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	<title>Libro de Notas - Los poetas</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910 – Madrid, 26 de abril de 1992)</title>
		<description><![CDATA[<p>Para aquí y hoy, día en que <strong>Luis Rosales Camacho</strong> habría cumplido el siglo, tenía el encargo de hacer semblanza del poeta y poner rostro y apellidos a la selección que sigue. Y buscando en otros qué decir,  hallo que demasiada gente habla de la vida de Luis Rosales y muy poca lo hace de su poesía.</p>

	<p>Y eso cuando la poesía de Luis Rosales es, tal vez,  su vida real más que la vida de carne y hueso que le tocó vivir <br />
<cite>… sabiendo que jamás me he equivocado en nada</cite><br />
<cite>sino en las cosas que yo más quería.</cite></p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Para aquí y hoy, día en que <strong>Luis Rosales Camacho</strong> habría cumplido el siglo, tenía el encargo de hacer semblanza del poeta y poner rostro y apellidos a la selección que sigue. Y buscando en otros qué decir,  hallo que mucha gente habla de la vida de Luis Rosales y muy poca lo hace de su obra poética.</p>

	<p>Como si fuera tan fácil dividir al poeta en dos: ente biográfico y máquina de rimar. Menos todavía cuando la poesía de Luis Rosales es, tal vez, su vida real más que la vida de carne y hueso que le tocó vivir <br />
<cite>… sabiendo que jamás me he equivocado en nada</cite><br />
<cite>sino en las cosas que yo más quería.</cite></p>

	<p>Luis Rosales poetiza las vivencias y la impronta que el duro hecho de estar vivo deja en el ánimo de los hombres; la vida normal, la de las soledades y los chascarrillos, la de los recuerdos y los planes, la de los amores y las necedades, la que, en fin, se vive día tras día sin saber muy bien qué caja de sorpresas tendremos que abrir cada mañana.<br />
<cite>Vivir o no vivir, este es el juego,</cite><br />
<cite>pues naces cuando amas</cite><br />
<cite>y el amor sólo dura mientras sigues naciendo</cite></p>

	<p>Y nos traslada, en fin, el convencimiento de que la palabra y la vida son la misma cosa.<br />
<cite>Cuando dices: nunca,</cite><br />
<cite>cuando dices: bueno,</cite><br />
<cite>estás contando tu historia</cite><br />
<cite>sin saberlo.</cite></p>

	<p><img src="http://librodenotas.com/images/2194.jpg" width=350 height=25 alt="--------"></p>

	<p><strong>AUTOBIOGRAFÍA</strong></p>

	<p>Como el náufrago metódico que contase las olas <br />
que faltan para morir, <br />
y las contase, y las volviese a contar, para evitar <br />
errores, hasta la última, <br />
hasta aquella que tiene la estatura de un niño <br />
y le besa y le cubre la frente, <br />
así he vivido yo con una vaga prudencia de <br />
caballo de cartón en el baño, <br />
sabiendo que jamás me he equivocado en nada, <br />
sino en las cosas que yo más quería.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>Y <span class="caps">ESCRIBIR</span> TU <span class="caps">SILENCIO</span> <span class="caps">SOBRE</span> EL <span class="caps">AGUA</span></strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small><em>Sólo florece el agua que está queda</em><br />
Miguel de Unamuno</small></div><br />
No sé si es sombra en el cristal, si es sólo <br />
calor que empaña un brillo; nadie sabe <br />
si es de vuelo este pájaro o de llanto; <br />
nadie le oprime con su mano, nunca <br />
le he sentido latir, y está cayendo <br />
como sombra de lluvia, dentro y dulce, <br />
del bosque de la sangre, hasta dejarla <br />
casi acuñada y vegetal, tranquila. <br />
No sé, siempre es así, tu voz me llega <br />
como el aire de Marzo en un espejo, <br />
como el paso que mueve una cortina <br />
detrás de la mirada; ya me siento <br />
oscuro y casi andado; no sé cómo <br />
voy a llegar, buscándote, hasta el centro <br />
de nuestro corazón, y allí decirte, <br />
madre, que yo he de hacer en tanto viva, <br />
que no te quedes huérfana de hijo, <br />
que no te quedes sola allá en tu cielo, <br />
que no te falte yo como me faltas.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">AYER</span> VENDRÁ</strong></p>

	<p>La tarde va a morir; en los caminos <br />
se ciega triste o se detiene un aire <br />
bajo y sin luz; entre las ramas altas, <br />
mortal, casi vibrante, <br />
queda el último sol; la tierra huele, <br />
empieza a oler; las aves <br />
van rompiendo un espejo con su vuelo; <br />
la sombra es el silencio de la tarde. <br />
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras. <br />
Hay un humo distante, <br />
un tren, que acaso vuelve, mientras dices: <br />
Soy tu propio dolor, déjame amarte.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">CIEGO</span> <span class="caps">POR</span> <span class="caps">VOLUNTAD</span> Y <span class="caps">POR</span> <span class="caps">DESTINO</span></strong> (Fragmento)</p>

	<p>Porque todo es igual y tú lo sabes,<br />
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta<br />
con ese mismo gesto con que se tira un día,<br />
con que se quita la hoja atrasada al calendario<br />
cuando todo es igual y tú lo sabes.</p>

	<p>Has llegado a tu casa,<br />
y, al entrar,<br />
has sentido la extrañeza de tus pasos<br />
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,<br />
y encendiste la luz para volver a comprobar<br />
que todas las cosas están exactamente colocadas<br />
como estarán dentro de un año;<br />
y después,<br />
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,<br />
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,<br />
y te has sentido solo,<br />
humanamente solo,<br />
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.</p>

	<p>Has llegado a tu casa,<br />
y ahora querrías saber para qué sirve estar sentando,<br />
para qué sirve estar sentado igual que un náufrago<br />
entre tus pobres cosas cotidianas.<br />
Sí, ahora quisiera yo saber<br />
para qué sirve el gabinete nómada y el hogar que jamás se ha encendido,<br />
y el Belén de Granada<br />
–el Belén que fue niño cuando nosotros todavía<br />
nos dormíamos cantando–<br />
y para qué puede servir esta palabra: ahora<br />
cuando empieza la nieve,<br />
cuando nace la nieve,<br />
cuando crece la nieve en una vida que quizás está siendo la mía,<br />
en una vida que no tiene memoria perdurable,<br />
que no tiene mañana,<br />
que no conoce apenas si era clavel, si es rosa,<br />
si fue azucenamente hacia la tarde.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">OLA</span> EN <span class="caps">CALMA</span> ES TU <span class="caps">CUERPO</span></strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small><em>Yo siempre culparé los ojos míos.</em><br />
Fernando de Herrera</small></div><br />
Albos senos en púberes jardines;<br />
se abre una puerta, el aire se apresura,<br />
y brillan de la noche en la ola oscura<br />
tus muslos como saltan los delfines;</p>

	<p>tus ojos dan al mundo sus confines,<br />
juega el mar a la comba en tu cintura,<br />
y la miel se convierte en atadura,<br />
y en tu mano se encienden los jazmines,</p>

	<p>y el sol nace en tu cuerpo, y se oye el canto<br />
del amor como un puente entre dos ríos,<br />
¡tan humano el milagro!, dulces bríos,</p>

	<p>dulce sueño de ti que acaba en llanto,<br />
porque Cuba eres tú me dueles tanto;<br />
yo siempre culparé los ojos míos.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>EL <span class="caps">AMOR</span> ES <span class="caps">UNA</span> <span class="caps">SOLDADURA</span> MÁS O <span class="caps">MENOS</span> AUTÓGENA</strong></p>

	<p>Si vives enamorado, <br />
no tardarás en saber <br />
que un amor puede doler <br />
cierto, mentido y soñado.</p>

	<p>Y quizás <br />
ninguno estará de más.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>LA ÚLTIMA <span class="caps">LUZ</span></strong></p>

	<p>Eres de cielo hacia la tarde, tienes <br />
ya dorada la luz en las pupilas, <br />
como un poco de nieve atardeciendo <br />
que sabe que atardece.<br />
<span style="padding-left:150px">Y yo querría </span><br />
cegar del corazón, cegar de verte <br />
cayendo hacia ti misma <br />
como la tarde cae, como la noche <br />
ciega la luz del bosque en que camina <br />
de copa en copa cada vez más alta, <br />
hasta la rama isleña, sonreída <br />
por el último sol, <br />
<span style="padding-left:110px">¡y sé que avanzas </span><br />
porque avanza la noche! y que iluminas <br />
tres hojas solas en el bosque, <br />
<span style="padding-left:190px">y pienso </span><br />
que la sombra te hará clara y distinta, <br />
que todo el sol del mundo en ti descansa, <br />
en ti, la retrasada, la encendida <br />
rama del corazón en la que aún tiembla <br />
la luz sin sol donde se cumple el día.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>EL <span class="caps">BOSQUE</span> SE <span class="caps">IBA</span> <span class="caps">HACIENDO</span> <span class="caps">ALARDE</span></strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small><em>tristemente naturales</em><br />
J.Guillén</small></div><br />
Me están mirando en tus ojos <br />
los ángeles del instante, <br />
los ángeles que han perdido <br />
la memoria al contemplarse.</p>

	<p>Me estoy reuniendo en tus brazos; <br />
te siento casi quemándome; <br />
arden el tronco y las ramas <br />
pero las hojas no arden.</p>

	<p>Estamos juntos, sin vernos, <br />
repetidos y distantes, <br />
juntos pero no vividos, <br />
tristemente naturales.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>¿CÓMO <span class="caps">NACE</span> UN <span class="caps">RECUERDO</span>?</strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small>Retrato de Dionisio Ridruejo</small></div><br />
¿Cómo nace un recuerdo? ¿No era un junio? <br />
El cielo abría su puerta <br />
sobre el valle del Arga. Entre los montes <br />
iba la luz con obediencia trémula. <br />
Recuerdo que el silencio atardecía <br />
toda la vida a su extensión sujeta: <br />
los caminos sin gente, las murallas, <br />
y el fresco olor que a los pinares lleva. <br />
Oyendo unas campanas vi tus ojos, <br />
pequeños y naciendo de la tierra <br />
jugaban con un dejo campesino <br />
en la mirada concentrada y lenta, <br />
no suspicaz pero alertada y pronta, <br />
no impositiva pero fija y cerca <br />
de ser dura, tal vez, cuando nos mira <br />
y nos puede ayudar con su dureza. <br />
Los ojos sin pestañas, se diría <br />
sin párpados también, sin brillo apenas, <br />
con libertad no exenta de mesura, <br />
con derramada y fácil negligencia. <br />
¿Cómo nace un recuerdo? La luz última <br />
arropaba tu cara entre la niebla, <br />
descarnada, pequeña, fina y dulce, <br />
cansado el gesto y sin cansar la fuerza. <br />
El cabello castaño, cuando ríes <br />
la risa te reclina la cabeza; <br />
la piel áspera y pálida, la boca <br />
desdibujada, exánime, risueña. <br />
En testimonio de vivir tenías <br />
hoyuelada la cara, <br />
<span style="padding-left:130px">y había en ella </span><br />
una gran paz convaleciente: <br />
<span style="padding-left:180px">hoy </span><br />
sigues dando esa paz que tú no encuentras. <br />
Recuerdo que me hablabas descansando <br />
todo el cuerpo en la voz, y tu voz era <br />
la que llevaba al mundo de la mano, <br />
amplia, segura, convencida, cierta. <br />
Recuerdo&#8230; ya no sé. ¿Cuándo empezaste <br />
a estar detrás de la memoria entera, <br />
detrás y como un tren que caminara <br />
sobre dos vidas en la misma rueda?</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>CANCIÓN <span class="caps">DONDE</span> SE <span class="caps">EXPLICA</span>, <span class="caps">BIEN</span> <span class="caps">EXPLICADO</span>, <span class="caps">QUE</span> AL <span class="caps">PRONUNCIAR</span> <span class="caps">UNA</span> <span class="caps">SOLA</span> <span class="caps">PALABRA</span> <span class="caps">PUEDES</span> <span class="caps">HACER</span> TU BIOGRAFÍA</strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small>A Dámaso Alonso</small></div><br />
La palabra que decimos <br />
viene de lejos, <br />
y no tiene definición, <br />
tiene argumento.</p>

	<p>Cuando dices: nunca, <br />
cuando dices: bueno, <br />
estás contando tu historia <br />
sin saberlo.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>LA TRASFIGURACIÓN</strong></p>

	<p>Siento tu cuerpo entero junto al mío; <br />
tu carne <br />
<span style="padding-left:60px">es </span><br />
<span style="padding-left:80px">como un ascua, </span><br />
fresca e imprescindible <br />
que está fluyendo hacia <br />
mi cuerpo, por un puente <br />
de miel lenta y silábica. <br />
Hay un solo momento en que se junta <br />
el cuerpo con el alma, <br />
y se sienten recíprocos, <br />
<span style="padding-left:150px">y viven </span><br />
su trasfiguración, <br />
<span style="padding-left:120px">y se adelantan </span><br />
el uno al otro en una misma entrega, <br />
desde su mismo origen deseada. <br />
Siento tus labios en mis labios, siento <br />
tu piel desnuda y ávida, <br />
y siento, <br />
<span style="padding-left:60px">¡al fin! </span><br />
<span style="padding-left:100px">esa frescura súbita </span><br />
como una llamarada <br />
de eternidad, en que la carne deja <br />
de serlo y se desata, <br />
se dispersa en el vuelo, <br />
<span style="padding-left:150px">y va cayendo </span><br />
en la tierra sonámbula <br />
de tu cuerpo que cede interminable- <br />
mente cediendo, <br />
<span style="padding-left:110px">hasta </span><br />
que el vuelo acaba y ya la carne queda <br />
quieta, milagreada, <br />
y me devuelve al cuerpo, <br />
<span style="padding-left:165px">y todo ha sido </span><br />
un pasmo, un rebrillar y luego nada.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>LA <span class="caps">FERIA</span> DE <span class="caps">LOS</span> PÁJAROS</strong></p>

	<p>Sentí que se desgajaba <br />
tu corazón lentamente <br />
como la rama que al peso <br />
de la nevada se vence,</p>

	<p>y vi un instante en tus ojos <br />
aquella locura alegre <br />
de los pájaros que viven <br />
su feria sobre la nieve.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">MEMORIA</span> DE TRÁNSITO</strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small><em>Herido de amor huido</em><br />
F. García Lorca</small></div><br />
Abril, porque siento, creo,<br />
pon calma en los ojos míos,<br />
¿los montes, mares y ríos,<br />
qué son sino devaneo?;<br />
mirando la nieve veo<br />
memoria de tu hermosura, <br />
y cuando vi en su blancura <br />
tu inmediata eternidad, <br />
¿fuiste si no claridad, <br />
temblor, paciencia y dulzura?</p>

	<p>Tu leve paso indolente <br />
deja en mis ojos su aroma, <br />
los ojos en donde toma <br />
revelación permanente; <br />
bienaventuradamente <br />
nacieron para el olvido, <br />
tu piel de asombro encendido, <br />
tus ojos de limpio viento, <br />
y esta ternura que siento <br />
«herido de amor huido».</p>

	<p>Los sitios donde has estado <br />
en la memoria los llevo <br />
sólo para ver de nuevo <br />
el rastro que allí has dejado; <br />
la tierra que tú has pisado <br />
vuelvo a pisar; nada soy <br />
más que este sueño en que voy <br />
desde tu ausencia a la nada. <br />
me hizo vivir tu mirada: <br />
fiel al tránsito aquí estoy.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">LARGA</span> ES LA <span class="caps">AUSENCIA</span></strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small><em>La sombra siempre y luz sin la luz mía</em><br />
Herrera</small></div><br />
Tu soledad, Abril, todo lo llena. <br />
Colma de luz la espuma y la corriente. <br />
Aurora niña con la piel reciente. <br />
Todo en golpe de mar sobre la arena.</p>

	<p>¿Qué sueño de varón te hizo serena <br />
isla de fiebre la mirada ausente? <br />
¡Ay, búscame sin ti, convaleciente, <br />
revocando de cal fachada y pena!</p>

	<p>Y ¡ay!, busca tú la sangre tierra adentro, <br />
y olvidarás la voz por el encanto, <br />
abierta a ti, mientras resbala el día.</p>

	<p>Soledad sin abril será el encuentro, <br />
y en tu ofrenda de paz, cierva de llanto <br />
la sombra siempre y luz sin la luz mía.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">VERTE</span>, QUÉ VISIÓN <span class="caps">TAN</span> <span class="caps">CLARA</span></strong><br />
<div style="width: 400px; text-align:right"><small><em>La lámpara del cuerpo es el ojo,</em><br />
<em>así que si tu ojo fuere sincero,</em><br />
<em>todo tu cuerpo será luminoso.</em><br />
San Mateo, VI, 22</small></div><br />
Verte, qué visión tan clara. <br />
Vivir es seguirte viendo. <br />
Permanecer en la viva <br />
sensación de tu recuerdo.</p>

	<p>Verte. La distancia nace. <br />
El cielo suprime al cielo. <br />
La vida se multiplica <br />
por el número de puertos.</p>

	<p>Todo colmado por ti. <br />
No ser más que el ojo abierto, <br />
y eternizar el más leve <br />
escorzo de tu silencio.</p>

	<p>Verte para amarlo todo. <br />
Claustro en tranquilo destierro. <br />
Dulzor de caña lunada. <br />
Luz en órbita de sueño.</p>

	<p>Mortal límite de ti. <br />
Cielo adolescente y tierno. <br />
Núbil paciencia de playa. <br />
Vivir es seguirte viendo.</p>

	<p>¡Verte, Abril, verte tan sólo! <br />
Tranquilísimo desierto. <br />
Pena misericordiosa. <br />
Sosegado advenimiento.</p>

	<p>Verte: qué oración tan pura, <br />
islas, nubes, mares, vientos, <br />
las cinco partes del mundo <br />
en las yemas de los dedos.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong><span class="caps">CONTIGO</span></strong>   (Fragmento)</p>

	<p>No hay noche, no hay luna, no <br />
hay sol cuando estoy contigo, <br />
tiemblo de quererte tanto, <br />
tiemblo de sentirme vivo,</p>

	<p>tiemblo de saber que un día <br />
la espuma se lleva al río, <br />
y en el corazón del hombre <br />
se lleva al tiempo el olvido.</p>

	<p>No hay luz, no hay jardín, no hay <br />
noche de otoño contigo, <br />
¡quisiera que se acortara <br />
el tiempo cuando te miro!</p>

	<p>contigo para perderme, <br />
para salvarme contigo, <br />
contigo, Abril, para siempre <br />
por los siglos de los siglos.</p>

          * * *

	<p>Tiemblo de verme en tus ojos <br />
sin comprender el bautismo, <br />
contigo, Abril, primavera, <br />
el nombre nace contigo,</p>

	<p>y el ser también en el seno <br />
de tu vientre estremecido, <br />
nieve niña y madre virgen <br />
de mi tiempo y mi destino;</p>

	<p>por ti se agrupa el rebaño <br />
por ti se doblan los trigos, <br />
por ti los álamos tiemblan <br />
y el mar se levanta en vilo</p>

	<p>como los pueblos que llevas <br />
en la mirada perdidos <br />
para siempre, como el tiempo <br />
que vuelve a nacer contigo,</p>

	<p>contigo para salvarme, <br />
para perderme contigo <br />
como el beso que no sabe <br />
sobre qué boca ha nacido.</p>

	<p>¡No puedo verte, no puedo <br />
verte cuando estoy contigo! <br />
¡no sé mirarte, no sé <br />
mirarte, pero te sigo!</p>

	<p>tuyo seré madreselva, <br />
madre viento y madre río, <br />
isla de ti solamente <br />
mi nacimiento continuo,</p>

	<p>que estoy con dolor queriendo <br />
lo que muero y lo que vivo, <br />
lo que vivo y lo que muero <br />
de tenerlo sin vivirlo.</p>

          * * *

	<p>Ya el tiempo es sólo el espejo <br />
donde te sueño lo mismo <br />
que los chopos en invierno <br />
sueñan su verdor florido. </p>

          (&#8230;)

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>DE CÓMO <span class="caps">VINO</span> AL <span class="caps">MUNDO</span> LA ORACIÓN</strong></p>

	<p>De lirio en oración, de espuma herida <br />
por el paso del alba silenciosa; <br />
de carne sin pecado en la gozosa <br />
contemplación del niño sorprendida;</p>

	<p>de nieve que detiene su caída <br />
sobre la paja que al Señor desposa; <br />
de sangre en asunción junto a la rosa <br />
del virginal regazo desprendida;</p>

	<p>de mirar levantado hacia la altura <br />
como una fuente con el agua helada <br />
donde el gozo encontró recogimiento;</p>

	<p>de manos que juntaron su hermosura <br />
para calmar, en la extensión nevada, <br />
su angustia al hombre y su abandono al viento.</p>

	<p><hr width="400" color="ACCA33" size="5" align="left"> </p>

	<p><strong>CANCIÓN DE LA <span class="caps">NIEVE</span> <span class="caps">QUE</span> <span class="caps">UNIFICA</span> AL <span class="caps">MUNDO</span></strong></p>

	<p>Somos hombres, Señor, y lo viviente <br />
ya no puede servirnos de semilla; <br />
entre un mar y otro mar no existe orilla; <br />
la misma voz con que te canto miente.</p>

	<p>La culpa es culpa y oscurece el bien; <br />
sólo queda la nieve blanca y fría, <br />
y andar, andar, andar hasta que un día <br />
lleguemos, sin saberlo, hasta Belén.</p>

	<p>La nieve borra los caminos; ella <br />
nos llevará hacia Ti que nunca duermes; <br />
su luz alumbrará los pies inermes, <br />
su resplandor nos servirá de estrella.</p>

	<p>Llegaremos de noche, y el helor <br />
de nuestra propia sangre Te daremos. <br />
Éste es nuestro regalo: no tenemos <br />
más que dolor, dolor, dolor, dolor.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/18381/luis-rosales-camacho-granada-31-de-mayo-de-1910-madrid-26-de-abril-de-1992</link>
		<pubDate>Mon, 31 May 2010 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2010-05-22:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b7936f3853571f52ef78d3c24feef39e</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Liliana Celiz</title>
		<description><![CDATA[<p>Liliana Celiz (Argentina, 1956) escribe una poesía de imágenes, que deben mucho, en su forma, al surrealismo, pero que sirven como una estructura para desarrollar el tema; se trata de una poesía en pirámide inversa: bajo la forma espectacular y críptica se oculta un entramaje de ideas que encubre, muchas veces, la anécdota.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
		<p>Liliana Celiz (Argentina, 1956) escribe una poesía de imágenes, que deben mucho, en su forma, al surrealismo, pero que sirven como una estructura para desarrollar el tema; se trata de una poesía en pirámide inversa: bajo la forma espectacular y críptica se oculta un entramaje de ideas que encubre, muchas veces, la anécdota. Además de varios poemarios inéditos, ha publicado <em>Del traje de Eva y su manzana</em> (1997), <em>¿De dónde vienes de mirar tus ojos padre?</em> (2000), <em>O elevación de vos o pensamiento</em> (2007) y, en prensa, <em>A los que fueron pájaros</em>. En <a href="http://www.poesiaceliz.com">poesiaceliz.com</a> se encuentran datos y más poesías de la autora.</p>
	</blockquote>

	<p><br />
<br />

De <strong>EL <span class="caps">CICLO</span> <span class="caps">DEL</span> <span class="caps">RECUERDO</span></strong></p>

	<p>es la sustancia que queda tras el fuego<br />
en el punto inicial de la palabra tacto<br />
volver y repetir la luz ha entrado desde el vidrio<br />
donde la sombra juega a enmarcación de los objetos<br />
como punto del orden que desata nuevos puntos<br />
en la inserción de cuerpos al espacio no visible del encuentro<br />
(la dimensión ha dado a ser la forma)</p>

	<p>imitaciones múltiples se hacen giro en el detalle<br />
en situaciones símiles de tiempo<br />
el cuerpo vuelve a ser lo otro<br />
donde el encuentro no es el fluido de los tactos<br />
en división el yo retoma los esquemas de memoria<br />
abolición del fluir a la manera de los ríos<br />
inmediaciones de agua como germen donde hay pasto</p>

	<p>la idea de una sombra que otorga ambivalencia<br />
en la dilatación mayor de la pupila (no es noche)<br />
como representar el nudismo de las formas<br />
y el ojo en su revés multiplicarlas<br />
de entre superposiciones simultáneas<br />
la idea de la sombra es el reverso de las cosas<br />
el cuerpo cae en lo profundo<br />
en el resquicio de mirada a un fondo</p>

	<p>decir el lago rota hacia el vacío<br />
en estación de otoño, cuando lo quieto no supone fundamento<br />
decir el agua cae levemente (no hay linde con el resto de las cosas)<br />
la negación se ha contrahecho justo en el grado mínimo del hombre<br />
en ecuación de tope hacia el silencio</p>

	<p><br />
<br />

De <strong>O ELEVACIÓN DE <span class="caps">VOS</span> O <span class="caps">PENSAMIENTO</span></strong></p>

	<p>aroma entre los pastos vendaval<br />
de luz articulada al movimiento<br />
intimación de lengua torva o potestad<br />
siguiendo el círculo abismal que me hace ser en el comienzo<br />
¿haré de esta presión un pulso ahora que ya es tarde<br />
y he caído a la manera de la muerte?<br />
fracciones de segundo en el espacio o tiempo<br />
en que la ausencia gira a ser un nombre<br />
entre piezas de horizonte ¿en el disturbio?<br />
generación de un cráter en mi cuerpo<br />
a su pesar hazme reír ¿un cuerpo?<br />
presidio torpe en que se es materia que adelgaza<br />
la materia ¿al infinito un punto?<br />
volver y ser capaz de ya no ver tu olor en la gramilla<br />
o prestación del ojo como sombra que se va<br />
y hace decir tu luz o giramiento</p>

	<p>o rito de esta sangre poblada de brebajes<br />
y tu voz dirá de mí dirá de mí<br />
de cintas o acuarelas blancas<br />
y no es allí donde me acuesto y río<br />
frecuentes posiciones de la noche<br />
(la luna abraza su tracción al fuego)<br />
o el neón que salpicaba cada tanto el frío<br />
dijéramos tal vez acurrucarse y ser<br />
como conejo o vientre o el temor nocturno<br />
linternas que se aíslan como un punto<br />
en la tiniebla espesa y como manchas blancas<br />
correr correr correr<br />
minimalismo de la nota que se expande<br />
o yo o connotación de lo quel yo como arco<br />
es toda cosa</p>

	<p><br />
<br />

De <strong>EL <span class="caps">NACIMIENTO</span> DE LA <span class="caps">FLOR</span></strong></p>

	<p>partición del cielo<br />
en los espacios no asequibles a los cuerpos<br />
como el ancho de una daga en el retorno<br />
en la ondanada líquida del sexo<br />
o licuación de la memoria en lo más mínimo
    y ahonda</p>

	<p><br />
<br />

De <strong>EN LA VERSIÓN DE <span class="caps">VERTE</span></strong></p>

	<p>de los esteros reflejados<br />
en la rotura madre de la imagen<br />
allá en la filtración de la mirada<br />
a por los lagos desde el puente<br />
de la caída desde el puente hacia el no fondo<br />
en la abertura de las aguas<br />
en la retardación del yo<br />
como visión mismísima a la forma</p>

	<p><br />
<br />

De <strong>DE <span class="caps">LAS</span> <span class="caps">REPETICIONES</span> ÚLTIMAS</strong></p>

	<p>el agua cae levemente por las cosas<br />
tumultos en la zona de belleza de entre<br />
los musgos mismos en el agua (no el pez<br />
se habla del ave todavía) en la tiritación<br />
del cielo sin las aves en el trasluz<br />
del agua que cae por las grutas en la zona<br />
antigua de las manos y él no está<br />
(haciendo blanco en el silencio) como entonces</p>

	<p><br />
<br />
 <br />
De <strong>EL <span class="caps">NACIMIENTO</span> DE LA <span class="caps">FLOR</span></strong></p>

	<p>no significa nada<br />
ni el último minuto<br />
en la distancia mínima<br />
o entrando a la abertura de mi cuerpo<br />
como connotación de los espacios íntimos<br />
el viaje</p>

	<p>es la mirada paulatina<br />
haciendo eco en la memoria<br />
en la visión desde el objeto<br />
no el reflejo<br />
como otra percepción de la mirada</p>

	<p>la arena entre los cuerpos<br />
el ojo siendo campo que detalla el todo<br />
la partición justo en lo hondo de ser hueco<br />
el agua</p>

	<p>en la otra puerta<br />
el nacimiento de la flor<br />
el nuevo espacio entre canteros<br />
lidiar con restos de la noche<br />
allá en la noche<br />
en el deseo de derrumbe<br />
el aire entero de la costa</p>

