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	<title type="text">Libro de Notas - Ánfora de Letras</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
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	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
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	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
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		<published>2010-06-04T10:04:08Z</published>
		<updated>2010-06-04T10:04:08Z</updated>
		<title type="html">Perú</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>A Perú se le conoce frecuentemente como “la tierra de los Incas”, aunque también podría ser la tierra de una de varias civilizaciones que la habitaron. Las cordilleras andinas que se alzan en Tierra de Fuego para hundirse en las costas colombianas, llegan a una mística comunión en el país, siendo la mejor la Cordillera Blanca. Hay animales de belleza como la vicuña o la muy inquisitiva viscacha, y pájaros desde el pequeño colibrí andino hasta el imponente cóndor de los Andes. Planeando en el cielo con una envergadura de alrededor tres metros, el cóndor es el ave de los cielos más grande del mundo. Sin embargo, los Andes peruanos no son sólo una escena de salvajería natural. Son el hogar de millones de aborígenes que aún machacan la vieja y riquísima lengua antigua que es el quechua, manteniendo intactas sus más rancias tradiciones. El viajero podía pasar semanas en las montañas peruanas explorando, y aún así quedaría insatisfecho. Mi llegada a Perú se produce un tiempo después de mis primeras incursiones en el país, en una temporada de lluvias irremediable, y sólo con la ayuda de un helicóptero militar pude hacer las aproximaciones necesarias a un mundo antiguo mítico en mi próxima novela. De ahí que hay que tener en cuenta la mejor temporada para visitar el país: entre junio y agosto, que coincide con el verano europeo, y el país desborda de turistas. Es sin duda la mejor época para viajar si el interés se centra en las ruinas Incas (incluida Macchu Picchu). Los meses húmedos, entre enero y abril, son fango y cielos brumosos. Es interesante que las festividades populares que son el Carnaval, la fiesta de la Virgen de la Candelaria y la Semana Santa, pertenezcan al calendario invernal. En la costa, la época para nadar en el helado océano Pacífico es entre diciembre y marzo, ya que durante el resto del año, el mar se cubre de la “garúa”, o espesa neblina marina, lo que no impide visitar los puertos, siempre vibrando con su vida alegre.<br />
El siguiente viaje, indispensable para todo primer visitante a Perú, comienza en Lima, sigue a Arequipa y termina en Cuzco y el mundo Inca.</p>

	<p><strong>Lima</strong><br />
La capital peruana se halla en un sucio pedazo de costa desértica, moderna y no tan exótica como cualquiera se imagina. Sus calles desbordan de gente, el tráfico es intenso y la polución se abre camino en todas las direcciones. Sin embargo, su posición la reviste de un clima y ambiente que es melancólico, por no decir lúgubre, que sería injusto. Hay múltiples razones para permanecer en la ciudad por varios días, que se resumen en: 1) es el corazón de la cultura peruana, y 2) tiene un bello, alegre y turístico centro colonial. Por ello una excursión a Lima debe primero enfocarse en los museos, luego los edificios católicos y finalmente los demás monumentos.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2215.jpg" title="Lima"/></center></p>

	<p>El Museo de la Nación tiene la mayor colección de arqueología peruana. La exhibición del Museo de Oro del Perú está compuesta por dos colecciones privadas de la familia Mujica Gallo: joyería de todo tipo hasta ponchos tejidos con hilos dorados. El Museo de Armas, en el mismo edificio, es sin duda uno de los mejores que he visto. La mejor pieza es un enorme trabuco, de casi dos metros que se remonta al siglo <span class="caps">XIX</span>, y aunque pareciera el arma para cazar un mamut, su placa indica que fue utilizado para la caza de patos. El Museo de Arte da una muestra de arte y mobiliario colonial, como artefactos precolombinos y dibujos que testimonian quinientos años de arte peruano.</p>

	<p>La Catedral de Lima, terminada en 1555, fue complementada por una nueva en 1564; vestigios de la original están en el lado sudoriental de la Plaza de Armas. Dos terremotos la destruyeron, por lo que la actual fue reconstruida siguiendo los planos originales. El interior es austero y aburrido comparado con el de otras iglesias hispanoamericanas. Los turistas acuden, con sus libros de historia peruana en mano, para ver el mausoleo de Francisco Pizarro, en una capilla adjunta cerca a la entrada que sobresale por sus mosaicos. Durante mucho tiempo, hubo un debate en torno a los restos del célebre conquistador, pero el gobierno hace ya tres décadas zanjó la discusión: los que están allí son los restos de Pizarro. Vale la pena echar un vistazo al coro y el pequeñito museo religioso en el mismo edificio.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2216.jpg" title="Lima"/></center></p>

	<p>La iglesia de San Francisco, también monasterio, sobresale por sus catacumbas. Ubicada en la esquina de las calles Lampa y Lacash, su gran secreto es una envidiable biblioteca, donde hay volúmenes auténticos del siglo <span class="caps">XVI</span>. Esta iglesia es una de las más bellas de Lima, y su arquitectura una mezcla entre lo barroco y lo morisco. Las catacumbas son el cementerio de 70 mil cuerpos, según se estima, y en las criptas abiertas abundan los huesos.</p>

	<p>El Convento de los Descalzos, por su parte, de estirpe franciscana, exhibe la maquinaria antigua de una vinería dieciochesca, una celda original de los frailes “descalzos” y más de 300 óleos originales de las autóctonas y valiosas escuelas de Quito y Cuzco.</p>

	<p>Uno de mis iglesias favoritas es la de Santo Domingo. A mi parecer, es una de las más históricas, erigida en el terreno que Francisco Pizarro donó al fraile dominicano Vicente Valverde en 1535. El fraile lo recibió como recompensa tras haber acompañado a Pizarro en la conquista. Sin embargo, el lado oscuro de Valverde fue el de haber persuadido a Pizarro para ejecutar a Atahualpa después de su captura en Cajamarca. La construcción de la iglesia comenzó en 1540 y se abrió al público en 1599. Santo Domingo guarda las tumbas de Santa Rosa y San Martin de Porras, como una estatua de Santa Rosa que fue regalada por el papa Clemente en 1669. Otra iglesia de mi agrado es la de San Pedro, una pequeña muestra barroca de la arquitectura limeña, en la ciudad antigua.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2217.jpg" title="Lima"/></center></p>

	<p>La Plaza de Armas es el corazón de Lima, y ocupa 140 metros cuadrados. Lastimosamente no queda nada de la antigua, que se remonta a 1650, pero que fue destruida en 1746. Ante la plaza hay un palacio, el del arzobispado, que sobresale de inmediato por su aire de antiguo, aunque es solo una apariencia, ya que fue construido en 1924. El Palacio Presidencial, y los demás edificios gubernamentales son modernos, pero no tan atractivos como en Buenos Aires, Quito, Santiago de Chile, Bogotá o México. Lo que salta a la vista es la estatua de Pizarro montado en un caballo, cuando se sabe que Francisco, el conquistador, era pésimo cabalgando. Con la Plaza de San Martín ocurre casi lo mismo, uno podría retratarse allí en cualquier otro lugar y sin embargo decir que estuvo en Lima.</p>

	<p>Los palacios limeños son interesantes, comenzando por la mansión que es el Palacio Torre Tagle, construido en 1735, una de las mejores edificaciones coloniales que existen en la ciudad. Otra muestra excepcional, de buen gusto, es la Casa Aliaga, que recompensa, adicionalmente, por su exquisito mobiliario colonial, y que fue construida en el terreno otorgado por Pizarro a don Jerónimo Aliaga en 1535: la familia aún habita la casa.</p>

	<p>Para divertirse, sin lugar a dudas está la zona de Miraflores, con los mejores restaurantes, bares y centros de compras de toda Lima.</p>

	<p><strong>Arequipa</strong><br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/2210.jpg" title="Arequipa"/></div>Arequipa es una joya, de belleza a ultranza. Se alza a 2.325 metros sobre el nivel del mar, y da a una de las vistas naturales más sensuales que uno pueda imaginar: a ese precioso coloso llamado “El Misti”, un volcán inactivo con la cima cubierta de hielo que sobresale majestuosamente detrás de la catedral arequipeña y se ve en todo su esplendor desde la Plaza de Armas. Arequipa es un mundo colonial perfecto: es ver a España muchos siglos atrás. La mayoría de edificios brillan al sol, por lo que a esta ciudad se le conoce, muy apropiadamente, como la “ciudad blanca” de Perú. Estando en la ciudad, alguien me dijo: “cuando la luna se separó de la tierra, olvido llevarse a Arequipa.”</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2209.jpg" title="Arequipa"/></center></p>

	<p>El Monasterio de Santa Catalina es el edificio colonial más bello que hay sobre la tierra (no lo dudo). De ahí que no hay que sobrecargar el itinerario en Lima viendo iglesias, porque la ciudad de Arequipa se reserva la mejor. Más que monasterio, como lo sugiere el nombre, es un convento. Ocupa un espacio de 20 mil metros cuadrados, una ciudad dentro de otra ciudad. Gran parte de sus paredes se remontan fielmente a 1580. La fundadora de Santa Catalina fue una viuda de sangre azul, María de Guzmán, que solo aceptaba en la orden a las jovencitas de las mejores familias. Las monjas pagaban renta. Se calcula que cada una de ellas tenía entre cuatro y cinco siervos personales, y un número parecido de esclavos. La vida al interior de este castillo distaba mucho de ser uno muy ascético: se hacían fiestas, y los músicos entraban y salían. Se dice que tras tres siglos de libertinaje, el papa envió a la Hermana Josefa Cadena, una estricta dominica, a poner en regla las cosas. La Hermana Cadena envió a las chiquillas ricas a disciplinarse a Europa y liberó a todos los siervos y esclavos.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/2211.jpg" title="Arequipa"/></div>La Catedral de Arequipa se encuentra en la Plaza de Armas. Poco queda de su original de 1656, pero la actual fachada es bella. El edificio es uno de 70 basílicas en el mundo que están autorizadas para ondear la bandera y escudos del Vaticano. Tanto el altar como las doce columnas talladas exhiben los doce apóstoles en mármol italiano. La enorme araña bizantina que cuelga sobre el altar fue empacada desde Sevilla, y el púlpito traído de Francia fue hecho a mano de un trozo de cedro. En 1870, Bélgica donó el órgano, que es sin duda el más grande que yo haya visto en América del Sur.</p>

	<p>Otras dos iglesias importantes son la de La Compañía y la de San Francisco, esta última famosa por su altar de plata, la primera por su altar de oro de ley.<br />
La Recoleta, un monasterio, tiene en su interior una colección de más de 20 mil libros, entre los que resaltan los llamados “incunables”, volúmenes cuidados que se remontan a 1494. Entre las mansiones y palacios, destaca la Casa Ricketts, construida en 1738, que fuera la residencia del arzobispo; y la Casona Iriberry, como la Casa Moral.</p>

	<p><strong>Cuzco</strong><br />
Esta ciudad de 300 mil habitantes, y a la poca modesta altura de 3.326 metros sobre el nivel del mar, es para Suramérica lo que es Katmandú para Asia. Todas las excursiones al antiguo mundo de los Incas, que comenzaba al norte de Chile y terminaba al sur de Colombia, parten desde aquí.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2213.jpg" title="Cuzco"/></center></p>

