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	<title type="text">Libro de Notas - Cartas desde Buenos Aires</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
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	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
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	<entry>
		<author>
			<name>Roger Colom</name>
		</author>
		<published>2009-08-18T09:10:07Z</published>
		<updated>2009-08-18T00:53:47Z</updated>
		<title type="html">Más cronistas, por favor</title>
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		<category term="Medios-de-Comunicacion" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>&#8220;Sólo las minucias de la vida son importantes.&#8221;  Eso escribió Joseph Roth en un artículo titulado &#8220;Lo que he visto&#8221;, y publicado el 24 de mayo de 1921 en el <em>Berliner Börsen-Courier</em>. Roth fue uno de los más grandes cronistas urbanos que encontraron un sitio en los diarios de finales del siglo <span class="caps">XIX</span> y principios del XX. Roberto Arlt fue otro. No sé si Arlt leía alemán; no sé si se iba por el puerto en busca de periódicos atrasados traídos por los buques procedentes de Hamburgo, o si se daba una vuelta por algún club alemán o judío de Buenos Aires en donde se pudieran encontrar esos diarios ya en desuso. No sé si era lector de Roth.</p>

	<p>Lo que sí sé es que igual que Roth fue uno de los grandes cronistas de Berlín, Arlt fue el mejor de Buenos Aires. Sus aguafuertes, no es que sigan llamando la atención, es que conquistan nuevos lectores cada día. </p>

	<p>Esta es una carta de Roth enviada a su editor en 1926:</p>

	<blockquote>
		<p>No es posible escribir crónicas con la mano izquierda, y uno <em>no se debería permitir</em> el escribirlas como algo secundario. Eso es un insulto al <em>género</em> en sí. La crónica es tan importante para un diario como la política, y para un lector resulta <em>mucho más importante</em>. El periódico moderno se compone de todo menos de política. El periódico moderno necesita reporteros más que editorialistas. Yo no soy una guarnición, ni un postre, soy el plato principal&#8230;. La razón por la que la gente coge un diario soy <em>yo</em>. No el artículo sobre el parlamento. No el titular. No la sección internacional. Y sin embargo en la redacción piensan que Roth es una especie de cotilla excéntrico al que pueden pagar porque el suyo es un periódico tan importante. Están muy equivocados. Yo no escribo &#8220;columnas divertidas&#8221;. Pinto el retrato de la época. Para eso están los grandes periódicos. Yo no soy un reportero, soy un periodista; no escribo editoriales, soy un poeta.</p>
	</blockquote>

	<p>En Buenos Aires se dice, y se ha escrito infinidad de veces, que la única razón por la que la gente compraba <em>El Mundo</em> en los años veinte es que Arlt publicaba sus Aguafuertes ahí, todos los días. Y sí, el resto de la información es más o menos igual en todos los periódicos, sobre todo ahora que la mayoría dependen más de las agencias de noticias y de becarios que de redactores experimentados. </p>

	<p>Mucho se habla hoy de cómo los periódicos están perdiendo lectores a mansalva, de cómo los jóvenes ya sólo leen por internet, que no les interesa el papel. Los periódicos pierden compradores y pierden publicidad, Pero en la red tienen más lectores que nunca. O sea que interés hay. Lo que no interesa es ir al kiosco a conseguir lo mismo que se ve más rápido en la pantalla: nada que requiera mucho tiempo de lectura, es echar un vistazo a los titulares y ya.</p>

	<p>Los periódicos están perdiendo dinero porque se han empobrecido. Cuando yo vivía en España, sólo compraba <em>El país</em> en el verano, cuando traía más para leer. De hecho, en Buenos Aires, compro el diario que más da a leer, que más crónicas incluye, junto con otras cosas interesantes: el Página 12. Los demás (y éste también en las páginas de política) sólo se dedican a su pelea diaria por el poder. Y a la farándula. </p>

	<p>La mayoría de los diarios pertenecen a grandes conglomerados que incluyen periódicos deportivos, revistas, emisoras de radio y televisión, editoriales. Se preocupan, a través de su negocio editorial, porque la gente joven, la adolescente y la pequeña se interese por la lectura. hacen campañas que cuestan un buen dinero, con debates en los medios audiovisuales y todo. Pero no se dan cuenta de que son ellos los responsables de que la gente no lea. Son ellos los que han dejado de publicar lo que la gente más apreciaba de sus periódicos: la crónica.</p>

