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	<title type="text">Libro de Notas - Colorado Post</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
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	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
		<email>&#109;&#97;&#114;&#99;&#111;&#115;&#116;&#97;&#114;&#97;&#99;&#105;&#100;&#111;&#64;&#103;&#109;&#97;&#105;&#108;&#46;&#99;&#111;&#109;</email>
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	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-04-13T23:33:00Z</published>
		<updated>2006-04-14T05:24:24Z</updated>
		<title type="html">Un poema de Hilario Barrero</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>SUBJUNTIVO</p>
	<p>Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo,<br />
acechante la tiza de la noche del encerado en luto,<br />
ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera<br />
cuando lo que desean es sentir el mordisco<br />
que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos<br />
ofrecidos<br />
y olvidarse del viejo profesor que les roba<br />
su tiempo inútilmente.<br />
Mientras copian los signos del lenguaje,<br />
emotion, doubt, volition, fear, joy&#8230;,<br />
y usando el subjuntivo de mi lengua de humo<br />
mi deseo es que tengan un amor como el nuestro,<br />
pero sé que no escuchan la frase<br />
que les pongo para ilustrar su duda<br />
ansiosos como están de usar indicativo.<br />
Este será su más feliz verano<br />
el que recordarán mañana<br />
cuando la soledad y la rutina<br />
les hayan destrozado su belleza,<br />
la rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,<br />
ajadas las espinas de sus labios.<br />
Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,<br />
por salir a la noche, por disfrutar la vida,<br />
por conocer el rostro de la muerte.</p>
	<p>Uno siente la soledad igual que el entrenamiento de un atleta aficionado: correr para nada, correr por el simple hecho de hacerlo, correr para reivindicarse, porque una soledad olímpica, una derrota llena de un estadio no es soledad: la soledad es uno mismo siempre. Es el amor esto: tiempo que no fue, donde los jóvenes se quedaron.<br />
Y entienden, como el filósofo, que todo es guerra y que es preferible cuando se ejercita en colchones sin mañana, sin preguntas, sin tatuajes sentimentales ni genitales: entonces como usar subjuntivo o duda<br />
&mdash;sólo para la última edad es el tiempo de la incertidumbre&mdash; cuando todo indica que es el momento presente, la juventud, lo que vale.<br />
Este colega, collige virgo rosa, nos pone para recordarnos donde algunos intuyeron que lo único que merece la gloria es un cuerpo.<br />
Efímero el orgasmo de su nombre o una paja.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-03-30T21:51:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:43:30Z</updated>
		<title type="html">Una tarde cualquiera</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Las neuronas se lanzan suicidas en el mar del encéfalo ante el abordaje de los piratas spots televisivos. Mi tripulación de células visuales, al mando del capitán dioptrías, pierde la brújula y el timón del cerebelo. Los anuncios bombardean con salvas capitalistas mi pobre armada burguesa. El cuerpo es una tabla que se pudre. El áser, la fibra óptica, abren fuego sobre el camarote-comedor-puente de mando-sala de máquinas de los cromosomas que soy. La televisión me hace una oferta a la que no puedo rendirme. Yo estoy en otro idioma, intento esgrimir la radio &mdash;aunque es un arma obsoleta, senil, donde su tripulación, encerrada entre su reducido espacio habla y habla y habla&#8230; escondida&#8230;&mdash;. Invoco lo oral y se caen las palabras de los libros de mi biblioteca. La televisión se alía con los cuadros de los museos que no me permite ver, yo me uno en una alianza, pronta con el tocadiscos a cuarenta y cinco revoluciones por minuto&#8230;Un oído ha dejado ciego a un ojo, la mitad de mis dedos me son afines, una mano está con las fuerzas rebeldes. La insurrección sube el volumen de sus anuncios&#8230; Apelamos a Wagner, un coche último modelo con una supermodelo saltan de la pantalla a mi sillón, estoy rodeado de mujeres en una playa del Caribe, me ofrecen unas vacaciones lujuriosas, San Juan de la Cruz ha caído, se cae de entre mis manos. Yo repito las odas de Fray Luis, suena en el equipo de alta fidelidad un canto gregoriano, Queen canta por la tele &#8220;Who wants to live forever&#8221;... Cada treinta segundos 625 líneas un tubo de neón, como el camino de baldosas amarillas de Dorothy me lleva a Kansas&#8230; el vídeo está conmigo&#8230;</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-03-23T21:03:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:43:51Z</updated>
		<title type="html">Meta volante</title>
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		<category term="Cine" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Hay quien dice que en la carrera de la literatura se debe mantener la regularidad para llevarse el triunfo, la constancia, el sacrificio, el sudor frente al escritorio y pedalear sobre el bolígrafo para alcanzar una meta volante &mdash;parecida al filme del mago del suspense, &#8220;Con la muerte en los talones&#8221;,  a partes iguales con Kubric y su &#8220;Espartaco&#8221;, &#8220;La ultima tentación de Cristo&#8221; y &#8220;La pasión&#8221; de Gibson&mdash;. Y tiene mérito, porque no es cómodo hacerse kilómetros y kilómetros de papel sentado sobre un sillón incómodo, con la espalda arqueada y asqueada frente a la presión, doblemente doblada por los perseguidores propios y ajenos: la comunidad, los recibos, el mánager, fans facturas que te van a la zaga para descubrir que tu entrenamiento en letras es inversamente proporcional al logro que vas a conseguir.<br />
Entonces la cadena engrasada, la tinta que a veces, por el frío invierno se congela, por los páramos de la mente en blanco, tiene que hacer funcionar el engranaje de forma perfecta y se lanza a la captura de un mensaje. &#8220;Huye, que solo aquel que escapa, huye&#8221;...<br />
Y pasar estas dificultades cada día, de forma rutinaria, sufriendo, para alcanzar la cima de un capítulo, la contrarreloj de un verso&#8230;demasiada vuelta&#8230;</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-03-17T19:03:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:44:00Z</updated>
		<title type="html">Monstruos literarios</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Si Mary Shelley, feminista de Mary Wollstonecraft, hubiese sido una mujer de este siglo, el maromo de su criatura no hubiese sido un puzzle carnal de cementerio y el tarado del varón Frankenstein hubiese creado un cachas tipo Mr. Universo que bien hubiese valido para una peli porno, o la fantasía de cualquier hembra, en lugar de instalarse en el imaginario colectivo miedica. El lifting del varón de Frankenstein no tiene remedio. La universidad que le otorgara el diploma a buen seguro fuese la morgue. Que mujer se dejaría operar los senos y ponerse implantes de silicona, o ponerse en manos de este cerebro. <br />
¿Qué quiso hacer Mary Shelley? ¿Quiso vengarse doblemente de los hombres al retratar al científico Víctor Frankenstein y burlarse del macho al nacer la criatura? Mary Shelley creo que es una mujer como cualquier otra, incluso pudiera parecer de este siglo, salvo que ella fue una gran escritora.<br />
Otro caso sexy y culto &mdash;&#8221;las criaturas de la noche&#8221;&mdash;, que a diferencia del Hombre-Lobo no poseen la irracionalidad del aullido, el orgasmo del placer gritado, los vampiros, transforman su cuerpo al antojo de la cita. (En la Grecia recordamos las metamorfosis sexuales de Zeus, genéticamente prodigioso&#8230;).<br />
Si el vampiro puede morder, hipnotizar las vaginas (nunca vi un vampiro gay, a-no ser que se acuda al porno), comportarse como un macho rey de los hunos, rendir la &#8220;romántica&#8221; y pervertida voluntad del sexo &#8220;débil&#8221; (hablamos no de Nosferatu, cabeza entre cebolla y ajo, sino del obseso de Stoker y su cinematográfica y sexy carátula o máscara engominada), la literatura se vuelve genital falo. <br />
Hay que remontarse a las cavernas para que la literatura de bastón y mando pase por encima del bucólico y lánguido Garcilaso (&#8220;por vos he de morir y por vos muero&#8221;). Aquí, el vampiro quiere su sangre, su ración y con eso, la tuya. (Ya se sabe que el semen no es otra cosa que el vicio que nos riega el corazón, el cerebro y la corteza). Sangre, pues con sangre &mdash;como decían los dramaturgos barrocos&mdash; se lava la honra.<br />
Vaginales y falócratas, no hay otra literatura posible.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-03-09T21:03:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:44:10Z</updated>
		<title type="html">Las máquinas del tiempo</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Cuando H.G.Wells se crea para si el cacharro con el que puede viajar en el tiempo, para su gloria literaria, del pasado al futuro y viceversa, se posiciona al lado de los iluminados hombres de experimental encefálica escritura, cuyo vaticinio se pone al lado de Jules Verne y que anticipase, como Luciano de Samosata en uno de sus relatos donde describe una especie de &#8220;televisor&#8221;, cosas que el hombre no ha visto y que ni siquiera ha imaginado. (Luego &#8220;Jolivud&#8221; pone carton y regala un &#8220;Viaje al centro de la tierra&#8221;, con un James Mason victoriano y un nucleo terrestre tan sicodélico como las luces de una discoteca de los setenta). <br />
Orwell, 1984, Blade Runner&#8221;, &#8220;Gargantua y Pantagruel&#8221;, &#8220;Los viajes de Gulliver&#8221;... cada cuartilla de un libro puede significar el futuro o una constante vuelta al pasado, un viaje, que es cada línea, cada palabra, cada capítulo: el lector tiene en sus manos &#8220;la verdadera máquina del tiempo&#8221;, que hubiera dicho Wells.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-03-02T19:54:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:44:37Z</updated>
