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	<title>Libro de Notas - Cartas desde Italia</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>“Deja vù” alla italiana</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alberto Haj-Saleh</cite></p>

	<p>Creo que era Roger Jiménez (hablo de memoria) quien escribió un artículo divertidísimo para el semanal <em>Internazionale</em> contando lo difícil que resultaba explicar al director de su periódico (entonces <em>La vanguardia</em>) qué estaba sucediendo en Italia, políticamente hablando. Le salía del alma decirle a su jefe “no tengo ni idea” pero su puesto de corresponsal en el país trasalpino corría peligro si respondía algo así. Estuvo una semana preguntando a periodistas y directores de los diarios más importantes del país y sólo sacó una conclusión: “no tengo ni idea”.</p>

	<p>La política italiana parece inmovilizada en el tiempo. Desde la dimisión de Romano Prodi provocada por la retirada del apoyo al gobierno por parte de los comunistas de Bertinotti en el año 98 (dimisión que le dio su primera presidencia a Silvio Berlusconi) hasta hoy han pasado casi diez años y los italianos se encuentran con un Prodi presidente que dimite por el voto en contra de dos senadores de la rama trostkista del Partido Comunista en una consulta en el senado. Y Berlusconi, en la sombra, amenaza con volver.</p>

	<p>Las circunstancias no son las mismas, aunque los actores sí. Muchos italianos ven envejecida al máximo su clase política y miran con envidia los presidentes de poco más de cuarenta años que se suceden en España o la frescura de Segolene Royal en Francia. En Italia no se concibe un presidente de menos de sesenta años.</p>

	<p>Estos días he acudido a los amigos y les he preguntado: “¿Qué pasa en Italia?” y todos respondían con un triste “no lo sé”. El batiburrillo de la izquierda, que parecía consolidado en la única figura de Prodi tras las elecciones primarias, ha vuelto a saltar por los aires, con menos espectacularidad que hace diez años, eso sí. La política de centro izquierda en asuntos externos por parte del ex premier Máximo D’Alema, ahora Ministro de Asuntos Exteriores, ha revuelto las extrañas del amplio sector más a la izquierda de L’Unione. Dos han sido los temas sobre la mesa en estos meses, respecto a la política internacional: las tropas italianas en Afganistán y la apertura de una Base Militar de la <span class="caps">OTAN</span> en Vicenza. Siguiendo el modelo de Zapatero, L’Unione ha intentado desarrollar una especie de antiamericanismo blandengue, donde las críticas al gobierno Bush se suceden pero las concesiones siguen presentes. Es decir, las tropas están en Afganistán y la Base se abrirá, a pesar de la multitudinaria manifestación en contra que tuvo lugar a principios de Febrero.</p>

	<p>Enfadado por las críticas internas, D’Alema lanzó un órdago y decidió someter la política exterior a consultas en el Senado, cámara donde la mayoría de L’Unione es de apenas un senador. Y añadió: “Si no se pasa esta consulta, dimite el gobierno”. Prodi, que debe estar acostumbrado a estas alturas a las cuchilladas de su ministro, se ha visto obligado a aceptar el desafío y se ha presentado en la Cámara Baja sabiendo que cualquier sorpresa provocaría, de nuevo, la caída de su gobierno.</p>

	<p>Enumeremos sorpresas:</p>

	<ul>
		<li>Dos senadores del ala troskista del Partido Comunista votan en contra: Rossi y Turigliato. La cámara reacciona con estupefacción, para que se hagan una idea es un acto muy parecido a la “traición” de Tamayo y Sáez en el Gobierno de Madrid. Situación surrealista: en el programa político de la <span class="caps">RAI</span>, “Ballarò”, Rossi acude como invitado la misma noche de las votaciones y se enfrenta a algunos compañeros de coalición y a otros de la coalición de Berlusconi, “Casa de la Libertad”. Estos últimos le jalean y alaban y sus compañeros le censuran y critican. La explicación que da Rossi es que, en conciencia, tenía que votar en contra. Le replica el presentador del programa, Giovanni Floris (más a la derecha que a la izquierda) que él ha sido votado como parte de una lista, no a título personal, le acusa de abusar del poder otorgado por los ciudadanos (¿les suena esto?).</li>
	</ul>

	<ul>
		<li>Hay varios senadores vitalicios en la Cámara Baja. Todos superan los 80 años. Uno de ellos, Scalfaro, no acude a votar por tener la gripe. Otro, el industrial y ex presidente de la Confederación Italiana de Industria, Sergio Pininfarina, se abstiene. El ex presidente de la República Giulio Andreotti también.</li>
	</ul>

	<ul>
		<li>¿Por qué se abstienen estos senadores? Al fin y al cabo ambos, sobre todo el democristiano Andreotti, son convencidos de la filosofía del “amigo americano” y, por muy crítica que fuese la postura del gobierno Prodi contra los EE. UU., lo cierto es que las cuestiones que se debaten son, precisamente, el apoyo de D’Alema a las políticas norteamericanas. ¿Entonces? Entonces hay trampa. Hace pocas semanas se aprobó la <span class="caps">PAX</span>, una ley que equipara los derechos de las parejas de hecho a los derechos de los matrimonios. Esto es, aunque no completamente, un apoyo fortísimo a las parejas homosexuales italianas, que pasan de no tener nada a tener una defensa de su estatus como pareja. La izquierda radical criticó esta ley por intentar maquillar la falta de valor de Prodi para aprobar directamente el matrimonio gay. La derecha criticó esta ley por considerarla, a todos los efectos, un pseudo matrimonio gay. Tanto Andreotti como Pininfarina son de centro izquierda, democristianos convencidos, muy cercanos al Vaticano y a la Iglesia Católica. Han tenido su oportunidad para castigar esta ley a través de una consulta diversa, la de la política exterior. Como anécdota, cabe destacar que Andreotti declaró a la salida del Senado que se sentía “eufórico por haber vuelto al cuerpo a cuerpo político”.</li>
	</ul>