	<p>Ahora lo hacen como algo especial, una cosa de verano, o de fin de semana. Como si la gente no tuviera media hora, una hora, de transporte público cada mañana para llegar al trabajo y leer algo interesante; y luego el mismo tiempo para llegar a casa por la tarde. En el subte de Buenos Aires, que a menudo tengo que tomar a hora punta por la mañana, cuando iría más cómodo en una lata de sardinas, veo a mucha gente leer. Leen libros la mayoría, revistas algunos. Los estudiantes repasan apuntes. Pero nadie lee el periódico. No interesa. </p>

	<p>Por la tarde, también a hora punta, veo personas que le echan un vistazo a alguno de los diarios gratuitos que se reparten en las bocas del subte. Luego lo doblan y sacan su libro. Está claro que si no hay un imán que atraiga el acero de la mirada del lector la cosa está perdida. </p>

	<p>Los periódicos insisten en vaciar sus redacciones. Estoy de acuerdo en eso, pero no en cómo lo están haciendo. En lugar de despedir a la gente la deberían de echar a la calle para que contaran su ciudad. Hoy en día, con el correo electrónico, no hace ninguna falta pasarse por la redacción más que un par de ratos cada semana.  El resto del tiempo, hay que pasarlo buscando algo que contar, y escribiéndolo. </p>

	<p>Queda claro, ¿no? Hay que recuperar el cronista urbano. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Roger Colom</name>
		</author>
		<published>2009-01-30T07:39:48Z</published>
		<updated>2009-01-28T20:55:21Z</updated>
		<title type="html">Por una biomedicina latinoamericana</title>
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		<category term="Ciencia" />
		<category term="Globalización" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>por <a href="https://librodenotas.com/nosotros/12171/colom-roger">Roger Colom</a></p>