	<p>es un ovillo tironeado de ser cuerpo<br />
justo en la cúspide del pasto verdecido<br />
no la mancha<br />
a la manera de los brotes del espejo<br />
en lo más líquido del alma</p>

	<p>continuidad del día<br />
en la expresión frontal que no hace al día<br />
(no al hundimiento de la sombra en paralelo)<br />
como despliegue en lo abismal<br />
la gota</p>

	<p>la escena hace a lo múltiple en el tiempo<br />
lo no en el tiempo<br />
el devenir como en completación de algún pasado<br />
donde el repliegue de la escena se repliega<br />
en distorsión de la palabra aún no dicha<br />
nunca dicha</p>

	<p>el líquido de mí<br />
puesto en la escena de pisada<br />
en relación de esencia allá en el pasto<br />
cuando el disloque del camino ahonda</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/15674/liliana-celiz</link>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 11:47:08 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2009-03-21:77c262b7562572606450a68115f67ab6/97c225ee1345af68b3cf684d6d51e859</guid>
	</item>
	<item>
		<title>El continente poético</title>
		<description><![CDATA[<p>Alfredo Fressia realiza el encargo de seleccionar, para la revista brasileña <em>Trópico</em>, diez poetas latinoamericanos vivos que &#8220;deben ser leídos&#8221;. Este texto es el resultado: tras una interesantísima introducción justificativa, reseña y ofrece un puñado de poemas de los diez escogidos: Ida Vitale, Blanca Varela, Carlos Germán Belli, Eduardo Lizalde, Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Jotamario Arbeláez, Juan Manuel Roca, Raúl Zurita y Damaris Calderón.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por Alfredo Fressia</em><br />
<small>Pulbicado originalmente en la <a href="http://p.php.uol.com.br/tropico/html/textos/3048,1.shl">Revista Trópico</a>, en portugués. Traducción para LdN de Germán Machado.</small></p>

	<p>Es un divertimiento, claro. Elegir los diez poetas hispanoamericanos vivos que “deben” ser leídos, y que yo hiciese una especie de introducción “autoral”. Eso pedía la revista <strong>Trópico</strong>. Sólo podía ser un juego, de esos con libros e islas desiertas, y confieso que fue tentador.</p>

	<p>La primera etapa de la tentación, ya activado el pecado, era la selección de los diez poetas. Nostalgia de los tempos en que había poetas centrales y periféricos. Había los poetas que nos representaban, que eran nuestros <em>maîtres à penser</em>, maestros en poetizar también. Había un canon indiscutido, ¿lo recuerdan? Neruda hacía su reinado absoluto en el continente. Hablo del tiempo en que todos esperábamos la Revolución &mdash;o alguna forma de Revolución&mdash; y también el último libro de Neruda o de Octavio Paz.</p>

	<p>Ciertamente era emocionante encontrar un poeta &mdash;¿de Nicaragua? ¿de Venezuela?&mdash; y dar a conocer esa obra en un periódico, en una revista, mas todo era hecho en un mundo jerarquizado, pienso que jerarquizado también por grandes editoriales de Buenos Aires, de México y eventualmente de Caracas, con nuestra adhesión, porque estábamos acostumbrados a un mundo siempre “vertical”.</p>

	<p>Después vino el desmontaje de esos relatos (hablando de “relatos”, Sartre también dejó de ser nuestro filósofo obligatorio, “central”), el mundo de la poesía se partió en estéticas varias y sin principio de autoridad plausible. Las academias, que nunca brillaron por la originalidad, adhirieron a los estudios culturales, y aquí estoy yo, en 2009, intentando elegir diez poetas (“canónicos”) entre los buenos poetas hispano-americanos esparcidos por el continente.</p>

	<p>Debo excluir los muertos, y eso es una catástrofe. Porque hay muertos que para mí están poéticamente vivísimos (y viceversa, claro). ¿Qué haré, si no puedo incluir a la argentina Olga Orozco, al peruano Jorge Eduardo Eielson, o a mi vieja y querida Josefina Plá, la española-paraguaya a quien dediqué varios ensayos? Para mí, repito, ellos están vivísimos.</p>

	<p>Hay poetas que encuentro importantes en mis lecturas, pero son excesivamente jóvenes para incluirlos sin más. La biografía &mdash;y su tamaño&#8230;&mdash; no será garantía de nada, de acuerdo, pero una vida larga (con una obra muchas veces ídem) me tranquilizan a la hora de diseñar un canon, aunque sólo sea a los efectos de este juego.</p>

	<p>¿Dirán que mi selección incluirá edades demasiado avanzadas? Puede ser, pero junto con las jerarquías también desaparecieron de este mundo aquellos meteoritos, aquellos jóvenes que aparecían <em>ex nihilo</em> y creaban obras poéticas <em>rimbaldianas</em>, y trazaban un-antes-y-un-después. Tengo 60 años, por eso permítanme la amargura: he visto demasiados autores-esperanzas que naufragaron, después de algunos poemas, con y sin elegancia.</p>

	<p>Y también, la muestra (me olvidé de decir: “esta selección no pretende ser una muestra”, aunque siempre lo es, ya sabemos, liliputiense ésta) debería cubrir todo el continente y, los tiempos y las cualidades poéticas obligan, debía incluir poetas mujeres, por lo menos así lo entiendo yo.</p>

	<p>Presento entonces mi lista, que no cubre todo el continente, ni podría hacerlo, y que sólo incluye tres mujeres:</p>

	<p>Ida Vitale (Montevideo, Uruguay, 1924)<br />
Blanca Varela (Lima, Perú, 1926)<br />
Carlos Germán Belli (Lima, Perú, 1927)<br />
Eduardo Lizalde (Ciudad de México, 1929)<br />
Juan Gelman (Buenos Aires, Argentina, 1930)<br />
José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939)<br />
Jotamario Arbeláez (Cali, Colombia, 1940)<br />
Juan Manuel Roca (Medellín, Colombia, 1946)<br />
Raúl Zurita (Santiago, Chile, 1950)<br />
Damaris Calderón (Habana, Cuba, 1967)</p>

	<p>Como se ve, fui ecléctico. Predominan vidas provectas. Pero incluí a la joven Damaris &mdash;porque es buena, anticipo. Percibo que dejé medio vacío el campo a la altura de América Central (pero mis poetas amados de esas zonas &mdash;el salvadoreño Roque Dalton, por ejemplo&mdash; ya murieron, y al nicaragüense Ernesto Cardenal no lo incluyo).</p>

	<p>¿Puse dos colombianos y dos peruanos? Sí, y es que Colombia y Perú son países centrales en la poesía; aunque no sé por qué. Lo mismo sucede con los siempre “extraños” uruguayos (“los raros”). Es difícil dejarlos de lado, porque siempre tienen más de un extraño (“un raro”) para llamar nuestra atención. También incluí dos mexicanos, pero de eso sé el porqué.</p>

	<p>Percibo ahora, una vez hecha la selección, que, con excepción de Blanca Varela, conozco a todos personalmente. Aunque aclaro: amistad, así, amistad, no tengo con ninguno de ellos. Estuve con algunos una sola vez &mdash;un encuentro en un centro cultural en México con Lizalde, una cena con Gelman y otros amigos en un restaurante también de la Ciudad de México, conversaciones con Belli en Montevideo, con ocasión de un encuentro de poetas, con Pacheco en Ciudad Juárez, con Arbeláez en Fortaleza, en 2008, en la Feira del Libro. A Damaris, la conocí en Montevideo y la volví a ver de paso, hace poco en Chile. A Ida Vitale la conozco mejor, somos compatriotas, pero juro que sólo tuve en cuenta la obra de estos poetas, y no a las personas.</p>

	<p>Otra cosa. Quien busque por Altavista o Google, encontrará decenas de millares de entradas para cada uno de estos poetas. Hay fichas bio-bibliográficas excelentes, y también brillantes ensayos sobre ellos. En algunos casos, el lector encontrará también ensayos míos sobre algunos de ellos (y mis ensayos no estarán entre los más brillantes).</p>

	<p>Esta exuberancia de materiales era una ventaja y un problema para mi modesta “muestra”. El problema, o el peligro, digamos, era repetir fichas y hasta ideas que otros formularon mejor. Intenté resolver ese impasse explicando en cada caso solamente el motivo por el cual escogí al poeta en cuestión, sin repetir ni parafrasear a nadie (casi que ni a mí mismo).</p>

	<p>En fin, ¿son estos los poetas que yo llevaría a una isla desierta? Ni siempre ni todos. Pero todos se incluyen con una estética, fragmentaria tal vez. Y lo que nos resta: la nostalgia de un todo perdido, autores dispersos en busca de un canon. Viaje el lector por el laberinto.<br />
<br />
<br />

<strong>1. <span class="caps">IDA</span> <span class="caps">VITALE</span></strong></p>

	<p>Ida Vitale nació en Montevideo en 1924. Fue profesora de literatura y, en 1973, año del golpe de estado uruguayo, tuvo que dejar el país. Se refugió en México, junto con su marido, el también poeta, y originalísimo, Enrique Fierro (que no está en la presente selección por mera falta de espacio). Después, ambos se establecieron en Austin (<span class="caps">EUA</span>), donde Fierro dio lecciones durante mucho tiempo en la Universidad de Texas.</p>

	<p>Por edad, Vitale pertenece a lo que los uruguayos llamamos “generación del 45”, junto con Mario Benedetti, Idea Vilariño, Amanda Berenguer. Esa información no debe significar nada para un lector brasilero. Traduzco: Vitale pertenece a una generación que pretendió fundar una república letrada con un pie en el viejo positivismo uruguayo y otro en la certeza de una revolución libertadora. Una generación que hizo de la lucidez histórica un valor estético (incluyendo en esto una vasta literatura comprometida políticamente). Una generación que no vaciló delante de los parricidios, que se apartó de muchas vanguardias (la lucidez y la sobriedad no podían simpatizar con los pos-surrealistas, por ejemplo), que hizo mucho bien y mucho mal a la literatura nacional. Una de las cosas que hizo bien fue dar a conocer buenos poetas, Vitale entre ellos.</p>

	<p>Publicando desde 1949, Vitale hizo de la poesía un modo de conocimiento, de comprensión del mundo. Por eso pocos temas le son ajenos, por eso ella va experimentando, en formas diferentes, en versos libres, en metros fijos o en la misma prosa poética.</p>

	<p>El lector interesado, y es probable que si llegó a esta altura el lector esté efectivamente interesado, puede encontrar varios ensayos míos sobre la obra de Vitale en “Banda Hispânica”:http://www.jornaldepoesia.jor.br/bhportal.html del “Jornal de Poesía”. Pero quiero decir una cosa que pocas veces se dice: tal vez el secreto de esa adhesión que la poesía de Vitale pide y suscita al mismo tiempo, esté en la belleza de su idioma. En ese viaje por la lengua en procura del mundo (y su ética implícita, por ejemplo, de naturaleza ecológica) lo que más seduce es, creo yo, la indagación de la lengua.</p>

	<p>Vitale no imagina que sólo los “modernistas” (hispano-americanos) pudiesen hacer esa indagación, no se resigna a un idioma empadronado, logra resonancias del mejor pre-barroco español &mdash;pienso en el idioma de los neo-platónicos del “Siglo de Oro”&mdash; que convive en la obra de esta poeta con los bellísimos textos en prosa o con la dura denuncia de la barbarie histórica de los días que corren. No pienso que los poemas que siguen logren dar una imagen completa de la obra de la autora. Son sólo un comienzo, porque todo es un comienzo cuando se habla de Vitale.</p>

	<p><strong><span class="caps">PATRIMONIO</span></strong></p>

	<p>Sólo tendremos lo que hayamos dado.<br />
¿Y qué con lo ofrecido y no aceptado,<br />
qué con aquello que el desdén reduce<br />
a vana voz, sin más,<br />
ardiente ántrax que crece,<br />
desatendido, adentro?</p>

	<p>La villanía del tiempo,<br />
el hábito sinuoso<br />
del tolerar paciente,<br />
difiere frágiles derechos,<br />
ofrece minas, socavones, grutas:<br />
oscuridad apenas para apartar<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;vagos errores-</p>

	<p>El clamor, letra a letra,<br />
del discurso agorero<br />
no disipa ninguna duda;<br />
hace mucho que sabes:<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;ninguna duda te protege.</p>

	<p><strong><span class="caps">PENITENCIA</span></strong></p>

	<p>¿Mirar atrás será pasar<br />
a ser de sal precaria estatua,<br />
un perecer petrificado<br />
preso en sí mismo, parte<br />
del roto encanto de un paisaje<br />
cuya música no logro más oír?</p>

	<p>¿Debo matar lo que miré,<br />
el mito que minuciosa<br />
pliego y despliego,<br />
grava para mi paso solo?<br />
¿Ciega borrar lugares,<br />
playas, vientos, el tiempo?</p>

	<p>Sobre todas las cosas,<br />
anular horas que se han vuelto inútiles<br />
como lluvia que cae<br />
sobre el mar implacable,<br />
como mis propios pasos<br />
si no son penitencia.</p>

	<p><strong><span class="caps">AGRADECIMIENTO</span></strong></p>

	<p>Agradezco a mi patria sus errores,<br />
los cometidos, los que se ven venir,<br />
ciegos, activos a su blanco de luto.<br />
Agradezco el vendaval contrario,<br />
el semiolvido, la espinosa frontera de argucias,<br />
la falaz negación de gesto oculto.<br />
Sí, gracias, muchas gracias<br />
por haberme llevado a caminar<br />
para que la cicuta haga su efecto<br />
y ya no duela cuando muerde<br />
<em>el metafísico animal de la ausencia</em> <small><sup class="footnote"><a href="https://librodenotas.com/#fn1058075926497b215210a09">1</a></sup></small></p>

	<p><small><sup class="footnote"><a href="https://librodenotas.com/#fn1058075926497b215210a09">1</a></sup> Peter Sloterdijk</small></p>

	<p><br />
<br />

<strong>2. <span class="caps">BLANCA</span> <span class="caps">VARELA</span></strong></p>

	<p>Blanca Varela nació en Lima en 1926. Estudió letras en la Universidad de San Marcos, de Lima, donde conoció a otros creadores y artistas: Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Bendezú y aquel que sería su marido, el pintor Fernando de Szyszlo.</p>

	<p>A partir de 1949, vivió algunos años en París, donde entró en contacto con Octavio Paz y con los intelectuales franceses de entonces, Sartre y Simone de Beauvoir entre ellos. La traducción y el periodismo fueron su modo de ganarse la vida durante un período en Florencia y en Washington (de 1957 a 1960). De vuelta al Perú, fue secretaria del centro local del Pen Club y representó hasta 1997 a la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica.</p>

	<p>Me gusta esto que dice Octavio Paz de la poesía de Varela: “Blanca Varela es una poeta que no se complace con su canto. Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el amor, el tiempo y la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia&#8221;.</p>

	<p>Era todo lo yo que quería decir, sólo que ya está bellamente dicho. Agregaría que, si fuese un juego, yo diría (osaría decir) que el centro de la poesía de Varela está en la “patita de cangrejo” del poema “Monsieur Monod No Sabe Cantar”. Es en ese grano de sal existencialista (y de ahí el interés de las informaciones sobre sus amistades en París) que se puede comenzar a sentir el sabor de esta poesía.</p>

	<p>Por lo demás, concuerdo con esa parte de silencio que Paz atribuye a Varela. Podría atribuirla a toda la buena poesía. Las estéticas locuaces no son imposibles, existen, pero son de construcción difícil y de digestión muy lenta. Saber callar es tan importante cuanto saber decir. Varela sabe ambas cosas. Y ella jamás es autobiográfica ni hace confidencias, efectivamente, lo cual es una prueba de sabiduría poética.</p>

	<p>“Polvo seré mas polvo enamorado”, decía el soneto de Quevedo. Y Varela transformaría el verso clásico en: “porque ácido ribonucleico somos/ pero ácido ribonucleico enamorado siempre”. Por hablar de amor, conocí la poesía de Varela en una antología &mdash;años ha&mdash; y fue un deslumbramiento. Recuerdo que traía los tres poemas que incluí aquí: “Canto Villano”, “Curriculum Vitae” y “Monsieur Monod&#8230;”. Y me sentí transformado. Sepa el lector de antemano que no se lee a Varela impunemente.</p>

	<p><strong><span class="caps">CANTO</span> <span class="caps">VILLANO</span></strong></p>

	<p>y de pronto la vida<br />
en mi plato de pobre<br />
un magro trozo de celeste cerdo<br />
aquí en mi plato</p>

	<p>observarme<br />
observarte<br />
o matar una mosca sin malicia<br />
aniquilar la luz<br />
o hacerla</p>

	<p>hacerla<br />
como quien abre los ojos y elige<br />
un cielo rebosante<br />
en el plato vacío</p>

	<p>rubens cebollas lágrimas<br />
más rubens más cebollas<br />
más lágrimas</p>

	<p>tantas historias<br />
negros indigeribles milagros<br />
y la estrella de oriente</p>

	<p>emparedada<br />
y el hueso del amor<br />
tan roído y tan duro<br />
brillando en otro plato</p>

	<p>este hambre propio<br />
existe<br />
es la gana del alma<br />
que es el cuerpo</p>

	<p>es la rosa de grasa<br />
que envejece<br />
en su cielo de carne</p>

	<p>mea culpa ojo turbio<br />
mea culpa negro bocado<br />
mea culpa divina náusea</p>

	<p>no hay otro aquí<br />
en este plato vacío<br />
sino yo<br />
devorando mis ojos<br />
y los tuyos</p>

	<p><strong><span class="caps">CURRICULUM</span> <span class="caps">VITAE</span></strong></p>

	<p>digamos que ganaste la carrera<br />
y que el premio<br />
era otra carrera<br />
que no bebiste el vino de la victoria<br />
sino tu propia sal<br />
que jamás escuchaste vítores<br />
sino ladridos de perros<br />
y que tu sombra<br />
tu propia sombra<br />
fue tu única<br />
y desleal competidora.</p>

	<p><strong><span class="caps">MONSIEUR</span> <span class="caps">MONOD</span> NO <span class="caps">SABE</span> <span class="caps">CANTAR</span></strong></p>

	<p>querido mío<br />
te recuerdo como la mejor canción<br />
esa apoteosis de gallos y estrellas que ya no eres<br />
que ya no soy que ya no seremos<br />
y sin embargo muy bien sabemos ambos<br />
que hablo por la boca pintada del silencio<br />
con agonía de mosca<br />
al final del verano<br />
y por todas las puertas mal cerradas<br />
conjurando o llamando ese viento alevoso de la memoria<br />
ese disco rayado antes de usarse<br />
teñido según el humor del tiempo<br />
y sus viejas enfermedades<br />
o de rojo<br />
o de negro<br />
como un rey en desgracia frente al espejo<br />
el día de la víspera<br />
y mañana y pasado y siempre</p>

	<p>noche que te precipitas<br />
(así debe decir la canción)<br />
cargada de presagios<br />
perra insaciable (un peu fort)<br />
madre espléndida (plus doux)<br />
paridora y descalza siempre<br />
para no ser oída por el necio que en ti cree<br />
para mejor aplastar el corazón<br />
del desvelado<br />
que se atreve a oír el arrastrado paso<br />
de la vida<br />
a la muerte<br />
un cuesco de zancudo un torrente de plumas<br />
una tempestad en un vaso de vino<br />
un tango<br />
el orden altera el producto<br />
error del maquinista<br />
podrida técnica seguir viviendo tu historia<br />
al revés como en el cine<br />
un sueño grueso<br />
y misterioso que se adelgaza<br />
the end is the beginning<br />
una lucecita vacilante como la esperanza<br />
color clara de huevo<br />
con olor a pescado y mala leche<br />
oscura boca de lobo que te lleva<br />
de Cluny al Parque Salazar<br />
tapiz rodante tan veloz y tan negro<br />
que ya no sabes<br />
si eres o te haces el vivo<br />
o el muerto<br />
y sí una flor de hierro<br />
como un último bocado torcido y sucio y lento<br />
para mejor devorarte</p>

	<p>querido mío<br />
adoro todo lo que no es mío<br />
tú por ejemplo<br />
con tu piel de asno sobre el alma<br />
y esas alas de cera que te regalé<br />
y que jamás te atreviste a usar<br />
no sabes cómo me arrepiento de mis virtudes<br />
ya no sé qué hacer con mi colección de ganzúas<br />
y mentiras<br />
con mi indecencia de niño que debe terminar este cuento<br />
ahora ya es tarde<br />
porque el recuerdo como las canciones<br />
la peor la que quieras la única<br />
no resiste otra página en blanco<br />
y no tiene sentido que yo esté aquí<br />
destruyendo<br />
lo que no existe</p>

	<p>querido mío<br />
a pesar de eso<br />
todo sigue igual<br />
el cosquilleo filosófico después de la ducha<br />
el café frío el cigarrillo amargo el Cieno Verde<br />
en el Montecarlo<br />
sigue apta para todos la vida perdurable<br />
intacta la estupidez de las nubes<br />
intacta la obscenidad de los geranios<br />
intacta la vergüenza del ajo<br />
los gorrioncitos cagándose divinamente en pleno cielo<br />
de abril<br />
Mandrake criando conejos en algún círculo<br />
del infierno<br />
y siempre la patita de cangrejo atrapada<br />
en la trampa del ser<br />
o del no ser<br />
o de no quiero esto sino lo otro<br />
tú sabes<br />
esas cosas que nos suceden<br />
y que deben olvidarse para que existan<br />
verbigracia la mano con alas<br />
y sin mano<br />
la historia del canguro &mdash;aquella de la bolsa o la vida&mdash;<br />
o la del capitán encerrado en la botella<br />
para siempre vacía<br />
y el vientre vacío pero con alas<br />
y sin vientre<br />
tú sabes<br />
la pasión    la obsesión<br />
la poesía    la prosa<br />
el sexo       el éxito<br />
o viceversa<br />
el vacío congénito<br />
el huevecillo moteado<br />
entre millones y millones de huevecillos moteados<br />
tú y yo<br />
you and me<br />
toi et moi<br />
tea for two en la inmensidad del silencio<br />
en el mar intemporal<br />
en el horizonte de la historia<br />
porque ácido ribonucleico somos<br />
pero ácido ribonucleico enamorado siempre.</p>

	<p><br />
<br />

<strong>3. <span class="caps">CARLOS</span> GERMÁN <span class="caps">BELLI</span></strong></p>

	<p>Carlos Germán Belli nació en Lima (Perú), en 1927. Pertenece así a la misma generación de Blanca Varela, a pesar de ser ellos autores de obras muy diferentes. Belli fue durante muchos años un simple amanuense del Parlamento peruano, hecho que el propio poeta tematizaría en su escritura.</p>

	<p>Por cierto, un lector brasilero, que conoce la vida y la obra de Carlos Drummond de Andrade, no quedaría sorprendido con esos pequeños funcionarios públicos que son grandes poetas. Después, sí, Belli será profesor de literatura hispano-americana en la Universidad de San Marcos, de Lima, obtendrá dos veces la beca Guggenheim y distintos premios.</p>

	<p>Aún así, la biografía del hombre Belli nada dice del poeta Belli, o ella casi que desaparece frente al poeta, y este hecho debe querer expresar algo: ¿Que la poesía moderna excluye las vidas excepcionales, extraordinarias? Sí, ya sabemos eso. ¿Que la poesía <em>tout court</em>, de cualquier época, es a fin de cuentas una aventura interior, vicaria? También lo sabíamos.</p>

	<p>Yo mencionaría antes el hecho de que Belli haya escrito una obra que vino a ser icónica para los neo-barrocos a partir de los años 80. Porque nuestro poeta, principalmente en su primera etapa, desconcertó a la crítica de la década de los &#8217;50 con textos en los que la lengua era una cinta de Moebius, aquella que no tiene adentro ni afuera, una permanente exacerbación del significante, hecho “orgía perpetua”, lujo y fiesta verbal, y donde el significado se opaca, ya por el exceso de imágenes surrealistas, ya por el puro barroquismo.</p>

	<p>Naturalmente, ese camino acostumbra acabar en impasses creativos, de modo que la obra de Belli, después de esa primera etapa, tiende a una mayor transparencia. Aún así, debe leerse esta poesía sin ingenuidades. Aquí todos los registros de la lengua se superponen: el lenguaje burocrático o los neologismos técnicos y científicos, el habla popular y cultísima, los metros clásicos (en un uso “moderno”), la elegía por las promesas nunca pagadas por el “progreso”.</p>

	<p>Sobre la obra de Belli, el escritor Mario Vargas Llosa señaló: &#8220;Su poesía es difícil, melodramática, de un narcisismo negro, impregnada de extraño humor, cáustica y cultísima. Está hecha de inconcebibles aleaciones: la métrica del Siglo de Oro y la jerga callejera de Lima, la sinrazón y el lujo del surrealismo y la sordidez de la vida de la clase media de una sociedad del tercer mundo, la nostalgia y el sueño de un existencia pletórica que se hace trizas al estrellarse diariamente con el desmentido de la experiencia y que, tercamente, se rehace por obra del deseo y de la imaginación para despedazarse otra vez, al primer choque con el fatídico principio de realidad&#8221;.</p>

	<p>Un detalle final. Un principio reiterado en poética (discutible, como todos los consejos de la poética) dice que el uso de metros fijos lleva a la expresión de ideas recibidas, son una forma usada por siglos para un material ya dicho durante siglos. Si alguien quiere subvertir ese tal <em>principio</em>, no dude, use la obra de Carlos Germán Belli. Le garantizo resultados.</p>

	<p><strong><span class="caps">NUESTRO</span> <span class="caps">AMOR</span></strong></p>

	<p>Nuestro amor no está en nuestros respectivos<br />
y castos genitales, nuestro amor<br />
tampoco en nuestra boca ni en las manos:<br />
todo nuestro amor guárdase con pálpito<br />
bajo la sangre pura de los ojos.<br />
Mi amor, tu amor esperan que la muerte<br />
Se robe los huesos, el diente y la uña,<br />
esperan que en el valle solamente<br />
tus ojos y mis ojos queden juntos,<br />
mirándose ya fuera de sus órbitas, <br />
más bien como dos astros, como uno.</p>

	<p><strong>OH <span class="caps">HADA</span> CIBERNÉTICA</strong></p>

	<p>Oh Hada Cibernética<br />
Cuándo harás que los huesos de mis manos<br />
se muevan alegremente<br />
para escribir al fin lo que yo desee<br />
a la hora que me venga en gana<br />
y los encajes de mis órganos secretos<br />
tengan facciones sosegadas<br />
en las últimas horas del día<br />
mientras la sangre circule como un bálsamo a lo largo de mi cuerpo.</p>

	<p><strong>SEGREGACIÓN Nº 1</strong></p>

	<p>(a modo de un pintor primitivo culto)<br />
Yo, mamá, mis dos hermanos<br />
y muchos peruanitos<br />
abrimos un hueco hondo, hondo,<br />
donde nos guarecemos,<br />
porque arriba todo tiene dueño,<br />
todo está cerrado con llave,<br />
sellado firmemente,<br />
porque arriba todo tiene reserva:<br />
la sombra del árbol, las flores,<br />
los frutos, el techo, las ruedas,<br />
el agua, los lápices,<br />
y optamos por hundirnos<br />
en el fondo de la tierra,<br />
más abajo que nunca,<br />
lejos, muy lejos de los dueños,<br />
entre las patas de os animalitos,<br />
porque arriba<br />
hay algunos que manejan todo,<br />
que escriben, que cantan, que bailan,<br />
que hablan hermosamente<br />
y nosotros rojos de vergüenza<br />
tan sólo deseamos desaparecer<br />
en pedacitos.</p>

	<p><br />
<br />

<strong>4. <span class="caps">EDUARDO</span> <span class="caps">LIZALDE</span></strong></p>

	<p>Eduardo Lizalde nació en Ciudad de México, en 1929. Ha sido director de la Biblioteca de México José Vasconcelos (esa especie monumental de Biblioteca Nacional) desde 1994, y continúa en esa función. Para conseguir que el lector vaya penetrando en la poesía de Lizalde, yo diría que, para el caso de este autor, dirigir una biblioteca no puede ser una mera casualidad.</p>

	<p>Lizalde es un poeta culto, dialoga con otros escritores y artistas (principalmente en &#8220;Caza Mayor&#8221;, de 1979, pero no sólo) y con los filósofos, sobre todo aquellos que eran obligatorios en la formación de un marxista (como él fue): Hegel, Marx, y los otros, incluyendo los que ya no entran en la visión marxista: “Kant, Hume, Spinoza, Schelling y los románticos alemanes, así como diversos pensadores (&#8230;) como Heidegger y Wittgenstein” (esa recopilación de menciones filosóficas en la poesía de Lizalde es de Evodio Escalante, en “Poesía y Filosofía en Eduardo Lizalde”, &#8220;La Otra&#8221;, revista de poesía, No. 1, México, octubre-diciembre 2008). </p>