	<p>Toda ciudad peruana que se respete tiene su Plaza de Armas, y en Cuzco hay una. La plaza es el corazón del mundo Inca, a pesar de las dos banderas que ondean allí, la peruana y el dignísimo arcoíris de Tahuantinsuyo, el antiguo estandarte del Imperio Inca, en torno al que giran las vidas de millones de descendientes de este pueblo. Al noreste está la catedral, flanqueada por las iglesias de Jesús María y El Triunfo. Del lado sureste está la muy ornamentada iglesia de La Compañía. Hay murallas incas, y una calle peatonal llamada Loreto, muy pintoresca.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2214.jpg" title="Arequipa"/></center></p>

	<p>Cuzco está llena de iglesias coloniales, pero se distancian de las demás en el país porque son más elegantes y están mejor preservadas. Generalmente están siempre abiertas, pero no son lugares turísticos, sino centros de alabanza. La Catedral, terminada en 1559, es muy bella, decorada con pinturas de la escuela de Cuzco. Su diseño combina muy bien el arte europeo de los siglos <span class="caps">XVI</span> y <span class="caps">XVII</span> con el ingenio indígena predominante en la época que se construyó, que casi copiaban a los pintores españoles que tenían como guía. En este edificio están los restos de otro prohombre, Garcilaso de la Vega. Uno de los detalles más bellos de interpretación cultural está en el cuadro de la Última Cena de Marcos Zapata, ejemplo vivo de la escuela de pintura cusqueña. Entre los alimentos que comparten Cristo y sus compañeros, está el cuy, o conejillo de indias andino, que era la base de la alimentación del pueblo Inca. La iglesia de San Francisco tiene una pintura de 9 por 12 metros que es la más grande de todo el continente, y muestra el árbol genealógico completo de San Francisco de Asís. La de Santo Domingo, de predominio morisco, guarda ruinas de un templo indígena.<br />
Las ruinas incas en Cuzco son diversas: Coricancha, un templo Inca anexo a la muy católica de Santo Domingo, y cuyo nombre traduce el “jardín dorado”. Sin embargo, las murallas son recurrentes y se encuentran dispersas por toda la ciudad.</p>

	<p><strong>Macchu Picchu</strong>  <br />
El recorrido Inca es el más popular del hemisferio americano. Para muchos, profundizar en él es hasta ambicioso, ya que implica ponerse siempre por encima del cielo. Quien lo desee hacer, más allá de Macchu Picchu, debe preparase con antelación, y tener en cuenta que ante nada, prima la conservación arqueológica y ambiental. En épocas de Hiram Bingham, descubridor de Macchu Picchu, se accedía a las ruinas en mulas por un sendero tortuoso y trágico; la máquina trajo los autobuses, que se siguen usando hoy, pero el turismo reintrodujo el tren. Si el viaje es con bajo presupuesto, es sin duda que el acceso a la montaña sagrada será por autobús o microbús. Si es posible pagar los quinientos mil dólares por el billete de ida y vuelta, ningún turista puede perderse el ascenso, desde Cuzco, en el lujoso tren Hiram Bingham, que incluye servicio de primera clase y alimentación de menú con barra libre a través de las vistas más hermosas de Perú, almuerzo en el restaurante que domina las ruinas, y el retorno, bajo la inminencia del crepúsculo. Este precio, además, incluye la entrada a las ruinas, y la guía personalizada.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2212.jpg" title="Hiram Bingham"/></center></p>

	<p>El acceso al parque comienza unos cien metros más allá del puesto de entrada, desde el cual ya uno se hace a la idea de la estructura urbana de esta ciudad religiosa. Enseguida comienzan las escaleras, y su ascenso lleva a la primera vista completa de Macchu Picchu, donde los turistas se sacan la obligada fotografía. Esta especie de cabaña se le conoce como la “cabaña del conserje de la roca funeraria”. El sendero inca entonces procede a ingresar en los cuadrantes que componen la ciudad. Para comprender a Macchu Picchu se necesita estar atento a los carteles indicativos, así como también se ofrecen prospectos ilustrativos de cómo lucían las ruinas antes de la Conquista. Los templos, las sacristías y las plazas se suceden. El viajero debe tener en cuenta que no está ante una metrópoli precolombina en su dimensión completa, sino ante una ciudad religiosa que fue para los Incas lo que hoy es la Santa Sede para los católicos. Esa metrópoli, donde se atrincheró el último bastión Inca, impenetrable a los españoles, se halla desperdigada a través del Valle de Vilcabamba, y que ameritaría un artículo, junto a las líneas de Nazca, al sur del país, y las ruinas de Chan Chan, en el Amazonas, la ciudad más grande de adobe que viera el mundo antiguo.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2218.jpg" title="Viaje en tren al Macchu Picchu"/></center></p>

	<p>Perú es sin duda un país andino que sintetiza completamente el mundo de los Andes, todos los países en uno, y que exige dos o tres viajes para comprenderlo enteramente. Un país pintoresco, nostálgico y altamente cosmopolita.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Perú es sin duda un país andino que sintetiza completamente el mundo de los Andes, todos los países en uno, y que exige dos o tres viajes para comprenderlo enteramente. Un país pintoresco, nostálgico y altamente cosmopolita. El siguiente viaje, indispensable para todo primer visitante a Perú, comienza en Lima, sigue a Arequipa y termina en Cuzco y el mundo Inca.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
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		<published>2010-05-04T09:00:00Z</published>
		<updated>2010-05-04T09:18:16Z</updated>
		<title type="html">Una semana en Turquía</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Un viaje a Turquía es un viaje a Heródoto: contador de historias, embustero —¿qué más da? La Historia es, a fin de cuentas, una historia, e igual sucede con los viajes documentados. Si la literatura de viajes está relegada a menudo a un quinto lugar, es porque se olvida que su precursor no era otro sino Heródoto, quien vino al mundo dispuesto a saborear, indagar e ir por la historia jugosa, el chisme, la vivencia, que lleva a la historia. Hoy se leen los pasajes de Heródoto como una fuente de información sobre las guerras entre los persas y los griegos, y sin embargo, las narraciones son más que eso. Hay viajeros que van a Turquía por curiosidad, por un interés especial, o llamados por la Historia jugosa. La evidencia de los vestigios de Heródoto en el país son casi inexistentes: nada más ir a su lugar de nacimiento, Bodrum (antigua Halicarnassus) que es hoy una impenetrable meca turística sobre el Mediterráneo. Asfixiada por hoteles y clubes nocturnos a rebosar todas las noches de turistas europeos en excursiones de paquete, la moderna Bodrum carece de completa conciencia sobre su glorioso pasado griego. La Tumba de Mausolos (una de las otrora Maravillas del Mundo, y la raíz de nuestra palabra «mausoleo», no es más hoy, como muchos otras ruinas históricas, que un hueco ante una modernidad que busca desembarazarse de él. Las piedras de la Tumba, por ejemplo, fueron robadas continuamente a lo largo del tiempo para terminar adosadas en otros monumentos como el Castillo de San Pedro en la bahía. Heródoto, que vivió antes de Mausolos, no obstante es recordado en el nombre de una calle vulgar de la que sólo sobresale una estación de servicio.</p>

	<p>A pesar de este ya muy borroso pasado, Turquía sigue dibujado en el mapa, y es un país aún con muchos tesoros para ver antes de abandonar este mundo. No todo es malo, y no todo es bueno, y un viaje al antiguo imperio Otomano debe por lo menos contar con una semana para ver, si no lo más gratificante, una muestra completa de lo que da a Turquía su valor histórico-cultural.<br />
En este recorrido sugerido de una semana, el viajero podrá disfrutar de Estambul, Bursa, Bergama, Izmir y Kusadasi, rematando con una excursión detallada a Éfeso.</p>

	<p><strong>DÍA 1 y 2 &#8211; <span class="caps">ESTAMBUL</span></strong><br />
Estambul tiene aún ese aire de antigua capital del mundo. Y no sólo eso: sino que encarna el espíritu turco. De cualquier forma como uno llegue a la ciudad, la impresión es la misma: ya sea por tren, mientras los vagones recorren la costa de Tracia y luego siguen el patrón de las viejas murallas hasta el Palacio Topkapi en Constantinopla. En autobús, a través de una carretera construida sobre una antigua autopista romana, que termina en la ciudad, hace mil años, llamada Semistra. O en avión, magnificando en la ventana, durante el descenso, el inmenso Bósforo y el Halic (Cuerno de Oro), y las incrustaciones de mezquitas y palacios de tamaños que ya no se construyen, a vista de Mehmet II durante la Conquista. Por yate (este es mi favorito), comienza uno a “navegar hacia Bizancio” inmediatamente abandona Grecia, a través del Mar de Mármara, sin perder de vista los minaretes y las torres bulbosas de las mezquitas siempre como sombras vaporosas en el horizonte.<br />
<center><img src="http://librodenotas.com/images/2151.jpg" width="500" height="375" /></center><br />
Estambul es la Ciudad Antigua. Su centro es el Palacio Topkapi, la residencia de sultanes ya olvidados por más de tres siglos. Construido por Mehmet el Conquistador en 1453, la historia turca pasa por sus pasillos hasta Mahmut II, el último emperador que residió allí. El europeísmo de mediados del siglo <span class="caps">XIX</span> llevó a que los monarcas se trasladaran a palacetes mediterráneos sobre el Bósforo. Al Topkapi se le conoce, también, como el “Seraglio”, por la ópera de Mozart, que se toca en el palacio durante el Festival anual internacional. Se necesitará medio día para recorrer Topkapi, y es mejor estar allí al momento que abre sus puertas (9:30am), si se está en la temporada de verano. A menudo, por tener a la vista a Aya Sofya, los turistas se precipitan a dejar a Topkapi para después, cuando en realidad, es más fácil comenzar por el palacio y después seguir con Aya Sofya, que lleva 1500 años en ese mismo lugar y no pondrá de pie y marchará. En Topkapi es indispensable ver los cuatro Patios y el Harén.</p>

	<p>Santa Sofía (Aya Sofya) o la iglesia de la Divina Sabiduría no lleva el nombre de una santa, sino el de “sancta sophia”.  Está construida sobre las ruinas de la acrópolis de Bizancio, a su vez, el sitio de la primera Sancta Sophia que se destruyó en el 532 por el levantamiento Nika. Aya Sofya fue la iglesia más importante de la Cristiandad hasta 1453, cuando cayó Constantinopla. Muchas cosas pueden sucederle a un edificio tan antiguo, por lo que es mejor, para el viajero, pasar por alto los vendedores informale, palomas y demás accidentes que en la calle se pegan a sus gruesas paredes. “Ver” Santa Sofía es un error: el edificio hay que experimentarlo con rigor arquitectónico y artístico, como hicieran sus constructores, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto. Además de los retratos (como el de la Madonna), están los riquísimos mosaicos, que deben por lo menos ser “vistos”.</p>

