más me preocupa, vuelvo a dar una nueva vuelta de tuerca. Leyendo hace poco un artículo técnico sobre si los síntomas de la enfermedad mental pueden verse como un continuo con la normalidad (en el que la enfermedad no sería más que un grado exagerado de lo que nos pasa a todos), el autor, que no compartía este punto de vista, consideraba que gran parte del éxito de esta perspectiva se debe al loable objetivo de quitar estigma a la enfermedad mental. Algo así como &#8220;todos estamos un poco locos&#8221;. No voy a entrar en el fondo del debate (aunque como ya expuse anteriormente, mi punto de vista está muy cercano al que defiende el artículo), pero sí quiero reflexionar sobre si esta visión quita o pone más estigma a la enfermedad mental.</p>

	<p>¿Por qué habría de quitar estigma el que fuera un continuo? Podría ser que los que sufren este tipo de padecimiento sintieran alivio al pensar que lo que les ocurre, en cierto modo, se parece a lo que les ocurre a los demás y no sentirse así tan extraños, algo así como &#8220;mal de muchos&#8230;&#8221; No sé si tal cosa ocurre; si esto es así, supongo que sería conveniente presentárselo como tal, fuera cierto o no. Un segundo motivo, que parece que está más cerca del fondo del asunto, es que ello permite que los demás no lo vean como algo tan extraño y que se normalice más la situación. Sin embargo, creo que este segundo objetivo, lejos de cumplirse, posee un efecto boomerang que vuelve a golpear al sufrido paciente.</p>

	<p>Hace poco he tenido ocasión de constatarlo. Alguien me contaba que su padre había sufrido con mucha entereza un cáncer durante muchos años, mientras que su madre llevaba años sin tener nada y, sin embargo, manifestando todo tipo de síntomas que no tenían ninguna causa física. Los problemas que llamamos &#8220;mentales&#8221; no se entienden, a los familiares les resulta muy complicado convivir con ellos y normalmente les lleva a un distanciamiento. Sobre todo porque piensan que a los enfermos no les pasa nada y, por tanto, deberían estar bien. Y no se puede negar que en estos casos se hace difícil la convivencia, pero la incomprensión la complica aún más. La metáfora del continuo, lejos de acercarnos al que sufre el problema, parece que nos aleja de él. Porque si lo que le ocurre a alguien que tiene un problema psicológico se parece a lo que nos pasa a todos pero un poco más, él sólo tiene que utilizar los recursos que uno utiliza habitualmente pero en el polo extremo del continuo. Si yo, cuando estoy un poco &#8220;bajo&#8221;, porque a todos nos pasa, hago esfuerzos y al final consigo salir, los que tienen una depresión sólo tienen que hacer un esfuerzo un poco mayor. </p>

	<p>Pero además, este modelo tiene la peculiaridad de que lo que los demás perciben es que &#8220;no tiene nada&#8221;. Si tienes que convivir con alguien con una enfermedad física grave, será duro, pero merecerá tu compasión y tu apoyo; si tienes que convivir con alguien con depresión, hipocondría, ansiedad…, será igualmente duro, pero esa persona, lejos de merecer tu compasión y apoyo, recibirá constantes reproches por no ser capaz de resolver un problema que parece tan sencillo de resolver o, peor aún, considerarás que el problema no existe. Y con nuestra mejor intención trataremos de dar todo tipo de consejos que no funcionan y acabaremos desesperados al creer que no nos hacen caso y que por eso no mejoran. Porque si alguien tiene cáncer, tiene algo, pero si uno es hipocondríaco, no tiene nada, así que lo que tiene que hacer es dejar de dar la lata.</p>

	<p>Pero ¿qué es no tener nada? Todos habréis oído hablar alguna vez del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miembro_fantasma">miembro fantasma</a>, y ya he recomendado alguna otra vez &#8220;Fantasmas en el cerebro&#8221; de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vilayanur_S._Ramachandran">Ramachandran</a>. Es evidente que el miembro amputado no está y, por tanto, según el modelo ingenuo que tiene cualquier ser humano del funcionamiento de la mente, no debería nadie tener sensaciones de algo que ya no existe. Y, en algunos casos, las sensaciones son de un dolor insoportable. Durante un tiempo se dieron explicaciones de diferente naturaleza, incluida la de que el propio deseo del paciente de que el miembro amputado volviera de nuevo a estar hacía que tuviera la sensación de su existencia. Las explicaciones más recientes tienen que ver con la forma en la que parece reorganizarse el cerebro tras la amputación. </p>

	<p>A medida que la ciencia va descubriendo algo &#8220;objetivo&#8221; el paciente siente alivio, lo que le sucede tiene una explicación que él y los demás conseguirán entender. Pero en tanto en cuanto la psicología no consiga hacer entender a los demás que sí le pasa algo, porque el propio paciente no tiene ninguna duda de que le está pasando algo, descartar los diagnósticos físicos, lejos de suponer un alivio, para muchos supone un auténtico problema.</p>

	<p>Y esta carga de responsabilidad que los demás le imponen, lo único que hace es aumentar la sensación de culpa, de manera que la incomprensión se va abriendo un hueco cada vez mayor. Y hay que tener en cuenta que a la mayoría de las personas con transtorno mental no les falla la lógica, ni el razonamiento; no es que hagan un análisis irracional de su vida, es otra cosa, que de momento no sabemos bien en qué consiste, pero otra cosa. No tiene ningún sentido que entre estar feliz y estar amargado, alguien voluntariamente elija la segunda opción, que alguien que supuestamente lo que quiere es estar más atractivo acabe en los huesos y siga pensando que le sobran kilos. Algo debe estar mal. </p>

	<p>Por muchas veces que un hipocondríaco haya ido al médico y éste le haya dicho que no tiene nada, eso no le libra sin más de sentir los síntomas de cualquier enfermedad, y esos síntomas son tan reales para él como lo son para quien tiene una enfermedad de esas que “sí son” de verdad.  Ya lo sabe, y probablemente ese mismo análisis sea el que más disonancia le produzca. ¿Sería capaz de no ir a urgencias si usted tiene los síntomas de un infarto? La terapia te ayuda a hacerlo, pero hay que reconocer que es difícil conseguirlo.</p>

	<p>Debemos creernos de una vez para siempre que ambas cosas son reales, de distinta naturaleza, pero reales. Igual que si uno entra en la casa del terror, si está bien hecha, por mucho que uno sepa que son actores y que todo es falso, no deja de tener miedo y sensaciones irracionales, totalmente reales. Como dijo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Llin%C3%A1s">Rodolfo Llinás</a> en una conferencia: &#8220;somos un estado funcional en nuestro cerebro&#8221;.</p>

	<p>Por eso, prefiero seguir diciendo que la enfermedad mental no se parece en nada a lo que nos pasa habitualmente, que no es un poco más de lo mismo, porque aunque así lo fuera, el cambio es un cambio cualitativo y nadie que no lo haya sentido puede entender lo que se produce. Un profesor me puso un ejemplo que me ha ayudado mucho a intentar explicarlo, tener fiebre no es sólo tener más temperatura. Muchos de los que hacen este tipo de acusaciones, si durante diez minutos estuvieran sometidos a esa sensación, quedarían sorprendidos de cómo se puede estar así durante tanto tiempo y, con toda seguridad, llegarían a considerar como auténticos luchadores a aquellos que ahora juzgan con tanto rigor. Y deberían merecer la misma admiración que los que luchan contra cualquier enfermedad dura de las que te pueden tocar.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/19617/fantasmas-en-la-mente</link>
		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	<item>
		<title>La contradicción de occidente</title>
		<description><![CDATA[<p>He repetido ya varias veces que me gusta la cultura de occidente, sin ningún desprecio a ninguna otra; me siento más cómoda con el modo de acercarse a la realidad de este lado de acá, no puedo renunciara a mi historia personal de estímulos y refuerzos. Y siendo una de nuestras señas de identidad la racionalidad, no deja de ser curioso que, en el fondo, en nuestra vida ésta no tenga tanto peso.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>He repetido ya varias veces que me gusta la cultura de occidente, sin ningún desprecio a ninguna otra; me siento más cómoda con el modo de acercarse a la realidad de este lado de acá, no puedo renunciar a mi historia personal de estímulos y refuerzos. Y siendo la racionalidad una de nuestras señas de identidad, no deja de ser curioso que, en el fondo, en nuestra vida ésta no tenga tanto peso. Al final el ser humano es el ser humano en cualquier parte del planeta y, aunque el contenido de la razón sea muy diferente, son las emociones y los sentimientos los que tiran.</p>

	<p>Si uno aplicara un análisis racional a muchos de nuestros planteamientos, no lo soportarían. Y aunque nos pasamos la vida dando explicaciones de todo lo que hacemos y de por qué lo hacemos, la mayoría de las  veces uno tiene la impresión de que todo eso no es más que una especie de epifenómeno que rodea a la acción, pero que no es ni el motor ni el núcleo esencial de la misma. Por algo nuestro cerebro está mucho más preparado para aprender por observación que por instrucción y de poco sirve eso de “haz lo que digo, no lo que hago”, incluso aunque se diga con la mejor intención del mundo. Una de las principales características de los seres humanos es la capacidad para formular hipótesis y contrastarlas, así que, aunque no deja de ser cierto que nadie escarmienta en cabeza ajena, no cabe duda de que lo que el otro hace se ha puesto en práctica (y en ocasiones, sólo vemos la parte agradable y no los problemas que le llevan a darnos consejos contra su propia praxis), y la teoría no deja de ser teoría y quizá no queramos ser los primeros en contrastarla.</p>

	<p>En occidente, haciendo gala de esta racionalidad, hemos desarrollado una especie de cultura de la crítica y la culpa, no de la auténtica, esa que de verdad genera un sentimiento que debería llevar a la acción y a una acción radical, sino de la crítica y la culpa como ejercicio de descargo, una especie de metacrítica y metaculpa.</p>

	<p>Hemos decidido que somos los culpables de todos los males pasados y presentes que atañen a la humanidad. Pedimos perdón por casi cualquier acontecimiento de la historia del que ahora nos avergonzamos. No está mal, pero no deja de ser un ejercicio retórico. No pedimos perdón por nada que hayamos hecho, en realidad estamos señalando con el dedo a nuestros predecesores, como nuestros sucesores lo harán con nosotros. Y estas enseñanzas del pasado deberían servirnos, no para arrepentirnos de algo que ya poco tiene que ver con nosotros, sino para estar alerta con lo que será motivo de arrepentimiento en el futuro. Pero esto es muy difícil, yo diría que casi imposible, porque independientemente de los análisis que podamos hacer de la maldad humana, a mí me cuesta mucho pensar que los demás no tienen una estructura racional/emocional que les lleva a actuar conforme a su “moral” y que, por tanto, es poco penetrable mediante un sencillo análisis racional. Y es bueno que uno no cambie de opinión ante lo primero que le digan, porque estaríamos, como se dice vulgarmente, vendidos. Los cambios siempre requieren tiempo, comprobaciones y experiencias.</p>

