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	<title>Libro de Notas - Cartas desde Alemania</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>¿Y usted, mein Herr, qué lee?</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Manuel Haj-Saleh</cite><br />
Editor de <a href="http://joegillis.f2o.org/driftwood/" title="Bitácora">El cuaderno de Otis B. Driftwood</a><br />
<br />
<br />
</p>
	<p>Dicen que el desarrollo de un país se mide por su nivel cultural, de alfabetización y yo qué sé cuántas cosas más. Esto no deja de ser un tópico con hebras de realidad, pero que podría ser aplicable en cierto modo si nos fijamos en la prensa de ese país. No hablo solamente de lo que leen sus ciudadanos, sino también de qué se entiende por tratamiento informativo de la realidad. Conocemos, por la Historia, que la prensa británica o estadounidense son (o han sido) estandartes del cuarto poder, capaces de equilibrar, e incluso de derribar, los abusos producidos por sus gobernantes. Igualmente entendemos así la prensa francesa, añadiéndole un cierto tufillo cultural o “chic” inherente a ese país (otro tópico). Por cercanía conocemos también (y despreciamos) la prensa española, que entendemos como justo lo contrario; esto es, de una sujeción más o menos disimulada a los hilos de los peces gordos, que no necesariamente son los políticos. Pero se habla poco, casi nada, de la prensa o de los medios de comunicación alemanes, más allá de que en ellos se pueda nombrar a España por algo que quizá no nos merezcamos. De ahí el objetivo de este pequeño artículo.</p>
	<p>¿Qué leen los alemanes y por qué?, es la pregunta que nos hicimos en su día. Aunque parezca mentira, en un país de casi ochenta millones de habitantes y con semejante nivel de desarrollo no se vende tanta prensa como se podría suponer, ya que la gente prefiere informarse por radio o, mayoritariamente, por televisión. La difusión por internet es también amplia en un país donde el grado de penetración de este medio es casi general, de un modo u otro. De todos modos, quise hacer un pequeño husmeo (ni siquiera merece llamarse investigación) sobre cómo se distribuyen esas lecturas entre la población y cuáles eran las tendencias políticas de los <em>media</em>. Y me encontré con algunos datos más que interesantes, que incluso a los bizarros íberos nos pueden parecer curiosos.</p>
	<p>Por ejemplo, que al igual que en el Reino Unido existe una prensa de corte “popular”, de gran difusión fundamentalmente entre la gente más humilde, pero que he podido ver como era leída por señores con traje y corbata [1]. La estrella en estos medios es uno bien conocido, creo: <a href="http://www.bild.de/" title="bild.de">Bild</a>, posiblemente el tabloide más vendido en la Europa continental. Perteneciente al poderoso grupo de Axel Springer, <strong>Bild</strong> contiene todos los ingredientes que en su día hicieron famosos a los tabloides británicos: grandes titulares en portada, noticias políticas y sociales contadas en pocas líneas, chicas desnudas en contraportada y una tendencia hacia el sensacionalismo que le da su seña de identidad. A cierta distancia le sigue otro, más moderno, denominado <a href="http://www.express.de/" title="express.de">L’Express</a>, pero que parte de las mismas premisas. Pueden ver que sus páginas web tienen también una estructura parecida. Como es esperable, estos diarios no tienen una tendencia política concreta (más bien son contra-políticos) y su principal fuente de ingresos son los escándalos, especialmente de los “Promis” (famosos). Exigen, casi, que les concedan entrevistas y atacan la reputación de quien se niega a ello. A pesar de ello, se jactan de ser diferentes a los tabloides del Reino Unido en la medida en que los alemanes pueden exagerar las noticias, pero no se las inventan. Curioso es también el papel que desempeñan en la difusión de la cultura; por ejemplo, “Bild” suele sacar colecciones de libros clásicos o <em>best-sellers</em>, de buena encuadernación, a un precio ínfimo y que se venden aparte del diario (no es necesario comprarlo y permanecen en los kioscos o librerías bastante tiempo).</p>
	<p>Si cambiamos de tercio y nos adentramos en la prensa seria, estoy seguro de que algunos de los nombres sí les van a sonar. En este sentido, yo diría que el más famoso de los diarios es aquél que Carrascal nunca sabía pronunciar: El <a href="http://www.faz.de/" title="faz.de">Frankfurter Allgemeine Zeitung [2]</a> o “FAZ” es toda una institución en este país y su prestigio e independencia está fuera de dudas. Sin embargo, no tiene tanta difusión como los tabloides por el hecho de que intencionadamente se dirigen a un público de cierto nivel cultural. Los mismos alemanes me dicen que tiene un lenguaje demasiado complicado y a éste que escribe le costó lo suyo leer y comprender sus artículos sin un diccionario a mano. El “FAZ” tiene a gala ser un tanto tradicional en su presentación y siempre ha mantenido el mismo diseño en su portada, que nunca [3] tiene imágenes. Su independencia no excluye el tener tendencia política, y tanto sus editoriales como sus columnistas son mayoritariamente de tinte conservador. Pero no es un diario exclusivamente político; su sección de Economía es casi lectura obligada si se quiere estar bien informado y suele estar financiada por los propios empresarios. Igualmente es muy reputada la sección de Cultura, que en Alemania se conoce por <strong>Feuilleton</strong> y en la que escriben personajes del mundo de la cultura, autores y escritores muy conocidos. Hasta la estética de esta sección está muy cuidada, como parte de su identidad. Al igual que hace, por ejemplo “El País”, publican libros por entregas y cuidan mucho la redacción de sus artículos.</p>
	<p>El <a href="http://www.sueddeutsche.de" title="sueddeutsche.de">Süddeutsche Zeitung</a> o “SZ”, editado en Múnich, es algo más social-liberal que el “FAZ” aunque tiene una estructura muy parecida y se orienta a un público similar, si bien la imagen que presenta es mucho más moderna y sí muestran imágenes de la noticia del día en portada. Es algo más sencillo de leer (aunque no mucho) y sus editoriales y columnas suelen ser bastante buenos, ácidos, irónicos a veces en exceso. En el terreno político intentan ser algo más neutrales y cuentan como principal activo su “Feuilleton”. El “SZ” es directa competencia del “FAZ”, aunque no sea tan conocido como éste.</p>
	<p>Pero no es la fama la que da lectores: lo más habitual en Alemania es que los diarios locales superen a los regionales en ventas, aunque muchos de estos periódicos tengan una difusión que va más allá de su zona primaria de influencia. Por poner un ejemplo cercano al autor, se destaca el <a href="http://www.ksta.de/" title="ksta.de">Kölner Stadt-Anzeiger</a>, cuya sección de ofertas de empleo, que se publica los sábados, es conocida en prácticamente todo el estado de Renania del Norte –Westfalia. No supera, sin embargo, a la mucho más famosa y difundida del “FAZ”, también sabatina.</p>