		<title type="html">Nieve en Colorado</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Cuando nieva por los montes de Colorado, aquellos en los que John Wayne trazaba la epopeya de Estados Unidos, la mejor lectura &mdash;viviendo la nieve&mdash; es la de un ruso: &#8220;Oblomov&#8221;.<br />
El aire recuerda a los tornados de Kansas. Cuando sopla el viento caminar es como la evolución del hombre: cuesta trabajo ser bípedo. Entonces comprendes la belleza de &#8220;La llamada de la selva&#8221; igual que &#8220;Las aventuras de Jeremias Johnson&#8221;.<br />
Es cuando sientes que la nieve de los libros nunca seraá como la nieve de la calle: una permanece limpia e incorrupta, la otra es solo climática.<br />
Pero para el invierno es preferible alejarse de la nieve de los libros, para el invierno es preferible la selva o las arenas faraónicas o el mar de la isla de Stevenson y cuando otra vez retomar Egipto, la Alejandría de Cleopatra o los caminos de Roma. <br />
Transitar los caminos de Tolkien en el invierno es duro, mejor adentrarse, para el descanso y la meditación, en una isla con Robinson y buscar sirenas como Ulises.<br />
Dicen que hay lecturas para el verano y no son las &#8220;light&#8221;: para el verano busca en las estepas con Strogoff o pregunta por Zivagho. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-02-23T20:16:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:44:48Z</updated>
		<title type="html">Campos de soledad</title>
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		<category term="Poesía" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Recordando lo que fue, Rodrigo Caro celebraba la grandeza de lo pedido, de lo perdido. En la escritura, la solitaria pregunta, la única pregunta que falla es la que exige una respuesta. <br />
Hay personas para quienes el alfabeto, en esta isla de &#8220;náugrafo&#8221; que es nuestra civilización iletrada, es una balsa hacia el futuro. En &#8220;nuestros campos de soledad&#8221; nos refugiamos de la multitud: &#8220;mi vida son mis libros, mis acciones&#8221;, escribe Lope. <br />
Otros, hace una literatura, lo dijeron igual: &#8220;a sílabas contadas&#8221; <br />
&mdash;a ritmo de metrica, marcando las palabras&mdash;.<br />
&#8220;Colaboro, luego existo&#8221;.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-02-16T20:21:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:45:02Z</updated>
		<title type="html">Gestas: quien lo perdió lo sabe</title>
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		<category term="Poesía" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>&#8220;Basta de canciones de gesta, un gesto&#8221;. Permitan que me autocite y me dé placer a mi mismo. En la biodiversidad de mis lecturas, entre las que se encuentran las deportivas, aparecen las crónicas de la Final de la Copa del Rey.<br />
En las eliminatorias, en las batallas que llevan a la conquista, en ese camino de la medianía, se ha quedado un equipo al que han querido construirle una genealogía heróica, con la pretensión de la grandioso. Igual que si quisiéramos reunir en el mismo ejército, para la misma gesta, a Rodrigo Díaz de Vivar, Fernán González, Pelayo, Colón, este equipo reune a los supuestamente más grandes jugadores del momento.<br />
Si Quevedo, Lope, Góngora, Cervantes, hubiesen escrito juntos no esperaríamos un fiasco.<br />
Sin embargo, como en las tragedias, el &#8220;fatum&#8221; rueda en su contra. Podríamos discutir si las gestas son las que se pierden o son las que se ganan. Mas un equipo destinado a la gloria no debiera permitirse el sufrimiento. Parafraseando a Lope por Bonilla: &#8220;quien lo perdió lo sabe&#8221;.<br />
Lo que dijeron &#8220;noche mágica&#8221; la confundieron con estéril: pero sólo en estos tiempos la publicidad nos salva. La furia que se le supone a los héroes no posee a estos jugadores, ni el convencimiento, lo mítico.<br />
Parafraseando a Lope por Bonilla: &#8220;quien lo perdio lo sabe&#8221;.<br />
En el deporte, sobre el campo de juego, los despachos no ganan. En el deporte, sobre el campo de juego, los que lanzan mensajes desde un traje de &#8220;armani&#8221; nada tienen que hacer.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-02-09T19:19:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:45:19Z</updated>
		<title type="html">Viajes</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Para dar un paseo por el mundo hay quienes se sientan en su butaca, se ponen las botas de aventurero, barba justamente salida del trabajo, su uniforme de Rommel o de Miguel de la Cuadra y enchufan el National Geographic. De repente el comedor se puebla de africanos tribales, no salvajes, selvas, pirámides, arena y el tipo se siente el cazador que parte hacia el Monte Mutia en busca de marfil, un tipo que va a llevar espejos para la mejora del comercio internacional, las relaciones y las superestructuras.<br />
El mundo dicen que es un lugar complejo. Un brujo de Oriente puede afirmar que lo invisible es tranquilo, en Occidente lo invisible no existe puesto que no tiene cuota de &#8220;share&#8221;, sin audiencia no eres nada &mdash;ni siquiera un programa sobre espectros&mdash;.<br />
Por lo tanto, se aconseja una silla confortable ya que los viajes son muy cansados &mdash;puesto que en treinta segundos puedes haber pasado del Amazonas a la cuenca del Rhin.<br />
Y es que en Occidente perdemos el viaje espiritual por las bebidas espirituosas. Ya no peregrinamos hacia las Fuentes del Nilo, las tenemos embotelladitas al alcance de la mano, del mando de la tele. Uno debe sentirse al abrir la nevera igual que Admunsen al descubrir el Polo. <br />
Por ahora, para paradoja anuncian el &#8220;Turismo de Aventura&#8221;, bromas de la lengua o de la legua casera. &#8220;No sabemos hasta donde puede llegar el hombre&#8221;, rezaba un anuncio, los turistas como aventureros, el ideal de Occidente.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-02-02T07:28:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:45:42Z</updated>
		<title type="html">Sex Poem Poetry</title>
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		<category term="Poesía" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Uno sabe que un poema puede resolverse con los labios, tal vez entre los muslos, lejos de la prosa, de la cama, perfecta, vivo en el cerebro. La voz es importante, el tono imprescindible, la ropa innecesaria.<br />
Un poema al aire libre es renacentista: la rosa de la que hablan los poetas, en los parques, en los jardines, donde la necesidad de ser en otro, va sudada buscando su aroma en ese instante, por su doble, el aroma que ella ofrece para el que la imaginaron.<br />
Un poema en los ascensores recuerda que los futuristas con criaturas cuyo sexo se eleva por motrices mecanismos.<br />
Un poema puro nunca puede hacer un striptease.<br />
Un poema sentado frente a la tele no, si no es porque los videos nos hacen diferentes y capaces. <br />
Un poema se &#8220;ivagina&#8221;, cosa de &#8220;sementica&#8221;.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-01-25T20:46:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:45:59Z</updated>
		<title type="html">Acentos</title>
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		<category term="Lengua" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Estoy marginado, al borde del margen: es la verdad. Estudio una lengua incomprensible: soy neoyorkino y vivo sin acentos. Los acentos son una carga de tinta innecesaria. Estoy marginando: no ignoro que hay una diferencia sustancial entre lo escrito y lo que se habla. Entonces, no hay que distinguir entre dos. Porque en lo diferente vemos lo que en la norma hacemos.<br />
Un acento supone en mi lengua un tono y un tono en la suya supone un esfuerzo, una carga.<br />
De ese modo, para que me leyeran, no tuve que teclear esa diagonal figura que nos sirve de frontera. Si la lengua de Cervantes es un acento irreductible, para el norteamericano existe solamente como un grito por encima de cualquiera, una forma de hacerse notar.<br />
Dejemos aquello de: &#8220;una lengua, una espada y un imperio&#8221;.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-01-20T00:03:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:46:19Z</updated>
		<title type="html">La rana que quiso ser soprano</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2006-01-20:77c262b7562572606450a68115f67ab6/0812235231683226bce14cb979c86faa</id>
		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>La vida en las charcas no suele ser muy divertida. Aquí nadie viene a admirarte, como a las criaturas de los acuarios, aquí nadie te presta atención &mdash;a no ser que sepas frances y te dejes la piel cada día trabajando en los comederos de lujo de la gran ciudad&mdash;.<br />
Los renacuajos suelen dedicarse a la natación sincronizada: algunos, los Weismuller son espléndidos, llegan a nadar tan rápido como aquellos tipos del cine mudo que corrían el callejero de su ciudad en dos tomas, y el sapo, el sapo es pesado hasta la reproducción, no hace más que lo que puede hacer un sapo: confortarse a si mismo, presumir de una proóstata brillante y sacudirse las moscas de vez en cuando.<br />
Y es que si no tienes vocacion acuática, una charca no es lo tuyo: igual que un beduino que odie el desierto. La naturaleza es sabia: te dice que te muevas, que no te estanques, que todo es rapidez pues todo es efímero.<br />
O cambias o te aclimatas: o evolucionas o estás jodido.<br />
Y es que nosotras no tenemos el cartel que tienen las pulgas en las pistas circenses.<br />
Pero el cante, el cante me hace inmortal, y se nos ha dotado para esto, nos sumerge en un aura dorada, nos sentimos como el Buda, hay chispas, aclamaciones, pedidos&#8230;todo crepita a tu alrededor&#8230;y lo mejor: puedes sentarte a cualquier mesa, donde eres lo principal, la envidia, la comidilla de cualquiera. Y es que tener un físico ayuda. Todo es natural.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2006-01-12T03:32:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:46:32Z</updated>