	<p>Después de todas esas sorpresas, dentro de un sistema que considera, a todos los efectos, una abstención como un voto en contra, D’Alema pierde la votación de consulta. Y Prodi dimite.</p>

	<p>¿Por qué dimite Prodi? Es un movimiento inteligente por parte del primer ministro, ya que de no haber dimitido se habría iniciado un proceso largo e inestable de consultas en el Congreso, proceso que habría indudablemente debilitado al ya de por sí inestable premier. En cambio con su dimisión obliga al presidente Napolitano a iniciar consultas y proponer un nuevo gobierno. Y en este momento, que todavía no ha habido ruptura brutal en L’Unione, Prodi es el único con suficientes apoyos.</p>

	<p>Prodi ha establecido un documento con 12 puntos “innegociables” para formar un nuevo gobierno, algunos generales y obvios, como el “empeño en llevar adelante políticas externas de paz” pero otros muy delicados como “la potestad del presidente del gobierno para establecer una posición política unitaria aún en caso de contraste interno”. Se está cubriendo las espaldas: si soy primer ministro esto no puede volver a suceder.</p>

	<p>Napolitano se ha encontrado con una buena faena por delante, pero Prodi ha sido rápido y volverá a ser primer ministro, posiblemente con todo más de cara pero también con las disputas internas más recrudecidas. La derecha sigue insistiendo en la convocatoria de elecciones, pero Berlusconi ha perdido una cierta autoridad y la Casa de la Libertad sigue buscando su nuevo (o reafirmar al viejo) líder.</p>

	<p>Mientras tanto los italianos asisten casi indiferentes a una reedición del 98 con los mismos actores y se dicen a sí mismos: “¿No hemos vivido ya esto antes?”.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/10693/deja-vu-alla-italiana</link>
		<pubDate>Fri, 02 Mar 2007 07:14:49 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>La otra Bolonia</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alberto Haj-Saleh</cite></p>

	<blockquote>
		<p><em>Esta ciudad, le había dicho Matera, no es como las otras ciudades. Porque no es sólo grande, es también complicada. Y contradictoria. Si la miras sin más, caminando por su interior, Bologna parece toda hecha de pórticos y plazas, pero si la sobrevuelas desde un helicóptero es verde como un bosque, por los patios interiores de las casas, que no se ven desde fuera. Y si vas por debajo con una barca está tan llena de agua y canales que parece Venecia. Frío polar en invierno y calor tropical en verano. Ayuntamiento rojo y cooperativas millonarias. Cuatro mafias diferentes que en lugar de dispararse unas a otras reciclan el dinero de la droga de toda Italia. Tortellini y satanistas. Esta ciudad no es lo que parece, inspector. Esta ciudad tiene siempre una mitad oculta.</em></p>
	</blockquote>

	<blockquote>
		<p>Carlo Lucarelli, <em>Almost Blue</em></p>
	</blockquote>

	<p>Vivo en Bolonia desde hace más de dos años. Ubicada en la Emilia-Romagna, probablemente la región más rica de Italia, es una ciudad enclavada estratégicamente a medio camino de la mayor parte de los sitios estratégicos de la península trasalpina. Bolonia es la ciudad mejor conectada por vía ferroviaria con el resto de Italia. A través del tren se puede llegar a Florencia en una hora, a Milán y Venecia en dos, a Roma en tres. Desde Bolonia toda la Bota está al alcance de un tren.</p>

	<p>Bolonia tiene la particularidad de ser un punto de referente para gran parte de los estudiantes universitarios de Italia pero un lugar que no aparece jamás entre la lista de los diez puntos más turísticos del país. Objetivo para Erasmus y para italianos de 19 años que acaban de terminar la escuela superior, el grado de turistas que simplemente vienen de vacaciones es realmente bajo. El flujo migratorio interior es abrumador, los extranjeros abundan por doquier pero de ellos el noventa por ciento son estudiantes. Y es que Bolonia es una ciudad tomada por la universidad.</p>

	<p>La Universidad de Bolonia está considerada como la más antigua del mundo occidental. Su nacimiento se estima en torno al 1088 y su población crece de cuatrocientas a quinientas mil personas durante el periodo de clases. Para el mundo universitario la Unibo es un lugar mítico, hogar de <strong>Umberto Eco</strong>, fundador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, sede de los acuerdos universitarios europeos, foco de revoluciones estudiantiles y hervidero intelectual sin tregua… Bologna la roja, la llaman, por sus edificios de color arcilla y su orientación históricamente progresista.</p>

	<p>La vida del estudiante en Bolonia es una delicia, una ciudad que nunca duerme donde las posibilidades culturales y de ocio son infinitas, amateurs o no: conciertos, teatro, danza, la filmoteca más importante de Italia (su trabajo de restauración de películas es impresionante), ópera, bibliotecas, cómics, siempre a la vanguardia artística, siempre sin descanso, con opciones allá donde mires. El estudiante no puede evitar alargar su periodo de “laurea” porque la vida que te ofrece Bolonia es el sueño de cualquier universitario.</p>

	<p>¿Sí? No del todo. Porque Bolonia tiene una cara mucho menos agradable, una cara que se muestra a todo aquel que decide quedarse un tiempo en ella habiendo dejado de ser estudiante. Bolonia es un lugar de paso, pero ese paso dura en torno a los siete años. Pocos se quedan en ella, excepto los nacidos allí, los hijos de boloñeses, aquellos que tienen expectativas profesionales relacionadas con sus antecedentes familiares. La vida en la universidad es una mitad de Bolonia. Porque esta ciudad en realidad son dos ciudades.</p>

