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	<title type="text">Libro de Notas - Cosecha de vértigos</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
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	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
		<email>&#109;&#97;&#114;&#99;&#111;&#115;&#116;&#97;&#114;&#97;&#99;&#105;&#100;&#111;&#64;&#103;&#109;&#97;&#105;&#108;&#46;&#99;&#111;&#109;</email>
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		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-12-20T02:00:00Z</published>
		<updated>2013-12-20T02:29:16Z</updated>
		<title type="html">La ex ministra, la ex miss y la asimetría en Twitter</title>
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		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<blockquote>
		<p>«Porque tu [sic] no eres menos que yo #SiNoTeSiguenYoTeSigo» <br />
(María José Besora)</p>
	</blockquote>

	<p>Llegamos al final de esta etapa y no me resigno a dejar escapar en esta columna una mención a la filosofía del ‘si me sigues, te sigo’, una idea llevaba contradictoriamente al paroxismo por la inefable <strong>María José Besora</strong>, modelo y ex miss España. Por suerte, la exministra <strong>María Antonia Trujillo</strong> la ha estado liando en Twitter estos días &#8212;lo cual tiene mérito, considerando que su cuenta tiene candadito&#8212;. Ha dicho muchas cosas la exministra de las rememoradas <a href="http://www.20minutos.es/noticia/95049/0/vivienda/kelifinder/trujillo/">Keli Finder</a>, me quedaré aquí con la menor quizá, pero la más interesante a mis fines &#8212;pidiendo disculpas de antemano por la descontextualizacion interesada&#8212;; y es que no todos los días admite un tuitero/a tan claramente la importancia del número de seguidores como indicador de relevancia y estatus en esta red. </p>

	<p>Hace unos días decía María Antonia Trujillo desde su cuenta de Twitter, en el marco de un acalorado debate en torno a la lengua catalana:</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/4011.jpg" alt="casa" /></center></p>

	<p>A tenor de los comentarios que me fui encontrando en Twitter ese día, parece ser que las palabras de la ex ministra encontraron poca comprensión. Y sin embargo, pese a lo desafortunado de la expresión, la idea plantea preguntas interesantes: cuando el número de réplicas a un comentario supera tu capacidad para gestionarlas ‘en directo’ y tu objetivo es efectivamente debatir e influir sobre la red ¿cuál debe ser el criterio de selección? ¿Sólo el criterio del interés de la réplica? </p>

	<p>Es decir, si queremos sostener un debate que alcance a muchos usuarios, que tenga capacidad de influencia ¿no es el número de seguidores de un usuario un indicador &#8212;muy imperfecto, por supuesto&#8212; de su capacidad de transmisión a grupos más amplios? Planteo estas preguntas sin una respuesta clara y a partir de la asunción de que efectivamente la señora Trujillo tenía la intención de sostener un debate abierto &#8212;algo que, por otra parte, podría ser incoherente con la decisión de mantener su cuenta como privada&#8212;. </p>

	<p>Las palabras de Trujillo me sirven como contrapunto de lo que María José Besora denominó <a href="https://twitter.com/MariaJoseBesora/status/236398380610379777">«#SiNoTeSiguenYoTeSigo un movimiento pacífico […]»</a> Dando así una vuelta de tuerca un tanto lastimosa a la búsqueda de simetría en la vinculación entre usuarios en Twitter, en tanto que Besora da por hecho en la etiqueta que no te sigue nadie &#8212;¡pobreee!&#8212; pero ella viene a resolver esta injusticia, guarda cuidados. Como ha explicado en múltiples ocasiones desde su cuenta en Twitter, Besora plantea el hecho de devolver el <em>follow</em> como una cuestión básica de educación y casi un hecho moral, de reconocimiento de la existencia del otro. Dentro de su estrategia de gestión de su identidad personal profesional en Twitter &#8212;de eficacia, cuanto menos, cuestionable&#8212; esta especie de filosofía de todo a cien que proclama que si no te sigue nadie, aquí estoy yo y en este gesto reconozco tu valía personal; ha logrado algo verdaderamente llamativo: invertir los términos característicos del fenómeno de la celebridad. Pese a contar con la cobertura mediática previa en los medios de comunicación masivos, Besora es seguida por menos usuarios de aquellos a los que ella sigue en Twitter &#8212;19.995 seguidos frente a 16.105 seguidores—.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/4012.jpg" alt="casa" /></center></p>

	<p>Al margen del peculiar caso de la ex miss España, este tipo de prédicas en torno a la simetría de la vinculación como una cuestión de educación, consideración hacia el otro, etc., en una plataforma expresamente diseñada para permitir el ejercicio de la asimetría en el vínculo no deja de sorprenderme. La no reciprocidad forzosa es una característica central y diferencial de esta plataforma frente a otras redes como Facebook; permite a los miembros de la red definir con mayor libertad sus relaciones, al mismo tiempo que funcionan como un valioso heurístico para detectar cuáles son los nodos centrales dentro de cada comunidad, quién ostenta mayor autoridad y ha provocado formas más o menos expresas de reconocimiento y apegos diversos. Es, en definitiva, un indicador de las relaciones de poder en estos espacios. </p>

	<p>Frente al discurso de la reciprocidad y la horizontalidad de la autoridad e influencia en las redes, quizá sea hora ya de reconocer cómo espacios como Twitter reproducen las asimetrías de poder preexistentes en el mundo no virtual. Como ha señalado recientemente <strong>Ruth Page</strong> en un <a href="http://dcm.sagepub.com/content/6/2/181.abstract">estudio sobre la función de los <em>hashtags</em> en esta red</a>, si bien es cierto que Internet ha permitido la emergencia de nuevos actores en la opinión pública como las microcelebridades y los curadores de contenido, las prácticas asociadas a la microcelebridad en esta plataforma funcionan dentro de un continuo de relaciones y prácticas sociales que refleja y refuerza las jerarquías sociales y económicas existentes en el ámbito no digital (2012: 184). </p>

	<p>El caso de Besora es realmente excepcional, puesto que la regla es que las personas que ostentan poder <em>offline</em> vean ese poder reconocido <em>online</em> en forma de visibilidad mediada y capacidad de difusión informativa, entre otros modos. Cambiamos de medio pero traemos con nosotros nuestro bagaje social y cultural. Aunque desafortunada en las formas, me quedo con la sinceridad brutal de la ex ministra: no puedo seguir a 19.000 personas, ni responder a 100 comentarios en una hora y encuentro infinitamente más honesto este reconocimiento que la construcción de audiencias forzadas por una política en la gestión del vínculo donde prima la reciprocidad sobre el interés real de la conversación que generan sus participantes.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>A tenor de los comentarios que me fui encontrando en Twitter ese día, parece ser que las palabras de la ex ministra encontraron poca comprensión. Y sin embargo, pese a lo desafortunado de la expresión, la idea plantea preguntas interesantes: cuando el número de réplicas a un comentario supera tu capacidad para gestionarlas ‘en directo’ y tu objetivo es efectivamente debatir e influir sobre la red ¿cuál debe ser el criterio de selección? ¿Sólo el criterio del interés de la réplica? </p>]]></summary>
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	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-08-02T08:54:27Z</published>
		<updated>2013-08-01T20:59:58Z</updated>
		<title type="html">Se escribe ‘astroturfing’ y son prácticas ilegítimas de relaciones públicas</title>
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		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><img src="http://librodenotas.com/images/3755.png" alt="astro" /></p>

	<p>El pasado 19 de julio me abordó en Twitter un usuario con el que no comparto red ni contactos en dicho sitio, y que probablemente llegó a mi comentario a través de la monitorización del tema en el buscador de Twitter. El tema era la decisión del Ministerio que dirige <strong>Ana Mato</strong> de <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/07/18/actualidad/1374178125_262676.html">restringir la reproducción asistida</a> a parejas integradas por un hombre y una mujer con problemas de infertilidad. Minutos después me encontré el mismo argumento en defensa de la decisión de Sanidad, con una formulación muy similar en varias conversaciones dentro de dicha plataforma. Era bastante evidente que la respuesta generalizada tenía poco o nada de espontánea y me recordó a ese maravilloso ‘lapsus mail’ del gabinete de comunicación del PP de Baleares, enviado por error a una lista de medios, que comenzaba con «Buenos días opinadores, éstas son las noticias para comentar» y continuaba con perlas como <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/15/baleares/1363344620.html">«aquí tenéis todos los argumentos para su defensa»</a></p>

	<p><strong>¿Qué es el ‘astroturfing’?</strong></p>

	<p>El ‘astroturfing’ es un neologismo y un juego de palabras acuñado a partir del nombre de marca <a href="http://www.astroturf.com/">Astroturf</a>, empresa dedicada a la producción de césped artificial. Dado que el término inglés para hacer referencia a las movilizaciones sociales de base es ‘grassroots movements’, el ‘astroturfing’ sería entonces el desarrollo de prácticas de movilización que simulan ser de base cuando en realidad forman parte de una campaña de relaciones públicas dirigida.</p>