	<p>A pesar de ese diálogo con filósofos y poetas, se dice a veces que la poesía de Lizalde es brillantemente superficial (¿será que dicen así, o dicen que es brillante porque es superficial?). Curioso. ¿Sería “superficial” ese tigre obsesivo que atraviesa toda su obra? ¿Superficial el tigre “que desgarra por dentro al que lo mira”? ¿Superficial un verso que diga: “Algo sangra, el tigre está cerca”?</p>

	<p>Es curioso, sí, ese adjetivo, “superficial”, unido al “brillo”, y eso en un poeta tan pesimista como Lizalde. Porque seamos claros: para él no hay salvación, y el desastre nos acecha siempre, como el tigre de sus libros. De Hegel, Lizalde parece haber tomado el negativismo, o tal vez lo aprendió en su pasaje por el mundo, donde el bien es la excepción.</p>

	<p>Es curioso también que la obra de Lizalde haya demorado en imponerse en el canon latinoamericano. En la práctica, sólo comenzó a ser apreciada cuando él introdujo el tema del tigre, desde &#8220;El Tigre en la Casa&#8221;, de 1970 (y el poeta garantiza en las entrevistas que ese tigre suyo no vino de Blake ni de Borges, sino vía “Salgari, Kipling, Sorayan”). Reconozco que yo también demoré en conocerlo. Entré en su obra a través de una antología bilingüe, español-francés, que Marco Antonio Campos prologó y que salió publicada en Québec en 1998 (&#8220;La Caza del Tigre/ La Chasse au Tigre&#8221;).</p>

	<p>¿Qué fue lo que primeramente, así de entrada, me deslumbró en ella? Creo que esa primera cosa fue la inteligencia. Yo no sabía que la inteligencia por sí sola podía ser suficiente para crear el cuerpo de un poema. Después no dejé de descubrir caminos nuevos en esa obra, y ya no salí más. Deseo al lector una buena entrada.</p>

	<p><strong><span class="caps">DOS</span> VIÑETAS DE UN CÁNDIDO</strong></p>

	<p>1. Bajo el cielo tenebroso<br />
el rehilete se abre en el jardín.<br />
La fiesta del gorrión que danza, canta<br />
&mdash;se vuelve flor su trino,<br />
fruto su aleteo&mdash;,<br />
se baña bajo el líquido haz de chispas.<br />
Pura felicidad en el pequeño prado,<br />
el agua limpia &mdash;hubiera dicho el santo&mdash;,<br />
es la sonrisa de Dios.</p>

	<p>2. Buenos días, mundo.<br />
Me alegra verte afuera al despertar.<br />
Celebro que no hayas<br />
&mdash;la ocasión la pintan calva&mdash;<br />
aprovechado el manto de la noche maldita<br />
para irte por siempre al inframundo.<br />
También me reconforta<br />
que aún te habiten pájaros cantores,<br />
meistersinger del bosque en el jardín;<br />
que el sol severo nos escalde aún<br />
y nos torture el rudo ozono<br />
&mdash;como todos los días&mdash;.</p>

	<p>Soñé que te habías ido,<br />
conmigo hacia el infierno<br />
y que se habían quedado aquí<br />
sin mundo todas las demás criaturas:<br />
piedras, grajos, insectos o personas.<br />
Te veo tan grande y bello,<br />
que me río de los siniestros solipsistas<br />
de antaño.<br />
No has de esfumarte cuando yo me extinga.<br />
Canto tu salud de hierro,<br />
tu verde corazón y tu estructura<br />
de granito.<br />
Buenos días, querido, hermoso mundo.</p>

	<p><strong>EL <span class="caps">SEXO</span> EN <span class="caps">SIETE</span> <span class="caps">LECCIONES</span></strong></p>

	<p>1. Gozo y tortura<br />
que el Tártaro y el Cielo<br />
&mdash;uña de carne&mdash; desempeñan.</p>

	<p>Al sexo y su desorden milagroso,<br />
a su perfecto matrimonio;<br />
de beso y abrelatas, sucumbimos.</p>

	<p>A la gloria del sexo,<br />
a su desenfrenado latrocinio,<br />
su avaricia impecable,<br />
alto, cedemos.</p>

	<p>2. Y por estar a flote,<br />
por ser la superficie de la espuma en la piel,<br />
por ser lo más visible y general,<br />
por ser el más común lugar del paraíso visitado,<br />
el sexo, lo evidente,<br />
lo que a todos iguala,<br />
lo esencial &mdash;sabia era Eva,<br />
ingenuo Segismundo&mdash;,<br />
por ser el sexo algo tan real,<br />
lo único real acaso,<br />
sólo se existe y vive a su merced.</p>

	<p>No es reducible el sexo a números ni a ciencia,<br />
no es cosa comprensible,<br />
no es natural ni humano<br />
y la divinidad lo desconoce.</p>

	<p>Lo real no está sujeto a inquisición.</p>

	<p>3. El tiempo escaso por costumbre<br />
y, por la costumbre, frágil,<br />
no basta para el amor<br />
y es demasiado para el sexo.</p>

	<p>Pero si en sexo se midiera el tiempo<br />
si el sexo &mdash;el gozo, mejor dicho&mdash; fuera<br />
una unidad de tiempo,<br />
sería la más pequeña<br />
que el reloj pudiera imaginar,<br />
la apenas registrable,<br />
el átomo del tiempo.</p>

	<p>4. Ni el denodado goce de los cuerpos,<br />
ni el carnívoro roce de las bocas,<br />
ni las fieras sensuales de los dedos,<br />
ni las mejillas ardorosas,<br />
ni el sudor refrescante de los pechos<br />
&mdash;su rima encantadora&mdash;,<br />
ni el tacto delicioso de los muslos,<br />
ni la plata del pubis,<br />
ni las caudas azules y viriles,<br />
son suficientes para el sexo.</p>

	<p>La plena saciedad misma, no basta.<br />
Lacios los cuerpos tras el goce, exhaustos,<br />
bebidos uno a otro hasta las plantas,<br />
sueñan, despiertos, con el sexo.<br />
Sólo han probado, sólo empiezan a hervir.<br />
La saciedad más absoluta<br />
es siempre, apenas, el principio.</p>

	<p>5. El cuerpo es siempre virgen para el sexo.<br />
El cuerpo siempre, Paul, recomenzando.<br />
Y el cuerpo eterno, el fiero eterno cuerpo<br />
muere antes que el sexo.</p>

	<p>6. Y nada de que el sexo<br />
sólo con amor es sexo.<br />
El sexo es siempre amor,<br />
nunca el amor es sexo.<br />
El amor no es amor,<br />
el sexo es el amor.<br />
No hay sexo sin amor<br />
pero hay amor sin sexo, y no lo es.<br />
Todo amor sin sexo es corruptible.<br />
Sólo una advertencia:<br />
es ya desgracia conocida<br />
que el sexo y el amor no sean posibles<br />
sino con personas,<br />
con almas y con cuerpos de cuatro dimensiones,<br />
con seres existentes,<br />
y nunca con fantasmas o sombras pasajeras,<br />
mucho menos con plantas o gallinas.</p>

	<p>7 (y última). El sexo es una cosa<br />
que se embellece cuando se la mira.<br />
Y la prostitución es su magnífico revés,<br />
su negación perfecta,<br />
su ausencia depresiva.<br />
El sexo es este Dios moldeado<br />
por su más portentosa y vil creatura.</p>

	<p><strong>BELLÍSIMA</strong></p>

	<p>_Y si uno de esos ángeles<br />
me estrechara de pronto sobre su corazón,<br />
yo sucumbiría ahogado por su existencia<br />
más poderosa.<br />
(Rilke, de nuevo)_</p>

	<p>Óigame usted, bellísima,<br />
no soporto su amor.<br />
Míreme, observe de qué modo<br />
su amor daña y destruye.<br />
Si fuera usted un poco menos bella,<br />
si tuviera un defecto en algún sitio,<br />
un dedo mutilado y evidente,<br />
alguna cosa ríspida en la voz,<br />
una pequeña cicatriz junto a esos labios<br />
de fruta en movimiento,<br />
una peca en el alma,<br />
una mala pincelada imperceptible<br />
en la sonrisa…<br />
yo podría tolerarla.</p>

	<p>Pero su cruel belleza es implacable,<br />
bellísima;<br />
no hay una fronda de reposo<br />
para su hiriente luz<br />
de estrella en permanente fuga<br />
y desespera comprender<br />
que aun la mutilación la haría más bella,<br />
como a ciertas estatuas.</p>

	<p><br />
<br />

<strong>5. <span class="caps">JUAN</span> <span class="caps">GELMAN</span></strong></p>

	<p>Juan Gelman nació en Buenos Aires, en 1930. De su biografía, yo sólo aconsejaría al lector no olvidar nunca que Gelman se exilió en México, perseguido por la dictadura argentina, y que, como sabidamente el exilio tiene comienzo pero no tiene fin, él decidió quedarse para siempre en México. No retornar a Buenos Aires ya es un acto político, y la política es un dato inevitable de la vida (de todas las vidas) y de la poesía de Gelman.</p>

	<p>Cuando Argentina volvió a la vida democrática, comenzó para Gelman otra batalla, a saber, descubrir el paradero de los cuerpos de su hijo y de su nuera asesinados, y, principalmente, el destino de su nieta, que había sido entregada a la familia de un militar uruguayo y vivía en Montevideo sin conocer su verdadera identidad. Él mismo fue hijo de inmigrantes rusos en Buenos Aires, con una biografía partida entre su país natal y México. Pasó años en búsqueda de su nieta uruguaya.</p>

	<p>Todo esto debe tener algo qué ver con esa obra poética que es, ella también, una búsqueda, que procura lenguas nuevas (acordarse de los poemas en lengua sefardí), que encuentra en los heterónimos un modo de expresión para hablar del mundo. (Acaba de salir en México el libro “Los Otros”, Alforja, 2008, reunión de heterónimos del poeta: Yehuda Halevi, Eliezer Bem Jonon, Ezequiel, Isaac Luria, Abu Nuwas, Salomón Ibn Gabirol, Joseph Tsarfati, Giuseppe Gallo, Sammuel Hanagid, José Galván, Sydney West, entre otros).</p>

	<p>Yo diría que el poeta de &#8220;Gotán&#8221; (1962), de los 29 poemas en sefardí (con su correspondiente versión española de &#8220;Dibaxu&#8221;, de los sonetos “implotados” de &#8220;Incompletamente&#8221;) recupera otros poetas, tan variados como Catulo o ciertos trovadores, o los místicos españoles, buscando siempre la diversidad poética, y que obstinadamente las circunstancias trágicas de su país (del continente), su militancia política, primero en el Partido Comunista (1945-1964), después en los Montoneros (hasta 1979), el exilio (a partir de 1975, voluntario desde 1988, en México), la desaparición de su hijo Marcelo (asesinado en el campo de concentración de Automotores Orletti, en 1976) y de su nuera María Claudia Iruretagoyena, la búsqueda de esa nieta secuestrada, Macarena, ya en Uruguay, todo eso contribuyó para que, demasiadas veces, se tomase su obra como “meramente” comprometida o de testimonio.</p>

	<p>Se trata de atributos que en principio nada tienen de peyorativo, mas que resultan precarios en la poesía de Gelman, una obra siempre interrogada por su propia condición poética, por su “ser poesía”, por la palabra y su salto de la “realidad” hasta el arte.</p>

	<p>Ese movimiento entre la obra artística y las circunstancias sociales y biográficas, que también resultan colectivas, entre la urgencia de un continente violentado a partir de la propia colonización y la poesía que se crea, es un seña recurrente de la escritura latinoamericana, una “marca” dinámica de la cual Gelman conoce los márgenes sutiles: “Cuando un poeta se posa sobre el mundo lo desplaza./ Cuando el pájaro muere, ¿qué pasa?/ A lo mejor le falló el corazón por instalar su levedad en el suelo./ O tenía la memoria cargada con cada vuelo que voló” (“Joseph Brodsky”, de &#8220;Valer la Pena&#8221;).</p>

	<p>No es ciertamente una experiencia única o meramente personal. Gelman publica su primer libro, &#8220;Violín y Otras Cuestiones&#8221;, con prólogo de Raúl González Tuñón, en 1956, cuando el poeta integraba el grupo El Pan Duro, al cual se sumaría, por ejemplo, una poeta como Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937), también futura exiliada y cuya obra se inscribe en un proyecto estético semejante, que incluye la reconstrucción del mundo por la palabra.</p>

	<p>Es ciertamente esa dinámica perpetua de mundo y palabra, memoria y poesía, lo que explica el tamaño, y la enormidad de la obra de Gelman, la locuacidad &mdash;en un poeta de lenguaje preciso, que no teme el minimalismo&mdash; que lo torna uno de los poetas latinoamericanos que más ha publicado.</p>

	<p>Es como si Gelman, mucho más allá del fracaso o no de una militancia o de un proyecto de transformar el mundo, tuviese que cubrirlo de palabras. O como si el silencio, que es en principio la insustituible parte en blanco donde la poesía se explica y gana un significado nuevo, resultase intolerable en esta obra que se vuelve de manera vocacional para el infinito. Gelman no duda a la hora de distorsionar la lengua, de cambiar los géneros (“la mundo”), como también podría hacer un inmigrante de Europa oriental en Buenos Aires. También es un medio para aproximarse a la ternura, ciertamente.</p>

	<p><strong><span class="caps">ARTE</span> POÉTICA</strong></p>

	<p>Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,<br />
como un amo implacable<br />
me obliga a trabajar de día, de noche,<br />
con dolor, con amor,<br />
bajo la lluvia, en la catástrofe,<br />
cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,<br />
cuando la enfermedad hunde las manos.</p>

	<p>A este oficio me obligan los dolores ajenos,<br />
las lágrimas, los pañuelos saludadores,<br />
las promesas en medio del otoño o del fuego,<br />
los besos del encuentro, los besos del adiós,<br />
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.</p>

	<p>Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,<br />
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.</p>

	<p>(&#8220;Velorio del Solo&#8217;&#8216;) </p>

	<p><strong>ORACIÓN DE UN <span class="caps">DESOCUPADO</span></strong></p>

	<p>Padre,<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;desde los cielos bájate, he olvidado<br />
las oraciones que me enseñó la abuela,<br />
pobrecita, ella reposa ahora,<br />
no tiene que lavar, limpiar, no tiene<br />
que preocuparse andando el día por la ropa,<br />
no tiene que velar la noche, pena y pena,<br />
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.<br />
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,<br />
que me muero de hambre en esta esquina,<br />
que no sé de qué sirve haber nacido,<br />
que me miro las manos rechazadas,<br />
que no hay trabajo, no hay,<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;bájate un poco, contempla<br />
esto que soy, este zapato roto,<br />
esta angustia, este estómago vacío,<br />
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre<br />
cavándome la carne,<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;este dormir así,<br />
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido<br />
te digo que no entiendo, Padre, bájate,<br />
tócame el alma, mírame<br />
el corazón,<br />
yo no robé, no asesiné, fui niño<br />
y en cambio me golpean y golpean,<br />
te digo que no entiendo, Padre, bájate,<br />
si estás, que busco<br />
resignación en mí y no tengo y voy<br />
a agarrarme la rabia y a afilarla<br />
para pegar y voy<br />
a gritar a sangre en cuello<br />
por que no puedo más, tengo riñones<br />
y soy un hombre,<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;bájate, qué han hecho<br />
de tu criatura, Padre?<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;un animal furioso<br />
que mastica la piedra de la calle? </p>

	<p><strong><span class="caps">XXIX</span></strong><br />
(de &#8220;Dibaxu&#8221;, 1994; en sefardí e castellano en el libro)</p>

	<p>no stan muridus lus páxarus<br />
di nuestrus bezus/<br />
stan muridus lus bezus/<br />
lus páxarus volan nil verdi sulvidar/</p>

	<p>no están muertos los pájaros<br />
de nuestros besos/<br />
están muertos los besos/<br />
los pájaros vuelan en el verde olvidar/</p>

	<p><br />
<br />

<strong>6. JOSÉ <span class="caps">EMILIO</span> <span class="caps">PACHECO</span></strong></p>

	<p>José Emilio Pacheco nació en Ciudad de México, en 1939. Pienso que la mejor definición que se puede dar de él, considerando su actividad, es llamarlo un auténtico “hombre de letras”. Porque, efectivamente, Pacheco puede ser narrador, ensayista agudo, conferencista, profesor de letras, en fin, ha ejercido en todos los sectores de este arte &mdash;que consiste en hacer de la literatura una representación&mdash; y como poeta que, antes de todo, él lo es, haciendo una representación regida por un programa estético.</p>

	<p>Desde su primer libro de poesía, &#8220;Los Elementos de la Noche&#8221; (1963), Pacheco ha creado una obra vasta y variada. Tanto que, si es verdad que los poetas locuaces crean varias poéticas, y no una, se puede decir que nuestro poeta contiene en él varios poetas. Tengo delante de mí el No. 38 (del otoño 2006) de &#8220;Alforja &#8211; Revista de Poesía&#8221; (la bella publicación mexicana que cambió su nombre a partir de octubre de 2008, pasando a llamarse &#8220;La Otra&#8221;).</p>

	<p>Este No. 38 está dedicado a Pacheco, lleno de artículos sobre el poeta. Trae varios poemas inéditos (eran inéditos en 2006, y yo quise transcribir tres de ellos aquí). Lo primero que uno ve es la foto del autor, en la tapa, con su gato, muy elegante (elegantes ambos, poeta y gato). Uno de esos artículos, firmado por Ali Calderón, hace una recopilación de los tópicos de Pacheco y descubre los siguientes: poemas históricos, de la fugacidad, poemas metapoéticos, poemas epistolares, epigramas, de reflexión estética y poemas nostálgicos. Es posible que el crítico haya mezclado criterios diferentes para descubrir tópicos temáticos, pero el listado nos da una idea de esta poética generosa.</p>

	<p>Si los temas son variadísimos, predomina siempre un tono elegíaco por la catástrofe humana, tanto la individual &mdash;la condenación a muerte&mdash; como la colectiva, y frecuentemente Pacheco vuelve al tema ecológico, por ejemplo, considerando la Ciudad de México como espacio de un apocalipsis, o la sucesión de desastres históricos que componen la historia humana.</p>

	<p>El principio que rige toda su obra es un principio ético. En versos libres o en formas clásicas (predominantemente endecasílabos o heptasílabos), la primera persona de la poesía de Pacheco es Pacheco. Otro crítico lo dice mejor: “En suma, el sujeto lírico de la poesía de José Emilio Pacheco es un varón honesto y bueno con capacidad crítica. Es muy pudoroso”. Nada más preciso. Y nada más precisó nuestro autor para crear esta obra poética original, irónica, angustiada y humanista.</p>

	<p><strong><span class="caps">EVENING</span> <span class="caps">NEWS</span></strong></p>

	<p>Si para otros es un misterio insondable<br />
la existencia de ser y estar como dos verbos distintos,<br />
yo, en la ex Ciudad de México, hoy D. F.,<br />
me estrello ante palabras imposibles:<br />
evening, soir o sera, por ejemplo.<br />
En el verano en llamas del Trastévere<br />
me pareció asombroso ver el Sol<br />
sobre Roma a las nueve de la noche.<br />
Otro tanto, a las seis,<br />
cuando cae sobre México su gran hora violeta,<br />
París estaba lleno de mediodía<br />
(y entonces me sentí más extranjero).<br />
Al llegar el invierno me abrumó<br />
Londres flotando bajo las tinieblas<br />
&mdash;y en mi reloj verbal eran apenas<br />
las cuatro de la tarde.<br />
Aquí, desolación sin estaciones,<br />
el Sur pobre de América del Norte,<br />
jamás hay evening, no existe soir,<br />
no conocemos la sera.<br />
Dura pocos segundos la transición<br />
que convierte la tarde en noche oscura.</p>

	<p><strong><span class="caps">TIERRA</span> INCÓGNITA</strong></p>

	<p>Dice dadá, se hace pipí, suelta pupú,<br />
teme al guaguá y odia al miau<br />
y sin cesar hay que cambiarle pañales.<br />
Tomo el babero,<br />
le limpio una vez más su boquita.<br />
Espejos de qué enigma sus pobres ojos.<br />
Cuánto dolor del mundo en el inocente<br />
que por fortuna no se da cuenta de nada<br />
&mdash;o eso creemos, al vernos<br />
igual que él, de repente, un día.<br />
Nadie está a salvo.<br />
Y nuestro niño en su camino a la inversa<br />
nació en la tumba para llegar a la cuna,<br />
volvió a la semilla,<br />
perdió sin pausa su inteligencia implacable<br />
y su ferocidad para burlarse de todo y todos.<br />
Nuestro bebé ultrasenecto<br />
remontó el río feroz de la vida a contracorriente.<br />
Su victoria es ser de nuevo un recién nacido.<br />
Pero esta vez ha llegado al mundo<br />
en una tierra incógnita que llamamos Alzheimer.</p>

	<p><strong>LA <span class="caps">ARCADIA</span></strong></p>

	<p>Los poetas neoclásicos,<br />
tan ilegibles hoy como nosotros<br />
lo seremos mañana,<br />
llamaron a su círculo La Arcadia,<br />
se dieron nombres de pastores<br />
&mdash;Varilio, Tulio, Calcas, Licio&mdash;,<br />
ocultaron el nombre de sus amadas<br />
bajo el velo de Cloris, Filis, Delia;<br />
escribieron<br />
églogas rococó en almíbar rancio<br />
y no en seda y mármol como los verdaderos antiguos;<br />
quisieron darle al deseo sexual<br />
una ilusión falaz de clasicismo,<br />
porque lo que anhelaban en verdad<br />
era fornicar libres al aire libre<br />
con ninfas y con dríadas<br />
como en la Edad de Oro.</p>

	<p><br />
<br />

<strong>7. <span class="caps">JOTAMARIO</span> ARBELÁEZ</strong></p>

	<p>Jotamario Arbeláez (Cali, Colombia, 1940) es un bello poeta irónico y mordaz. Fue co-fundador del Nadaísmo &mdash;junto con Gonzalo Arango (1931-1976)&mdash;, una de esas vanguardias que trajeron un aire limpio y nuevo en la lírica hispano-americana de la segunda mitad del siglo XX. En las muchas entradas de internet que aparecen consultando por el nombre del poeta (o también del Nadaísmo), repare el lector en que el primer libro de Arbeláez es de 1966, &#8220;El Profeta en Su Casa&#8221;. </p>

	<p>Será justo imaginar que, en aquellos años 60, los nadaístas bebieron en las aguas del movimiento hippie, de la generación beat, de los surrealistas siempre presentes. Y no es que ellos no quisiesen “Nada”. Sin duda, llegaron dispuestos a no dejar a los “ídolos con cabezas”, y la negación fue uno de los principios a partir del cual crearon una estética contestataria. Pero renovaron las letras del continente, y no constituyeron en absoluto una escuela aislada.</p>

	<p>Los años 60 son la época de aquellas revistas literarias de nombres graciosos, hoy míticas, y que crearon un espacio abierto a todos los experimentalismos: &#8220;El Corno Emplumado&#8221;, en México, &#8220;Los Huevos del Plata&#8221;, en Montevideo, &#8220;El Techo de la Ballena&#8221;, en Caracas&#8230; El poema definitivamente icónico de Arbeláez es “Los Inadaptados No Te Olvidamos, Marilyn”, “una verdadera opera-prima de las letras hispano-americanas”, decía Sergio Mondragón, el antiguo director de &#8220;El Corno Emplumado&#8221;, junto con Margaret Randall.</p>

	<p>Y agrega: “Obra de escasa media centena de versos y versículos apasionados en los cuales se mezclan el amor, el dolor, la indignación y la denuncia, que se encuentran emparentados por eso mismo con el poema emblemático de la nueva lírica hispano-americana que fue &#8216;El Cántaro Roto&#8217;, de Octavio Paz, y con &#8216;Kaddish&#8217;, canto fúnebre de Allen Ginsberg por su madre, un poema que por filiación iconográfica y simbólica puede inscribirse en la actualidad atemporal del pop-art” (en “Paños Menores, O la Ropa Limpia se Asolea en los Tendederos a la Vista de Todos”, prefacio de &#8220;Paños Menores&#8221;, de Jotamario Arbeláez, Alforja, México, 2006). </p>

	<p><strong>NADAÍSTA <span class="caps">PARA</span> <span class="caps">SIEMPRE</span></strong></p>

	<p>Ahora que mi padre se fue de parranda a la otra cara del<br />
aire, y que mi madre y mis hermanas viven de su retrato y<br />
orgullosas esperan que yo también vaya tomando el tono sepia<br />
de los viejos daguerrotipos,<br />
ahora que tengo bolsillos de sobra para manducar por todos los<br />
hambrientos del mundo y no proveniente de herencias ni de<br />
contrabando de coca mas he perdido el apetito,<br />
ahora que nada me falta sino la desesperación tan querida y<br />
aquella soledad que poblaba mis páginas de criaturas de carne y humo,<br />
ahora que calzo y visto de las vitrinas que me tientan, que bailo y<br />
bebo de las manos y de los pies de las danzarinas incorpórea <br />
incorporadas a mi vida en calidad de serpentinas,<br />
serpentinas de paraíso que no de fiesta ni aquelarre,<br />
ahora que han descendido las gradas de palacios y vaticanos todos<br />
los césares y todos los píos, que han entrado en liquidación <br />
intocables y tradiciones y<br />
que lo único que resta de venerable es el pobre santo de<br />
plomo que hundido en la verdura hasta las narices pone <br />
los huevos de la revolución apoyado en la cruz de su metralleta<br />
bajo tranquilo del avión sin soltarme del pasamanos,<br />
me aventuro por las calles rabiosas de multitud y me hago<br />
perseguir por las miradas ojiverdes de la ley del más fuerte,<br />
hago gimnasia en las esquinas, esquivo los embates del toro,<br />
me hago el loco a término fijo.</p>

	<p><strong><span class="caps">POEMA</span> DE <span class="caps">INVIERNO</span></strong></p>

	<p>Llovió toda mi infancia.<br />
Las mujeres altas de la familia<br />
aleteaban entre los alambres<br />
descolgando la ropa. Y achicando<br />
hacia el patio<br />
el agua que oleaba a los cuartos.<br />
Aparábamos las goteras del techo<br />
colocando platones y bacinillas<br />
que vaciábamos al sifón cuando desbordaban.<br />
Andábamos descalzos remangados los pantalones,<br />
los zapatos de todos amparados en la repisa.<br />
Madre volaba con un plástico hacia la sala<br />
para cubrir la enciclopedia.<br />
Atravesaba los tejados la luz de los rayos.<br />
A la sombra del palo de agua<br />
colocaba mi abuela un cabo de vela<br />
y sus rezos no dejaban que se apagara.<br />
Se iba la luz toda la noche.<br />
Tuve la dicha de un impermeable de hule<br />
que me cosió mi padre<br />
para poder ir a la escuela<br />
sin mojar los cuadernos.<br />
Acababa zapatos<br />
con sólo ponérmelos.<br />
Un día salió el sol.<br />
Ya mi padre había muerto</p>

	<p><strong><span class="caps">LOS</span> <span class="caps">INADAPTADOS</span> NO TE <span class="caps">OLVIDAMOS</span>, <span class="caps">MARILYN</span></strong></p>

	<p>Ahora que los gusanos han echado sobre tu cuerpo la primera palada del olvido</p>

	<p>ahora que vives debajo de Los Ángeles sin necesidad de psiquiatras</p>

	<p>ahora que el hueso altivo de tus caderas es puro polvo en una caja y puro polvo son tus algas diseminadas por el suelo de raso de tu tumba</p>

	<p>ahora que la totalidad de tu cuerpo cabe en la más pequeña de tus polveras</p>

	<p>ahora que las uñas de tus pies yacen a tus pies disgregadas como planetas muertos y los tacones de platino de tus zapatillas de gala se doblan entre canastas champaña bajo el eso terrible de la ausencia de tu talón de Aquiles</p>

	<p>ahora que en tu ropero las polillas han hecho lo propio con tus trajes olorosos a fiesta en Beverly Hills a Chanel número 5 a los cinco dedos de una mano</p>

	<p>ahora que el millonario excéntrico que alquiló la mansión que habitabas en Brentwood <br />
ha dejado de buscar tus axilas en los rincones de la sala y organizar con sus invitados un<br />
safari de rinocerontes en el Perú</p>

	<p>ahora que el psiquiatra que te atendía se ha declarado en quiebra y para pagar sus impuestos está escribiendo tus &#8220;memorias&#8221; y además porque a sus tres esposas les hace falta los doce mil dólares mensuales que le pagabas de honorarios</p>

	<p>ahora que las pastillas soporíferas que tomaste se agotan rápidamente en las farmacias como canciones de cuna definitivas</p>

