<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xml:lang="es" xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
	<title type="text">Libro de Notas - Cuentos mínimos</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
	<link rel="self" href="https://librodenotas.com/atom/?section=cuentosminimos" />
	<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/" />
	<id>tag:librodenotas.com,2005:77c262b7562572606450a68115f67ab6/cuentosminimos</id>
	<generator uri="https://textpattern.com/" version="4.8.7">Textpattern</generator>
	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
		<email>&#109;&#97;&#114;&#99;&#111;&#115;&#116;&#97;&#114;&#97;&#99;&#105;&#100;&#111;&#64;&#103;&#109;&#97;&#105;&#108;&#46;&#99;&#111;&#109;</email>
		<uri>https://librodenotas.com/</uri>
	</author>
	
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2009-06-15T07:10:56Z</published>
		<updated>2009-06-15T10:15:57Z</updated>
		<title type="html">Teatro y otro cuento</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/16254/teatro-y-otro-cuento" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-06-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/bf558be61133ac7280fb2650693d94c0</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Teatro</strong></p>

	<p>El director de la obra asegura que se trata de un espectáculo de rabiosa actualidad, capaz de aunar la magia de la representación en directo, la espontaneidad de la improvisación y el morbo de los espectáculos televisivos. Por un módico precio, los espectadores guardan cola entre bastidores y, de uno o en uno o en parejas, pasan directamente al escenario donde pueden elegir entre actuar, cantar y bailar o incluso interpretar escenas reales como la vida misma, como a él le gusta decir: se confiesan amores y engaños, se reconcilian o se tiran los trastos, se pide perdón entre lágrimas y se llevan a cabo retorcidos planes de humillación y venganza. Todo ello frente a un público receptivo y entregado que, según la categoría de la entrada, al final te inunda de flores, se emociona, te vitorea, o sencillamente te aplaude.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Reciclaje</strong></p>

	<p>Apagó el interruptor y desconectó el cable de alimentación. Con tristeza, vertió el líquido en el fregadero (lagos, riachuelos, mares, océanos), y separó bien los plásticos de los metales, los vidrios de los cartones y las rocas de la poca materia orgánica que quedaba (un par de piernas por aquí, pequeñas lagartijas por allá, algún que otro insecto). Lo metió todo en bolsitas biodegradables que cerró convenientemente. Luego garabateó una nota de despedida para la señora de la limpieza, añadió un par de billetes a su salario habitual por las molestas ocasionadas, y se marchó de allí para no volver jamás. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>El director de la obra asegura que se trata de un espectáculo de rabiosa actualidad, capaz de aunar la magia de la representación en directo, la espontaneidad de la improvisación y el morbo de los espectáculos televisivos. Por un módico precio, los espectadores guardan cola entre bastidores y&#8230;</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2009-05-15T06:18:58Z</published>
		<updated>2009-06-19T11:49:18Z</updated>
		<title type="html">La trampa</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/16026/la-trampa" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-05-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/094bb74aa80c4a09ed83349723ffe9f8</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>La trampa</strong></p>