	<p>En el segundo día puede visitarse los museos textiles y de mosaicos, el Hipódromo (con su estatua del Káiser Wilhelm, en honor a su visita de 1901 y su fuente, obsequiada por el monarca alemán, terminada en el 1898 a.C.). Como en Roma, uno de los botines de los bizantinos es el Obelisco de Teodosio, que conmemoraba las victorias del faraón Tutmosis <span class="caps">III</span> en Egipto. Otra visita que vale la pena es el Museo de Artes Turcas e Islámicas. En cuanto al pasado, es imprescindible el Museo del Oriente Antiguo, que exhibe las puertas de la antigua Babilonia en tiempos de Nebuchadrezzar II y las tablas de Hammurabi. También es merecido pasar por Divan Yolu, y terminar en el mercado más grande que yo haya visto, Kapali Carsi, con más de 4000 tiendas en un radio amplísimo de calles y algarabía.</p>

	<p><strong>DÍA 3 &#8211; <span class="caps">BURSA</span></strong><br />
Bursa es imprescindible por dos razones: porque, primero, fue la primera capital del imperio Otomano; y segundo, porque es la cuna de la cultura turca contemporánea.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2151.jpg" width="500" height="375" /></center></p>

 La ciudad no es difícil (a pesar de su millón de habitantes y sus toques industriales), pero guarda sus recompensas. Fundada en el 200 a.C. la ciudad fue un importante centro de comercio de sedas hasta que fue puesta en los mapas por Justiniano al construirse allí un palacio y unos baños famosos. Además, en Bursa nació el teatro de títeres nacional, el Karagöz, que es un teatro de sombras, y el nombre de la ciudad recurre en las fábulas de Nasreddin Hodja, para los turcos comparable con Esopo. Sólo se necesita un día para ver lo más sobresaliente de esta ciudad entre colinas, comenzando con la mezquita del Emir Sultán Camii, con su rico rococó otomano y un cementerio que se enmarca en un mirador natural hacia Bursa y el valle, con árboles enormes que parecen que crecerán como secuoyas. También, la mezquita de Yesil Cami, y los bellos “hünkar mahfili” o aposentos del Sultán, en el nivel superior. Las tumbas de Yesil Türbe, con su exterior azul, también son un punto obligatorio. Otros sitios de interés: Bat Pazari (el viejo mercado de los gansos), Bedesten (el bazar cubierto), Koza &amp; Emir Hans (el mercado de capullos de seda), la mezquita rectangular de Ulu Cami, Hisar (el fuerte), el complejo Muradiye (necrópolis de viejos sultanes, que justifica la visita por los decorados en las tumbas) y los baños minerales (para uso del turista y otros de significación histórica, y un final con la experiencia “hamam”).
 <br />

<strong>DÍA 4 – <span class="caps">BERGAMA</span>, <span class="caps">IZMIR</span> Y <span class="caps">KUSADASI</span></strong> 
Bergama es Pérgamo, y su paisaje remonta a cualquiera a las épocas de Alejandro Magno. Lo que sobresale de este poblado son sus ruinas antiguas. La magia de la restauración ha hecho que las ruinas de Pérgamo brillen con luz propia. Desde el centro de la ciudad, un camino asciende por seis kilómetros hasta la Acrópolis, que domina las ruinas. Desde allí, al oeste, se ve el Asclepeion, el edificio consagrado al dios de la Medicina, que vio su gloria con la fama de Galeno (y futuro médico personal del emperador Marco Aurelio Antonino). Recorriendo las ruinas, están: la biblioteca (le seguía a la de Alejandría con 200,000 volúmenes), el Templo a Trajano, y el teatro (para acomodar a diez mil espectadores). También, el Templo a Dionisio (con sus evocaciones a la ambrosía) y el Altar a Zeus, del que sólo quedan las bases, ya que lo demás fue llevado a Berlín por los arqueólogos del siglo <span class="caps">XIX</span>, y allí todavía están.

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2152.jpg" /></center></p>

	<p>Izmir es el mayor puerto sobre el Egeo, y una ciudad de tres millones de vidas que explotan en cada esquina. Lastimosamente, la antigua ciudad desapareció con la invasión griega de 1923, que acabó con ella. En Izmir, además de ser un punto para las excursiones alrededor, hay que ver: el Konak, el centro de la ciudad, donde se levanta el Hükümet Konagi o mansión gubernamental otomana; el Ágora, o mercado, construido en tiempos de Alejandro y destruido parcialmente en el terremoto del 178 d.C. También hay un museo interesante, y un monumento a Atatürk, con la magnífica inscripción tomada de una de sus consignas, del 26 de agosto de 1922: “soldados, su meta es conquistar el Egeo.”</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2153.jpg" /></center></p>

	<p>Kusadasi, una amable y próspera ciudad costera, es el punto de partida para las excursiones típicas (pero imprescindibles) a Éfeso, Priene, Mileto y Didyma. Kusadasi figura en este itinerario por dos razones: las playas, que se insinúan como un remanso al viajero en medio de su apretada agenda y corridas, y los baños turcos, al estilo “mixto” que, aunque son costosos, justifican el gasto.<br />
Bergama, Izmir y Kusadasi pueden verse en un día, teniendo como centro Kusadasi. Se sugiere pasar el quinto día (o la tarde de éste) en la playa y descansar, antes de incursionar en el mundo antiguo alrededor.</p>

	<p><strong>DÍA 6 y 7 – EL <span class="caps">MUNDO</span> <span class="caps">GRIEGO</span> <span class="caps">SOBRE</span> EL <span class="caps">EGEO</span></strong><br />
De todas las ruinas griegas en suelo turco, Éfeso es la más impresionante. Es la muestra de una metrópoli griega de la edad clásica, aunque lo que queda de ella apunta más a la dominación romana. En verano, el calor es impresionante, por lo que se recomienda comenzar el recorrido muy temprano en el día. Si sólo quiere echarse un vistazo, lo ideal es dedicarle medio día a las ruinas, pero son más los que deambulan entre las ruinas hasta el ocaso. Un recorrido a pie (provechoso y personal) es en este orden:</p>

	<p>Hay que comenzar por la Gruta de los Siete Durmientes, donde, según la leyenda, miles de jóvenes cristianos, perseguidos por los romanos, se escondieron, hasta que fueron descubiertos y enterrados vivos en la cueva. Dos siglos después, un terremoto removió la cueva, y los enterrados despertaron para caminar hacia la ciudad y pedir comida. Porque se estaba ya en tiempos Cristianos, los habitantes de entonces interpretaron el fenómeno como una resurrección, y una vez los durmientes murieron, fueron enterrados de nuevo en la Gruta. Artísticamente, los Siete Durmientes es una necrópolis bizantina cortada en la misma roca.<br />
La siguiente parada es el Gimnasio de Vedius (data del siglo II d.C.), y el estadio. El primero, con sus patios, baños, cuartos de ejercicios, una piscina y un sitio ceremonial. El segundo, sólidamente erigido en piedra, que ha sobrevivido todos los terremotos que en otros lugares históricos han reducido las ruinas a migas. </p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2154.jpg" /></center></p>

	<p>Siguiendo el ascenso, hacia los estacionamientos, está el templo a la Virgen María, también llamada “doble iglesia”. Originalmente este templo fue dedicado a las Musas, un centro académico cuyo ambiente uno imagina que es el que se ve la pintura de Langetti en la que aparece Diógenes y Alejandro. Reconstruido tras un incendio en el siglo IV, el templo sirvió como sede del Tercer Consejo Ecuménico del 431, modificando su historia para siempre. Siguiendo el camino (la vía Mayor o Campestre), rodeado de preciosos árboles perennes, aparece el Gimnasio de la Bahía, antes de comenzar a caminar por el tramo de mármol. Desde este punto, la vía campestre se convierte en la gran avenida de Éfeso, con alcantarillado y lámparas en las columnatas. Al final, está el impresionante Nymphaeum (fuente y piscina), uno de los sitios grandilocuentes construido bajo órdenes del emperador bizantino Arcadius. Al este, se encuentra el Gran Teatro, de arquitectura helenística, reconstruido con esmero por los romanos entre el 41 y 117 d.C., que sugiere que la sublevación liderada por Demetrio el platero tuvo lugar en un teatro en obra gris. La “cavea”, o “theatron”, en griego, tenía capacidad para 25 mil personas (hoy sólo un número así se congrega alrededor de un partido de fútbol o frente a un televisor). Detrás del Teatro, se ven las ruinas de las murallas de Lisímaco de Tracia en el Monte Pion, y la ciudad.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2155.jpg" /></center></p>

	<p>Desde el teatro, hacia el sur, se ingresa en la vía Sagrada, también con losas de mármol, con sus huellas de ruedas (no se permitía su tránsito por la vía Mayor), y la ágora comercial (del siglo <span class="caps">III</span>). Casi al final, a la izquierda, está el Prostíbulo, que ofrece, al ingresar en él, un mosaico hermoso de la Cuatro Estaciones, del que resaltan, principalmente, las cabezas de Invierno y Otoño, muy bien conservadas. La vía Sagrada termina en el Embolos, o el centro de Éfeso, con la Biblioteca de Celso (construida por el hijo del gobernador famoso en su honor, y que albergó 12 mil volúmenes) y la puerta monumental de Augusto. Allí, se empata con la vía de Curetes, que lleva a los baños públicos para varones. En el Pozo, junto al Prostíbulo, fue encontrada, por cierto, la famosa figura de Príapo (está hoy en el museo de Éfeso en Selcuk), que exhibe galante “el pene de sus sueños”.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2156.jpg" /></center></p>

	<p>En esta dirección, el punto álgido es el Templo de Adriano, de arquitectura de la vieja Corintio, y una cabeza de Medusa en la entrada “para mantener a raya los malos espíritus”. Generalmente, este templo lo llaman “de Artemisa en Éfeso”. Siguen al templo diez tiendas típicas de los tiempos, de frente a un mosaico espléndido. Pasos después, están las casas excavadas hace poco, y una exhibe en un nicho del atrio un bellísimo mosaico de cristal. Bien al fondo, a la izquierda, aparece la Fuente de Trajano, emperador en el centro del espejismo de aguas del que sólo quedan los pies. La vía de Curetes termina con la Puerta de Hércules, construida en el siglo IV d.C., y con el músculo con piernas en ambos pilares.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="http://librodenotas.com/images/2152t.jpg"></div>A pesar de este ya muy borroso pasado, Turquía sigue dibujado en el mapa, y es un país aún con muchos tesoros para ver antes de abandonar este mundo. No todo es malo, y no todo es bueno, y un viaje al antiguo imperio Otomano debe por lo menos contar con una semana para ver, si no lo más gratificante, una muestra completa de lo que da a Turquía su valor histórico-cultural.<br />
En este recorrido sugerido de una semana, el viajero podrá disfrutar de Estambul, Bursa, Bergama, Izmir y Kusadasi, rematando con una excursión detallada a Éfeso.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2010-04-04T10:50:43Z</published>
		<updated>2010-04-04T10:47:46Z</updated>
		<title type="html">El Caribe Oriental</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/18058/el-caribe-oriental" />
		<id>tag:librodenotas.com,2010-04-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/d202af9f16486c2b73f03cb1974f60c4</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Vistas en un todo, las islas del Caribe Oriental encajan en una sola imagen, que se repite de lugar a lugar; sin embargo, visitadas cada una por separado, se descubre la originalidad de cada una. Algunas son islas de coral como de retrato perfecto, otras apenas con alguna cuesta y palmeras que se doblan y no acaban en muchos kilómetros, mientras que en otras las montañas ascienden desde el mar y el viajero puede compaginar entre las olas y cascadas heladas. Culturalmente, el Caribe Oriental es un híbrido de una rica herencia africana, inglesa y francesa, pero sobretodo la influencia holandesa y de tipo Indias Orientales es evidente. Políticamente, las islas constituyen un grupo de ocho naciones independientes, dos colonias británicas, dos “départements” franceses y un estado asociado a Países Bajos. Desde Anguilla, al norte, hasta la isla de Trinidad, al sur, estas islas constituyen una cadena de casi mil kilómetros de longitud. Aunque es posible, si se tiene el tiempo y el presupuesto, de saltar de una isla a la otra, en su mayoría los visitantes prefieren una dosis chica.</p>