	<p>Soy uno de esos que cada vez que ve una reproducción de la famosa foto del Che, obra de Korda, sale corriendo en busca de terrenos menos míticos. También soy de esos que piensan que el mantenimiento, muchas veces oficial, de esos mitos sirve para hacer menos en el terreno de lo real. Mitos como el del Che o el de Evita, en la Argentina, sirven para mantener en pie una fe religiosa de corte católico, con todo lo que ello implica de postergación hacia un futuro paraíso de las recompensas, y por lo tanto trabajos, que deberían de llegar más en esta vida que en la otra. <br />
Pero la otra noche, cuando llegamos a casa mi compañera y yo con medio kilo de helado del bueno y encendimos la tele, lo que echaban y nos quedamos viendo era &#8220;Los diarios de la motocicleta&#8221;, que cuenta el viaje que hizo Ernesto Guevara con su amigo Alberto Granado por Argentina, Chile, Perú y Colombia hasta Venezuela en 1952, viaje que se dice que estuvo en la raíz de la conciencia revolucionaria del Che. Hacia el final, cuando los dos amigos argentinos se despiden del personal médico del leprosario de San Pablo, Ernesto habla de las divisones fronterizas de los pueblos latinoamericanos, que él considera artificiales, fruto del colonialismo (tiene razón, aunque la cosa es más complicada, ya que las divisiones se hicieron durante el proceso de independencia, no siempre manteniendo las mismas que durante la colonia); bueno, al final el Che brinda por el Perú y por América unida. Y ahí no pude más que emocionarme: América unida, ¿cómo lograrlo? <br />
¿Cómo lograrlo en vista de la enorme diversidad de intereses nacionales, regionales, locales y particulares? Parece una tarea imposible, y probablemente lo sea, excepto si se aborda por partes. Se ha hablado en los últimos tiempos de crear un banco sudamericano de desarrollo. No es mala idea poder decidir desde el terreno, en lugar de hacerlo desde Europa o el Norte, dónde y para qué se invierte. Ese banco sería una herramienta para la independencia y la unidad.<br />
Pero se nos coloniza desde otros ámbitos menos visibles a primera vista que el financiero. El que me interesa comentar aquí es el farmacéutico. Las multinacionales farmacéuticas nos tienen literalmente agarrados de las gónadas con sus patentes y la carestía exhorbitante de sus productos. Esto provoca que muchos tratamientos no sean más que un sueño en las zonas más pobres de América. Aunque, claro, si uno pertenece a la clase media y vive en Buenos Aires, lo más probable es que tenga acceso, por un precio bastante módico, a médicos de primera y tratamientos de calibre óptimo. El problema es el resto de la población, en primer lugar, y en segundo, el chantaje de las multinacionales, que está elevando el precio de los tratamientos a niveles insostenibles, por exprimir al máximo sus derechos patentados. Entonces, ¿por qué no crear una especie de banco de investigación biomédica y biofarmacéutica para toda América Latina? Cerebros no nos faltan; lo que necesitamos es infraestructura y financiación.<br />
En un <a href="http://www.nytimes.com/2009/01/27/business/27wyeth.html?em">artículo aparecido en el New York Times</a> estos días, se comenta la compra de una multinacional farmacéutica, Wyeth, por otra, Pfizer. La razón principal por esta operación es que Wyeth lleva años trasladando buena parte de su producción, tanto industrial como investigación, hacia la biomedicina: de las drogas moleculares, químicas, que todos conocemos, a las drogas biológicas, como las vacunas y otros tratamientos. Pfizer se ha visto rezagada en este campo, gracias al típico conservadurismo de estas compañías, pero ha visto que el camino abierto por Wyeth conduce a mayores ganancias en el futuro, mientras que el camino tradicional tiene todas las de perder en cuanto expira la patente: es mucho más fácil reproducir una droga química que una biológica. <br />
En otro momento interesante del artículo, uno de los expertos entrevistados indica que montar una planta de producción e investigación biológica cuesta unos mil millones de dólares y tarda unos cinco años. Parece mucho dinero y mucho tiempo pero en realidad no es tanto. ¿Qué pasaría si un consorcio compuesto por los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela (¿y por qué no Cuba?) se lanzara a una aventura como esa? Montar una planta de producción e investigación biológica especializada en las enfermedades que más afectan a los latinoamericanos y en los tratamientos que pueden ayudar a todo el mundo teniendo en cuenta la enorme riqueza botánica y animal del continente: eso sería trabajar para la independencia. <br />
El consorcio podría montar esa planta de producción e investigación en uno de los países (propongo Brasil) y laboratorios y centros de investigación en los demás países. Los países miembros del consorcio tendrían acceso gratuito a los fármacos producidos, mientras que el resto de los países latinoamericanos lo tendría a precio reducido y los del llamado Primer Mundo a precios de mercado. <br />
Cada país aportaría sus universidades, sus investigadores, sus recursos naturales. Aunando esfuerzos se podría llegar a la capacidad de las multinacionales en poco tiempo. <br />
Las investigaciones etnofarmacéuticas llevadas a cabo por universidades y empresas extranjeras quedarían suspendidas, claro, marcando abiertamente que nuestros recursos son precisamente eso, nuestros, y que seremos nosotros quienes los explotaremos. Así defenderíamos a nuestros países de un tipo de colonización encubierta que nos excluye de la toma de decisiones y nos roba los recursos, el mayor de todos, el conocimiento.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Soy uno de esos que cada vez que ve una reproducción de la famosa foto del Che, obra de Korda, sale corriendo en busca de terrenos menos míticos. También soy de esos que piensan que el mantenimiento, muchas veces oficial, de esos mitos sirve para hacer menos en el terreno de lo real. Mitos como el del Che o el de Evita, en la Argentina, sirven para mantener en pie una fe religiosa de corte católico, con todo lo que ello implica de postergación hacia un futuro paraíso de las recompensas, y por lo tanto trabajos, que deberían de llegar más en esta vida que en la otra. </p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Roger Colom</name>
		</author>
		<published>2008-05-13T07:58:35Z</published>
		<updated>2008-05-13T10:31:58Z</updated>
		<title type="html">Cuatro patas</title>
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		<category term="Políticas nacionales" />
		<category term="Economía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>por <a href="https://librodenotas.com/nosotros/12171/colom-roger">Roger Colom</a></p>

	<p>En los últimos meses Argentina se ha metido en una crisis política y económica de esas que uno siempre dice, bien cómodo en su sofá, que se podían haber evitado. La misma comodidad indica que no es demasiado tarde: sólo hay que formular una política de estado.  Lo que voy a hacer es levantarme del sofá, llegar hasta el bar de la esquina y comentar esto con mis amigos de la hora del aperitivo, como cualquier lunes después de una intensa jornada futbolística. Por comentar, me refiero en realidad a un monólogo. Es lo que uno hace cuando el ego se le aburre.</p>