	<p>No se trata de una práctica nueva y, si bien se considera oficialmente una actividad no ética dentro de las relaciones públicas, no son pocos los manuales de esta disciplina que cuando abordan relaciones públicas especializadas como gestión de crisis o acción de lobby, afirman la conveniencia de que sean otros colectivos y no la propia organización los que defiendan el posicionamiento e intereses de ésta. Cómo se logra este milagro de que ‘la tercera parte no implicada’ se movilice por la organización, es ya algo en lo que se entra menos en documentos que ven la luz pública. Pues bien, el astroturfing una de las herramienta que lo consigue desde hace décadas, aunque su salto de los gabinetes de comunicación a la opinión pública &#8212;e incluso a las series televisivas (<em>The good wife</em> le ponía nombre en la tercera temporada y demostraba así a sus audiencias cuán actualizados están en las cosas del puntocerismo y sus ‘fakes’)&#8212; se ha producido hace apenas un lustro y ligado a la expansión de esta práctica en internet. </p>

	<p><strong>Opinadores ocultos</strong></p>

	<p>La cuestión no es absoluto menor si tenemos en cuenta la pérdida de credibilidad de los medios de comunicación, que tradicionalmente han conformado la agenda pública, o del propio discurso publicitario, ya que el astroturfing se emplea en todo tipo de campañas, también las comerciales &#8212;es obligado aquí acordarse de Yolado y la respuesta de <a href="http://ecoteuve.eleconomista.es/publicidad/noticias/4961057/07/13/Los-famosos-quedan-en-Twitter-para-comer-el-mismo-helado-y-Berto-Romero-responde-con-esparragos.html"><strong>Berto Romero</strong></a>&#8212;. De acuerdo con el estudio global sobre confianza en la publicidad de <a href="http://www.nielsen.com/us/en/reports/2012/global-trust-in-advertising-and-brand-messages.html">Nielsen de 2012</a>, por ejemplo, el 70% de los usuarios de Internet confía en las recomendaciones de otros usuarios en internet &#8212;aunque no los conoce fuera de la red&#8212;, mientras que la credibilidad de formatos digitales como el banner, por ejemplo, apenas alcanza un 33%. </p>

	<p>La eclosión de la web social ha traído consigo nuevas oportunidades de negocio en la búsqueda de la influencia para las relaciones públicas: tuits pagados &#8212;hay quien habla de ‘astrotweeting’&#8212;, comentarios en foros de usuarios que no existen, miles de ‘me gusta’ a comentarios o enlaces que no importan a nadie, etc. Creo que podemos distinguir entre usuarios pagados, no pagados (militantes y afines de partidos políticos, por ejemplo) y robots. Estos últimos de escasísima eficiencia, pero legión. A veces legión de huevos, como ponía ayer mismo de manifiesto Mr. <strong>@Obdritwood</strong> al hilo de los tuits <a href="https://twitter.com/obdriftwood/status/362973467320147968/photo/1">sobre <strong>Rosa Díez</strong></a> tras la comparecencia en el Congreso de <strong>Rajoy</strong>.</p>

	<p>Sin duda, la forma más ética &#8212;aunque no lo sea&#8212; es la segunda y es con la que me encontré el 19 de julio, porque la persona que buscaba convencerme no parece desde luego ningún robot, ni creo que le paguen por tan pobre desempeño; lo que sí queda claro con un vistazo a su TL es que, cuanto menos, es afín al PP. Y no es que no podamos discutir, claro que sí, pero no con un argumentario dictado desde un gabinete de comunicación; no cuando la interacción no es honesta, cuando el abordaje se realiza ocultando que hay un objetivo prefijado y el discurso busca trasladar una falsa sensación de espontaneidad e independencia.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>El ‘astroturfing’ es un neologismo y un juego de palabras acuñado a partir del nombre de marca <a href="http://www.astroturf.com/">Astroturf</a>, empresa dedicada a la producción de césped artificial. Dado que el término inglés para hacer referencia a las movilizaciones sociales de base es ‘grassroots movements’, el ‘astroturfing’ sería entonces el desarrollo de prácticas de movilización que simulan ser de base cuando en realidad forman parte de una campaña de relaciones públicas dirigida.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-07-02T08:25:11Z</published>
		<updated>2013-07-02T11:20:02Z</updated>
		<title type="html">Identidad de consumo (I)</title>
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		<category term="Publicidad" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Desde hace años, una conocida marca de relojes de lujo paga a prescriptores mediáticos como <strong>Shakira</strong>, <strong>Fernando Alonso</strong> o <a href="http://www.youtube.com/watch?v=V-jESVkwGOk"><strong>Antonio Banderas</strong></a>, para que luzcan sus productos mientras despliegan su mismidad latina ante la cámara, bajo un mismo eslogan: «No es lo que tengo es lo que soy». Al margen de la perversa pirueta discursiva que transfiere los atractivos sociales del prescriptor al objeto para convertir a éste en un elemento que identifica a esos compradores auténticos, me interesa esa reivindicación tan directa &#8212;cínica&#8212; de una identidad personal original, única y auténtica a través del consumo de un producto fabricado masivamente.</p>

	<p>La paradoja de la definición de un yo único a través del consumo de productos serializados ya fue señalada por <strong>Baudrillard</strong> en <a href="http://www.uvmnet.edu/investigacion/episteme/numero5-05/resenas/sistema.asp"><em>El sistema de los objetos</em></a> (1969):</p>

	<blockquote>
		<p>En el acto de consumo personalizado, es claro que el sujeto, por su exigencia misma de ser sujeto, no hace sino constituirse en objeto de la demanda económica. Su proyecto, filtrado y fragmentado de antemano por el sistema socioeconómico, queda burlado en el acto mismo que tiende a realizarlo. Las “diferencias específicas” son producidas industrialmente y por ello la elección que puede realizar está petrificada de antemano: lo que queda es sólo la ilusión de una distinción personal. Queriendo añadir ese algo que la singularizará, la conciencia se reifica todavía más en el detalle. Tal es la paradoja de la alienación: la elección viva encarna en diferencias muertas, y en el disfrute de aquella el proyecto se niega a sí mismo y se desespera.</p>
	</blockquote>

	<p>No obstante, el mismo Baudrillard admitirá más adelante y en la misma obra que quizá no deba tildarse de alienación a un proceso al que el consumidor se entrega gozoso: «hay que reconocer que incluso las diferencias superficiales son reales, a partir del momento en que son estimadas como tales. […] Ninguna teoría de las necesidades nos permite dar prioridad a una satisfacción vivida en vez de dársela a otra». </p>

	<p>En 2009, el fotógrafo norteamericano <strong>Jason Travis</strong> publicó su proyecto <em>Persona</em>, en el que fotografiaba a diferentes personalidades culturales de Atlanta junto a los objetos cotidianos que suelen llevar consigo. Este vínculo culturalmente asumido entre los objetos que llevamos con nosotros y la expresión de nuestra personalidad se hace evidente en un recorrido superficial por los bodegones del trabajo de Travis.</p>

	<p><img src="http://librodenotas.com/images/3719.jpg"  alt="Im1" /><div class='piefotoldn'>Persona</div></p>

	<p>Las obras que componen el proyecto pueden visitarse en su <a href="http://www.flickr.com/photos/jasontravis/4538055556/in/set-72157603258446753">perfil en Flickr</a></p>

	<p>En la misma línea, pero desde la perspectiva concreta de los productos culturales, el gurú de la escritura de guiones <strong>Robert McKee</strong> señalaba hace un par de años en <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/02/actualidad/1330694525_921008.html">una entrevista a <em>El País</em></a> que:</p>

	<blockquote>
		<p>Lo que ha pasado en las últimas décadas es que el sentido de identidad de las personas viene dado por la producción creativa de otras y no creo que sea saludable. En el pasado la gente disfrutaba con las películas, con la música, con la moda, pero las crisis de la vida moderna han destrozado la identidad de los individuos a tal punto que necesitan encontrarla en la cultura, a un nivel superficial, de consumo.</p>
	</blockquote>

	<p>Hace apenas unas semanas, <strong>César Renduelles</strong> escribía en su <a href="http://espejismosdigitales.wordpress.com/2013/06/11/santa-catalina-el-pib-y-los-cuidados">magnífico blog</a> acerca de la importancia de recuperar el cuidado de los vínculos y el compromiso como una fuente de realización personal, y planteaba lo siguiente: </p>

	<blockquote>
		<p>Nos hemos acostumbrado a definirnos por nuestras preferencias: nuestros gustos musicales, nuestro estilo de vida, nuestras opiniones políticas… Nos concebimos como agregados de elecciones cuyo único fundamento es que han sido elegidas por nosotros. Desde esta perspectiva, cualquier forma de compromiso que no se pueda reducir a una elección inmediatamente reversible a voluntad, sólo puede ser entendida como un lastre […] Internet ha acentuado esta autocomprensión hasta el paroxismo. </p>
	</blockquote>

	<p>A todo esto, ha muerto el protagonista de <a href="http://www.rtve.es/noticias/20130620/muere-actor-james-gandolfini-protagonista-the-sopranos/693080.shtml"><em>Los Soprano</em></a> &#8212;seguro que no lo habíais visto en vuestras redes sociales (guiño, guiño; codazo, codazo)&#8212; y la futura portada de <a href="http://www.newyorker.com/online/blogs/culture/2013/06/new-yorker-cover-bert-ernie-gay-marriage.html"><em>The New Yorker</em></a> nos remueve la nostalgia infantil con Epi y Blas celebrando el nuevo avance del matrimonio gay en Estados Unidos &#8212;Probablemente tampoco la habéis visto&#8212;.</p>