	<p>Ciertamente, si uno busca actividades especiales, debe seleccionar las islas muy bien. En Martinica, por ejemplo, se puede tomar espresso con croissants en un café de corte parisino, mientras que en Trinidad desaparecen los croissants para dar lugar al rotis y los muy ingleses meat pies. Para quien le guste el buceo, hay lugares espléndidos en Saba, Dominica y Tobago, con fondos prístinos y abundante vida marina. La mayoría de la islas consta de playas absolutamente paradisiacas, las más notables en St. Martin, Anguilla, St. Barts, Antigua, Barbados y algunas en el archipiélago de las Granadinas. Para los montañistas, Dominica y Guadeloupe tienen los mejores senderos hacia las selvas vírgenes, los cráteres humeantes y las cascadas altísimas. Si se busca observar aves, el mejor lugar es Trinidad y Tobago, que atraen siempre a los naturalistas. Para un poco de historia colonial, están las ruinas de Brimstone Hill en St. Kitts; Pigeon Island en St. Lucia; y Fort Shirley y Nelson’s Dockyard en Antigua. Incluso, quien quiera vivir una experiencia auténticamente colonial, puede alojarse en un antiguo cuartel en Nelson’s Dockyard o en una antigua plantación azucarera en St. Kitts, Nevis o en Martinique.</p>

	<p><strong><span class="caps">ANGUILLA</span></strong><br />
El principal atractivo de Anguilla son sus playas: largas y sin turistas, con una arena blanca de corales molidos y aguas transparentes y aguamarinas. Pese a que se encuentra solo unos cuantos kilómetros (en el mismo canal) de St. Martin, Anguilla es un territorio silencioso y con pocos habitantes. The Valley es la capital, y el único pueblo de Anguilla. No está concentrado, ya que los ingleses llevaron la administración de la isla a St. Kitts en 1825, por lo que no hay edificios gubernamentales históricos o una plaza. La zona turística se concentra en Sandy Ground y Road Bay, al occidente, aunque el lujo está en Shoal Bay East, con su sitio arqueológico único, The Fountain, una cueva con petroglifos amerindios. A Anguilla se llega por avión desde las otras islas o Estados Unidos, por yate privado o en el ferri de St. Martin.</p>

	<p><strong><span class="caps">ANTIGUA</span> Y <span class="caps">BARBUDA</span></strong><br />
Los puntos llamativos de Antigua son sus playas y la abundancia arquitectónica de la época colonial. Por doquier hay molinos de viento y mansiones de las antiguas plantaciones azucareras, asimismo como el impresionante Nelson’s Dockyard. Los mejores hoteles de Antigua se localizan en Dickenson Bay y Runaway Bay, aunque hay otros resorts a lo largo y ancho de la isla. Barbuda, casi sesenta kilómetros al norte, es la otra mitad de esta isla dual, silenciosa, poblada apenas por las bellas fragatas. A Antigua se llega desde Estados Unidos, Londres y Canadá, además de los vuelos regionales, o por crucero, yate o avión privado.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2114.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong><span class="caps">BARBADOS</span></strong><br />
Barbados es la isla más oriental de las Antillas, y ha sido la más exitosa en seducir a los turistas a sus playas. Es un destino vacacional sólido: playas preciosas, un buen repertorio de hoteles y restaurantes, y paquetes de actividades organizadas para nunca aburrirse. Las costas al sur y al occidente, son las más preferidas por los turistas, mientras el interior, predominantemente rural, es el hogar de las plantaciones, las granjas de ovejas y los villorrios somnolientos. Quizás no existe otra isla en todo el Caribe que ostente una influencia tan rancia de Inglaterra como pasa con Barbados. Esto se evidencia en la fascinación de las gentes por el cricket, las catedrales anglicanas de vieja piedra que saltan en todas las parroquias, los jardines bien tenidos de las casas y las carreras de caballos todos los sábados. Sin embargo, esta influencia de “pequeña Inglaterra” no es total: la influencia antillana es predominante, y se denota en la forma como los habitantes se llaman a sí mismos, “bajans”, asimismo como en la música. Barbados produce uno de los mejores ritmos de calypso de toda la región.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2115.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong><span class="caps">DOMINICA</span></strong><br />
Dominica, a diferencia de las demás islas, en completamente montañosa, desde el centro hasta el océano. Por ello, gran parte del país permanece inexplorado. Los poblados están siempre en la costa, e incluso la capital, Roseau, con las aceras delimitadas por edificios de madera y piedra, tiene esa calidad de ciudad olvidada de la última frontera. No solamente Dominica cuenta con una rica tradición antillana, sino también es el hogar de la más grande comunidad de caribeños-hindús. Al promocionarse como “isla natural”, Dominica promueve el buceo, el montañismo y la botánica. En realidad, la isla cuenta con el escenario más espectacular, en tierra y bajo el agua. Dominica cuenta con playas que, aunque no son hermosas, llaman la atención por sus arenas negras. Probablemente por esto, y porque aún no hay un flujo de vuelos internacionales directos, Dominica queda relegada al itinerario de otras islas, más famosas y turísticas.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2116.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong><span class="caps">GRENADA</span></strong><br />
Grenada es colorida, robusta y burda en los bordes. Conocida como “la isla de la especia”, es el primer productor de la región de nuez moscada y macis, como también canela, jengibre y clavos de olor. La isla tiene un interior montañoso de selvas y cascadas impresionantes, como un buen número de bahías y playas hermosas. La capital, St. George’s, tiene una de las bahías naturales más bellas del mundo, construida casi toda en el siglo <span class="caps">XIX</span>. Grenada no es el país de los grandes hoteles, y en efecto, hay muchos, pero pequeños. La otra mitad de la isla está compuesta por el archipiélago de las Granadinas, siendo la más grande Carriacou. La tercera isla significativa, Petit Martinique, es apenas una durmiente que se despierta hasta ahora al turismo. Las tres islas están conectadas por servicio regular de bote.</p>

	<p><strong><span class="caps">GUADELOUPE</span></strong><br />
Guadeloupe es el centro de la cultura “creole” del Caribe, con su mezcla de africanismo y europeísmo. Las islas que la acompañan son un santuario provincial conocidas en el mundo por su ron y sus playas. Guadeloupe tiene la forma de una mariposa, y tierra en cada ala. La forma de las dos islas es prácticamente simétrica, pero se diferencian en sus topografías. El centro de la isla y su ciudad principal es Pointe-à-Pitre, mientras que la relajada capital de Basse-Terre se halla al suroeste. Virtualmente todo el turismo se concentra en las playas del sur de Grande-Terre.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2117.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong><span class="caps">MARTINIQUE</span></strong><br />
Es indudable que esta isla es un trozo de Francia incrustado en las Antillas. Todo es francés, desde las callejas con tiendas que exhiben las últimas modas de la Ciudad Luz, hasta las pâtisseries en las esquinas de los villorrios pesqueros que venden baguettes y cruasanes calientes. Las playas y los hoteles se inundan de franceses en las temporadas. La capital, Fort-de-France, es una ciudad chispeante de cien mil habitantes, la más grande en la región. A pesar de una alta población, casi un tercio de la isla es selvática. En Martinique todavía es posible encontrar caseríos que parecen no haber sido todavía tocados por el exterior, asimismo como caminos perdidos que se adentran en las montañas.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2118.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong>ST BARTHÉLEMY (ST <span class="caps">BARTS</span>)</strong><br />
St Barts es la más chica de las islas francesas, de apenas diez kilómetros de longitud y un ancho de cuatro. St Barts es preferida por sus playas que dan un aire hogareño, sus paisajes llenos de colinas y tierra seca, y sus casas blancas con tejados de barro. Por supuesto que hay mucho de Francia en la disposición de las cosas, y por momentos uno podría imaginar que St Barts no está en el Caribe sino en el Mediterráneo. El bajo perfil de la isla, cuyo nombre no es de gran resonancia para oídos de muchos, ha atraído durante décadas a los más ricos y poderosos. En su momento, los Rockefeller y Rothschild construyeron allí enormes propiedades, mientras que ahora acuden por montones las estrellas de cine, las realezas y las estrellas de la música. Si hay algo que hay que tener en cuenta, es que St. Barts es un destino más costoso que las demás islas. Desde la vecina isla de St Martin, puede visitarse por un día.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2121.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong>ST <span class="caps">KITTS</span> &amp; <span class="caps">NEVIS</span></strong><br />
Las islas de St Kitts y Nevis están unidas por un ferri, lo cual posibilita visitarlas en un mismo día. La mayoría de los turistas llegan a St Kitts, que en días claros, permite al viajero una imagen mental de la misma: un interior montañoso, rodeado de campos de caña de azúcar, colinas arrugadas, lagunas saladas y bahías pronunciadas. La isla de St Kitts se llamó antiguamente “Liamuiga”, que significa “isla fértil”, según sus habitantes amerindios. Cuando Colón vio la isla en su segundo viaje de 1493, la bautizó como San Cristóbal por su santo. Colón también usó la palabra “nieves”, para bautizar a Nevis, presumiblemente por las nubes espesas sobre la isla que le recordaban algún nevado europeo. Los aborígenes Caribes, por su parte, llamaban a Nevis “Oualie”, que significa “tierra de aguas hermosas”.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2119.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong>ST <span class="caps">LUCIA</span></strong><br />
Santa Lucía es una isla de verdes intensos con un centro montañoso y una costa llena de playas y bahías aisladas y muy intimistas. La geografía más bella se encuentra al sur, donde se levantan los dos picos gemelos de los Pitons, que es un lugar de imagen de postal. Castries, la capital, ofrece un sinnúmero de actividades, aunque en su periferia, y más al interior y el resto de costa, se hallan las mezclas que distinguen al país: la mezcla de poblados pesqueros con plantaciones bananeras y la salvaje jungla. Los densos bosques son hogar a un buen número de árboles y plantas endémicas del Caribe, asimismo como a una de las últimas colonias de loros de las Antillas.</p>