	<p>Porque esa es otra característica de los diarios en el país de las salchichas: no se publican los domingos [4]. Consecuentemente, es el sábado el día “estrella” de la prensa, con ediciones mucho más amplias, suplementos culturales, revistas semanales y una cobertura informativa y de opinión más detallada, habitualmente para revisar las noticias de la semana. Huelga decir que es el día en que más prensa se vende, igual que los domingos en España. Además de esto, existe un tipo de prensa más minoritaria (o quizá no tanto) que tiene la particularidad de salir semanalmente. El periódico más conocido en este sector es, sin duda, <a href="http://www.zeit.de/" title="zeit.de">Die Zeit</a> (El Tiempo), que cada semana presenta una colección de artículos más bien densos en los que se analizan en profundidad los temas más importantes que han sido noticia en esos siete días. Serios y con un nivel de redacción muy alto, también tienen una sección cultural que cumple estos cánones a rajatabla, lo que le convierte, casi, en un periódico para <em>gourmets</em>.</p>
	<p>Quisiera completar este recorrido por los rotativos alemanes haciendo un somero repaso a otros medios de comunicación conocidos, sin entrar en mucho detalle, apenas para mostrar el espectro que cubren y cómo se ven reflejadas las diferentes tendencias:</p>
	<ul>
		<li><a href="http://www.welt.de/" title="welt.de">Die Welt</a>. Publicado también por la editorial Axel Springer, es de corte más serio que “Bild”, pero de nivel algo más bajo que el “FAZ” o el “SZ”. Mantiene la tendencia conservadora de su editor.</li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.taz.de/" title="taz.de">tageszeitung</a>. Con sede en Berlín, actualmente es propiedad del SPD [5]. Es un diario muy de izquierdas, casi de culto para los seguidores de esta tendencia política. Su formato es más pequeño del habitual, y la redacción de los artículos también lo es. Se considera bastante tendencioso, y un ejemplo de esto es que cuando se eligió Papa al cardenal Ratzinger, el “TAZ” salió con una portada completamente negra.</li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.fr-aktuell.de/" title="fr-aktuell.de">Frankfurter Rundschau</a>. El estilo es parecido a “Die Welt”, pero de tendencia socialdemócrata.</li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.handelsblatt.de/" title="handelsblatt.de">Handelsblatt</a>, <a href="http://www.ftd.de/" title="ftd.de">Financial Times Deutschland</a>. Ejemplos de diarios económicos, el primero todo un clásico, el segundo de lanzamiento más bien reciente (hará un año o dos). El “Handelsblatt” es el diario económico más importante del país.</li>
	</ul>
	<p>Y para terminar, una corta mirada a las tres revistas políticas que más se leen en Alemania, que, salvando las distancias (las comparaciones siempre son odiosas, para nosotros, claro), podrían asemejarse a nuestros “Tiempo”, “Tribuna”, “Época”, “El Siglo” y otras. Son:</p>
	<ul>
		<li><a href="http://www.spiegel.de/" title="spiegel.de">Der Spiegel</a>. Por historia y por tradición, el más reputado de estos semanarios, está vinculado a la izquierda y se enfrentó duramente a los gobiernos conservadores de los años 60. Esto produjo, incluso, que en 1968 se intentaran secuestrar algunas ediciones. Abarca, igual que las otras, temas muy diversos, desde la política y la sociedad hasta los deportes.</li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.focus.de/" title="focus.de">Focus</a> está en el lado contrario del espectro político. Se vende con páginas más coloristas y un lenguaje algo más popular, que contrasta con la seriedad en el que se utiliza en “Der Spiegel”. Tiene más fotografías y menos textos y suele tener cada semana dos o tres temas principales que abarcan casi la mitad de la revista, lo que los convierte en dossieres más que apetecibles para contrastar diferentes puntos de vista sobre un mismo asunto, aunque reducen el abanico de temas de los que se habla.</li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.stern.de/" title="stern">Stern</a> es una revista más independiente desde el punto de vista político, que dedica más páginas a los temas sociales, económicos o de la vida diaria. Sus análisis son menos profundos (sin ser ligeros) que en sus dos competidores, lo que quizás le otorga un alcance algo mayor entre el público. Para los que nos cuesta leer el alemán, es nuestro preferido.</li>
	</ul>
	<p>Y hasta aquí llego, sin haber tenido más tiempo para ampliar la investigación y averiguar, por ejemplo, por qué las revistas satíricas no son demasiado populares en este país. Les comentaba al principio que la mayoría de los alemanes, sin embargo, se informan por televisión, siendo el medio más popular el “Tagesschau”, o telediario de las cadenas públicas, de seguimiento masivo. Su independencia está fuera de toda duda, ya que separa perfectamente la información de la opinión, que siempre va una vez terminadas las noticias (el “Kommentar”). Después, por decirlo de una manera burda, la audiencia “se desperdiga” por el resto de canales. Aunque el hecho de que no haya publicidad desde las seis de la tarde y la calidad de los programas a esas horas deja un buen segmento de espectadores junto a las cadenas estatales. No se entusiasmen: pagan canon por ello y no es precisamente barato. Pero como decía Michael Ende (alemán, claro), esa es otra historia y ha de ser contada en otra ocasión.</p>
	<p><em>Nota póstuma</em>: Me dejaba en el tintero una cosa curiosísima de los medios de comunicación teutones porque no sabía dónde encajarla, referida a las entrevistas. ¿Sabían ustedes que, cuando se hace una entrevista a alguien importante, el entrevistado tiene derecho de rectificación? Esto es, se le manda la entrevista ya realizada antes de que se publique, por si el sujeto de ésta quiere rectificar, añadir o suprimir algo de lo que haya dicho en ella. No es una imposición legal, sino una norma no escrita que todos los periódicos cumplen de forma tácita&#8230; sí, estimados lectores, la cumple incluso “Bild”. Nos queda mucho que aprender en España, pero detalles como éste muestran que, en lo relativo a la prensa, aún seguimos en la guardería.</p>
	<p>____________<br />

 [1] Hay que decir que esto es un dato relevante: en Alemania no es tan habitual como en España usar el traje y la corbata como vestimenta habitual de trabajo, salvo que tengas trato directo con clientes. Pero eso es otra historia.</p>
	<p>[2] Significa, literalmente “Periódico general de Frankfurt”.</p>