	<p><strong>¿Por qué os martirizo con esta recolección de datos?</strong> Intento reunir pistas para comprender cómo está evolucionando el modo de concebir la presentación de la identidad en el contexto de la Red. Porque ¿qué sentido tiene compartir dos días después en Twitter una imagen de Epi y Blas que tiene ya 2.000 retuits? ¿Cuál es su valor informativo? Probablemente tiene más que ver con qué dice sobre mí a los demás.</p>

	<p><strong>La identidad es un formulario</strong></p>

	<p>En nuestros perfiles en las redes, son las películas, las marcas comerciales o los grupos musicales que seleccionamos los que contribuyen a proyectar nuestra personalidad. En 2007, <strong>Eva Illouz</strong> desarrolló un <a href="http://www.katzeditores.com/fichaLibro.asp?IDL=52">análisis</a> de diversas webs de búsqueda de pareja. Entre sus conclusiones, me interesa especialmente la oposición que detecta entre la definición de las imágenes que representan al usuario que busca pareja y el empleo que hace de sus gustos e intereses. Mientras que las imágenes tienden a la estandarización, de acuerdo con los cánones mediáticos, es en la definición de los gustos culturales y de consumo donde la persona busca trasladar al otro su personalidad única y genuina. Illouz constató cómo en las fotos imitamos poses, gestos, e incluso aplicamos <em>pluggins</em> predefinidos de mejora de la imagen. Por el contrario, buscamos la diferenciación a través de la descripción de un criterio estético refinado. Apelamos incluso a citas de autores renombrados que nos ayuden a expresar mejor esa sensibilidad con la que nos identificamos pero que, al parecer, no somos capaces de nombrar por nosotros mismos. El psicólogo <strong>Kenneth Gergen</strong> llama a este tipo de usos ‘la colonización del yo’ dentro del fenómeno de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Kenneth_J._Gergen"><em>multifrenia</em></a>, pero a mí me gusta más esa reivindicación de la apropiación libre de cita que hacía el cartero de <strong>Neruda</strong> en la novela homónima de <strong>Skármeta</strong>: «La poesía es de quien la necesita». </p>

	<p>Bien, si ahora vas a tu perfil de Facebook y revisas el último rediseño de la plataforma, verás que, de nuevo, aparece la sección en la que se te invita a elegir una cita favorita de algún autor célebre. Esto ya existía pero ha vuelto a cobrar protagonismo en el interfaz. A continuación se te propone una estructura aún más explícita y segmentada de tus gustos culturales, ofreciéndote grupos musicales, programas de televisión, libros y películas. En definitiva, una ficha predefinida en la que el propio sujeto va rellenando casillas para acabar confeccionando un catálogo perfectamente ordenado que traduce su personalidad en productos culturales.</p>

	<p>Se me pasó contaros en la megaintroducción de este post que en investigación de consumidor existe una herramienta de segmentación llamada <em>Modelo persona</em>. El <em>Modelo persona</em> ayuda a analizar en tres dimensiones a los grupos de consumidores, en términos sociodemográficos, de actitud y/o comportamentales. Consiste en una ficha en la que, aparte de los datos de edad, sexo, estado civil, estudios e ingresos, sobre todo, se busca conocer los gustos y estilo de vida de diferentes tipologías de consumidor. ¿Qué mejor que sea el propio consumidor quien rellene su ficha?</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>En 2009, el fotógrafo norteamericano <strong>Jason Travis</strong> publicó su proyecto <em>Persona</em>, en el que fotografiaba a diferentes personalidades culturales de Atlanta junto a los objetos cotidianos que suelen llevar consigo. Este vínculo culturalmente asumido entre los objetos que llevamos con nosotros y la expresión de nuestra personalidad se hace evidente en un recorrido superficial por los bodegones del trabajo de Travis.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-06-02T09:23:37Z</published>
		<updated>2013-06-02T21:37:50Z</updated>
		<title type="html">El tristísimo caso de Beatriz o ese incomprensible, cada vez más lejano, Otro</title>
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		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Fue una de esas tardes en las que permanecer en Twitter abre ventanitas a un mundo que existe, pero no ves, que te recuerdan que el mapa &#8212;tu mapa&#8212; no es el territorio. Y de qué modo. Son mundos que te afectan, claro, porque coexisten con el tuyo y se superponen, luchan de hecho por imponerse, como Gallardón nos recuerda últimamente con sus malabarismos metafóricos en torno al cuerpo de las mujeres. </p>

	<p>Hubo un tiempo en el que me impuse seguir a ciertos colectivos conservadores en Twitter, precisamente para no estar al albur de que alguien de mi red se indignara con alguna opinión especialmente extrema para saber de su existencia; para no quedarme con esa visión sesgada y conocer de un modo más directo esa realidad tan ajena para mí. Al poco tiempo renuncié porque la templanza no es una de mis virtudes, aquello me traía fundamentalmente cabreos e impulsos constantemente autocensurados de entrar en un debate estéril. ¿Y por qué estéril? Veamos, por ejemplo:</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3653.png" alt="tuit" /></center></p>

	<p>¿Qué puedo decirle en 140 caracteres a esta señora? Más allá de entrar en una escalada de calificativos, quiero decir. Y me responderéis que éste es un caso extremo, lo cual es cierto, y justo ahí voy: nunca he visto a nadie retuitear en mi red opiniones contrarias a las mías &#8212;a las nuestras&#8212; de un modo razonado, razonable, que permitiese un acuerdo mínimo desde el que debatir. Muy al contrario, las informaciones que saltan de un grupo a otro en las redes tienden a ser las más radicales, las que conducen a un estado de alta excitación que nos mueve a compartirlo, a modo de denuncia. Así, más que contribuir a la configuración de una opinión pública abierta, en el que todos pueden participar y aportar matices, parece que asistimos, participamos, de una fragmentación creciente en pequeñas esferas de opinión pública, cada vez más polarizadas ––porque donde no hay disensión, el más radical es el rey&#8212;; en las que cada nodo de la red personal, en tanto que filtro informativo, puede contribuir a la confirmación de nuestra cosmovisión. </p>

	<p>O no. Quizás ando aún afectada por asomarme a lo que para mí es un abismo. Quizá más gente de la que pienso elige incorporar a sus redes digitales a personas que opinan de modo diferente, ojalá. Pero me cuesta razonar cómo un espacio que prima el establecimiento de vínculos bajo el criterio de alta homofilia &#8212;amor por iguales&#8212; y transitividad &#8212;grado de conocimiento que tienen entre sí los miembros de un grupo&#8212;, y donde se tiene la capacidad de filtrar puntos de vista sobre la realidad, puede ayudar a construir espacios abiertos a la deliberación. Y claro que los medios tradicionales ofrecen también una visión sesgada del mundo conforme a su línea editorial, pero un medio está obligado a buscar un punto intermedio en su representación de la realidad &#8212;con <a href="https://twitter.com/pacomarhuenda/status/340592287723712513">excepciones</a> &#8212;, mientras que un usuario en Twitter, por ejemplo, tiende a ser premiado con una mayor visibilidad y seguidores cuanto más explícita y radical es su línea editorial o especialización temática. </p>

	<p><strong>El nuevo confort: de la cueva a la burbuja</strong></p>

	<p>En las redes aún podemos elegir nuestra propia política de acceso a la información, pero luego recuerdo la <a href="http://www.ted.com/talks/eli_pariser_beware_online_filter_bubbles.html">burbuja de filtros</a> que según <strong>Pariser</strong> configuran los <a href="http://www.jeffalytics.com/establish-google-plus-authority/">algoritmos de Google</a> y Facebook, y ahí sí que me cuesta alejarme de lecturas distópicas futuristas en las que, como en el mundo propuesto por <strong>Asimov</strong> en <em>Bóvedas de acero</em>: los seres humanos viven en pequeños grupos donde todos se conocen y donde, a diferencia de la novela de Asimov, aquí son las propias máquinas, programadas para adaptarse a nuestros intereses, las que por defecto contribuyen a definir mundos cada vez más cerrados sobre sí mismos en torno a lo ya conocido. No viviremos en cuevas, como los personajes de Asimov, pero habremos construido nuestras burbujitas de información y opinión. </p>

	<p>O no. Ya os digo que aún ando en shock.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Hubo un tiempo en el que me impuse seguir a ciertos colectivos conservadores en Twitter, precisamente para no estar al albur de que alguien de mi red se indignara con alguna opinión especialmente extrema para saber de su existencia; para no quedarme con esa visión sesgada y conocer de un modo más directo esa realidad tan ajena para mí. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-05-02T09:14:47Z</published>
		<updated>2013-05-01T15:24:46Z</updated>
		<title type="html">El silogismo de la marca personal</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cosechadevertigos/24210/el-silogismo-de-la-marca-personal" />
		<id>tag:librodenotas.com,2013-05-01:77c262b7562572606450a68115f67ab6/3a7be384e50c7c1f00ea37b87c7c252b</id>
		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<blockquote>
		<p><strong>Felipe G. Gil</strong> (@abrelatas), 7 de mayo de 2008: ¿Qué piensas de la tendencia generalizada a la &#8220;marca personal&#8221; que se está dando en internet?</p>
	</blockquote>