	<p><strong>ST <span class="caps">MARTIN</span></strong><br />
San Martin es una de las islas más turísticas del Caribe Oriental. Se divide en un lado francés y uno holandés, siendo este último el más desarrollado, con centros comerciales, resorts inmensos, casinos y restaurantes de cadena. Sin embargo, esto no afea el paisaje de Sint Maarten, que es, como su nombre lo indica, pura y sólidamente holandés. St Martin es el único territorio pequeño del mundo que es compartido por dos países. A pesar de su doble nacionalidad, las fronteras sólo se saben por los carteles allí presentes, pero no hay puestos de control ni garitas de inmigración como uno suele esperar, de lado y lado. Las playas de St Martin son bastante diversas, desde las que están protegidas por fuertes de roca hasta las perfectamente delineadas por los hoteles y resorts.</p>

	<p><strong>ST <span class="caps">VINCENT</span> &amp; <span class="caps">THE</span> <span class="caps">GRENADINES</span></strong><br />
Este archipiélago es una nación múltiple, conocida a nivel mundial por los yates de renombre que atracan en sus muelles y porque siempre está a un costado de las preferencias turísticas. La isla más al norte, San Vicente, es el centro político y comercial, aglutinando el 90% de la población total. La isla es de un color verde esmeralda, con valles pronunciados sembrados de bananas, cocoteros y arrurruz, y un interior montañoso (como todas las demás islas) dominado por el enorme volcán activo La Soufrière. Recorriendo San Vicente uno de inmediato comprende algo: aún el archipiélago no está desarrollado para recibir turismo, lo que es un plus. No hay resorts de consideración, el aeropuerto sólo tiene capacidad para recibir avionetas y las playas están muy lejos de compararse con las que se encuentran en las Grenadines. Mientras que San Vicente decepciona a muchos de sus visitantes, otros encuentran allí, quizás, lo que por mucho tiempo han buscado. Por su parte, las Grenadines son uno de los archipiélagos más populares del mundo en viajes de crucero. Estas islas, que parecen un reguero de piedras, están rodeadas de arrecifes de coral y aguas aptas para el buceo, el snorkeling y nadar. Hay unas, también, que son prohibitivas o están parcialmente cerradas al turismo, como Mustique o Palm Island, por las enormes casas de los millonarios que allí pasan las temporadas.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2120.jpg" width="500" height="333" /></center></p>

	<p><strong><span class="caps">TRINIDAD</span> Y <span class="caps">TOBAGO</span></strong><br />
Las dos islas son las más alejadas de las Antillas, apenas a once kilómetros de las costas de Venezuela. A pesar de ello, hay muy poca influencia española o sudamericana, siendo la predominante la inglesa, africana y la asiática. “Trini” es la isla más poblada del Caribe, con una mezcla entre lo urbano, las montañas de selva prístina y las pequeñas comunidades de agricultores y pescadores. A pesar de esto, Trinidad es poco preferida por los turistas, ya que carece por completo de playas que llamen la atención. La capital, Puerto España, tiene más de escándalo que de encanto. No obstante, Trinidad es hogar de las aves más hermosas y únicas que se puedan apreciar, asimismo la mezcla de valles y pantanos, como cientos de manglares, son nación de otras tantas especies. Uno de los puntos fuertes de la isla es su Carnaval, que convierte a Puerto España en una sola calle en una festividad que parece no fuera a tener fin. La “hermanita”, como la llaman, la isla de Tobago, es de gran contraste frente a Trinidad. Históricamente incluso ha habido argumentos de que Daniel Defoe tuvo a Tobago en mente cuando escribió Robinson Crusoe. En efecto, muchos de los viajeros que llegan allí van convencidos de que se trata de una de las gemas vírgenes del Caribe. Tobago es agradable y relajante con playas preciosas, aguas protegidas por el coral y de vez en cuando, un hotel frente al mar. También cuenta con vigorosas selvas y cientos de pájaros, ya sean permanentes o migratorios.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2122.jpg" width="500" height="333" /></center></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="http://librodenotas.com/images/2121t.jpg"></div>Culturalmente, el Caribe Oriental es un híbrido de una rica herencia africana, inglesa y francesa, pero sobretodo la influencia holandesa y de tipo Indias Orientales es evidente. Políticamente, las islas constituyen un grupo de ocho naciones independientes, dos colonias británicas, dos “départements” franceses y un estado asociado a Países Bajos. Desde Anguilla, al norte, hasta la isla de Trinidad, al sur, estas islas constituyen una cadena de casi mil kilómetros de longitud. Aunque es posible, si se tiene el tiempo y el presupuesto, de saltar de una isla a la otra, en su mayoría los visitantes prefieren una dosis chica.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2010-03-04T09:00:00Z</published>
		<updated>2010-03-04T09:01:25Z</updated>
		<title type="html">Nueva Zelanda</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="http://librodenotas.com/images/2067.jpg" ></div>Nueva Zelanda es un destino de reverencia a nuestro planeta. Su belleza es dramática e imperecedera. En ninguna parte alguien es aplastado por la imponente naturaleza. La temporada más cargada es la de los meses cálidos entre noviembre y abril, y los resorts de esquí, durante el invierno. La temporada punta es en los feriados escolares veraniegos del 20 de diciembre a fines de enero. Es en estas semanas que las carreteras se abarrotan de tráfico, no se encuentra habitación de hotel y todo sube. Es recomendable por ello visitar el país antes o después de este periodo, cuando el clima sigue estando cálido. Del extranjero, la temporada predilecta es diciembre, febrero y marzo, cuando aún es difícil conseguir alojamiento y todo está a reventar. En general, enero y febrero son los meses de playa, mientras diciembre y marzo no se olvidan por su clima agradable.</p>

	<p>Noviembre y abril, por su parte, son más frescos, pero sobresalen ya que es posible encontrar hospedaje sin dificultad. Octubre y mayo son menos trajinados y muy económicos, aunque se hallan en la amenaza de nieve en las alturas. Y, finalmente, de junio a septiembre es el paraíso de los entusiastas invernales.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="http://librodenotas.com/images/2069.jpg" ></div>Las atracciones principales de Nueva Zelanda pueden verse en un mes. Sin embargo, no merece menos el hecho que podría uno apartarse de los libros turísticos y las recomendaciones y armar un itinerario interesante. Como Nueva Zelanda es de islas, los viajeros con poco tiempo suelen dedicarse a una sola isla. Las islas del Sur, con sus magníficos Alpes y fiordos, son el primer objetivo. Secundariamente, la isla del Norte ofrece su escenografía volcánica, y las mejores muestras hoy, de la cultura Maori. El siguiente es un calendario de nueve días infalible, recomendado en el ánfora de este mes, para un total de dieciocho y recorrer Nueva Zelanda de arriba abajo y de adentro hacia afuera.</p>

	<p><u>Isla Norte</u></p>

	<p><strong>Primer día</strong></p>

	<p>Auckland: merece la pena caminar por el centro de la ciudad y el muelle, y cenar en el distrito de Ponsoby. No perderse los museos de cultura local.</p>

	<p><strong>Segundo día</strong></p>

	<p>En Auckland, vagar por Parnell y vistar el Auckland Museum; luego ir a uno de los miradores en las colinas o subirse al mirador del Sky Tower. Luego tomar el ferri a Devonport.</p>

	<p><strong>Tercer día</strong></p>

	<p>Ir desde Auckland a Rotorua a través de las cuevas Waitomo, al sur de Hamilton. Se trata de cuevas de caliza con estalactitas y estalagmitas.</p>

	<p><strong>Cuarto y quinto días</strong></p>

	<p>Rotorua: ir a las piscinas de fango, los géiseres y echar un vistazo al Maori Arts &amp; Crafts Institute. Ir a un “hangi” maorí, y un concierto. Tomar una embarcación por el lago, y luego ir a un spa polinesio.</p>

	<p><strong>Sexto día</strong></p>

	<p>Viaje de Rotorua a la Bay of Islands por la costa oriental.</p>

	<p><strong>Séptimo día</strong></p>

	<p>Viaje en bote por la Bay of Islands o viajar al Hole in the Rock; no perderse por nada del mundo la reserva nacional Waitangi.</p>

	<p><strong>Octavo día</strong></p>

	<p>Nadar con los delfines, visitar Cape Reinga y la playa Ninety Mile.</p>

	<p><strong>Noveno día</strong></p>

	<p>Retorno a Auckland por el bosque Waipoua Kauri, hogar de los árboles kauri de 1500 años de antigüedad.</p>

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<br />


	<p><u>Isla del Sur</u></p>

	<p><strong>Primer día</strong></p>

	<p>Christchurch: la otra gran ciudad neozelandesa, que amerita una caminata por el río Avon. Habrá que visitar el Arts Center, los jardines públicos y el museo. Nadie debe perderse el “Wizard” en Cathedral Square.</p>

	<p><strong>Segundo día</strong></p>

	<p>Viaje de Christchurch a Mount Cook por el Lago Tekapo: no es lo mismo si no se toma la carretera escénica por estos Alpes.</p>

	<p><strong>Tercer día</strong></p>

	<p>Segundo trayecto del viaje, desde Mount Cook a Queenstown (por la vía de Arrowtown, esto es para mover la circulación o sólo contemplar.</p>

	<p><strong>Cuarto y quinto días</strong></p>

	<p>Queenstown: hacer el viaje en góndola. Subirse al <span class="caps">TSS</span> Earnshow. Toma un tour barato de Skippers. Hay que diversificar las actividades; canotaje, buceo y parapente, entre algunas.</p>

	<p><strong>Sexto día</strong></p>

	<p>Viaje diurno a Milford Sound (la mejor opción es por carro pero no todos piensan igual).</p>

	<p><strong>Séptimo día</strong></p>

	<p>Viaje de Queenstown a Fox o al glacial Franz Josef, tomando la autopista con mejor vista que es el pase Haast.</p>

	<p><strong>Octavo día</strong></p>

	<p>Muy temprano, echar un vistazo a los glaciales (se recomienda que sea guiada) y en la tarde seguir por la costa oeste. Pasar la noche en Hokitika o Greymouth.</p>

	<p><strong>Noveno día</strong></p>

	<p>De Greymouth a Christchurch vía el Arthur’s Pass (una ruta impresionante).</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2066.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2068.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2070.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2071.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2072.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2073.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2074.jpg" ></center><br />
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	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2073.jpg" ></center></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="http://librodenotas.com/images/2068t.jpg" ></div>Nueva Zelanda es un destino de reverencia a nuestro planeta. Su belleza es dramática e imperecedera. En ninguna parte alguien es aplastado por la imponente naturaleza. Las islas del Sur, con sus magníficos Alpes y fiordos, son el primer objetivo. Secundariamente, la isla del Norte ofrece su escenografía volcánica, y las mejores muestras hoy, de la cultura Maori. El siguiente es un calendario de nueve días infalible, recomendado en el ánfora de este mes.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2010-02-04T08:00:00Z</published>
		<updated>2010-02-03T22:03:41Z</updated>
		<title type="html">Kenia</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Como si hubiese sido sacado de una historia antigua, por mucho tiempo, los visitantes habituales de Kenia fueron un puñado de comerciantes árabes que se movían por la costa oriental africana con sus artículos apilados sobre un carromato. Hoy, el turismo es de millones, al poseer este país una de las escenografía de vida salvaje más bellas del mundo. A Kenia se accede directamente desde París, Londres, Bruselas, Ámsterdam, Zúrich, Milán y Roma. No hay vuelos a Estados Unidos ni a América del Sur desde y hacia Nairobi. Un viaje a Kenia tiene tres opciones de aventuras, una que es histórica, otra de actividades al aire libre que incluya los parques nacionales, y la otra, dedicada completamente a los safaris.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2006.jpg" alt="Nairobi" /></center></p>