	<p>[3] Este “nunca” tuvo dos excepciones, sin embargo: el 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín, y el 11 de septiembre de 2001, día de la tragedia de las Torres Gemelas en Nueva York.</p>
	<p>[4] Con algunas excepciones, como “Welt am Sonntag”, si bien su difusión es limitada, ya que la mayoría de los puntos de venta cierran los domingos y lo más habitual es encontrarlo en aeropuertos o estaciones de tren.</p>
	<p>[5] Sozialdemokratische Partei Deutschlands, partido socialista de Alemania</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdealemania/8578/y-usted-mein-herr-que-lee</link>
		<pubDate>Wed, 22 Mar 2006 07:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El baile empieza ahora</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Manuel Haj-Saleh</cite><br />
Editor de <a href="http://joegillis.f2o.org/driftwood/" title="Bitácora">El cuaderno de Otis B. Driftwood</a><br />
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</p>
	<p>Escribo con la sensación de que el eclipse se ha retrasado un día para no perturbar la celebración de la unidad alemana (que muchos opinan que no hay nada que celebrar, pero eso sería tema de otro artículo). Ayer, día nublado y frío, los efectos del eclipse no se notaron en absoluto. Hoy, como en las películas, tengo la luz de mi cuarto encendida a las once de la mañana por la oscuridad que hay en la calle. Aquí no entra el otoño por las buenas: suele atacar con ariete, y eso que todavía no hemos llegado al cambio de horas.</p>
	<p>Pero yo no quería hablar de esto, sino del tema que aparentemente tiene sobre ascuas a medio mundo excepto a los alemanes: quién será el próximo canciller federal. Tras la celebración de las elecciones en la comarca de Dresden, retrasadas por la muerte de uno de los candidatos, la CDU (Unión Demócrata Cristiana) se ha hecho con un escaño más, puramente simbólico puesto que sólo aumenta a cuatro la distancia con los socialdemócratas, pero que supone el punto de partida para la aceleración de las negociaciones sobre el futuro político inmediato del país. Ya están todas las cartas sobre la mesa y ahora hay que jugar. </p>
	<p>Los resultados electorales del 18 de septiembre dieron lugar a dos conclusiones aparentemente claras: primera, que Schröder es un animal político muy convincente, dado que con la que está cayendo consiguió dar un salto de nada menos que diez puntos de las encuestas a las urnas, dejando la diferencia de votos con la coalición CDU/CSU (Unión Social Cristiana) en menos de un punto y, como decíamos, tan sólo cuatro escaños de diferencia. La segunda, que los alemanes desean un cambio pero a la mayoría no les hace ni pizca de gracia que sea Angela Merkel quien lo lleve a cabo. Las cifras cantan: antes de que el canciller convocase elecciones anticipadas, era prácticamente cantado que la coalición democristiana iba a rozar la mayoría absoluta en el Bundestag (Parlamento), lo que le daría un enorme poder, al tener ya esa mayoría en el Bundesrat (Senado) tras las sucesivas elecciones regionales del último año y medio. Tan clara estaba la cosa, que la propia Merkel no tenía reparos en “abrir su corazón político” en diferentes entrevistas y revelar, con pelos y señales, sus propuestas socioeconómicas al completo. Y quizás eso fue una de las razones de su derrota. </p>
	<p>Y sí, se pueden extrañar de que hable de “derrota” tratándose de la candidata más votada, pero Merkel ha conseguido algo tan poco habitual como desplomarse casi diez puntos en las urnas y tirar por la borda en poco menos de tres semanas todo un caudal de capital político que le habría impulsado a ser la primera mujer canciller en la Historia de Alemania. Y todo por una serie de sucesivas torpezas que demuestran que no sólo las propuestas ni el programa valen para ganar las elecciones, ni siquiera en este país: además, hay que dar la cara y convencer. Y Merkel en ese sentido no ha hecho más que dar un tropezón detrás de otro.</p>
	<p>Uno de sus primeros errores, del que no se habla demasiado, fue empeñarse en un único debate televisado (desde el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) se habían propuesto de entrada tres y hasta cinco), en un país donde esos “duelos” (como les llaman en la publicidad) tienen muchísimo seguimiento y concienzudos análisis posteriores. Llegado el momento, la mayor experiencia y tablas de Schröder se impusieron y Merkel acabó, en opinión hasta de los diarios más conservadores, completamente KO ante la dialéctica del canciller. La falta de una “revancha” le impidió contraatacar, lo que posiblemente le habría venido muy bien; pero ya era demasiado tarde, la marca en las encuestas empezaba a decaer visiblemente.</p>
	<p>El segundo error o, si prefieren llamarlo así, problema, es que Merkel no sólo luchaba contra su competidor, sino también contra su propio partido y, peor todavía, con sus socios de coalición, la CSU, formación circunscrita al populoso Estado de Baviera, donde es prácticamente hegemónica. La CSU, que sigue una política tan conservadora como la CDU pero que defiende un mayor gasto social (sin pasarse) sabe que su aportación en votos es irrenunciable si se quiere tener opción de gobernar el país, además de que son votos casi garantizados. Por eso, impone ministros, políticas y &mdash;en ocasiones, como 2002&mdash; el candidato a canciller, entonces Edmund Stoiber. Que Stoiber y Merkel no pueden casi ni verse es algo vox pópuli en este país, donde hemos presenciado cómo se le ha intentado hacer la cama a Merkel en diversas ocasiones, algo que ha podido influir también en el resultado de septiembre. </p>
	<p>El tercero y más importante se ha dado a lo largo de la campaña electoral: la negativa inicial de Edmund Stoiber a abandonar Baviera en caso de victoria (o, más bien, una calculadísima indecisión de cara al público) ha colocado en primer plano de la campaña a otros posibles “ministrables” como Paul Kirchhof, en principio destinado a encargarse de las finanzas de la nación. Sin embargo, la brutalidad de sus propuestas económicas provocó que la propia Merkel tuviera que desentenderse públicamente de él, proyectando una sensación más que grave de desunión e incoherencia en el programa democristiano, criticada incluso desde sus socios bávaros, y esto a muy pocas fechas de las elecciones. </p>
	<p>El cuarto no es un error, sino un hecho que nadie se atreve a admitir públicamente: aún en países tan avanzados socialmente como Alemania, existen todavía muchas reservas a que una mujer, que además proviene del Este, ocupe el máximo cargo político del país. Los posibles paralelismos con Margaret Thatcher tampoco han ayudado a la imagen de Frau Merkel, todo hay que decirlo.</p>