	<blockquote>
		<p><strong>Lucía Caro</strong> (@elhilodeariadna), 10 de mayo de 2008: La verdad es que el lenguaje que utilizan muchos de los gurús de la reputación personal me repele bastante&#8230; porque en general, tengo la sensación de que todo se inscribe dentro del manido discurso del sueño americano, lleno de clichés y frases hechas reforzadoras a modo de &#8216;mantras&#8217; que te conducirán hacia el éxito. Así que es un tema al que no he prestado mucha atención […]</p>
	</blockquote>

	<p>Años después sí que le he dedicado mucho tiempo e interés al fenómeno de la marca personal. Comparto este momento de una entrevista que hacíamos pregunta a pregunta, vía email, no recuerdo ya con qué finalidad, porque quería revisar mi posición sobre el tema la primera vez que me acerqué desde fuera. Curiosamente comparto hoy, desde dentro, la esencia de esa intuición primera, aunque por otros motivos. Hoy quiero hablar de algunos de ellos.</p>

	<p><strong>Una no tiene una marca personal por defecto</strong></p>

	<p>Últimamente me he encontrado con el uso del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pendiente_resbaladiza">silogismo de la pendiente resbaladiza</a> : el «se empieza con un porro y se acaba en una esquina con una aguja del brazo» de mi abuela en la adolescencia. Aplicado a la metáfora de la marca personal, toma como premisa inicial uno de los axiomas de la teoría de la comunicación humana de <strong>Watzlawick</strong>: «es imposible no comunicar», y de ahí se lanza al: «ya tienes una marca personal, si no te defines tú lo harán otros, así que lo que puedes elegir es si la gestionas o no». Y esto ya sí que no.</p>

	<p>Tener una marca personal implica pensar en uno mismo en términos de mercadotecnia, es decir, el desarrollo de un trabajo transformador sobre la propia experiencia en torno a quién soy y cómo percibo mi vinculación a los demás y al mundo. Pensar en uno mismo bajo esos parámetros no es inocuo, ni la premisa primera nos lleva lógicamente a la conclusión. Bajo la metáfora de la marca personal subyacen muchas de las ideas centrales de la ideología del capitalismo tardío, que nos son presentadas bajo una pátina de nuevas capacidades individuales para decidir nuestro destino. </p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3625.png" alt="marca" /></center></p>

	<p><i>Captura de una infografía que invita a las personas que pretenden vivir de la escritura a construir y autopromocionar su marca personal, como una labor más que deben incorporar a su profesión. La infografía completa</i> <a href="http://correccionesyeditores.blogspot.com.es/2013/04/la-marca-personal-de-un-escritor.html">aquí</a></p>

	<p>Para empezar, nos lleva a analizarnos en relación con los otros en términos de competencia de mercado, en un mercado que, como el económico, es imperfecto y nunca se parte en condiciones de igualdad. Para poder competir, es necesario que definamos cuál es nuestra propuesta, posicionarnos. La definición del posicionamiento implica una sobresimplificación: ¿en qué soy especialista? Esto puede estar bien &#8212;o no&#8212; en el ámbito profesional, pero claro, el problema aparece pronto cuando nos paramos a pensar qué parcelas de tiempo dedicamos al cultivo de la marca personal en las redes sociales ¿el tiempo laboral o el tiempo personal? Ajá. Así que dedicamos nuestro tiempo otrora de ocio, al desarrollo de contenidos especializados, el cultivo de conexiones profesionales, la recomendación de enlaces de calidad sobre temas relacionados con nuestro territorio de marca personal, etc.</p>

	<p><strong>La fetichización de los vínculos</strong></p>

	<p>El <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Capital_social_%28sociolog%C3%ADa%29">capital social</a> habla de la confianza entre las personas, la densidad de los vínculos dentro de una comunidad, del valor que aportan estas relaciones a los individuos directamente y al grupo, de modo indirecto. Asistimos a una creciente normalización del uso del capital social como un recurso igualable al dinero o los bienes materiales. Esta consideración no es nueva: «Vales tanto como los contactos que tienes en tu agenda» es algo que he escuchado más de una vez en el trabajo, pero insisto, cuando los límites entre relaciones personales y profesionales se difuminan, así como el tiempo de ocio y el laboral, este uso instrumental del valor de las relaciones deviene en preocupante, descorazonador y casi paranoico: bienvenidos a la democratización de la paranoia del famoso ¿me habla porque le interesa lo que digo o porque quiere que mis 10.000 seguidores en Twitter lo vean hablando conmigo?</p>

	<p>Tengo un amigo que nunca, jamás, pese a pasar por muchos sinsabores laborales ha querido emplear ninguna de sus potencialmente muy útiles amistades para mejorar su situación, de ningún modo. Muchos le hemos reprochado esto en alguna ocasión: que un amigo te dé una oportunidad en algo para lo que estás cualificado no devalúa la calidad de esa amistad. Si bien sigo pensando que este purismo quizá sea excesivo, está en las antípodas de instrumentalización de los vínculos implícita en la marca personal.</p>

	<p><strong>Probablemente no te contrataría</strong></p>

	<p>Al margen de todo lo dicho, y desde un enfoque ya estrictamente pragmático, creo que como estrategia sólo puede tener éxito para cierto tipo de profesionales con altas destrezas en el ámbito digital y en parcelas de alta afinidad como las relaciones públicas o el periodismo. Incluso en estos ámbitos me surgen muchas dudas al respecto: ¿querría yo trabajar con autómatas que siempre hablan sobre lo mismo? Gente que nunca se moja, que no se sale jamás de lo políticamente correcto, que cada día publica en Twitter sus tres tuits sobre informaciones de su área de especialización, hace algún comentario de complicidad a algún gran gurú para extender vínculos y escribe sus tres post semanales en su blog que republica en su Facebook. Uf.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Tener una marca personal implica pensar en uno mismo en términos de mercadotecnia, es decir, el desarrollo de un trabajo transformador sobre la propia experiencia en torno a quién soy y cómo percibo mi vinculación a los demás y al mundo. Pensar en uno mismo bajo esos parámetros no es inocuo, ni la premisa primera nos lleva lógicamente a la conclusión.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-04-02T09:00:26Z</published>
		<updated>2013-03-31T18:14:28Z</updated>
		<title type="html">Y este post de confesiones se lo dedicaré a Foucault</title>
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		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Lo reconozco: </p>

	<p>1) A veces miro las fotos de gente que ya no es importante para mí pero sigue en mi red de Facebook. Merodeo entre ellas por puro entretenimiento: estaba aburrida &#8212;el aburrimiento y la procrastinación son los motores centrales que suelen llevarme allí&#8212;, no tenía nada que decir a mis contactos para informarles de que había llegado &#8212;<i>Hey buddies!</i>&#8212; y en ese momento, esa persona que no me interesa ni me importa, ha publicado una foto de una cena, un viaje o su último estilismo. Así que allí me planto y a golpe de click puedo ver las fotos y los comentarios, como quien mira un escaparate. Veo momentos que son importantes para alguien, contenidos que esa persona ha decidido compartir, titular, a menudo editar, etiquetar, etc. Esos microrrelatos de vida no significan nada para mí, más allá de formar parte de un contexto, de la experiencia de consumo que me plantea Facebook. Y me pregunto ¿no es esta una forma de <a href="http://www.silviaolmedo.tv/articulos/display.php?story_id=136">construir relaciones parasociales a la inversa</a>? ¿y cuántas personas consumirán mis historias &#8212;¡tan importantes para mí!&#8212; para rellenar sus minutos de la basura? </p>

	<p>2) A veces entro en los perfiles de personas muy importantes para mí dentro y fuera del mundo virtual, leo sus actualizaciones, sus fotos, con quien interactúan, etc.; y salgo de sus páginas personales con la sensación de conocer cómo son realmente sus vidas. Con una ilusión de acceso análogo a la que ofrecen las revistas del corazón sobre la intimidad de los famosos, de nuevo, una interacción parasocial, ahora con personas que conozco y que me importan mucho, pero ¿quién tiene tiempo de escribir un largo email contando y preguntando? Además ¿no sería eso un tanto intrusivo por mi parte? Dado que yo les importo también &#8212;o eso creo&#8212; ¿acaso no se sentirán <em>obligados</em> a responder con otro mail largo? Sé que esto suena bastante forzado dicho así, pero son muy pocas las personas con las que no experimento este freno. Un obstáculo que, por otra parte, no suelo verbalizar, lo que ayuda a que esta forma de autocensura opere de un modo fluido e invisible.</p>

	<p>3) A veces miro mi perfil de Instagram en la versión para navegador. Para los no usuarios: su diseño en la cabecera es diferente a la versión para la aplicación. Dado que está desarrollado pensando en el acceso a fotografías puntuales desde fuera de ésta, quizá por parte de gente que no la usa o para ver perfiles de personas a las que no sigue, ofrece en su cabecera un mosaico en movimiento de imágenes de diferentes meses del usuario, a modo de panorámica general del perfil ––de la identidad que propone el usuario, en mi lectura––. Contemplo mi cabecera en el navegador, como decía, en un acto de narcisismo autovigilante que me gustaría explicar recordando a <strong>McLuhan</strong> y su propuesta del mito de Narciso como narcosis:</p>

	<blockquote>
		<p>Lo que este mito pone de relieve es que el hombre queda inmediatamente fascinado por cualquier prolongación de sí mismo en cualquier material distinto a su propio ser. […] la sabiduría del mito de Narciso no nos da la idea de que Narciso se enamorara de algo que él mirase como a sí mismo. Es evidente que sus sentimientos habrían sido muy distintos si hubiese sabido que se trataba de una prolongación o extensión de sí mismo.</p>
	</blockquote>