	<p>Así que este afán por pedir disculpas por nuestros errores colectivos no supone de verdad un gran cambio con respecto a la responsabilidad de uno mismo. Mientras pedimos perdón a Galileo (por cierto, siempre me ha sorprendido que dejemos de lado a Giordano Bruno que fue al que sí quemamos), estamos ahora “quemando” a otros. Parece que el castigo aplicado a quien no piensa como uno, no genera la misma empatía. </p>

	<p>También hemos decidido que somos responsables del sufrimiento de todos los otros seres humanos del planeta, de los que no están en el &#8220;primer mundo&#8221;. No pretendo hacer un análisis de lo que hay de cierto en esto, sino de cómo uno puede levantarse y hacer su vida tan tranquilamente, si de verdad se tiene ese sentimiento. Una culpa que hacemos compatible con todo tipo de lujos que son el máximo exponente del modo de vida occidental y, por tanto, los responsables en última instancia del sufrimiento ajeno. De nuevo, “haz lo que digo y no lo que hago”. </p>

	<p>A veces tengo la impresión de que en el fondo esta culpa social, donde el núcleo de la culpa está en los miembros de la sociedad a la que pertenezco pero entre los que no estoy incluido, ha sustituido a la confesión diaria, a esa costumbre de pecar y confesar, volver a pecar y volver a confesar… esa caricatura de lo que de verdad debe suponer tener sentimiento de culpa y arrepentirte. En ambos casos, deberíamos considerar que ni hay culpa ni arrepentimiento, sino más bien una puesta en escena para seguir haciendo lo que hago pero que no pueda echárseme en cara. </p>

	<p>Hay una segunda contradicción, quizá menos explicitada que la que acabo de exponer, pero que a mí me interesa mucho. Tiene que ver con el valor que se da a lo que de verdad es la esencia del ser humano. No es infrecuente oír que estamos en una sociedad deshumanizada, donde el verdadero valor es el poder y el dinero…  De nuevo no voy a entrar en qué hay de cierto, pero si realmente uno piensa esto ¿por qué uno de los principales motivos de autocrítica es considerar que somos inhumanos porque nosotros tenemos lo que otros no tienen?, ¿si tener no es bueno, por qué no considerar que realmente los que estamos mal somos nosotros y que lo mejor es convencer al resto de que no vengan a nuestra sociedad ni se parezcan a ella para no convertirse en seres inhumanos como nosotros?, ¿por qué no vivir en el sacrificio para que así nuestros hijos adquieran los valores que de verdad nos hacen humanos?</p>

	<p>Está claro que algo falla. Parece que sólo en la pobreza y en el sufrimiento el ser humano es digno de tal nombre. En el fondo lo que ocurre es que la empatía es mucho más fácil que surja en estas circunstancias y, sin embargo, en la interacción con otros seres humanos que tienen sus ideas y sus vidas con las que no siempre coincidimos, que incluso a veces nos molestan, esa empatía es más complicada y surge con mucha más facilidad un sentimiento de rechazo y crítica. Ya se sabe eso de que nadie es profeta en su tierra.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/19462/la-contradiccion-de-occidente</link>
		<pubDate>Sat, 27 Nov 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>La Torre de Babel</title>
		<description><![CDATA[<p>Muchas veces he oído decir que realmente los seres humanos no nos comunicamos gran cosa, que lo que se produce es una cierta ilusión de comunicación y que el lenguaje nos lía más que nos aclara. Pero nadie pondría en duda que una de las principales características del ser humano es la capacidad para comunicarse por medio del lenguaje, entendiéndolo en un sentido amplio, es decir, considerando cualquier código, auditivo, visual que permita compartir la información.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces he oído decir que realmente los seres humanos no nos comunicamos gran cosa, que lo que se produce es una cierta ilusión de comunicación y que el lenguaje nos lía más que nos aclara. Pero nadie pondría en duda que una de las principales características del ser humano es la capacidad para comunicarse por medio del lenguaje, entendiéndolo en un sentido amplio, es decir, considerando cualquier código, auditivo, visual que permita compartir la información. Y también es claro que en función del tipo de información que queramos transmitir, el lenguaje nos presta este servicio de una forma más o menos eficaz. Cuanto más técnico es el contenido, más fácil es formalizarlo y más seguros estamos de trasmitir de forma correcta la información; el caso extremo sería el de las matemáticas, donde hay poco margen para la ambigüedad. En el otro extremo, cuanto más personal es el contenido, más difícil es estar seguros de que el otro  está interpretando bien nuestros códigos, aquí el arte suele ser mejor soporte, porque gestiona mejor la ambigüedad.</p>

	<p>Sin embargo, en términos generales, yo tiendo a pensar que el nivel de comprensión de lo que dice el otro es bastante bueno, salvo que algún tipo de trastorno nos los impida. Y lo creo así porque, en primer lugar, considero que en esencia somos bastante parecidos y, por tanto, nuestros mensajes caen en un sistema de comunicación que comparte la mayoría de las claves lo que permite descodificar el mensaje que el otro nos envía. Y en segundo lugar, porque si tal cosa no fuera cierta, sería impensable el nivel de desarrollo que han alcanzado las sociedades humanas.</p>

	<p>En realidad, calibrar si es mucho o poco el entendimiento depende de dónde pongamos el criterio. Si uno piensa el nivel de comunicación que se produce entre dos personas que no comparten un idioma, no podemos dejar de pensar en el cambio cualitativo que supone compartirlo, lo que las palabras añaden a la información que proporcionan sólo los gestos y la comunicación no verbal. Si pensamos en todo lo que podríamos transmitir si el otro fuera capaz de estar dentro de nuestro cerebro, puede parecer que el nivel de comunicación es mínimo.</p>

	<p>Pero hay una situación en la que la trasmisión de información no resulta muy útil, es más, yo diría que es casi inútil y, sin embargo, quizá sea el tipo de información que más importancia tiene para cada uno y, por ello, se produce una cierta sensación de incapacidad para comunicarse con los demás. Y es que no podemos compartir con los demás nuestras emociones ni nuestras sensaciones si antes la otra persona no las ha experimentado. ¿Cómo explicar un sabor que nunca se ha experimentado? A veces, a través de aproximaciones; si se parece a algún otro sabor uno intenta explicar en qué consiste, pero cuando luego se prueba surge una sensación nueva que no se parece demasiado a lo que uno se había imaginado. Y lo mismo ocurre con las emociones: sólo podemos entender las que hemos experimentado y no hay forma de que alguien sienta algo nuevo por mucho que se lo expliquemos. También pensamos que podemos hacernos una idea, por aproximación, pero no, cuando uno lo experimenta, no tenía mucho que ver con lo que el otro le había tratado de explicar. Por suerte, el rango de sensaciones y sentimientos que todos tenemos es en su mayor parte compartido, debemos sentir cosas muy parecidas, salvo las más extremas que no todos llegamos a experimentar. En este caso el entendimiento se produce por reconocimiento; es fácil, si uno ha experimentado una sensación, que pueda ponerse en el lugar del otro. </p>

	<p>Sin embargo, hay una información fundamental, que está arraigada de forma profunda en cualquier ser humano, que es intransferible para el resto. Me refiero a la emoción y sensación que acompaña a nuestros referentes: personas, lugares, objetos… No puedo transmitir a nadie la sensación que en mí produce ir a los sitios donde he estado desde pequeña, porque a ellos están asociadas todas las sensaciones que allí he vivido y que no puedo trasmitir de ninguna manera; no se unen a ellos de forma necesaria, sino totalmente contingente y dependiente de mi vida.</p>

	<p>Recuerdo que cuando mi hermano era pequeño, después de volver de unas vacaciones de Semana Santa, estuvo intentado convencer a uno de sus amigos de que la melodía que tocaba la banda de nuestro pueblo (que por aquél entonces dejaba mucho que desear) era mucho mejor que la melodía que tocaba la banda del de su amigo. Llegó a casa pidiendo confirmación para su argumento, que a él le parecía totalmente objetivo. ¡Por supuesto! ¡Cómo va a ser lo mismo una melodía escuchada durante años en unas vacaciones de niño que una melodía parecida en el pueblo de un amigo! </p>

	<p>Y por más que lo racionalicemos, que hagamos bromas sobre lo aburridas que son las “gracias” de los hijos de otros, las fotos y los vídeos de sus viajes… al final acabamos imponiéndoles las nuestras. Porque nos parece imposible que no produzcan en los demás todas las sensaciones y emociones que de forma automática activan en nosotros.</p>