	<p>ahora que hasta en las cintas viejas de celuloide se están cerrando tus ojos cansados de soportar tanta pestaña tanta vigilia tanta viga</p>

	<p>ahora que ya nadie sabe quién era Norma Jane Baker porque las Baker, Norma Jean abundan en los directorios telefónicos</p>

	<p>ahora que los 188.000 millones de psicópatas ya no te ven en sus sueños en inglés con leyendas en castellano como una bruja de salem volando sobre un bate de béisbol</p>

	<p>ahora que la obra dramática de tu ex-marido sobre tu vida ha quedado en tablas ante los críticos de Broadway</p>

	<p>y ha dejado de alumbrarte para siempre el sol de los fotógrafos</p>

	<p>oh gata llena de misterio sobre el mercedes benz del olvido</p>

	<p>en este pequeño país latinoamericano que se llama Colombia</p>

	<p>vivimos varios poetas inadaptados que no queremos olvidarte</p>

	<p>(Tú Marilyn fuiste más importante para nosotros que la doctrina Monroe)</p>

	<p>y que nos acordamos de ti cuando sale la luna sobre los &#8220;jaguares&#8221; </p>

	<p>cuando bajamos deslizándonos por las pasarelas del jet</p>

	<p>cuando leemos en la prensa que Dalí ha hecho de tus senos una escultura de gavetas</p>

	<p>cuando pasa por nuestro lado veloz como una sirena una ambulancia blanca de dos pisos</p>

	<p>y nuestras mujeres gritan en lo más alto de los ascensores.</p>

	<p>A veces como ahora te elevamos una oración por qué no te elevamos en una oración</p>

	<p>en un réquiem en un antirréquiem en un responso</p>

	<p>qué sabemos nosotros de estos nombres</p>

	<p>sólo que cada hombre ora a lo que más ama</p>

	<p>sobre todo si lo que más ama está muerto</p>

	<p>y es entonces cuando queremos acostarnos bocabajo en el cementerio de Westwood</p>

	<p>para sentir el cosquilleo en nuestros poros púbicos de las lanzas de hierba que crecen desde tus ingles norteamericanas</p>

	<p>ahora que estás muerta y reposas enquistada sin muchas esperanzas en la resurrección de los cuerpos</p>

	<p>en ese pequeño lugar que es como el ombliguito de América</p>

	<p>luego de haber vivido entre reflectores y niebla</p>

	<p>entre almacenistas y magnates</p>

	<p>entre dramaturgos y policías</p>

	<p>entre los espejos y el espejismo</p>

	<p>del amor.</p>

	<p><br />
<br />

<strong>8. <span class="caps">JUAN</span> <span class="caps">MANUEL</span> <span class="caps">ROCA</span></strong></p>

	<p>Juan Manuel Roca nació en Medellín, Colombia, en 1946. Hijo de un periodista y poeta, y principalmente sobrino de un poeta importante, Luis Vidales, Roca creció en diálogo con la poesía. Agréguese que su familia tuvo algo de nómada, lo que hizo que él pasase la infancia en París y la adolescencia en México. Son experiencias que dan al poeta ese sentimiento de inestabilidad frente al mundo, pero también de curiosidad, la instigación que lleva a la necesidad de aprender y comprender.</p>

	<p>Roca, por otro lado, se ha desempeñado como periodista cultural (director del “Magazín Dominical”, del jornal &#8220;El Espectador&#8221; de su país). Todas estas informaciones no son menores a la hora de penetrar en su poesía. El lector se deparará con un poeta que desde su primer libro, &#8220;Memoria del Agua&#8221;, de 1973, exhibe una captación surrealista, un conocimiento afinado del lado irracional que transforma la poesía en una forma de conocimiento:</p>

	<p><strong>LA <span class="caps">POESIA</span></strong></p>

	<p>Algo así como entrar<br />
En la zona de peligro<br />
Con una vieja Colt inservible,<br />
Algo así como abrir un paraguas<br />
Para protegerse<br />
En medio de espesos abaleos,<br />
La poesía,<br />
Riesgosa y vagamunda,<br />
Territorio libre del sueño,<br />
Cultiva las flores prohibidas.</p>

	<p>Con los años, y junto a una creciente dilución del hermetismo, y de los automatismos, se desarrolla el lado “periodístico” del poeta, la vigilancia de la inteligencia, el compromiso con el mundo, la respuesta inaplazable frente a las formas de la barbarie. De la combinación de esas actitudes, y de cierta delicadeza en la visión del mundo es que surge, creo yo, la originalidad de Roca. Juzgue el lector. Por mi lado confieso que aquello que me cautiva en la poesía de Roca es cierto lenguaje límpido, algo de su pós-modernismo (en el sentido hispano-americano, claro), que lo individualiza en su generación. A partir de los años 70, una poesía así consuma la proeza de superar el lenguaje trivial. Eso sólo es lujo.</p>

	<p><strong><span class="caps">DIARIO</span> DE LA <span class="caps">NOCHE</span></strong></p>

	<p>A la hora en que el sueño se desliza<br />
Como un ladrón por senderos de fieltro<br />
Los poetas beben aguas rumorosas<br />
Mientras hablan de la oscuridad,<br />
De la oscura edad que nos circunda.<br />
A la hora en que el tren tizna la luna<br />
Y el ángel del burdel se abandona a su suerte,<br />
La orquesta toca un aire lastimero.<br />
Una yegua del color de los espejos<br />
Se hunde en la noche agitando su cola de cometa.<br />
¿Qué invisible jinete la galopa?</p>

	<p><strong><span class="caps">POEMA</span> <span class="caps">INVADIDO</span> <span class="caps">POR</span> <span class="caps">ROMANOS</span></strong></p>

	<p>Los romanos eran maliciosos.<br />
Llenaron Europa de ruinas<br />
Confabulados con el tiempo.<br />
Les interesaba el futuro,<br />
Las huellas más que las pisadas.<br />
Los romanos, Casandra, eran mañosos.<br />
No fraguaron el Acueducto de Segovia<br />
Como un ducto de agua y de luz.<br />
Lo pensaron como vestigio,<br />
Como un absorto pasado.<br />
Sembraron de edificios roñosos Europa,<br />
De estatuas acéfalas<br />
Engullidas por la gloria de Roma.<br />
No hicieron el Coliseo<br />
Para que los tigres devoraran<br />
A su antojo a los cristianos,<br />
tan poco apetecibles,<br />
Ni para ver ensartadas<br />
Como entremeses del infierno<br />
A las huestes de Espartaco.<br />
Pensaron su ruina, una ruina proporcional<br />
A la sombra mordida del sol que agoniza.<br />
Mi amigo Dino Campana<br />
Pudo haber saltado a la yugular<br />
De uno de sus dioses de mármol.<br />
Los romanos dan mucho en qué pensar.<br />
Por ejemplo,<br />
En un caballo de bronce<br />
De la Piazza Bianca.<br />
Al momento de restaurarlo,<br />
Al asomarse a su boca abierta,<br />
Encontraron en el vientre<br />
Esqueletos de palomas.<br />
Como tu amor,<br />
Que se vuelve ruina<br />
Mientras más lo construyo.<br />
El tiempo es romano.</p>

	<p><strong><span class="caps">UNA</span> <span class="caps">CARTA</span> <span class="caps">RUMBO</span> A <span class="caps">GALES</span></strong></p>

	<p>Me pregunta usted dulce señora<br />
Qué veo en estos días a este lado del mar.<br />
Me habitan las calles de este país<br />
Para usted desconocido,<br />
Estas calles donde pasear es hacer un<br />
Largo viaje por la llaga,<br />
Donde ir a limpiar luz<br />
Es llenarse los ojos de vendas y murmullos.</p>

	<p>Me pregunta<br />
Qué siento en estos días a este lado del mar.<br />
Un alfileteo en el cuerpo,<br />
La luz de un frenocomio<br />
Que llega serena a entibiar<br />
Las más profundas heridas<br />
Nacidas de un poblado de días incoloros.</p>

	<p>¿Y el sol?<br />
El sol, un viejo drogo que ha lamido esas heridas.<br />
Porque sabe usted , dulce señora,<br />
Es este país una confusión de calles y heridas.<br />
La entero a usted:<br />
Aquí hay palmeras cantoras<br />
Pero también hay hombres torturados.<br />
Aquí hay cielos absolutamente desnudos<br />
Y mujeres encorvadas al pedal de la Singer<br />
Que hubieran podido llegar en su loco pedaleo<br />
Hasta Java y Burdeos,<br />
Hasta el Nepal y su pueblito de Gales,</p>

	<p>Donde supongo que bebía sombras su querido Dylan Thomas.</p>

	<p>Las mujeres de este país son capaces<br />
De coserle un botón al viento,<br />
De vestirlo de organista.</p>

	<p>Aquí crecen la rabia y las orquídeas por parejo,<br />
No sospecha usted lo que es un país<br />
Como un viejo animal conservado<br />
En los más variados alcoholes,<br />
No sospecha usted lo que es vivir<br />
Entre lunas de ayer, muertos y despojos.</p>

	<p><strong>9. RAÚL <span class="caps">ZURITA</span></strong></p>

	<p>Raúl Zurita nació en Santiago (Chile), en 1950. Esto es: era un joven, y ya era poeta, cuando se produjo el golpe de Pinochet, en setiembre de 1973. Además, a los 23 años, ya era ingeniero civil, tenía tres hijos y se divorciaba de la primera mujer. El régimen lo persigue, él responde con actos de “resistencia poética” (que incluyen quemar su rostro y querer cegarse, arrojando ácido en sus propios ojos).</p>

	<p>Desde la infancia él habla italiano, la lengua de su madre, y la influencia de Dante reaparece hasta en los títulos de sus primeros libros (&#8220;Purgatorio&#8221;, 1979, y &#8220;Anteparaíso&#8221;, 1982). Es famoso el episodio de los poemas que Zurita escribió usando el humo del cielo de Nueva York, y el verso “ni pena ni miedo”, grabado en el suelo del desierto de Atacama, en el norte de Chile, y sólo legible desde el cielo.</p>

	<p>Esa necesidad de espacio, la vocación de enormidad, no es mera grandilocuencia, como se podría sospechar. Invito al lector a comenzar por imaginar un territorio como el chileno, con los Andes, y aquel desierto siempre transfigurado. Hecho esto, léase a Zurita como si fuese una fuerza de la naturaleza de ese territorio, como si la poesía de él no fuese destinada a agigantar todo, a pasar del dolor a la santidad. Encuentro revelador el hecho de que la tapa de su primer libro traiga la cicatriz de la cara quemada del poeta, como bordes geológicos de los Andes.</p>

	<p>Incluí algunos poemas suyos en esta “muestra”, y lo hice para “mostrar” esta poesía, sabiendo muy bien que esos poemas “se muestran” aquí precariamente, sólo de muy lejos. Fue, claro, a falta de mejor opción. Porque, en verdad, la poesía de Zurita procede más por acumulación, por retomadas, como las montañas, que reaparecen, parecen iguales y son siempre otras.</p>

	<p><strong>EL <span class="caps">DESIERTO</span> DE <span class="caps">ATACAMA</span> IV</strong></p>

	<p>I. El Desierto de Atacama son puros pastizales</p>

	<p>II. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del desierto</p>

	<p><span class="caps">III</span>. Miren a sus mismos sueños balar allá sobre esas pampas infinitas</p>

	<p>IV. Y si no se escucha a las ovejas balar en el Desierto de Atacama nosotros somos entonces los pastizales de Chile para que en todo el espacio en todo el mundo en toda la patria se escuche ahora el balar de nuestras propias almas sobre esos desolados desiertos miserables</p>

	<p><strong>EL <span class="caps">DESIERTO</span> DE <span class="caps">ATACAMA</span> V</strong></p>

	<p>Di tú del silbar de Atacama<br />
el viento borra como nieve<br />
el color de esa llanura<br />
I. El Desierto de Atacama sobrevoló infinidades de desiertos para estar allí</p>

	<p>II. Como el viento siéntanlo silbando pasar entre el follaje de los árboles</p>

	<p><span class="caps">III</span>. Mirénlo transparentarse allá lejos y sólo acompañado por el viento</p>

	<p>IV. Pero cuidado: porque si al final el Desierto de Atacama no estuviese donde debiera estar el mundo entero comenzaría a silbar entre el follaje de los árboles y nosotros nos veríamos entonces en el mismísimo nunca transparentes silbantes en el viento tragándonos el color de esta pampa.</p>

	<p><strong><span class="caps">PASTORAL</span> DE <span class="caps">CHILE</span></strong></p>

	<p><span class="caps">III</span><br />
Allá va la que fue mi amor, qué más podría decirle<br />
si ya ni mis gemidos conmueven<br />
a la que ayer arrastraba su espalda por las piedras<br />
Pero hasta las cenizas recuerdan cuando no era<br />
nadie y aún están los muros contra los que llorando<br />
aplastaba su cara mientras al verla<br />
la gente se decía &#8220;Vámonos por otro lado&#8221;<br />
y hacían un recodo sólo para no pasar cerca de ella<br />
pero yo reparé en ti<br />
sólo yo me compadecí de esos harapos<br />
y te limpié las llagas y te tapé, contigo hice agua<br />
de las piedras para que nos laváramos<br />
y el mismo cielo fue una fiesta cuando te regalé<br />
los vestidos más lindos para que la gente te respetara<br />
Ahora caminas por las calles como si nada de esto<br />
hubiera en verdad sucedido<br />
ofreciéndote al primero que pase<br />
Pero yo no me olvido<br />
de cuando hacían un recodo para no verte<br />
y aún tiemblo de ira ante quienes riendo te decían<br />
&#8220;Ponte de espalda&#8221; y tu espalda se hacía un camino<br />
por donde pasaba la gente<br />
Pero porque tampoco me olvido del color del pasto<br />
cuando me querías ni de azul<br />
del cielo acompañando tu vestido nuevo<br />
perdonaré tus devaneos<br />
Apartaré de ti mi rabia y rencor<br />
y si te encuentro nuevamente, en ti me iré amando<br />
incluso a tus malditos cabrones<br />
Cuando vuelvas a quererme<br />
y arrepentida los recuerdos se te hayan hecho ácido<br />
deshaciendo las cadenas de tu cuello<br />
y corras emocionada a abrazarme<br />
y Chile se ilumine y los pastos relumbren</p>

	<p>IV<br />
Son espejismos las ciudades<br />
no corren los trenes, nadie camina por las calles<br />
y todo está en silencio<br />
como si hubiera huelga general<br />
Pero porque todo está hecho para tu olvido<br />
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente<br />
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho<br />
acostumbrado como estaban al contorno de tu cuerpo<br />
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas<br />
y es cierto que mis ojos no serán mis ojos<br />
ni mi carne será mi carne<br />
y que Chile entero te está olvidando<br />
Que se me derritan los ojos en el rostro<br />
si yo me olvido de ti<br />
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre<br />
y mis lágrimas ácido quemándome la cara<br />
si me obligan a olvidarte<br />
Porque aún hay miles de mujeres en quien poder<br />
alegrarse y basta un golpe de manos<br />
para que vuelvan a poblarse las calles<br />
no reverdecerán los pastos<br />
ni sonarán los teléfonos ni correrán los trenes si<br />
no te alzas tú la renacida entre los muertos<br />
Hoy se han secado los últimos valles<br />
y quizá ya no haya nadie<br />
con quien poder hablar sobre la tierra<br />
Pero aunque eso suceda<br />
y Chile entero no sea más que una tumba<br />
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!</p>

	<p><br />
<br />

<strong>10. <span class="caps">DAMARIS</span> CALDERÓN</strong></p>

	<p>Damaris Calderón nació en La Habana (Cuba), en 1967. Se formó en letras en la Universidad de La Habana. Reside en Santiago (Chile), donde hizo primero un pos-grado y después quedó como profesora universitaria. Detalle: Damaris es “cubanísima”, retorna sistemáticamente a Cuba, por lo menos anualmente.</p>

	<p>Pertenece sin duda a esa pequeña legión de poetas cubanos que andan por el mundo (Cuba y Uruguay son los dos países que tienen esa peculiaridad de poseer una “pequeña legión” de poetas situados más allá de las fronteras). No es un dato menor para una poeta como Damaris esa vivencia de un exilio que es y que no es, un exilio a término, un transitar por el mundo, un ir y volver con relativa libertad.</p>

	<p>Con libertad, Damaris transita por la poesía de amor lésbico. Libertad y aceptación de una tradición sáfica, sin los exilios en el lenguaje (y <em>hélas</em>, no sólo en el lenguaje) que ese amor habría acarreado para poetas de una generación anterior. También de esa libertad conquistada parte la comprensión de un escritor como el cubano-americano Calvert Casey (1924-1969), que acabó por suicidarse en Roma, en lucha con los estereotipos sexuales y existenciales.</p>

	<p>Es sólo un ejemplo, y lo menciono apenas porque la autora dedica a él un bello poema, mas insisto en que surge de esta poeta una visión del mundo, digamos: visto desde lo alto, que tal vez no podría existir en aquellos artistas que no traspasaron fronteras &mdash;nacionales, comportamentales, escriturales.</p>

	<p>Finalmente, si elegí a Damaris para representar una cierta poesía joven del continente es porque me declaro seducido por el idioma de la autora, preciso, prístino y económico en la mayoría de las veces, capaz de beber en la literatura y en la vida. Concluyo con estos cinco versos, que van de aperitivo:</p>

	<p>Y te fuiste con otra,<br />
naturalmente,<br />
y me dejaste henchida<br />
de rencor<br />
de literatura.</p>

	<p><strong><span class="caps">DOS</span> <span class="caps">GIRASOLES</span> <span class="caps">SOBRE</span> EL <span class="caps">ASFALTO</span></strong></p>

	<p>En el terminal de ferrocarriles<br />
sentada con mi madre<br />
dos girasoles sobre el asfalto.<br />
Su mano borra todo sucio paisaje.<br />
Nunca he comido sino de esa mano<br />
nunca<br />
sino de ese fruto macerado.<br />
Me enseñabas un sendero<br />
para que no me extraviara.<br />
Y siempre regreso, pequeño afluente,<br />
buscando un poco de sosiego<br />
como se le da al enfermo<br />
una cucharada de sopa<br />
Y la cuchara hace frías,<br />
metálicas promesas<br />
hasta que la cabeza se queda<br />
recostada contra el velador.<br />
Una oruga cantándole a un gusano<br />
<del>la canción de la morfina</del><br />
la cabeza roída por dentro,<br />
el tallo esplendente conectado al tubo de oxígeno.<br />
El mar, como un patrullero<br />
pisándome los talones.<br />
Thalassa thalassa<br />
he intentado vivir siete veces.</p>

	<p><strong>EL <span class="caps">BANQUETE</span></strong></p>

	<p>La mujer inclinada hacia delante<br />
(La fruta a medio morder, sobre la mesa)<br />
Tú: la cabeza ida<br />
pensando en símbolos.<br />
Lo peor no es que las cosas sean finitas,<br />
lo peor es que las cosas sean.<br />
Lo peor es saber<br />
que tu cuerpo, tu pelo, aquella boca<br />
serán definitivamente del olvido y el polvo<br />
mucho más<br />
de lo que alguna vez fueron míos.<br />
Este es el fuego.<br />
Crece con arañazos<br />
ramas<br />
carne sudada<br />
y piernas piernas piernas<br />
que se abren.<br />
Es crudamente tibio.<br />
En esta habitación mínima pieza<br />
puedo por fin tumbarme sobre ti:<br />
una mujer brutalmente desnuda,<br />
no un pájaro ni una gacela.</p>

	<p><strong>LA <span class="caps">HABANA</span>, <span class="caps">TINTE</span> MEDITERRÁNEO AL <span class="caps">FONDO</span></strong></p>

	<p>Comprábamos el goce<br />
en una habitación<br />
alquilada.<br />
Colocábamos una frazada<br />
que se quemó<br />
&mdash;¿te acuerdas?&mdash;<br />
sobre la lámpara sucia.<br />
Demasiado mezquinas<br />
las paredes<br />
apenas soportaban<br />
nuestros cuerpos jóvenes.<br />
Tus piernas se encendían<br />
como neón como astros.<br />
Yo me inclinaba<br />
lamía tu resplandor<br />
esa pequeña<br />
llama votiva.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/15334/el-continente-poetico</link>
		<pubDate>Sat, 24 Jan 2009 10:18:49 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Fressia</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2009-01-24:77c262b7562572606450a68115f67ab6/56d81a2f95285578d6fce3ca3bcca1d2</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Germán Machado</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Germán Machado Lens (Montevideo, Uruguay, 1966) cursó su educación básica bajo un régimen de terrorismo de estado, opresión y silenciamiento. De algún modo, ello se filtra en su poesía, y en su trato con la poesía.</p>
	<p>A partir de 1985 escribe poesía de forma discontinua, pero sin interrupción.</p>
	<p>En 2004 se aventura con el armado de un nuevo libro, <em>Hendiduras</em> que, por distintos motivos no llegó a la imprenta. Desde entonces, viene trabajando en otro libro, <em>Ligaduras</em>, que tampoco ha prosperado en su camino de hacerse público.</p>
	<p>En los últimos años, homeopáticamente, ha ido publicando poemas sueltos en distintas revistas, periódicos e internet. Durante 2005 se aventuró con <a href="http://librodenotas.com/surgente/" title="s u r g e n t e">una columna sobre poesía latinoamericana</a> en <a href="http://librodenotas.com" title="librodenotas.com">Libro de Notas</a>. En este año obtiene el primer premio en el IV Concurso de Poesía de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, con el título Siluetas (publicado en la <a href="http://revistamalabia.com.ar/WEB_14/LyC/NOTA_3.HTM">Revista Malabia</a>.</p>
	<p>Tras una <em>arte poética</em> previa del autor, presentamos una muestra de poemas extraídos de sus libros, y otros que ha escrito más recientemente.</p>
 
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
 
	<p><p></p>
	<p><strong>Hendiduras: una jugada poética</strong></p>
 
	<p>Recientemente, alguien me pidió que le explicara el título de mi libro, Hendiduras, y en particular, el poema que lleva ese mismo título. Podría haber argüido que un poeta no tiene porque explicar sus poemas y salir del paso. Pero teniendo en cuenta que no suelo presentarme como poeta, preferí intentar explicar ese poema que, así lo veo ahora, puede considerarse una arte poética, vale decir, una suerte de declaración de los fundamentos a partir de los cuales he ido construyendo una línea (sinuosa) de textos poéticos.</p>
 
	<p>Una hendidura es un incisión en una superficie o en un cuerpo sólido. Un corte que no llega a separar ni dividir aquello sobre lo cual se efectúa. En ese poema, si nos atenemos a lo denotado, el lenguaje aparece como un cuerpo arraigado, un sedimento, algo que une y está unido. ¿Qué es ese algo? En una primera instancia podríamos responder que es el mundo todo, el ser (en un sentido metafísico), el espacio y el tiempo, sincronía y diacronía de lo real. Pero también podríamos pensar en el mundo social, el conjunto de las relaciones sociales. E incluso más, podríamos pensar en el mundo interior del individuo, su psique, su conflictividad. En cualquiera de las tres dimensiones, el lenguaje aparece como la argamasa, el sedimento, la base de la unicidad.</p>
 
	<p>Ahora bien,  sobre ese cuerpo, o a partir de ese cuerpo lingüístico, quien escribe el poema intenta una jugada que consiste en decir una palabra valiosa: decir algo que valga (que tenga algún valor). ¿Y cuál es el modo de hacerlo? Trazando un corte. Penetrando y separando lo que normalmente aparece como sólidamente unido. Los resultados quedan a la vista. En el propio poema apenas se pudo penetrar la superficie. El escritor, o tal vez el poema mismo, mira (y muestra) las palabras, y al mirarlas reconoce su impotencia: “no hay caso”, nos dice, lacónicamente decepcionado.</p>
 
	<p>Quien se arriesgó a decir algo valioso, quien temerariamente arriesgó su jugada, apenas pudo penetrar los secretos (¿profundidades, misterios, esencias?) del ser, de la sociedad, de su mismidad. El resultado fue una hendidura fugaz, una grafía superficial, apenas una débil incisión. En este punto, el poema (y quien lo escribe), vuelve sobre sí mismo y reflexiona sobre su juego. Reflexiona sobre el carácter del juego y las reglas que lo rigen. Y ese acto de aceptar su impotencia y reflexionar sobre los obstáculos que ha encontrado en su primer intento es de por sí una nueva jugada, otra jugada.</p>
 
	<p>El poema (y quien lo escribe y quizás, ahora, quien lo lee) vuelve a movilizar la palabra, vuelve a hender la oscuridad del mundo, la opacidad de las relaciones sociales, la cerrazón de su propia interioridad. Y no se da por derrotado, entre otras razones, porque no puede saber en qué consistiría su derrota. Así continúa este juego, poesía que procede, de hendidura en hendidura.</p>
	<p></p></p>
 
	<p><p></p>
	<p><strong>Hendiduras</strong></p>
 
	<p><strong>I</strong></p>
 
	<p>cuerpo arraigado / lenguaje</p>
	<p>hendido sedimento</p>
 
	<p>jugada</p>
 
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;una palabra</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que valga</p>
 
	<p><strong>II</strong></p>
 
	<p>no hay caso / en este juego</p>
	<p>las reglas nunca son claras</p>
 
	<p>se miran las palabras</p>
	<p>&mdash;superficiales&mdash;</p>
	<p>las hendiduras fugaces</p>
 
	<p>otra jugada</p>
 
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿y cómo poder saber</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;si no ha sido derrotada?</p>
	<p></p><br />
<br />
<br />

<p></p>
	<p><strong>Odiseo</strong></p>
 
	<p>nacemos solos</p>
	<p>morimos de uno en uno</p>
 
	<p>qué silencio de cometas en el cielo dormido</p>
 
	<p>se deshace un ovillo</p>
	<p>en ecos de viejos gritos</p>
 
	<p>se va como ha venido</p>
	<p>desprovisto</p>
 
	<p>el mástil, el velamen, la osadía</p>
	<p>como un nudo en el cabo</p>
	<p>atado al infinito</p>
 
	<p>elige&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;un número</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;del cero al uno</p>
	<p>el canto</p>
	<p>el olvido</p>
	<p></p><br />
<br />
<br />

<p></p>
	<p><strong>Nunca y siempre</strong></p>
 
	<p>por el bastón del ciego desciende</p>
	<p>una fila de hormigas</p>
 
	<p>caligrafía escolar</p>
	<p>escritura en clave</p>
	<p>dice:</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en la palabra</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>nunca</em></p>
	<p>cabe una promesa</p>
	<p>una verdad</p>
	<p>una ilusión</p>
 
	<p>el ciego se hunde en el gran hormiguero de la sabiduría</p>
	<p>aferrado a su bastón y a su recuerdo</p>
 
	<p>el ciego era un niño que observaba</p>
	<p>cuando veía</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y cuando veía</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;por el bastón del ciego</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;descendía una fila de hormigas</p>
 
	<p>caligrafía ingenua</p>
	<p>extraña escritura</p>
	<p>dice:</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en la palabra</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>siempre</em></p>
	<p>cabe la mentira</p>
	<p></p><br />
<br />
<br />

<p></p>
	<p><strong>Ipse eclosión</strong></p>
 
	<p>escribo</p>
	<p>la revelación y el síntoma</p>
	<p>la desproporción en el aura</p>
	<p>el lamento de los postigones empujados por el viento</p>
	<p>el leve viento sureño</p>
	<p>la invisible figura del leve viento sureño</p>
	<p>la mística frívola</p>
	<p>verbigracia</p>
 
	<p>escribo</p>
	<p>sobre el eclipse de la poesía</p>
	<p>a partir del código que se sueña</p>
	<p>en el límite codificable</p>
 
	<p>escribo</p>
	<p>en el silencio hay también una metáfora</p>
	<p>que consigna el fracaso / la caída</p>
	<p>en el precipicio del lenguaje</p>
 
	<p></p><br />
<br />
<br />

<p></p>
	<p><strong>Epigrama baldío</strong></p>
 
	<p>si abrimos las palabras como una hendidura en la tierra</p>
	<p>y abajo hay como ruinas de una ciudad deshabitada</p>
	<p>y arriba hay un zumbido de motores letales</p>
	<p><br />
<br />
</p>
 
 
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;si no decimos nada</p>
	<p></p></p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><p></p>
	<p><small><strong>De “Hendiduras” (2000 – 2004)</strong></small></p>
	<p></p></p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><p></p>
	<p><strong>ya no habrá más</strong></p>
	<p>barquitos a pedal, el agua impúdica</p>
	<p>verdosa, indeclinable</p>
	<p>conjetura</p>
 