	<p>Aunque Nairobi es la puerta de entrada de Kenia, no hay cientos de cosas que hacer allí. Ciertamente, en el lugar del viejo humedal de los Maasai, surgió la ciudad más grande en la ruta entre El Cairo y Johannesburgo, pero de modestas proporciones: apenas 1.6 millones de habitantes. Fue, sin duda, el ferrocarril entre Mombasa y Uganda lo que cambió el curso de la historia del país, ya que más 32,000 trabajadores indios llegaron de Gujarat y Punjab para quedarse. Nairobi es una ciudad moderna, muy distinta a las demás en África, sin ese toque tercermundista salvo en algunos sectores periféricos, donde se conjugan los ríos de gente. Tres o cuatro días bastan para ver el Museo Nacional (los retratos de Joy Adamson de Las Gentes de Kenia), el adyacente Snake Park (cuenta con una muestra de todas las serpientes del continente africano), el Railway Museum, los edificios del Parlamento, entre otros.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2007.jpg" alt="Fort Jesus" /></center></p>

	<p>El viaje histórico a Kenia inicia auténticamente en la costa, en el puerto de Mombasa, para ver el Fort Jesus o Fuerte de Jesús, construido por los portugueses en 1593. Merece al menos que se le dediquen un par de horas, ya que su belleza es singular. El mejor momento para visitarlo en temporada es temprano en la mañana, cuando el aire es fresco y el sol dista de ser una amenaza. El fuerte fue diseñado por el arquitecto de origen italiano Joao Batista Cairato, quien fue autor de mucho de lo que se erigió en Goa. Otra de los monumentos de importancia es Omani House, en el bastión de San Felipe, en la esquina noroeste del Fuerte. Construida en el siglo <span class="caps">XVIII</span>, la Casa Omani tiene una de las mejores vistas a la Ciudad Antigua. El segundo tramo del recorrido histórico se consigue desde Mombasa hacia el norte, bordeando el mar, siendo el primer hito Gedi, a 4 kilómetros del poblado de Watamu. Se trata de unas ruinas de una ciudad árabe Swahili, que ha permanecido como un enigma, ya que no se mencionó en ninguna de las crónicas portuguesas de aquel tiempo. Para ahondar en el misterio, las excavaciones recientes han hallado piezas de porcelana china de la era Ming, como también cristal de Persia, y el consenso científico apunta a que Gedi fue fundada en algún momento del siglo <span class="caps">XIII</span>, pero fue inexplicablemente abandonada entre los siglos <span class="caps">XVII</span> y <span class="caps">XVIII</span>, probablemente por el retiro de las aguas del mar, o quizás, por el acoso de la tribu Galla que reinaba al norte. Por ello, la maleza alta consumió el lugar, y sólo su descubrimiento tuvo lugar en los años 20 del pasado siglo. Hay un montón de casas, una mezquita y tumbas de importancia, al igual que murallas. En la misma dirección, más al norte, está la isla de Lamu, que durante la década de 1970 ostentó la reputación de ser el Katmandú africano, por su paz y romanticismo medieval. En Lamu hay fuertes influencias de la cultura Swahili, un fuerte construido por el Sultán de Paté entre 1810 y 1823 y hasta un Santuario al Jumento, asimismo como un montón de villorrios pintorescos llenos de vida local y sorpresas.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2008.jpg" alt="Playa Isla Lamu" /></center></p>

	<p>En el plano de las actividades que pueden llevarse a cabo en Kenia, está el rafting o canotaje, a las afueras de Nairobi, justamente sobre el Sagana donde desciende el río Athi, y concluyendo el viaje cerca a la represa Masinga. El Athi es por sí mismo bellísimo, con rápidos, caídas y cascadas que a nadie se le olvidarán. Para escalar, está el Monte Kenia, a más de 5.199 metros sobre el nivel del mar, el segundo pico más alto del continente, permitiendo caminatas seguras entre mediados de enero hasta fines de febrero, y de nuevo, entre agosto y septiembre. La costa ofrece una infinitud de playas, como la de Diani, que es la mejor; seguida por la de Twiki, aunque insuperables a las de la isla de Lamu. El snorkelling se restringe a los parques naturales de Malindi y Watamu, aunque la experiencia se dobla en las islas Shimoni y Wasini, a las que no es tan fácil acceder. Y para terminar, un viaje así sea corto en “dhow”, esta embarcación árabe de vela triangular, en el archipiélago de Lamu, a la que se tiene que llevar sombrero y bloqueador (ya que no hay casi sombra abordo), pero que resulta imprescindible, particularmente antes de que caiga el sol.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="http://librodenotas.com/images/2009.jpg" alt="Viaje en Dhow" /></div>Por último, está el mundo de los safaris, y a menudo los viajeros van a otros países africanos por esta experiencia ignorando que en Kenia es donde son de lo mejor. Hay varios tipos de safaris, siendo el más tradicional el safari de vida salvaje, desde Nairobi o Mombasa, a través de los famosos parques nacionales del país. No es un viaje de horas, en realidad, un paquete auténtico de safaris de vida salvaje comprende tres y hasta cuatro recorridos, con vestido de caqui, para observar la indomable fauna. Otro que es muy famoso, es el safari en globo, que se puede contratar al occidente del país. Los globos parten a diario del Keekorok Lodge y el Fig Tree Lodge en la reserva nacional Maasai Mara, e incluye el precio un desayuno con champaña sobre las llanuras y estepas africanas. También, otra opción, son los safaris en bici, que se ofrecen en paquetes combinados (esto es, caminata y recorrido en bicicleta) que van desde tres hasta seis días, con la caminata de retorno al corazón de la nación Maasai.Y finalmente, los safaris en camello, que sólo pueden tomarse desde las zonas tribales de Samburu y Turkana, como entre el villorrio de Isiolo y el Lago Turkana al norte del país. Lo bueno de esta opción es que el camello no se detiene donde usualmente lo hacen los jeeps y camionetas de excursión, lo que permite una aventura junto a los nómadas del desierto que se mueven también por Etiopía.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2011.jpg" alt="Safari" /></center></p>

	<p>Esta nota no sería lo que es sin mis usuales observaciones y recomendaciones por experiencia al viajero, así que procederé con ellas. Al visitar las reservas y parques nacionales de Kenia, la mayoría de los excursionistas se pregunta por qué a veces es tan difícil ver aves y mamíferos salvajes, y por qué lleva tantas horas, y a veces, nunca ocurre. Pues la respuesta, a menudo, es de sentido común, ya siendo el ruido uno de los factores (hay que mantenerse callado y quieto), y la creencia de que “todo vendrá a uno”, lo cual es falso. Así, la mejor hora es siempre muy temprano en la mañana o hacia el final de la tarde, cuando África se sume entre luz rojiza purpúrea y las sombras. En algunas zonas, sin embargo esto no funciona, ya que los animales han ido adaptando su instinto y costumbres a la acción del hombre, y resulta a la inversa, en el transcurso del día, cuando salen de caza. En los bosques, por ejemplo, la algarabía de monos y mandriles en las copas sobre su cabeza será la advertencia de algo peligroso que está por ocurrir, así que ojo avisor.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2010.jpg" alt="Tierra Masai" /></center></p>

	<p>Kenia también es tierra de absurdos. En Nyeri, en las montañas centrales, me encontré con un museo (en realidad un santuario) dedicado a Baden Powell, de hecho “Lord Baden Powell”, fundador del movimiento scout. El lugar se llama “Paxto”, en las inmediaciones del Hotel Outspan del lugar, donde Lord Baden vivió y murió, y donde permanece enterrado. Para mi sorpresa y horror, “Paxto” fue después la casa de Jim Corbett, de quien ignoraba de quién se trataba hasta que leí la placa conmemorativa en su nombre: “destructor de los tigres come-hombres en el centro de la India durante los años 20 y 30”. ¡Qué distinción! Durante todo el día, llegan y salen excursiones de chavales scouts en todos los idiomas, que consideran este su centro de peregrinaje. Es irónico que un colonizador como Baden Powell tenga en Kenia un santuario, mientras que uno de los hombres ilustres de la independencia de Kenia, el General Dedan Kimathi, duerme el sueño eterno en una tumba sin distinción u honores en el otro extremo de Nyeri. Kimathi fue ahorcado por los ingleses luego de la Rebelión Mau Mau en la prisión de Kamiti (dicen los libros de historia). Y sin embargo, según comprobé al asistir a una cátedra de historia patria en una escuela, no es lo que en Kenia se les enseña a los niños. El maestro habló de que lo “habían enterrado vivo”. Así que surge mi pregunta: ¿Entonces donde está el tótem?</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2012.jpg" alt="Etnia-pop" /></center></p>

	<p>Hay que recordar algo: para sacar una buena foto, absténgase de hacer locuras. Por tanto, nunca se acerque a los animales, así sean jirafas, y se aleje tras accionar el obturador rápidamente, ya que las consecuencias pueden ser diversas. Una de las imágenes más bellas es la de una madre con su cría, pero uno de mis guías en el parque Amboseli me comentó que una vez, varias excursiones coincidieron por el mismo sendero en advertir a un grupo de leonesas con sus crías. Por alguna razón, todas centraron su atención en un mismo objetivo, una de ellas, y la cercaron. La consecuencia fue que el animal salió corriendo asustado y abandonó a su cría en el lugar. Aquí va otra: nunca abandone su camioneta o jeep, ya que aunque las bestias se ven tranquilas y domesticadas, recuerde que no está en domingo en el zoo. Sólo toque tierra cuando así se lo hagan saber, en los lugares permitidos. Tampoco insista a su guía de perseguir animales una vez los ha visto, o de lo contrario, por creer que se trata de algo grande, las demás excursiones se le unirán en la persecución, contra el derecho natural que tienen las especies de vivir en paz. Tampoco permita que su guía se salga de los senderos predeterminados: al hacerlo, se genera un daño al ecosistema.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2013.jpg" alt="Viaje en globo" /></center></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="http://librodenotas.com/images/2013t.jpg" alt="Viaje en globo" /></div>Hay que recordar algo: para sacar una buena foto, absténgase de hacer locuras. Por tanto, nunca se acerque a los animales, así sean jirafas, y se aleje tras accionar el obturador rápidamente, ya que las consecuencias pueden ser diversas. Una de las imágenes más bellas es la de una madre con su cría, pero uno de mis guías en el parque Amboseli me comentó que una vez, varias excursiones coincidieron por el mismo sendero en advertir a un grupo de leonesas con sus crías.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2010-01-04T09:30:00Z</published>
		<updated>2010-01-04T08:30:27Z</updated>
		<title type="html">Los del 2010</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Un nuevo año inicia, y con él, llega la selección de destinos turísticos recomendados. Hay muchos iguales de valiosos que se quedan por fuera, e incluso los anteriores cuentan, especialmente la entrada relativa a <a href="http://librodenotas.com/anforadeletras/11852/sudafrica">Sudáfrica</a> que será muy útil cuando el campeonato mundial de fútbol comience. Así que este es un adelanto de las futuras columnas de la Ánfora para el 2010, sin orden cronológico, por supuesto:</p>