	<p>Es un libro de esos con figuritas que al abrirlo se levantan y se mueven. Dentro apareces tú regalando por fin un ramo de flores a la chica que tanto te gusta, grapando a la mesa la corbata a rayas que lleva puesta tu jefe, y preparando un cocktail en la terraza de alguna playa tropical. Es fácil, te susurra una misteriosa voz al oído. Basta con que empujes esas solapitas de aquí y de allí y todo esto se convertirá en realidad. Y tú te dejas llevar sin pensarlo dos veces, y cuando te cansas de ser feliz en ese mundo de cartón, cierras el libro, pero a tu alrededor todo ha cambiado, y sólo hay flores que suben y bajan, animales que asoman la cabeza desde detrás, y una fuente de la que sale un chorro de agua de papel que nunca, nunca, te quita la sed.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Es un libro de esos con figuritas que al abrirlo se levantan y se mueven. Dentro apareces tú regalando por fin un ramo de flores a la chica que tanto te gusta, grapando a la mesa la corbata a rayas que lleva puesta tu jefe, y preparando un cocktail en la terraza de alguna playa tropical. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2009-03-15T08:27:47Z</published>
		<updated>2009-03-15T04:32:45Z</updated>
		<title type="html">El títere y otro cuento</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/15633/el-titere-y-otro-cuento" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-03-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/18b604b0a60d281730375a75ecb51076</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>El títere</strong><br />
Sale al escenario un señor pusilánime y bajito con un carrete de hilo blanco entre las manos. Con extrema lentitud va cortando pedacitos que se ata con cuidado a los tobillos, a las muñecas, a las rodillas, a los codos, y finalmente a la nuca. Sale su esposa, que le riñe por no sacar la basura, por no pasear al perro, y por no fijarse en su peinado nuevo. Salen sus hijos, que se marchan con la paga de dos semanas y el permiso para volver a casa más tarde de las once. Sale su jefe, que le pide dos copias extra de los últimos informes. Sale su mejor amigo, que ha vuelto a olvidarse la cartera para pagar la última ronda. Y como número final –¡tachán!- sale su amante con una bobina de hilo rojo para convencerlo de que se olvide de su mujer, de sus hijos, de su jefe y de su amigo, porque sólo ella sabe lo que de verdad de verdad de verdad le conviene. <br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Herencia</strong><br />
Tiene los ojos tristes de su madre, la nariz griega de su padre, el mentón altivo de su abuela materna y las orejas pequeñas de un primo lejano del que nunca llegó a fiarse demasiado. Lo guarda todo en un cajoncito del salón, porque le gusta tenerlo siempre a mano cuando vienen las visitas y que ellos mismos puedan comprobar el asombroso parecido.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Sale al escenario un señor bajito con un carrete de hilo blanco entre las manos. Con extrema lentitud va cortando pedacitos que se ata con cuidado a los tobillos, a las muñecas, a las rodillas, a los codos, y finalmente a la nuca. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2009-02-15T08:49:43Z</published>
		<updated>2009-02-15T15:53:14Z</updated>
		<title type="html">Tentación y otro cuento</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/15467/tentacion-y-otro-cuento" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-02-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/c021e8decdc378e578876771c4458f30</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Tentación</strong><br />
Has cogido la cartera, la has encontrado y te la has metido en el bolsillo. No disimules, a mí no puedes engañarme. Busca un rincón apartado, y aprovecha para explorar su interior. Un tipo con pasta, ¿eh? Cógela, tendrá más. Mejor quédate con la cartera entera, es de piel, tira la tuya. Mira qué traje, te sentaría como un guante. Esa debe ser su mujer, no me negarás que es mucho más guapa que la tuya. Y sin hijos, no hay fotos de niños. Mejor. ¿Por qué no vas a su casa y te lo pruebas todo? Reconoce que tu vida es una basura. Tienes razón en que no os parecéis demasiado, pero espabila, cambia de peinado. Sé espontáneo por una maldita vez. <br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>El músico</strong><br />
Está cansado de que pasen por delante sin mirarlo siquiera, así que abre una maleta inmensa y guarda en ella la guitarra, la lona sobre la que se sentaba, el banquito, la farola, la acera, las papeleras, un buzón, un par de niños que jugaban cerca, un puestecito de helados, una tienda de reparaciones, un perro callejero y una peluquería de señoras.<br />
El otro hombre, que hace unos segundos se disponía a cruzar el semáforo con total tranquilidad, se encuentra de repente sumergido en una especie de niebla gris, con la mano a medio camino de una moneda en su bolsillo para la que, sospecha, ya es demasiado tarde.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Has cogido la cartera, la has encontrado y te la has metido en el bolsillo. No disimules, a mí no puedes engañarme. Busca un rincón apartado, y aprovecha para explorar su interior. Un tipo con pasta, ¿eh? Cógela, tendrá más. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-12-15T07:28:51Z</published>
		<updated>2008-12-14T23:18:17Z</updated>
		<title type="html">Sinopsis y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/15108/sinopsis-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-12-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b87224c974fa17efe8c35b7dee2445dc</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Sinopsis</strong><br />
Tiene una biblioteca infinita repleta de libros vacíos con páginas en blanco (sólo un título, un par de párrafos en la contraportada). Apremiado por una insaciable sed de conocimiento, dice que no le da tiempo de otra cosa, que es la única manera de leer todos los libros del mundo. Se ha dado cuenta de que, pasados algunos años, es capaz de recordarlos vagamente (apenas un título, un par de párrafos de la contraportada), y es entonces cuando gracias a su mala memoria se convence a sí mismo de que los ha leído de verdad.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Estereotipos</strong><br />
Siempre hay algún chaval vigilando desde el tejado más alto, para avisar si se acerca algún coche de fuera. No es algo que suceda muy a menudo, pero no quieren que nadie sospeche nada. Cuando dan la voz de alarma, todos los hombres abandonan rápidamente sus quehaceres en la cocina y agarran una manguera, un cortacésped, un martillo. Las mujeres esconden las cervezas, las fichas de dominó, el diario deportivo. Entran en sus casas y en un santiamén ponen una lavadora, sacan una aguja de ganchillo, una revista del corazón. Son minutos incómodos para todos, que suspiran inquietos por volver a la normalidad. Pero es el único modo de asegurarse de que los dejan en paz. <br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Celos</strong><br />
Estaba tan convencida de que tarde o temprano la iba a engañar que decidió no casarse con él, no acudir a la cita, no comprarse ese vestido, no entrar a trabajar en aquella oficina, no estudiar en la Universidad, no alternar con esos chicos del instituto, no pasar los veranos con sus abuelos, no llegar a nacer siquiera.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Tiene una biblioteca infinita repleta de libros vacíos con páginas en blanco (sólo un título, un par de párrafos en la contraportada). Apremiado por una insaciable sed de conocimiento, dice que no le da tiempo de otra cosa, que es la única manera de leer todos los libros del mundo. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-11-15T07:46:34Z</published>
		<updated>2008-11-14T20:49:02Z</updated>
		<title type="html">Garantía</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/14936/garantia" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-11-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/beaf50c1380cc574ffa312800b6151cf</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Garantía</strong></p>

	<p>A la luz oscilante de un pequeño sótano, intenta recomponer los pedazos de su corazón con una barrita de pegamento. No es una tarea fácil, pero está acostumbrado, ya lo ha logrado otras veces. Pasado un rato se da por vencido: era una chica tremenda, el daño es irreparable. Con resignación, los amontona lo mejor que puede y se marcha de allí. Mañana mismo irá a la clínica, a exigir que se lo cambien por otro nuevo.</p>