	<p>ya no habrá ardid ni astucia</p>
	<p>no habrá fuga</p>
 
	<p>el tiempo es una estaca en tierra firme</p>
	<p>y un musgo aposentando en los ladrillos</p>
	<p>el muro que promete la desidia</p>
 
	<p>había una vez</p>
	<p>un cuento interrumpido</p>
	<p></p></p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><p></p>
	<p><strong>La cabalgata radiante</strong></p>
	<p>y el despojo de cadáveres</p>
 
	<p>La niebla bailando al costado del fémur,</p>
	<p>la tibia al este, helado, y el norte estremecido</p>
	<p>con sombras alargando la talla</p>
	<p>de los restos mortales</p>
 
	<p>Soledad del cadáver entre escombros</p>
 
	<p>Intercambio: café, tabaco griego, arenque</p>
	<p>y bacalao de los mares noruegos</p>
	<p>por devaluados marcos</p>
	<p>y una pobre medalla de metal esmaltado</p>
 
	<p>Soledad del cadáver en la ventisca</p>
 
	<p>Empacando los víveres para enviar a casa</p>
	<p>y escribiendo en el diario inocentes entradas</p>
	<p>sobre grandes espacios purgados</p>
	<p>para un futuro de fulgores raciales:</p>
	<p>liturgias de la sangre y páginas orladas</p>
 
	<p>Soledad del cadáver en la nieve enlodada</p>
 
	<p>Intercambio: baratijas con lustre,</p>
	<p>naderías fugaces</p>
	<p>por miel, tocino, queso</p>
	<p>y el vientre desollado</p>
 
	<p>Pasados muchos años el entusiasta entiende</p>
	<p>que aquello fue un aleve asesinato en masa</p>
 
	<p>Soledad del cadáver. Séquito del mercado.</p>
	<p></p></p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><p></p>
	<p><strong>Un acróstico para Baalbek</strong></p>
	<p>Bombardean el bosque de los Cedros de Dios.</p>
	<p>Alguien debería saberlo.</p>
 
	<p>&piv; &piv; &piv;</p>
 
	<p><em>La estatuilla de Baal está a salvo.</p>
	<p>Hace añales la extrajeron de Ugarit, ciudad portuaria, Siria,</p>
	<p>Y ahora está en el Louvre&#8212;- Sí, allí,</p>
	<p>Donde hace poco filmaron El código Da Vinci.</em></p>
 
	<p>&piv; &piv; &piv;</p>
 
	<p>Alguien debería posar sus ojos sobre estas reliquias:</p>
	<p>Los templos de Júpiter, Mercurio, Venus</p>
	<p>Bajo fuego. Esta furia que arruina las ruinas del santuario fenicio.</p>
 
	<p>&piv; &piv; &piv;</p>
 
	<p><em>Baal, divinidad principal del panteón de los fenicios.</p>
	<p>Baal, que significa amo o señor&#8212;- Me asombra esta estatuilla,</p>
	<p>Tan garba, tan delgada, orejas separadas, sombrero</p>
	<p>Como de Arlequín. No se condice con el rango</p>
	<p>Del soberano sol.&#8212;- Hubiera esperado algo más fashion, como</p>
	<p>La estatuilla de un divo.</em></p>
 
	<p>&piv; &piv; &piv;</p>
 
	<p>Están bombardeando el poblado de Baal,</p>
	<p>Kilómetros de sangre esparcida sobre sus viñas.</p>
 
	<p>&piv; &piv; &piv;</p>
 
	<p><em>Los árabes son así, discretos, humildes. Fíjate, esta divinidad</p>
	<p>Influyó sobre caldeos, babilonios, sidonios e israelitas;</p>
	<p>Aunque los hebreos aclararon a tiempo que era un falso dios.</p>
	<p>Fíjate, hasta Anibal le debe su nombre a este personaje&#8230;</p>
	<p>Hanibaal, el jefe cartaginés, no lo confundas</p>
	<p>Con el personaje de Anthony Hopkins en</p>
	<p>El silencio de los inocentes.</em></p>
 
	<p>&piv; &piv; &piv;</p>
 
	<p>Bombardean el bosque de los Cedros de Dios.</p>
	<p>Alguien debería saberlo</p>
	<p>Alguien debería posar sus ojos sobre estas reliquias:</p>
	<p>Los templos de Júpiter, Mercurio, Venus</p>
	<p>Bajo fuego. Esta furia que arruina las ruinas del santuario fenicio.</p>
	<p>Están bombardeando el poblado de Baal,</p>
	<p>Kilómetros de sangre esparcida sobre sus viñas.</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><small>[Este poema se origina a raíz de la lectura de <a href="http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=828478" title="Las víctimas silenciosas">este artículo</a> de <strong>Susana Reinoso</strong>] </small></p>
 
	<p></p></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/9446/german-machado</link>
		<pubDate>Wed, 09 Aug 2006 07:16:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2006-08-08:77c262b7562572606450a68115f67ab6/fe7315c9b91bf4d21df3d7076b587e55</guid>
	</item>
	<item>
		<title>La realidad limitada: la poesía verdadera de Herme G. Donis</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>José Luis Morante en un certero ensayo titulado “Maneras de mirar” que prologa <em>Vida y memoria 1989-2002</em>, escribe: “La estética de Herme G. Donis, siempre intimista y acogedora, propende a la sosegada emoción de los versos de diario. Sus creaciones nos hablan con una expresividad natural, concisa y clara, amical y comunicativa que se encuentra cómoda con el mediodía de la palabra compartida”.</p>
	<p><strong>Herme G. Donis</strong>, vallisoletana de nacimiento, asturiana de corazón y madrileña de vocación nació en Villalón de Campos en 1951. Codirigió la revista de literatura Hydra (1973-1976) y la colección poética <em>Cuadernos de Cristal</em> (1982-1991). Así mismo, ha coordinado el suplemento cultural semanal «Jueves Literarios» (1982- 1985) del periódico <em>La Voz de Avilés</em>. Ha publicado los libros de poesía <em>Catón de infancia</em> (Avilés, 1983), <em>Marginalia urbana</em> (Oviedo, 1986), <em>El fuego desvelado</em> (Madrid, 1987), <em>Mientras el tiempo pasa</em> (Mieres del Camino, 1989), <em>Peregrinas andanzas</em> (Gijón, 1997), libro seleccionado para el Premio Nacional de Poesía, 1998, y <em>Vida y memoria</em> 1983-2002 (Gijón, 2002). Ha sido incluida en diversas antologías. Actualmente reside en Madrid, donde colabora por libre en diversos medios periodísticos.</p>
	<p>La poesía de Herme es serena, iluminada, cercana a nosotros, es como un tapiz que cubre nuestra mirada y al que hay que contemplar por los dos lados: el lado que se ve y que nos enseña la escena, los personajes, el decorado, y el lado que no se ve que, entre el misterioso entramado de sus hilos, vemos la historia y el argumento del poema, oímos los latidos de la palabra, vemos mas allá de los rostros. La poesía de Donis tiene olor a mares, a <em>ulises</em> que no han vuelto, a soledades que queman, a una plaza en la que cae una lenta, suave y persistente lluvia de miradas, de palabras y de silencios que nos cala el alma. Donis es una poeta inteligente, perfectamente consciente de sus límites. Y así, en  el poema “Amanecer con arco iris” al mismo tiempo que sabe que “no hay versos tan perfectos que puedan describir la eterna armonía de la tierra”, nos aconseja que nos alegremos de esa armonía seamos parte de elle de su luz tan breve. Brevedad que pudiera durar toda una vida entera. </p>
	<blockquote>
		<p>...La ciudad está ahora <br />
en manos de quien la sabe,<br />
la siente y la posee.<br />
No hay versos<br />
tan perfectos que puedan<br />
describir la eterna armonía<br />
de la tierra. Conténtate<br />
con ser parte<br />
de esta luz tan breve.</p>
	</blockquote>
 Donis escribe está tan alejada de la metafísica como tan cercanos están a ella muchos otros poetas que desprecian la realidad en la que viven, que no ven. La poesía de Donis es pura tierra, cuerpo, respiración, caricia, es una poesía terrenal, de este mundo, que se puede casi tocar y casi comer de ella, comulgar con ella. Es la poesía del mundo que la poeta ve, de lo que vive, de lo que sabe, (no me atrevo a escribir de lo que experiencia), de lo que a ella misma le emociona. Es una poesía que traza ciudades, nombra nombres, acota el tiempo y fija los limites de la muerte con la vida. Donis en dos de mis poemas preferidos, “Mercado lisboeta” y “La Habana” escribe una  cronista minuciosa y detallada se ilumina y nos adentra en dos poemas antológicos donde cabe lo social, lo moral, lo ético&#8230; y mucho más.  
	<p>La poesía de Donis es una  poesía reflexiva, melancólica, con todo el esplendor del “dolorido sentir” de Garcilaso. Una poesía que parece antigua, que es clásica, una poseía de siempre. Poesía del tiempo y en el tiempo, poesía que se va y se queda, de la muerte que se viene, de los olores que desaparecen, de los cuerpos que se desmoronan, de las ilusiones que se han perdido, de “las metáforas / que algunas noches / nos hicieron creer / que compondríamos / los mas versos / que mortal alguno escuchara” y que terminan escondidas “en descoloridas carpetas / que hoy con tanto fervor guardamos”. </p>
	<p><em>Vida y memoria</em> de una poeta de verdad, sobria, sincera, sencilla, veraz, sin gritos ni estridencias, sin escándalos ni piruetas de genero a como nos tienen acostumbrados esas otras poetisas de lira y liga fácil. Herme G. Donis es sustancia, es el hilo misterioso del revés del tapiz, una poeta que sabe lo venenosa que “es la verdad que no refleja nada”.</p>
	<blockquote>
		<p><em>H.B.</em></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />

<strong>EXTRANJERO</strong> en mis habitaciones, joven ídolo <br />
rendido, corroes con tus labios <br />
mis pechos oxidados por los días <br />
en un solo afán de posesión que te devora. <br />
Mortal deseo que muere en mi cuerpo, <br />
frío alabastro, <br />
glacial metáfora de piedra. </p>
	<p>Pobre rostro sin eco, por qué te vences <br />
en mi carne fugaz y alejada, <br />
si yo sólo espero aquel regreso.   </p>
	<blockquote>
		<p><em>El fuego desvelado</em> (1987) </p>
	</blockquote>
 <br />
<br />

	<p>Y ya el deseo enuncia fresas<br />
en tus labios, besos de menta,<br />
luceros en la tarde adormecida,<br />
miel que desborda las colmenas,<br />
absenta de fuego:<br />
evidencia de amor<br />
cuando, en octubre, regresan<br />
los otoños. </p>
	<blockquote>
		<p><em>El fuego desvelado</em> (1987) </p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />

<strong>CUANDO PASEN LOS AÑOS</strong></p>
	<p>Cuando pasen los años <br />
aún más deprisa,<br />
y estas tardes que incendias con tus versos<br />
se enfríen de conjuros y propósitos de gloria, <br />
qué vano será añorar<br />
tan efímero empeño de grandeza,<br />
tanta lucha por marcar, <br />
a duro golpe de existencia,<br />
la huella indeleble de un poema, <br />
pues, y bien lo sabes, <br />
su rastro y tu vida<br />
se habrán convertido en algo apenas<br />
legible para entonces: <br />
como esas leves señales<br />
que quedan en las pizarras<br />
después de ser borradas <br />
de su negra superficie<br />
todas las letras.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Mientras el tiempo pasa</em> (1989)</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />

<strong>LAS HORAS FUGACES</strong></p>
	<p>Te morirás, amigo,<br />
y yo igualmente.<br />
Las horas fugaces se llevarán<br />
en silencio lo que amamos:<br />
el paraíso, el infierno <br />
que la vida al pasar nos va dejando. <br />
Pertenencias efímeras <br />
vividas como eternas, <br />
defendidas con los dientes <br />
a lo largo de los años. Cosas <br />
que acabarán en nada. <br />
Y hasta las metáforas <br />
que algunas noches <br />
nos hicieron creer <br />
que compondríamos <br />
los versos más bellos <br />
que mortal alguno escuchara, <br />
terminarán escondidas <br />
en las descoloridas carpetas <br />
que hoy con tanto fervor guardamos. <br />
Morirán como la juventud <br />
y su leyenda: <br />
con nosotros y de repente.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Peregrinas andanzas</em> (1997)</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><strong>MERCADO LISBOETA</strong></p>
	<p>Especias,  jazmines, estrellas de Egipto, <br />
alfanjes, limones, zureo de palomas,<br />
barricas de verde aceite, pan de centeno,<br />
diminutos pájaros grises y verduras recién cortadas.<br />
Libros, revistas gastadas por el sol. Viejos<br />
dibujos de ciudades lejanas, acuarelas.<br />
Niños que dormitan entre el ruido. Ojos negros. <br />
Camisas, sombreros, sábanas, pasteles de tapioca,<br />
tortas de maíz, sellos, plástico, relojes atrasados,<br />
imágenes fijadas para siempre en estampas antiguas,<br />
cantos rodados, olas de calor, sal. Amalgama de olores.<br />
Peces y pulpos resbaladizos que se derraman en rojo,<br />
carnes músculos rasgados, aves suspendidas en garfios,<br />
té de Ceilán rumor de agua, mosaicos manuelinos, garabatos<br />
en las pizarras, la penumbra dorada de los puestos. Gente.</p>
	<p>A la salida, sobre un tablero, montones<br />
de manzanas dulces te traen el olor de otro mar.</p>
	<p>Que la fuente de la vida es un dios,<br />
hay infinitas maneras de saberlo.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Peregrinas andanzas</em> (1997)</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />

<strong>LA HABANA</strong> </p>
	<p>No hablo del bárbaro tumulto <br />
de la infernal metrópoli, ni de jóvenes <br />
sifilíticos, ni de fumadores de opio y marihuana <br />
&mdash;si hoy aquí hay droga no emerge por las rutas <br />
de los tour operators&mdash;, ni hablo de Wormold, <br />
el representante de aspiradores de la Pila Atómica, <br />
al que podemos ver cruzar el hall del hotel Sevilla <br />
camino de la habitación quinientos diez <br />
donde a buen seguro mantendrá una discreta cita <br />
con Hawthorne, el agente del Intelligence Service, <br />
ni hablo del Mercury  que se detiene bajo el toldo <br />
del hotel Nacional en el mismo instante <br />
en el que se desata una lluvia cálida e impetuosa <br />
y uno espera que de ese coche bajen Bogart y Bacall, <br />
ni hablo  de ese color morado que llega con el alba, <br />
ni de los sones abiertos siempre al viento, <br />
ni de un mar por tierra penetrado, <br />
ni de ese viejo librero que recita, <br />
con palabras  que alcanzan el temblor, <br />
un hermoso  poema de Eliseo Diego, <br />
ni del ejército, bien organizado, de muchachos <br />
que acorralan el paseo del turista pidiendo <br />
dólares, jabón, medicinas, bolígrafos, cualquier cosa, <br />
ni del mercado negro, ni de las conversaciones <br />
de los vecinos en la escalera <br />
&mdash;el ansia de este pueblo es salir de la cárcel, <br />
aunque sea la propia, en la que vive envuelto&mdash;, <br />
ni de los timbres de las bicicletas, <br />
ni del monótono zumbido de las moscas, <br />
ni de las anacrónicas consignas revolucionarias <br />
que adornan las paredes, ni de este olor áspero <br />
que todo lo invade, ni de una ciudad <br />
que se desmorona como el azúcar de la caña <br />
con la que remueves  el café,  ni del mango, <br />
cereza, piña o guayaba, ni de las matas de mamey, <br />
ni de manjuaríes, jicoteras, iguanas o gallaretas, <br />
ni del guarapo, ni de La Bodeguita del Medio, <br />
ni de Cojimar, ni de Hemingway, ni siquiera hablo <br />
de  las jineteras y jineteros que apostados <br />
a la entrada del hotel La Habana Libre <br />
se abrigan en la borracha laxitud del mundo instalado <br />
en la robusta superioridad que da el dinero. <br />
En esta noche suave, a esta hora en la que las calles <br />
parece que hallan su paz y su reposo, sólo quiero <br />
hablar de la tristeza  de quien ve la ruina, la intemperie, <br />
el reproche callado de los más viejos, la avidez <br />
capitalista de los jóvenes, la impotencia del que  se sabe, <br />
después de un sinuoso camino, en el mismo punto <br />
de partida, del desasosiego  del que deja caer <br />
la inútil mano sobre el fresco rostro de un niño <br />
y en su esperanza encuentra algún consuelo.  </p>
	<blockquote>
		<p><em>Peregrinas andanzas</em> (1997)</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />

<strong>VIAJE PERSONAL</strong> </p>
	<blockquote>
		<p><em>Cualquier viaje lo es hacia <br />
el corazón de nuestras <br />
propias tinieblas.</em> 
                             W. B. Arrensberg </p>
	</blockquote>
	<p>Al hombre gustoso de mapas y grabados<br />
le es necesario llegar<br />
muy lejos en su cárcel.<br />
Sentir el mundo prendido de sus manos<br />
y el corazón ligero, tan tenue<br />
como un globo al cielo ascendido.<br />
Un buen día parte<br />
a recónditos lugares, eligiendo países<br />
en los que espera ser dichoso,<br />
paisajes sin nombre,<br />
mares que uno a uno anulen<br />
la profundidad del otro.<br />
Curioso entre las gentes<br />
de otras razas,<br />
un saber jamás esquiva<br />
y pronto aprende que el viajero<br />
de su cuerpo nunca se aparta,<br />
que allá donde va le sigue su propia ciudad<br />
por más que el dedo señale<br />
un sinfín de puertos,<br />
que los recuerdos no cesan<br />
en el ir y venir del navegante.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Peregrinas andanzas</em> (1997)</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><strong>TARJETAS POSTALES</strong></p>
	<p>Tarjetas postales que escribes <br />
en lugares extraños, en ciudades <br />
en donde quisieras ser feliz, <br />
en donde robas la memoria de las cosas, <br />
en donde das cuenta de instantes solitarios <br />
compartidos con otros seres distintos <br />
en lenguas y costumbres, <br />
en donde comunicas que ya has llegado <br />
a un nuevo país real o inexistente. <br />
Postales que arrastras por los museos, <br />
por los restaurantes, por las calles de París, Lisboa <br />
o Amsterdam. Recuerdos que hablan de la luz, <br />
del mar, de un amanecer en Niza entre el gozo <br />
de las flores y la alegría que, como el agua, <br />
corría cuesta abajo en busca <br />
de los primeros adoradores del sol de los días, <br />
o de esa emoción, un tanto estúpida, <br />
que sentiste en la Biblioteca Ambrosiana <br />
al saber que en aquel mismo lugar había estado <br />
Stendhal, había estado Byron. <br />
Tarjetas que también hablan de los sueños <br />
que se abandonan en trenes, estribos, tascas, <br />
barcos, puertos, autobuses y posadas, <br />
(aquí una mirada, allá una promesa,<br />
más tarde una esperanza) <br />
para al final comprender que los afanes <br />
engañan, que detrás de los kilómetros <br />
se van los años, que llegar a otras tierras <br />
es perderse un poco, que el viajero <br />
lo único que busca es no moverse de su sitio. <br />
Tarjetas postales de una vida <br />
tantas veces inventada.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Peregrinas andanzas</em> (1997)</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />

<strong>RETRATO DE INFANCIA</strong></p>
	<p>Inquieta encontrar la niñez <br />
refugiada en viejas fotografías <br />
familiares que nunca has visto. <br />
Extraña ver el ser que fuiste <br />
en los brazos de un padre <br />
joven, fuerte, ajeno. <br />
Tras las fotografías, <br />
la memoria se habita <br />
de días lejanos. <br />
Y aunque a estas alturas <br />
ya sabes que el tiempo <br />
‑impetuoso, justo, <br />
cristalizándote los huesos-<br />
tiene sus sílabas contadas, <br />
necesitas ser de nuevo aquella niña. <br />
Dejadme que intente descubrir <br />
en su mirada única <br />
un aire de familia, <br />
una niñez con perfume de juegos <br />
que salga de los posos del ayer, <br />
un rastro de mí misma <br />
que me haga creer <br />
que todavía estoy a salvo. En casa.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Poesía inédita</em></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />

<strong>EPITAFIO SÁFICO</strong></p>
	<p>(Cementerio de Staglieno)</p>
	<p>Quede la confesión grabada<br />
en la piedra eterna:<br />
ante la claudicación  y vergüenza<br />
de negar lo que fui,<br />
preferí no ser.<br />
Tuve consuelo del suicidio.<br />
Aquí dejo mi cuerpo y su pena.</p>
	<blockquote>
		<p><em>Poesía inédita</em></p>
	</blockquote>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/9015/la-realidad-limitada-la-poesia-verdadera-de-herme-g-donis</link>
		<pubDate>Fri, 26 May 2006 06:19:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2006-05-25:77c262b7562572606450a68115f67ab6/db20904e65233e299e64371a8c2e1720</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Enrique Falcón: Amonal y otros poemas (selección)</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>PREVIA</p>
	<p><img src="https://librodenotas.com/images/238.jpg" alt="Amonal y otros poemas" title="Amonal y otros poemas" align="left" vspace="1" hspace="0" />Un asco fundamental soportan, por desgracia, los versos que componen <em>Amonal y otros poemas</em>: el de la rabia sostenida al desamparo que imaginé en mitad de determinados procesos vitales &mdash;políticos&mdash; de resistencia. La geografía urbana de periferia y la geografía de clases en que se fueron trenzando en ningún sentido son indiferentes a ese desamparo. Muestran también un cansancio: el que se hizo necesario durante el tiempo que duró una de las fases largas de expansión de <em>La marcha de 150.000.000</em>, proyecto respecto al cual <em>Amonal</em> se mantiene subordinado. Entre una y otra de estas dos obsesiones, el núcleo primordial de los poemas aquí recogidos apenas se escribió en veinte días y duró su exposición lo que la ferocidad de la que se alimentarían, después, durante los nueve años de su proceso constructivo. En ningún momento se mantuvieron inertes. Sólo ahora (cuando por fin se publican) danzan por su cuenta el dolor que les hizo nacer. </p>
	<p>Forman parte estos poemas de lo que llamo la “trilogía química”, compuesta por los libros <em>Amonal</em>, <em>Codeína</em> y <em>Ántrax</em>. El primero (Amonal) hace una doble referencia a la “dinamitación” espiritual de la persona en tiempos de marcada injusticia social, así como a la rabia desatada y resistente contra ese orden de cosas establecido; el segundo (_Codeína_), a las operaciones de mansedumbre y tranquilización de la persona en tiempos de “pacificación social” y de indisimulado camuflaje de los conflictos sociales; el tercero (_Ántrax_), a las estrategias de amedrentamiento utilizadas por parte de un proyecto cultural &mdash;aquél en el que vivimos&mdash; que cada vez se ve más acuciado por disponer de una ciudadanía encapsulada bajo un supuesto marghen de “seguridad”, al tiempo que alejada lo mejor posible del encuentro creativo y movilizador de la plaza pública.</p>
	<p>Retóricamente, así, para cada uno de estos tres libros: la conducción dinamitada de los <em>personajes</em>, la planificación tendenciosa (militante) de las <em>situaciones</em> y la fractura de un tiempo que procure una máscara. O dicho de otro modo: respectivamente, para dar cuenta –en clave de denuncia (¿por qué nuestra pobre poesía no debería dar cuenta también de ello?)– de cómo nuestras modernas sociedades de control construyen y planifican individuos triplemente <em>fragmentados, mansos y temerosos</em>.</p>
	<p>Se recogen aquí, para <em>Libro de notas</em>, unos cuantos poemas del primer tramo de esta trilogía, el de Amonal (Ediciones Idea, Tenerife, 2005), libro que reconoce como todavía válida la observación de Antonio Gramsci de que, cuando la concepción del mundo no es crítica y coherente, sino ocasional y dispersa, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masa donde la personalidad queda compuesta de manera extravagante.</p>
	<p>&mdash;E.F.,<br />
enero de 2006<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>PROTECCIÓN DE TESTIGOS</strong><br />
<br />
</p>
	<p><em>&laquo;La conciencia de que esta ecuación era posible: dolor que finalmente deviene rabia. La conciencia de que esta ecuación era aplicable a todo o casi todo&raquo;.</em><br />
(Roberto Bolaño: 2666)</p>
	<p>Poco deben importarle<br />
la disolución del pentotal en los días de trabajo<br />
y la lenta inhalación de estrellas por su espalda.<br />
Le pagaron por callarse<br />
la dirección de las palomas, el remite en las postales<br />
certificadas de tan lejos, la piel de una mujer<br />
que él no ha visto y no ha besado,<br />
&mdash;el corazón de los inviernos&mdash;,<br />
las sedes comunistas, su necesidad de ir ardiendo<br />
por una extremidad de la cara.<br />
Toca apenas con los dedos<br />
nuestro inútil portal, y la luz de todos los aullidos<br />
que pincelan la tarde, por encima<br />
de muertos y estaciones,<br />
a un paso sólo del domingo<br />
vuelve a casa, toma de su llave<br />
se maquilla una lágrima con cuchillas de afeitar.</p>
	<p><br />
<br />

 <strong>VIENTRES DE MADRID Y DE BAGDAD</strong></p>
	<p>[13 de marzo de 2004]</p>
	<p><em>&laquo;(…) la lógica de la guerra a todos sus niveles conduce al hermanamiento de todas sus víctimas civiles, sean éstas del bando que sean: un inesperado cordón umbilical parece unirlas todas y dejan sin argumentos, y completamente solos, a los señores canallas de la guerra&raquo;.</em><br />
(Eugen Drewermann: “Contra la injusticia”)</p>
	<p>Sólo entonces<br />
os he visto.</p>
	<p>En la nuca partida del suelo iraquí.<br />
Y en la sangre bramando por la grava de Atocha.</p>
	<p>Y en el Pozo:<br />
izando sus calambres tras una siembra triste,<br />
los ombligos de los hombres<br />
abiertos y a cuchilla por los perros del Amo.</p>
	<p>Yo cuido de los vientres de las novias perdidas<br />
&mdash;los hombros de los niños se han quedado sin hora;<br />
cuido de las oraciones cansadas de la tierra<br />
y del largo cabello de todos nuestros muertos.</p>
	<p>Soy el pueblo sin puñal y tres veces devastado,<br />
el silbo de una cuenta enmudecida.<br />
Yo cuido de las flores y los peines:<br />
soy un hombre en la altura de todas vuestras muecas.</p>
	<p>Y escarbo en las costillas de la bestia<br />
besando lo imposible que habla en vuestra sangre:<br />
soy el hombre que cuelga de un ombligo,<br />
la cólera enterrada en los pozos del mundo.</p>
	<p>Y os digo:</p>
	<p>que la lumbre tronará por los espejos<br />
que un caballo volteará por vuestra boca<br />
que siempre las heridas<br />
de todos estos hijos <br />
saldrán casi estallando por un fundado cielo.</p>
	<p>Sólo entonces<br />
os he visto,<br />
a los unos y a los otros, sangre terca unida ahora.</p>
	<p>Desde entonces sea el hombre:</p>
	<p>yo bramo en vuestro propio<br />
cordón umbilical.</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><strong>AMONAL PARA UNA FOSA COMÚN</strong></p>
	<p><br />

<em>&laquo;…en 1996 subían por las urnas<br />
los supervivientes de una dictadura…&raquo;</em></p>
	<p>Uno se desnuda al paso<br />
cuerpo añico adentro de las tardes tontas,<br />
y se mira en las estatuas<br />
compadece en sus masacres<br />
todo cuanto hiciera sin salida.<br />
Así uno se desnuda, se despoja de muertos<br />
y ventila el cuarto<br />
con un suave saludo de desaparecido.<br />
Vamos a decir que no ocurriera<br />
que no están vivos todavía<br />
y ocupando despachos y brindando en sus fiestas<br />
por todos los muertos felices.<br />
Vamos a decir que ya han perdido,<br />
que se les tira palomas en todos los zoológicos,<br />
comenzando sus caras<br />
a no ser demasiado,<br />
a cubrirse de helechos y a vengarse las víctimas.<br />
Uno se desnuda y enloquecen los trajes<br />
al saber del aullido de los presos, las fosas,<br />
&mdash;al<br />
esqueleto amarillo<br />
ya podéis odiarlo.</p>
	<p><br />
<br />

 <strong>PASAPORTE SOVIÉTICO A JACQUES MONARD</strong></p>
	<p>Sin su regreso y su desgaje<br />
adopta ante la lluvia cualquier pose de muerto,<br />
o matador de osos<br />
nostálgico de hierbas y películas mudas.<br />
Viene a verle su bestia<br />
a limpiarle el betún de la boca<br />
o a esconderle el alma en los roperos,<br />
no importa. Quizá sí le preocupe<br />
si vengo o no vengo con todos mis aullidos<br />
a romperle la cara,<br />
su mesa, el estropicio<br />
de vasos y tormentas con nombres de niña.<br />
Para saludarle<br />
todavía hay que buscarse en la espalda<br />
si quedan las astillas, si los trenes de entonces.</p>
	<p><br />
<br />