	<blockquote>
		<p><em>¿La Universidad? Esa es una ciudad paralela, de la que se sabe todavía menos. Estudiantes que van y vienen de toda Italia, que dejan los cursos y después los retoman, que duermen en casa de amigos y de parientes, que realquilan, siempre en negro, sin contratos ni documentos. ¿Sabía usted que en los años setenta estaban aquí todos los terroristas, todos escondidos en Bologna? ¿Y sabe por qué? Porque en cualquier ciudad un chico extraño, con acento extraño, que entra y sale de casa a todas horas, de día y de noche y que no se sabe quién es, qué hace, de qué vive y a veces desaparece y luego vuelve, en cualquier ciudad alguien se habría dado cuenta. Pero en Bologna no. En Bologna esta es la identidad de cualquier estudiante medio. ¿Buscar en la Universidad dice, inspector? En Bologna la Universidad es una ciudad clandestina.</em></p>
	</blockquote>

	<blockquote>
		<p>Carlo Lucarelli, <em>Almost Blue</em></p>
	</blockquote>

	<p><strong>Michele Santoro</strong>, uno de los periodistas defenestrados de la era Berlusconi, regresó a la <span class="caps">RAI</span> tras la derrota del ex presidente en las últimas elecciones generales con un excelente programa de investigación, “Anno Zero”. En una de sus últimas transmisiones Santoro dedicó su programa a revelar la otra cara de Bolonia, la de la precariedad, la de los alquileres imposibles, los más caros de Italia, la de las ausencias de oportunidades de trabajo, la de las cifras descompensadas que desmienten el progresismo revolucionario de la capital emiliana.</p>

	<p>Se contabilizan unos 400.000 residentes en Bolonia y unos 80.000 estudiantes fijos (sin tener en cuenta a los Erasmus). En torno a 50.000 son jóvenes venidos de otras partes de la península, la mayor parte desde el sur, sicilianos y calabreses casi siempre. El alquiler de una cama en una habitación compartida oscila entre 180 y 300 euros al mes, sin contar gas, agua o teléfono. La habitación individual se mueve, salvo excepciones, entre 320 y 500 euros al mes. Un estudio en planta baja sin apenas ventanas, con un agujero como ducha y salón-cocina-dormitorio en una única habitación no baja de los 550 euros. Más de la mitad de estos alquileres se cobran en dinero negro, sin contrato. En los últimos siete años el alquiler en Bolonia ha subido un 85%. La posición de los propietarios (generalmente boloñeses de clase alta con varios edificios en propiedad) es clara: los estudiantes necesitan un lugar donde vivir y esto es lo que hay. La riqueza que producen los universitarios en Bolonia sube a casi 200 millones de euros anuales. Su capacidad de decisión, protesta por sus condiciones o reivindicación es cero.</p>

	<p>La primera conclusión que se extrae es que, salvo en casos excepcionales, para una familia enviar a un chico o una chica a estudiar a Bolonia implica un esfuerzo económico que muchas veces se revela insalvable. En ese caso el propio estudiante decide ponerse a trabajar en una ciudad que tiene por norma contratar a bajo coste y en condiciones leoninas. La relación entre el sueldo obtenido por el trabajador y el coste de la vida es desproporcionada hasta límites insoportables.</p>

	<p>Más problemas tiene aún aquel que se licencia y decide probar suerte en esta ciudad. El 30 % de los contratos no llegan a mil euros mensuales, un nivel más bajo que el de hace seis años. Más del 60% de esos precarios son licenciados. Más del 50% sigue siendo precario cinco años después de haber terminado la universidad. La mayor parte de las empresas contratan por obras y servicios, obligando al trabajador a ser autónomo y alargando la agonía de la renovación de contrato hasta el último día. La mayor parte de aquellos que quisieron quedarse un día terminan por marcharse en busca de condiciones más humanas.</p>