	<p><br />
<br />
<br />

<em>*Perdónenme por el cuento tontorrón de este mes&#8230; Era un ciclo que tenía que cerrar. ;)</em></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>A la luz oscilante de un pequeño sótano, intenta recomponer los pedazos de su corazón con una barrita de pegamento.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-10-15T07:54:15Z</published>
		<updated>2008-10-15T02:05:28Z</updated>
		<title type="html">Reconciliación</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/14717/reconciliacion" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-10-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b474846e869dab6781206014e60a5132</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Reconciliación</strong></p>

	<p>Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo. Utiliza palabras duras, no hagas la más mínima concesión. Dile que no sabes de qué te habla, que son todo imaginaciones suyas. Deja que te grite, que te golpee, que te arañe, que te muerda, que te amenace. Échale la culpa de todo, deja que se derrumbe. Humíllala, apriétale un poco más (sólo lo justo), y entonces empieza a mostrarte algo más comprensivo. Dile algo cariñoso, juguetea con su flequillo. Abrázala, deja que se sienta bien por unos minutos. Convéncela de que te necesita. Miéntele, dile que la quieres. Y sólo al final, si lo consideras necesario, le dices que la perdonas.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-09-15T07:52:46Z</published>
		<updated>2008-09-15T01:02:25Z</updated>
		<title type="html">Ruptura y otro cuento</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/14532/ruptura-y-otro-cuento" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-09-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/05d72bf5f6814da79b4daaacb1d76c88</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Ruptura</strong></p>

	<p>Laura llega del colegio y sube corriendo a jugar con su casa de muñecas. Pero algo no anda bien, está todo patas arriba. Muebles desordenados, sillas volcadas, papeles desperdigados. Jarrones, marcos de fotos, ceniceros hechos añicos en el suelo. A la cocina no se atreve a asomarse si quiera. Mira en el armario de la entrada. Lo que se temía: falta la maleta grande de ruedas. Tampoco logra encontrar el ordenador portátil, la colección de vinilos y el cepillo de dientes rojo. </p>

	<p>En el dormitorio principal, una muñeca rubia hace lo que puede para ahogar su llanto bajo la almohada. Laura decide que es mejor no molestarla y se marcha de puntillas, procurando no hacer ruido.</p>

	<p>Ya le preguntará mañana.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Mujer devorando una pantera</strong></p>

	<p>Y se levanta, y el corazón del animal aún palpita entre los despojos, y ella hace ademán de limpiarse (la boca, el rostro, los brazos, el pecho), pero decide quedarse quieta y contemplar la escena un rato más. Un minuto, quizá dos, y luego volverá a sus quehaceres diarios (la comida, la ropa, la compra, los niños). Nada de eso importa ahora que sabe de lo que es capaz. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Laura llega del colegio y sube corriendo a jugar con su casa de muñecas. Pero algo no anda bien, está todo patas arriba.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-06-15T07:35:49Z</published>
		<updated>2008-06-15T15:22:07Z</updated>
		<title type="html">La excusa y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/13990/la-excusa-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-06-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/defac3e9dca8dbcac82bb9790bdc70e6</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>La excusa</strong><br />
Iba a ponerme, lo juro, pero fueron unas semanas muy raras. Tenía la sensación de que alguien se dedicaba a robarme el tiempo a través de las ocupaciones más absurdas posibles. Me tomé un <a href="http://es.geocities.com/silviafpriego/la_sumision.htm">helado de vainilla</a>, <a href="http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/10/16/163/">dibujé animales</a> que jamás he sabido dibujar, me entretuve leyendo un <a href="http://es.geocities.com/silviafpriego/subraye_las_palabras_adecuadas.htm">cuento que eran muchos cuentos</a> y cuidando un <a href="http://elcajondesastre.blogcindario.com/2006/01/00338-ecosistema-jose-maria-merino-micro-cuento.html">ridículo bonsai</a>. Pensaba en ello constantemente, pero no acababa de encontrar el momento apropiado para hacerlo. No fumo nunca, y sin embargo <a href="http://undostrescuentos.blogspot.com/2005/06/microcuento-enrique-anderson-imbert.html">me dio por fumar</a>. La <a href="http://ar.geocities.com/hotaru124/Cuentos/Cuentos/MICROCUENTOS.htm#PROGRAMA%20DE%20ENTRETENIMIENTOS">televisión</a> apenas la veo, pero me dio por hacerlo esos días. A última hora me invitaron a un <a href="http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2008/02/el-campeonato-mundial-de-pajaritas.html">campeonato de figuritas de papel</a> (creo que fue a la vuelta cuando <a href="http://kuatro.wordpress.com/2006/11/16/instrucciones-para-dar-cuerda-al-reloj-julio-cortazar/">se me paró el reloj</a>). Y <a href="http://elcajondesastre.blogcindario.com/2005/12/00307-el-final-fredric-brown-micro-cuento.html">al final</a> , a lo tonto, a lo tonto, se me olvidó publicar los cuentos de mayo.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Leer</strong><br />
El niño sospecha que su hermano mayor lo engaña, y que todas las historias que le cuenta se las inventa él mismo. A escondidas, abre el libro y busca entres sus páginas con paciencia, una a una. No tiene muy claro lo que va a encontrar, pero cree que debe andar por ahí. Pasado un rato, y un poco más nervioso, cierra el libro, le da vueltas, lo sacude. Finalmente, arranca las páginas con furia. Ahí no hay nada de nada, así que ya no le queda la menor duda. Esa misma noche le dirá que ha descubierto su secreto, y que no se moleste más.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Retrato</strong><br />
Debimos tomar precauciones cuando nos aseguraron que se trataba de la mejor cámara del mercado. Ahora no sabemos cuál es la fotografía, y cuál el niño de verdad. Llevamos unos días resignados, preparando el doble de biberones y cambiando el doble de pañales, pero empezamos a estar un poco hartos. Esta mañana, Fidel ha llegado a casa con un marco de fotos que hace juego con el que compré yo la semana pasada. Dice que es el único modo de acabar con esto de una vez por todas, y no le falta razón. Creo que los niños quedarán muy bien ahí, uno a cada lado de la chimenea.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Iba a ponerme, lo juro, pero fueron unas semanas muy raras. Tenía la sensación de que alguien se dedicaba a robarme el tiempo a través de las ocupaciones más absurdas posibles. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-04-15T08:16:41Z</published>
		<updated>2008-04-15T00:19:39Z</updated>
		<title type="html">Como niños y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/13547/como-ninos-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-04-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/a36d6406670b949af04d420b39287328</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Como niños</strong></p>