	<p><strong>PERÚ</strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1957t.jpg" title="Perú" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1957.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=451,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Perú es un país apasionante. En Sudamérica no tiene otro igual, con algunas de las montañas más altas del continente rodeadas, de un lado, por densas dunas que se hunden en el mar, y por el otro, por un impenetrable brazo de la selva amazónica. Desde Lima, con sus contrastes y su fuerte influencia asiática, ciudad siempre envuelta en una agradable bruma que penetra al oscuro océano Pacífico, hasta Cuzco, antigua capital del imperio del Inca, que fue destruida por los conquistadores para dar lugar, también, a una de las más hermosas villas del hemisferio. Cientos de ruinas diseminadas por toda su geografía, e incluso en lo profundo de la selva, además de una excelente gastronomía y la gran calidad y belleza de sus lanas y alpacas, hacen de Perú un destino que, en 2010, quien pueda nadie debe perderse.</p>

	<p><strong>TURQUÍA</strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1959t.jpg" title="Turquía" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1959.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=450,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Con una de las más apasionantes historias, Anatolia es hogar de la ciudad más antigua descubierta en el mundo, Catal Höyük, que se remonta al 7.500 a.C. Perteneciente al imperio Hittite, desconocido en Occidente, y antes que los romanos aparecieran en el mapa, aquel punto recuperado fue por mucho la amenaza más seria al antiguo Egipto. Igualmente, la actual Turquía es la cuna de la clásica cultura Helenística, y para ello cuenta en su Mediterráneo los más importantes vestigios de este pasado, ciudades que testimonian hoy la veracidad de las leyendas. Turquía es un país enorme, con una amplísima variedad de cosas por hacer y ver. Uno podría pasar en el país semanas o incluso meses antes de obtener una imagen más o menos coherente de su dimensión.</p>

	<p><strong><span class="caps">NUEVA</span> <span class="caps">ZELANDA</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1956t.jpg" title="Nueva Zelanda" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1956.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Es extraño que muy pocos sientan interés por estas antiguas islas que parecen navegar como un pesado carguero frente a la costa australiana. Nueva Zelanda es geografía de la más majestuosa belleza, tanto así que, las principales películas de fantasía, tales como Lord of the Rings y las Crónicas de Narnia, se filmaron entre sus nevados, glaciares y campiñas cubiertas de pastos tan tiernos que da lástima caminar sobre ellos. Nueva Zelanda es un mundo de atracciones del mejor tipo, varios países en uno, desde caminatas junto a volcanes activos hasta ver las copas de los árboles que llenan miles de kilómetros de coníferas vírgenes e impenetrables, o a través de lagos termales, géiseres y barro humeante. Sus bosques son el hogar de probablemente los árboles más antiguos del planeta —sólo comparables con los secuoyas en California— y playas de ensueño en las que el hombre y la naturaleza (representada principalmente por focas y pingüinos) alternan en armonía. Un viaje en bote los llevará a los fiordos remotos, muchas veces blancos, otras con el hielo de color rosa o azul, y ríos poderosos y aptos para el canotaje, montañas para escalar, y pistas de esquí que nada envidian a las de Suiza y Colorado. Nueva Zelanda es una versión de Inglaterra que sólo hubiera podido describir una sinfonía.  </p>

	<p><strong><span class="caps">HAWAII</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1951t.jpg" title="Hawai" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1951.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>La belleza natural de Hawaii es extraordinaria. Para los que no sabían, además, la isla ostenta dos títulos mundiales: es el pico más alto que surge del océano, y es la coronilla de la montaña más alta del mundo, submarina por sus características, que se levanta del lecho oceánico hasta alcanzar la altura de más de 9 mil metros. El Everest, por su parte, con sus 8,848 metros, es el pico “más alto en tierra”. De ahí la naturaleza volcánica del archipiélago. Las playas del archipiélago son de las más bellas que jamás pueden verse en alguna parte, con arenas tan blancas como si fueran detergente hasta las dunas más grises, entre piedras que son magma sólido. El terreno es de lo más variado, entre valles espesos con vegetación tropical hasta cumbres de corte alpino.</p>

	<p><strong><span class="caps">NUEVA</span> <span class="caps">YORK</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1955t.jpg" title="Nueva York" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1955.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=447,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>No hay nada más admirable de Nueva York que la solidez de su trazado urbanístico, del que sobresale su minuciosamente organizado sistema de transporte. Pero como toda primera excursión a Nueva York comienza en un mapa, es desde ahí que se construye la aventura en una de las mejores ciudades del mundo. Podría decirse que lo que uno desee y no lo encuentre en la ciudad es porque no existe. Manhattan, con su abundante vida, Brooklyn con su espíritu cosmopolita y cultural, además de su historia, y los distritos pintorescos como Harlem y Queens, los que confluyen para pintar el retrato de una gran ciudad que nadie puede dejar de visitar.</p>

	<p><strong><span class="caps">CARIBE</span> <span class="caps">ORIENTAL</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1950t.jpg" title="Caribe oriental" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1950.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Las islas del Caribe Oriental suplen todas las imágenes que se tenga sobre lo que es “tropical”: playas serpenteantes de arenas blancas salpicadas de conchas exóticas, bahías con aguas que parecen espejos, selvas espesas siempre rociadas de llovizna y una abundancia de helechos, un sol casi perpetuo y la sensación de haber ganado al tiempo. Ante este telón, el viajero siempre podrá sumergirse para apreciar los sistemas de coral más bellos de América y caminar por bosques frutales espesos, creyendo estar perdido, y encontrar, tras seguir el rumor, la más prístina cascada. La historia, también hace parte de estas islas, contando los dos centros coloniales de importancia, y sobre todo, la mezcla cultural con fuertes influencias de lo africano, inglés, francés e hindú, reflejadas en la comida y la música. Un recorrido como lo haría uno de los flamantes cruceros, saliendo de Trinidad, sobre el Delta del Orinoco venezolano, hasta la isla de Anguila, a sólo 15 minutos por aire de Puerto Rico.</p>

	<p><strong><span class="caps">NUEVA</span> <span class="caps">INGLATERRA</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1954t.jpg" title="Nueva Inglaterra" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1954.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=400,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Al norte de Nueva York, en otoño, ocurre uno de los más impresionantes y primorosos fenómenos naturales de todos los años, cuando los árboles se encienden en rojos y naranjas que para el ojo que los contempla no tienen fin. El capitán John Smith, famoso por la historia de Pocahontas, fue quien arribara a esta franja geográfica que hoy componen seis estados, Massachusetts, Rhode Island, Connecticut, Vermont, New Hampshire y Maine. Los neo ingleses de esta fría región han conservado su carácter único, con imponentes ciudades coloniales y arquitectura ciento por ciento de estilo Federación. Las costas son largas y anchas, llenas de faros, y son cinco los que se destacan: Boston, Newport (sus mansiones palaciegas), Cape Cod y la fiesta visual del otoño, conocida como “Fall foliage”.  </p>

	<p><strong><span class="caps">HONG</span> <span class="caps">KONG</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1952t.jpg" title="Hong Kong" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1952.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=568,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Una ciudad que es una mezcla entre Oriente y Occidente, Hong Kong es, bajo los rascacielos, el crisol de la cultura cantonesa. El mundo chino, lleno de vapores, escándalo, caos y colores, abunda en este archipiélago de islas. Hong Kong tiene algo para cada quien. Los amantes de las compras se lanzaran sobre los almacenes en Central, Admiralty, Causeway Bay y Kowloon, todos distritos llenos de vida hasta el amanecer. Los románticos disfrutarán la vista nocturna en el mirador sobre las aguas de Victoria Harbour, con su impresionante juego de luces, que hace creer que se está en un siglo posterior. Los seguidores de la arquitectura moderna, por su parte, encontrarán solaz en el Central, y para los desinteresados, no muy lejos están las paradisiacas playas y los senderos secretos.</p>

	<p><strong>REPÚBLICA <span class="caps">CHECA</span> Y <span class="caps">ESLOVAQUIA</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1958t.jpg" title="República Checa" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1958.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Desde hace años la oficina de promoción turística de la República Checa ha vendido al país como la cuna del romance y el amor, apta para una luna de miel o la consolidación de un romance. Praga como la ciudad romántica de Europa. Sin embargo, un recorrido por las montañas y valles que la rodean, y la vecina Eslovaquia, confirman que en parte hay razón en aquel eslogan publicitario. Maravillarse con la arquitectura barroca y gótica, caminar por callejas que no han sido cambiadas desde la Edad Media, rico folclor, vida nocturna amplia como también disfrutar sus termales, o incluso saborear una de tantas de las mejores cervezas del mundo (es un hecho: la cerveza fue elevada a arte por los checos), hace de la antigua Checoslovaquia uno de los más bellos y pintorescos parajes de la Unión Europea.</p>

	<p><strong><span class="caps">KENIA</span></strong><br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1953t.jpg" title="Kenia" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1953.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></div>Aunque históricamente ya estaba en el mapa, Kenia ha adquirido un lugar recientemente por ser en parte la tierra ancestral del hombre de la esperanza, Barack Obama. Para apreciar el mundo salvaje africano, este país es el mejor lugar, con la mejor infraestructura y cultura turística para ello. Desde las estampidas que inmigran siempre de un lugar a otro hasta la populosa colonia de flamencos que se reúnen en los bajos del Rift Valley, hasta las hordas de elefantes que cruzan frente a uno de los íconos africanos más preciados, el Kilimanjaro, Kenia no se limita a ser simplemente un destino de safari. Mombasa, sobre el océano Índico, es una ciudad con rica historia y playas para descrestar. También, no muy lejos, las islas de Lamu, con su fuerte influencia árabe, que remata el escándalo de su moderna capital, Nairobi, a años luz de las demás de la región.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1953t.jpg" title="Kenia"width="120" height="90" /></div>Un nuevo año inicia, y con él, llega la selección de destinos turísticos recomendados. Hay muchos iguales de valiosos que se quedan por fuera, e incluso los anteriores cuentan, especialmente la entrada relativa a <a href="http://librodenotas.com/anforadeletras/11852/sudafrica">Sudáfrica</a> que será muy útil cuando el campeonato mundial de fútbol comience. Así que este es un adelanto de las futuras columnas de la Ánfora para el 2010, sin orden cronológico, por supuesto.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-12-04T10:00:00Z</published>
		<updated>2009-12-04T10:07:21Z</updated>
		<title type="html">Cadaqués</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>A ojo de pájaro, desde el balcón, omitiendo el mar, solo viendo un boquete de agua oscurecida en el cielo opaco de las cuatro de la tarde, Cadaqués podría parecer estar sobre un río, uno apacible y ligeramente rizado, o ser lamido por las aguas de un lago antiguo y frío. Sólo el calor y las olas dando contra el rompiente recuerdan que se está en el Mediterráneo y que es verano.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1902.jpg" title="Cadaqués"/></center></p>