	<p>Los estudiantes llegan a Bolonia inmersos en un sueño que dura lo que dura la universidad. El despertar es crudelísimo. Bolonia alimenta a gran parte de los jóvenes italianos y cuando crecen se prepara para devorarlos. </p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/9878/la-otra-bolonia</link>
		<pubDate>Tue, 31 Oct 2006 07:00:08 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Elecciones en Italia (y 2): el puzzle de la izquierda</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Más de un mes después de las dos confusas jornadas electorales, la izquierda italiana ha conseguido superar todos los obstáculos y configurar un Gobierno que, para muchos, se sostiene agarrado por hilos finísimos y extremadamente frágiles.</p>
	<p>El camino que ha recorrido el presidente Prodi ha sido realmente duro y lleno de baches y zancadillas: en primer lugar la obstinada y vergonzosa negativa de Silvio Berlusconi (de él y solo de él: el resto de miembros de la coalición <em>Casa della Libertà</em> se ha desmarcado ostensiblemente de su líder y de sus teoría de la conspiración) a reconocer su derrota electoral. Su manera de agarrarse a toda costa al sillón presidencial le ha costado mucha de su credibilidad enfrente de sus propios votantes, quizás más que cualquier escándalo pasado, así como la inconsecuencia de sus actos: pasó en apenas una semana de negar que <em>L’Unione</em> hubiese vencido a ofrecer una coalición global a aquellos a los que había llamado estafadores pocas horas antes. A continuación ha dimitido obligado por la ley para culminar con una guinda verbal: “Ahora viene la ocupación del poder por parte de la izquierda”.</p>
	<p>En segundo lugar el encaje de bolillos que ha tenido que hacer la coalición de izquierdas para la elección del presidente de la República, un cargo que tiene bastante de honorífico pero mucho de simbólico y de prestigioso. Ante la negativa del viejo dottore Carlo Alberto Ciampi, respetado por ambas coaliciones, de continuar otros siete años en el cargo, el abanico de candidatos se ha multiplicado por cuatro, incluido el polémico ex-presidente D’Alema, a veces mejor considerado por Berlusconi que por sus propios compañeros de <em>Ds</em>. Al final han elegido a un ex miembro del Partido Comunista, que ha girado a posiciones más moderadas, Giorgio Napolitano. Y lo han elegido sin el consenso habitual, haciendo uso L’Unione de su mayoría absoluta. Más complicada incluso ha sido la elección de Francesco Marini, de <em>la Margherita</em>, como presidente del Senado, teniendo que llegar a la cuarta votación en la cámara.</p>
	<p>Por último, el professore se ha encontrado con las ya clásicas presiones dentro de su propia coalición para formar gobierno. Romano Prodi ha tenido que usar sus mejores dotes estratégicas y una paciencia encomiable para hacer encajar todas las piezas del puzzle que es L’Unione y evitar deserciones y escaramuzas internas antes siquiera de empezar a gobernar.</p>
	<p>No podemos llevarnos a engaño: una sola voz discordante puede hacer derrumbarse ese castillo de naipes que es en este momento el gobierno italiano. La oposición de la <em>CdL</em> es, y lo será aún más en el futuro, agresiva y siguiendo la estrategia del acoso y derribo. Pero Romano Prodi es un político francamente hábil y cuenta con ciertas bazas a su favor: ha logrado contentar prácticamente a toda la coalición de izquierdas situando a sus hombres fuertes en posiciones estratégicas. El ideólogo de <em>Rifondazione Comunista</em>, Bertinotti, preside el Congreso; el hueso Mastella, cabeza de <em>l’Udeur</em>, la facción más conservadora de <em>L’Unione</em>, ha cogido la cartera fundamental de Justicia; la socialista Bonino es la nueva responsable de Asuntos Europeos; las dos vicepresidencias se las reparten D’Alema y el líder de <em>la Margherita</em>, Rutelli; hasta los verdes, con Pecoraro, han obtenido su deseada cartera de Medio Ambiente. Con estos nombramientos, Prodi pretende apelar al sentido de la responsabilidad de su gabinete, que se ven “obligados” a trabajar por un proyecto común.</p>
	<p>El otro punto a favor de Prodi es la alargada sombra de Silvio Berlusconi. Si il cavaliere decide seguir en primera línea de oposición, la izquierda sabe que no le queda otra que permanecer unida lo más férreamente posible. La amenaza del regreso al poder del ex-presidente es demasiado seria, así como la seguridad de que el electorado de izquierdas jamás perdonará a <em>L’Unione</em> volver a entregar el poder a su máximo rival.</p>
	<p>Las cartas están sobre la mesa, los ministros tienen ya nombre, las carteras repartidas. Sobre esa pirámide política hecha a retales y con piezas que a veces provocan estridencias impensables solo con verlas juntas, Romano Prodi tiene por delante la complejísima tarea de gobernar una nave donde todos los marineros piensan que su capitán no es el más adecuado para el puesto. Todas las cámaras, la presidencia del gobierno y la presidencia de la República, están en manos de la izquierda. Ahora depende de ellos.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/8981/elecciones-en-italia-y-2-el-puzzle-de-la-izquierda</link>
		<pubDate>Fri, 19 May 2006 06:26:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Elecciones en Italia (1): El cuerpo de los italianos</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alberto Haj-Saleh</cite></p>
	<p>El fin de semana de las elecciones generales en Italia ha superado con creces cualquier guión de película de Hitchcock. Hemos tenido de todo, euforia, intriga, suspense, traiciones, tensión, final in extremis&#8230; por tener, hemos tenido hasta película de gangsters, con la detención del capo mafioso, el numero uno de la Cosa Nostra siciliana, Bernardo Provenzano (pequeño inciso: ha sido muy espectacular ver como en mitad de una vorágine de informaciones de todo tipo sobre las elecciones, esta detención eclipsó a todo lo demás. Durante varias horas la primera plana de los diarios en sus ediciones digitales no fueron las elecciones&#8230; en pleno recuento).</p>