 <strong>CUIDADO CON EL PERRO</strong></p>
	<p>Y con el amo.<br />
Huele a padre de la novia, a<br />
tejado a revisar trimestralmente<br />
cuando faltan camas<br />
en los depósitos para transeúntes de los urinarios,<br />
cuando falta la estricnina en su corazón de buque.<br />
Las uñas se escurren por los nombres entonces<br />
tocando madera,<br />
y al perro le bautizan Alicia,<br />
otro hombre dispara.<br />
Cuidado con el perro. No se admiten apuestas<br />
para ver sobrevivir a los quiénes,<br />
los cuálos,<br />
los que han de morir<br />
y etcétera.</p>
	<p><br />
<br />

 <strong>CIENTO CINCUENTA MILLONES</strong></p>
	<p>Carta a Lunacharski, 6 de mayo de 1921, publ. en <em>Kommunist</em> nº 18/1957.</p>
	<p>“Absurdo, idiota, una estupidez rematada<br />
y una excesiva vanidad”. Escribe Lenin<br />
a propósito (desde luego) de una tirada de cinco mil ejemplares<br />
de <em>150.000.000</em> &mdash;Maiakovski&mdash;.<br />
Atravieso, por mi parte, el tiempo<br />
a una escala primaria de tres mil años luz, mil<br />
novecientos 21 con esporas en la sangre y pesa<br />
tanto la noche y se derrumba el canto.<br />
Apenas lugar para el delirio,<br />
para la desubicación del agua en sus disparos<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;fuera ya del mar.<br />
Ya no hay miedo.<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Extrae la fuerza de la voz<br />
por encima los fusiles reescriben sus enigmas<br />
de matanza inútil en los meses sin circo:<br />
ignoro por tanto la réplica que habrá de traerme<br />
mi inservible canción<br />
&mdash;la<br />
radiación en el laboratorio la apagaron las bengalas<br />
y quizá sea muy tarde para no apagar la luz.</p>
	<p><br />
<br />

 <strong>MÓDULO SEIS</strong></p>
	<p>No ha perdido sin embargo sus garantías constitucionales<br />
que le permiten pasar de una espora a otra<br />
como si no hubiese comenzado nunca<br />
la persecución.<br />
Le toleran hasta tres llamadas<br />
comunicarse con su dios y luego empeñarse<br />
en ser réplica inocente de todos los incendios.<br />
Con<br />
una sola perforación en sus fosas nasales<br />
podría destrozar el mundo y volverse idiota<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;para así no tener que desdecirse<br />
y darles la razón a los verdugos.</p>
	<p><br />
<br />

 <strong>CUANDO VENGAN A BUSCARLE</strong></p>
	<p>Que le den un niño a cada árbol del bosque<br />
para hacerse menta.<br />
Que les pongan pies a las cruces del luto<br />
y salgan, increíbles, a esperar a las visitas.<br />
Que se escapen las novias<br />
a su incendio de uñas pintadas.<br />
Yo recuerdo su rostro encendido<br />
en un arpa de tijeras y tormentas tropicales.<br />
Que le vuelquen las manos<br />
por detrás de la mortaja,<br />
que señale al asesino,
 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;para que no vuelva<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;para que no espere<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;para que no salga.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/8271/enrique-falcon-amonal-seleccion</link>
		<pubDate>Fri, 20 Jan 2006 06:52:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2006-01-19:77c262b7562572606450a68115f67ab6/6cee6e147e94d6fa130d36ccf1fdd6fd</guid>
	</item>
	<item>
		<title>José Olivares, el poeta mudo</title>
		<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
		<p><strong>El poeta mudo: al filo de las palabras</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>La poesía que José Olivares avienta es exigente. A ratos de tradición humanista, a ratos de gran simbolismo onírico y/o recursos simbólicos. El poeta lanza una palabra al aire y olfatea su vacío, juega con rasgos epigramáticos, dotando de nombres propios y cotidianidad a sus personajes, cerca gestos dañinos y heridas abiertas; todo por distanciarse de dogmas y encuadres fijos. En sus poemas se toca fondo y se renace de nuevo cual ave fénix, hay hundimientos eternos, preguntas y estaciones corporeizadas, un tiempo que sólo la carne nombra; tan pronto no pasa nada como hace uso de leyendas a “favor del cielo y comidilla de difuntos.”¿Acaso en un intento de complicidad con la vida, donde la muerte y la palabra es una misma cosa?, más bien pareciera que el poeta, de forma sutil, agarra a la muerte de la mano o se deja seducir por ella en un bel morir. Quizá tan solo en su erótica encuentre el hilo de Arianna que lo rescate, o lo encadene a su silencio eterno: al filo de las palabras por siempre. <br />
<em>M. Nieves Cáceres.</em></p>
	</blockquote>
	<p>
[De “MANDOLINA” 1991 (Publicación parcial en “MANA” Revista internacional de Poesía, Berlín, junio 1992]<br />
<br />
</p>
	<p>44</p>
	<p>En una rama de alerce<br />
Un dorado grano<br />
Sobrevive al<br />
Ala reveladora de cuervo</p>
	<p>En el ramaje espeso<br />
Un hilo dorado<br />
Confundido en el negro refulgente<br />
De plata ciega<br />
Incinera el invierno</p>
	<p><br />
<br />

46</p>
	<p>Día y noche ruedan juntos<br />
Por el intervalo de tu cuerpo<br />
Tendido al borde del cielo<br />
Oscuro abismo<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tu cuerpo solo<br />
Atento a la migración de pájaros y la<br />
Traílla bullanguera<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ruedan<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los nombres y los soles<br />
Inidentificados<br />
El filo del hacha y los mechones apilados<br />
De cada estación pretérita<br />
En la vastedad al infinito ruedan<br />
Inagotables<br />
<br />
<br />
</p>
	<p>52</p>
	<p>Habita tu carne y no dejes<br />
La herida abierta del dulce festín inacabado<br />
Sus ascuas afligidas<br />
Y la malvasía insana del trastorno<br />
Oh reidora<br />
En el estuche de tus lágrimas<br />
Se esconde el jengibre venenoso  flor de bienaventuranza<br />
Que adormece el crimen<br />
En el engastado revólver de los besos</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>[De “Favor del cielo y comidilla de difuntos” (El árbol de Poe, Málaga, 1996) (Sonetos)]<br />
<br />

LEYENDA DESVELADA DE UN TENTETIESO QUE LLEGO A GOBERNADOR</p>
	<p>A esta carroña notable y famosa<br />
Que esperó de su condición guerrera<br />
Atravesar la gloria de era en era<br />
Los tiempos la empujaron a otra cosa</p>
	<p>Esta carroña brilló por revoltosa<br />
Sembró el terror como quien da tijera<br />
Cortó, podó, de forma lisonjera<br />
Y a muchos mandó rectos a la fosa</p>
	<p>En nombre de su patria hizo campañas<br />
Cristianizó incluso las alimañas<br />
Y salió ileso salvo algún rasguño</p>
	<p>Señoreó la flor de un continente<br />
Más que regente fue puro accidente<br />
Grano y malformación de nuevo cuño</p>
	<p><br />
<br />

CUMPLESE LA MUDANZA QUE ACECHA EN TODAS LAS COSAS TERRENAS</p>
	<p>Borrasca de los cielos otoñales<br />
Sobre la losa el musgo tiene vida<br />
Y unos ojos contemplan aún la herida<br />
De los cielos las sábanas fatales</p>
	<p>Una copa sombría por señales<br />
Quebróse en el crepúsculo homicida<br />
La vela consumió su luz huída<br />
Y fue el silencio tumba de mortales</p>
	<p>El canto goteó secreta fuente<br />
Hundido el pecho en éxtasis alado<br />
Allá lejos lanzóse desde el puente</p>
	<p>Y dio cobijo la muerte de su grado<br />
Al ser que naufragó en negra corriente<br />
Divino y dividido por su estado</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>[De “Cráneo o flor” (El gato gris, Valladolid, 2000)]<br />
<br />
</p>
	<p>La muerte de Nerval</p>
	<p>Mi sombra agazapada en el callejón de la vieja linterna<br />
Como una virgen ante su verdugo<br />
Solloza en el estertor de la noche helada<br />
Un guiñapo arrojado contra la pared</p>
	<p>Es mi carne marchita, deudora de todos los vinos<br />
La que susurra un secreto a las estrellas<br />
Y en mi sombrero el nido del cuervo dibuja<br />
La seductora muerte, oh lívida flor del ahorcado</p>
	<p><br />
<br />

Cráneo o flor II</p>
	<p>Veladas lágrimas esculpen en tu rostro<br />
Un arrebatado ángel de dolor<br />
En la oscuridad llena de manzanas de oro</p>
	<p><br />
<br />

[De “Rasgos epigramáticos” (Casa de Cultura, Lekunberri, 2004)]</p>
	<p><br />

II</p>
	<p>A ti Iris, la más bella entre los mortales<br />
La de blondos cabellos y mirar huidizo<br />
Acercas tu mano para saludarme<br />
Y me pierdo en la contemplación de tu cintura<br />
Sólo puedo soportar tu presencia unos instantes<br />
Después te olvidaré por mi propio bien<br />
<br />
<br />
</p>
	<p>XV</p>
	<p>Sabe, Ganímedes, que la noria<br />
Es siempre la misma y renovada<br />
Tu hermosa cabeza sonríe<br />
Cuando el sol te despierta ya muy alto<br />
Y exento de los trabajos te conformas<br />
Y tus hermanos ebrios parlotean<br />
Y salen dentro de ti y la bella<br />
Muerta repite su rezo de todos<br />
Los días<br />
<br />
<br />
</p>
	<p>XXX</p>
	<p>Divinamente pagano, Claudia, tu amante<br />
Lleva una fotografía de su época de soldado<br />
El gesto arrogante, la pose medida<br />
¿qué me importa a mí si yo antes he sido tuyo<br />
y tú después de mí has tenido otro antes que él<br />
y él ha tenido también otra antes que tú?<br />
Pues yo no voy por ahí contando mis pesares<br />
Ni sembrando cizaña entre mis conocidos<br />
<br />
<br />
</p>
	<p>XXXIX</p>
	<p>Escucha mi oda, oh Pétulo, la he<br />
Recortado por los extremos<br />
Y retoqué la parte central,<br />
Al cabo de no pocas digresiones<br />
Y tras la sola ayuda de mi ingenio <br />
Quedó esto que ves en estas líneas</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p><strong>POESIA INEDITA</strong></p>
	<p>[De “Sed en los huesos” (2002)]</p>
	<p>2</p>
	<p>LA SANGRE DEL PÁJARO. POEMA SOBRE LA NIEVE</p>
	<p>El poema se nutre de las cuerdas vocales de los amantes<br />
El poeta deja su sangre en la página en blanco<br />
No recuerda nada de la noche pasada<br />
Salvo una pesadilla donde ella habla a los pájaros abatidos<br />
En la nieve los colores sucios crean el horizonte<br />
Y desfilan ahorcados en trajes de Armani<br />
En la nieve sin ojos el viento sube lento<br />
A llevarse las páginas inmortales de los amantes<br />
La grafía del pájaro desangrado y el poeta mudo</p>
	<p><br />
<br />

6</p>
	<p>EL HOMBRE DESMEMBRADO EN UNA ESQUINA DE LA SOMBRA</p>
	<p>Encontré mi cabeza en un agujero lleno de hormigas<br />
Encontré mis extremidades cortadas como en tiempos de Hernán Cortés<br />
De mi tronco calcinado ¿quién puede dar referencias?<br />
Un niño jugaba con un trozo de fémur en una playa al<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;atardecer<br />
Mi pene completo se lo comió un amigo en un ritual de<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;buenas costumbres<br />
De mi corazón sólo sé que fue devorado en una bacanal de<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;mujeres borrachas<br />
Un águila arrancó mis ojos con la pericia de un estilista<br />
Y hallé un omóplato semienterrado en una desértica tierra<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de nadie<br />
Donde hoy se levanta la ciudad que mi espíritu eternamente<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;maldice</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>11</p>
	<p>ABRE LAS PIERNAS: SOJUZGAMIENTO DE LA CRITICA DEL VERSO</p>
	<p>¿Usted sabe lo que es la poesía? ¿el prurito loco de insaciabilidades?<br />
¿Usted sabe lo que es el hambre y el hambre del hartazgo?<br />
¿Usted sabe lo que es la muerte, el sexo en sus extremos?<br />
¿Usted sabe lo que es el sueño, la locura de la razón pura?<br />
Abre las piernas, la poesía va fluyendo<br />
Entre los muslos del verso, el tronco del árbol renegrido<br />
Abre las nalgas, la poesía se derrite como cera caliente<br />
Como sangre en la cara, como semen perfecto<br />
¡No me comparen con el poeta de la cita perpetua!</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>[De “Poemas a punta de pistola” (2001-2003)]</p>
	<p>POETA LOCO, POETA CUERDO</p>
	<p>Amarás a un cadáver como la sombra de Li Po<br />
Amaba a Li Po después de muerto<br />
Poeta loco, poeta cuerdo<br />
Mejor que un poeta vivo es un poeta muerto.</p>
	<p>Amarás a un cadáver que una vez existió<br />
Como deseo maltrecho<br />
Amarás el verso duro y el hueso versus aura<br />
Los dientes irregulares de la sombra del perro</p>
	<p>Amarás tu calavera y tu carne mutante<br />
La estrella cegadora, su hálito de nieve<br />
Amarás tu desdicha de amor insurrecto<br />
El cadáver sin nombre que la noche ofrece<br />
A los labios del dios ahíto y ebrio</p>
	<p>Un cadáver baleado a la sombra del perro<br />
Que muestra los colmillos fulgurantes del miedo<br />
La vaharada caliente del crimen cantando:<br />
Poeta loco, poeta cuerdo<br />
Mejor que un poeta vivo es un poeta muerto.</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>MASACRE</p>
	<p>El hombre en paro se levantó muy de mañana<br />
antes del canto del gallo<br />
y sentóse frente a la línea roja y negra de la alborada<br />
hizo una breve carrera por el asfalto en traje de chándal<br />
después tomó una ducha fría<br />
y desayunó zumo de frutas, tostadas, café y huevos fritos<br />
con el último dinero prestado,<br />
cogió un fusil ametrallador de treinta y cinco milímetros<br />
y lo metió en la funda de cuero alrededor de la camisa<br />
completó su atuendo con una gabardina y gafas negras<br />
tomó un taxi hacia la agencia de seguros donde había <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;trabajado sólo dos meses antes<br />
subió las escaleras y en el primer piso vio a tres excompañeros<br />
dos mujeres y un hombre<br />
sin mediar palabra<br />
abrió fuego contra ellos y cayeron como muñecos<br />
ninguno tuvo tiempo de decir nada<br />
sólo uno alzó los brazos en alto con una expresión de horror<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en la cara<br />
luego penetró en un despacho<br />
un hombre corría hacia el cuarto de los lavabos<br />
“buenos días, buenos días”, balbuceó nuestro protagonista<br />
“¿dónde vas tan deprisa, sanguijuela?” cruzó su pensamiento<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;una frase lapidaria<br />
hasta que una ráfaga le alcanzó por la espalda justo en la<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;puerta del aseo de caballeros<br />
quedando semientornada con el cuerpo del jefe de seguros<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;atravesado en medio<br />
para entonces sonaba ya la sirena de un coche de policía<br />
nuestro exterminador se dirigió al piso superior donde no se<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;oía el ruido de una mosca<br />
la puerta de la oficina se encontraba cerrada<br />
le descerrajó media docena de tiros y la cerradura voló <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;como mantequilla caliente<br />
oyó gritos desgarradores, llantos desesperados y vio cuerpos<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;rodando bajo las mesas<br />
un músculo de su cara saltó de gozo, ahora se producía el <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;despiadado ajuste de cuentas con el mundo<br />
disparó hasta vaciar el cargador con vértigo demoníaco<br />
disparó hacia todo lo que se movía, hacia lo que resbalaba<br />
y se sentó un momento a recargar el arma vacía<br />
entonces oyó pasos y voces acercándose,<br />
unas voces conminatorias que le instaban a rendirse<br />
su respuesta fue inmediata: una nueva ráfaga de metralla<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;le segó los sesos para ahorrarse los detalles<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de las explicaciones.</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>[De “Tiranía del gozo” (de próxima publicación en Al-Harafish, Las Palmas de Gran Canaria) Poesía erótica]</p>
	<p>VISITA AL MARQUÉS DE SADE</p>
	<p>señores libertinos: queda inaugurado el baile de máscaras</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;viernes 13 octubre 1769</p>
	<p>aquí todo es posible: el latrocinio o la virtud<br />
¿no es aquel el señor marqués <br />
acompañado de dos damas, tan divino y cortés?<br />
entre risitas y jadeos partió al reservado<br />
que nadie moleste al artista invitado,<br />
una dama muestra un trozo de liguero<br />
la otra retoza en tono lisonjero,<br />
el señor marqués hace los honores al derecho y al revés<br />
un sirviente trae champán, un chasquido se oye en el diván<br />
cuatro nalgas rosadas con lacitos negros<br />
obstaculizan las faldas hasta el enrojecimiento<br />
con tiernos azotes expían travesuras,<br />
el señor marqués como siempre se ha extraviado<br />
pero son ô ma beauté! cosas de enamorado<br />
“es únicamente una furcia que sólo adora la fusta” <br />
se oyen gritos y ayes, viene la madame de la casa<br />
“ruego a los señores desalojen la escena”<br />
todo crimen tiene premio ¿y la virtud? su apremio<br />
señores libertinos: se reanuda el baile ¡divertíos!</p>
	<p><br />
<br />

LAS SEIS EXTREMIDADES</p>
	<p>la mano derecha repta recta por tus medias,<br />
la mano izquierda es una garra en guante de seda,<br />
el pie derecho inicia en equilibrio un paso de danza,<br />
el pie izquierdo es la base firme de una columna romana,<br />
un sueño de reptiles en retozos morbosos<br />
lleva tu cintura a considerable altura,<br />
el pie derecho gana en diplomacia lo que el izquierdo en acrobacia,<br />
la mano derecha besa mientras la izquierda desgarra,<br />
la quinta extremidad acerca su apéndice emocionada<br />
inhalando emanaciones de tu fruta salada,<br />
la sexta penetra audaz en el nido peligroso<br />
y jadeante se inmola en un suplicio de gozo</p>
	<p><br />
<br />

[De “La puerta de Oriente” (2004)]</p>
	<p>II</p>
	<p>DESDOBLAMIENTO DEL MUNDO DE LA ILUSION</p>
	<p>El bosque se mece y conserva la quietud<br />
como el agua fluye en rumor de silencio<br />
siete veces llevo la copa a los labios<br />
y la amargura bate las alas del pájaro<br />
sólo la conciencia insomne<br />
dulce enemiga<br />
dibuja la carga encima del pie</p>
	<p><br />
<br />

XXVII</p>
	<p>VISIONES SOBRE EL VACIO</p>
	<p>El azul tras la rama es una presencia mística,<br />
el aire lleno de zumbidos resplandece,<br />
la belleza desciende los escalones de agua<br />
y el espíritu enmudece en la contemplación,<br />
aquellos seres amados ya libres de sufrimiento<br />
fulguran y desaparecen en la retama<br />
y puedo tocar la nieve sobre la falda del cielo<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Selección del propio José Olivares</strong></p>
	<blockquote>
		<p><strong>José Olivares</strong>  (Las Palmas de Gran Canaria, 1954). Ha publicado, entre otros, los siguientes títulos:<br />
MANDOLINA, 10 poemas bilingües – (Revista Internacional de Poesía “Maná”, Berlín, 1992)<br />
FAVOR DEL CIELO Y COMIDILLA DE DIFUNTOS – (El árbol de Poe, Málaga, 1996)<br />
CRÁNEO O FLOR – CD de poesía, (El Gato Gris, Valladolid, 2000)<br />
ME AMARÁS CUANDO ESTÉ MUERTO – (Lumen, Barcelona, 2001) (libro coescrito con Leopoldo María Panero)<br />
¿QUIÉN SOY YO? (APUNTES PARA UNA POESÍA SIN AUTOR)<br />
(Pre-Textos, Valencia, 2002), (coescrito con Leopoldo María Panero)<br />
RASGOS EPIGRAMÁTICOS. Premio Angel Urrutia  (Casa de Cultura.  Lekunberri (Navarra 2004)<br />
INSULAS ENCANTADAS. (Relatos) VV.AA. (Anroart Ed. Las Palmas de Gran Canaria, 2005)<br />
TIRANIA DEL GOZO. Poesía erótica &#8211; AlHarafishedita, en prensa</p>
	</blockquote>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/7913/jose-olivares-el-poeta-mudo</link>
		<pubDate>Mon, 14 Nov 2005 06:51:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2005-11-13:77c262b7562572606450a68115f67ab6/8d66b025cc50c573041a3772327f95e7</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Eu Génio, yo genio</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alfredo Ferreiro</cite><br />
<br />

<img src="https://librodenotas.com/images/196.jpg" alt="Eugenio de Andrade" title="Eugenio de Andrade" style="height:133px;width:100px" align="left" vspace="2" hspace="10" /> De nombre civil José Fontinhas, Eugénio de Andrade (Póvoa da Atalaia / Fundão, 1923 &#8211; Porto, 2005) nació el 19 de Enero en Beira Baixa. En 1932 se muda a Lisboa, donde pasa toda su adolescencia y descubre su vocación literaria. Publica entre 1940 y 1945 tres libros que luego rechazará por inmaduros, aunque finalmente de ellos selecciona algunos textos que incluye en una antología titulada <em>Primeiros Poemas</em>, de 1977. <br />
Tradujo la antología <em>Poemas de García Lorca</em> (1946), las <em>Cartas Portuguesas</em> atribuídas a Mariana Alcoforado (1969), <em>Poemas e Fragmentos de Safo</em> (1974) y <em>Trocar de Rosa</em> (1980), seleción de poesia de diversos autores extranjeros.</p>
	<p>Se codeó siempre con los grandes nombres de la literatura portuguesa, tanto de su generación como de las siguientes. Eugénio fue amigo íntimo de poetas de estéticas muy diversas &mdash;como Sophia de Mello Breyner, Mário Cesariny o Luís Miguel Nava&mdash; y de críticos consagrados, como Oscar Lopes, António José Saraiva, João Gaspar Simões, Fernando Pinto do Amaral y Arnaldo Saraiva; por otro lado, conoce a autores extranjeros como Angél Crespo, Vicente Aleixandre, Luís Cernuda y Marguerite Yourcenar.</p>
	<p>Aunque al parecer evitaba la vida pública, recibió toda clase de premios, tanto municipales, como nacionales e internacionales. En 2001 le conceden el Camões (de Portugal y Brasil), equivalente al Cervantes.</p>
	<p>Suele decirse que fue el más popular de los poetas portugueses del siglo XX. Y no es de extrañar, si valoramos para ello la falta de intelectualismo de sus textos, de simplicidad estructural y semántica, lo que ha llevado a hablar de “poesía elemental”. Esto no sólo por la forma cristalina de referenciar la realidad poetizada, sino también porque los temas presentados nos pasean constantemente por un mundo donde los elementos naturales, incluidos los hombres y sus pruritos sexuales, están en el centro de la visión artística de la vida. Se ha hablado de paganismo y de la descripción del “paraíso terrestre”. Sus textos nos sumergen en un mundo “naturista” en que lo agrario, los paisajes vegetal y animal, los agentes y los ciclos naturales definen un marco panteísta, y donde el erotismo, a veces sutil, a veces como carne al corte, parece una pulsión cósmica, como un irremediable géiser de sangre. Al mismo tiempo, el enfoque es siempre muy sentimental, balanceándose entre el sensitivismo y un declarado sensualismo.</p>
	<p>Todo esto, unido a un pensamiento muy plástico y pulido, sin complejidades, debe haber contribuido a la mencionada popularidad hasta el punto de llegar a constituirse una especie de culto sobre su obra. Hecho, este último, que ya sabemos qué conlleva en estos tiempos: se cuelga la etiqueta, la campaña comercial inunda de críticas periodísticas los medios hasta que los tópicos, desbordándose, mojan toda la mesa y ya nadie puede comer sin hablar del Poeta. Vayas adonde vayas te ofrecen de primero ensalada de Andrade, y la poesía se pone de moda mientras tenemos la sensación de que el paladar pierde sensibilidad en la redundancia.</p>
	<p>Su poesía, a pesar de que normalmente excluye cualquier implicación política, puede ser considerada &#8220;de izquierdas&#8221; en la medida en que retrata la vida libre de todas las reglas impuestas por la ley, la sociedad, la familia o la tradición: &#8220;La izquierda a la cual yo pertenezco intentará siempre aniquilar cualquier forma de represión (...), distribuirá con justicia no sólo la riqueza sino también la verdad y el poder.&#8221;<br />
La casa del poeta, en el Passeio Alegre (Foz do Douro &mdash; Oporto), alberga desde 1995 la Fundação Eugénio de Andrade, instituida para divulgar el estudio de su obra. Allí se dan regularmente encuentros de poetas. La Fundación edita también los Cadernos de Serrúbia, revista de estudios sobre poesía.<br />
<br />
<br />

<strong>Poemas</strong></p>
	<p><strong>As palavras</strong></p>
	<p>São como um cristal,<br />
as palavras.<br />
Algumas, um punhal,<br />
um incêndio.<br />
Outras,<br />
orvalho apenas.</p>
	<p>Secretas vêm, cheias de memória.<br />
Inseguras navegam:<br />
barcos ou beijos,<br />
as águas estremecem.</p>
	<p>Desamparadas, inocentes,<br />
leves.<br />
Tecidas são de luz<br />
e são a noite.<br />
E mesmo pálidas<br />
verdes paraísos lembram ainda.</p>
	<p>Quem as escuta? Quem<br />
as recolhe, assim,<br />
cruéis, desfeitas,<br />
nas suas conchas puras?</p>
	<p>Traducción:<br />
Las palabras (25/03/02)<br />
Son como un cristal, / las palabras. / Algunas, un puñal, / un incendio. / Otras, / sólo llovizna. // Llegan en secreto, llenas de memoria. / Inseguras navegan: / barcos o besos, / las aguas se estremecen. // Desamparadas, inocentes, / leves. / Tejidas son de luz / y son la noche. / E incluso pálidas / verdes paraísos recuerdan aún. // ¿Quién las escucha? ¿Quién / las recoge, así, / crueles, deshechas, / en sus conchas puras? <br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Os amantes sem dinheiro</strong> (04/02/02)</p>
	<p>Tinham o rosto aberto a quem passava.<br />
Tinham lendas e mitos<br />
e frio no coração.<br />
Tinham jardins onde a lua passeava<br />
de mãos dadas com  a água<br />
e um anjo de pedra por irmão.</p>
	<p>Tinham como toda a gente<br />
o milagre de cada dia<br />
escorrendo pelos telhados;<br />
e olhos de oiro<br />
onde ardiam<br />
os sonhos mais tresmalhados.</p>
	<p>Tinham fome e sede como os bichos,<br />
e silêncio<br />
à roda dos seus passos.<br />
Mas a cada gesto que faziam<br />
um pássaro nascia dos seus dedos<br />
e deslumbrado penetrava nos espaços.</p>
	<p>Traducción:<br />
Los amantes sin dinero (04/02/02)<br />
Tenían el rostro abierto a quien pasaba. / Tenían leyendas y mitos / y frío en el corazón. / Tenían jardines donde la luna paseaba / de la mano del agua / y un ángel de piedra por hermano. // Tenían como todo el mundo / el milagro de cada día / escurriéndose por los tejados; / y ojos de oro / donde ardían / los sueños más extraviados. // Tenían hambre y sed como los bichos, / y silencio / alrededor de sus pasos. / Pero con cada gesto que hacían / un pájaro nacía de sus dedos / y deslumbrado penetraba en los espacios.</p>
	<p><br />
<br />