	<p>Lo que Narciso ve en el reflejo de sí mismo en el agua es el yo objeto, la identidad reflejada en esa plataforma, adaptada a las proporciones que propone el nuevo medio. Así observo yo la imagen deformada de mí misma que me devuelve Instagram, pensando en que controlo mi creación, mi particular frankenstein; y pienso en cómo puedo, desde ella, modelar las impresiones que esta imagen deformada produce sobre los demás. En definitiva, cómo me traduce la herramienta &#8212;en mi caso son flores, mi gato, edificios y yo misma, todo un cliché, aunque supongo que el diablo está en los matices, claro&#8212;.</p>

	<p>A todo esto ¿por qué se lo dedico a <strong>Foucault</strong>? ¿Acaso era sólo un gancho para académicos <em>hipsters</em>? No sólo: en <em>Voluntad de saber</em>, Foucault plantea la invitación a la confesión de la sociedad occidental como una refinada estrategia de poder: el hacer hablar es un modo más sibilino y aceptable de control, ya que al verbalizar confidencias, sentimos una especie de liberación, un alivio con ecos de transgresión y emancipación. La confesión se ha convertido hoy en un mecanismo que contribuye a un mejor perfeccionamiento de los engranajes de la sociedad de consumo y los medios sociales son probablemente su mayor exponente. Pero esa &#8212;como diría Jack Lemmon&#8212;, esa es otra historia. Hoy sólo vine al confesionario.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>A veces miro las fotos de gente que ya no es importante para mí pero sigue en mi red de Facebook. Merodeo entre ellas por puro entretenimiento: estaba aburrida &#8212;el aburrimiento y la procrastinación son los motores centrales que suelen llevarme allí&#8212;, no tenía nada que decir a mis contactos para informarles de que había llegado &#8212;_Hey buddies_!&#8212; y en ese momento, esa persona que no me interesa ni me importa, ha publicado una foto de una cena, un viaje o su último estilismo. </p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-03-02T14:32:40Z</published>
		<updated>2013-03-02T15:33:02Z</updated>
		<title type="html">No sé si yo debería estar viendo esto</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cosechadevertigos/23887/no-se-si-yo-deberia-estar-viendo-esto" />
		<id>tag:librodenotas.com,2013-03-01:77c262b7562572606450a68115f67ab6/17a53c57074dd7021c7028b0961f1e45</id>
		<category term="Internet" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>El bodegón estrella de estas navidades en mis noticias de Facebook daba cuenta de los regalos de Reyes de mis contactos. Durante ese día y el siguiente, muchos me obsequiaron con cuidadas composiciones de todos los presentes que habían recibido ese año: libros, videojuegos, chaquetas, jerséis, juegos de mesa, bragas, sujetadores, zapatos, etc. De todo, sin filtro. De repente, como ya lo fue en su momento publicar capturas de pantalla de conversaciones de Whatsapp, aquello se convirtió en una microtendencia, y casi un <em>must</em>, como dicen en la jerga de la moda. &#8220;¿Acaso no te han regalado nada?&#8221; era la pregunta que parecía flotar en el ambiente virtual.</p>

	<p>Quizá con estas fotos mis contactos querían visibilizar cuan buenos y buenas habían sido ese año, sin embargo, he pensado otras explicaciones. Existen dos fenómenos propios de la interacción social, que se reproducen en el empleo cotidiano de las redes sociales digitales, y que ayudan a poner en contexto este tipo de prácticas: el consumo visible como marcador de estatus y la extimidad.</p>

	<p><strong>El consumo visible</strong><br />
En 1899 <strong>Thorstein Veblen</strong> publicó el clásico de la literatura de consumo <a href="http://www.fondodeculturaeconomica.com/subdirectorios_site/Lecturas/LEC-760106R.pdf"><em>Teoría de la clase ociosa</em></a> donde explicaba cómo el desarrollo de actividades de ocio en público y la propia disposición de tiempo libre, constituía un marcador social de clase y estatus para la burguesía. Este criterio ha sido clave de bóveda para la comunicación comercial, siendo la marca y el logotipo, como su concreción más evidente, signos de una elaborada carga simbólica que permiten a los individuos traducir estos marcadores de estatus, clase social y estilos de vida en la sociedad de consumo.</p>

	<p><div><a href="http://librodenotas.com/images/3506.jpg?1362163040"><img src="http://librodenotas.com/images/3506t.jpg" alt="La evolución de Ralph Lauren" style="padding-bottom:0.5em;" /></a><br />
La importancia de la visibilidad del logo como expresión simbólica ha sido objeto de numerosos memes en la Red.</div><br />
<br />

Algo que me llamó la atención en estos bodegones de Reyes, es que todos los regalos pertenecían a marcas conocidas, la mayoría, las más conocidas dentro de su categoría de producto &#8212;eso que llamamos en publicidad el <a href="http://www.zorraquino.com/diccionario/branding/top-of-mind.html"><em>top of mind</em></a>&#8212;. Ni una marca barata, ni blanca, sólo esas marcas de fabricante que proponen estilos de vida, que son las que sacamos para las fotos que compartimos, las que más repetían en Facebook. Como cuando se sacaba la vajilla cara porque venían invitados a casa, es decir, cuando la interacción abandonaba el círculo estrictamente privado ¿acaso no eran estas fotos de regalos una declaración de salud económica en medio de esta agotadora recesión? </p>

	<p><strong>La extimidad</strong><br />
Hablaba en el párrafo anterior de interacciones sociales que abandonan el círculo privado sin llegar a producirse ‘en público’, interacciones que se producen en una zona intermedia, en la que los participantes negocian qué parcelas de la vida privada e íntima se comparten. Paula Sibilia habla de la <a href="http://circuitoalternativo.com/2012/07/14/la-subjetividad-como-extimidad/">extimidad</a>, para enfatizar la mutación experimentada por la intimidad expuesta sin pudor ante la mirada de los otros en las plataformas de blogs, y más tarde en las redes sociales digitales. No obstante, debe puntualizarse que este fenómeno no nace en Internet, como podemos observar en cualquier programa de decoración en la que cualquiera nos enseña su baño y su dormitorio; o en ese formidable simulacro de la vida ‘real’ que nos ofrecen los programas de telerrealidad. </p>

	<p>Lo novedoso de Internet y las redes sociales digitales a este respecto, es que ofrecen a cualquiera la posibilidad de experimentar con la visibilidad mediada, desarrollar un mayor control acerca de cómo elige mostrarse a los otros, y con ello, afrontar necesidad de negociar de un modo más complejo qué contenidos de los espacios privados e íntimos deben formar parte de esta nueva zona intermedia. </p>

	<p>En este contexto, los usuarios revelan datos y comparten informaciones dentro de sus estrategias para el mantenimiento y desarrollo de relaciones. Esto ha sido siempre así, el cambio se produce cuando esta comunicación se produce, a menudo, en plataformas en las que confluyen públicos diversos, ante los que el individuo desarrolla roles igualmente diversos, que a menudo entran en contradicción.</p>

	<p>Así acabé yo viendo la ropa interior de gente con la que ni siquiera he tomado un café. Y no me molesta en absoluto, conste, sólo me pregunto si yo estaba entre su audiencia imaginada cuando decidieron publicarlo y si la impresión que buscaban provocarme era la de inspirarme este post.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>El bodegón estrella de estas navidades en mis noticias de Facebook daba cuenta de los regalos de Reyes de mis contactos. [&#8230;] Quizá con estas fotos mis contactos querían visibilizar cuan buenos y buenas habían sido ese año, sin embargo, he pensado otras explicaciones. Existen dos fenómenos propios de la interacción social, que se reproducen en el empleo cotidiano de las redes sociales digitales, y que ayudan a poner en contexto este tipo de prácticas: el consumo visible como marcador de estatus y la extimidad.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2013-01-02T09:00:59Z</published>
		<updated>2013-01-02T13:15:15Z</updated>
		<title type="html">Give Mondays o la búsqueda del reencantamiento</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cosechadevertigos/23583/give-mondays-o-la-busqueda-del-reencantamiento" />
		<id>tag:librodenotas.com,2013-01-01:77c262b7562572606450a68115f67ab6/c4612d4894f058e49ac20121e12f79b3</id>
		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3413t.jpg" alt="Lucia" /></center><br />
(Foto sacada de <a href="http://rebeccaswarbrick.blogspot.com.es/2012/10/give-mondays.html">aquí</a>)</p>

	<p><em>«Practice random kindness and senseless acts of beauty»</em><br />
<strong>Anne Herbert</strong></p>

	<p>Give Mondays se define como <a href="http://www.givemondays.com/random_acts_of_kindness/13">«una comunidad anónima de donantes que comienzan la semana con un acto bondadoso al azar cada lunes»</a> ¿Y por qué?<br />
Ellos responden: «Es sencillo, dar sienta bien…» Los donantes se organizan y dan visibilidad a sus buenas acciones mediante una web, donde los sobrecitos azules con módicas cantidades de dinero quedan geolocalizados y, sobre todo, donde donantes y agraciados pueden compartir su experiencia enlazando sus respectivas cuentas de Facebook y Twitter. </p>