	<p>¿Hay algo más ridículo que un traje regional o un rito al que no estamos acostumbrados? Y ¿algo más emotivo que el rito que nosotros hemos repetido año tras año? Así que resulta inútil que uno intente convencer a otro de que el mejor sitio del mundo es el suyo, porque no puede trasladarle todas las emociones y sensaciones que son las que realmente lo convierten en el mejor sitio del mundo. Supongo que esta es la forma en la que el ser humano marca su territorio y esto es lo que parece que a lo largo de la historia viene siendo la auténtica Torre de Babel. La mejor forma de entendimiento debe ser a través de un metapensamiento, que permita establecer una analogía entre lo que a nosotros nos produce emoción  (incluso pudiendo ver lo ridículo que puede ser si se analiza de una forma fría y objetiva) y lo que se la produce a otros. Y todo esto sin dejar ni por un momento que este metapensamiento nos arruine nuestras emociones, porque por muy absurdas o incomprensibles que resulten racionalmente, la vida resultaría demasiado fría sin ellas.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/19284/la-torre-de-babel</link>
		<pubDate>Wed, 27 Oct 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Príncipe y mendigo</title>
		<description><![CDATA[<p>Aunque ya reflexioné de pasada sobre este mismo tema en <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/13633/un-triangulo">otro artículo</a> creo que merece dedicarle uno en exclusiva. La sensación que me produjo la reproducción del friso de Beethoven en la exposición de Klimt me ha vuelto con la espléndida <a href="http://www.tutankhamon-madrid.es/es/madrid/tutankamon-descubre-la-tumba-y-sus-tesoros.html">exposición de la tumba de Tutankhamón y sus tesoros</a>. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque ya reflexioné de pasada sobre este mismo tema en <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/13633/un-triangulo">otro artículo</a> creo que merece dedicarle uno en exclusiva. La sensación que me produjo la reproducción del friso de Beethoven en la exposición de Klimt me ha vuelto con la extraordinaria <a href="http://www.tutankhamon-madrid.es/es/madrid/tutankamon-descubre-la-tumba-y-sus-tesoros.html">exposición de la tumba de Tutankhamón y sus tesoros</a>. Tiene unas reproducciones espléndidas de todos los objetos que se encontraron, donde pueden observarse hasta los más mínimos detalles. Claro que esto es lo que me pareció a mí. Nunca he tenido la suerte de ver los originales y no creo que hubiera sido capaz de descubrir que no estaba delante de ellos, salvo por unos cartelitos donde explicaban de qué material estaba hecho el original al que correspondía cada copia. Se puede disfrutar bastante, pero a mí me resulta muy difícil. Durante todo el recorrido no podía evitar pensar que eran unas meras copias, interesantes para acercarte al arte egipcio, incluso se podían apreciar mejor algunos detalles que en los originales, a los que tienes que observar siempre a través de los cristales que los protegen. Pero nada más, algo así como asistir a una buena clase sobre el arte egipcio. Y lo que más me perturbaba era esa molesta sensación de saber lo que me estaba perdiendo, porque si la exposición hubiera sido de las piezas originales, seguro que habría estado cerca del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Stendhal">síndrome de Stendhal</a>. Es más, estoy convencida de que si en la exposición hubiera habido alguna pieza original, aunque sólo hubiera sido uno de los objetos menos interesantes, la mayoría nos habríamos quedado pegados allí mucho más tiempo que con el resto.</p>

	<p>Sabía que podría experimentar algo parecido a lo que sentí la primera vez que entré en el aula de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca. Se conserva más o menos como estaba cuando impartía clase. Además, carecía de los ornamentos falsos que suelen adornar las casas-museo de  personajes famosos de las que uno sale con una sensación de truco clarísimo. Esta no, estaba el aula tan sobria como debió estar y sin ningún objeto colocado allí para recordar la presencia de Fray Luis. Era mucho más fácil trasladarte en el tiempo y tener la sensación de que él había estado allí.</p>

	<p>Es evidente que las copias de la exposición de Tutankhamón eran mucho más bonitas que la sobriedad del aula de Fray Luis, pero eran falsas.</p>

 <p align="center"><br />

<img src="http://librodenotas.com/images/2345.jpg"  width="270" height="200"v/> <img src="http://librodenotas.com/images/2346.jpg"  width="270" height="200"/><br />

</p>

	<p>Y no sé muy bien por qué, pero cuando uno está ante el original tiene la sensación de que hay una energía que emana de él hacia nosotros, como si el hecho de haber estado durante años antes que nosotros por aquí, el que haya sido creado por alguien que vivió antes que nosotros y que sea un referente para nosotros, le hiciera poseedor de una energía que uno puede sentir con sólo su presencia. Es una sensación impresionante y sería bonito que los objetos y los sitios poseyeran esa carga, pero habrá que reconocer que la energía emana más de nuestra mente, que no es más que lo que nosotros proyectamos en ellos. Porque si no fuera así, sólo con su presencia podríamos diferenciar un objeto original de una buena copia y ya sabemos lo complejo que esto resulta incluso para los entendidos.</p>

	<p>Claro que hay diferencias entre el original y una mera copia, que un experto puede llegar a detectar en muchos casos: el material es diferente, el paso del tiempo deja ciertas huellas que no son fácilmente reproducibles… En el caso de los colores es claro, no es sencillo conseguir un mismo color si no se utilizan los mismos materiales y si alguien ha visto el original apreciará la diferencia. Pero la cuestión no tiene nada que ver con eso.</p>

	<p>Lo que es innegable es que tiene un efecto sobre nosotros y que esa sensación es poderosa y placentera, independientemente de por qué se produzca, de que el efecto se deba a nuestra mente o que del propio objeto emane esa energía. Es evidente que el objeto o el lugar capaz de sobrecogernos es particular para cada uno; yo no podría sentir nada teniendo en las manos un objeto de Elvis Presley, del mismo modo que mucha gente pasará delante del aula de Fray Luis como si nada. Son sensaciones intransferibles, muy particulares y por eso muy poderosas.</p>

	<p>Mi abuelo era maestro y, aunque murió cuando yo era pequeña, ha sido una de las personas que más ha influido en mi vida. Supongo que parte de mi vocación por la enseñanza me viene de él. De pequeña jugaba con las tizas que aún le quedaban de cuando daba clase y recuerdo haberlas visto guardadas durante muchos años, incluso cuando ya estaba en la universidad y sabía con mucha probabilidad que podría quedarme allí a dar clase. Pero en una de las últimas obras que se hicieron en la casa, las tizas desaparecieron. Recuerdo que mi primer día de clase, mientras escribía en la pizarra, me acordé de ellas y me dio rabia no haber guardado una para ese momento. Así supe que me había perdido una de esas sensaciones únicas. Inútil, incomprensible para los demás, pero única.</p>

	<p>Somos fetichistas, queremos tocar lo que los otros han tocado, creemos y sentimos, por mucho que la racionalidad no lo avale, que esos objetos tienen parte de la energía de los que los poseyeron y que esa energía en cierto modo se transmite. Y lo que es indudable es que nuestro cerebro genera esa sensación sin que podamos hacer nada ni para evitarla ni para activarla. Entonces, ¿hasta qué punto no tienen los objetos de alguna forma esa energía? Queremos el santo grial y no nos conformamos con otra cosa.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/19107/l</link>
		<pubDate>Mon, 27 Sep 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Esto no es una pipa</title>
		<description><![CDATA[<p>Como cada vez me cuesta más encontrar alguna <a href="http://librodenotas.com/unaagujaenunpajar/">aguja</a> en el pajar, a veces he intentado buscar un poema en otra lengua para poner el poema y la traducción, pero nunca me quedo satisfecha. Supongo que tiene mucho que ver con mi absoluto convencimiento de que es imposible traducir poesía.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Como cada vez me cuesta más encontrar alguna <a href="http://librodenotas.com/unaagujaenunpajar/">aguja</a> en el pajar, a veces he intentado buscar un poema en otra lengua para poner el poema y la traducción, pero nunca me quedo satisfecha. Supongo que tiene mucho que ver con mi absoluto convencimiento de que es imposible traducir poesía. En general, considero que es bastante complicado traducir cualquier texto que tenga cierto nivel y la complejidad aumenta a medida que el texto se aproxima más al nivel literario. Cuanto más importante pase a ser cómo se dice frente a lo que se dice, aunque esto siga siendo importante, más apegado está el texto a la propia lengua y más complicado es para el traductor adaptarlo sin perder la esencia del mismo.</p>

	<p>Por otra parte, aunque siempre tengo ciertos reparos en leer literatura traducida, no quiero renunciar al resto de la literatura universal, así que durante toda mi vida he ido leyendo novelas o teatro con la ligera sensación de que de alguna manera no estaba leyendo el texto auténtico. Y esto resulta evidente cuando han caído en tus manos dos versiones de la misma obra. Recuerdo haber comenzado a leer <a href=http://es.wikipedia.org/wiki/%C2%A1Absalom,_Absalom!>&#8220;¡Absalón, Absalón!&#8221;</a> en una primera traducción que cayó en mis manos y quedar sorprendida de que Faulkner fuera considerado un genio, pero por algún motivo quería leer aquella obra y le di una segunda oportunidad&#8230; Supongo que después de ver varias veces <a href=http://www.filmaffinity.com/es/film567541.html>&#8220;Amanece que no es poco&#8221;</a>, no podía renunciar a Faulkner. La segunda vez conseguí una versión completamente distinta. Ahora está entre los libros más increíbles que he leído. ¿Qué ha puesto el traductor? No lo sé, supongo que una buena traducción es aquella en la que no se nota su mano pero no sé si esto es muy posible. En este caso el resultado para mí era suficiente para tener la sensación de que estaba leyendo literatura de alto nivel.</p>

	<p>Esto, sin embargo, nunca lo he conseguido con la poesía, por más empeño que le he puesto, por más traducciones que he probado, incluso algunas con el original (en inglés, porque de otro idioma no tengo ni idea). No he conseguido gran cosa, ni con autores que no dudo que son genios y que si pudiera acceder de verdad a ellos, podría disfrutar tanto como lo hago de la poesía escrita en mi lengua.</p>

	<p>Porque no se trata sólo de entender el poema, de que de alguna manera la idea o la sensación que transmita consiga conectar conmigo; eso podría lograrse con una traducción. De hecho, la mayor parte de lo que leo de psicología está en inglés y consigo entenderlo, incluso a veces, no teniendo la sensación de estar leyendo en otra lengua. Pero no lo consigo con la poesía ni con la literatura en general. Siempre supuse que si en algún momento lograba un nivel suficiente para poder leer en otra lengua, conseguiría acceder a su literatura. </p>

	<p>Y dándole vueltas, he llegado a tener la sensación de que en realidad la literatura tiene que ver con el placer que me produce el uso de la lengua de alguna forma peculiar y original, que no se parece al uso habitual de la misma, para lo que de alguna manera necesito haber vivido en esa lengua. Así que no tengo esa estructura del lenguaje común sobre el que pueda caer el uso literario y producir ese choque.<br />
La dedicatoria de la &#8220;Elegía a Ramón Sijé&#8221; de Miguel Hernández para mí siempre ha sido un ejemplo de esto, con un cambio sutil de una preposición se produce un cambio cualitativo impresionante: &#8220;Ramón Sijé, con quien tanto quería&#8221;. Todos esperamos que la expresión sea &#8220;a quién&#8221; y el cambio es el que genera el valor literario, que siempre se traduce en una sensación cualitativamente diferente en el que la lee. Siempre me sorprendió que cuando Serrat le puso música, se le deslizara el &#8220;a quien tanto quería&#8221; y destrozara la esencia de la dedicatoria.</p>

	<p>Pero hay algo más, la sensación que produce una palabra va más allá del propio significado de la palabra, porque aunque de alguna manera exista un concepto genérico o prototípico, al final en cada uno evoca una serie de instancias y recuerdos que son los que dan el valor emocional a la propia palabra y esa asociación, que es la que activan la mayor parte de los poemas, yo no la consigo en otro idioma. La sensación que me produce la palabra &#8220;verano&#8221; en el poema de Machado &#8220;fue una lenta tarde del lento verano”, no tiene nada que ver con la que me produce la palabra &#8220;summer&#8221; en cualquier  traducción que se haga. A mí &#8220;summer&#8221; me trae más recuerdos de mis clases de inglés en el colegio que de los veranos lentos de mi infancia. </p>