<strong>Adeus</strong></p>
	<p>Já gastámos as palavras pela rua, meu amor,<br />
e o que nos ficou não chega<br />
para afastar o frio de quatro paredes.<br />
Gastámos tudo menos o silêncio.<br />
Gastámos os olhos com o sal das lágrimas,<br />
gastámos as mãos à força de as apertarmos,<br />
gastámos o relógio e as pedras das esquinas<br />
em esperas inúteis.</p>
	<p>Meto as mãos nas algibeiras e não encontro nada.<br />
Antigamente tínhamos tanto para dar um ao outro;<br />
era como se todas as coisas fossem minhas:<br />
quanto mais te dava mais tinha para te dar.<br />
Às vezes tu dizias: os teus olhos são peixes verdes.<br />
E eu acreditava.<br />
Acreditava,<br />
porque ao teu lado<br />
todas as coisas eram possíveis.</p>
	<p>Mas isso era no tempo dos segredos,<br />
era no tempo em que o teu corpo era um aquário,<br />
era no tempo em que os meus olhos<br />
eram realmente peixes verdes.<br />
Hoje são apenas os meus olhos.<br />
É pouco mas é verdade,<br />
uns olhos como todos os outros.</p>
	<p>Já gastámos as palavras.<br />
Quando agora digo: meu amor,<br />
já não se passa absolutamente nada.<br />
E no entanto, antes das palavras gastas,<br />
tengo a certeza<br />
de que todas as coisas estremeciam<br />
só de murmurar o teu nome<br />
no silêncio do meu coração.</p>
	<p>Não temos já nada para dar.<br />
Dentro de ti<br />
não há nada que me peça água.<br />
O passado é inútil como um trapo.<br />
E já te disse: as palavras estão gastas.</p>
	<p>Adeus.</p>
	<p>Traducción:<br />
Adiós (18/12/00)<br />
Ya hemos gastado las palabras por la calle, mi amor, / y lo que nos quedó no llega / para alejar el frío de cuatro paredes. / Hemos gastado todo menos el silencio. / Hemos gastado los ojos con la sal de las lágrimas, / hemos gastado las manos a fuerza de apretarlas, / hemos gastado el reloj y las piedras de las esquinas / en esperas inútiles. // Meto las manos en los bolsillos y no encuentro nada. / Antiguamente teníamos tanto para dar el uno al otro; / era como si todas las cosas fuesen mías: / cuanto más te daba más tenía para darte. / A veces tú decías: tus ojos son peces verdes. / Y yo lo creía. / Lo creía, / porque a tu lado / todas las cosas eran posibles. // Pero eso era en el tiempo de los secretos, / era en el tiempo en que tu cuerpo era un acuario, / era en el tiempo en el que mis ojos / eran realmente peces verdes. / Hoy sólo son mis ojos. / Es poco pero es verdad, / unos ojos como todos los demás. // Ya hemos gastado las palabras. / Cuando ahora digo: mi amor, / ya no pasa absolutamente nada. / Y sin embargo, antes de gastar las palabras, / tengo la certeza / de que todas las cosas se estremecían / sólo por murmurar tu nombre / en el silencio de mi corazón. // Ya no tenemos nada que dar. / Dentro de ti no hay nada que me pida agua. / El pasado es inútil como un trapo. / Y ya te lo he dicho: las palabras se han gastado. / Adiós.<br />
<br />
<br />