	<p>Sea como fuere, lo cierto es que en estos momentos una situación de interinidad no resuelta en la República Federal, y que ahora se empiezan a mover las fichas de forma frenética: descartado cualquier pacto de izquierdas, sólo posible si entrara la formación “Die Linke”, los excomunistas agrupados con Oskar Lafontaine [1] (lo que es virtualmente imposible, dada la manifiesta enemistad entre éste y Gerhard Schröder), y una vez apartada la “Coalición Jamaica” (CDU/CSU, Verdes y FDP) o la del “Semáforo” (SPD, FDP y Verdes) como coloridas bromas, queda claro que ninguno de los dos grandes partidos puede formar mayoría en el Bundestag, y que incluso una coalición de izquierdas iba a ser sistemáticamente entorpecida por la mayoría democristiana en el Bundesrat. </p>
	<p>Así pues, la “Grösse Koalition” aparece como la única opción posible para la estabilidad política del país, y todos, políticos y ciudadanos, asumen este hecho como algo perfectamente normal. Ahora sólo queda el pequeño detalle de ver cómo se organiza, empezando por quién será el canciller. Merkel quiere serlo a toda costa, y Schröder pretende continuar en el cargo, y en ningún caso formará parte de un Gobierno en el que él esté por debajo de la candidata conservadora, ni siquiera como vicecanciller. Su enroque inicial ha sido suavizado al insinuar una posible retirada de sus aspiraciones, así como de las tareas de gobierno, si bien el SPD insiste en que Schröder es su candidato y no hay más que hablar. Es lógico, nadie quiere tener el marrón de la cancillería en uno de los momentos más difíciles para el país en su reciente Historia, y la confianza ciudadana se deterioraría sensiblemente si, por ejemplo, Franz Müntefering (presidente del SPD) asumiera el gobierno o el vicegobierno. El Süddeutsche Zeitung fue claro a este respecto: “Müntefering es hombre para el partido y para el grupo parlamentario, pero en ningún caso para el Gobierno”. Es una sensación muy extendida. </p>
	<p>No es la única opción que se baraja, en cualquier caso. Bajo cuerda se habla mucho de una gran coalición en la que ni Frau Merkel ni Herr Schröder estuvieran presentes. Se ha hablado, por ejemplo, de Christian Wurff (CDU), presidente del Estado de Baja Sajonia, como posible canciller, algo que los socialdemócratas estarían dispuestos a aceptar. Casi cualquiera menos Merkel (o, eventualmente, Stoiber), quizás en la creencia de que un canciller que no haya tenido tanta proyección pueda ser más abierto al diálogo. En la coalición de derechas existe gran impaciencia sobre el resultado de las conversaciones, pues consideran –y estoy de acuerdo – en que hay que moverse ya.</p>
	<p>Todo este jaleo, que en España habría ya hecho arder las emisoras de radio y las redacciones de prensa como la yesca, se toma aquí con una sorprendente calma. Preguntando por ahí, lo que se nota es una cierta perplejidad entre la gente por lo que ha pasado hace quince días, pero al mismo tiempo un convencimiento de que se va a alcanzar una solución satisfactoria. Nadie o casi nadie se plantea otra cosa que la gran coalición, si bien por lo que he podido oír y leer, a muy pocos les atrae la idea de Merkel como canciller, y existe un cierto alivio con que el FDP no entre en el Gobierno, una vez dejan claro que su programa pretende desmantelar el estado social en la medida de lo posible. En cualquier caso, aquí no las tienen todas consigo sobre el futuro de la gran coalición, y la sensación que me queda es que todos asumen que no se agotará la legislatura y habrá elecciones anticipadas; eso sí, una vez aplicadas las reformas previstas para la reactivación de la economía. Noto también un cierto escepticismo sobre la actuación de una gran coalición, pero nadie encuentra una alternativa mejor, y lo que sí hay es incertidumbre por lo que pasará con el estado de bienestar, especialmente en lo que afecta a Sanidad y Educación. </p>
	<p>En definitiva, nadie sabe qué va a pasar, pero nadie hace una tragedia de ello, no hay titulares apocalípticos en la prensa u otros medios, no se habla de desmoronamiento y todos coinciden en una cosa: hay que ir hacia adelante. Me sorprende la confianza que se tiene en que se va a encontrar una solución satisfactoria. Un conocido mío me dio la clave: “habrá un acuerdo porque tiene que haber un acuerdo”... lapidario, directo, alemán. Lo que venga después, la política que se aplique y sus consecuencias serán otro cantar, y ahí empezarán las críticas y las discusiones. El alemán suele confiar en sus políticos, pero jamás les da carta blanca.</p>
	<p>Termino con dos ideas propias: primera, estas elecciones, apuesta o más bien desafío personal de Gerhard Schröder, servirán para que Alemania aprenda a construir política desde la necesidad de una estabilidad. Por el momento, el tira y afloja entre los dos grandes partidos, incluyendo la propuesta de retirada por parte de alguien como Schröder, conocido por su arrogancia (en palabras de alemanes), muestra que cuando se quiere dialogar se puede y que no es necesario escupirse a la cara en público para imponer la posición de cada uno. Vamos, que hay que convencer, además de vencer. <br />
La segunda idea es que ahora se está demostrando la diferencia entre un país civilizado (políticamente hablando) y España. El mejor ejemplo: la noche electoral, tras conocerse los primeros resultados, los cuatro candidatos principales aparecieron juntos en un programa de televisión, frente a frente, para comentarlos ante sus electores. Yo no sé ustedes, pero a mí me da auténtica vergüenza reconocer que eso, en nuestro país, es no sólo imposible sino simplemente inimaginable.</p>
	<p>Serán cuadriculados, serán demasiado serios, es posible que incluso sean fríos y poco amables. Pero en ciertas cosas nos queda muchísimo que aprender de ellos. Por ejemplo, a intentar resolver los problemas que realmente importan.</p>
	<p>___________<br />
<br />

<font size="small">[1] Oskar Lafontaine fue miembro histórico del SPD, presidente del estado del Sarre y parte de la oposición más dura durante la época de Helmut Kohl. Perdió el puesto de cabeza visible socialdemócrata ante Gerhard Schröder y fue durante algunos meses ministro de Hacienda cuando éste llegó al poder. Diferencias personales e irreconciliables con Schröder provocaron su dimisión como ministro y, en mayo de este año, su salida del SPD y la formación de un nuevo partido de izquierdas, que se coaligó con los ex-comunistas del PDS para formar “Die Linke” (la izquierda). Esta coalición obtuvo en las elecciones de 2005 un notable resultado, con el nueve por ciento de los votos.</p>
	<p>[2] Partido Liberal de Alemania. Ha conseguido uno de los mejores resultados de su historia, con el 10 por ciento de los votos.</font></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdealemania/7685/el-baile-empieza-ahora</link>