	<p>Supongo que soy demasiado maniática con esto, quizá no sea lo que le pasa a la mayoría de la gente, pero quizá también esté unido a por qué soy sobre todo lectora de literatura y cuanto más literatura mejor.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/18776/esto-no-es-una-pipa</link>
		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	<item>
		<title>La purga de Hernando</title>
		<description><![CDATA[<p>Uno de los rasgos que más me sorprenden de mi generación, y de las generaciones siguientes a la mía, es el rechazo bastante generalizado hacia el pensamiento occidental y todas las manifestaciones que de él han surgido. He de reconocer que soy bastante occidental, y se verá mi sesgo a lo largo de esta argumentación; en alguna ocasión he dicho que donde se ponga Kant que se quiten los haikus. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los rasgos que más me sorprenden de mi generación, y de las generaciones siguientes a la mía, es el rechazo bastante generalizado hacia el pensamiento occidental y todas las manifestaciones que de él han surgido. He de reconocer que soy bastante occidental, y se verá mi sesgo a lo largo de esta argumentación; en alguna ocasión he dicho que donde se ponga Kant que se quiten los haikus. Y, aunque no deja de sorprenderme el éxito de estos últimos, al fin y al cabo no es más que una forma de obtener placer y sobre cómo cada uno disfruta de la vida o el arte no tengo mucho que decir. Sin embargo, hay un tema sobre el que llevo tiempo reflexionando y que por más vueltas que le doy no consigo entender: esa manía creciente contra la medicina “occidental” o científica, fundamentalmente focalizada en la industria farmacéutica, y esa capacidad para abrazar cualquier remedio siempre que no venga de ahí.</p>

	<p>Esta claro que si preguntamos a la gente si les gustaría que desapareciera la industria farmacéutica, la inmensa mayoría dirían que no. Nadie querría volver a ser operado sin anestesia, nadie querría volver a la época anterior a la penicilina, ni anterior a las vacunas y, sin embargo, cualquier información contraria a ellas prende como la pólvora. Supongo que uno se acostumbra tan pronto a lo bueno que no es posible hacerse una idea de cómo sería la vida sin la medicina tal y como la conocemos. O, tal vez, lo que ocurra es que esperábamos más de ella, queremos que lo solucione todo y si no lo hace es que no es muy buena. </p>

	<p>Estas nuevas generaciones, que han desechado la posibilidad de la existencia de dios apoyándose en un pensamiento racional y científico, abrazan cualquier terapia alternativa, sin que para ello sean necesarias las pruebas de ese mismo pensamiento racional. </p>

	<p>Cuando se discute de este tema más o menos vienen a utilizarse los siguientes argumentos contra la medicina científica:<br />
1.	No considera al organismo como un todo y sólo ataca el síntoma.<br />
2.	Muestra malas prácticas a la hora de hacer las investigaciones.<br />
3.	Sólo busca el enriquecimiento.</p>

	<p>Como no soy experta en medicina no voy a argumentar sobre ninguno de estos puntos, sino que voy a intentar hacer lo que siempre hago en mi sección, que es tratar de ver lo que otros ven.</p>

	<p><em>No considera al organismo como un todo y sólo ataca el síntoma</em></p>

	<p>A veces tengo la impresión de que la gente no busca un médico, sino una especie de equivalente al consultor espiritual pero con relación al cuerpo. Alguien que nos diga cómo tenemos que vivir para que nuestro modo de vida no afecte a nuestra salud física. Así que proliferan los libros donde nos dicen cómo alimentarnos, cómo andar, cómo sentarnos, cómo respirar, qué ejercicios físicos tenemos que practicar… De forma que si uno tuviera que leerlos y seguirlos al pie de la letra no tendría tiempo para vivir. Porque creo que nos estamos olvidando de eso, de que vivir conlleva ciertas molestias y deterioros con los que tenemos que aprender a convivir.</p>

	<p>Las terapias alternativas sirven muy bien a este fin, son una nueva forma de religión, donde alguien te escucha y te dice lo que debes hacer, cómo orientar tu vida, independientemente de que esa información haya sido contrastada de forma científica.</p>

	<p>Siempre hay que diferenciar dos aspectos cuando hablamos de terapias; en primer lugar hay que demostrar que algo funciona y, en segundo (y esto no siempre es posible ni necesario), explicar por qué. A la mayoría de los científicos lo que les interesa es este segundo aspecto, pero una terapia puede funcionar y no tener un modelo explicativo de cómo lo hace. Muchos medicamentos consiguen atacar un síntoma sin tener una explicación muy clara de por qué sucede. Es evidente que si con el tiempo se llega a un mayor conocimiento, éste será bienvenido, pero el no tener una explicación completa no impide hacer uso del conocimiento parcial. Por el contrario, una buena explicación a priori si luego el resultado no funciona, no tiene ningún interés.</p>

	<p>Las terapias alternativas pueden carecer de lo primero, pero nunca les falta su “principio explicativo” que es en definitiva el motor de su éxito. </p>

	<p>Ya sabemos lo poco hábil que es el ser humano evaluando la información a favor o en contra de un hecho (dedicaremos un artículo entero a este tema) y la única forma de poder demostrarlo es la de hacer estudios controlados. Parece que la mayoría de las terapias alternativas no salen muy bien paradas. Pero independientemente de los estudios, ya que no hay por qué ser experto y leerlos, hay una pregunta que cualquier lego puede hacerse: si es un remedio que funciona, ¿por qué no lo comercializa una industria farmaceútica? Pero claro, el tipo de pruebas que se les pide a los medicamentos no se les pide al resto de terapias, que aún así, siguen permitiéndose; total, no tienen efectos secundarios físicos.</p>

	<p>Como por la vía de demostrarnos que funcionan no parece que tengan mucho éxito, recurren a las explicaciones, en lenguaje pseudocientífico y, como suenan bien, pues nos las creemos. Es sorprendente el éxito de la pulsera “power balance” que entre otras cosas tiene “frecuencias”, que no es más que una unidad de medida, es poco menos que decir que tiene litros. Pero nos “reequilibra” y eso nos gusta. Nos gusta que nos recoloquen las energías, que nos den karma… eso sí es ocuparse del ser humano en su integridad y no lo que hace la medicina convencional.</p>

	<p>Yo adoro los remedios que atacan el síntoma, aunque no me den una explicación integral de mi vida y de por qué me ocurren tales cosas. En mi caso, el síntoma es una jaqueca con halo que me fastidia bastante cuando aparece. La padecemos varios miembros de la familia y desde hace algunas generaciones. A lo largo de mi vida me he ido encontrando con muchas personas que me proponen una alternativa a la medicación que tomo, pese a que yo estoy encantada con ella: la acupuntura, la homeopatía… y sobre todo que si no me he planteado encontrar la causa de la misma que puede deberse a un desequilibrio de mi vida… una especie de búsqueda más bien de tipo freudiano. Yo, que no me quito mi filtro occidental ni para dormir, no acabo de entender qué hacemos mal desde un punto de vista psicológico varios miembros de mi familia de diferentes generaciones, que ni siquiera se han conocido, con vidas totalmente diferentes, para sufrir este martirio de vez en cuando. Así que mientras lo averiguo sigo con lo mío.</p>

	<p><em>Muestra malas prácticas a la hora de hacer las investigaciones</em></p>

	<p>Es evidente que ahí no hay nada que decir, que todos estaríamos de acuerdo en que deben regularse aún más, que deben prohibirse ciertas prácticas, tanto en las investigaciones como en los métodos para vender más sus productos… pero eso no resta eficacia a los medicamentos.</p>

	<p><em>Sólo busca el enriquecimiento</em></p>

	<p>Por supuesto, según este modelo, los únicos que quieren enriquecerse son los de las farmacéuticas, el resto de los mortales, incluidos los que venden remedios naturales, homeopáticos…, incluidos todos y cada uno de nosotros cuando trabajamos, lo único que pretendemos es hacer un bien a la humanidad. Pero incluso aunque este modelo tan irreal fuera cierto, a mí me da igual, si alguien se enriquece y a mí me ayuda, mejor para los dos. Porque no deja de ser curioso que nadie critique que los Beatles se forraran y que les parezca mal que lo hagan las farmacéuticas.</p>

	<p>Pero lo más sorprendente es que la información que uno recoge no justifica esta balanza tan desequilibrada en contra de la medicina científica y a favor de las terapias alternativas. No creo que haya mucha gente que haya visto efectos graves de una vacuna, teniendo en cuenta todas las que se ponen, ni que los dolores no se curen con analgésicos. Si uno hace un registro objetivo de todas las personas de su entorno a las que la medicina científica les ha supuesto un beneficio, el número sería altísimo. Sin embargo, nadie argumenta con este tipo de cosas, supongo que se dan por hechas, y sí que conocen a alguien a quién la homeopatía le ha supuesto la solución definitiva a todos sus males.</p>

	<p>En el fondo, las terapias alternativas representan el modelo ideal de solución: sirven para el problema concreto y particular de cada uno a la vez que sirven para todo, no tienen efectos secundarios y le dan una explicación en términos espirituales, colocando de nuevo al ser humano en ese lugar místico del que la ciencia se ha empeñado en bajar.</p>

	<p>Aunque lo que uno no debe olvidar es que vivir es la principal causa del cáncer, hipertensión, infartos, deterioro, envejecimiento y cuanto más viva más efectos negativos tendrá la vida sobre su salud. Y de momento, no hay remedio contra ello, ni de la medicina científica, ni de las alternativas. Si después de una búsqueda razonable no ha encontrado el remedio a su mal, o su supuesto mal como la falta de equilibrio, deberá aprender a convivir con él, que casi siempre se puede.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/18608/la-purga-de-hernando</link>
		<pubDate>Sun, 27 Jun 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Trust me</title>
		<description><![CDATA[<p>Cuando uno se dedica a estudiar la visión, lo primero que le sorprende es lo  complejo que resulta  desde un punto de vista científico el análisis de cualquiera de los procesos que llevamos a cabo de forma tan natural e instintiva. ¿Por qué un proceso tan simple como separar una figura del fondo resulta una tarea complicadísima si se intenta implementar en una máquina? </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando uno se dedica a estudiar la visión, lo primero que le sorprende es lo  complejo que resulta  desde un punto de vista científico el análisis de cualquiera de los procesos que llevamos a cabo de forma tan natural e instintiva. ¿Por qué un proceso tan simple como separar una figura del fondo resulta una tarea complicadísima si se intenta implementar en una máquina? Porque el mundo que uno ve tiene que ver tanto con la realidad como con características generales del cerebro humano y con las características particulares de cada cerebro, al que de alguna forma la experiencia con el entorno ha ido modelando. Y esto nos debe llevar a pensar que si así es con la visión, lo mismo debe ocurrir con el resto de habilidades del ser humano. </p>