<strong>Opiniones de escritores y críticos literarios portugueses y extranjeros</strong></p>
	<p>&#8220;He is problably the most popular of the modern poets&#8221; (Raymond Sayers &#8211; &#8220;Portuguese Poetry of Today and Eugénio de Andrade&#8221;)</p>
	<p>(...)&#8221;A sua poesia é a preferida pelos presos políticos, pois é a mais radiosa. Escuridão, já têm eles que chegue.&#8221; (Óscar Lopes)</p>
	<p>&#8220;Eugénio de Andrade não é um mero poeta ou um literato. Tornou-se numa marca da cultura viva.&#8221;<br />
&#8220;Depois de Fernando Pessoa, Eugénio de Andrade é o maior poeta português de presente século&#8221;.<br />
&#8220;Andrade é o exemplo de uma vida dedicada à escrita.&#8221; (Raymond Sayers)</p>
	<p>(...) &#8220;A poesia de Eugénio de Andrade retrata perfeitamente esta época que vivemos, anunciando também um futuro bem diferente da nossa realidade.&#8221; (M. Lígia Martha Aiello &#8211; &#8220;A Poesia de Eugénio de Andrade em Tempo de Metamorfose&#8221; &#8211; tesis de doctorado. Bauru, S. Paulo, 1977.)</p>
	<p>&#8220;Foi uma grata emoção estética, a do reencontro de sua poesia, nesse belo livro que reúne tantas páginas memoráveis e atesta bem o alto sentido da sua caminhada entre os seres e as coisas. Reli versos que me haviam tocado muito, e pude avaliar-lhes ainda mais a substância de beleza e humanidade. Guardarei com carinho essa terceira edição de &#8220;Poemas&#8221; como testemunho de um grande poeta que enriqueceu o nosso património comum de literatura viva.&#8221; (Carlos Drummond de Andrade &#8211; Carta a Eugénio de Andrade, 7 de Noviembre de 1971.)</p>
	<p>&#8220;Es fácil caer en el error de enfocar la poesía de E. de Andrade desde el punto de vista de la poesía española y pretender hacer de éste un poeta español como la última crítica viene haciendo. Temática y estilísticamente la poesía de Eugénio de Andrade se aleja bastante de la nuestra Generación del 27. (…) A posteriori se pueden ver influencias, incluso inconscientes, pero eso no es norma a priori en ningún artista que se precie.&#8221; (José Luna Borge &#8211; &#8220;La obra poética de Eugénio de Andrade&#8221; in &#8220;Insula&#8221;, nº484. Madrid, Marzo de 1987.)</p>
	<p>&#8220;Eugénio de Andrade è un isolato per exccellenza; alieno ad ogni inquadramento in gruppi o scuole egli segue, nelle mutevoli vicende della moderna poesia portoghese, una sua via ben distinta che molti hanno imitato e nessuno eguaglitato.La sua opera è il fruto di una continua, estenuante, armonizzazione di dicotomie.&#8221; (Carlo Vttorio Cattaneo &#8211; &#8220;Ostinato Rigore&#8221; -&#8221;Intoduzione&#8221;. Roma, Edizioni Abete, 1975.)</p>
	<p>&#8220;Le plus bel exemple d&#8217;une poésie sans discours, sans événement, sans complaisance ni nostalgie. Une poésie de la vie immédiate: la lumière, la chaleur de l&#8217;été, la permanence du feu, &#8220;Le filet d&#8217;eau, le matin de verre&#8221;. Une transparence éblouissante, ne cachant pas que &#8220;l&#8217;amour jamais ne fut facile&#8221;, là où, pourtant, &#8220;nous dormirons nus à l&#8217;intérieur des fruits&#8221;. (Claude Michel Cluny &#8211; &#8220;Eugénio de Andrade&#8221; in &#8220;Lire&#8221;, nº136. París, Enero de 1987.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/7631/eu-genio-yo-genio</link>
		<pubDate>Mon, 26 Sep 2005 06:08:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Ferreiro</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Manuel Lara Cantizani</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Lara Cantizani  (Lucena, Córdoba, 1969) es poeta, editor y atleta familiar (la familia es un deporte de riesgo.) Licenciado en Filología Hispánica, es profesor de Literatura en el IES Clara Campoamor de Lucena. Director de la colección de poesía <em>4 estaciones</em> (19 números editados), es asesor de la colección de poesía <em>Puerta del Mar</em> de la Diputación de Málaga, asesor de la revista de literatura Angélica y subdirector de la revista de poesía <em>Señales de humo</em>.</p>
 Ha publicado los siguientes poemarios:
<em>Yo maté al cisne</em>, Colección de escritores y temas lucentinos, Lucena, 1994.
<em>Poemas adúlteros</em> (Premio Nacional de Poesía “Poeta Mario López”), Cuadernos de Ulía, Fernán- Núñez, 1995.
<em>Todo lo que sé de ti y otras mentiras</em>, La Nube de Goku, Córdoba, 1999.
<em>Isla desierta</em>, La Lámpara Verde, Fundación Genesian, Sevilla, 2001.
<em>Versos</em>, Universidad de Lleida, Lleida, 2002.
<em>Incultura clásica</em>, Aula Poética Casa del Inca, Montilla, 2002.
<em>Los 4 elementos</em>, Libros del Consuelo, Béjar, 2004.
	<p>Diego Reche Artero en un trabajo sobre la poesia de Lara Cantizani dice:  <br />
“Los versos también tienen, implícitamente, algo de la mirada pedagógica del profesor, el recurso diario de pretender llevar a sus alumnos todo el peso actualizado de la tradición, con formas modernas. E inconscientemente no los ha podido evitar, le fluyen con las palabras, esas palabras que a veces remarcan símbolos, se vuelven extrañas, se complican, se mezclan, pero al final dejan la formula que resuelve el enigma. ¿Cuantos matices no analizados del mito tocan los versos de Cantizani? Entonces hay que volver despacio al mito para recolocar esa nueva narrativa, ese nuevo camino propuesto por el poeta.<br />
..... <br />
Dentro de un uso del lenguaje abierto, sin respetos líricos a veces, o a veces forzándolo hasta el lirismo, que surge porque está ahí. La voz de Lara Cantizani, bucea por la tradición irónica, hija de la relectura poética, un poco de Luis Alberto de Cuenca, un poco de Víctor Botas&#8230; y encuentra una voz personal en versos cortos y soluciones concentradas.”</p>
	<p><em>h.b.</em><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p>CARTA DE PENÉLOPE A CIRCE</p>
	<p>Agua. Me separa de Ulises<br />
tu cuerpo y el suyo sudando amor desnudo<br />
sin orillas.<br />
Demasiada agua.</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su insípido recuerdo vadea seco<br />
por las playas de la memoria.</p>
	<p>El porqué de este poema es el mensajero, Telémaco.<br />
Él y tu cariñoso huésped<br />
&mdash;fiero engañado&mdash;<br />
se creen padre e hijo.<br />
No los desilusiones, no seas bruja.<br />
Además, los labios anónimos que besé a escondidas<br />
se han empapado de olvido<br />
y, te seré sincera, amiga,<br />
no sé bien quién lo engendró.</p>
	<p>Mi nuevo amante<br />
&mdash;él ha escrito estos versos,<br />
no es héroe, es poeta&mdash;<br />
admira al tuyo. <br />
Yo, ya no.</p>
   Recuerdos a los cerdos.
	<p>(de <em>Incultura clásica</em>, Casa del Inca, Montilla, 2002).</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>EL POETA NO ADELANTA, EN BICICLETA, A OTRO DUATLETA</p>
	<blockquote>
		<p>Voy deprisa por la vida. Y mi risa<br />
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.<br />
MANUEL MACHADO</p>
	</blockquote>
	<p>Yo, sin dejar el lado erótico de la vida, <br />
en lo último que pienso ahora<br />
es en las mujeres.</p>
	<p>A 15 kilómetros del clímax<br />
mi meta no es la meta. </p>
	<p>Mi meta es la caricia<br />
de esos dos suaves pechos<br />
de tercera categoría.<br />
La redonda metáfora de sus pezones<br />
me regala<br />
un <br />
&nbsp;&nbsp;descenso
 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;irreversible.</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y después, el placer<br />
del vientre liso de una carretera amiga,<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la curva insinuando<br />
un túnel<br />
&mdash;no virgen&mdash;<br />
de paredes lubricadas <br />
por el sudor de otros hombres<br />
más rápidos.<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo penetro firme.<br />
Y salgo de él y vuelvo a entrar<br />
porque se me ha caído <br />
el bote isotónico, derramando así <br />
toda mi fuerza.</p>
	<p>En esta batalla de amor<br />
propio<br />
no busco la meta<br />
&mdash;ya lo he dicho.<br />
Corro porque se hace camino <br />
al correr.<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y no estoy solo.<br />
En el horizonte cansado, <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;el enemigo.<br />
Me acerco, a traición, a otro cuerpo duro<br />
que jadea junto al mío,<br />
que no conozco,<br />
que podría gozar<br />
adelantándolo,<br />
pero que prefiero admirar desde atrás,<br />
sin saber nada de la imagen de su cara,<br />
sin ayudarla a quedar<br />
&mdash;con relevos cortos<br />
como besos inexpertos de adolescentes&mdash;<br />
primera <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en la clasificación femenina.</p>
	<p>(de <em>Los 4 elementos</em>, Libros del Consuelo, Béjar, 2004)<br />
<br />
<br />
</p>
	<p>AGUAFIESTAS</p>
	<p>Atardecen <br />
cándidos lilios gongorinos.<br />
Los arreboles adivinan<br />
su ineludible elegía<br />
y las farolas, exageradas,<br />
escupen ilustración.<br />
El dinamismo de la Naturaleza<br />
invita a tomar<br />
un avión hacia el infinito<br />
del crepúsculo<br />
y yo, jugando a horizonte,<br />
te bajo las bragas<br />
y estropeo <br />
la pureza del idilio.</p>
	<p>(de <em>Poemas adúlteros</em>, Cuadernos de Ulía, Fernán-Núñez, 1996)             </p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>VERDE</p>
	<p>Tus brazos se han abierto,<br />
son bosques y tus senos son bosques.<br />
Tus muslos se han abierto,<br />
son bosques y tu sexo es un bosque.<br />
Estarías desnuda sin ese vestido verde.</p>
	<p>(de <em>Yo maté al cisne</em>, Escritores y temas lucentinos, Lucena, 1994)</p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<p>_________________________<br />
Una posible poética (escrita a HB cuando éste le pidió unas palabras sobre su poesía). </p>
	<p>Aquí llevas una representación exacta de lo que yo entiendo por poesía: humor, sexo, deporte y mitología.<br />
Son 4 poemas claves en mi obra. Cada uno de ellos me abrió, en su momento, una puerta (ya sea por haber salido en una revista, por ganar un premio, etc).<br />
“Verde” es mi primer poema erótico. Acaba de publicarlo Jesús Munárriz en una espléndida antología de coños titulada: El origen del mundo (Hiperión, Madrid, 2004, nº 464).<br />
“Aguafiestas” me dio, junto con 17 poemas, más el premio nacional de poesía “Poeta Mario López”. Fue en Bujalance  (Córdoba), en 1995. Desde entonces soy profesional de esto.<br />
“Carta de Penélope a Circe” es el colofón de humor triste a una serie de poemas de mitología que tienen una clara intención didáctica para mis alumnos.<br />
“El poeta no adelanta&#8230;” es uno de mis favoritos en tema deportivo. Salió en la maravillosa antología de Litoral, “Deporte, arte y literatura” de 2004. Es el que más éxito tiene en público cuando lo recito.<br />
En fin, aquí tienes una prosaica explicación del porqué estos y no otros. Si los eligiera la semana que viene seguro que cogía poemas distintos. Todo depende siempre del ánimo. Hoy estoy contento porque me voy unos días a Cádiz  (a comer y beber) con mi familia. Es el Puente de Andalucía. Seguro que en Nueva York no se celebra. Pues muy mal.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/7097/manuel-lara-cantizani</link>
		<pubDate>Wed, 22 Jun 2005 07:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Francisco Álvarez Velasco</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La de Francisco Álvarez Velasco es una poesía desprovista de demasiada ornamentación en donde el amor ocupa un lugar destacado. Es poesía de amor y es también poesía amorosa, comprometida, paisajista, cercanamente arropada por los poetas del siglo de oro, de la poesía clásica y con presencias de lejanas devociones. Es una poesía que hace una autopsia a la vida, que disecciona a la propia muerte y que con el bisturí de la palabra nos rasga la piel del recuerdo. Poesía de la naturaleza tocada, a veces, por un luz social y política es una poesía comprometidamente humana. Una poesía de la tierra, subterránea, poesía interiorista pero también una poesía de familia, con nombres y rostros, con bosques de árboles que tienen raíces que son los huesos del abuelo. </p>
	<blockquote>
		<p>Hoy remonto en mi sangre<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;hasta la servidumbre lejana de mi abuelo<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y le ayudo en las piedras que tuvo que mover&#8230;</p>
	</blockquote>
	<p>Poesía, en su mayoría, en un sobrio blanco y  negro que ilumina en colores velazqueños nuestra mirada: la mirada del alma. <br />
Escribe en “El comercio de Gijón”, es serio, traduce poesía, fue profesor de literatura por tierras de Castilla y Asturias, es un buen caminante y cuando un amigo lejano visitó al poeta en su ciudad de Gijón subieron a contemplar, en una tarde de agosto temeraria y cambiante, el horizonte al que elogiaron.    Álvarez Velasco, 1940,  es sobre todo, un poeta. Un poeta  que no sólo escribe poesía  sino que la mantiene y la ha puesto un piso, es querida de lujo, en un céntrico, visitado y popular portal. <a href="http://www.portaldepoesia.com" title="poesía">http://www.portaldepoesia.com</a>. </p>
	<p>Y aquí algunos de sus libros: <em>Tiempo de maldición</em>, Madrid, Taranto, 1979; &laquo;En el nombre del árbol&raquo; (en el colectivo <em>Libro del bosque</em>), Gijón, 1984 (librodelbosque0.htm); &laquo;Tierra&raquo; (en el colectivo <em>TetrAgonía</em>), Gijón, Ateneo Obrero, Col. Deva, 1986; <em>Del viejísimo jugo de la tierra</em>, Gijón,  Ateneo Obrero, Col. Deva, 1988; <em>La hiedra del silencio</em>, Madrid, Cuadernos de Cántiga, 1993.
 <em>h.b.</em><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p>MUCHO pedazo tuyo dejaste por la vida,<br />
por los caminos que previamente te marcaran,<br />
tanto trozo perdido a la orilla de tus sendas,<br />
jirones que el viento aupaba hasta las ramas<br />
sin hojas, ya el otoño bien entrado.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Memoria triste de ti, sin lágrimas ni aplausos;<br />
ninguna mano en el camino te había dicho adiós;<br />
hablabas de brocales malvadamente con soga y sin caldero.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Los otros te marcaron las horas de descanso;<br />
sobre asépticas mesas frías<br />
hicieron cálculos,<br />
pusieron datos objetivos, tales como el viento<br />
que te rasgaba la memoria de los tuyos,<br />
o bien el silencio en los tímpanos del alma,<br />
o bien la tristeza curvada de tu espalda.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Pusieron número a tus soles, número a tus lunas,<br />
desde mucho atrás comprobaron el minuto de llegada.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y nadie vino a desatar las sandalias de tu costumbre.<br />
Nadie se agachó a mirar por las gateras de su casa.<br />
Nadie perdón pidió por tu camino largo<br />
o por la chaqueta lenta de tus hombros,<br />
de tus hombros abiertos al viento del invierno.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(de <em>Tiempo de maldición</em>, 1979)</small><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Memoria del bosque</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small><em>Ya viene la blanca niña, <br />
ya viene la niña blanca <br />
al pie de la fuente fría<br />
que por el oro manaba.</em><br />
(Romance de la Danza Prima)</small></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>En la lenta memoria de este bosque<br />
de corazón plural, común a tanta vida <br />
de líquenes y musgos,<br />
denso perfume del laurel sagrado, <br />
hojas tiernas de mayo,<br />
o ramas neblinosas del invierno,<br />
se han perdido las sendas por donde el hombre iba <br />
y la choza en el claro no encuentra el peregrino, <br />
y la yedra ha escondido las letras amorosas,<br />
las que ciñen las limpias cortezas de abedules.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Hay, en cambio, una fuente <br />
lustral y clara y fría,<br />
esa que suena insomne y recuerda la historia <br />
de aquella blanca niña.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>( de &laquo;En el nombre del árbol&raquo;, <em>Libro del bosque</em>, Gijón, 1984)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><small><em>He visto que las cosas<br />
cuando buscan su curso encuentran su vacío.</em><br />
F. G. L.</small></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>AQUELLOS ojos tuyos de mil novecientos treinta y seis<br />
no vieron a la hormiga pacer en el pubis rubio de la muchacha que duerme<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;bajo el puente,<br />
ni los aleteos del claror en la brisa de las alondras,<br />
ni la lengua de agua que canta en los molinos por el valle de las adelfas.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Aquellos ojos tuyos de mil novecientos treinta y seis<br />
vieron un nido de jilgueros llorando en las culatas,<br />
una fila de alacranes que aguardaba en el metal<br />
y una madre vieja que buscaba en los tejados<br />
el sabor ocre de la tierra para calmar la sed de su vientre desolado.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Aquellos ojos tuyos a la altura del suelo,<br />
a la altura del óxido en las rejas,<br />
a la altura del polvo caído de las mariposas muertas,<br />
a la altura del corazón sin goznes, tapiado con pedruscos, barro y paja.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Sábana sin cuerpos,<br />
camisa sin culebra, caparazón rojo sin cangrejo,<br />
celdilla sin polen y sin huevo,<br />
lino blanco sin Cristo a la orilla del ángel.<br />
Allí los ojos tuyos.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Ya nada preguntamos. Sabemos que los sapos <br />
están siendo castrados y perderán los ojos para cantar en los coros<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de Roma,<br />
que las palabras dulces doblaron las esquinas del silencio,<br />
que un musgo rojo crece en la lengua de los toros<br />
y que la axila del caballo lleva un puñado de huevos verdes.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p> <small>(de <em>A Federíco García Lorca</em>, Gijón, Deva, 1987)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p>ARCILLA luminosa donde el tiempo se comba.<br />
Es arcilla tu cuerpo, remanso en que las manos,<br />
arcilla en que los ojos, donde los labios secos<br />
aquietan hoy sus pulsos, la luz más honda beben<br />
que atesora la tierra.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¡Tierra arcilla tu carne,<br />
honda tierra en silencio! Abierta gloriosa-<br />
mente para la mano que avanza donde late<br />
el fuego inextinguible de un corazón secreto.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>A grandes sorbos busco la pura luz profunda.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(de &laquo;Tierra&raquo;, en <em>TetrAgonía</em>, Gijón, Deva, 1986)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><small><em>L ‘étoile a pleuré rose au coeur de tes oreilles&#8230;</em><br />
A. Rimbaud</small></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>AL FONDO de tu oreja late rosa una estrella <br />
que me llama y acudo, al fondo de tu oreja, <br />
con los labios y beso el pabellón de nácar, <br />
el lóbulo de musgo encendido de rosa.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>El espacio infinito es un arroyo claro <br />
que salta de tu nuca, desciende por los hombros <br />
sin tregua, fluye y fluye por la espalda su luz <br />
y se despeña y luego remonta la cintura.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>La mar perló de rojo suave y nácar tus pechos, <br />
y levantan su vuelo como gaviotas blancas <br />
en el alba de junio, y detienen su vuelo<br />
como amapolas rojas por los campos de trigo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y yo, aquí, a tu costado. Ríos de sangre en sombra <br />
me recorren por dentro y de ti me separan <br />
como si tú estuvieras en el final de un túnel <br />
negro, estrecho, infinito. En el final de un túnel.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Trece poetas. Asturias 1972-1985_)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p>AHORA miras el mundo. <br />
El mundo, que amanece vacío de señales. <br />
Por sendas azuladas se fueron las palomas. <br />
Secos están los cauces en los altos arroyos <br />
y en los pozos se aquietan las aguas de la noche. <br />
La alondra con el alba no sale hasta el camino. <br />
Miras caer el fruto desde el árbol y ves que no germina. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Deshabitado el pecho <br />
miras al hombre, cerebral <br />
y aséptico y ajeno, sin poder explicarse <br />
toda la luz que ofrece el universo. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Miras al hombre examinar su pecho, <br />
fríamente su pecho, <br />
avanzar por los sueños no soñados, <br />
calcular las palabras que quedan por decir , <br />
y hacer suma total y levantar el acta <br />
de todos sus vacíos. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Miras al hombre en su afán resistirse, <br />
orgulloso y erguido en sus deseos <br />
y todopoderoso, <br />
para ser al final la hoja última <br />
en la rama más alta del aliso <br />
que un momento titila con el aura <br />
y después cae y se pudre con toda la hojarasca de la tierra</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><small><em>con este dulce soplo <br />
que triunfa de la muerte y de la piedra</em><br />
A. Machado</small></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Piedra bebemos en la delgadísima savia de los musgos. <br />
Porque sabed que es humana la piedra con su musgo <br />
y se vuelve más tierna <br />
por el mínimo jugo con que fluye en el tiempo <br />
y sale de su invierno detenido, <br />
camina con los meses <br />
y cruza los solsticios, <br />
la mañana <del>¡tan fresca!</del> <br />
de San Juan. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>El parque</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y en las pausas oscuras de la blanca memoria<br />
gentes ciegas nos buscan con su mano.<br />
Querrán cruzar las calles<br />
y llegar a instalarse en su esquina vacía<br />
o a un banco con gorriones en el parque<br />
junto a las limpias voces de la infancia.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Es un viejo jardín con hierba sucia <br />
y con palomas grises en las amanecidas, <br />
donde esperan los viejos a su muerte <br />
y gritan por las noches los amantes. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y después de la lluvia huele a otoño. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p>TAL VEZ puedas salvarte <br />
si hoy por tu espejo vienen <br />
bandadas de palomas que marcaron <br />
linderos a la infancia <br />
y campanas que fluyen <br />
en altos campanarios <br />
y nos convocan, llaman, están llamando a fiesta. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Cruza, en cambio, una niebla repleta de presencias ignoradas <br />
con el espeso espanto del insomnio. <br />
Y detrás de esta niebla, <br />
otra niebla te llega sin orillas. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Tal vez puedas salvarte <br />
si encuentras los caminos <br />
y otro mundo detrás de los espejos <br />
con mares, playas, islas. <br />
Hay otra vida acaso en ínsulas extrañas <br />
donde estés tú tendida para siempre. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p>Hoy remonto en mi sangre <br />
hasta la servidumbre lejana de mi abuelo <br />
y le ayudo en las piedras que tuvo que mover <br />
y le aparto del palo <br />
y luego le enderezo la espalda <br />
hasta mi tiempo. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y me pongo con él a caminar hacia otros días.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>Cuerpo tendido</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>A sol y a espliego hueles. <br />
Y al tibio sacramento de tu carne<br />
caminan las hormigas del deseo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p> <small>(_La hiedra de silencio_, Madrid, Cuadernos de Cántiga, 1993)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><small><em>y le doy un abrazo. emocionado</em><br />
C. Vallejo </small></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¿QUÉ HACER ahora con toda esta nuestra esperanza <br />
sino ver en qué para <br />
aquel que está sentado <br />
a la puerta del templo, y auscultarle <br />
el dolor, ¡ese suyo!, debajo de su pecho, <br />
tan gran dolor que vino acumulando <br />
desde cuando era niño <br />
grano de arena a grano <br />
en ambos lagrimales? </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y mirar qué le pasa <br />
a aquel otro sentado <br />
en la última piedra, a la orilla del mundo, <br />
llegado ya al final de su duro camino, <br />
contando sus vacíos, <br />
los que van entre angustias <br />
y angustias, allá arriba en su cerebro, <br />
su cerebro viejísimo. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p>MARCA con piedra blanca esta mañana <br />
si ves que a flor de ojos <br />
la mirada más limpia de los niños <br />
está mirando el mundo. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Están mirando el mundo, hurgando en sus arenas <br />
precisas, levantando las piedras <br />
que nadie levantara, <br />
acompasando el tiempo <br />
en corros luminosos, <br />
palabras repetidas que cantaste en tu infancia. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Con la piedra más blanca, <br />
que están mirando el mundo. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_Del viejísimo jugo de la tierra_, Gijón, Deva, 1988)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>LOS ESPEJOS MUERTOS</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>En sus aguas se pudren<br />
aquellos ojos todos,<br />
y los cuerpos aquellos,<br />
remolinos de sombras<br />
que un día se miraban.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Los labios de Narciso,<br />
las manos de Arnolfini y el vientre de su esposa,<br />
la Venus de don Diego,<br />
la guirnalda de Ofelia,<br />
los bucles del rey Sol,<br />
la púrpura de aquel Papa Inocencio,<br />
aquellas ropas chapadas que traían&#8230;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Y ese polvo tan triste<br />
de tantos oropeles de la historia.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_La hiedra de silencio_, Madrid, Cuadernos de Cántiga, 1993)</small></p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>AUTOPSIA</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Alguien le abrió los ojos,<br />
y en su interior había:<br />
luces de amanecer, lentos trenes del alba,<br />
un árbol con su sombra,<br />
la hojarasca de otoño,<br />
un rostro ante el espejo,<br />
la escarcha en los cristales,<br />
unos labios abriéndose,<br />
otros ojos mirando&#8230;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><small>(_La hiedra de silencio_, Madrid, Cuadernos de Cántiga, 1993)</small></p>
	</blockquote>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/6249/francisco-alvarez-velasco</link>
		<pubDate>Tue, 01 Feb 2005 06:51:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Francisco de la Torre</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Francisco de la Torre</strong> es una incógnita. Sabemos de su obra porque Quevedo la editó con admiración en 1631, pero apenas nada se sabe de su persona. Su obra parece acabada hacia 1572, por lo que es contemporáneo de Hurtado de Mendoza o Gutierre de Cetina, y formaría parte junto con estos y otros muchos de ese periodo de maduración poética que lleva del renacimiento al barroco. Con Garcilaso y Petrarca como fuentes constantes de su poesía, de la Torre tiene sin embargo una sensibilidad muy cercana al romanticismo decimonónico, donde el amor, tema casi exclusivo de su poética, es siempre rechazo, aungustia y una melancolía muy extraña a su época. Conocido como el poeta de la noche, es este escenario nocturno, heredado muy directamente de la lírica provenzal y galaico-portuguesa, el que unifica y ambienta sus versos, versos en los que se aunan los recursos clásicos de la lírica tradicional con un uso elegante de la metáfora y un atrevidísimo &#8220;abuso&#8221; del encabalgamiento que antecede a las rupturas versales culturalistas.Su importancia y calidad puede apreciarse también en la <em>Canción II</em> que aquí ofrecemos, cuyo delicado misticismo precede y prepara el del <em>Cántico espiritual</em> de San Juan de la Cruz.<br />
Apenas editado, ofrecemos una selección de su poesía tomada de la edición de Cátedra (1993) llevada a cabo por Mª Luisa Cerrón, apenas el único libro disponible para ampliar la lectura de la poesía de Francisco de la Torre.<br />
<em>m.t.</em></p>
	<p><br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>SONETO XIV</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¿Cuál elemento, cuál estrella o cielo<br />
sustenta, influye, encubre, tiene, o cría<br />
yerba, piedra, licor, raíz, harpía,<br />
contra la fuerza de un ardiente yelo?</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>No cría el agua, ni produce el suelo,<br />
la noche esconde, ni descubre el día<br />
encanto duro, ni ponzoña fría<br />
que rompa el lazo de enemigo celo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Esta Medusa, y esta Circe bella,<br />
tal es la fuerza que en sus ojos tiene,<br />
tales encantos hace con sus ojos,</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>que yela el alma con su fuego, y de ella<br />
oculta causa justamente viene,<br />
con que sustenta viva sus despojos.<br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>SONETO XXIII</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Bella es mi ninfa si los lazos de oro<br />
al apacible viento desordena;<br />
bella, si sus ojos enajena<br />
el altivo desdén que siempre lloro;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>bella, si con la luz que sola adoro<br />
la tempestad del viento y mar serena;<br />
bella, si a la dureza de mi pena<br />
vuelve las gracias del celeste coro.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Bella si mansa, bella si terrible,<br />
bella si cruda, bella si esquiva, y bella,<br />
si vuelve grave aquella luz del cielo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Cuya beldad humana, y apacible,<br />
ni se puede saber lo que es sin vella,<br />
ni vista entenderá lo que es el suelo.</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>SONETO XVII</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Solo, y callado, y triste, y pensativo<br />
huyo la gente con los ojos llenos<br />
de dolor, y de llanto; los serenos<br />
ojos huyendo que me tienen vivo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Allá queda mi espíritu cautivo<br />
penando su pasión; y ellos ajenos<br />
de su primero amor, los bellos senos<br />
humedecen llorando su hado esquivo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Yo que aguardé la luz de su belleza,<br />
dentro del alma llevo el golpe fiero,<br />
y allí me sigue, donde voy, su ira.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Gran bien quito a mis ojos, y el primero,<br />
por quien llora mi alma su dureza,<br />
es ver la pena que en su rostro mira.</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>CANCIÓN II</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Doliente sierva, que el herido lado<br />
de ponzoñosa y cruda yerba lleno,<br />
buscas la agua de la fuente pura<br />
con el cansado aliento y con el seno<br />
bello de la corriente sangre hinchado;<br />
débil y descaída tu hermosura.<br />
¡Ay, que la mano dura<br />
que tu nevado pecho<br />
ha puesto en tal estrecho,<br />
gozosa va con tu desdicha cuando,<br />
cierva mortal, viviendo está penando<br />
tu desangrado y dulce compañero,<br />
el regalado y blando<br />
pecho pasado del veloz montero!</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Vuelve, cuitada, vuelve al valle donde<br />
queda muerto tu amor, en vano dando<br />
términos desdichados a tu suerte.<br />
Morirás en su seno reclinando<br />
la beldad que la cruda mano esconde<br />
delante de la nube de la muerte;<br />
que el paso duro y fuerte,<br />
ya forzoso, y terrible,<br />
no puede ser posible<br />
que le escusen los cielos, permitiendo<br />
crudos astros que mueras padeciendo<br />
las acechanzas de un montero crudo,<br />
que te vino siguiendo<br />
por los desiertos de este campo mudo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Mas, ay, que no dilatas la inclemente<br />
muerte que en tu sangriento pecho llevas<br />
del crudo amor vencido, y maltratado.<br />
Tú, con el fatigado aliento, pruebas<br />
a rendir el espíritu doliente<br />
en la corriente de este valle amado;<br />
que el ciervo desangrado,<br />
que contigo la vida<br />
tuvo por bien perdida,<br />
no fue tan poco de tu amor querido,<br />
que habiendo tan cruelmente padecido,<br />
quieras vivir sin él, cuando pudieras<br />
librar el pecho herido<br />
de crudas llagas y memorias fieras.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Cuando por la espesura de este prado,<br />
como tórtolas solas y queridas,<br />
solos y acompañados anduvistes;<br />
cuando de verde mirto y de floridas<br />
violetas, tierno acanto y lauro amado<br />
vuestras frentes bellísimas ceñistes;<br />
cuando las horas tristes<br />
que ausentes y queridos,<br />
con mil mustios bramidos<br />
ensordecistes la ribera umbrosa<br />
del claro Tajo, rica y venturosa,<br />
con vuestro bien, con vuestro mal sentida;<br />
cuya muerte penosa<br />
no deja rastro de contenta vida.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Agora el uno cuerpo muerto lleno<br />
de desdén y de espanto, quien solía<br />
ser ornamento de la selva umbrosa,<br />
tú, quebrantada y mustia, al agonía<br />
de la muerte rendida, el bello seno<br />
agonizando, el alma congojosa.<br />
Cuya muerte, gloriosa<br />
en los ojos de aquellos<br />
cuyos despojos bellos<br />
son victorias del crudo Amor furioso,<br />
martirio fue de Amor, triunfo glorioso<br />
con que corona y premia dos amantes<br />
que del siempre rabioso<br />
trance mortal salieron muy triunfantes.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Canción, fábula un tiempo y caso agora<br />
de una cierva doliente que la dura<br />
flecha del cazador dejó sin vida:<br />
errad por la espesura<br />
del monte, que de gloria tan perdida,<br />
no hay sino lamentar su desventura.</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>SONETO XXXII</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Bellas lumbres del alto firmamento,<br />
que puestas en su cumbre soberana<br />
dais vuestra luz a la región humana,<br />
y al trono eterno del empíreo asiento.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¿Vistes jamás amante tan contento<br />
en perdición tan conocida y llana?<br />
¿Ninfa tan dura? ¿Fe tan inhumana?<br />
¿Tan mal pagado amor? ¿Tan gran tormento?</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¿Vistes en cuanto la sagrada lumbre<br />
del claro padre de Faetón alcanza<br />
ídolo más divino y adorado?</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Si de su luz es vuestra luz vislumbre,<br />
y es de más perfección su semejanza,<br />
¿qué puede ser mi simulacro amado?</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>SONETO XXIII</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>La blanca nieve y la purpúrea rosa,<br />
que no acaba su ser calor ni invierno;<br />
el sol de aquellos ojos puro, eterno,<br />
donde el Amor como en su ser reposa;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>la belleza, y la gracia milagrosa,<br />
que descubren del alma el bien interno;<br />
la hermosura donde yo dicierno,<br />
que está escondida más divina cosa;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>los lazos de oro donde estoy atado;<br />
el cielo puro donde tengo el mío;<br />
la luz divina que me tiene ciego;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>el sosiego que loco me ha tornado;<br />
el fuego ardiente que me tiene frío,<br />
yesca me han hecho de invisible fuego.</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>SONETO XV</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Noche, que en tu amoroso y dulce olvido<br />
escondes y entretienes los cuidados<br />
del eenmigo día; y los pasados<br />
trabajos recompensas al sentido.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Tú, que de mi dolor me has conducido<br />
a contemplarte, y contemplar mis hados,<br />
enemigos agora conjurados<br />
contra un hombre del cielo perseguido:</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>así las claras lámparas del cielo<br />
siempre te alumbren, y tu amiga frente<br />
de beleño y ciprés tengas ceñida.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Que no vierta su luz en este suelo<br />
el claro Sol mientras me quejo, ausente,<br />
de mi pasión. Bien sabes tú mi vida.</p>
	</blockquote>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/6181/francisco-de-la-torre</link>
		<pubDate>Thu, 20 Jan 2005 06:54:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2005-01-20:77c262b7562572606450a68115f67ab6/12aaae4fd9d2012e476587f81d560673</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Morir a pie: la poesía del capitán Aldana</title>
		<description><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/29t.jpg" alt="" /></p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><img alt="Dibujo de Hilario Barrero" src="https://librodenotas.com/images/29.jpg" align="left"  border="0"  hspace="6" vspace="6">Hasta hace relativamente poco la obra y el nombre de Francisco de Aldana eran desconocidos tanto por la crítica como por el público. Su influencia en la poesía de nuestro tiempo le ha redescubierto y han aparecido trabajos fundamentales y tesis doctorales que han estudiado la vida y obra del <em>capitán divino</em>. Entre los primeros debemos mencionar los de Vossler,  J.P.W. Crawford,  Rodríguez-Moñino, Menéndez Pelayo, José María de Cossio y el de Cernuda publicado en la revista Ínsula en diciembre de 1954. Además fueron decisivos el libro de Lefebvre, publicado en Chile en 1953, la edición de las <u>Poesías</u> de Aldana en “Clásicos castellanos” por Elías Rivers en 1966 y la de Planeta, de Rosa Navarro en 1994. </p>
<p>Aldana nació en 1537 probablemente en el reino de Nápoles, donde su padre era capitán, encargado de las fortalezas de Aquila, Gaeta y Manfredonia. De joven, viviendo en Florencia, adquirió Aldana “un conocimiento del neoplatonismo, sino también &mdash;dice Rivers&mdash;, hasta cierto punto, esa actitud pagana de hedonismo filosófico que asimismo era típica de la Italia renacentista”. Llega a Madrid en 1576 y escribe la famosa Carta para Arias Montano y las <em>Otavas dirigidas al rey don Felipe</em>. Conoció al rey don Sebastián de Portugal quien hacia preparativos para la conquista de África. Don Sebastián pidió a su tío el rey Felipe que le enviara a Aldana como consejero militar y así lo hace. Los dos se encontraron cerca de Tres Ribeiros y don Sebastián le nombró maestre de campo general. El ejercito portugués estaba mal organizado y cuando la fuerza enemiga, en la llanura de Alcazarquivir, atacó los portugueses perdieron su valentía y los moros mataron a casi todo el ejercito,  incluido el rey don Sebastián que tenía 24 años y Aldana. Cuentan que algunos vieron a ambos un poco antes de morir. “Y el día de la batalla, andando Aldana a pie por le haber muerto el caballo, le encontró el rey y le dijo: &#8211; Capitán, ¿por qué no tomáis caballo? -Y él dicen que le respondió: -Señor, ya no es tiempo sino de morir, aunque sea a pie. -Y con la espada en la mano tinta en sangre, se metió entre los enemigos, haciendo el oficio de tan buen soldado y capitán como él era”. Una muerte perfecta para un caballero y poeta de “a pie”. </p>
	<p><p>La poesía de Aldana está llena de sensualidad y de neoplatonismo. Su actitud pagana, así como su manera de tratar el arte de amar le hacen un poeta rabiosamente actual. Y aun cuando el primer soneto que abre esta antología es citado hasta la saciedad lo hace porque en él vemos, aparte del dialogo, de la lucha de amor, la fusión de las almas, el armazón del poema, su trazado arquitectónico que es perfecto y su equilibrio, también apreciamos la fogosa sensualidad que hay en el poema y “una muy típica percepción hipersensual de la realidad física”. (Rivers). El escalofriante endecasílabo “en nuestros labios, de chupar cansados” es una directa y nueva manera de presentar la pasión de amar que nos quema y nos sorprende aun ahora. <strong>Siete sonetos para aprender a amar o a morir</strong>. </p>
    <br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto XII</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>-¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando<br />
en la lucha de amor juntos, trabados,<br />
con lenguas, brazos, pies y encadenados<br />
cual vid que entre el jazmín se va enredando,</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>y que el vital aliento ambos tomando<br />
en nuestros labios, de chupar cansados,<br />
en medio a tanto bien somos forzados<br />
llorar y sospirar de cuando en cuando?</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>-Amor, mi Filis bella, que allá dentro<br />
nuestras almas juntó, quiere en su fragua<br />
los cuerpos ajuntar también, tan fuerte</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>que no pudiendo, como esponja el agua,<br />
pasar del alma al dulce amado centro,<br />
llora el velo mortal su avara suerte.</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
</p>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto XXXIV</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Reconocimiento de la vanidad del mundo</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,<br />
tras tanto varïar vida y destino,<br />
tras tanto de uno en otro desatino<br />
pensar todo apretar, nada cogiendo,</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>tras tanto acá y allá yendo y viniendo<br />
cual sin aliento inútil peregrino,<br />
¡oh Dios!, tras tanto error del buen camino,<br />
yo mismo de mi mal ministro siendo,</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>hallo, en fin, que ser muerto en la memoria<br />
del mundo es lo mejor que en él se asconde,<br />
pues es la paga dél muerte y olvido,</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>y en un rincón vivir con la vitoria<br />
de sí, puesto el querer tan sólo adonde<br />
es premio el mismo Dios de lo servido.<br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto V</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Por un bofetón dado a una dama</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¡Oh, mano convertida en duro hielo,<br />
turbadora mortal de mi alegría!<br />
¿Pudiste, mano, oscurecer mi día,<br />
turbar mi paz, robar su luz al cielo?</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>El rubio dios que nos alumbra el suelo<br />
corre con más placer que antes solía,<br />
cubierta viendo a quien su luz vencía<br />
de un mal causado, indigno y turbio velo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¡Goza, envidiosa luz, goza de aquesto!<br />
¡Goza de aqueste daño, oh, luz avara!<br />
¡Oh, luz, ante mi luz breve y escasa!;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>que aún pienso ver, y créeme, luz, muy presto,<br />
cual antes a mi luz serena y clara,<br />
y entonces me dirás, luz, lo que pasa.<br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto XVII</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Mil veces digo, entre los brazos puesto<br />
de Galatea, que es más que el sol hermosa;<br />
luego ella, en dulce vista desdeñosa,<br />
me dice: &#8220;Tirsis mío, no digas eso&#8221;. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Yo lo quiero jurar, y ella de presto,<br />
toda encendida de un color de rosa,<br />
con un beso me impide y, presurosa,<br />
busca tapar mi boca con un gesto. </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Hágole blanda fuerza por soltarme,<br />
y ella me aprieta más y dice luego:<br />
&#8220;No lo jures, mi bien, que yo te creo&#8221;.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Con esto, de tal fuerza a encadenarme<br />
viene que Amor, presente al dulce juego,<br />
hace suplir con obras mi deseo. <br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto XX</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Es tanto el bien que derramó en mi seno, <br />
piadoso de mi mal, vuestro cuidado,<br />
que nunca fue tras mal bien tan preciado<br />
como este tal, por mí de bien tan lleno.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Mal que este bien causó jamás ajeno<br />
sea de mí, ni de mí quede apartado,<br />
antes, del cuerpo al alma trasladado,<br />
se reserve de muerte un mal tan bueno.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Mas paréceme ver que el mortal velo,<br />
no consintiendo al mal nuevo aposento,<br />
lo guarda allá en su centro el más profundo;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>sea, pues, así: que el cuerpo acá en el suelo<br />
posea su mal, y al postrimero aliento<br />
gócelo el alma y pase a nuevo mundo.<br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto XXXI</strong></p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>El ímpetu crüel de mi destino,<br />
¡cómo me arroja miserablemente<br />
de tierra en tierra, de una en otra gente,<br />
cerrando a mi quietud siempre el camino!</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,<br />
roto su velo mísero y doliente,<br />
el alma, con un vuelo diligente,<br />
volviese a la región de donde vino!</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Iríame por el cielo en compañía<br />
del alma de algún caro y dulce amigo,<br />
con quien hice común acá mi suerte;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>¡oh, qué montón de cosas le diría!<br />
¡Cuáles y cuántas, sin temer castigo<br />
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte! <br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p><strong>Soneto XXXII</strong> </p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>Mil veces callo que romper deseo <br />
el cielo a gritos, y otras tantas tiento <br />
dar a mi lengua voz y movimiento, <br />
que en silencio mortal yacer la veo;</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>anda cual velocísimo correo<br />
por dentro al alma el suelto pensamiento<br />
con alto y de dolor lloroso acento,<br />
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>No halla la memoria o la esperanza<br />
rastro de imagen dulce y deleitable<br />
con que la voluntad viva segura:</p>
	</blockquote>
	<blockquote>
		<p>cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,<br />
muerte que tarda, llanto inconsolable,<br />
desdén del Cielo, error de la ventura.</p>
	</blockquote>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/5774/morir-a-pie-la-poesia-del-capitan-aldana</link>
		<pubDate>Fri, 19 Nov 2004 07:07:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Hilario Barrero</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2004-11-19:77c262b7562572606450a68115f67ab6/fa19dfb7dd4b0f2b8a4d556dc983a202</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Alejandra Craules</title>
		<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
		<p>Poeta mexicana (Puebla, 1976). Publicó <cite>Palabras fértiles</cite>, (Instituto Hidalguense de la Juventud y del Deporte, Pachuca, 2003) y en breve verá la luz <cite>Los laberintos</cite>. Su poesía es un desgarrado lamento ante la pérdida, una interrogación al mundo que observa el yo poética entre la inocencia y la brutalidad. El desconcierto vital vaga por una forma a veces quebrada y sígnica, y a veces casi narrativa. Los poemas que presentamos pertenecen a los libros <cite>Palabras Fértiles</cite>, <cite>Los laberintos</cite> y <cite>Amanecer sin sueño</cite>.</p>
	</blockquote>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Calle</strong></p>
	<p>La calle llora otra vez                                              <br />
descalzo deshaces cadenas<br />
de líquido amniótico</p>
	<p>La calle sangra otra vez                                           <br />
sientes deslizarse sensaciones<br />
deshiladas y deslavadas</p>
	<p><strong>La calle ríe otra vez</strong>                                               <br />
tu imitándola despejas sueños<br />
en proceso de desencanto</p>
	<p><em>La calle despierta otra vez</em>      <br />
ya no calzarás nunca mi cuerpo<br />
solo permanecerás con la nuca en el suelo<br />
los ojos semiabiertos<br />
y la cordura en el viento </p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="center">Afino emociones encordadas<br />
aguda ira        grave amor<br />
no hay armonía entre las dos</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Laberinto no. 5</strong></p>
	<p>Deshacer tu imagen</p>
	<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en el viento<br />
&nbsp;volverte intangible<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;transparente<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;fugaz y lento<br />
Descifrarás en tu tiempo<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;nuestros días ausente<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;nuestros pechos desiertos<br />
Hasta el momento<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en que te reinventes<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y estés despierto</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
                                <strong>Laberinto no. 9</strong>
	<p>Transcurren las lunas sin viento de sueño<br />
&nbsp;&nbsp;el tiempo es un espejo <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;en el que aún no duele mirarse<br />
Por las manecitas del sol<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;escurre incandescente <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;tu imagen próxima a mi deseo<br />
De pronto<br />
&nbsp;el cosmos es abarcado por tus brazos<br />
&nbsp;&nbsp;tu color moreno impacienta<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;las orbitas de mis neuronas<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que colapsan revelando la ansiedad<br />
Ansiedad que inicia en el cuello desnudo del día<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;bajando <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y subiendo<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;por la espalda láctea<br />
Todo se fusiona<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;emana de mi boca tu esencia<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;tu cadencia marca el desvarió<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y en un murmullo delirante<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;pido no desvanecerte en este instante</p>
	<p>Después la marea baja<br />
&nbsp;&nbsp;el viento aun corre por las curvas del cielo<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;revolotean mis dedos en tu sueño<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;intentan espantar viejos conjuros<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;pronuncian en secreto al destino<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;permita por siempre mirar<br />
al final de cada luna <br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;mi cuerpo<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;conjugado con el tuyo</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Laberinto no. 34</strong><br />
(desesperada suplica a un arcángel)</p>
<p align="justify">¡Miguel! arranca las espinas de mi nuca, cuando aun estaba deslumbrada por fatua luz, las clavo sin advertencia. Desciende de nuevo, ábreme con tu espada, deshace el mal y si es necesario extrae mis entrañas. Trepana mi mente para que así se acabe su recuerdo, con tus dedos saca mis ojos, ponlos en tu balanza. En el que pese más su imagen, escúpelo al suelo, que sea alimento de aves e insectos. El otro trágalo, pues si ya no voy a verlo ya no lo quiero. Miguel, perdimos. Envaina, ya envaina, no podemos luchar con él. Sus palabras, son más fuertes que tu espada.<br />
No me incites a luchar, sabes que no regresará. Ya, baja la guardia&#8230;</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
  <p align="center"><strong>Estos son mis gustos más enfermizos</strong><br />
Me gusta buscar en un ultrasonido <br />
los rasgos de un rostro que no se distingue<br />
Me gusta llevar a la tumba de mi hija juguetes y globos <br />
y contarle cuentos mientras riego sus flores<br />
Me gusta ir en sus cumpleaños a cantarle las mañanitas<br />
Me gusta pensar en ella y hablarle a diario <br />
creyendo que me escucha<br />
Me gusta soñar que va creciendo<br />
imaginar su primer paso 
 su primer esfuerzo por articular  &#8220;mamá&#8221;<br />
Me gusta fantasear construyendo la imagen <br />
de como sería a los diecisiete años<br />
con el brillo de sus ojos verdegrisaseos<br />
y su indiscutible parecido a mí<br />
Me gusta que piensen que soy alegre<br />
aunque mis sueños estén muertos<br />
Me gusta disfrazarme de adolescente <br />
para ocultar la prematura vejez que produce el dolor<br />
Me gusta la cara de quien quiere fingir su asombro<br />
al saber que mi nena me dejó<br />
Periódicamente me gusta mirar su ropita <br />
y tratar de encontrar su olor<br />
ver su fe de bautizo y leer su nombre en voz lata<br />
María de Jesús Craules Bretón<br />
Me gusta llorar a solas para evitarle a los demás<br />
la pena de consolarme<br />
Me gusta enloquecer a diario<br />
alucinar que fue un mal sueño<br />
dando por cierto que no murió</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Calor amarrado</strong></p>
                                                           <cite>a Eduardo Casar</cite>
	<p>Sólo atiendo la ruda apuesta que ganan los niños<br />
Sólo acuso a la negra que mece pendiente la hamaca<br />
Son susurros los hechos, los hechos de un son intocable <br />
no perdura la duda no llama a la eterna amada<br />
en un negro presente que libra a su alma en la nada.</p>
	<p>Y si ya no mintiera con trivias al sol que agota<br />
que el mundo postrado en trampas,<br />
en un cuento soñara se eleva<br />
por las tardes en un arco que encuentra<br />
al perder un aviso otra vez.</p>
	<p>Hallo la perla varada que sabe reproches y<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;fallece en el campo<br />
sólo sabe la llaga cortada de sombras,<br />
sólo saben los musgos<br />
que habitan los suelos<br />
de esta húmeda maleza.</p>
	<p>Y en el ocaso augusto que ruta ha trazado mi vuelo<br />
cuál, sin hablar, callaría<br />
en la trama es la muerte de un genio que prueba<br />
las fantasías del derroche.<br />
Quedan quietos los pozos<br />
queda el hueco del hambre,<br />
queda en cada impávido dolor de la hebra el desvarió.</p>
	<p>Ya no debo soñarte y no debo dormirte en la obra<br />
y no debo pedir al que dota de tierra<br />
por horror de apaciguar el clima de llanto<br />
y cubrirse al instante.</p>
	<p>Halla calor que permanece<br />
amarrado en la selva. </p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><p align="center"><strong>Los hombres-número</strong></p>
	<p>Son exactos y son fríos<br />
del 0 al 9 se combinan y se forman<br />
pares o nones       
                 positivos o negativos <br />
marcan la diferencia</p>
	<p>Los números son masculinos<br />
todo es contar y contar en razón <br />
de una ciencia dura<br />
exacta<br />
que sólo acepta una margen de error<br />
tan mínimo <br />
que los anula en una ecuación
 donde<br />
h = 0
 que los vuelve a una respiración arrítmica
 matándolos como resultado por no entender<br />
que la f (x) atribuida a las mujeres<br />
tiene el mismo valor <br />
que la f ( y )  de la que se jactan los hombres<br />
ignorando que aun sin ser constituido
 por números complejos<br />
lo femenino se puede igualar a ellos<br />
por  ser  producto infinito</p>
	<p>Los hombres-número<br />
continuarán calculando<br />
computando
       analizando<br />
sin encontrar nunca<br />
la cifra perfecta</p></p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="right"> <strong>&Aacute;rbol muerto</strong> </p>
<p align="right">Respiran las cosas<br />
respira la noche<br />
el aroma a jazmín<br />
en que  se ahogan mis pensamientos<br />
El cielo suda incienso<br />
que penetra<br />
toda materia dispuesta a amar<br />
Y el papel despierta<br />
después de morir el árbol<br />
y sabe a miedo<br />
a miedo de perder<br />
la tierra otra vez</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="right"> <strong>Espectro</strong> </p>                         
<p align="right">Fuego límpido<br />
luz de invierno nórdico<br />
silencio que arrastra pesadillas blancas<br />
Dolor sin cuerpo<br />
nausea deleitante<br />
en la que se hunde la razón<br />
Sudor frío<br />
del incorpóreo ser que respira<br />
en mi nuca<br />
El temblor domina la alucinación<br />
un instante para reconocer y recordar<br />
aquel espectro recién nacido<br />
que habla con zumbido electrizante<br />
Pesa la inconsciencia<br />
no hay paso<br />
que indique la salida<br />
ni una grieta por la que pueda escapar</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="right"> <strong>Sopor mental</strong> </p>
<p align="right">Muros concéntricos<br />
miedo en expansión<br />
convergen las pesadillas<br />
El viejo<br />
mi abuelo muerto<br />
cierra los ojos y ve hacia dentro de mí<br />
No puedo despertar<br />
1quisiera que alguien de afuera me hablara<br />
nadie lo hace<br />
busco alcanzar la puerta<br />
no hay picaporte<br />
El cuerpo arde<br />
el sopor alcanza mi mente<br />
la luz como orgasmo duele<br />
Amanece<br />
</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
	<p><strong>Instrucciones para un árcangel</strong></p>
	<p>La espada se empuña con la mano izquierda<br />
tres veces una reverencia ante Jesucristo<br />
se corta el cielo con ella de derecha a izquierda<br />
y se expulsa al diablo<br />
de izquierda a derecha<br />
nuevamente se cierra el cielo<br />
para no dejar regresar al maligno<br />
Con la empuñadura junto al corazón<br />
se reza un padre nuestro<br />
y se envaina la espada en le interior<br />
Siempre hay que tomarla con la mano izquierda<br />
para poder persignarse con la derecha<br />
y luchar en el nombre de Dios</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="center">
Sus ojos<br />
sólo tres días para aprenderlos<br />
para reconocer nuestro destino y luego  perderlo<br />
El secreto para saborear este<br />
y todo encuentro con lo placentero<br />
es saber que no es eterno<br />
</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="center">
Lo agradable vive en un sueño de dos minutos y medio<br />
Disfruto segundos razonados por saber en subconsciente<br />
que sólo es un sueño<br />
Desesperada por perderlo en un goteo<br />
me atraganto del  efímero sabor  de unos ojos<br />
que en cuanto despierte se<br />
no volveré a verlos<br />
</p>
	<p><br />
<br />
<br />
<br />
</p>
<p align="center">
De luna los sueños ocultos<br />
de luna los rojos otoños<br />
de luna los lunares de una niña de luna<br />
que descalabrada en los mares de sus lunas<br />
jugaba con el conejo de queso<br />
Y de luna los lunares azules<br />
de tres hermanos viejos<br />
eran uno en el tiempo lunar<br />
el que contó cuentos a la luna infante<br />
el que le dio consejos para el primer eclipse  <br />
y el que  perdió a la luna <br />
que ya no era niña   en el lado oscuro lunar<br />
Ya los tres hermanos viejos <br />
encanecidos por un rallo de luna <br />
bajo su nieta luna por siempre dormirán<br />
De luna las noches nauseabundas<br />
por las mareas de la luna<br />
De  luna los lunares enormes<br />
con su forma de luna creciente<br />
sobre un charco de luna láctea<br />
De luna las ilusiones<br />
de luna los desencantos<br />
de luna las cartas escritas <br />
en el contorno de la noche lunar<br />
</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/lospoetas/5569/alejandra-craules</link>
		<pubDate>Tue, 19 Oct 2004 06:48:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>LdN</dc:creator>
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