	<p>Después de una intensa persecución a pie de casi media hora, el policía alcanzó al ladrón, le dio un ligero empujón en el hombro y, antes de darse media vuelta, le dijo: ‘tú la llevas’.</p>

	<p>El ladrón se pasaría el resto de su vida sorprendido, recordando cómo en aquel momento se deshizo rápidamente del cuantioso botín, contó hasta diez, y salió corriendo detrás.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Mejor</strong></p>

	<p>Siempre he querido ser como mi amigo Paco. Bueno, no es que me conformase solamente con ser como él: quería ser Paco, pero un poquito mejor. Terminé la misma carrera con notas más altas, entré a trabajar en la misma compañía y logré el ascenso que le estaba destinado. Luego pasé una etapa preocupándome por mantenerme algo más guapo y bastante más delgado. Por fin llegó el momento que tanto había esperado. Me aprendí de memoria los cumpleaños de toda la familia, los nombres de todos sus gatos, y me enamoré como un chiquillo de Paula, su mujer.</p>

	<p>Esta tarde he venido a visitarlo para matarlo con un taladro eléctrico y después he metido su cuerpo en el congelador. Ahora estoy tumbado tranquilamente sobre la cama, deseando que llegue Paula de una vez.</p>

	<p>Ya veréis lo contenta que se va a poner.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Concentrados</strong></p>

	<p>Él le robó los pendientes mientras ella se hacía con su cartera. Anillos, relojes, pulseras, gemelos. Todo cambiaba de manos sin la más ligera sospecha por parte de su legítimo dueño, demasiado ocupado en desvalijar al contrario. Foulard de seda, corbata, broche, tirantes. Jamás de los jamases habían logrado llegar tan lejos.</p>

	<p>Una ráfaga de aire los hizo volver en sí algunos minutos después, ruborizados, al caer en la cuenta de que estaban completamente desnudos.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Después de una intensa persecución a pie de casi media hora, el policía alcanzó al ladrón, le dio un ligero empujón en el hombro y, antes de darse media vuelta, le dijo: ‘tú la llevas’.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-03-15T07:52:04Z</published>
		<updated>2008-03-15T00:17:00Z</updated>
		<title type="html">Etiqueta y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/13341/etiqueta-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-03-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/41da594783ac652796747d5701188f6a</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Etiqueta</strong></p>

	<p>La baronesa de Ferdinand, viuda rica y excéntrica, acostumbraba a viajar precedida de una larguísima comitiva de mozos, lacayos, porteadores, doncellas, sirvientes, bufones, mayordomos, peluqueros, guardaespaldas y algún que otro amante. A la cabeza de tan extraordinario desfile situaba siempre a su mensajero más elegante, con una breve nota que decía: “Llego mañana”.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Entrevista</strong></p>

	<p>Háblenos de sus proyectos, señor Liebman, díganos sobre qué está investigando ahora en su laboratorio. ¿Para qué sirven todos esos tubitos? ¿Y esa máquina de ahí? ¿Ha descubierto alguna vacuna nueva últimamente? Oh, no trate de engañarnos, señor Liebman, no sea usted tan modesto. Cuéntenos sus miedos, sus pasiones, sus manías, sus aficiones. ¿Le gusta disfrutar de los placeres sencillos de la naturaleza? ¿Entiende de caza? ¿Cuánto ha pagado por la alfombra persa del saloncito? ¿Para cuándo una señora Liebman? No sea tímido, no querrá que nos creamos que sólo hay ciencia en su vida, ¿verdad? Todo, señor Liebman, nuestras lectoras quieren saberlo todo sobre usted.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Balance</strong></p>