	<p>Una de nuestras capacidades más curiosas es la de fiarnos de los demás. Muy útil, pues nos va en ello la supervivencia, pero muy sorprendente si uno se para a analizarlo detenidamente.</p>

	<p>Uno confía en la información que le dan sus coetáneos sobre el mundo, en su sistema de creencias y valores. Ya dediqué un <a href="http://librodenotas.com/elojoqueve/13418/hemos-visto-la-luz">artículo</a> a este tema, así que no voy a volver a insistir mucho, pero lo analizaré desde un punto de vista un poco diferente. Si uno echa una mirada a la historia del pensamiento, lejos de confiar en lo que sabemos, deberíamos estar ya escarmentados y saber que lo que pensamos será en su mayoría hecho trizas por las nuevas generaciones. Es más, los nuevos modelos vendrán de los genios, esos grandes “desconfiados”, que dudan incluso de las teorías más asentadas. Pero en cierto modo es comprensible que el resto deleguemos en ellos: para nuestro día a día tampoco es tan importante que sea la tierra la que gire alrededor del sol o lo haga el sol alrededor de la tierra. Por otra parte, nuestras capacidades e intereses son limitados, así que no podemos ir verificándolo todo.</p>

	<p>Sin embargo, existe un tipo de confianza que requiere un gran esfuerzo por parte de quien la da; es aquella que, aunque la información esté en clara contradicción con la que uno mismo tiene, exige creer e incluso no pensar que te estén haciendo <a href="http://www.filmaffinity.com/es/film805991.html">luz de gas</a>. Es difícil convencerse de que lo que uno ve no es cierto y, por ello, no debemos hacerlo a la ligera si no nos queremos convertir en carne de cañón de cualquier desaprensivo. Por lo tanto, la primera reacción deber ser pensar que los otros están equivocados, se debe confiar en primer lugar en uno mismo. Sin embargo, es curioso cómo conseguimos convencernos incluso en contra de lo que vemos, haciendo un auténtico acto de fe. Es evidente que para ello deben darse algunas condiciones; una de las más sólidas (aunque no siempre lleve a la “verdad”) es que el número de personas que lo digan sea suficientemente grande y suficientemente dispar como para poder descartar “un complot”. </p>

	<p>Cualquier daltónico, que sepa que lo es, se creerá que estas dos imágenes son  diferentes, por mucho que no sea capaz de encontrar la más mínima diferencia entre ellas. Sin embargo, ninguno de los tricromáticos creerá que son iguales, por mucho que algunos daltónicos lo digan. Curiosa asimetría, pero estamos en mayoría:</p>

<p align="center"><br />

<img src="http://librodenotas.com/images/2202.jpg"  width="270" height="200"v/> <img src="http://librodenotas.com/images/2203.jpg"  width="270" height="200"/><br />

</p>

	<p>Por supuesto, también hay otras claves que pueden ayudar a comprobar que lo que los demás dicen puede tener visos de verdad. Si hay que coger las cerezas del árbol, el tricromático está en clara ventaja, de manera que un daltónico puede entender que hay algo ahí que él no ve.</p>

	<p>Por supuesto, uno confía en los familiares, en los amigos, en los conocidos… Y no puede ser de otra forma, no podría desarrollarse el cerebro de un niño si no confiara en sus padres o en los que lo cuidan. Por mucho que nos empeñemos (y debemos seguir haciéndolo) en decir a un niño que desconfíe de los desconocidos, es muy difícil que éste lo pueda hacer. Ya sabemos que las mayores capacidades pueden convertirse en un arma arrojadiza, pero es así. No podemos educar a un niño como si fuera a un combate con el resto de la humanidad, ni enseñarle las claves que se necesitan para detectar en quién se puede confiar y en quién no. Lo irá aprendiendo a lo largo de su vida, como va aprendiendo a hablar sin que uno pueda transmitirle de forma explícita las reglas gramaticales.</p>

	<p>Y, aún adultos, seguimos siendo bastante confiados. Hemos aprendido algunas cosas, pero uno no puede vivir luchando contra el enemigo todo el día. Sólo cuando hay muestras evidentes de que algo va mal, uno empieza a desconfiar, de otra forma, la vida se convierte en un pequeño martirio. Y claro, de eso se aprovechan algunos, porque hay auténticos profesionales en esto del engaño que utilizan con maestría  dos circunstancias: la propia tendencia humana a la confianza y el hecho de convivir con personas que no tienen ninguna intención de convertirse en  detectives privados. Y por eso es más fácil que “los de fuera” vean tan pronto lo que tarda tanto en “verse desde dentro”. Lejos de considerar “qué tonto he sido”, uno debería pensar “qué humano he sido”.</p>

	<p>Es evidente que en función de las experiencias de cada uno, se van modelando los criterios de selección, pero, aún así, nos equivocaremos. Seguramente a veces confiemos en quien no debemos y otras veces no confiemos en quien debemos. Forma parte de la experiencia humana y no hay fórmulas mágicas para evitarlo. Y, por este mismo motivo, debemos entender que los demás (salvo los muy muy cercanos) no confíen ciegamente en nosotros; no debemos exigir tal condición a nadie. Yo más bien desconfiaría de alguien que me exige algo que ni él mismo me permitiría exigirle. Y esto mismo nos debe llevar a entender que aquellas personas con algún tipo de trastorno tarden, si es que lo llegan a hacer, en confiar en nosotros frente a su evidencia. Un ser humano que hiciera tal cosa de forma ciega no conseguiría sobrevivir, y uno siempre es el principal responsable de sí mismo.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/18413/trust-me</link>
		<pubDate>Thu, 27 May 2010 12:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>La caja negra</title>
		<description><![CDATA[<p>Cuando una ciencia es joven, como lo es la psicología, hace que se generen a su alrededor todo tipo de expectativas y deseos, tanto por los que están involucrados en ella como por los que la observan desde fuera. No cabe duda de que las dos grandes teorías que han trascendido entre los legos son el psicoanálisis y el conductismo. No voy a analizar ni a hacer un estudio crítico de las mismas, que por supuesto escapa a mi conocimiento, sino en cómo la sociedad las ha observado y acogido.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caja_Negra_%28psicolog%C3%ADa%29">La caja negra</a></p>

	<p>Cuando una ciencia es joven, como lo es la psicología, hace que se generen a su alrededor todo tipo de expectativas y deseos, tanto por los que están involucrados en ella como por los que la observan desde fuera. No cabe duda de que las dos grandes teorías que han trascendido entre los legos son el psicoanálisis y el conductismo. No voy a analizar ni a hacer un estudio crítico de las mismas, que por supuesto escapa a mi conocimiento, sino en cómo la sociedad las ha observado y acogido.</p>

	<p>No cabe duda que el psicoanálisis era a priori más atractivo, de ahí el éxito que tuvo en sus comienzos, sobre todo entre los intelectuales y artistas, y que muchas de sus explicaciones sigan siendo moneda común entre la mayoría de la gente. Nos encontramos con una teoría que trata de bucear en nuestra mente, en aquellos aspectos que no nos son accesibles pero que están ahí y que nos afectan, guían muchas de nuestras acciones y pueden explicar cosas de nosotros mismos que racionalmente somos incapaces de comprender. La tarea la debería hacer un experto, alguien cuyo conocimiento científico le posibilita acceder a ese interior,  con nuestra colaboración. Es gratificante eso de que te escuchen, de que te permitan ir dando salida a todas aquellas cosas que uno piensa, que recuerda, incluso echando un poco de culpa a los demás…</p>

	<p>Aunque lo mejor del psicoanálisis es que &#8220;te permite&#8221; también analizar a los demás, intentar buscar las causas de lo que hace mal el otro a partir de lo que uno sabe o imagina de su vida. Y hay que reconocer que es placentero. Es una teoría psicológica del tipo que gusta, de las que “humanizan” al hombre. Por eso le ha resultado más fácil abrirse paso donde otras teorías psicológicas lo han tenido y lo tienen bastante difícil.</p>

	<p>También tiene sus enemigos, fundamentalmente entre aquellos a los que no les agrada mucho que les analicen, los que ven en la psicología una ciencia que va a terminar con su intimidad y va a poner al descubierto todo lo que él guarda en su interior como un secreto inviolable. Y, por supuesto, tiene en frente a todos aquellos que quieren demostraciones basadas en el método científico,  y a los que el psicoanálisis les parece que no pasa la prueba, a los que sus explicaciones le parecen un tanto esotéricas. De hecho, he venido observando una falta de interés por él entre los alumnos de las últimas generaciones, no sé si también relacionada con su falta de interés por la cultura en general y por todo aquello que no sea práctico e inmediato.</p>

	<p>En el extremo opuesto tenemos al conductismo, la teoría que según los legos “deshumaniza” al hombre. Una teoría que se olvida de que soy un ser humano y me considera como un animal, sin considerar todo aquello que constituye la auténtica esencia de mi ser y sólo me trata como a una rata de laboratorio. El conductismo no le gusta a nadie, fuera del ámbito de la psicología, claro. Sin tener ni idea de si funciona o no, ni en qué consiste realmente, no puede ser verdad, no nos gusta que pueda serlo. ¡Cómo va a explicar lo que soy una historia de refuerzos, estímulos…!, ¡qué explicaciones tan frías frente a la calidez de un buen trauma infantil! Una pena que una teoría experimental con un lenguaje puramente psicológico haya tenido esa mala acogida entre la población.</p>

	<p>He de reconocer que a mí me gustan las dos, pero sólo hay que comparar algunas de las referencias culturales de una y otra: “Recuerda” o “La naranja mecánica” para ver que no mucha gente comparte mi entusiasmo.</p>

	<p>Y algo muy parecido ocurre con la psicología en general. Hay quien piensa que no sirve absolutamente para nada, que ni es ciencia ni sabe nada y hay quién piensa que con cuatro palabras que le diga a un psicólogo, éste conseguirá averiguar cosas profundas de su vida. </p>