	<p>No son pocos los que recelan de esta generosidad y se plantean si no puede tratarse de una campaña de comunicación encubierta. Quizá estemos ante una continuación del meme con el falso estudio sobre el día más triste del año &#8212;como explica <a href="http://blogs.elpais.com/trending-topics/2011/01/este-no-es-el-peor-dia-del-ano.html">aquí</a> <strong>Delia Rodríguez</strong>&#8212; y que el lunes 24 de enero la organización de Give Mondays deje de ser anónima. En cualquier caso, lo que nos interesa es por qué funciona, qué lleva a la gente a querer participar y querer compartirlo.</p>

	<p><strong>El desencanto</strong>  </p>

	<p>Ya <strong>Weber</strong> avisó de que una sociedad centrada en lo racional y comercial, que proponía al sujeto un trabajo rutinario que lo alejaba de su comunidad tradicional, acabaría produciendo en este un profundo desencanto &#8212;o anomia, si se prefiere&#8212;. Al quedar lo emocional, lo personal, la vinculación profunda con la familia extensa reducidos en Occidente, el sujeto necesitaba nuevas estrategias para religarse a los otros &#8212;o sentirse religado a los otros&#8212; más allá de la religión, la ideología o el nacionalismo &#8212;obviamente no se habla aquí de una superación, sino de la emergencia de nuevos ciudadanos que necesitan nuevas fuentes de sentido, que se sumarán a los ya existentes&#8212;. </p>

	<p>Será la sociedad de consumo, a través de la publicidad, la moda, la producción de celebridades y la extensión de los medios de comunicación masas, la que recoja el guante proponiendo un discurso emotivo, personalizado, humano y de pertenencia que promete el placer de la vida cotidiana, cómoda, mullidita. Una fuente de sentido que se resquebraja hoy en Occidente &#8212;no así en otros mundos, miremos a China&#8212;. En primer lugar porque cada vez son más los que no pueden consumir, lo que incorpora al desencanto una creciente impotencia y cabreo; y en segundo lugar, porque pese a lo exclusivos que nos sintamos bebiendo nuestro Nesspresso, o firmando nuestros emails con un “enviado desde mi iPad”, todos, en algún momento, buscamos momentos de un tipo grandeza que el consumo no puede darnos. La grandeza de lo heroico, de lo altruista, del bien no contraprestado.</p>

	<p><strong>Una sociedad antiheroica</strong></p>

	<p>Dice Sheehan (2009) que vivimos hace tiempo ya en una <a href="http://www.cac.cat/pfw_files/cma/recerca/quaderns_cac/Q36_Buonanno_EN.pdf">sociedad posheroica</a> (pdf). Los motivos de esta transformación son variados &#8212;entre ellos, los –ismos de los movimientos frente al orden blanco y patriarcal&#8212;, pero entre las explicaciones, una conviene especialmente al tema que nos ocupa: la propuesta de vida que hace la sociedad de consumo se opone a la idea de una vida heroica, al menos, en el sentido clásico. La capacidad de sacrificio, el poner en riesgo la propia vida, el viaje inesperado, etc. son modos de vida y valores contrarios a la propuesta de la sociedad de consumo, donde el hogar es donde está nuestra tele, nuestra cocina, el sillón Barcelona o nuestros zapatos favoritos. Alguno/a podrá señalarme que el modo de vida aventurero ha sido ya ampliamente fagocitado por el sistema y que marcas como Coronel Tapioca explotan este espíritu de aventura, cosa que, siendo cierta, no niega la propuesta: hay en el fondo de cada producto de Coronel Tapioca una promesa de confort, de cuidado, de adaptación a las necesidades del comprador que reincide en la idea de una sociedad, no ya posheroica sino antiheroica, donde centro y alrededores son ocupados por el yo y sus necesidades.</p>

	<p>Con la caída de los héroes clásicos surgen nuevos referentes, porque la naturaleza mimética de los seres humanos siempre acaba reclamando modelos que le ahorren esa tarea ingente en tiempo y esfuerzo para la definición de actitudes propias ante la complejidad. Y hete aquí que llega el cine, con sus estrellas, y después la televisión con más celebridades. Pero estas nuevas figuras que vendrán a ocupar el lugar del héroe carecen, salvo para sus fans más acérrimos y, en contadas ocasiones, para un público más generalista, de una mínima grandeza. Y lo cierto es que los seres humanos, por más posmodernos que sean los tiempos y aunque Belén Esteban haga anuncios de bingos en la tele, seguimos demandando grandeza. </p>

	<p><strong>El héroe accidental, la bondad de los extraños y los sobrecitos azules</strong></p>

	<p>Entra aquí en juego el concepto de &#8216;héroe accidental&#8217;, esa persona &#8216;normal&#8217; que se sale de lo que los demás esperarían de ella y, ante una decisión en la que pone en riesgo su existencia, antepone el bienestar de otro ser humano al suyo. O el ‘héroe anónimo’, que suele emplearse para hacer referencia a la grandeza que encierran los pequeños actos de altruismo, es decir, enuncia un nuevo concepto de ‘grandeza’. Estas tipologías de héroe no han parado de crecer en presencia mediática. Existen incluso <a href="http://www.frecuenciadigital.es/noticia/2-noticia/14912-cadena-100-entrega-los-vi-premios-pie-derecho-a-heroes-anonimos.html">concursos</a> y es habitual en estos días que en múltiples espacios en los medios de comunicación se pida a la audiencia que explique quién es ‘su’ héroe, esperando que esta hable de su madre, un amigo o un conocido.</p>

	<p>A esta resignificación de la grandeza &#8212;el valor de lo micro&#8212; y del concepto de héroe &#8212;democratizado&#8212;, añadimos en nuestro cocktail el meme cultural sobre la bondad de los extraños, especialmente adecuado en una sociedad de migrantes, en la que necesitamos confiar en nuestro compañero de metro; y, por último, la capacidad de comunicación y organización que nos proporcionan las plataformas de la web 2.0.</p>

	<p>Give Mondays podría entenderse, entonces, como una forma sencilla, cómoda y segura de sentirse un mini héroe al azar por un módico precio. Además, donante o agraciado, la web te ofrece un espacio donde contárselo ‘al mundo’ y, sobre todo, a tus redes sociales digitales, lo que nos permite sentirnos especiales y contarlo, que es como vivirlo doblemente. </p>

	<p>Por otra parte, es importante que sea al azar, para alejar la idea de que se está comprando el acceso a la bondad, a una pequeña dosis de altruismo; y para alimentar la esperanza de la bondad de los extraños, de que nos puede pasar a nosotros, cualquier lunes, con independencia de nuestro mérito o vinculación a los otros. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Será la sociedad de consumo, a través de la publicidad, la moda, la producción de celebridades y la extensión de los medios de comunicación masas, la que recoja el guante proponiendo un discurso emotivo, personalizado, humano y de pertenencia que promete el placer de la vida cotidiana, cómoda, mullidita.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2012-12-02T09:05:00Z</published>
		<updated>2012-12-02T09:17:54Z</updated>
		<title type="html">Red Bull Stratos o el pseudoacontecimiento del año</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cosechadevertigos/23434/red-bull-stratos-o-el-pseudoacontecimiento-del-ano" />
		<id>tag:librodenotas.com,2012-12-02:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b77cd007fa1b23dee3aceb90839ab6f7</id>
		<category term="Internet" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<blockquote>
		<p>«Nuestros padres tuvieron la oportunidad de asistir a un acontecimiento histórico como fue el primer hombre en la luna. Anoche, fuimos nosotros los que vimos en directo un nuevo hito para la Humanidad: el salto del primer hombre desde la estratosfera.»</p>
	</blockquote>

	<p>Así se refería un locutor de radiofórmula &#8212;soy incapaz de citar al autor, me temo&#8212; al salto de Félix Baumgartner desde una cápsula a 39 km de altura del suelo, el día después de tan <em>histórico</em> salto. </p>

	<p>Y sin embargo, creo que a lo que millones de personas asistieron en directo ese día fue a un pseudoacontecimiento, el pseudoacontecimiento del año, eso sí. Con el término pseudoacontecimiento no pretendo negar la dificultad y riesgos asumidos, o las aportaciones tecnológicas, quizá también científicas, que podrán derivarse de la investigación y ejecución que el equipo de Red Bull Stratos realizó para hacer posible el salto. La cuestión que planteo no es sobre la dificultad de los hechos, sino sobre su relato mediático y el mensaje que, al fin y a la postre, es su razón de existir, como señalan <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/16/actualidad/1350416362_757185.html">fuentes de la propia compañía</a> : &#8220;Red Bull decidió apoyar el salto de Félix porque vio en él los valores de la marca, esa es nuestra estrategia ayudar a deportistas e impulsar sus proezas&#8221;. En fin, ya saben que &#8220;Red Bull te da alaaas&#8221;.</p>

	<p>Un impulso que atrajo a 8 millones de usuarios a Youtube para ver el streaming,  así como millones de comentarios y conversaciones en las redes sociales digitales repitiendo todos los pormenores de la <em>hazaña</em> ofrecidas por Red Bull en su web y sucesivas notas de prensa a los medios de comunicación; quejándose de la espera o protestando en torno al protagonismo del invento de Red Bull. Una cuenta atrás de horas, retransmitida en directo, accesible, compartible, consumible, comentable por parte de audiencias globales, en la que un <em>héroe</em> ofrece su vida en la consecución de varios récords ante millones de miradas. El peligro buscado de la muerte posible en directo, el colmo de la telerrealidad laureada en este caso bajo el marchamo de la innovación, la ciencia, la Historia. Todo perfectamente programado para llenar nuestras horas de hastío de domingo.</p>