	<p>Como no quiere que se le olvide nada, ni lo bueno ni lo malo, apunta en un cuadernito todas las cosas que le gustan de ella, y en otro, las que no. Usa trazos pequeños, muy juntos y muy prietos. Dice que así tardará toda la vida en rellenar cualquiera de las dos libretas, y que, de todos modos, ojalá le queden aún muchas cosas por saber cuando llegue a la última página. Así se resume, más o menos, su idea de la felicidad.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>La baronesa de Ferdinand, viuda rica y excéntrica, acostumbraba a viajar precedida de una larguísima comitiva de mozos, lacayos, porteadores, doncellas, sirvientes, bufones, mayordomos, peluqueros, guardaespaldas y algún que otro amante.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-02-15T07:14:31Z</published>
		<updated>2008-02-15T01:24:51Z</updated>
		<title type="html">Televisor y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/13140/televisor-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-02-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/4bca9ca647dbeb1ef84c7aa0e518173d</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Televisor</strong></p>

	<p>El brillo de una luz oscilante sobre la pared. Eusebio, de frente, nos mira con ojos cansados. No a nosotros, quiero decir, a la pantalla. A veces cambia de canal, a veces permanece un largo rato sin mover un solo músculo. Ningún programa parece llamar demasiado su atención, aunque no hace ademán de levantarse. Nos gusta Eusebio. Da vueltas en el sillón para encontrar una postura más cómoda. Tiene la boca seca. Se tomaría una cerveza, pero no le apetece nada ir a la cocina. Tampoco nosotros queremos que lo haga. Eructa, se rasca. No sabe que lo estamos observando.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>La calle</strong></p>

	<p>¿Ve esa farola de ahí? Se fundió de pena la semana pasada porque ninguna pareja de amantes se paró a besarse junto a ella. ¿Y aquel buzón? Está enfadado porque ve pasar montones de cartas todos los días, pero nunca hay una para él. En este banco no se sienta nadie porque hay demasiado ruido. Nadie se toma la molestia de cruzar la calle para usar aquella papelera. Un poco más adelante hay una señal de stop que no se respeta, y una línea continua que se ha borrado ya de tanto pasar por encima. No es niebla lo que ve usted aquí, señor, es una calle que está muy triste.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Borrarse</strong>*</p>

	<p>Ella no existía antes de que yo la conociera, pensó. ¿Estaban mejor así? No existía, y por una razón muy simple: él no sabía de su existencia. Era poco más que una figura borrosa, un pedacito de niebla. Una nadie bajita y rubia que ahora, sin embargo, no podía quitarse de la cabeza. </p>

	<p>Mientras le daba vueltas a todo esto se olvidó del sándwich que se estaba preparando para cenar, y éste se fue desvaneciendo poco a poco. Primero el pan, luego la mayonesa, el atún, y por último el plato. Como si nunca, nunca jamás, hubiesen estado allí.<br />
<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><em>*Sé lo que estáis pensando. No, <a href="http://librodenotas.com/teatroabandonado/11759/borrarse">el título</a> no es mío&#8230;</em></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>El brillo de una luz oscilante sobre la pared. Eusebio, de frente, nos mira con ojos cansados. No a nosotros, quiero decir, a la pantalla. A veces cambia de canal, a veces permanece un largo rato sin mover un solo músculo. Ningún programa parece llamar demasiado su atención, aunque no hace ademán de levantarse. Nos gusta Eusebio.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2008-01-15T07:11:25Z</published>
		<updated>2008-01-15T11:08:46Z</updated>
		<title type="html">Tradición y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/12908/tradicion-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-01-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/5746a11d66bf2a243558ceae8174deda</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Tradición</strong></p>

	<p>Lo había intentado todo para hacerles ver que era un dragón vegetariano, pero ellos seguían entregándole una doncella virgen cada cinco años que, al menos, tenían el detalle de no sacrificar. Devolverlas sería desconsiderado tanto para con ellos como para con las propias chicas, que se habrían sentido rechazadas. De manera que cada noche se colocaba el delantal y, resignado, preparaba una ensalada para quince.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Mentirijillas</strong></p>

	<p>La cosa funcionaba más o menos así: las princesas se fugaban con sus amantes y dejaban que el dragón cargara con toda la culpa. Los príncipes lo sabían, pero usaban la excusa de la princesa encerrada para entrar en el castillo y buscar el tesoro. Finalmente, el dragón estaba encantado con el bulo de las princesas y del tesoro, porque así tenía siempre a mano un príncipe para merendar.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Confusión</strong></p>

	<p>	Por culpa de un lamentable error de encuadernación en el que nadie reparó a tiempo, miles de lectores pasaron la página y contemplaron, horrorizados, cómo la Bella Durmiente se convertía en rana justo después del apasionado beso del Príncipe Azul.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Lo había intentado todo para hacerles ver que era un dragón vegetariano, pero ellos seguían entregándole una doncella virgen cada cinco años que, al menos, tenían el detalle de no sacrificar. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-12-15T07:59:18Z</published>
		<updated>2007-12-13T12:11:49Z</updated>
		<title type="html">Exposición y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/12712/exposicion-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-12-13:77c262b7562572606450a68115f67ab6/9d24890de8469f90a7bbe49539a9d744</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Exposición</strong></p>

	<p>El crítico confundió el paragüero con una obra de arte, a la que tituló “Destino”. Lo sacaron de su error entre miradas de incomodidad, y acto seguido reparó en una percha que, según él, bien podría haberse llamado “Nostalgia”. De nuevo tuvieron que emplear todo su tacto en abrirle los ojos sin dejarlo en evidencia, aunque no sirvió de nada. Le pasó lo mismo con la lámpara, con una maceta, y también con el grifo del lavabo. Mostraba tal seguridad en lo que decía que los demás empezaron a dudar de sí mismos, y pronto se encontraron dándole la razón. Es cierto que el pintor no logró vender un solo cuadro, pero nadie lo escuchó quejarse cuando recibió aquella indecente suma de dinero a cambio de un radiador y un par de ceniceros.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Mate</strong></p>