	<p>La política de estado, digo mientras me traen la cerveza, debe tener cuatro patas: educación, sanidad, comunicaciones y energía.  Como la de cualquier país, claro, pero con la diferencia de que aquí, por el momento, hay dinero y oportunidad política.  El dinero viene de las retenciones que hace el gobierno a las exportaciones agrícolas, más o menos en torno al 40%; la oportunidad viene de que la presidenta, Cristina Fernández, todavía está a tiempo de convertirse en líder del país, con una mayoría favorable en el poder legislativo.</p>

	<p>Vamos por partes.  Primero las grandes empresas agroindustriales.  Se quejan de que se está perdiendo la oportunidad de ayudar a crecer el país, aprovechando los altos precios de los mercados internacionales, porque las retenciones les quitan las ganancias. No me lo creo. Las retenciones tienen dos metas; la primera es que algo del dinero de esas exportacines se quede en el país y no vaya a los paraísos fiscales o a otras inversiones; la segunda es que el mercado interior, ya bastante inestable por la terrible inflación, se vendría abajo con los precios internacionales: habría hambre de verdad. La queja que sí es válida viene de los gobernadores de las porvincias cuya industria es primordial mente agrícola: de las retenciones sólo reciben un 10%, mientras que el resto se queda en el Gobierno de la nación. Y ahí está la jugada, digo yo sonriendo sin despegar el codo de la barra. </p>

	<p>Ese dinero se podría utilizar para reforzar las cuatro patas de la política de estado que estoy tratando de contar.  La primera es la educación.  Hacen falta escuelas y personal docente.  A montones y en todo el país.  Colegios, universidades, escuelas técnicas, de todo.  El país necesita gente formada en todas las profesiones y en todos los oficios. Además, esa gente no debería tener que venir a la capital para formarse, sino permanecer en sus pueblos y ciudades, y ayudarlos a crecer.  Entonces, un plan nacional de construcción y equipamiento de escuelas no vendría nada mal.  Y eso tiene que venir acompañado de un aumento salarial de los docentes bastante fuerte, para retener a los mejores.  También se podría armar un plan en el que jóvenes de distintas disciplinas pudieran ir a las provincias durante algo así como cuatro años a dar clase. Ahí se encontrarían con que la vivienda la tienen pagada y podrían ahorrar ese dinero para cuando terminaran el servicio.  A los jóvenes provenientes de la capital les vendría bien porque al terminar podrían decidir quedarse en la provincia donde han estado trabajando, irse a otra o volver a la capital; en cualquier caso tendrían un pequeño capital con el cual empezar. Si quisieran permanecer en la docencia tendrían suficientes puntos como para poder escoger destino.</p>

	<p>La segunda pata es la sanidad.  El país está falto de hospitales y clínicas a un nivel tercermundista. Mucha gente de la provincia de Buenos Aires llevaba años utilizando los servicios municipales de la capital (autónoma), hasta que el gobernador de la ciudad decidió que eso se había acabado. Igualmente, muchas otras personas vienen del interior a tratarse en los hospitales porteños, el peor centralismo. Aquí se podría adoptar un programa similar al de la educación: exportando personal médico a las provincias con buenos incentivos. Una de las razones de este tipo de planes es evitar el flujo de gente hacia el Gran Buenos Aires. Descentralización: lo que en Argentina se llama federalismo. Pero no puede haber federalismo si no hay una política real de infraestructuras.</p>

	<p>La tercera son las comunicaciones. Lo que está claro es que hay que cablear (o poner antenas) todo el país para que todo el mundo tenga teléfono e internet a precios asequibles. Sin telecomunicaciones, está claro, salir del agujero, crear nuevas empresas, nuevas industrias, resulta cada vez más difícil.  También hacen falta carreteras y ferrocarriles. Pero sobre todo ferrocarriles.  En los 90 la gran red de ferrocarriles que tuvo Argentina se desmanteló. Había paridad entre el dólar y el peso, y el petróleo estaba barato. Jauja.  Ahora hasta Estados Unidos está pagando su mala política en este aspecto. Los trenes gastan menos combustible y ensucian menos el medio ambiente. Además, el transporte de personas y mercancías resulta más eficiente. Los ferrocarriles, como elemento articulador del país, deben estar subvencionados. En lugar de subvencionar, de una forma u otra, el transporte individual, hay que hacerlo con el colectivo. Además, esta es otra forma de bajar los precios de los productos agrícolas en su camino a las ciudades. (Últimamente se habla aquí de un tren bala entre Buenos Aires y Rosario, pero ese es un gasto para ricos; lo que hace falta no es una línea bonita y eficiente, sino una red que llegue a todo el país).</p>