		<pubDate>Wed, 05 Oct 2005 08:22:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Germanópicos: de las salchichas a la cuadrícula</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Manuel Haj-Saleh</cite><br />
Editor de <a href="http://joegillis.f2o.org/driftwood/" title="Bitácora">El cuaderno de Otis B. Driftwood</a><br />
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<br />
</p>
	<p>Como sucede con cualquier país, existen una serie de tópicos que se exportan al resto de naciones, bien por superstición popular, bien por influencia del cine y la televisión, o incluso de la literatura y la prensa. Dichos tópicos quedan arraigados de tal forma que provocan prejuicios, muchas veces infundados. ¿Infundados?</p>
	<p>Los tópicos no surgen (casi nunca) por generación espontánea. Habitualmente son exageraciones que se fundamentan en hechos reales. El paso del tiempo, el desconocimiento y, por qué no reconocerlo, una mijita de mala leche, han magnificado esos hechos, a veces triviales, hasta convertirlos en señas de identidad inseparables del pueblo que las ostenta sin pretenderlo. </p>
	<p>En este artículo me gustaría analizar algunos de ellos, de manera un tanto desordenada, referidos a un país que no sólo no es excepción en esta clase de tópicos, sino que dentro de Europa es de los más “castigados”. En algunos casos será para matizarlos, en otros para desmentirlos (aunque ningún tópico puede desmentirse por completo) y en otros, para reconocerlos, según mis propias experiencias.</p>
	<p><strong>Tópico número 1: Los alemanes son todos altos, rubios y con ojos azules.</strong> </p>
	<p>Depende de lo que entendamos por alemanes: en los últimos sesenta años la llamada “raza aria” ha ido poco a poco disolviéndose en un mestizaje que parece imparable. Alemania es un país donde viven, por ejemplo, dos millones de turcos, muchos de los cuales han tenido ya hijos (por tanto, ya hay una segunda generación y va camino de la tercera) que son alemanes desde el momento en que nacen. Forman la comunidad inmigrante más numerosa, pero no la única: españoles, latinoamericanos, indios, pakistaníes, italianos, griegos, eslavos o rusos completan un colorido mapa en este país, donde las mezclas por matrimonio son cada vez más comunes. De mis conocidos alemanes, los rubios forman quizás una “mayoría minoritaria”, aunque lo cierto es que estos rasgos son más habituales entre las chicas. Eso sí, la media de estatura, particularmente entre los varones, es notablemente alta, como suele suceder conforme avanzamos hacia el norte.</p>
	<p><strong>Tópico número 2: Los alemanes son cuadriculados, disciplinados y muy eficientes.</strong></p>
	<p>Hay gran parte de verdad en este tópico, y la prueba está en que Alemania ha sido y es todavía el motor que hace a Europa funcionar. Ningún otro país del continente tiene tal cantidad de empresas punteras en todos los ámbitos de la industria y la tecnología. Efectivamente, la principal característica del alemán es su sentido de la disciplina y del trabajo bien hecho. Son perfeccionistas y se toman muy en serio las tareas a realizar. Tanto es así, que tienen incluso un verbo, “erledigen”, que significa, literalmente “hacer cosas” en el sentido de “tengo cosas que hacer”. No son personas de medias tintas, y dejar una tarea sin completar o hecha de cualquier manera lo consideran casi un insulto, una falta de respeto. Por eso mismo tienen una conciencia de empresa muy arraigada, y entienden que un error en su trabajo implicará un error para la empresa que les paga, y eso es algo que se ancla con fuerza en su idiosincrasia. </p>
	<p>De esta característica se derivan las otras dos del epígrafe: el exceso de sentido de la disciplina les hace ser muy eficientes en lo que hacen, sí, pero al mismo tiempo cumplen a la perfección el papel de “cuadriculados” y “cerrados” que se les atribuye desde otras culturas (particularmente desde España). Lo he podido comprobar en ocasiones “en mis propias cannes”, en las que no hubo manera de que mostraran un mínimo de iniciativa para salirse de las normas, aunque fuera de manera tangencial. El ejemplo que más me llamó la atención fue cuando tuve que empadronarme por primera vez en Aquisgrán (ya lo había hecho una vez, en Colonia, y conocía el procedimiento) y no quisieron hacerlo porque la red de datos estaba caída y se supone que solamente debían tramitar DNIs&#8230; cuando lo fácil hubiera sido hacer lo que se suele hacer en España, es decir, dejar los formularios rellenos en la bandeja de salida (al ciudadano no le tienen que dar más que una copia en papel carbón del padrón, de todos modos) y pasarlos al ordenador cuando la red estuviera de nuevo en marcha. En este sentido, quiero romper una lanza a favor del funcionariado español: nos quejamos de vicio, en serio. </p>
	<p><strong>Tópico número 3: Los alemanes sólo comen salchichas y beben cerveza.</strong></p>
	<p>Habitualmente, la gastronomía en los países fríos es poco variada, y la razón es que la comida está más destinada a combatir el frío que a halagar al cuerpo. Pero tampoco hay que exagerar en el tópico, y éste es muy exagerado. Aunque es cierto que ambas cosas son ingredientes fundamentales de la gastronomía alemana.</p>
	<p>Sin embargo, las salchichas se consumen bastante menos de lo que pensamos, pero son plato estrella siempre que hay fiestas o mercadillos. Los puestos ambulantes de bocadillos a los que los españoles estamos acostumbrados en ese tipo de eventos tienen su paralelismo en los puestos de salchichas, donde además de esto se sirven otros platos típicos teutones como los Reibekuchen (pasteles hechos con una base de patatas que se fríen y se toman con compota de manzana), los Spiessbraten (una especie de pinchos de cerdo o ternera) y el famoso codillo, o “Haxe”, para los gargantúas de turno<sup>1</sup>. Como dato anecdótico, cuando pregunté a un grupo de alemanes cuál pensaban que era el plato nacional, me respondieron, medio en serio medio en broma, que era “el Döner Kebab”, de origen turco. Algo de verdad tiene&#8230; el alemán raramente va a una Kneipe patria cuando sale a comer fuera, sino que elige para ello restaurantes italianos, turcos, chinos y, con elevada frecuencia, “españoles” <sup>2</sup>. Las tapas<sup>3</sup> están muy bien consideradas y la gente paga mucho dinero por ellas. España está de moda, incluso al sentarse a la mesa.</p>