	<p>Ambos jugadores poseen una capacidad asombrosa para calcular combinaciones y adivinar lo que hará el contrario con muchísima antelación. Las piezas ocupan aún su posición de salida, pero la partida ha comenzado hace rato. El maestro mira directamente a los ojos del alumno y lo ve con total claridad: mate en catorce movimientos, no hay nada que pueda hacer. Sin mediar una sola palabra, agarra a su rey y lo postra sobre el tablero ante su rival, aceptando su derrota con la dignidad de la que sólo son capaces los ancianos y los sabios.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Juego de mesa</strong></p>

	<p>-¿Ha estado en la cárcel?<br />
-No.<br />
Clac, clac. Clac.<br />
-¿Maltrata a su mujer?<br />
-A veces.<br />
Clac.<br />
-¿Ha violado a algún niño?<br />
-Sí, hace poco.<br />
Clac. Clac.<br />
-¿Bebe?<br />
-Sí.<br />
-Ya lo tengo&#8230; ¡Es Peter!</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>El crítico confundió el paragüero con una obra de arte, a la que tituló “Destino”. Lo sacaron de su error entre miradas de incomodidad, y acto seguido reparó en una percha que, según él, bien podría haberse llamado “Nostalgia”. De nuevo tuvieron que emplear todo su tacto en abrirle los ojos sin dejarlo en evidencia, aunque no sirvió de nada.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-11-15T08:03:05Z</published>
		<updated>2007-11-14T16:55:41Z</updated>
		<title type="html">Soledad y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/12511/soledad-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-11-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/45bc786e15f68573b76c35d7f6915b97</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Soledad</strong></p>

	<p>Hay un hombre que no conozco sentado en el sofá de mi salón. Ahora que lo pienso mejor me parece que siempre ha estado allí, aunque yo no me haya dado cuenta hasta hace unos días, cuando llegué del trabajo. Pero no es un fantasma ni nada parecido, sino un hombre mayor, bajito y un poco calvo. </p>

	<p>Ayer eché un vistazo a los álbumes familiares y vi que salía en las fotografías de todos nuestros cumpleaños. Entonces era un poco más joven y más delgado, y siempre estaba en el mismo sitio, quieto, sin hacer nada. A lo mejor por eso no lo vi antes, porque en casa éramos todos muy ruidosos. He intentado averiguar quién es, o qué quiere, y no hay manera de hacerle hablar. </p>

	<p>Hoy, a la hora del almuerzo, pensé que tendría hambre y le llevé un plato de sopa recién hecha. Mientras él se la tomaba en silencio, me puse a pensar en lo sola y en lo triste que me siento yo a veces en este piso tan grande. Quizá esto lo cambie todo. Todavía se me hace un poco raro, pero creo que no me va a importar demasiado que se quede y me haga un poco de compañía.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Optimismo</strong></p>

	<p>Soy un oso de peluche de treinta y dos años vestido con un estúpido traje de bailarina. El maldito vaso está completamente vacío, pero él se empeña en verlo medio lleno. Bebe, me dice, bebe un poco más de té, ¿unas galletitas? Y yo le sigo la corriente, qué remedio. ¿Qué otra cosa podría hacer, sentado en esta mesa diminuta con este disfraz ridículo?<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>La siesta</strong></p>

	<p>El séptimo día se echó a dormir a la sombra de un membrillo. Hubo lluvias, guerras, plagas, epidemias y, sobre todo, muertos, muchos muertos. Pero él no se enteraba de nada.</p>

	<p>Se despertó miles de años después en medio de un inmenso desierto de arena, cuando ya no quedaba casi nada que salvar.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Hay un hombre que no conozco sentado en el sofá de mi salón. Ahora que lo pienso mejor me parece que siempre ha estado allí, aunque yo no me haya dado cuenta hasta hace unos días, cuando llegué del trabajo. Pero no es un fantasma ni nada parecido, sino un hombre mayor, bajito y un poco calvo. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-10-15T08:31:39Z</published>
		<updated>2007-10-15T00:18:36Z</updated>
		<title type="html">La rueda y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/12305/la-rueda-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-10-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/e7e41adcd24508cda1874b73eb99b976</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>La rueda</strong></p>

	<p>Primero se llevaron las fábricas, dado lo barato de la mano de obra. Acto seguido, las grandes compañías abrieron oficinas y reemplazaron a la mitad de su personal por otro que le costaba la mitad. El gasto en viajes, comunicación y mensajería que esto provocó hizo que despidieran al resto y acabaran por trasladarse del todo. A partir de ahí, las cosas se precipitaron. La nueva clase trabajadora de estos países necesitaba transporte, alimentos, tecnología. Para allá se fueron las pequeñas empresas, los ingenieros, los informáticos, los supermercados, los cines, las papelerías, los hoteles, los restaurantes. No quedó casi nadie.</p>

	<p>Ahora se rumorea que están planeando abrir una planta de producción al sur de Manchester. Hay un puñado de ingleses dispuestos a trabajar por cuatro duros.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Evolución (Cuento de terror)</strong></p>