	<p>Con todos estos ingredientes cinematográficos, a la espera de conclusiones más pensadas y analizadas, solo puedo acudir a reflexiones “a pelle”, es decir, a como se le ha quedado el cuerpo a los italianos después del thriller de los últimos días.</p>
	<ol>
		<li>Las empresas de sondeos a pie de urna han patinado escandalosamente, tanto es así que a eso de las cuatro de la tarde del lunes la izquierda estaba convencida de haber obtenido una victoria fácil.</li>
		<li>Los votantes de izquierda han sufrido una decepción enorme, suavizada por la victoria final “in extremis” en el senado gracias al voto emigrante. Pero las espectativas señalaban hacia una diferencia de votos del 60% contra el 40%. Sí, L’unione ha ganado en las dos cámaras, pero a nadie se le escapa que la victoria ha sido completamente circunstancial. La balanza podría haberse inclinado hacia ambos lados, y de hecho durante gran parte del lunes estuvo más en el lado de la <em>Casa de la Libertad</em> que en el de la coalición de izquierda. Virgencita que me quede como estoy, ese es el pensamiento final de la izquierda después del recuento final.</li>
		<li>El presumible plebiscito a Berlusconi lo ha ganado <em>il cavaliere</em>. Gran parte de la campaña de Romano Prodi se ha basado en que los italianos no podían permitir ni un segundo más al dueño de Mediaset en el poder. “Italia quiere expulsarlo de la presidencia”, ese era el mensaje. La respuesta (por muy inexplicable que pueda resultar para muchos) ha sido que la premisa de Prodi era equivocada. Forza Italia ha sido el partido más votado de Italia. Eso es un hecho.</li>
		<li>Las posibles explicaciones a la exigua victoria de la coalición de izquierda hacen aguas. La participación ha sido francamente alta, más del 80 por ciento, así que el absentismo electoral queda descartado. Por otra parte hay quien apunta al cambio de sistema electoral introducido por Berlusconi meses antes de las elecciones buscando el propio beneficio. Se ha pasado en el Senado de considerar los votos de toda Italia a candidaturas personales a considerar votos proporcionales según las regiones y en candidaturas grupales. Se ha implantado el “premio a la mayoría” en el Congreso, donde la coalición que venece obtiene escaños de “premio” hasta llegar a la mayoría absoluta. También se han aceptado por primera vez en la historia los votos de italianos en el extranjero, pero creando distritos electorales específicos para ellos. Paradójicamente el tiro le ha salido por la culata al (ex) presidente italiano, ya que ha sido ese voto emigrante el que le ha quitado el senado, y el premio a la mayoría ha dado la presidencia del Consejo a Prodi. Por lo tanto no se puede culpar al sistema electoral de los resultados. La realidad es clara, aunque sea más preocupante: Italia se divide en dos, políticamente hablando.</li>
		<li>En el año 1996 Romano Prodi fue presidente de Italia sostenido por un acuerdo electoral endeble de todos los partidos de izquierda. En el año 1998 el Partido Comunista de Bertinotti rechazó apoyar al gobierno del Olivo y Berlusconi aprovechó el momento para hacerse con el poder. Ocho años después la situación en coalición es la misma, pero con la diferencia de que, tras las primarias de la izquierda, sí hay un programa común consensuado. Esta vez el problema no parece que vaya a venir desde el Partido Comunista.</li>
		<li>Berlusconi está cometiendo el error de agarrarse a un clavo ardiendo: la revisión de los votos, el no llamar a Prodi para felicitarle, el no reconocer públicamente la derrota, el ofrecer una coalición general “a la alemana”... cuando parecía que la victoria se inclinaba hacia el lado de la CdL Berlusconi salió a los medios pidiendo a la izquierda “que aceptara los resultados”. Un día después él no los acepta, cosa que si han hecho otros líderes conservadores como Gianfranco Fini e incluso Buttiglione, ultraconservador. Este último ha declarado: “La coalición general sirve cuando no hay gobernabilidad. Ahora la hay, L’unione ha ganado las elecciones. Gobierne señor Prodi, nosotros haremos una dura oposición”.</li>
		<li>Prodi ha tenido dos o tres gestos de autoridad en un político que es tachado de endeble, poco carismático y contemporizador por sus propios votantes. Primero ha afirmado tajantemente que ellos han vencido las elecciones y que para Mayo formarán gobierno. Segundo, ha anunciado ya la retirada de las tropas italianas de Iraq (doble simbolismo en este gesto: en primer lugar es cumplir una de las promesas electorales más polémicas. En segundo lugar es comportarse ya como presidente, ignorando las protestas de Silvio Berlusconi). Tercero, se ha negado tajantemente a una coalición general. Su firmeza es absoluta: hemos vencido por voluntad popular, gobernaremos nosotros.</li>
		<li>Las preguntas que tienen todos en la cabeza: ¿Podrá manejar Prodi su mínima mayoría en las dos cámaras? ¿Cómo conciliará las pretensiones de todos los partidos que componen la coalición de izquierdas, teniendo en cuenta que el espectro de la Unión va desde los comunistas de Berinotti al centro-centro moderado de L’Udeur? Y con respecto a eso, ¿como conciliar todas esas pretensiones sabiendo que su mayoría (al menos en el Senado) depende del respaldo de absolutamente todos los miembros de la coalición? ¿Berlusconi se quedará como líder de la oposición o cumplirá su “amenaza” de irse a Tahití en su yate si no ganaba las elecciones? ¿La Casa de la Libertad se mantendrá unida como coalición en la oposición o la Alianza Nacional de Fini se desmarcará de Forza Italia y Berlusconi? ¿Si Berlusconi se marcha significará eso un desmembramiento de Forza Italia? ¿Investigará el gobierno de Prodi desde el poder todas las ilegalidades de las que se le acusó a Berlusconi como presidente mientras eran oposición? ¿Como sacará adelante un país cortado en dos ideológicamente?</li>
	</ol>
	<p>Las respuestas&#8230; en pocos meses. Esperemos.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/8742/elecciones-en-italia-1-el-cuerpo-de-los-italianos</link>