		<title type="html">La Ventaja</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>La Ventaja, con el cansancio de quien se sabe poseedora de una cualidad magnífica e imbatible, decidió salir en busca de la Razón para preguntarle que era lo que le faltaba a ella para parecerse como una cualidad impresionante, ya que lo de ser magnífica no la tenía en absoluto satisfecha.<br />
Entonces la Ventaja abandonó su hogar, compró un mapa que condujera directamente hacia la Razón, puesto que hay tantos caminos que presuntamente se indican como itinerarios y que en realidad no son más que desvíos, y con calma &mdash;sabedora de que el tiempo era suyo y de que más tarde o más temprano encontraría a la Razón, para parecerse a Ella&mdash; se dijo que &#8220;lo perfecto no puede estar demasiado lejos, aunque tampoco estuvo demasiado cerca&#8221;.<br />
Sin embargo, la Ventaja, hacía el camino con su amiga la Impaciencia, que aunque nunca tuvo en su boca más de una pregunta, no hacía otra cosa que anotar en su cuaderno de viaje serias cuestiones sobre cada una de las criaturas y de las circunstancias del camino. Su amiga la Impaciencia a punto estuvo de abandonar el viaje en más de una ocasión, pero no podía decidirse por otra ruta, ya que esta la habían discutido con suma exactitud y &#8220;sin temor a equivocación alguna&#8221;, segun la Ventaja. Pero la Ventaja &#8220;no era perfecta, verosímil, creíble, genial, sofisticada, culta, especial&#8221;...o eso al menos fue lo que dijo su amiga.<br />
Fue entonces cuando la Impaciencia, avergonzada, se dio cuenta de que todo el mundo la estaba mirando. Quizas el ser algo inquieta estaba molestando a las personas que estaban hablando con la Razón en aquel preciso momento. Al fin habían llegado.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-02-24T02:25:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:46:47Z</updated>
		<title type="html">Reprimenda de Dios</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Moral-y-Religion" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>&#8220;Don Raúl Pérez Cobo, cierre usted la boca, no sea polemista, no trinche el pavo por donde le escuece. La verdad es muy fea y es difícil maquillarla, y usted no es un esteticista de peluquería, sino de filología. ¿Dónde aprendió usted a decir cosas así, tan maleducadas, tan ordinarias, tan vergonzantes? Nos saca usted los colores purpúreos del Calvario cada vez que se pone a escribir, ¿no será que su ideología se está ruborizando? ¿No será que es usted más rojo que el Vino Santo del Santo Cristo? Parece usted un iconoclasta, un plasta marxista, y yo soy alérgico a los librepensantes&#8230; </p>
	<p>Usted me violenta los oídos, y los ojos, cuando le leo: ¿es que no sabe que las palabras referidas al cuerpo humano me son insultantes? ...Reconocería que tiene buenos juegos literarios, pero el abuso de las licencias poéticas lo hacen a uno &#8220;licencioso&#8221;, y eso no es aconsejable para la moral común del universo eclesial. Ya están bastante corruptos, todos, menos los Santos Incorruptos&#8230; y usted, mostrándose más tolerante, debe dejarlos ser aquello que quieran ser &#8211; o &#8220;inquisidores&#8221; o &#8220;maricones&#8221;... pero no les diga las cosillas que les duelen, que luego me llegan a mi con el cuento de que Yo soy el Máximo responsable, el Creador, el Gerente del mundo, y me presionan para que adelante el Juicio Final para los que son como usted, y Yo ya tengo bastante trabajo con las Canonizaciones, y la propaganda electoral de Semana Santa&#8230; una agenda muy muy estresante, no doy abasto a estar en todos sitios. Entiéndame.<br />
Usted acusa a los míos de que se molestan porque &#8220;los hombres se amen&#8221;, y&#8230; joder, lo dice usted usando mis Sagradas Palabras fuera de contexto, y eso significa que está usted faltanto a un Mandamiento, y los Mandamientos son la ley, así que usted está pecando. He leído en alguna parte que esto no es &#8220;libertad de expresión&#8221;, sino &#8220;libertinaje de expresión&#8221;, ah, y eso es otra cosa. El Diccionario tiene muchas palabras: no escoja usted las mías, que ya tienen copyright. Ni tampoco elija usted las que no son gratas a mi pura moral impuesta: no escriba pene, y no escriba culo, ni escriba ano, ni Vatic-ano, porque los creyentes míos tienen &#8220;trasero&#8221;, y pene mejor no recordarles que alguna vez lo tuvieron o que lo tuvieron muy cerca de un ano amigo&#8230; Estas cosas hieren a los sanísimos de mente que me adoran como fans encarnizados.</p>
	<p>Sr. Pérez Cobo, respeto: los procesos mentales de la Iglesia son lentos, pero avanzan microscópicamente hacia alguna parte muy cercana a la inmoralidad; con un poco de paciencia, verá usted cómo palabras sucias de las que usted escribe serán el discurso parroquial dentro de algunos milenios, y mis curitas liberados serán capaces de articularlas sin ruborizarse delante de sus fieles, de sus esposas, de sus esposos.</p>
	<p>Ya verá, no sea impaciente. Le dije lo mismo a Galileo Galilei y el buen hombre tomó la sana decisión de retractarse a tiempo&#8230;&#8221;.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-02-17T20:48:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:47:06Z</updated>
		<title type="html">Guerras</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Conflictosbelicos" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Unos dirán que es mejor tener un palmo de narices y otros que un palmo de terreno. Las narices, obviamente, para meterlas en todo, y el terreno para que no se te olvide que tiene narices. Porque lo que más narices tiene en esta vida es un terreno, sobre todo o bajo el sol. Porque bajo el sol un euro vale lo mismo que una peseta: una mierda, con sudor. En fin, que en ambos, lo mejor sería tener no un palmo, sino una gran extensión.<br />
Parece ser que del par tiene Mr “Bean” Laden de sobra. Los aparatos de película que tienen los americanos no sirven ni para el cine: encuentran menos que una solución nuestros políticos. Aunque no hay que perder la calma en las playas de poniente, habrá que tener cuidado de no ver al jeque poniendo al litoral almeriense en jaque, con el reparto de fotos que los aviones de la CIA nos tiran desde Cabo de Gata hasta Roquetas de Mar. A más de uno, ligón bronceado, moreno y con barba de pelo en pecho hispánica, le veo salir corriendo, en el telediario, con el bañador puesto de gorra del capitán “Custó”, ante el acoso de las fuerzas del orden.<br />
¿Y si el Laden, tan amigo de las cuevas, le da por comprarse una en el Albaicín y ni nos enteramos? ¿No recuerdan que dijo algo de Al-Andalus? Es muy capaz de cavar un túnel desde las cuevas de Tora-Bora hasta el mismo sacromonte y llevar allí más de una hora confundido con los gitanillos y creyéndose donde Mahoma.<br />
Uno ya no puede irse tranquilo por la alhambra, por si las bombas. Por si a los americanos, que aún no saben ni dónde queda España en el mapamundi, nos confunden el edificio con una sede de Al-Caeda esa o lo que queda, y nos hunden la obra y el turismo. No hay que fiarse ni de Andy Warhol, quien dijo que “cada uno disfruta, tiene o se merece quince minutos de fama en su vida”.<br />
Y en la tele todos quieran ser famosos. Lo único que les falta es un campito para que a su lomo se le achante la nariz o el rostro con el que suelen trabajar. Famosos: Bin Laden, el president for USA, los militares&#8230; con tanta gente los campos patrios estarían tan bien como lo están los colombianos. En fin, que haríamos negocio, metiendo las narices. Yo, les doy mi palmo de terreno.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-02-10T19:14:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:47:27Z</updated>
		<title type="html">Ben-hur</title>
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		<category term="Televisión" />
		<category term="Cine" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>La Navidad ha perdido su espíritu desde que no ponen “Ben-Hur” en la tele, ni “Quo-Vadis”, ni “Espartaco”, ni “Los Diez Mandamientos”, ni “La historia más grande jamás contada”. Porque la Navidad era el tiempo de los romanos, y Roma sitiaba “Programación Televisiva”, como una vez sitió Judea, y “Semana Santa”.</p>
	<p>Charlton Heston era el espíritu navideño, incluso más que Papá Noel, y los Reyes Magos. Uno encendía aquel chisme, que había sido estúpido durante trescientoscuarentaycinco días, y podía sentir el milagro de la Navidad.</p>
	<p>¿Cómo puede uno sentir la Navidad con los telemaratones? ¿Con las galas de presentadores imbéciles que cada día del año pueblan la sobremesa? ¿Con los pezones postizos de Ana Obregón, y la sonrisa Profident de Andoni Ferreño? Si al menos se les viese comer polvorones y mazapán&#8230;<br />
Querido Dios: los mortales también necesitamos a James Stuart, con su “Qué bello es vivir”, para determinar que en algún sitio, aunque sea solo en el celuloide, existe la Utopía. Es una cuestión filosófica.</p>
	<p>Hay quien piensa que esta necesidad del mundo de repetir uno y otro año las superproducciones de Holywood delata una deplorable falta de Fe, pues se reconoce en el televisivo que necesita recordar la vieja historia bíblica, como si los tiempos de la catequesis no hubiesen existido nunca, para revivir el sentimiento cristiano. Douglas, Stuart y Heston, los grandes héroes de la Navidad cristiana, han superado a Jesucristo en audiencia: en Ben-Hur, incluso, nuestro “Niño-Dios”, tenía un papel secundario, y esto no parece gustar a los magnates del “merchandising” cristiano: el Papa y su corte.</p>
	<p>Ellos piensan que estas superproducciones trivializan el asunto, como si las procesiones millonarias no hiciesen ya lo suyo por la idolatría. Y desde “La última tentación de Cristo”, aquella “última” revisión del mito cristiano, tan criticada, prohibida y excomulgada, parecen haber sellado las bocas televisivas. Habrán visto el mal en el technicolor.</p>