	<p><img src="http://librodenotas.com/images/3387.jpg" width="504" height="568" alt="" /></p>

	<p><strong>¿Qué es un pseudoacontecimiento?</strong> </p>

	<p><strong>Daniel Boorstin</strong> acuñó el concepto de pseudoacontecimiento a principios de la década de los sesenta, ante el crecimiento en la cobertura mediática de los eventos de relaciones públicas y publicidad en Estados Unidos, y coincidiendo también con la elevación a los altares de las celebridades, donde antes la sociedades habían encumbrado héroes &#8212;apenas heroínas, para ser realistas&#8212;. Para Boorstin, este tipo de eventos:</p>

	<p>- son planeados o inducidos; &#8211; son diseñados de acuerdo a los parámetros de los medios masivos, se adaptan a sus rutinas; &#8211; su relación con la realidad es ambigua, algo que constituye una inagotable fuente de morbo informativo para audiencias y fans; &#8211; constituyen profecías autocumplidoras y tautológicas: su importancia proviene del hecho mismo de obtener cobertura mediática y obtienen cobertura mediática porque son importantes.</p>

	<p><strong>El problema de los límites del discurso</strong></p>

	<p>Sin duda las audiencias son activas y no mera receptoras, y seguro que a una parte importante no se le escapa qué objetivo es el que llevó a Red Bull a pagar esta fiesta, por supuesto; pero ¿qué hay de los medios? ¿y cuáles son los límites entre información y espectáculo? ¿la naturaleza de Red Bull Stratos está más cerca de la llegada del hombre a la luna o del equilibrista que cruza sin red de uno al otro lado de la pista? Cuesta no pensar en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_sociedad_del_espectáculo">La sociedad del espectáculo</a> de <strong>Guy Debord</strong> cuando todas los informativos, las radios, los digitales, los blogueros, toda tu red de contactos en todas tus plataformas está hablando al mismo tiempo de lo mismo, redistribuyendo esencialmente la misma información proporcionada por la empresa vía nota de prensa y señal de vídeo. Red Bull 1 – sociedad de la información 0.</p>

	<p>Y me despido con Boorstin: &#8220;We have used our wealth, our literacy, our technology, and our progress, to create the thicket of unreality which stands between us and the facts of life&#8221; (1992: 3).</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Y sin embargo, creo que a lo que millones de personas asistieron en directo ese día fue a un pseudoacontecimiento, el pseudoacontecimiento del año, eso sí. Con el término pseudoacontecimiento no pretendo negar la dificultad y riesgos asumidos, o las aportaciones tecnológicas, quizá también científicas, que podrán derivarse de la investigación y ejecución que el equipo de Red Bull Stratos realizó para hacer posible el salto.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2012-11-02T08:00:00Z</published>
		<updated>2012-11-02T00:58:49Z</updated>
		<title type="html">Klout: Del juego de la influencia a las distopías del control</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cosechadevertigos/23285/klout-del-juego-de-la-influencia-a-las-distopias-del-control" />
		<id>tag:librodenotas.com,2012-11-02:77c262b7562572606450a68115f67ab6/4532ff168f8879ec5316d82ced2618c9</id>
		<category term="Internet" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Se atribuye a <strong>Von Foester</strong> <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Heinz_von_Foerster">&#8212;uno de los padres de la cibernética de segunda generación&#8212;</a> la máxima «Actúa siempre de tal modo que incrementes los grados de libertad». Si bien, herramientas como <a href="http://klout.com/">Klout</a> o <a href="http://www.peerindex.com/">PeerIndex</a> alimentan la sensación de control sobre la influencia que el usuario posee sobre sus contactos en las redes sociales o sobre cómo son percibidos por éstos, el efecto en el medio y largo plazo puede ser justo el contrario.</p>

	<p><strong>¿Qué proporciona Klout al usuario?</strong><br />
Klout engancha porque emplea muchos de los conductores psicológicos del juego social o de lo que denominan bajo el neologismo <a href="http://www.ted.com/talks/jane_mcgonigal_gaming_can_make_a_better_world.html">gamificación</a> Plantea reglas para alcanzar objetivos medibles, numéricos; lo que proporciona al usuario una sensación de control acerca de cuestiones importantes y difícilmente mensurables: influencia personal, credibilidad, definición de la reputación… poder sobre los otros, en definitiva. Todo ello, definido de acuerdo con los parámetros de la herramienta, parámetros que no son públicos y que <a href="http://www.digitaltrends.com/social-media/klout-reveals-new-scoring-algorithm-and-the-critics-are-quiet/">se modifican continuamente</a>. Al margen de la opacidad del sistema de definición, Klout permite al usuario plantearse retos medibles, compararse con otros miembros de su red, mejorar resultados como prescriptor o redefinir los temas asociados a su reputación personal, siempre, según los parámetros que establece la herramienta. </p>

	<p>Para aquellos usuarios que la herramienta considera grandes prescriptores, existe además la posibilidad de obtener beneficios extra &#8212;<a href="http://klout.com/#/corp/perks"><em>perks</em></a>&#8212; a modo de «recompensas ofrecidas por las marcas como reconocimiento a tu influencia». Klout insiste en que el usuario es libre de opinar bien o mal sobre el producto en sus redes &#8212;¡acabáramos!&#8212;. No obstante, no parece aventurado pensar que criticar un producto pueda cerrar puertas a futuribles <em>perks</em>.</p>

	<p><strong>¿A los intereses de quién sirve Klout?</strong> <br />
Es probablemente algo obvio, pero a veces se olvida: alguien está pagando esta fiesta del <em>social media</em>, y tal y como decía Cortázar «Cuando te regalan un reloj eres tú el regalado».  ¿A quién interesa en mayor medida el desarrollo de herramientas como Klout, PeerIndex o Kred? La primera respuesta es a los anunciantes. Gracias a la opción <em>perks</em>, pueden regalar a los usuarios más influyentes en Klout productos en fase de lanzamiento, bien para corregir características sobre su uso o comunicación comercial, previa al lanzamiento masivo; bien con el objetivo de lograr que éstos recomienden el producto a sus audiencias personales. </p>

	<p>La segunda respuesta sigue la línea de la primera pero es menos evidente: el comercio electrónico no sólo necesita que los compradores confíen en la venta ‘online’, también los vendedores, fiadores, arrendadores, etc. buscan herramientas que garanticen la fiabilidad de sus clientes. La revista Wired hablaba el pasado mes de septiembre de una <a href="http://www.wired.co.uk/magazine/archive/2012/09/features/welcome-to-the-new-reputation-economy?page=all">economía de la reputación</a>, y en su reportaje dibujaba un futuro en el que una serie de algoritmos definirán si una persona es fiable o no a la hora de recibir un crédito, por ejemplo, de acuerdo con la estela de datos que ha ido dejando en la Red y la reputación que éstos arrojan de acuerdo con diferentes métricas diseñadas a tal efecto. </p>

	<p>Klout sería, entonces, sólo la punta del iceberg de un proceso en el que el usuario se divierte amoldándose a una serie de criterios y acciones que le ofrecen avanzar en el juego, al tiempo que se autoclasifica, de acuerdo con los criterios definidos por una empresa privada. Y aquí surgen, al menos, dos cuestiones: (1) el eterno dilema entre tecnófobos y tecnófilos &#8212;¿modifica la tecnología al sujeto o es éste el que impone a la tecnología sus deseos?&#8212;; y (2) ¿se está contribuyendo con este juego del control de la influencia y la reputación a una asunción generalizada de la validez de estas métricas? ¿Veremos en un futuro inminente un software propietario que determine quién es fiable y quién no?</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Klout engancha porque emplea muchos de los conductores psicológicos del juego social o de lo que denominan bajo el neologismo <a href="http://www.ted.com/talks/jane_mcgonigal_gaming_can_make_a_better_world.html">gamificación</a> Plantea reglas para alcanzar objetivos medibles, numéricos; lo que proporciona al usuario una sensación de control acerca de cuestiones importantes y difícilmente mensurables: influencia personal, credibilidad, definición de la reputación… poder sobre los otros, en definitiva.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Lucía Caro</name>
		</author>
		<published>2012-10-02T09:00:12Z</published>
		<updated>2012-10-02T10:47:41Z</updated>
		<title type="html">#OlvidoNoDimitas y el umbral de rebeldía en Twitter </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cosechadevertigos/23126/olvidonodimitas-y-el-umbral-de-rebeldia-en-twitter" />
		<id>tag:librodenotas.com,2012-10-01:77c262b7562572606450a68115f67ab6/dd17716b88d09976fc56c3b33077b067</id>
		<category term="redes-sociales" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Ahora que el tema ha muerto en términos de morbo informativo, quiero pararme a escribir sobre la terrible vulneración de la intimidad de la que fue víctima <strong>Olvido Hormigos</strong>, una vez que la protagonista ha respondido y, de algún modo &#8212;ni mucho menos libre, por supuesto&#8212;, se ha apropiado de esta inesperada fama para comunicar <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2012/09/06/espana/1346918615.html">su decisión final</a>, de la que obviamente me alegro.</p>