	<p>En cuanto a la cerveza, sí, es la bebida nacional. O, mejor dicho, es la bebida local, puesto que lo normal es que en cada población, incluso en las pequeñas, se destile un tipo de cerveza propio, en las llamadas “Bräuerei”. Aún así, hay algunas cervezas que alcanzan dimensión nacional por lo extendido de su consumo, como la “Kölsch” (cerveza originaria de Colonia, bastante ligera y con poco gas, que por ello se sirve en vasos de tubo muy estrechos y se bebe con rapidez) o la “Weizen” (cerveza de trigo característica de Baviera, que se toma en vasos altos y de boca ancha), amén de la universal “Pils”, originaria de la República Checa, pero que en Alemania alcanza su expresión más internacional, con marcas como Bitburger, Beck’s, Warsteiner o Veltins. Tiene su lógica: la cerveza es la bebida alcohólica más barata, y tiene un consumo masivo a todas las edades, aunque los alemanes también son grandes bebedores de vino, aunque me da la sensación de que no son demasiado buenos conocedores. Aprecian los vinos franceses y les apasiona el Rioja, pero no les hacen ascos a caldos chilenos o australianos.</p>
	<p><strong>Tópico número 4: El idioma alemán es realmente complicado, con multitud de palabras kilométricas.</strong></p>
	<p>La complejidad de un idioma es una percepción subjetiva (salvo casos muy claros) que depende, en mi opinión, de dos factores: la difusión de dicho idioma y sus semejanzas con el propio. En el caso del alemán, se piensa que es complejo justamente porque no se da ninguno de estos dos factores, al menos a gran escala. Sin embargo, si comparamos gramática a gramática (y he tenido muchas ocasiones de hacerlo en los casi dos años que llevo enseñando español), el español y el francés son mucho más complicados de aprender que el alemán, suponiendo que partiésemos de cero. Es cierto, en alemán aún existen las declinaciones, pero salvo casos muy concretos sólo se aplican a los artículos y a los adjetivos, y solamente se conservan tres casos (cuatro, si contamos el genitivo, que tiene un propósito muy definido). Esto no quiere decir que el alemán sea una perita en dulce, desde luego, pues tiene dos características que lo hacen difícil: los plurales (tiene nada menos que once grupos) y su enorme vocabulario, puesto que tienen palabras que expresan conceptos similares pero que no son sinónimas, sino que debe usarse cada una en su contexto adecuado. Por el contrario, su gramática es muy sistemática y con realmente pocas excepciones, además de que solamente se usan cuatro formas verbales (una para el presente, dos para el pasado y otra para el imperativo), y el resto se construyen con verbos auxiliares<sup>4</sup>.</p>
	<p>En cuanto a la longitud de las palabras es, efectivamente, ilimitada. Pero tiene truco: sólo se permite dicha construcción cuando se hace con sustantivos. Es decir, cuando veamos una palabra de cincuenta y ocho letras en alemán, lo más probable es que se componga de varios sustantivos enlazados que se adjetivan unos a otros, desde dentro hacia afuera. Ejemplos: <em>Postversand</em> = Post + Versand = envío postal. <em>Objektauswahlwerkzeug</em> = Objekt + Auswahl + Werkzeug = herramienta de elección de objetos. Fácil, ¿no?</p>
	<p>Dos curiosidades: primera, en alemán todos los sustantivos comienzan con mayúscula. Segunda, la famosa “beta” por la que todo el mundo pregunta (ß) se corresponde con una doble “s”.</p>
	<p><strong>Tópico número 5: En Alemania llueve y hace frío todo el año.</strong> </p>
	<p>Desgraciadamente es cierto. No quiere decir que no haga calor&#8230; lo hace, pero no de forma sistemática. Los inviernos suelen ser fríos y con bastantes precipitaciones, si bien depende de la zona. Donde yo vivo son crónicas pero no constantes, y habitualmente de poca intensidad. Además, hay bastantes días soleados, que suelen ser los más fríos. En verano hay días de calor muy pegajoso (es un país húmedo) que se alternan con días de lluvia y tormentas. El verano prácticamente termina a mediados de agosto, donde ya por las noches llevar un suéter no es mala idea. Pero la característica más típica del clima alemán, especialmente en verano, es “wechselhaft”, esto es, “variable”. El clima es menos molesto de lo que se suele pensar, a pesar de la lluvia, y solamente se hace deprimente los días de viento, en los que salir a la calle puede convertirse en una auténtica tortura.</p>
	<p>La luz es un bien preciado en estas latitudes&#8230; tenemos veranos cortos pero con muchas horas de luz (desde las cuatro de la mañana hasta pasadas las once de la noche, cuando estamos en torno al solsticio de junio) e inviernos donde ya a las cuatro de la tarde oscurece rápidamente. Por eso las casas, que casi nunca tienen balcones, disponen por el contrario de enormes ventanales para aprovechar mejor las horas luminosas. Lo que no deja de ser paradójico en un país donde normalmente se trabaja hasta las cinco o las seis de la tarde y cuando llegamos a casa en invierno ya es noche casi cerrada.</p>
	<p><strong>Tópico número 6: Todos los alemanes veranean en Mallorca.</strong></p>
	<p>Le llaman el Bundesland (Estado Federado) número 16. Por algo será :-)</p>
	<p>Y, por el momento, lo dejamos aquí. Quizá en una próxima carta sigamos limando asperezas con los tópicos de esta tierra. Estoy seguro de que los lectores tendrán muchas preguntas al respecto. Auf Wiedersehen.</p>
	<p><br />
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[1] (Dentro del tópico gastronómico, es rotundamente cierto que los alemanes comen como limas, y habitualmente los platos en los restaurantes son muy abundantes)</p>
	<p>[2] La mayoría son propiedad de griegos o turcos&#8230; el marketing manda.</p>
	<p>[3] O lo que ellos llaman “tapas”, que en realidad es lo que nosotros llamaríamos “raciones”, en la mayoría de los casos</p>
	<p>[4] En español existen quince formas verbales distintas: diez de indicativo, cuatro de subjuntivo (seis si contamos el futuro, prácticamente en desuso) y el imperativo. Y cada una tiene, además, su función concreta. En alemán, las dos formas de pasado (Präteritum y Perfekt) son, en general, intercambiables.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdealemania/7400/germanopicos-de-las-salchichas-a-la-cuadricula</link>
		<pubDate>Tue, 16 Aug 2005 07:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Haj-Saleh</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Cambio en Nordrhein-Westfalen y consecuencias en el resto del país</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Manuel Haj-Saleh</cite><br />
Editor de <a href="http://joegillis.f2o.org/driftwood/" title="Bitácora">El cuaderno de Otis B. Driftwood</a><br />
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La gran noticia de las últimas semanas fue, sin dudarlo, la derrota del Partido Socialdemócrata (SPD) en el Estado Federado de Renania del Norte-Westfalia (NRW). Tras casi cuarenta años de gobierno rojo, gobernará ahora en el Bundesland un representante de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) con mayoría más que cómoda (89 escaños de los 187 que consta el Landtag, que habitualmente se sumarán a los doce de los liberales del FDP), y además los representantes “negros” (el color de la Unión) tendrán mayoría de dos tercios en el Bundesrat o Senado alemán, lo que les permitirá bloquear prácticamente todas las leyes que impulse el gobierno de Gerhard Schröder aunque éstas se aprueben en el Bundestag o Congreso.</p>