	<p>La Fe se ha sentido mal-tratada, en y por el cine. Cuando Lew Wallace, el autor de la novela de Ben-Hur, se enfrentó, allá por 1890, a la primera representación de su obra en el teatro, insistió en que Jesús no fuese personificado. Probablemente,  era porque temía que le robase el protagonismo a su héroe, pero lo más probable es que el mismo Lew Wallace no tuviese Fe. Parece increíble que después de todo, Ben-Hur sea reivindicado como el Dios navideño. Esto sólo demuestra que, inevitablemente para algunos, la Navidad no tiene nada que ver con el cristianismo, y que celebrar cristianamente la Navidad es como crear una para-Navidad al margen de los profanos árboles de luz, los renos y el trineo de marca americana, y los Reyes Magos, que este año esperan junto al cajero, con un convertidor en el bolsillo.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-02-03T06:25:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:47:38Z</updated>
		<title type="html">Había una vez un circo</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Todos los animales necesitan un destino, o un trabajo: no se van a tirar el día en la selva a verlas venir, a esperar que se les caiga una manzana gravitatoria o a darle un bocadito hambriento al que está junto a ellos. Es así como se han inventado los circos. La función de los circos no es otra que regularizar la situación de los animales en la ciudad, en las ciudades por las que pasan, en las ciudades en las que viven. Los mejores empleos para un animal están en los circos. </p>
	<p>También los animales que pretenden redimirse de sus crímenes se enrolan en un circo para controlar sus costumbres asesinas: son los depredadores &mdash;aunque tal vez su verdadera intención sea camuflarse bajo la piel de cordero del arrepentimiento&mdash;, son los arrepentidos que tienen tras de sí sangre y las huellas de asuntos sucios. “Alguna vez ese tigre ha comido a un hombre; y le ha gustado tanto su carne, que es capaz de pasar hambre acechando días enteros a un cazador, para saltar sobre él y devorarlo, roncando de satisfacción. En todos los lugares donde se sabe que hay un tigre cebado, el terror se apodera de las gentes, porque la terrible fiera abandona entonces el bosque y sus guaridas para rondar cerca del hombre. En los pueblitos aislados dentro de la selva, durante el día mismo, los  hoombres no se atreven a internarse mucho en el monte. Y cuando comienza a oscurecer, cierran todos, trancando bien las puertas”.<br />
Pues este tigre ingresó voluntariamente en un circo y este circo vino a la ciudad. La ciudad le gustó tanto que decidió quedarse. Todo el mundo admiraba la piel del tigre. Era un tigre de Siberia, blanco como la estepa de donde provenía. Todo el mundo admiraba su elegancia, la elegancia de la muerte, la elegancia con que podía matar. Con el tiempo decidieron dejarle salir de su jaula, cuando el circo se marchó, y se le podía ver paseándose tranquilamente por las calles de la ciudad. Por buen comportamiento la ciudad había concedido una pensión vitalicia de quince kilos de verduras diárias. Este plan dietético había sido ideado por los sicólogos veterinarios que habían dado su visto bueno a la incorporación del tigre a la sociedad, en un intento porque olvidara sus hábitos cárnicos. </p>
	<p>Pero los cazadores humanos también necesitarían una institución que les protegiese de sus instintos. Ellos consideraban una ofensa a su gremio que un asesino como aquel pudiera libremente cruzarse con ellos y darles los buenos días “como si aquello fuera natural”. “Aquella idea no desterró de su corazón toda noción de clemencia y de perdón, sino que la transformó en arte infernal, convirtiéndolas en aguijones que le estimulaban más aún, cambiando el agua en sangre&#8230;” Y la idea se convirtió en un proyectil que esperaba ser disparado. Entonces decidieron enseñar al tigre cómo se manejaba una escopeta, un arma de fuego. Y el tigre aprendió. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-01-20T19:38:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:47:57Z</updated>
		<title type="html">&quot;Burrocracia&quot;</title>
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		<category term="Critica-social" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Las oficinas de los ayuntamientos son el asilo político para muchos burócratas inútiles. Dónde nacen y dónde mueren es un enigma, pero dónde viven o de qué viven es un enigma sencillo: si existen oposiciones para dar plaza a estos restos del paleolítico es porque los políticos son muy aficionados a la arqueología. Estos trabajadores del régimen no saben informática, ni mecanografía, ni ortografía, ni un idioma universal, ni un idioma nacional. Están ahí. Simplemente están. Como si el ayuntamiento fuese a hundirse al irse uno de ellos, como si sostuviesen cuidadosamente todo el andamiaje de ineficacia del cabildo, y sostener eso debe ser un trabajo.</p>
	<p>Pero hay que quejarse. Uno no puede llevar un problema a una oficina y volver a casa con el mismo problema en el bolsillo, porque ese problema se ríe de nosotros con su risa de papel, diciendo: “¿Qué te creías tú? Yo tengo amigos, ¿sabes?”. Somos nosotros los que pagamos los impuestos, no esos problemas que nunca se resuelven, así que deberíamos pedir a los burócratas que nos ayudasen a nosotros y no a los problemas. Y a veces es más difícil mejorar un problema que solucionarlo: en estos casos la tímida lucidez del burócrata se siente estimulada de tal forma, que su código de honor le empuja inexorablemente a intentar superarse en su tarea de poner obstáculos al paisano. Entonces ocurrirá que el papel que éste traía ya no se “soluciona” aquí, sino más allá, en otra parte, en otro rincón del cosmos: para el burócrata siempre es más fácil ofrecer un obstáculo físico, como la distancia, que un obstáculo de ingenio; el motivo: el sedentarismo les ha hecho apreciar tanto las sillas que el sólo pensamiento de abandonarlas les causa una repulsión natural. Por eso, cuando nos dicen: “Aquí no es; vaya a la oficina del catastro”, nos están infligiendo el peor y más cruel de los castigos según su sistema de valoración. </p>
	<p>Además, el ingenio se les atrofia en el proceso de poner sellos de tinta: cada vez que un burócrata pone un sello de tinta – acto que no requiere la más mínima preparación o concentración- tiene una oportunidad para recrearse en pensamientos como: “en España nadie usa sombrero, ¿por qué?”. Y pensamientos así cada mañana pueden acabar rápidamente con  el ingenio de un burócrata que automatiza cada día un poco más su tarea, de forma que cada día tiene más minutos que perder en pensamientos extravagantes. </p>
	<p>Pero ustedes piensen en el papel. Sin este tipo de burócrata ineficaz su vida sería muy monótona: si estudiásemos el itinerario de un documento desde que llega a manos de un burócrata hasta que se archiva (el equivalente a su defunción) sería una historia más interesante que Los Viajes de Gulliver. Ellos hacen que un documento se sienta como Indiana Jones en un Camel Trophy. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-01-14T00:55:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:48:18Z</updated>
		<title type="html">Silencio, por favor</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>El silencio es un reclamo turístico, quién lo diría. Se han construido hoteles dentro de su lenta y resonante perspectiva, con buenas vistas al cielo, que siempre parece querer estar callado; con buenas vistas a la montaña, que aún no ha aprendido el lenguaje de los inútiles, solo el lenguaje milenario de las piedras.</p>
	<p>Dicen que si escuchas un solo latido de otro cliente que no seas tú mismo o tu sorpresa de hallarte por primera vez en silencio, te devuelven todo lo que pagaste, y sin preguntas. Y los recepcionistas lucen una sonrisa idiota, pero callada. Te dan la bienvenida al silencio, y un mapa para que no puedas perderte donde los ruidos se pierden. </p>
	<p>El hombre que huye del ruido se detiene por primera vez en su vida a escuchar el eco. Conoce el eco por primera vez. El eco le sorprende: es imposible que una débil voz pueda golpear a las cosas y derribar los tímpanos tantas veces con su sonido, morirse tantas veces en un espacio tan grande, como si fuese imposible morir de un solo disparo, y esa voz hubiese matado a la bala que la golpea, con una respuesta. Ese hombre escucha su voz, y siente que alguien como él está respondiendo en alguna parte del mundo. Alguien tiene una voz como la suya; ya no tiene motivos para sentirse solo. Puede que se sienta vacío, con su voz moribunda en el paisaje, pero no solo. Puede que ahora esté preparado para entender que una palabra vale lo suficiente como para tener eco, y eso le bastará para cuidar mejor su lenguaje. Incluso verá posible que exista un lugar en su interior donde las palabras resuenan con un eco aún más verdadero que en ese hotel que está pagando con su voz.</p>
	<p>Este hombre piensa mejor en silencio, y al silencio le gusta ver los pensamientos estúpidos que tienen los hombres: algunos se horrorizan de que su voz no sea escuchada por nadie, se horrorizan de haber pagado algo que sí existe, y deciden combatir el silencio con palabras tan torpes que el eco se averguenza de repetirlas. Otros, sin embargo, llenan sus pulmones con todos las voces que les agotan, y las deja huir despavoridas, en forma de grito, y estas voces chocan con todo el paisaje, y eso es el eco. La montaña aún no se ha quejado de que estas voces la golpeen en su espalda de roca. Será porque a ella le gusta ver morir estos gritos humanos entre sus dedos de piedra, mientras los estrangula. En cualquier caso, el silencio vuelve a su casa (los oídos del hombre) como único vencedor. Piensa: “Al fin, ruído, luchas en mi terreno. Aquí puedo vencerte”. Y es el único sitio donde el silencio puede vencer.</p>