	<p>Lo que no acabo de tener claro es lo que la mayoría de la gente piensa que debe ser realmente la psicología, de qué debe ocuparse. Muchas veces tengo la impresión de que confunden el objeto de la psicología con la vida. Y la vida es algo que debe ser asunto de cada uno y a la que contribuyen todas y cada una de las experiencias que uno tiene, todas y cada una de las personas con las que interactúa… El objetivo de la psicología no es que uno sea feliz; ese sería en todo caso el objetivo de cada uno. Y sobre eso la psicología tiene poco que decir. Sin embargo, no es extraño escuchar que alguien necesita un psicólogo porque tiene una vida con sus altibajos, como no podría ser de otra forma. No todo el mundo necesita ayuda psicológica como tampoco todo el mundo necesita un bypass. Y, curiosamente, cuando alguien sí necesita este tipo de ayuda, es estigmatizado como si hubiera cometido algún pecado.</p>

	<p>Pero la realidad es que pocos le dan el sitio que de verdad tiene en el momento actual, se sabe lo que se sabe, funciona lo que funciona y donde no llega, no llega. Al fin y al cabo como toda ciencia. Nadie le pediría a un físico que le explicara absolutamente todo lo que le pasa y va a pasar a su coche, por mucho que las leyes generales de su funcionamiento sean físicas. </p>

	<p>Ni para todo, ni para nada. </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/18209/la-caja-negra</link>
		<pubDate>Tue, 27 Apr 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Los dados</title>
		<description><![CDATA[<p>Dice Leonard Mlodinow en “El andar del borracho” que la mayor parte de las cosas que nos ocurren en la vida dependen en gran parte del azar. Sin embargo, la mente humana intenta buscar siempre una explicación en términos de causa-efecto. Como ya he comentado otra veces, somos detectores o más bien generadores de patrones, estén o no en la realidad, y la causalidad es uno más de ello</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Dice Leonard Mlodinow en “El andar del borracho” que la mayor parte de las cosas que nos ocurren en la vida dependen en gran parte del azar. Sin embargo, la mente humana intenta buscar siempre una explicación en términos de causa-efecto. Como ya he comentado otra veces, somos detectores o más bien generadores de patrones, estén o no en la realidad, y la causalidad es uno más de ellos. Refiere en el libro algunos experimentos en los que se presentan series aleatorias de estímulos, con la única particularidad de que un tipo de estímulo se presenta más veces que otro, y se pide a los participantes que averigüen cuál es el estímulo que sigue la serie. Las ratas reaccionan basándose sólo en la probabilidad de aparición de los estímulos, mientras que las personas intentan descubrir el patrón que guía la serie. En este tipo de tareas, la eficacia de la rata es mayor. Pero hay aspectos de la naturaleza donde se dan secuencias no aleatorias y donde detectar el patrón es de gran utilidad, de ahí que el desarrollo científico de las ratas sea considerablemente menor que el de los humanos, aunque su nivel de adaptación no tenga nada que envidiarle al nuestro. Así que debemos pensar que no es fácil que el hombre renuncie a esa capacidad. Sin embargo, ese afán no siempre es provechoso para nuestro día a día.</p>

	<p>En cierto modo, concebimos la vida como una  línea de proyección en la que de alguna manera nos reconocemos, y vivir consiste en gran medida en intentar volver al camino cuando las pequeñas o grandes alteraciones aleatorias nos han empujado fuera. No cabe duda de que los individuos mejor adaptados son aquellos que son capaces de absorber los impactos que los cambios azarosos van produciendo. Pero, ¿se puede luchar a largo plazo contra el azar? No es fácil. Existen acontecimientos que escapan a la capacidad humana para poder volver a retomar el camino. Sin embargo, en la mayor parte de las ocasiones, tenemos que saber cómo jugar con los dados para que al final el resultado caiga un poco más de nuestro lado. A veces basta con perseverar y así aumentar nuestras probabilidades de que un suceso poco probable ocurra. Edison consiguió la bombilla después de  muchísimos intentos y ya sabemos que la inspiración y la genialidad te tienen que coger trabajando.</p>

	<p>El problema es que la mente humana se empeña en entender y así poder predecir y conseguir el resultado deseado; no le convence mucho el azar. Ya hemos aprendido que cuando el suceso azaroso se produce por algún fenómeno natural, no queda más remedio que continuar adelante sin darle muchas vueltas. En otras épocas (o en otras culturas) se atribuían intenciones a la naturaleza. Actualmente no tenemos mucha sensación de control sobre ella y, sobre todo, no le suponemos un plan estratégico al que tendremos que enfrentarnos. Pero a otro ser humano sí. Así que cuando el azar lo que nos pone por delante es una piedra en forma de ser humano es muy difícil resistir la tentación de buscar explicaciones.</p>

	<p>Cuando esto ocurre nos quedan dos opciones: una consiste en convertirnos en el estratega que nunca quisimos ser, lo que nos obligará a tomar decisiones que no habríamos tomado, a intentar descifrar qué modelo del mundo tiene nuestro enemigo y que al final nuestra vida se convierta un poco en la vida según otro. La otra es intentar que el otro nos aparte lo menos posible de nuestro camino, con el posible riesgo de que nos tome la delantera en aspectos que al final pueden ser importantes para nosotros.</p>

	<p>De cualquier manera, al final afectan a tu vida, bien porque has decidido presentar batalla, o bien porque has decido no presentarla y el otro puede obtener ciertas ventajas de tu inactividad. Supongo que la naturaleza de cada uno le lleva a elegir una de las opciones y debe ser muy difícil actuar contra la propia naturaleza, como le ocurre al escorpión, pero lo que no está claro es que el éxito caiga necesariamente del lado del que presenta batalla, como habitualmente suele pensarse.</p>

	<p>Si después de haber aprendido las tácticas de la batalla uno consigue adelantarse a los movimientos del enemigo, al final, en un porcentaje de casos, puede incluso llegar a obtener una victoria. Pero no sé hasta qué punto el haber cambiado tu visión del mundo, haber dedicado tu vida y tus esfuerzos al afán de otro, no es  pagar un precio demasiado alto. Si uno no ha entrado al trapo puede que pierda alguna de las batallas, pero el mundo se parecerá más a la realidad que uno quiere, “que puede ser infierno o cielo azul / según la calidad del hombre que la invente.”<sup class="footnote"><a href="https://librodenotas.com/#fn1203517524baf0bf7e9d5f">1</a></sup></p>

	<p>Pero además, no hay que perder de vista que en muchas ocasiones ese ser humano se parece mucho a la naturaleza, con lo que intentar encontrar un patrón en su conducta, comprenderla e intentar un diálogo con él, puede ser tan estéril como intentar hacerlo con un león en mitad de la selva.</p>

	<p>_______________</p>

	<p id="fn1203517524baf0bf7e9d5f" class="footnote"><sup>1</sup> Francisco Serradilla <em>Las abstracciones de un gato albino.</em></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/18007/los-dados</link>
		<pubDate>Sat, 27 Mar 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Al mal tiempo</title>
		<description><![CDATA[<p>Viendo la exposición &#8220;Monet y la abstracción&#8221;, ante un cuadro de la serie Ninfeas, la información de la audioguía venía a decir algo así como: &#8220;Monet pintó este cuadro aunque en ese momento Francia estaba envuelta en la primera guerra mundial&#8221;. Se notaba como cierto aire de reproche. No sé si el reproche tenía que ver con que siguiera pintando mientras su país estaba en guerra o con el tipo de pintura que hacía en plena guerra.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Viendo la exposición &#8220;Monet y la abstracción&#8221;, ante un cuadro de la serie Ninfeas, la información de la audioguía venía a decir algo así como: &#8220;Monet pintó este cuadro aunque en ese momento Francia estaba envuelta en la primera guerra mundial&#8221;. Se notaba como cierto aire de reproche. No sé si el reproche tenía que ver con que siguiera pintando mientras su país estaba en guerra o con el tipo de pintura que hacía en plena guerra. Desconozco la vida y la actitud de Monet; sólo voy a analizar la reflexión de la audioguía que, por otra parte, no es infrecuente oír cuando se trata de evaluar la actitud de los otros.</p>

<p align="center"><br />

<img src="http://librodenotas.com/images/2057.jpg"  width="250" height="280"/><br />

</p>

	<p>Me vino un pensamiento recurrente, uno de estos dilemas morales que no tengo resuelto: ¿qué actitud es más adecuada tomar si uno se ve inmerso en una situación de ese tipo o está rodeado de desgracias, tanto si le tocan a uno de forma muy directa o si no tienen mucho que ver con uno? No cabe duda de la gran capacidad de adaptación de la mente humana, y no es nada sorprendente ver cómo en medio de un conflicto bélico los niños son capaces de seguir jugando e incluso de ser felices. Nadie les reprocharía nada, son niños y no acaban de ver el alcance de lo que está pasando. Sin embargo, a los adultos no nos está permitido: nosotros somos completamente conscientes de la situación, del sufrimiento colectivo. </p>

	<p>Evidentemente, si uno está en el frente, está siendo bombardeado o es una víctima, nadie le reprocharía que en un momento determinado se distrajera con lo que pudiera o tuviera más a mano. La premio Nobel <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rita_Levi-Montalcini">Rita Levi-Montalcini</a> construyó su propio laboratorio genético en su casa durante la segunda guerra mundial. No podía hacer otra cosa durante el conflicto, era de ascendencia judía y, por tanto, perseguida. Nadie le haría el más mínimo reproche a su actitud, es más, lo que produce es admiración.</p>

	<p>Pero ¿qué debía hacer Monet? o ¿qué podía hacer? Después de la guerra escribe a su amigo Georges Clemenceau: &#8220;Estoy a punto de terminar dos paneles decorativos que quiero pintar del día de la victoria, y vengo a ofrecerlos al Estado a través de usted. Es poco, pero es la única forma que tengo de participar en la alegría general&#8221;. </p>

	<p>Está claro que hay deberes ineludibles; uno no debe quedarse pintando en su casa si puede echar una mano en algo que sea de utilidad a los demás. Pero y ¿cuándo uno no puede hacer algo?, porque hay veces en que uno no puede hacer gran cosa o no sabe qué puede hacer. No cabe duda que una circunstancia como una guerra altera tanto la realidad que es difícil que uno vea el mundo de la misma manera. Pero al fin y al cabo son las circunstancias que nos han tocado y no vamos a tener una segunda oportunidad, así que en la medida en que uno sea capaz, los años que viva debe tener una vida lo más &#8220;humana&#8221; posible. Para Monet, la vida era pintar, para Rita Levi-Montalchi, investigar, y ya que circunstancias ajenas a ellos les habían alterado el contexto, ellos lo rehicieron lo mejor que pudieron.</p>