	<p>Llevaban muchos siglos ya utilizando ascensores, escaleras mecánicas, aceras móviles, vehículos a motor, aparatos de gimnasia pasiva y andadores autopropulsados. Aún así todos se sorprendieron el día en que empezaron a nacer los primeros niños sin piernas.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Sin fondo</strong></p>

	<p>El chef más prestigioso de la ciudad lo invitó a su restaurante como reclamo publicitario: nadie salía con hambre de su establecimiento.</p>

	<p>Cuando acabó con todos los entrantes, los primeros platos, los segundos y los postres que le habían sido servidos, le abrieron de par en par las puerta de la despensa, de la que salió pidiendo más.</p>

	<p>El propio dueño retiró los platos ya empezados de los demás clientes sin atender a quejas, y se los ofreció para ganar algo de tiempo. Estaba claro que no había otra alternativa. Respiró hondo y corrió las cortinas. Luego agarró a una muchacha rubia y, tímidamente, la empujó hacia él.</p>

	<p>El hombre siguió comiendo, como si tal cosa, hasta que no quedó ni un solo camarero.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Primero se llevaron las fábricas, dado lo barato de la mano de obra. Acto seguido, las grandes compañías abrieron oficinas y reemplazaron a la mitad de su personal por otro que le costaba la mitad. El gasto en viajes, comunicación y mensajería que esto provocó hizo que despidieran al resto y acabaran por trasladarse del todo. A partir de ahí, las cosas se precipitaron. La nueva clase trabajadora de estos países necesitaba transporte, alimentos, tecnología.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-09-15T09:42:06Z</published>
		<updated>2007-09-10T19:35:05Z</updated>
		<title type="html">La carga y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/11952/la-carga-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-09-10:77c262b7562572606450a68115f67ab6/dcd365f0e7d93d0694daad1b6c44fc23</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>La carga</strong></p>

	<p>Ella lleva siempre consigo esa lista en la que va anotando todas las cosas malas que tú le has hecho, y también todas las cosas buenas que, a pesar de todo, te ha hecho ella a ti. Cuando habla, cuando discutís, siempre lo hace con la lista en la mano, y tú siempre terminas dándole la razón. A veces eso no te hace sentir bien del todo, y entonces decides ser amable, portarte bien con ella durante un tiempo. Crees que así conseguirás reducir un poco esa lista infinita que te ha tocado llevar sobre tu alma. Y ella la saca, y hace como que cambia algo, pero en realidad sólo ha borrado una a y puede que un par de eles.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Bodegón</strong></p>

	<p>Restos de una pizza congelada (jamón y pepperoni). Bolsas de patatas fritas vacías. Cuatro latas de cerveza. Platos de plástico, servilletas de papel arrugadas. Un cenicero repleto de colillas y dos paquetes de tabaco de marcas distintas. Todo ello encima de una mesa de pino viejo cubierta por un mantelito de croché.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>El grito (u &#8220;Otra mujer en San Sebastián&#8221;)</strong></p>

	<p>No sale de su garganta. Viene de sus párpados, de sus oídos, de su pecho, de su barriga, de la lengua que tantas veces ha tocado esa otra lengua, de las puntas de los dedos que recorrieron ese otro cuerpo, de cada poro de su piel que antes recibía esa otra piel.<br />
La mujer de mi cuento sigue gritando. Grita y no sabe el qué, ni a quién. No hay nada ni nadie en el mundo que explique un grito así. Pero ella grita, grita sin parar, y lo único que sabe es que no puede dejar de hacerlo.<br />
Que, quizá, nunca lo haga.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-08-15T09:47:42Z</published>
		<updated>2007-08-11T23:50:51Z</updated>
		<title type="html">Devolución y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/11721/devolucion-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-08-11:77c262b7562572606450a68115f67ab6/501cc20e47d72b92b6117c2cc746bd92</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Devolución</strong></p>

	<p>Mire usted, aquí se lo traigo bien embaladito y con su envoltorio original. No niego que la mayoría de las cosas salen bien. La cómoda, el perchero, el armario, la ventana&#8230; Pero tiene que haber algo malo en este espejo. No puedo ser tan feo.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Venganza</strong></p>

	<p>A él debió parecerle muy divertido eso de venir disfrazado de tirolesa el día de nuestra boda, aunque a mí no me hizo ninguna gracia. Lo perdoné porque éramos jóvenes, alocados y nos queríamos mucho. Ahora le escondo la dentadura postiza todos los fines de semana y las fiestas de guardar. Qué le voy a hacer, rencorosilla que es una.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>S.O.S. (Metacuento malvado)</strong></p>

	<p>Todo autor de microrrelatos tiene algún “metacuento”, es decir, uno que habla de escritores escribiendo, o de cuentos que dejan de serlo, o de Literatura con mayúscula. Con guiños chispeantes (permítanme remarcarles mi ironía) que sólo otros como ellos serán capaces de captar, y que dejarán absolutamente indiferente al resto de los lectores. En resumen, cuentos pedantes dirigidos a una minoría pedante.</p>

	<p>Como hay muchos de estos cuentos, y (reconozcámoslo) el tema tampoco da para tanto, van perdiendo originalidad a medida que se reescriben. Por lo general carecen de interés, de acción y de un final sorpresivo más allá del escritor que se escribe a sí mismo. Plas, plas, plas (esta vez habrán notado por sí solos lo forzado de mi aplauso).</p>