	<p>Por esto, no es extraño que las compañías hoteleras vendan trozos de paisaje donde aún habita el silecio: “escuchar al hombre es la tarea más penosa que he tenido”, dijo una vez una oreja. Su dueño era un hombre inteligente, que había pintado el eco del paisaje y el agradable tumulto del silencio haciendo callar al mundo para que él pudiese pintarlo hermoso. Este hombre comprendió enseguida las razones de su oreja, pues siempre le pareció razonable cualquier opinión razonable con respecto al hombre. Podría decirse que se apiadó de su oreja. Le dijo: “Amiga oreja, no puedo negarme a tus razones. Has sido leal conmigo todo el tiempo. Me has permitido oír la estupidez del hombre hasta sus últimas consecuencias. No puedo decir lo mismo de mis ojos (quienes siempre pintaron un mundo con colores buenos para cualquier hombre). Por lo tanto, escucha: voy a liberarte&#8230;”. Estas últimas palabras fueron las únicas sensatas que esta oreja había escuchado en su vida. Eso fue justo antes de que Van Gogh se la cortara.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2005-01-06T09:19:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:48:36Z</updated>
		<title type="html">&quot;Violentia'</title>
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		<category term="Critica-social" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Dicen que la violencia está “disparándose”, lo cual quiere decir que la violencia, además de ser violenta, es suicida. Y deben estar en lo cierto, porque hoy la violencia es un ser desvalido que lucha contra la nada. </p>
	<p>Digamos que la violencia es el estado natural de los seres vivos: un mecanismo para la supervivencia, e incluso para la procreación. El ser carnívoro es violento, a pesar de que la caza moderna se reduzca a la “compra en el supermercado”; y los molares de cualquier hombre se deleitan con una chuleta del cordero más inocente. Pero este tipo de violencia es sana; o lo fue, en algún momento de la historia, cuando el hombre podía matar a un animal y ser muerto por él. La muerte entonces era una casualidad de equilibrio entre dos fuerzas. Cada uno luchaba contra los genes y las características de adaptación de otros, y esto era una lucha leal y justa. El hombre iba a la caza con su tribu, y podía darse por satisfecho si volvía con su estómago vacío, e intacto. La violencia, entonces, estaba justificada, y no era reprochable. </p>
	<p>El problema del hombre es que tiene un cerebro desarrollado, en el que cosas como la violencia toman nuevas perspectivas con el paso de los siglos. Este cerebro almacena información, pero nunca parece formatear el disco duro, ni desechar sentimientos que ya no le son útiles: aún hoy seguimos temiendo caer de los árboles mientras dormimos. </p>
	<p>La violencia comenzó a peder su sentido cuando el hombre combatió por primera vez con el estómago lleno. Por eso, me parece muy respetable el caso de los caníbales: ese es el proceso natural de todo ser, morir para alimentar con su carne, y prefiero morir en la olla de un caníbal, que en la navaja de un adolescente adicto al crack.<br />
Aún más absurdo fue cuando la violencia fue practicada por los fuertes y contra los débiles. El pez grande se comió al chico, y en vez de lamentar el despreciable hecho de haber devorado a un ser débil, eructó. </p>
	<p>Y hoy, la violencia nos preocupa tanto porque ya no tiene sentido. Incluso la violencia está preocupada por ello, mientras ve cómo los niños matan en la escuela. Justo cuando la violencia es más preocupante, yo vengo a decir que hay que darle un nuevo sentido para que pueda existir con el hombre sin hacer daño a su sociedad, sino mejorándola. La violencia debe modernizarse y cultivarse, para que no ataque con puños, sino con diccionarios, para que no golpee con porras ni balas, sino con poemas, y no haga moratones, sino “moratines”, y no haga fuertes, si no son Glorias Fuertes, y no se atrinchere más que en un libro. Y el pez pequeño insultará al grande con un alegato panfletario desde el estómago, de una violencia tal, que éste tendrá gastritis crónica&#8230; Y en vez de decir “la violencia es una mierda”, diremos que “la violencia es una Kafka absurda”, y entonces la habremos salvado de ese disparo suicida&#8230; y entonces nos habremos salvado.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-12-30T06:18:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:48:43Z</updated>
		<title type="html">Gato con Botas</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Hubo un hombre que tenía tres hijos, y tres hijos que tenían un padre. Cada hijo hacía sus cuentas y pensaba que su tercio de padre no era suficiente para componer un padre entero. Y el padre hacía sus cuentas y pensaba que si uno es a tres, por qué tantos son a uno. La matemática fue siempre imperfecta en asuntos de amor y de hambre.<br />
Las reglas de tres siempre beneficiaron a dos, y uno siempre acababa heredando un gato, que insistía en llevar botas, y algunas veces sombrero. Y este gato no sabía matemáticas, solo la suficiente agudeza para notar que un rey tenía una hija hermosa, y que él tenía un amo que podía satisfacer a esa hija, darle un hogar, pero un hogar con chimenea, que era lo que el gato quería. Él solo quería tener un cojín al lado de la chimenea, para oír el invierno pasar junto a la ventana, y decirle adiós agitando su sombrero, donde guardaba la poca inteligencia que había robado al hombre.<br />
Cuando le dijo a aquel muchacho que quería un par de botas y un sombrero, no pudo evitar sonreírse, o al menos, sonreírse más su sonrisa de gato. “Era solo una excentricidad”, se decía, “a veces uno necesita sentirse humano para hacer el tonto”. Y el muchacho le dio un sombrero, y unas botas, y lo vio vestirse de humano y si alguien le hubiese dado la oportunidad, le hubiese dicho que él quería disfrazarse de gato también. <br />
El resto de la historia ya la conocen. Sin saber ni cómo, ese gato con botas acabó devorando a un gigante, y eso fue porque el gigante jamás pensó que un gato que llevase botas pudiese hacer nada inteligente o nada sensato o nada tan sensato como devorarle. Una vez en su estómago hubo de admitir que las botas daban cierta apostura a ese bicho como de tener los “pies en el suelo” – él, que sólo tenía unas pobres uñas retráctiles, en nada parecidas a los pulgares oponibles.<br />
Lo cierto es que el gato tuvo su chimenea, se chamuscó la cola en ella en incontables ocasiones, vio al invierno pasar tras la ventana, y le dijo adiós con su sombrero. Fue un gato feliz, hasta donde le alcanza la memoria, aunque sufrió aquejado del estómago todas sus siete vidas de gato, pues tardó décadas en digerir a aquel gigante. Él solía decir, refiriéndose a su hazaña: “en verdad me puse las botas aquella vez en que devoré a todo un gigante&#8230;”.<br />
En cuanto al joven marqués, fue feliz durante algún tiempo con aquella princesita. También vio pasar el invierno ante su ventana. Se sentaba en su sillón junto a la chimenea, y acariciaba las orejas de su gato, después de lustrarle las botas.<br />
Cuando le llegó la hora de morir, reunió a sus tres hijos. Al primero le dio las tierras que rodeaban el castillo; al segundo le dio el castillo que rodeaba a las tierras; y al tercero, que ya comenzaba a recelar de la injusticia de la matemática imperfecta, y se veía en el río fingiendo ahogarse mientras un gato ridículo con botas pataleaba y maullaba como un sabio que se quema el bigote con una pipa, lo miró, le agarró la mano, le dibujó una sonrisa que podría haber sido una sonrisa feliz si no hubiese sido la sonrisa de la muerte, que ya venía a buscar su sonrisa&#8230; y al fin&#8230; le cedió los derechos de su historia. <br />
Colorín colorado.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-12-23T20:49:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:49:01Z</updated>
		<title type="html">Sombreros</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Cuando un hombre toma un sombrero sobre su cabeza podría decirse que todos sus pensamientos construyen una casa bajo él. Puede que ese hombre piense mejor a partir de ahora, pues el sombrero evita que sus ideas huyan volando como los pájaros huyen de sus alas al ver que han perdido los pocos dedos que tenían.</p>
	<p>Según algunos estudios científicos, si un hombre desea tener los pies calientes ha de colocarse enseguida un sombrero, no sobre los pies, sino sobre la cabeza, pues así calentará la sangre que ha de bajar hasta sus pies helados.<br />
Seguramente, también es un buen remedio contra el olvido. Conocí a un hombre que usaba un sombrero sólo aquél día en que debiese hacer algo importante que no convenía olvidar. La presión del sombrero sobre su cabeza le recordaba constantemente una cita ineludible, y cuando al llegar a su oficina dejaba el sombrero en la percha, la preocupación constante de no olvidarlo allí le hacía recordar una y otra vez el mismo asunto.<br />
Pero supongamos que no es el hombre el que lleva al sombrero, sino que es el sombrero el que saca a pasear al hombre. </p>
	<p>Puede que al principio de su vida, un sombrero acoja nuestras ideas en su hueco oscuro y llegue a convertirse en un buen amigo de ellas: las arropará en invierno, y evitará que se mojen, que “se conviertan en papel mojado”, las protegerá del viento para que no se confundan, como las hojas secas en otoño. Pero algún día ese sombrero mirará a las ideas que le habitan, como criaturas perezosas, y creerá que nuestras ideas son SUS ideas. Y lo creerá con tanta fuerza, que al final esas ideas acabarán creyéndolo también, pues los sombreros son oradores prodigiosos: dicen que muchos silencios son más expresivos que un discurso; los sombreros son grandes silenciosos, y hemos de admitir que su silencio es bastante convincente. </p>
	<p>Así pues, ese hombre del sombrero estará perdido: se le habrán acabado las ideas. Y cuando tema haber perdido algo que antes sentía dentro de sí, su sombrero le hará llegar desde su vacío una de sus ideas para que el hombre siga engañado. Este hombre dirá entonces: “Ha sido una buena idea comprarme este sombrero”. Y esa es la idea de su sombrero.