	<p>Cuarta pata: energía.  Con las enormes extensiones de que disfruta la Argentina, no estaría nada mal invertir en energía solar y/o eólica. Ver qué planes tienen en Alemania o Japón y trabajar por liberarnos, por lo menos parcialmente, del petróleo y del gas, cada vez más caros. En Alemania, donde tienen un buen plan de ayudas para que esta industria se ponga en pie, hasta los norteamericanos (que no lo tienen) están invirtiendo. ¿Por qué no promover ese tipo de inversión aquí?  Como es una industria en ciernes, todavía tiene un gran componente de I+D, por lo que necesita cientos, miles de ingenieros y aporta empleos con buenos salarios. Las empresas extranjeras que están experimentando en este campo vendrían y crearían industria en un país que la ha perdido en buena medida; y eso con el añadido de todas las industrias aledañas, que probablemente serían nacionales. Si Argentina no puede con los actuales precios del petróleo, tampoco es que le vaya demasiado bien con la energía eléctrica.  Este puede ser un camino.</p>

	<p>Esas son las cuatro patas que hay que reforzar.  Y quizá habría que añadir una quinta: la investigación.  Hoy en día ya nadie puede construir un país, sacarlo adelante, sin invertir fuerte en la infraestructura que hace falta para la ciencia. Y esto no tiene que ver sólo con evitar la fuga de cerebros endémica en Argentina, también es cuestión de atraer cerebros. Pasar de un país que exporta talento a uno que lo importa. Esa, no cuesta nada decirlo, es la verdadera señal de que un país puede crecer y enfrentar el futuro.</p>

	<p>Todos estos proyectos evidentemente darían trabajo en la construcción, en la industria, en el comercio y en el transporte. Y este, creo, es el tipo de &#8220;políticas electorales&#8221; que hacen falta. Con una buena publicidad para cada proyecto y para todo el conjunto, no veo por qué la gente no va a votar al partido en el Gobierno. También es importante que un gobierno, cuando hace cosas para la gente, le recuerde a esa gente lo que ha hecho. Si las cosas le van bien, lo más probable es que la presidenta salga elegida para un segundo mandato. Eso le da siete años y medio, empeznado ya, para poner todas estas políticas de estado en marcha. Además, ¿qué mejor forma de silenciar a la oligarquía del agro que una serie de planes y proyectos reales para la articulación del país? ¡Incluso se les podría invitar a participar!</p>

	<p>Ahora tengo la boca seca, he hablado mucho. Me pediré otra birra, y luego vuelvo a casa: mi sofá me espera.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>La política de estado, digo mientras me traen la cerveza, debe tener cuatro patas: educación, sanidad, comunicaciones y energía.  Como la de cualquier país, claro, pero con la diferencia de que aquí, por el momento, hay dinero y oportunidad política.  El dinero viene de las retenciones que hace el gobierno a las exportaciones agrícolas, más o menos en torno al 40%; la oportunidad viene de que la presidenta, Cristina Fernández, todavía está a tiempo de convertirse en líder del país, con una mayoría favorable en el poder legislativo.</p>]]></summary>
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	<entry>
		<author>
			<name>Roger Colom</name>
		</author>
		<published>2008-04-22T08:08:57Z</published>
		<updated>2008-04-21T21:26:03Z</updated>
		<title type="html">Tirar el dinero</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>por <a href="https://librodenotas.com/nosotros/12171/colom-roger">Roger Colom</a></p>

	<p>Carta abierta a Josep Izquierdo</p>

	<p>15 de abril de 2008</p>

	<p>Querido Pep:</p>

	<p>Hoy tuve ocasión de presenciar uno de esos eventos culturales que tanta ira e ironía te provocan.  Se trata de un acto menor, ciertamente, como todo lo que hace la comunidad española en Buenos Aires, pero significativo.  La convocatoria era la inauguración de una exposición titulada &#8220;Carlos Saura: Los sueños del espejo&#8221;, en el Centro Cultural Recoleta, junto al cementerio famoso.</p>