		<pubDate>Thu, 13 Apr 2006 07:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El efecto Celentano</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alberto Haj-Saleh</cite></p>
	<p>Adriano Celentano está en ese punto de su vida, de su carrera, donde puede hacer exactamente lo que le venga en gana y cuando le apetezca. Después de ser un mito musical de los años setenta, se ha creado un prestigio de independiente, valiente y sin pelos en la lengua, con una legión de seguidores a lo largo y ancho de la bota que le seguirán donde él diga. Celentano sabe perfectamente como controlar los tiempos, como espaciar sus apariciones y como dar tremendos golpes de efecto.</p>
	<p>Durante el mes de noviembre Celentano ha vuelto a la televisión después de muchos años con un espectáculo llamado <strong>Rockpolitik</strong>. Televisión en estado puro, un espectáculo con mayúsculas: escenografía cuidada, una orquesta de decenas de músicos apoyando las intervenciones, un gran teatro como escenario… y el foco sobre él, el viejo Adriano, con sus perennes gafas de sol de espejo y la sonrisa irónica que nunca se borra de su cara.</p>
	<p>La RAI le pidió un programa. Aceptó pero con unas condiciones leoninas e inamovibles: libertad absoluta de contenidos y de invitados; solo serían 4 citas y todas en horario de máxima audiencia; y un contrato económico desorbitante que muchos imaginan pero solo él, y los jefes de la RAI, saben a ciencia cierta.</p>
	<p>En una Italia que lleva desde el 96 huérfana de pluralidad y libertad de prensa, Celentano ha dado un paso al frente y ha construido un espectáculo imposible que gira en torno a él, y se le ve cansado y sin la lucidez que tenía, ha traído a las grandes estrellas de la música (Ligabue, Eros Ramazzotti, Eurythmics, Patty Smith), del espectáculo (Gerard Depardie), ha vendido gags de la vieja escuela, sainetes humorísticos de baja estofa, discursos políticos ambiguos donde daba una de cal y una de arena pero, eso sí, dando por descontado que al gobierno Berlusconi le queda de vida los meses que faltan para las elecciones.</p>
	<p>Pero sobre todo Celentano se ha atrevido a llamar a la televisión, después de mucho tiempo, a las cabezas cortadas por la “censura legal” del Cavaliere:
 &#8211; A Michele Santoro, periodista riguroso donde los haya que fue decapitado por Berlusconi después de un programa de televisión en el que el periodista criticaba con dureza al Premier. Berlusconi llamó por teléfono al programa y tuvo lugar uno de los momentos más famosos de la historia reciente de la televisión italiana:</p>
	<p>BERLUSCONI: ¡Santoro! ¡Recuerde que es usted un funcionario del Estado!<br />
SANTORO: Pero trabajo para los ciudadanos, presidente. No para usted.</p>
	<p>El programa de Santoro fue fulminado después de esto y el periodista se marchó a la política a la Unión Europea. Después de más de cuatro años Santoro ha vuelto a la televisión, de la mano de Celentano, y no ha dicho nada, excepto que dejaba la política, que volvía al ruedo informativo y que “no tengo nada que decir en tu programa Adriano. Quiero, necesito, tengo derecho a mi propio micrófono”
 &#8211; A Roberto Benigni, demasiado importante internacionalmente como para ser cortado por lo sano en la televisión, pero que en <strong>Rockpolitik</strong> tuvo la oportunidad de desarrollar todo su histrionismo y su lengua viperina apuntando directamente hacia el gobierno de Forza Italia.
 &#8211; Sabina Guzzanti, periodista, humorista, directora del documental <em>Viva Zapatero!</em>, sobre la libertad de expresión en la televisión pública. Hija de un miembro del gobierno Berlusconi, Guzzanti fue eliminada de la parrilla televisiva por sus continuas críticas ácidas al premier; a pesar de haber ganado una demanda contra el ente público, Guzzanti jamás ha vuelto a aparecer en la televisión… hasta que Celentano la ha llamado y ha decidido no entrevistarla. Simplemente ha puesto un cronómetro de diez minutos en marcha y le ha dicho: “Sabina, di lo que quieras”.</p>
	<p>¿Y el público que dice? Casi quince millones de personas han asistido a cada cita con Celentano, fijos e inmóviles delante de la televisión. Audiencia por encima del partido de Champions League entre la Juventus y el Bayer Munich. Allí donde fueras todos hablaban de <strong>Rockpolitik</strong>, de lo que se ha dicho, de los invitados, de la parrafada del final de cada programa de Celentano. Gente apasionada con el cantante, críticos furibundos (hipócrita, doble moral, esas son las críticas más oídas). Pero la cifra está ahí: 15 millones de personas escuchando qué tiene que decir la vieja estrella.</p>
	<p>¿Y el gobierno que dice? El gobierno aprovecha para intentar lavar su imagen de censura, vender una televisión libre… y para dedicar todas las semanas el programa de debate de Bruno Vespa, <em>Porta a Porta</em> (de clara tendencia conservadora) a hacer un “contra-rockpolitik”, una disección agresiva y despedazante de cada cosa que se ha dicho durante el espectáculo.</p>
	<p>Rockpolitik ya ha terminado. Celentano ha vuelto a su retiro espiritual. Poco a poco las voces y los ecos del programa se apagan. Pero las elecciones son el año que viene y, tal vez gracias al viejo Adriano, las cabezas cortadas críticas con Berlusconi han vuelto a la vida. El italiano es escéptico, pero “non si sa mai”…</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/8070/el-efecto-celentano</link>
		<pubDate>Mon, 12 Dec 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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		<title>La gran oportunidad de Romano Prodi</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alberto Haj-Saleh</cite></p>
	<p>La política en Italia, como en otros tantos sitios, es sobre todo un estado de ánimo. Tanto es así que unas “simples” elecciones primarias internas a un partido (mejor dicho, a un grupo de partidos) ha coloreado las grises perspectivas de los votantes de izquierda y ha cubierto de nubarrones las de los sectores más conservadores. Después de las elecciones primarias de la coalición de izquierdas “L’Unione” celebradas el pasado 16 de Octubre, el panorama político de Italia a corto plazo ha dado un vuelco espectacular. ¿Cómo ha sido posible esto?</p>