 Muchos sombreros piensan por los hombres. Por este motivo, hay que tener mucho cuidado en la elección de un sombrero: a todos nos ponen uno, pero cada cual lo doma  &#8211; o se deja domar por él &#8211; como puede. </p>
	<p>Siempre que se habla de sombreros, conviene recordar el pasaje de “El Principito” en que se discutía sobre la verdad de un dibujo infantil que representaba a una boa digiriendo a un elefante. Puede ser que no fuese una boa. Puede ser que no fuese un elefante. Pero lo que sí era, a ciencia cierta, es un sombrero devorando a un elefante. Y si un sombrero es capaz de tragarse a un elefante, entonces también es capaz de tragarse a una boa; lo cual querrá decir que el sombrero, no sólo podría haber devorado al elefante, sino que también devoró a la boa que digería al elefante. Esto es peor: con sombreros como ése por el mundo, qué elefante se atreve a ir por la selva. Y qué boa, díganme. Para un elefante, morir en el estómago de una boa puede ser algo penoso, pero morir dentro de dos estómagos – el de la serpiente, y el del sombrero – romperá todas las reglas del decoro natural. Este elefante, sin duda, se morirá de vergüenza.</p>
	<p>Y qué me dicen de la astronomía. ¿No han advertido que nuestra galaxia se parece alarmantemente a un bombín? ¿Que los platillos volantes parecen pamelas? ¿Que los agujeros negros son un sombrero hacia arriba, y que los anillos de Saturno dibujan la forma de un sombrero? ¿Qué pasará con toda nuestra filosofía si de repente descubrimos que a Dios le gustaban los sombreros, y que hizo el mundo “a imagen y semejanza” de su sombrero? ¿Qué pasará si descubrimos que Dios ERA su sombrero?</p>
	<p>Algunos “nos hemos quitado el sombrero” ante los que nos enseñaron la capacidad manipuladora de los sombreros, y jamás nos lo hemos vuelto a poner. Otros, que siguen con su sombrero calado hasta las orejas, me miran y se ríen pensando que debo tener los pies muy fríos. O que mis ideas van volando como un enjambre de avispas sobre mí. Tal vez tengan su parte de razón. En cualquier caso, las avispas s&oacute;lo atacan al que las provoca, y yo me cuido mucho de no provocar a mis propias ideas porque soy más consciente que nadie de su veneno.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-12-16T03:51:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:50:05Z</updated>
		<title type="html">Trampas ACME</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Televisión" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Sólo el que desea morir es incapaz de hacerlo, y por tanto, concluyo que la suerte del Correcaminus Velocisímus le ha hecho inmortal. Se entristece cada vez que ve marcharse, a 350 kilómetros hora, a la muerte, pues la muerte corre más aprisa que él. Entonces, el Correcaminos, que quiere pedirle a la muerte “una buena muerte”, se echa a correr como una locomotora, justo en el instante en el que un piano marca ACME que pende con una cuerda de una polea sobre una barra metálica entre dos desfiladeros bajo las garras del coyote con unas tijeras que cortan la cuerda, cae, y hace papilla al coyote. El piano, que tiene que matar a alguien (o eso pone en su guión), no va estrellarse por nada sobre el hueco que debería ocupar el Correcaminos; así que hace unas piruetas, y se deja caer amablemente sobre el coyote. Y el coyote acaba convertido en … (esto es el vacío) POFF.</p>
	<p>Lo que los dibujantes no mostrarían jamás es cómo el Correcaminos pide disculpas a su amigo, el coyote, y a lo que queda del piano. Y el coyote le dice: “no vuelvas a hacerlo, o acabarás matándome a mí” (y el coyote, cuya mala suerte y su cabeza dura le han hecho inmortal, sí es mortal; sufre en su cuerpo toda la suerte del Correcaminos).<br />
Contaré la historia del coyote y el Correcaminos. Se conocieron cuando uno era un coyotito al que le encantaban los petardos, y el otro un plumífero medio-huevo, que decidió echarse a correr. El coyote preparaba una broma con dinamita, en una carretera del desierto, y soñaba que alguien caía preso de su broma, cuando un ave se detuvo junto a su artefacto, y le dijo: “Beep, beep”; lo que solo podía significar: “Soy un ave de pies inquietos, pero tu astucia me ha hecho detenerme”.</p>
	<p>Entonces el coyote le contó su broma; el Correcaminos le escuchó, y al terminar le pregunta: “Beep, beep”, lo que sólo podía significar: “¿Qué sentido tiene?”. El coyote se rascó la cabeza, pues hubiese sido difícil sacar un pensamiento de allí, y le dijo: “Te lo diré cuando te eche mi broma encima” (No sé si el Correcaminos llegó a oírle, pues ya atravesaba el horizonte). Todos los días el coyote esperó al pájaro con una trampa diferente, y cada vez más genial, pero nunca llegó a atraparle. A él no le importaba, pues sólo quería atrapar a aquel “Pájaro Veloz” para decirle: “Ya sé que sentido tiene, y no es atraparte, sino el placer de haber intentado atraparte alguna vez”, pues ése era el sentido que tenía entonces su vida.</p>
	<p>Alguna vez supo que jamás podría decírselo, pues el Correcaminos jamás volvería a detenerse, por este motivo, el coyote necesitó una idea, tuvo una idea (marca ACME), y fue la de colocar pancartas a lo largo de la carretera, que en 6 kilómetros podían formar la siguiente inscripción: “EL – SENTIDO &#8211; : &#8211; INTENTARLO”. Ése fue el día en que el Correcaminus Velocísimus se sentó un momento, sin dejar de mover las patas, junto al Coyote, para decirle: “Beep, coyote, Beep: el sentido de todo pájaro es volar, y yo no puedo volar; por lo tanto, no tengo ningún sentido; pero, si como dices, soy el sentido de tu vida, intentaré seguir viviendo hasta que ya no lo sea”.</p>
	<p>Y por una autopista de Colorado, en mitad del desierto, un coche avanzaba hacia la meta que planeó el coyote. Llegó a la meta, y le cayó una roca de 467 toneladas, que el coyote había lanzado una milla atrás con un artilugio de poleas, cables, palancas de metal, mechas que prendían petardos, y petardos que estallaban sobre catapultas (marca ACME). Cuando el coyote alcanzó a la víctima, y le presentó sus respetos, y le pidió disculpas por el accidente, y se quejó de que se hubiese entrometido en la broma que había preparado para el Correcaminus Velocísimus… la víctima se entusiasmó con la historia, ya que era un guionista de la Warner, un cazatalentos. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-12-09T07:20:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:50:18Z</updated>
		<title type="html">Vaya personaje - A Benjamín Pérez Cobo</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Quiero que sepan que el Doctor Frankestein no creó a su monstruo, sino que fue un monstruo quien creó al Doctor, y a Mary Shelley para que escribiera una historia sobre un doctor y un monstruo. A la literatura le gusta confundir a la gente. Lo mismo ocurre con Shakespeare: él jamás existió, y hoy se publican sus obras completas en tomos de lujo, para los buffetes de los abogados, ya que los abogados no tienen tiempo de leerlos, solo de ver que siguen allí, entre pleitos y plagios, y demandas, y dobles personalidades. El primero que dudó de él fue uno de sus personajes, Hamlet, que se preguntaba: “ser o no ser, esa es la cuestión”. Algunos críticos sostienen que Shakespeare no era más que el seudónimo de Marlowe, quien después de fingir su asesinato, huiría a Francia. </p>
	<p>Y Sherlock Holmes ha descubierto que Conan Doyle, su escritor, era un asesino. La Literatura está llena de delincuentes. Está llena de escritores que han perdido sus nombres, y de personajes que los han encontrado, o que los han robado a sus autores. Lo cierto es que en la Literatura solo importa el personaje, pues él es quien está dispuesto a perdurar. </p>
	<p>Tenemos a un Cid sin padre literario; un Beowulf (cómo van a saber quien es este tipo, si él ni siquiera lo sabe) huérfano; y luego están los escritores que se adueñan del nombre propio de “escritor”: grafólogos o falsificadores, escritores que entre las columnas de la Literatura, más ciegos que Sansón, no derribarían una buena frase de no ser porque no saben qué es una buena frase. </p>
	<p>¿A que aún les asiste el recuerdo de la cojera de John Silver el Largo, y no la pulmonía de Stevenson? ¿No se habrán olvidado de Avellaneda, que también fue un Quijote? ¿Y porqué se acuerdan más de la vieja puta Celestina que recomponía virgos una y dos veces y no de Fernando de Rojas, que los mandó escribir? </p>
	<p>Incluso en la Inglaterra, en los pubs del puerto, marinos juran que más de una noche vieran tomar copas en la misma mesa a Jekyll y Hyde. </p>
	<p>Por qué todo el mundo se acuerda de Wells, y nadie ha visto al hombre invisible. Y quién no ha ido de vacaciones alguna vez a Lilliput, o ha pedido nacionalizarse en la Ínsula Barataria, o hizo una consulta a Merlín, que aún poseía algo de magia, y no un gabinete telefónico de “a 3.000 euros el minuto”. Quien no ha estado alguna vez en la Conjura de los Necios, o en la Isla del Tesoro. Quién no se ha encontrado en el suelo del piso a una cucaracha que se llame Gregorio. Quién no ha salido al jardín y ha visto cómo crecía el Ent que le había plantado Tolkien. Quién no compartió un planeta con un Principito y una flor, y un sombrero que parecía un elefante, o una boa que se comía un sombrero, o una boa que se comía un elefante.</p>
 Quién no ha querido alguna vez Volar a Ras de Cielo, con un poemario en la mano, gracias Girondo, gracias Benjam&iacute;n, hermano.]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-12-02T07:30:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:50:35Z</updated>
		<title type="html">Peripecias del Miedo</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Sociedad" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Cuando el miedo se mira de frente tiene miedo hasta de sí mismo. Algunos días se hace el valiente, y se atreve a afeitarse – con una cuchilla poco eficaz porque le asustan los filos &#8211; delante de un espejo en el que teme ver a un hombre con cara de terror, que mira al Miedo mientras se afeita por la mañana. El Miedo no sabe si tiene más miedo de sentirse a sí mismo o de sentir que ya no tiene miedo (esto sería su muerte). Teme morir de un susto, y tiene cuidado en no doblar de forma inesperada una esquina y encontrarse en la Calle del Gato mirando una imagen de su miedo que es aún más deforme que su sombra.<br />
Se hace ver por un doctor que asegura no tener el suficiente miedo como para asustarse por sus pacientes. Escucha al Miedo tartamudear “tr…tre…treinta y trtres”, pues su voz le suena extrañamente suya, y parece que huyese de una garganta enferma, o que temiera haber nacido en la garganta de un ser abominable.<br />
El doctor siempre le ha dicho que nunca estará enfermo pues “la adrenalina actúa como un catalizador de las reacciones químicas de su cuerpo, y ayuda a su organismo a activarse frente al ataque de células contaminadas, virus o vacilos, activando la defensa general y revitalizando el sistema inmuno- ilógico…”. Esto lo dice porque le apena ver al Miedo tan asustado de sí mismo, cada semana en su consulta. Por extraño que parezca, el Miedo se reconforta cada vez que le oye, aunque realmente, podría decirse que no entiende una palabra. Pero, cuando sale de esta consulta, el Miedo se siente tan vacío, tan aburrido, que decide ir a la consulta de un psicólogo para curarse de su momentánea y saludable valentía. Necesita oír que está loco, que “presenta rasgos esquizofrénicos, asociados a una intensa y punzante fobia frente al mundo, frente a sí mismo”, para acabar oyendo: “¿Acaso es usted impotente?”. Le fascina esta capacidad de los psicólogos freudianos de asociar su miedo con sus genitales.<br />
Descubrió que si iba dos veces por semana al psicólogo en lugar a ir al doctor, se sentía dos veces asustado por su cuerpo, por su mente, e incluso por sus genitales.<br />