	<p>Así pues, el cambio producido en NRW no sólo tiene connotaciones históricas sino que supone un fuerte vuelco político en una nación muy descontenta con el gobierno rojiverde que ganó sorpresivamente las elecciones de 2002 y que está tratando de impulsar unas reformas económicas que no satisfacen a nadie, en un país sacudido por la crisis y que empieza a notar con fuerza los verdaderos efectos de la reunificación de 1990. El dato de cinco millones de parados en todo el país y muchos más con su empleo en precario ha sido determinante para la elección de Jürgen Rüttgers como Presidente del Bundesland más poblado e industrializado de la nación. Hablamos de un Land de dieciocho millones de habitantes que está sufriendo particularmente los efectos de las deslocalizaciones, de la caída de industrias como el carbón y el metal y que está reciclándose a marchas forzadas hacia el sector servicios y del I+D, pero en el que muchos trabajadores cualificados están quedándose en la calle. Las reformas introducidas por el gobierno de Schröder, que penalizan al contribuyente obligándole a pagar por servicios que antes eran gratuitos (por ejemplo, una tasa fija de diez euros por visita al médico, aunque esté cubierta por la Seguridad Social) y otras más llamativas como la introducción de unas elevadas tasas universitarias que hacen mucho más daño en una zona como NRW, con una alta concentración de carreras técnicas (habitualmente de ciclo más largo que las demás, si exceptuamos Derecho, posiblemente la carrera más difícil de aquí) han provocado una situación que a mi juicio es bastante paradójica: para el electorado de izquierdas habitual del SPD las reformas son de calado excesivo y afectan a los estratos sociales más bajos con especial crudeza. Para los votantes más a la derecha, habituales del CDU, esas reformas se quedan muy cortas. Y, dado que en Alemania el espectro de votantes de centro es sorprendentemente amplio y no es raro que quien votó rojo en una elección pueda votar negro en la siguiente, el cambio político ha estado bien lejos de ser una sorpresa. El caso de NRW ha sido particularmente doloroso para la cúpula del SPD, aquejada de bicefalia desde hace relativamente poco, puesto que Schröder dejó el cargo de líder del partido en favor de Franz Müntefering y está siendo cada vez más cuestionado desde dentro. Pero, aun siendo un fuerte golpe para esta formación, no ha sido más que el último eslabón en una cadena de constantes pérdidas de poder que ha hecho que los colores de la CDU dominen en todos los Bundesländer excepto un par de ellos. </p>
	<p>Tratando de pulsar el “Stimmung” o ambiente que se vive en el país, de forma nada científíca he ido preguntando a la gente que me rodea cómo ha visto este giro de 180 grados en el color político del Land, y me he quedado sorprendido con algunas de las respuestas, pero sobre todo con la calma con la que estos cambios se toman. Quizás porque estoy acostumbrado a ver la política española como paradigma del “hooliganismo” de partido, donde se entiende la simpatía por uno del mismo modo que si fuera un club de fútbol, banderitas y agresiones incluidas, aún me choca el ver que aquí lo que más importa es que te gobiernen bien, y no los colores del que te gobierna, por lo que el porcentaje de personas que “se casan” con un partido político es relativamente bajo y la alternancia ya viene sobreentendida desde el principio como signo de salud democrática. No quiere decir que se esté satisfecho cuando el partido al que has votado pierde, y tampoco quiere decir que estés incondicionalmente adherido a un programa de reformas. Simplemente que cuando hay cambios la primera idea es “a ver cómo lo hacen”. Y es la sensación que se me ha transmitido en mis pequeñas entrevistas a la gente de la calle.</p>
	<p>La primera idea es común a todos, sin excepción: aunque haya habido un cambio de partido, no se cree que vaya a cambiar nada en general. Me avisan de que los cambios de gran calado son difíciles en un país como éste, donde la gente está acostumbrada a que las cosas funcionen sin saltarse ningún paso, por lo que es poco probable una revolución en lo económico. En las competencias de que disponen los Länder (en muchos casos, menores que, por ejemplo, las CCAA españolas) sí es posible ver efectos más o menos rápidos, como la inevitable consolidación y aumento de las tasas universitarias, que anticipan ya más de una gran protesta estudiantil en los próximos años. Dentro del programa de la CDU se encuentra además el darle una mayor autonomía a las Universidades, lo que supondrá seguramente el establecimiento de fuertes criterios de admisión en las más prestigiosas, como la RWTH de Aquisgrán, para carreras como Ingeniería de Caminos (Bauingenieurwesen) o Electrónica-Telecomunicación (Elektro- und Nachrichtentechnik). Por otro lado, los dos partidos de la nueva coalición gubernamental coinciden en ir retirando, hasta desaparecer por completo, las subvenciones al carbón, lo que supondrá el <em>coup de grace</em> a la maltrecha minería de la región. </p>
	<p>El escepticismo viene dado por las promesas de la futura coalición negro-amarilla en lo referente al trabajo y el refuerzo en las escuelas, los dos puntos que han formado la bandera electoral de estos dos partidos. Los cinco millones de parados y la reducción en el horario escolar, así como la falta de personal en los colegios e institutos (en 8.000 docentes la cifra el FDP) han sido temas clave de campaña, pero poco se cree que se pueda hacer sin políticas de choque a escala nacional, que convenzan y que no destruyan el estado social en el que los alemanes viven desde el final de la II Guerra Mundial. Pero nadie ve cómo se puede aumentar el empleo sin erosionar ese estado social, y nadie ve cómo se puede reforzar la educación primaria y secundaria sin un aumento de los impuestos, de modo que son promesas que se están tomando por el público incluso con cierta sorna. </p>