	<p>Estoy segura de que conocen el caso, pero les enlazo <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/06/actualidad/1346959211_521410.html">esta información</a> de la edición digital de <em>El País</em> que firma <strong>Joaquina Prades</strong>. Elijo esta pieza por dos motivos: en primer lugar, en reconocimiento al tratamiento informativo que esta cabecera dio a los sucesos: respetando el derecho a la intimidad de la víctima y no informando de ellos hasta pasadas más de 24 horas del inicio de la bola de nieve informativa en Twitter, cuando publicó <a href="http://politica.elpais.com/politica/2012/09/05/actualidad/1346874145_884493.html">una pieza en torno al apoyo informal mostrado por miembros del <span class="caps">PSOE</span></a> en dicha red social. Este comportamiento que muestra un ejercicio básico de ética periodística, contrasta con el <a href="https://twitter.com/pacotorres/status/245106344078761985">«uso torticero» como bien indica Paco Torres</a> que hicieron durante esas horas otros medios de comunicación en busca de incrementar el número de páginas vistas.</p>

	<p>En segundo lugar porque, aunque comparto parte del enfoque y agradezco como lectora la publicación de artículos que buscan contextualizar fenómenos mediáticos como éste, discrepo con el argumento principal que se aporta para explicar la fase de cachondeo inicial, con escasas voces claramente en defensa de la edil, y una solidaridad mayoritaria varias horas más tarde y en días sucesivos.</p>

	<p>Entre los expertos consultados por Prades en el artículo, explica <strong>E. Dans</strong> como siguió el ‘tema’ en primera persona: </p>

	<blockquote>
		<p>Primero te dejas llevar un poco por el morbo. Pero después reflexionas y dices: ¡Por Dios, esto es un acto privado, algo que hace todo el mundo sin cámaras y ves que difundirlo sería repugnante, un acto dañino para esa pobre mujer y para ti mismo!</p>
	</blockquote>

	<p>Para Dans, y entiendo que es la propuesta de fondo que hace el artículo, hay una etapa inicial de inconsciencia, en la que el usuario no analiza la información en todo su contexto, lo que ayuda a frivolizar sobre ella, y una segunda etapa de alumbramiento y empatía en la que los tuiteros reflexionan y toman posición una vez han identificado a la víctima de los hechos. Ésta, siendo una explicación plausible, me parece incompleta y simplificadora: obvia por completo la importancia de la situación social mediada en este tipo de espacios y las dinámicas propias de las redes sociales &#8212;digitales o no&#8212;.</p>

	<p><strong>El problema es saber quién nos mira</strong></p>

	<p>Cuando nos encontramos ante la presencia de otros tendemos a desarrollar el rol social que creemos que se espera de nosotros; parafraseado, esto es lo que propone el sociólogo canadiense <strong>Erving Goffman</strong> en su teoría de la interacción dramatúrgica. Cuando opinamos en Twitter, generalmente no lo hacemos a solas. Incluso en el caso de usuarios que emplean esta plataforma como un micromedio de comunicación masivo (véase el caso paradigmático de celebridades como <a href="https://twitter.com/Beyonce">Beyoncé Knowles</a>), existe una conciencia de la presencia de una audiencia personal que puede leer nuestros tuits. Y en la Red tenemos una reputación, una máscara que mantener, al igual que en el mundo no virtual. Digo igual, pero es inexacto: sostener de un modo coherente nuestra reputación en la Red es más complicado, ya que la situación social mediática es sensiblemente más compleja. Internet se caracteriza por guardar memoria &#8212;e indexar en Google, en el caso de Twitter&#8212; de todo lo publicado. Así, lo que decimos hoy, no solo es leído por mi red en mi cuenta Twitter ahora, podrá ser leído por personas ajenas a mi cuenta en el futuro y reinterpretado fuera del contexto en el que lo publiqué.</p>

	<p>Un segundo factor importante para comprender cómo se gestiona la interacción en estos espacios es el potencial colapso entre los públicos conectados (<a href="http://www.danah.org/papers/2010/SNSasNetworkedPublics.pdf">boyd, 2010</a>). ¿Quién me lee en cada momento? A menos que haya segmentado estrictamente mis grupos de contactos por plataformas: amigos y familia en Facebook; colegas y compañeros de trabajo en Linkedin; etc. es imposible controlar quién me observa en Twitter. Pero el caso es que necesito saber quién mira para elegir un rol social. Esta incertidumbre apenas se hace presente en nuestro día a día, pero cobra un papel importante cuando un tema controvertido acapara la atención de la Red y, en tanto que opinion pública y apremiados por el vértigo del tiempo real, nos sentimos impelidos a posicionarnos ante él. </p>

	<p>Posicionarnos en la plaza del pueblo y dejar nuestra opinión para la posteridad… ¿seré la única que piensa esto? ¿Me verán como una guarra por pensarlo? ¿Quiero asociarme públicamente y para los restos a este tema? Ante la duda y el miedo al aislamiento social, como públicos invisibles, tenemos la opción de inhibirnos más fácilmente en la Red, a la espera de visualizar con claridad cuál es la postura mayoritaria. También podemos participar desde una postura de escaso compromiso, la que permiten el humor y, muy especialmente, el sarcasmo. Observé a muchos usuarios, especialmente hombres, aunque no quiero generalizar &#8212;entiendo que las mujeres empatizaron antes con la víctima por motivos obvios&#8212;, que, a medida que fueron pasando las horas, pasaron de hacer chistes sobre la edil, <a href="https://twitter.com/jmguardia/status/243384260801744896">a sentirse casi obligados a posicionarse moralmente</a> acerca de los hechos.</p>

	<p>En este caso de Hormigos además, dado que lo vulnerado era la intimidad, era especialmente difícil decidir sobre el modo más adecuado de apoyar públicamente a la víctima: mostrar solidaridad con la concejal incrementaba la bola de nieve informativa y con ella daño, como interpreté en este comentario de <a href="https://twitter.com/jldevicente/status/243394282088722433">José Luis de Vicente</a> .</p>

	<p>Pero ¿cómo pasamos en apenas unas horas del cachondeo y la inhibición inicial a la solidaridad masiva?</p>

	<p><strong>Twitter es la criptonita contra las espirales de silencio</strong></p>

	<p>Este tema no sólo me cabreó, sino que me llevó incluso a ejercer de ‘policía de Twitter’ con algunos contactos con los que me unen vínculos fuertes y que hicieron chistes al respecto. Mi punto de vista &#8212;que fue interpretado por éstos como de ‘izquierda bienpensante’ y otras lindezas&#8212; era moral claro, pero sobre todo pragmático: si has decidido que vas a contribuir a expandir esta información, al menos deja claro quién es la víctima.</p>

	<p>Lo que yo hago en público influye en el resto de los miembros de mi red, sobre todo en los inicios del fenómeno, cuando aún no se han delimitado los bandos y argumentos centrales. De ahí la importancia de que líderes de opinión con audiencias de alta afinidad como <strong>Elena Valenciano</strong> se pronunciaran a favor de Hormigos.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3328.png"></center></p>

	<p>Si bien es cierto que otros políticos y, muy especialmente, políticas de IU y feministas más a la izquierda se pronunciaron antes en contra de la dimisión de Hormigos, el tuit de Valenciano fue clave para la formación de cascadas de opinión afines en Twitter hasta provocar un efecto de percolación, superando la polarización de esta red.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3329.jpg"></center></p>

	<p>La mayor influencia de Valenciano se debe, no sólo a disponer de una gran audiencia personal, sino a la alta afinidad (homofilia) entre la líder socialista y sus seguidores. La homofilia o amor por los iguales, permite la creación espacios en los que nos sentimos cómodos porque presuponemos que la mayoría piensa como nosotros, así expresamos más libremente nuestras opiniones aunque las imaginemos menos populares fuera de nuestro grupo: esta presunción complica la formación de fenómenos como las <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_del_silencio">espirales de silencio</a>.</p>

	<p><strong>Juan Urrutia</strong> ha planteado la noción de ‘umbral de rebeldía’ para referirse al número de contactos de mi red que tienen que actuar como me gustaría hacerlo para que sienta que ese comportamiento será socialmente aceptado por mi entorno. Cuando un espacio como Twitter permite el desarrollo de grupos con una alta homofilia, crea una situación social en la que los individuos se permiten expresar opiniones que quizá no expresarían en la plaza del pueblo &#8212;ante una audiencia de baja homofilia&#8212;. Y si sus seguidores comparten este punto de vista con sus respectivas redes en forma de retuit, por ejemplo, &#8212;y la probabilidad es alta, pues se presupone afinidad&#8212; asistiremos a la creación de cascadas de opinión, a un cambio del discurso dominante previo: del cachondeo equidistante inicial a un posicionamiento claro en defensa de la víctima.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Posicionarnos en la plaza del pueblo y dejar nuestra opinión para la posteridad… ¿seré la única que piensa esto? ¿Me verán como una guarra por pensarlo? ¿Quiero asociarme públicamente y para los restos a este tema? Ante la duda y el miedo al aislamiento social, como públicos invisibles, tenemos la opción de inhibirnos más fácilmente en la Red, a la espera de visualizar con claridad cuál es la postura mayoritaria. </p>]]></summary>
	</entry>
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