	<p>Hay una ley no escrita que se cumple casi siempre que dice que los votantes conservadores siempre acuden a la llamada electoral mientras que los votantes de izquierdas muchas veces se quedan en casa, por desconfianza, por desilusión, por decepción&#8230; Italia cumple esta regla a rajatabla. La izquierda italiana está fraccionada desde el año 98, cuando el entonces presidente en minoría Romano Prodi no consiguió llevar adelante los presupuestos del estado al retirarle su apoyo en el parlamento el Partido Comunista, encabezado por Fausto Bertinotti. En ese mar revuelto pescó la coalición “Casa de la Libertad” con Silvio Berlusconi al frente, y hasta hoy. Durante estos siete años la izquierda no ha levantado cabeza, los intentos de coalición se han disuelto en las disputas internas y los líderes de cada fracción han tomado protagonismo. El pesimismo entre el votante progresista era palpable. El climax de esta fractura llegó a principios de verano, cuando Rutelli, lider de la Margherita, confirmó que después de las elecciones municipales en las que se habían presentado con L’Ulivo en coalición ya no volverían a pactar. Cuesta abajo y sin frenos.</p>
	<p>En estas circunstancias regresa Romano Prodi al ruedo político italiano después de acumular nombre y prestigio durante años como presidente de la Comisión Europea. La posición de Prodi siempre ha sido de andar por la cuerda floja, manteniendo el difícil equilibrio entre el partido que le respalda, el mayoritario de izquierda, L’Ulivo, y su firme defensa de su postura como “Candidato Independiente”. Prodi quiere ser presidente sin pertenecer al partido. Y esto, que da confianza a muchos, la resta a otros tantos.</p>
	<p>Es el propio Prodi el que lanza el órdago más atrevido de su carrera. Propone a toda la izquierda celebrar unas elecciones primarias en toda Italia con el fin de presentar contra la coalición de Berlusconi otra coalición, “La Unión”, que pueda dar un golpe de timón al gobierno trasalpino. Se acepta el reto y se ponen en marcha las primeras primarias nacionales de la historia. Teóricamente el vencedor será el candidato oficial de la izquierda a la presidencia del gobierno italiano.<br />
El ramillete de candidatos es amplio, aunque el único vencedor posible, como representante del partido mayoritario, sea Romano Prodi. Un Bertinotti más cansado y moderado vuelve a presentarse por Refundación Comunista; Rutelli por la Margherita; Antonio di Pietro por Italia de los Valores; Alfonso Pecoraro por Los Verdes; el centrista Mastella por L’Udeur y dos independientes, Scalfarotto y la “desobediente” Simona Panzino. </p>
	<p>En este contexto Berlusconi da un nuevo golpe de efecto y propone (y aprueba) en el parlamento un cambio en el sistema electoral, que pasaría de ser mayoritario a proporcional. Tal vez asustado por una posible derrota en un cara a cara de dos grandes coaliciones, el presidente italiano ha vuelto a abusar de su mayoría para plantear una reforma que claramente favorece a la coalición conservadora, a pesar de que hace pocos tiempo esta reforma ha sido rechazada por los ciudadanos en un referendum nacional. No ostante, la preocupación por parte de la Casa de la Libertad era relativa, ya que consideraban estas primarias un espectáculo inútil y abocado al fracaso por parte de la izquierda. Y en realidad gran parte de la izquierda no estaba muy en desacuerdo con esa visión. Prodi, sacando fuerzas de flaqueza, intentó poner al mal tiempo buena cara, a pesar de lo absurdo que parecían unas primarias ahora que el sistema de partidos ha cambiado (falta la aprobación por parte del Senado, pero este también está compuesto de una mayoría conservadora.). La estimación del Professore daba en sus cuentas más optimistas una participación en torno a los 700.000 votantes.</p>
	<p>Más de cuatro millones de personas. En una jornada inolvidable para la democracia más de cuatro millones de italianos se acercaron a las urnas para elegir al representante de la Unión en las elecciones generales. A pesar de que el teléfono de información gratuito estuviera permanentemente colapsado. A pesar de que no se votara en colegios sino en clubs, bares y plazas. A pesar de que todo ha estado llevado por voluntarios. A pesar de que, con objeto de sufragar el coste de estas primarias, fuera necesario dar una contrubución de al menos un euro por votante (la recaudación final ha estado en torno a los 45 millones de euros, más de 11 euros de media por persona.). A pesar de las colas de más de una hora que se han vivido en ciudades como Bolonia, Milán o Roma. Más de cuatro millones de personas salieron a la calle a dar una opinión clara. Prodi debe ser el candidato. Sin dudas, sin medias tintas. El 73% de los votos fueron para el candidato de L’Ulivo, por un 13 por ciento para el comunista Bertinotti.</p>
	<p>La reacción de los políticos ha sido inmediata: salvo alguna excepción (como el centrista Mastella, que ha denunciado irregularidades en el voto) toda la izquierda ha hecho una piña por primera vez en diez años en torno a su candidato. Y por primera vez parece cumplir las condiciones para ganar. El electorado de izquierdas italiano ha hablado con mucha claridad, no tanto para decir que Prodi es su hombre como para expresar el deseo de no permitir una nueva reelección de Berlusconi. Y los partidos más pequeños ya han mostrado su disposición a pactar sin reservas con L’Ulivo, como es el caso de la Margherita, que dos meses después de su negativa a pactar ha manifestado por boca de su líder Rutelli que es el momento de escuchar a los votantes y apoyar al Professore.</p>