	<p>Y es que los grandes asuntos de Estado, tales como la economía o la sanidad, incluyendo la reforma de la Seguridad Social (hay un temor latente al derrumbamiento del sistema de pensiones, que quedó seriamente tocado tras la reunificación, con millones de personas que recibieron y reciben prestaciones sin haber cotizado) son prerrogativa del Gobierno Federal. En este sentido, la decisión de Schröder de convocar nuevas elecciones generales para el próximo otoño se ha visto como una buena idea y como algo necesario, pues la capacidad de bloqueo de que dispondrá la oposición en el Bundesrat puede congelar cualquier iniciativa gubernamental hasta el punto de crear cierta inestabilidad política, algo que nadie desea en este país, acostumbrado a funcionar como el mecanismo de un reloj. Así pues, la decisión es buena desde el punto de vista pragmático, pero no se oculta el hecho de que el canciller la toma también como un cierto órdago tanto al electorado como a su propio partido, donde cada vez está más cuestionado por su escoramiento hacia la derecha, ya que buena parte de sus militantes (y simpatizantes) no quiere que el SPD se derive hacia algo similar al “nuevo laborismo” de Tony Blair en Gran Bretaña, temiendo que el espacio de izquierdas quede vacío. Esto se está reflejando también en los primeros amagos por parte de los Verdes de romper la coalición electoral que tanto éxito ha tenido en los últimos siete años, si bien soy de la opinión de que, en caso de que el SPD tenga de nuevo posibilidades de gobernar, los Verdes abrazarán nuevamente la “Realpolitik”, ejerciendo de contrapeso a la izquierda. La salida del histórico Oskar Lafontaine de las filas socialdemócratas no parece haber causado más revuelo del necesario, e incluso la prensa apenas le ha dedicado un par de días en sus páginas. Su intención de formar una nueva coalición de izquierdas con el PDS (ex-comunistas y socialistas, equivalente en ciertos aspectos a la IU española) no parece que vaya a llegar a buen puerto, dado lo cercano de las elecciones y en todo caso puede restar votos al SPD. </p>
	<p>Sin embargo, cuando pregunto si el SPD tiene posibilidades de ganar las elecciones en otoño, máxime cuando Schröder ya ha advertido que no piensa cambiar su política a pesar de los repetidos avisos de los Bundesländer en forma de derrotas, me encuentro con la sorpresa de que incluso votantes de la CDU o del FDP me dicen que creen que sí. Y entre las razones para ello está, fundamentalmente, que la candidata de centroderecha, Angela Merkel, no inspira demasiada confianza ni en su electorado. Sí es cierto que su popularidad ha aumentado en los últimos meses, arrastrada quizás por un descenso equiparable del índice de simpatía hacia el canciller, pero juega con dos factores en su contra, que sorprenden por ser precisamente éste uno de los países socialmente más avanzados: uno es el ser de la antigua Alemania del Este (nació en el Estado de Mecklemburg-Vorpommern), y el otro es el ser mujer, algo para lo que Alemania, por lo que se ve, todavía no está madura. Aunque hay mujeres en puestos administrativos de gran responsabilidad, solamente tres son presidentas de un Bundesland, e incluso en las elecciones de 2002, y a pesar de que Merkel ya era líder de la CDU, se eligió al bávaro Edmund Stoiber (presidente de la Unión Social Cristiana, CSU, coaligada con la CDU) como candidato a la cancillería, lo que causó gran revuelo en la coalición por entonces. Ahora Stoiber ha apoyado sin reservas a Merkel, pero ella sigue sin transmitir esa necesaria confianza en el amplio sector de votantes de centro e indecisos, que la ven como una persona excesivamente maquinadora. Así que, paradójicamente, es la candidata de la CDU la que podría otorgar una nueva victoria electoral al SPD. He podido leer en “Focus” esta semana un extenso reportaje sobre Merkel, incluyendo una entrevista a la candidata (“Focus” es una revista de información general que se adscribe políticamente al centro-derecha. Las otras dos más importantes en Alemania son “Stern” y “Spiegel”, de posiciones más de centro-izquierda), en la que me confirman esas suspicacias por parte de la gente: Angela Merkel es una política 100% y como tal se moja poco en los asuntos en los que tendrá que gobernar, y no da indicaciones claras de por dónde irían sus probables reformas, algo en lo que tiene mucho que ver el debate interno que hay en su partido en asuntos como la reforma de las pensiones o la investigación con células madre, donde chocan frontalmente con sus posibles socios del FDP. Por otro lado, Merkel no tiene el carisma de su competidor “rojo” y necesita imperiosamente ganar el debate de las ideas para poder triunfar sin agobios en otoño. Y no es fácil, porque en Alemania los debates entre candidatos son actos casi obligados si se quiere ganar unas elecciones, y ahí Schröder tiene muchas más tablas y cuenta con la ventaja de estar en el Gobierno y poder manejar muchos más datos que su competidora, o al menos hacerlo con más facilidad. Pero el canciller no lo tendrá fácil ni mucho menos: a los sucesivos golpes que se está llevando en forma de derrotas electorales se une el tener que defender un programa de reformas (el polémico “Hartz IV”) que pone en solfa el mantenimiento del Estado de Bienestar que ha sido bandera de este país durante cincuenta años y que está afectando sobre todo a ciudadanos con rentas más bajas al penalizar económicamente el uso de servicios públicos. Schröder tiene que batallar en tres frentes: el de la oposición, que pide más audacia, el de su partido, que pide más cobertura social y el de sus electores, a los que no consigue contentar con ninguna de sus explicaciones, y es muy difícil que le venga un golpe de suerte como el que le hizo ganar por los pelos las elecciones de 2002.</p>
	<p>Así pues, nos espera un verano políticamente calentito en el que los alemanes van a ser asaeteados con nuevos eslóganes, nuevas ideas, luchas ideológicas y promesas que creo que serán bastante más contenidas que otras veces. La crisis no es ningún juego en este país y las mentiras se tragan muy mal. Los debates entre candidatos serán más enconados, seguramente, que en años pasados y el gobierno que surja de las urnas en septiembre se verá en la delicada tarea de volver a engrasar a la llamada “locomotora de Europa”, que empieza a perder gas de manera inquietante. Ante la pregunta de “cuál es para ti la primera reforma, la más necesaria, que se debe hacer en Alemania independientemente de qué partido gobierne”, todos coincidieron en que es necesario combatir el aumento del desempleo. El alemán, pueblo trabajador por antonomasia, le tiene auténtico pánico al paro, así como al empleo precario e inestable. Dos elementos que socavan las bases de su propia esencia. Quien consiga aliviar ese miedo de la manera más convincente será el próximo canciller, no me cabe la menor duda.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/cartasdesdealemania/6984/cambio-en-nordrhein-westfalen-y-consecuencias-en-el-resto-del-pais</link>
		<pubDate>Mon, 06 Jun 2005 07:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Haj-Saleh</dc:creator>
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