	<p>Sin embargo, cuesta imaginarse a alguien tranquilamente pintando, investigando, disfrutando mientras otros de sus conciudadanos están en plena guerra. Si alguien nos cuenta que Monet cayó sumido durante unos años en una fase de inactividad y depresión por el horror que le producía la barbarie humana, nos presentaría a un Monet un poco más humano. Y, sin embargo, a los soldados que estaban luchando en el frente o a sus conciudadanos ese sufrimiento no les habría servido de nada, es más, ni siquiera hay que suponer que no existía sufrimiento por seguir con su pintura. Pero parece que una guerra hace que cualquier actividad que no esté centrada en ella se vuelva irrelevante.</p>

	<p>¿No es un poco un contrasentido que consideremos más humana la tristeza que la capacidad para sobreponerse a una situación así? Porque al final la barbarie lo arrasa todo, y si conseguimos quitarle alguna parcela, mucho mejor. Si una guerra no consigue anular la vida de todos, eso se habrá ganado.</p>

	<p>En el fondo, lo que está ocurriendo es que lo que nos parece que falla es la empatía, y ésta es quizá la característica que más humaniza a los demás ante nuestros ojos. Si alguien no siente empatía de la situación que vive otro, parece que es un poco inhumano. Así que ante dos situaciones idénticas: Rita investigando en un laboratorio, víctima, y Monet pintando nenúfares, no víctima, la primera nos produce admiración por su capacidad de adaptación y la segunda parece que es fruto de la insensibilidad ente el dolor ajeno. Pero es un salto completamente injustificado y, en cualquier caso, estéril. </p>

	<p>¿Hasta dónde debe llegar la empatía y hasta qué punto tiene que ver más con uno mismo que con el otro? Es curioso que cuando hay un accidente de avión se dé la información de las víctimas por países. Y parece que cuando los muertos no son de tu país, uno no siente tanta tristeza, parece que no merecen tanto nuestro dolor. Son personas que no se conocen, pero parece que el hecho de que hubieran sido de nuestro país hace más probable que uno mismo pudiera haber sido la víctima, parece más fácil que uno se ponga en su lugar y que surja la empatía.</p>

	<p>Pero es que además, en este modelo globalizado, tenemos información en directo de cualquier pequeña o gran desgracia que suceda en cualquier parte del mundo por remota que sea. Y esto hace que se tenga la sensación de que el mundo es un lugar horrible donde sólo ocurren desgracias. Y para que nuestra empatía se active como debe, nos dan todo tipo de detalles de las vidas de los implicados, con objeto de que en cierto modo dejen de ser anónimos. Antes uno sólo tenía información de las desgracias más cercanas, así que la tasa de sufrimiento no parecía tan desproporcionada, la vida daba respiros. Y claro que la humanidad no debe cerrar los ojos ante el dolor humano y que si no se consigue mover emocionalmente al otro, este no va a actuar, pero si uno consiguiera empatizar con la situación del resto de la humanidad, ¿se podría disfrutar de la vida en algún momento? </p>

	<p>Nunca me ha gustado la idea de que uno no debe preocuparse por cosas poco importantes, porque hay otros que sufren más. En primer lugar, porque no se puede, uno se enfrenta a su pequeña realidad y trata de manejarse lo mejor que puede en ella y desde su propia experiencia es desde donde aprende a relativizar la importancia de las cosas. Y, en segundo lugar, porque el planteamiento se puede llevar al absurdo: si no hubiera graves problemas ¿estaría justificado preocuparse por cualquier minucia? Y de la misma forma no me gusta que el sufrimiento deba colectivizarse; ya tiene bastante cada uno con la porción que le toca.</p>

	<p>¿Es útil la empatía si lo único que conseguimos es empatizar con el sufrimiento y no hacemos nada porque no tenemos mucho que hacer? No creo que fuera capaz de hacer lo que Monet o lo que Rita Levi-Montalcini, pero no me cabe ninguna duda de que creo que es lo que uno debe hacer, si es que puede. </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/17833/al-mal-tiempo</link>
		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>La viga</title>
		<description><![CDATA[<p>Las contradicciones forman parte de nuestros sistemas de pensamiento, de creencias, de sentimientos y de comportamiento. Las reglas de la lógica no rigen nuestro interior. No somos seres racionales, ni en el sentido aristotélico, ni en ningún otro sentido; nuestro sistema personal no se basa en ningún otro sistema de formalización hasta ahora conocido; ni siquiera utilizamos formalismos de la lógica borrosa, aunque con ese nombre tan sugerente pueda inducirse a error. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Las contradicciones forman parte de nuestros sistemas de pensamiento, de creencias, de sentimientos y de comportamiento. Las reglas de la lógica no rigen nuestro interior. No somos seres racionales, ni en el sentido aristotélico, ni en ningún otro sentido; nuestro sistema personal no se basa en ningún otro sistema de formalización hasta ahora conocido; ni siquiera utilizamos formalismos de la lógica borrosa, aunque con ese nombre tan sugerente pueda inducirse a error. La mente humana no funciona como uno de estos sistemas formales, aunque hayan sido mentes humanas las que han ido elaborando los distintos sistemas lógico-matemáticos y seamos capaces de utilizarlos para el razonamiento científico y para otros tipos de razonamiento.</p>

	<p>Podemos observar contradicciones en varios niveles: hay contradicciones entre lo que hacemos y decimos, hay contradicciones en el propio discurso del pensamiento, hay contradicciones en nuestro sistema de creencias y hay contradicciones en nuestro sistema de emociones. Pero lo más curioso es que, en la mayoría de los casos, uno mismo no tiene la sensación de contradicción, a pesar que los demás la vean de forma nítida. ¿Cómo puede pensar alguien que dos cosas son contradictorias si se dan en él?</p>

	<p>Es cierto que hay algún tipo de contradicción de la que sí somos conscientes y normalmente son causa de sentimientos de culpa y angustia. En unos casos, porque el sistema de pensamiento es autoimpuesto, es decir, creemos que debemos pensar así, pero realmente no lo hacemos. Por eso nuestros actos no están guiados por ese autoimpuesto sistema de valores, ya que en realidad no es nuestro sistema de valores. Es una especie de contradicción puramente formal, a veces, cara a la galería. Estas contradicciones son fáciles de resolver: retorciendo el sistema de creencias autoimpuesto hasta que encaje con nuestro verdadero sistema de creencias, al que se ajusta más nuestro comportamiento, y tan a gusto.</p>

	<p>Es muy frecuente que el sistema de valores de la religión en la que se supone que alguien cree y la conducta no tengan nada que ver. En estos casos, la religión sólo constituye un metapensamiento que permite &#8220;garantizarnos&#8221; una vida después de ésta, pero no nos creemos todo el sistema de valores que deberíamos aplicar en la terrenal. Hace poco una conocida cantante exponía el problema que para ella supuso durante un tiempo convivir con sus creencias católicas y su adicción a las compras y cómo había conseguido superarlo. Por supuesto no dejando la compra compulsiva, el método era mucho más agradable: &#8220;me sentía culpable, pero hoy por hoy pienso que las compras hacen que el mundo funcione, ya que en un mundo donde la gente no consume, la economía no avanza&#8221;. Listo.</p>

	<p>Algo parecido ocurre con las ideas políticas, sobre todo aquellas que suponen también renunciar a la &#8220;buena vida&#8221;. Hace unos años vi en televisión un homenaje que un grupo de amigos hacía a un escritor que había muerto hacía poco y que había sido un abanderado de la causa comunista. Para recordarlo estaban haciendo una de sus cosas preferidas: una buena comida acompañada por un buen vino, de esos de precio prohibitivo para la inmensa mayoría. Uno de las comensales explicaba que cuando alguien le decía que no parecía muy propio de un comunista el nivel de vida tan alto que tenía, él replicaba que vivía de lo que escribía y no era empresario, por tanto, eso de la propiedad de los medios de producción y demás ideas que proponía Marx, a él no se le aplicaba. Listo.</p>

	<p>En otras ocasiones, esta contradicción se da entre nuestro sistema de pensamiento racional y nuestras propias emociones, aquí la solución es mucho más difícil, porque es más complicado cambiar una emoción que un pensamiento. Y pese a que pueda parecer contraintuitivo, es más fácil que un cambio emocional produzca un cambio de pensamiento que al revés. Si bien es cierto que es un proceso de retroalimentación el que se produce, el mayor peso en el resultado cae de parte de la emoción. </p>

	<p>Todo el que tiene una fobia lo sabe. Al principio, puede que todo el aparato mental esté puesto al servicio de ella, que uno sea capaz de dar una explicación racional de por qué uno debe sentir pánico ante una paloma o una rata (son portadoras de graves enfermedades…). Pero no es menos cierto que aún cuando uno consigue racionalmente entender y saber que eso no tiene ningún sentido, no hay manera de que la emoción o el pánico desaparezcan ante la simple visión de uno de estos animales. Sólo cuando la emoción asociada al animal desaparece, la fobia también lo hace. Siempre me hace mucha gracia el argumento de los dueños de los perros cuando se acercan a un niño y este se retira: &#8220;no hace nada&#8221;. Eso se supone, porque en caso contrario queremos creer que no iría con él por la calle, pero eso no elimina el miedo del niño. </p>

	<p>Y un mecanismo parecido puede ser el que haga que una victima vuelva junto a su maltratador, porque a pesar de toda la información que ella tenga, en un momento de debilidad él vuelve a conseguir que su víctima tenga sentimientos agradables a su lado y vuelva a caer.</p>

	<p>Pero las contradicciones más curiosas son las que tienen lugar dentro de un mismo discurso del pensamiento. No es extraño encontrar a personas que se oponen a la manipulación genética de alimentos por sus posibles consecuencias cancerígenas y te lo dicen tranquilamente mientras se fuman un cigarrillo, al que no aplican el discurso de las consecuencias cancerígenas. Y es que es muy difícil renunciar a lo que nos produce placer en aras de un razonamiento científico, y muy fácil cuando la renuncia la deben hacer los otros.</p>

	<p>Este tipo de contradicciones se instalan fácilmente en los discursos de la población general, de una forma increíble, sobre todo porque nadie se atreve a decir que el emperador está desnudo. Por ejemplo, las mujeres son iguales a los hombres pero los hombres a las mujeres no. Toda virtud que haya sido tradicionalmente considerada como masculina es parte del ser humano y, por tanto, también de la mujer. Pero las virtudes tradicionalmente femeninas siguen siendo exclusivamente de la mujeres, a lo que hay que añadir que los defectos tradicionalmente masculinos lo siguen siendo sólo de los hombres. No estoy entrando en el debate de si somos iguales o no, sino de cómo un sistema de creencias tan claramente contradictorio puede forman parte de la línea general de pensamiento sin ningún problema y cómo el que se atreva a ponerlo de manifiesto será excomulgado. </p>