Una vez, el psicólogo se puso literario, y le recomendó leer un cuento infantil: “Juan Sin Miedo”; y el Miedo, parpadeando como las páginas de un libro, le preguntó: “¿Es esto una broma?”. El psicólogo, sonrió: “Amigo Miedo: nos enfrentamos a una ineludible cuestión metafísica sobre el motivo de su existencia y la existencia de todos sus motivos de miedo. Quiero decir que debe usted pensar en curarse, no en seguir enfermando, porque…¿cuál es el motivo de su existencia, Señor Miedo? Su trabajo consiste en asustar a la gente, no en asustarse a sí mismo con la gente. La gente está ahí para sentir miedo, y usted debe colaborar en lo posible, pues el Miedo es el motor de sus vidas. Debe leer “Juan Sin Miedo”. Comprenderá que usted forma parte de la existencia del hombre… Sus relaciones sexuales mejorarán”. Esto le dijo.<br />
Y el Miedo se fue a su casa. Cenó. Vió un rato la tele. Y leyó aquella historia, antes de dormirse. A la mañana siguiente le encontraron muerto, junto al libro, y una nota que decía: “He buscado mi miedo en la consulta de un doctor y en la de un psicólogo. Díganle al doctor que he muerto sano. Y al psicólogo, dénle las gracias de mi parte, pues he encontrado al fin mi miedo: “soy el motor de sus vidas”. Me asusta tanta responsabilidad…”</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-11-25T06:14:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:50:49Z</updated>
		<title type="html">Poder</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Una vez hubo un mono que, sintiéndose inteligente, decidió gobernar. Así que se acercó al León, que por aquél entonces era el Rey, y le dijo: “Me siento inteligente, y creo que lo más inteligente es dejar que mi inteligencia gobierne sobre tu valentía”. El León le miró sonriendo, y le dijo: “Adelante”, pero cada vez que el Mono decidía, el León iba a darle la enhorabuena con un zarpazo genial en su espalda de mono, que sólo estaba hecha para soportar un pobre cerebro de mono. Con el tiempo, al mono le costó decidirse por lo adecuado, y acabó prefiriendo el error, porque temía los zarpazos del antiguo rey, hasta tal punto que decidió relegar otra vez en él, comprendiendo que el poder nunca se nutre de ideas.<br />
Así ocurría en la Fábula de Monterroso, como en la propia existencia. El poder está tan falto de ideas que ya sólo es poder. El poder se ha hecho Mono – va haciendo el Mono por ahí – pero gobierna como un León, dando zarpazos en las doloridas espaldas de sus monos de feria.<br />
Si el hombre desciende del mono, entonces el poder, indudablemente, desciende del mono – es una ley darwiniana. Y el poder es una de esas casualidades naturales que producen la selección de las especies. Al poder le gusta seleccionar monos de escuela.<br />
La naturaleza hace nacer un mono, le anima a crecer, a convertirse en un Homo Habilis; y entonces el poder, que se vistió de Fuego en la antigüedad, le retrotrae a una nueva especie de mono horrible y devolucionado, un engendro que se pierde en el camino de una evolución desnaturalizada. El poder es así. Hay que aceptarlo, y comprenderlo. Es el Judío de Malta, un Macbeth, un John Silver. Es el malo del Western, y el dominus de los Peplums. Es el alcalde del pueblo, y sus concejales, que son los Faustos de Marlowe.<br />
El poder ha hecho grandes papeles a lo largo del tiempo, ¡se merece un Óscar!. Ha llevado el Circo a todos los rincones de la Moncloa, con sus buenos monstruos, con sus monos adiestrados, con sus presentadores de fortunas y sus adivinadores de futuro.<br />
El poder nos ha divertido hasta hacernos llorar. Nos ha escrito cuentos. Nos los ha leído.<br />
El poder es como un padre, o como “un hijo de su madre”.<br />
El poder nos ha enseñado su coche, nos ha vendido la moto, el voto. El poder colecciona votos, y en sus viajes hace “votos” para decorar su álbum de cosas inútiles.<br />
Le encanta robar palabras, esconderlas, negarlas y usarlas en su provecho. Tiene un armario lleno de palabras como “mejor”, “colaborar”, “hacer el bien”, “cultura”, “educación”…, pero no sabe el significado. Quiere comprarse un diccionario de sinónimos para robar más palabras que signifiquen lo mismo. Pero lo peor de todo, amigos, es que el poder quiere escribir. No ha dicho si mal o bien, sólo ha dicho que quiere escribir. Va a hacerse Fabulista, para que autores como Monterroso, no le ataquen al hablar de sus monos y de sus leones. Para disfrazar la malicia de Macbeth; y esconder la simpleza de Fausto. El poder quiere escribir su particular farsa de ayuntamiento, con sus comas, con sus puntos, con sus puntos sobres sus “íes”, sus puntos suspensivos, sus silencios, sus mutis, sus monólogos, sus cambios de escenario, su introducción, su desenlace. Su fin… &#8211; Su fin es conseguir un Nobel. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-11-18T06:43:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:51:19Z</updated>
		<title type="html">Dios y milagros</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2004-11-18:77c262b7562572606450a68115f67ab6/6db4b9534e8e9206dbb4fe262e90ca07</id>
		<category term="Literatura" />
		<category term="Moral-y-Religion" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Dios está triste como una vedette gorda. Le encontré hace una semana, en una matin&eacute;, y me explicó que acudía al cine para ver “con qué clase de milagros tenía que competir”. Dice: “Me cago en los hermanos Lumière”, lo cual significaba que había dejado pasar demasiado tiempo, y el hombre había aprendido mucho sobre el arte de “milagrear” hasta el punto de que hoy en día es un milagro predecir el horóscopo, o saber con antelación la película que va a programar una cadena, con exactitud, en una revista de 60 c&eacute;ntimos. </p>
	<p>Dios duda de que pueda superar los efectos especiales de Parque Jurásico: los dinosaurios que él inventó jamás hubiesen podido abrir una puerta, y ahí ve a esos dos Spilbergsaurios venciendo todas las leyes de evolución natural. Y están vivos. Y venden souvenirs variados, mientras que Él se quedó en las crucecitas, y editorialmente solo llegó a publicar un título, el Catecismo, porque la Biblia &mdash;una idea genial que tuvo sobre los orígenes&mdash; se la plagiaron unos cuantos discípulos listillos, y de los derechos de imagen en el cine, no percibió nada; y para más INRI, algunos sí que se atrevieron a hablar de él y de María Magdalena. </p>
	<p>Un agente de prensa le aconsejó conceder intervi&uacute; en revistas tales como Más Allá, Enigmas o Mundo Cero, para publicitarse: de nuevo acabó aclamado por locos, fanáticos y gente dispuesta a creer en cualquier cosa &mdas;gente que no merece crédito. Aparecía anunciado junto a páginas en las que se vendían afrodisíacos, elixires, talismanes, y becerros de oro… ¡qué sacrilegio! Y entonces sólo le ofrecieron “Peplums”, y teleseries, y en alguna de ellas no llegó a ser ni protagonista &mdash;como “Áutopista hacia el Cielo.”</p>
	<p>La Roma de Gladiator era más bonita que cuando Él la visitó (qué cruz viajar en aquellos tiempos), y el Coliseo más grande. Jesucristo Superstar y AntZ superaban todo pronóstico de líderes, o de mártires, y Él, quien es de los pocos que puede afirmar haber visto al Diablo en bata, sostiene que el Drácula de Coppola era una versión mejorada de Lucifer. Prefiere no hablar de Terminator. Dios quería abonarse a Canal Plus, y no es por el cine X: había oído mencionar a un David Copperfield, quien sin ser aún santo, podía mover la Muralla China, o desaparecer la Estatua de la Libertad. Quería aprender sus trucos, sobre todo el del vuelo (Él sólo levitaba). Se puso nostálgico: Buster Keaton y Chaplin respetaban los límites de su arte, y por aquel entonces la Virgen se apareció en Fátima y causó sensación. Todo era sencillo, y no había que ser sofisticado. Ahora la Virgen pasaba el aspirador por el Cielo, hablaba de feminismo, y de concederle sexo a los ángeles (que para qué lo querían), y los ángeles volaban en Reactores, organizaban huelgas y pedían mejoras salariales, y sexo, sobre todo sexo (sexo reconocible). </p>
	<p>El hombre que antes temía Su apocalipsis, teme hoy a la bomba atómica de Einstein. Ayer llamaba al Cielo por su nombre, y hoy le llama “atmósfera”, “biosfera”, “estratosfera”, “agujero de ozono”, “Apolo XI”, y Dios mismo ha divisado un artilugio que llaman Mir, y a unos hombres con una pecera por sombrero quienes, seguro, pretendían verle en chanclas. ¿Cómo puede Él sorprender al hombre ahora que el hombre le ha sorprendido?</p>
	<p>Dice: “Debí haber adivinado que las superproducciones de Hollywood me harían más mal que bien; Charlton Heston dividiendo las aguas, no fue una visión que magnificase el mérito de mi Moisés, sino que hundió nuestro milagro en la más completa domesticidad. Si Heston puede&#8230; entonces dónde está el milagro; es sólo un efecto óptico &mdash;debieron pensar.”</p>
	<p>Le propuse que volviese a sanar enfermos, ya que existe en el mundo una plaga incurable, el Sida. Aquí tenéis su respuesta: “¿Estás loco? Daría un espectáculo, y el Demonio me mataría, pues ese fue su mejor milagro”.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-11-11T06:15:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:51:34Z</updated>
		<title type="html">Adán y Eva</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Moral-y-Religion" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>En cada mujer hay una costilla que se lamenta por haber pertenecido alguna vez a Adán. <br />
Se la oye morir como una manzana prohibida, podrida, sobre cada pulmón de mujer. <br />
Dicen que Adán se sintió solo. El Paraíso por aquel entonces era un lugar habitable. A él le gustaba correr desnudo, cazar mamuts con uno de sus  inventos &mdash;la lanza&mdash;, y comer fruta fresca de todos sus árboles, pues todo era suyo, o eso había dicho Dios. Todo era suyo.<br />
Adán era un niño mimado. Por Navidad, le pedía a Dios toda clase de cosas caras, como nuevas especies, o especímenes genéticamente evolucionados que planteasen nuevas alternativas en el juego de la caza. Y a Dios le divertía crear cosas nuevas para él, y verle orgulloso cuando conseguía vencer a sus criaturas. Pero una Navidad, a Dios se le ocurrió una broma para su hombrecito, que ya cumplía los dieciocho. Dios dijo: “Adán corretea por el Paraíso buscando siempre una distracción (es un muchacho audaz, no hay duda); consigue ganar contra todas las especies. Sin embargo, se me ocurre que tal vez su propia especie sea capaz de derrotarle”.<br />
De esta forma, se acercó a Adán una tarde en que él dormía bajo un roble, con un bisturí.  Dios ya era bastante viejo (ya tenía la barba blanca, o quizá siempre la tuvo, pues dicen que una barba blanca es símbolo de la sabiduría, y a Dios le gustaba creer que era bastante inteligente), y no veía bien (era miope, hasta que se colgó un ojo dentro de un triángulo), por lo que acabó con  toda una costilla del pobre Adán, que se salvó de milagro.<br />
Puede que utilizase arcilla, como dicen, para modelar a Eva, pero es más probable que ni siquiera reparase en eso, pues por aquel entonces Dios tenía un laboratorio de alta tecnología, y una probeta, y recordaba haber dispuesto que en el futuro naciese un cordero por clonación. Él confiaba en la genética. Creía en la genética, incluso más que en la arcilla. Así nació Eva, igual que la oveja Dolly, y cuando Adán la vio, reconoció en el pecho de Eva una parte de su piel. Creyó sentir un vacío en su pecho &mdash;tal vez fuese Amor, o sólo la ausencia de una costilla. Le dijo: “Yo Adán. Tú Eva”, y cogiéndola de la mano le enseñó sus dominios, y le presentó a todas las especies que él había derrotado: elefantes, jirafas, pájaros, ciervos, lobos, mamuts, dinosaurios, árboles&#8230; y una serpiente.<br />
Aquella noche, Adán poseyó a Eva, mientras Dios le observaba (pues siempre ha sido un voyer incansable); Dios pensó: “Qué sabio es Adán. Ha aprendido a so-meterla…Creo que no podré enseñarle nada más”.