	<p>Berlusconi ha empezado a ver los dientes al lobo, después de años de gobierno sin apenas oposición. Aparte del cambio de sistema electoral ha hecho un segundo movimiento inmediato para tratar de frenar el avance de la izquierda: ha convocado las elecciones generales en abril y las regionales en mayo en lugar de celebrar ambas citas contemporáneamente, tal vez previendo una posible debacle de los conservadores. El líder de la derecha radical Gianfranco Fini ha expresado su respeto por estas primarias, a las que considera un serio aviso del electorado. Berlusconi ha sido en cambio mucho más jocoso en su comentario: “es la única forma que tiene Prodi de ganar, cuando vota solo la izquierda”. El tranquilo y reposado Professore, tal vez por la propia euforia, esta vez no ha estado comedido en su respuesta: “Que se calle. ¿No le ha bastado el palo que ha recibido hoy?”. Romano Prodi sabe que se enfrenta a su gran momento. Veremos como sale de él.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/7819/la-gran-oportunidad-de-romano-prodi</link>
		<pubDate>Thu, 27 Oct 2005 07:15:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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		<title>La pasta entra por los ojos</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Alberto Haj-Saleh</cite>, editor de <a href="http://reduciralminimo.bitacoras.com/" title="Bitácora">Reducir al mínimo</a></p>
	<p>Los italianos y los españoles se comportan como buenos hermanos. Se insultan, se pelean, discuten por quién es el mejor en esto o en aquello y, cuando se ponen enfrente de las hordas extranjeras (alemanes, franceses, norteamericanos y cualquier otro que se precie) hacen piña y se unen contra el enemigo común.</p>
	<p>Resulta interesante presenciar el duelo chovinista absoluto entre un italiano cerrado y un español, aún más cerrado (ay, el chovinismo hasta para esto) acerca de cualquier cosa en la que ambos países se puedan comparar. Los italianos saben que tienen las de ganar en fútbol y las de perder en política &mdash;curioso este país donde el presidente es un señor al que no ha votado absolutamente nadie&mdash;, en ciertos temas la discursión se mueve por la senda del respeto mutuo &mdash;la literatura, el cine, la cultura en general&mdash;, pero cuando tocamos la comida&#8230; ay amigo, se abre la caja de pandora, los males se distribuyen sobre la tierra y el “campanilismo” &mdash;chovinismo en italiano&mdash;  se desarolla en su máxima expresión. Pasta. Punto para ellos. Paella. Punto para nosotros. Pizza. Punto para ellos. Jamón, punto para nosotros (muy a su pesar, pero lo reconocen). Aceite. Ay. Verduras. Ay. Formas de presentar el plato&#8230; rendición del español. Ahí son unos verdaderos maestros.</p>
	<p>El italiano medio no concibe hacer una comida para salir del paso. Todo requiere su tiempo, en todo es necesario elegir bien los ingredientes, para todo hay que poner la debida atención. Como olvidar la noche en la que, después de salir de bares hasta las tantas de la madrugada, acabamos un grupo de siete amigos en casa de uno de ellos. Alguien dijo las palabras mágicas: “¿hacemos algo de comer?&#8221;, y cuando estaba preparado para el clásico momento bocadillo me encuentro con seis italianos de cada punto de la bota dispuestísimos, a las 3 de la madrugada, a cortar cebollas, pelar tomates y refreír ajo.</p>
	<p>Pensemos en la pasta. Para el español de a pie la pasta se puede dividir en dos tipos: los macarrones y los espaguetis. Los más avezados se atreven con los tallarines, la lasaña y los canelones y si eres un gourmet compras (hechos, por supuesto) los tortellini o algún otro tipo de pasta fresca. La forma de cocinar esto, pues dos modos base: con aceite o mantequilla y queso rallado (comprado ya rallado, claro está) o con un bonito cartón de salsa de tomate encima. Algún valiente le añade carne y lo llama “a la bolognesa” o le añade nata y le pone el nombre de “a la carbonara”. Fin de la partida.</p>
	<p>Para empezar en italia se cocina habitualmente con no menos de setenta tipos diferente de pasta. La gran división se hace entre pasta corta, pasta larga y pasta para el minestrone (la sopa). La pasta corta se usa cuando se cocina con la intención de que predomine el propio sabor de la pasta. La larga cuando lo importante es la salsa que se prepara para combinarla. Cada combinación necesita de una pasta concreta, el espagueti combina bien con gambas, almejas, mejillones o mariscos en general, todo comida de sabor intenso. Los “bucatini” (especie de tubo alargado como un espagueti hueco por dentro) aceptan muy bien las salsas picantes. Para las salsas más líquidas mejor las pastas lisas, como las “farfalle” (mariposas), las “orechiette” (orejitas) o los “sedani” (‘apios’, como los macarrones pero más estrechos y alargados). Cuando el “zucco” es más espeso, hecho con nata, con huevo, con frutos secos por ejemplo, es mucho mejor tirar de pasta “rigata”, es decir, con surcos que la atraviesan, como los “penne” (a pesar de como suena significa ‘plumas’), las “maniche” (‘mangas’, tubos anchos y cortos) o los “gomiti” (coditos); gracias a sus surcos la salsa se fusiona perfectamente con la pasta, dando su sabor perfecto.</p>
	<p>¿Hemos terminado? Ni remotamente. El proceso siempre es el mismo. Por una parte el refrito con cebolla, o ajo, aceite y alguna otra cosa que pegue (como zanahorias o guisantes). Después se añaden los elementos fuertes &mdash;la carne, el pescado, el marisco, el huevo, la nata, los piñones&mdash; y a fuego lento todo. Después agua a calentar y cuando hierve se echa la pasta y la sal (¿Cómo? ¿Chorreón de aceite? ¿Quieres que te maten y que parezca un accidente?). En cada paquete de pasta te dice exactamente cuantos minutos es necesario hervir la pasta para que quede “al dente” &mdash;y no cabe otra posibilidad&mdash;, así que ese es el tiempo exacto, ni un segundo más, ni un segundo menos, en el que la pasta estará lista. Después se cuela el agua y todo a la sartén. Se remueve unos segundos y&#8230; ¿a servir?</p>
	<p>Siempre la estética, es necesario adornarlo, depende del plato, con una rama de romero o perejil, hojas de laurel, espolvorearlo con orégano o albahaca&#8230; el vino que sea más apropiado y&#8230; ¡buon appetito!</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdeitalia/7599/la-pasta-entra-por-los-ojos</link>
		<pubDate>Wed, 21 Sep 2005 07:17:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Haj-Saleh</dc:creator>
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