	<p>Hace unos años todos pusimos el grito en el cielo porque el entonces rector de Harvard Larry Summers había hecho algún comentario sobre la supuesta menor capacidad innata de las mujeres para hacer ciencia. A los pocos días leí la repuesta del <a href="http://www.elpais.com/articulo/futuro/ciencia/angelical/elpepufut/20071107elpepifut_5/Tes">rector</a> de la Universidad de Luxemburgo, que pedía demostraciones científicas sobre dicha afirmación, con argumentos del tipo &#8220;¿cómo valoramos la chulería, más frecuente entre los hombres, de un candidato? ¿Cómo su agresividad, su deseo de competir? ¿No nos dejamos influir por los modelos, generalmente masculinos?&#8221;, ante las que nadie dijo nada. Es decir, toda cualidad considerada tradicionalmente masculina que es vista socialmente como negativa, la damos por probada; pero toda cualidad considerada tradicionalmente masculina que es vista socialmente como positiva, la negamos. Y repito que no se trata si son ciertas o no estas ideas, pero convendréis conmigo en que algo contradictorias sí son.</p>

	<p>¿Por qué? Porque en este tipo de debates el fondo importante no es si somos iguales o no, ni siquiera si tiene sentido esta comparación en grandes grupos (que yo creo que es el verdadero caballo de batalla), sino cómo conseguir que una injusticia social se repare. El problema es que si se hace en función de este tipo de argumentos, se corre el peligro de que alguien perciba la contradicción y de que el resultado sea el contrario del que teníamos previsto. </p>

	<p>Pero hay un tipo de contradicción que no produce tanta extrañeza, es la que se da en el sistema de sensaciones o sentimientos y que puede formar parte de nuestra experiencia vital sin ningún problema, e incluso enriquecerla. A nuestros sentimientos sí que no se les puede ni se les debe aplicar este sistema de meta-pensamiento. Porque nuestro sistema de sensaciones y sentimientos está enraizado completamente en nuestra experiencia emocional, en nuestras vivencias desde que nacemos y ningún razonamiento de los demás puede echárnoslo abajo, por muy grande que sea la viga. </p>

	<p>Y es que nos vamos construyendo poco a poco, con información que vamos tomando de aquí y allí, con experiencias que nos modifican pero que no caen en el vacío. Tenemos de alguna manera que ir acomodando todo lo que ya tenemos en nuestro cerebro con lo nuevo y así no hay sistema lógico-formal que encaje, pero tampoco es necesario. El problema está cuando miramos al ojo del otro y le indicamos claramente que tiene una pajita allí mismo. Porque en la mayoría de las ocasiones no es ni posible ni necesario llegar a comprender completamente al otro y a veces ni a uno mismo.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/17617/la-viga</link>
		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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		<title>Fuera de juego</title>
		<description><![CDATA[<p>Soy de las que pienso que el futuro pasa necesariamente por un cambio en el sistema educativo, que el modelo actual de un profesor con un grupo de alumnos que permanecen sentados escuchándonos sufrirá necesariamente un cambio. No sé muy bien por donde irá, el cambio que estamos sufriendo con las nuevas tecnologías es tan revolucionario que no puedo atisbar cómo podrán utilizarlas las nuevas generaciones, ni qué nuevas revoluciones tecnológicas les esperan.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Soy de las que pienso que el futuro pasa necesariamente por un cambio en el sistema educativo, que el modelo actual de un profesor con un grupo de alumnos que permanecen sentados escuchándonos sufrirá necesariamente un cambio. No sé muy bien por donde irá, el cambio que estamos sufriendo con las nuevas tecnologías es tan revolucionario que no puedo atisbar cómo podrán utilizarlas las nuevas generaciones, ni qué nuevas revoluciones tecnológicas les esperan.</p>

	<p>Actualmente, vemos como algo natural que los niños pasen horas en un centro escolar aprendiendo las materias que nos parecen más adecuadas en un momento dado. Supongo que nuestros antepasados no podían imaginar una sociedad en la que los niños estuvieran durante horas separados de sus padres, sin trabajar, ni ayudar, dedicados sólo a aprender. Cada vez surgen más voces en contra de este sistema, como si estuviéramos sometiendo a los niños a una especie de martirio durante horas. Sin embargo, si uno piensa un poco, antes de la educación generalizada y, de hecho, en aquellos países donde no la hay, la alternativa es que los niños estén dedicados a tareas mucho peores y en condiciones que serían incapaces de soportar nuestros niños si de repente los trasladáramos allí una temporada. </p>

	<p>Pero ya sabemos que es muy fácil acostumbrarse a lo bueno, aunque no está de más recordar de dónde venimos. Así que debemos dedicarnos a mejorar lo que ahora tenemos. Hay padres que están defendiendo una vuelta a la educación en casa y ser ellos mismos quienes eduquen. En realidad es una vuelta al origen, cuando los centros educativos apenas existían y sólo uno pocos privilegiados con unos progenitores muy capacitados o con el suficiente dinero para contratar a tutores podían educar a sus hijos. No sé si la tele-educación, con las posibilidades que tiene la red, podrá subsanar el problema; me imagino poder asistir (o lo que equivalga a esto en el futuro) a las clases de Cambridge desde cualquier sitio. Incluso puedo imaginar un futuro más idílico en el que el conocimiento  y los métodos de aprendizaje ni siquiera estén centralizados, sino distribuidos y a disposición de todos, donde no haya una distinción importante entre haber estudiado físicamente en Cambridge o en cualquier otro lugar del mundo. </p>

	<p>Puedo imaginar nuevas formas de enseñanza y probablemente no se parezcan mucho a lo que nos depare el futuro, pero no puedo imaginar cómo será el cambio importante que debe producirse en el ser humano. Porque salvo las novedades que vengan de la mano del <a href="http://librodenotas.com/computacion/17230/transhumanismo">transhumanismo</a> en la motivación y la emoción humana, nuestros motores, no están previstas grandes modificaciones. Me explico: muchas veces tengo la impresión de que parece que estamos creando herramientas de trabajo, no educando seres humanos. Está claro, tenemos que ganarnos la vida y cuanto antes aprendamos a cómo hacerlo mejor, cuando acertemos al escoger la opción adecuada para formarnos, mejor nos irá en un futuro. Pero este empeño en que los niños sólo utilicen las capacidades que puedan ser de utilidad no sé si va a suponer una pérdida de fuentes de placer en las nuevas generaciones. Independientemente de la utilidad de determinadas capacidades en un momento histórico, está su fuerza para producir placer en el ser humano. </p>

	<p>Hemos ido viendo a lo largo de la historia cómo desaparecen oficios que en su día fueron un medio importante para ocupar un lugar en la sociedad. Parece que una vez que  pierden su capacidad para conseguir el refuerzo social, bien porque permiten ganarse la vida, bien porque producen admiración, y en la mayor parte de las veces ambas van unidas, el placer de ejercitarlas desaparece. Casi nadie se dedica actualmente a actividades sin duda placenteras para el que las hacía como el cálculo o la artesanía, porque las máquinas lo pueden hacer por nosotros de forma más rápida y económica.</p>

	<p>Así que una vez que una capacidad valorada en el ser humano la realiza mejor una máquina, sorprendentemente, deja de interesarle al ser humano. Muchas veces me pregunto si el día en que los ordenadores consigan ganar siempre al ajedrez éste dejará de practicarse. Parece como si la motivación para realizarlo desapareciera una vez que el reto ya parece fácilmente alcanzable. Pero desde el punto de vista del desarrollo de la mente y del placer del juego, esto no debería cambiar. Porque uno como ser humano tiene necesidades diferentes de la sociedad en la que le toca vivir y a las que no debería renunciar. Quizá las nuevas generaciones no aprendan a escribir manualmente y eso no suponga gran cambio, pero no sé si se puede renunciar alegremente a seguir ejercitando la memoria o el razonamiento, por mucho que las máquinas lo hagan mejor. </p>

	<p>Hace no muchas décadas, saber leer griego o latín, conocer a los clásicos, en definitiva, ser culto, era un seguro de refuerzo social y de consideración; ahora vemos como los que optaron por estas carreras se ven completamente marginados, reconvertidos a otras disciplinas y muchas veces con las sensación de haberse equivocado en una elección que en su día era muy valorada. Pero desde el punto de vista del conocimiento, del desarrollo de la mente, no ha habido ningún cambio, sólo ha habido un cambio social.</p>

	<p>Lo que no está muy claro es qué pretendemos con la educación, sigo pensando que el objetivo tiene que ser más cercano a enseñarles a utilizar sus capacidades cognitivas y a la transmisión del conocimiento de los diferentes ámbitos científicos, técnicos, filosóficos, lingüísticos, literarios… y olvidarnos un poco de la funcionalidad de los mismos para el mundo laboral. En primer lugar, porque no sabemos qué habilidades serán o no útiles en un futuro y porque no tiene mucho sentido considerar al ser humano como un engranaje de un sistema laboral. Es cierto que muchos de los conocimientos no serán de aplicación directa, pero indirecta seguro que sí. </p>

	<p>También está la otra cara de la moneda: la mayoría no vamos a poder desarrollar en el mundo laboral lo que un buen sistema educativo pueda enseñarnos y puede ser bastante frustrante, después de haber disfrutado y desarrollado las capacidades cognitivas, acabar de verdad como una pieza del engranaje industrial. ¿Puede alguien que haya disfrutado leyendo a Kafka o comprendiendo el funcionamiento de la genética no sentirse frustrado si tiene que ganarse la vida en una cadena de montaje? No lo sé, pero supongo que siempre será mucho peor educar como si se fuera a trabajar ahí o si nuestra vida fuera sólo nuestro trabajo.</p>

	<p>Y es difícil saber cómo evolucionaran las cosas y quién se va a quedar fuera del juego. Pero ni siempre ha sido así, ni necesariamente tiene que ser así, y junto con el transhumanismo espero que venga una vuelta del humanismo donde el hombre sea algo más que su función laboral. Porque cuando el refuerzo social desaparece, desaparece el más fuerte de todos los refuerzos y es difícil sustraerse  a él. </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elojoqueve/17432/fuera-de-juego</link>
		<pubDate>Sun, 27 Dec 2009 13:59:59 GMT</pubDate>
		<dc:creator>María José Hernández Lloreda</dc:creator>
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