	<p>El título con su metáfora gastada, como te habrás dado cuenta, ya me tendría que haber servido de aviso, pero piqué igualmente. He aquí un ejemplo del lenguaje neo-burocrático utilizado por los comisarios: &#8220;Elipsis, metáforas y alegorías son algunos de los artificios que junto con el protagonismo del espejo, que favorece duplicidades, simetrías y saltos en el tiempo, singularizan su [la de Saura] aportación al cine y dan carácter a las imágenes turbadoras, de arraigada naturaleza estética por su estrecha relación con la tradición pictórica, poética y musical.&#8221;  Sabía que te encantaría. ¿Cómo puede una serie genérica de &#8220;artificios&#8221;, más bien tropos, singularizar nada si es genérica? Cualquiera, incluso sólo hablando, utiliza elipsis, metáforas y alegorías, y no por eso su lenguaje lo singulariza. De hecho, la mayor parte de las veces que utilizamos estos &#8220;artificios&#8221; lo hacemos precisamente para no variar. La otra parte que me gusta de lo que cito es que se dé por sentado que los espejos favorecen saltos en el tiempo. ¿Dónde? ¿En Harry Potter, en algún telefilme? ¿O es que al mirarnos una mañana descubrimos que nos faltan, de repente, veinte años de nuestras vidas y que es hora de ir al gimnasio? Mi memoria no es tan fértil como la tuya, pero que yo sepa el espejo favorece saltos en el espacio, cambio de dimensiones, como en Lewis Carroll. La última parte de la cita, ni la toco, que por evitar esa clase de lenguaje me escabullí hace ya muchos años de la Facultad de Derecho.</p>

	<p>Lo primero que me llamó la atención de la exposición fue que no había gran cosa que ver.  Varias pantallas, dispuestas en tres salas, sobre las que se proyectaban fragmentos de películas de Saura. En la cuarta sala había unas cuantas fotos pegadas a la pared y una docena de guiones con dibujos (story-boards) en una vitrina.  Cito de nuevo del programa de mano: &#8220;Los espacios de la galería del Centro Cultural Recoleta actúan al modo de una estructura laberíntica en la que confluyen, intercomunicándose entre sí, diferentes núcleos que remiten a los temas principales del cine de Saura.&#8221; En ninguna parte vi yo un cartelito que señalara esos temas&#8230; y los desconozco, quizá por mi falta de interés en el cine, que ya conoces. Lo que sí es cierto es que el poco texto explicativo que se ofrece al público es elíptico en este sentido: siempre se menciona que hay temas en el cine de Saura, pero no cuáles.  Supongo que para saberlo habrá que ir al videoclub, bajarse el material de internet o comprarse el catálogo.</p>

	<p>En la inauguración había mucha gente con cámaras de televisión y de fotos que a menudo tenían que pedirle a alguien que se apartara para poder hacer una toma de un cuarto oscuro con proyecciones. Otro aspecto notable del evento &mdash;me di cuenta gracias a mi habilidad para quedarme quieto con cara de no entender nada y así escuchar lo que dicen los demásmdash; fue que cuando los españoles (funcionarios) preguntaban a los argentinos (funcionarios o no) qué les había parecido la exposición, los segundos decían que les había encantado, que la encontraban fascinante, interesante, esas cosas. Cuando yo se lo preguntaba, me decían que los españoles no hacemos otra cosa que tirar el dinero. No tengo la menor idea de cuánto habrá costado esta exposición, pero me huele que ha sido cara, incluido el viaje transatlántico.  Según el folleto a seguir, la exposición gasta dinero de las siguientes entidades españolas: <span class="caps">SEACEX</span> (Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior), el Festival de Cine de Huesca, la Diputación de Huesca, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, el Ministerio de Cultura, la Oficina Cultural de la Embajada de España, y el Gobierno de Aragón. Impresionante, si sólo se trataba de proyectar vídeos sobre unas pantallas.  </p>

	<p>Y claro, los argentinos ven esto y se preguntan por el dinero. ¿O más bien se preguntan dónde está ese dinero? En cualquier caso, esta parece la pauta general de la acción cultural española en Argentina: gastar mucho dinero en nonadas y pavonearnos delante de los nativos como lo que en realidad somos: nuevos ricos con poca idea. Lo que está claro es que esta exposición, fuera del centro cultural de alguna diputación menor en España, provocaría risas&#8230; y aquí las ha provocado. Además de un poco de envidia. Sí, eso también.</p>

	<p>Un abrazo<br />
rc</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Hoy tuve ocasión de presenciar uno de esos eventos culturales que tanta ira e ironía te provocan.  Se trata de un acto menor, ciertamente, como todo lo que hace la comunidad española en Buenos Aires, pero significativo.  La convocatoria era la inauguración de una exposición titulada &#8220;Carlos Saura: Los sueños del espejo&#8221;, en el Centro Cultural Recoleta, junto al cementerio famoso.</p>]]></summary>
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