 Para Eva todo fue fácil mientras no supo el lenguaje, y se mantuvo complaciente; Adán se iba de caza temprano, y ella solía pasear sola por el Edén probando todos los manjares. Un día encontró a una buena serpiente en un árbol, que intentó enseñarle algunas palabras, unas palabras cualquiera, unas palabras hermosas, como “libertad”, “diferencia”, “sabiduría”, “Bien” y “Mal”…Pero a Dios no pareció gustarle que Eva supiese nada sobre esos asuntos de la “libertad” y la “sabiduría”, y con la excusa de que había comido una manzana, se puso histriónico, lanzó algunos truenos, y la expulsó del Paraíso; ordenó a Adán que la acompañase (había dejado de divertirle aquel hombre al que ya había enseñado todo). Entonces Adán, que jamás perdonaría a Eva el que comiese aquella manzana del desastre, se propuso castigarla, humillarla, y derrotarla, para el resto de sus años, a Eva, y a la prole de Eva, y a todas las mujeres nacidas de aquellas mujeres&#8230; Y así lo hizo. Le construyó una cocina. </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-11-04T07:13:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:51:47Z</updated>
		<title type="html">Planetas</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Los planetas del Sistema Solar eran tan amigos hasta que la Tierra, que era bastante vanidosa, decidió hacerse popular entre una especie de criaturas que ella misma inventaría. Les llamó “bacterias unicelulares”. La Tierra les alimentó durante millones de décadas, y les vio convertirse en peces, en anfibios, en lagartos, en dinosaurios…<br />
Los otros planetas la saludaban al pasar y se reían: “pareces un zoo, querida”, le dijo Venus, “no veo que tenga ningún sentido el dejarse abonar por esas criaturas horribles”. Y la Tierra se puso azul de rabia: decidió acabar con sus monstruos y probar con la genética de otras especies a ver qué salía. Engendró al homo erectus, y al homo habilis: estaba encantada con las manulidades de sus hombrecitos, y cuando uno de estos hombres decidió amistarse con un cerdo y una gallina, la Tierra supo al fin que allí tenía al ser inteligente que iba a adorarla como a un Dios.<br />
Los demás planetas se morían de envidia. Aquellos hombres llamaban a la Tierra “madre”, celebraban la lluvia, y el suelo de las cosechas; le ponían su nombre a las divinidades. El Sol, que hasta entonces había sido el jefe del sistema, miraba la roca azul, y oía a los hombres llamarle “esposo de la Tierra”, hasta sonrojarse (él, en realidad amaba a la Luna). Y Neptuno, Plutón  y Júpiter conspiraron con todas sus fuerzas gravitatorias para que el Halley se dejase caer en la Tierra; cada vez que vieron un meteorito surcando la galaxia, trataron de convencerle para que visitase la Tierra. Los meteoritos decían: “Lo siento, Señor Júpiter, en el catálogo de la agencia de rutas orbitales me recomendaban un crucero”, y nunca pararon (la Tierra se salvó).<br />
Entretanto, el hombre “evolucionaba”; inventó la lucha, el olimpismo, el poder, la sociedad, la república, y la religión, que no era más que una agencia de viajes con sus touroperadores a Santiago, y a Jerusalém, y ofertas de deportes de riesgo como las Cruzadas. Fue una época feliz para la Tierra, pues el hombre era lo bastante inteligente como para adorarla y henchir su vanidad, pero no lo bastante inteligente para descubrir que no vivía en el origen del Universo, y que en realidad, las estaciones de cosecha las producía el Sol. El hombre era Geocéntrico, la Luna era Geocéntrica, y la Tierra, en aquel tiempo optimista, aún tenía regalos que hacer a aquellos animales que la mimaban con sus hipótesis geocéntricas: les regaló un continente virgen para que apreciaran la gran redondez de su Mundo.<br />
Pero ocurrió que entre estas criaturas, nacería Galileo; se dice que construyó 5 telescopios, pero junto a estos telescopios, construyó también 5 trompetillas, para escuchar a los planetas, que jamás cesaron de quejarse por la falsa admiración que el hombre profesaba a la Tierra. Entonces fue cuando percibió un murmullo, como el silbido de una vía que muere bajo una locomotora: “Quiero que sepas, Galileo, que la Tierra vive alrededor del Sol, es una esclava de su órbita: escucha ahora a tu telescopio de treinta aumentos, porque voy a mostrarte mi camino. Si eres lo bastante inteligente, sabrás que mi camino, es el camino de la Tierra”. (Fue Venus quien delató a la Tierra, aunque los demás también ayudaron). Galileo fue el Mensajero de las Estrellas, pero Belarmino fue el mensajero de la Inquisición: dijo que esta Verdad dolería tanto a Dios, (al que había costado muchos siglos convencer para que cambiase el Cielo por la Tierra), que era preferible tenerle engañado. Dijo: “Galileo, si eres lo bastante inteligente, sabrás que a Dios no le gusta que el Universo cambie a nuestro antojo, cada vez que un planeta descarado se decida a quejarse. Será mejor que te arrodilles, y leas un texto en el que declares no creer en las ideas que has defendido toda tu vida”. </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Raúl Pérez Cobo</name>
		</author>
		<published>2004-10-28T07:32:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T07:51:59Z</updated>
		<title type="html">Un huevo</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Una vez un niño me dijo que el huevo era el producto más sano y puro porque no podía manipularse: “está guardado en un cofre”. Ésta y otras cosas me hicieron creer que el huevo era sin duda un talismán de efecto mágico, un Grial misterioso, una Piedra filosofal, y es que el huevo esconde en su interior toda una filosofía: “¿Quién fue antes?”. Sobre esta pregunta se ha vertido todo el desconcierto humano ante su existencia. El huevo ha dejado de ser un simple huevo, y ya es El Universo, todo lo que no nos pertenece, la Duda, el ciclo de la vida inexorable, que acaba borrando el punto inicial. Preguntarse quién fue antes, es preguntarse quién es el Creador, y si existió antes de que lo inventáramos (esta es una pregunta que no conviene a muchos que viven del cuento místico). Si Jesús hubiese sido un huevo y la Virgen una gallina, la historia de un gallinero hubiese sido más simple que el mismo gallinero que se ha armado, o quizá la Biblia tendría menos páginas. Hoy la cuestión del huevo se respondería con la Fe (que siempre responde a las preguntas más difíciles), y se diría que el Huevo Santo eligió a la Gallina más P-U-R-A para tener un Huevo que sacrificar en la sartén.<br />
Quién sí ha sabido sacar ventaja al potencial oculto del huevo, ha sido el marketing de la poderosa Kinder Co., y eso de que parecía “un cofre”, ellos lo han entendido de forma clarividente. Podría decirse que tienen la Gallina de los Huevos de Chocolate. O que tienen a los niños enganchados por los Huevos. Mas este huevo decorado en papel de aluminio no podrá nunca tener la autenticidad de su hermano cálcico, manchado por su mierda nihilista. Un huevo embadurnado de gallinaza sí puede preguntarse quién creó a quién, mientras llora por su frágil y fugaz existencia; un huevo Kinder, lo único que puede preguntarse es quién tuvo la idea de ponerle ese vestido afeminado y futurista, mientras sonríe un optimismo estúpido y medita sobre la coleccionable sorpresa que guarda. <br />
Y hay que decir, que fue un huevo quien descubrió América. Es triste que el huevo llevase siglos gritando la solución de la redondez de la Tierra y que gordos papas y obispos rumiasen hipótesis sobre la planicie del mundo mientras comían huevos pasados por agua: tuvieron todo el rato la solución delante de sus barrocas narices, una solución que no era herética ni revolucionaria, sino un pobre y elíptico huevo que no supo nada sobre las teorías geocentristas pero que era, sin embargo, capaz de ofrecer una imagen perfecta de un mundo habitado por tontos. <br />
El mayor éxito de Colón fue escuchar a un huevo. Y cuando Galileo dijo que la Tierra, que por aquel entonces ya era redonda, giraba en torno al Sol , seguro que había experimentado colocando huevos encima de la mesa y haciéndolos rodar. Y a Newton, en vez de caerle una manzana, le cayó un huevo, mas no le pareció un buen principio para su teoría, el trágico fin de un huevo cadáver. Y Morse inventó su lenguaje escuchando a las gallinas que alumbraban sus huevos inteligentes…<br />
El huevo ha aportado mucho a la ciencia, y la ciencia cómo se lo agradece: con piensos venenosos, con la mala publicidad del colesterol, e ignorando su eterna pregunta de quién fue el primero, él o la gallina (su madre, su vástago).<br />
El pinche tiene la mentalidad de un fascista: “si no lo entiendo, me lo como”, y yo digo que deberíamos respetar al huevo lo suficiente para que pueda formular sus quejas existencialistas, en forma de pollito (dentro de algún huevo habrá algún pollito científico o filósofo capaz de resolver todos estos milenios de incertidumbre, que se han alargado más que una telenovela venezolana). Este pollito dirá: “Podría deciros quién fue el primero, y os diría que primero fue una gallina que pensó: “me gustaría inventar algo interesante y rico en proteínas, algo que yo pudiese crear dentro, y que llevase algo dentro también, como un cofre. Ya lo sé: pondré un pollito. Es una idea tan genial – se decía – que los humanos acabarán copiándomela con un nombre estúpido, como Kinder…”.</p>]]></content>
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