	<p>Todo esto es lo que yo le digo, entre patadas, al que escribe los cuentos por mí. Le dejo muy claro que si no quiere que vuelva a orinarme en su comida o a tener que alimentarse de cucarachas durante otra semana, mi cuento tiene que ser mucho mejor que los de los demás. Él me asegura que hará todo lo que pueda y, mientras, piensa para sí que ésta es su oportunidad para pedir ayuda (sabe que me he vuelto tan descuidada que hace tiempo que ni siquiera leo lo que me da para publicar). Luego salgo de allí ligeramente contrariada, como siempre, por la pestilencia de la mazmorra asquerosa en la que vive.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-07-15T08:10:13Z</published>
		<updated>2007-07-11T13:16:08Z</updated>
		<title type="html">Decepción y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/11542/decepcion-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-07-11:77c262b7562572606450a68115f67ab6/41f84d7764474190bbe7561ce7829aa9</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Decepción</strong></p>

	<p>Que no me aceptan en el equipo de baloncesto, dicen, porque soy un árbol. <br />
No acabo de comprenderlo. Tengo buena puntería, siempre juego limpio, soy el que corre más rápido y el que salta más alto. <br />
¿Qué tiene de malo si, además, doy unas cerezas riquísimas?<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Solo</strong></p>

	<p>Me abandoné en la gasolinera, cuando andaba distraído comprando un helado. Al principio creí que se trataba de una broma, pero lo cierto es que no tengo la más mínima intención de volver a por mí. Me pregunto cómo reaccionaré cuando lo comprenda, y mientras tanto sigo aquí, sentado, disfrutando del sol y de mi helado.<br />
<br />
<br />
</p>

	<p><strong>Juntos</strong></p>

	<p>Toman café como si acabaran de conocerse. Intercambian memorias y cumplidos. Ella se prueba un vestido atrevido. Él le regala algo totalmente superfluo. Compran todo aquello que no se pueden permitir. Pasean de la mano. Espían en los probadores. Comparten un helado. Hacen el amor en el lavabo de señoras Y luego entran en el cine.</p>

	<p>Justo antes de cerrar, devuelven todas las extravagancias que han comprado y se van a casa con las manos vacías y la cabeza llena de recuerdos.</p>

	<p>De noche, fingen que no son más que un matrimonio aburrido. Él con su periódico, ella con su libro. Buenas noches, cariño. Buenas noches. Clic. A oscuras, ambos cuentan en silencio las horas que faltan para volver a encontrarse en una cafetería cualquiera de algún centro comercial.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>María José Barrios</name>
		</author>
		<published>2007-06-15T09:32:27Z</published>
		<updated>2007-06-15T08:51:20Z</updated>
		<title type="html">Certidumbre y otros cuentos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cuentosminimos/11371/certidumbre-y-otros-cuentos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-06-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/12caa1e9d31a0d8a769950862fd8d7ba</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><strong>Certidumbre</strong></p>

	<p>No me gustan los aeropuertos en hora punta. Estoy seguro de que en medio de tal amalgama de gente hay, como mínimo,<br />
un policía corrupto,<br />
un suicida,<br />
un marido cornudo,<br />
un claustrofóbico,<br />
una bailarina,<br />
una pareja de prometidos a punto de casarse,<br />
un matrimonio a punto de divorciarse,<br />
alguien que va a morir mañana,<br />
un cantante famoso,<br />
una persona muy triste,<br />
un terrorista,<br />
un adolescente fugado,<br />
un asmático,<br />
una mujer maltratada,<br />
un escritor,<br />
alguien que esconde un arma,<br />
un futbolista,<br />
un funcionario,<br />
un violador,<br />
un hombre que no tiene amigos,<br />
un niño huérfano,<br />
un maníaco,<br />
una chica de la que podría enamorarme,<br />
un político,<br />
una actriz norteamericana,<br />
un asesino<br />
y alguien que se parece mucho a mí.<br />
Mirarlos a la cara, uno a uno, y no saber quién es quién es lo que me pone nervioso.</p>

<br />


	<p><strong>Canto a la Realidad</strong></p>

     Sueña la Bruja del Este que es un ama de casa con los rulos siempre puestos y una receta estupenda de buñuelos de viento.

     Sueña el Príncipe Azul que es un funcionario público detrás de una ventanilla que pone sellos de hasta tres colores distintos.

     Sueña el Hada Madrina que es maestra de escuela en un pueblo pequeño y amante discreta de un hombre casado.

     Sueña el Viejo Dragón, en su cueva, con la partida de dominó de los sábados a ritmo de chatos de vino y aceitunas sin hueso.

     Cada mañana, todos despiertan con la triste conciencia de quien se sabe preso y sin salida en un mundo de fantasía.

<br />

<br />


	<p><strong>La fuerza de la costumbre</strong>  </p>

	<p>Los zapatos de Ígor Bóvarich siguieron caminando muchos años más antes de darse cuenta de que su dueño, cansado ya de tanto viaje, se había instalado por fin en un pueblo pequeño del Norte de Nebraska. Todavía se rasca la cabeza preguntándose qué habrá sido de ellos.</p>]]></content>
	</entry>
</feed>