	<p>Era mi tercera visita a Cadaqués en toda una vida. Las dos anteriores habían tenido lugar en mi niñez. Cálidos veranos, noches de juego sin dormir, las historias de las ayudantas locales que, cuando se sentían incómodas en sus conversaciones, comenzaban a hablar en su catalán casi inteligible. A veces me pregunto si no era jerigonza aquello, y lo digo porque hoy por hoy domino estupendamente el catalán. Los primeros peregrinajes de mi familia al pueblo pesquero comenzaron en la década del 50, en el bronce apogeo de la era franquista. Desde el siglo <span class="caps">XIX</span>, había quedado fuertemente establecida la conexión entre una porción de mi familia y Cadaqués, sin hablar de Mallorca, por supuesto, gracias a un archiduque austríaco rebelde que hizo todo lo que sus hermanos dejaron de hacer, y murió después, contra su voluntad, en un castillo frío, enfermo y alucinando con el Mediterráneo español. O también la anécdota de mi madre quien, en su adolescencia, visitó el cercano Castell Pujol acompañada por sus dos hermanas mayores y la luminaria de Cecil Beaton, quien ya había fotografiado a Dalí en 1936. Allí, un pintor afamado y grandullón los recibió, y de inmediato procedió a darles una excursión privada por la propiedad, sin perder ni un minuto en banalidades. Al llegar a su estudio, Dalí abrió la puerta y fue enseguida hasta el fondo, giró sobre sus talones con cierto ademán teatral y, abriendo sus brazos, como si fuera a ser ungido o crucificado, dijo:</p>

	<blockquote>
		<p><em>“C&#8217;est le coeur de mon art: ici je me masturbe.”</em></p>
	</blockquote>

	<p>Cadaqués es un territorio especial, no solamente por Dalí, que es siempre como un satélite dominante, sino más bien porque ayuda a explicar un poco más su introversión. Hay algo magnético, mágico, casi sobrenatural en el aire, la tierra y el agua, la forma como cae la luz, el cielo y las noches. Un embrujo de Manuel de Falla, matizado por el misterio. Duendes, faunos, espíritus. Hongos que crecen a la inversa, dentro de la tierra, con las raíces que pueden arrancarse en las playas. Carcajadas en el fondo del mar. Mi correspondencia de aquel entonces comprueba que por poco me quedo a vivir.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1903.jpg" title="Cadaqués"/></center>

	<p>Una carretera serpenteante, a través de las montañas, lleva a Cadaqués. De repente, en algún punto se ve el mar, y debajo, la ciudad, blanca como algunos sueños, blanca como si hubiera sido lavada con lejía. Y allí, creciendo al borde de la rambla, los azufaifos rezumando ante la amenaza de su extinción, de tanto en tanto, bajo arcos y túneles breves sobre los que se levantan las casas, como si pertenecieran a nómadas del Sahara.</p>

	<p>La tierra es negra, con rastros de caliza por doquier, y justo donde las olas se retiran se hace un bozo oscuro, como si hubiese sido aquella línea irregular rociada con petróleo. Al fondo de la ciudad, con sus tejados de barro que podría haberlos descrito Stendhal magistralmente en alguna de sus novelas, se levantan las cuestas a veces cortadas por cierta borrasca mañanera, de un verde pardusco, algo erosionadas ya, aunque aún sólidas.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1904.jpg" title="Cadaqués"/></center>

	<p>Mi habitación con balcón, en la casa alquilada, daba a la bahía, y podía ver los retorcidos y fantasmagóricos sicomoros, aunque inspiradores, y gran parte de la hermosa iglesia de Santa María, con las campanas señalando a sus horas el aviso a la misa. Allí, descendiendo, el sendero peatonal costero desaparece, y una playa se abre campo, donde los bañistas chapotean y resoplan a medida que desciende el sol. Hay barcazas de colores aquí y allá, y a veces uno que otro yate, y la luz se hunde sinuosa en la arena marrón, seca, muerta.</p>

	<p>Había querido escribir en Cadaqués, y para ello había trasladado gran parte de mi despacho al pueblito costero. Sin embargo, estando allí me fue imposible: había algo, quizás, en las reproducciones de Dalí que colgaban de las paredes, probablemente en aquella del Cristo cúbicamente crucificado, o uno de los “rêve”, que no se por qué me recordaba a una profesora diabólica de química en mi niñez, sería (pienso) alguna manifestación de mi psique, bajo la influencia de la magia de este pueblo.</p>

	<p>Cuando baja el sol, lo mejor que puede hacerse es pasear: además, como recientemente una amiga de noventa años me sugirió, pensando en ella más que en mí, “activa la circulación”. Pero más allá de los restaurantes, las tascas y las conversaciones en la playa, en Cadaqués la diversión se acaba pronto, y sólo queda el embrujo. Estuve un mes, y parece que no fue suficiente: una parte de mí, aún deambula por aquellas estrechas aceras que descienden hacia el mar, rodeadas de tapias blancas a cal y canto de las que caen, por fuerza de la misma magia, las encendidas buganvillas.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1905.jpg" title="Cadaqués"/></center>

	<p>Si hay un lugar que valga la pena no perderse, en la Costa Brava, es Cadaqués, una auténtica perla de los españoles. La mejor época para visitar es en la temporada baja (cuando la primavera raya en verano y el verano en otoño), pues ya las hordas se habrán retirado de nuevo muy lejos. Cadaqués parece pintada por Dalí, y es ineludible tenerlo presente durante una estadía en el pueblo. Porque tal como lo dijo el pintor, se trata de “un grandioso delirio geológico”. El surrealismo hace parte de Cadaqués, extendiéndose incluso unos 8 kilómetros al norte, hasta Cap de Creus, donde los hongos, como ya lo dije antes, crecen al revés.</p>

	<p>Puntualmente recurre la pregunta: ¿Entonces qué hay que ver? Comenzando por la dieciochesca (en gran parte) Església de Santa Maria, con su retablo barroco, y el circuito de callejas adyacentes, subiendo o descendiendo, invitando al amor furtivo y a la vitalidad. Está el Centre d’Art Perrot-Moore, en Carrer del Vigilant, fundado por el secretario de Dalí y que permite un refresco veraniego con Dalí y Picasso. También el Museu de Cadaqués, en el número 15 de Carrer de Narcís Monturiol, que a menudo exhibe grandes sorpresas nuevas, para el ojo incauto. Uno de mis lugares favoritos, con tantas pequeñas playas, es Platja Llaner, con el hogar veraniego de los padres de Dalí, y enfrente, la estatua de Josep Subirachs dedicada a la memoria de Federico García Lorca. En los alrededores, por supuesto, está Port Lligat, a donde puede irse a pie (poco más de 1 kilómetro), que ofrece la Casa Museu Dalí, una barraca de pescadores remodelada para albergar el gusto y ego del artista, y que fuera en parte su residencia entre 1930 y 1982 (se reconoce desde lejos por las dos torres en forma de huevo).  También, Cap de Creus, al norte de Cadaqués, un lugar de elevada y corrugada belleza espiritual, con aguas color turquesa constantemente golpeando contra la línea costera rocosa. Sin duda, un lugar perfecto para un picnic antes del ocaso.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1906.jpg" title="Cadaqués"/></center>

	<p>A Cadaqués le debo un mes mágico y una novela no escrita. Parece ser, que tendré algún día que regresar para terminarla, y quizás me quede por más tiempo, y es probable que una parte de mí se quede allí, al igual que hojas escritas y poesía nonnata, para siempre.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1905t.jpg" title="Cadaqués"/></div>A ojo de pájaro, desde el balcón, omitiendo el mar, solo viendo un boquete de agua oscurecida en el cielo opaco de las cuatro de la tarde, Cadaqués podría parecer estar sobre un río, uno apacible y ligeramente rizado, o ser lamido por las aguas de un lago antiguo y frío. Sólo el calor y las olas dando contra el rompiente recuerdan que se está en el Mediterráneo y que es verano.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-09-04T10:04:18Z</published>
		<updated>2009-09-04T10:04:18Z</updated>
		<title type="html">Top 10: Nassau</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/16727/top-10-nassau" />
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Brisas tropicales, música de tambores, restaurantes de primer nivel y actividades fabulosas son sólo unas pocas de tantas cosas en Nassau, para todos los gustos. Y lo mejor: las Bahamas están a un trecho por avión de Miami (media hora), y sólo 2 horas y media de Nueva York. El lugar favorito de los estadounidenses para pasar el invierno, las Bahamas son un auténtico paraíso en otoño.</p>

	<p>La tentación es enorme: sólo hay que imaginar un destino que ofrece días sofocantes y noches despejadas que son un manto de lentejuelas los 365 días del año. Esto es las Bahamas, donde las temperaturas varían entre los 20 y 26 grados, con un pico en verano de 32°C y no menos de 15°C en el clímax del invierno.</p>

	<p>Nassau es la capital de las Bahamas, muy popular desde que los piratas como Barbanegra, Henry Morgan y Anne Bonney se pasearon por la bahía de la ciudad en sus barcos. Entre las cosas que saltan a la vista: una bellísima arquitectura colonial, una población amable, infinitas opciones de compras y atracciones, como un clima que invita a que Nassau participe de las vacaciones de parejas, familias y personas solitarias.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1807.jpg" title="Casas de Nassau" /></center></p>

	<p>Las Bahamas son famosas por sus playas, con esa arena que parece azúcar pulverizado rosa, y de esto el viajero tendrá en abundancia, además de olas. Sin embargo, hablemos de las diez cosas que no deben dejar de hacerse en Nassau al tiempo que sin prisa, nos relajamos al pie del agua con una bebida helada en la mano.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1811.jpg" title="Playas de Nassau" /></center></p>

	<p>Antes que todo, hay que decir que Nassau es una ciudad fácil de andar, no importa en qué punto de la ciudad (o de Paradise Island) uno se hospede. Sólo hay que recordar que las reglas en las Bahamas son al más riguroso estilo inglés, y los coches van del lado opuesto al que estamos acostumbrados. Aunque alquilar un coche es una atractiva opción, dado el tamaño de Paradise Island lo más recomendable sería tomar un taxi, o si se está en Nassau, sólo caminar.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1809.jpg" title="Nassau" /></center><br />
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<strong>1. Straw Market</strong> – Las vacaciones deben comenzar aquí. Está en el corazón de la ciudad, y es altamente famoso entre los turistas. Las mujeres locales comenzaron a vender artesanías aquí cuando el comercio decayó. Hoy, se trata de un mercado ruidoso y variado donde siempre habrá algo llamativo y nuevo que comprar.  ¿Qué hay que esperar? Como en todo país, las presiones de los vendedores, una hermosa mercancía hecha a mano y los regateos usuales. Mientras uno negocia, un vendedor que ha estado atento (y que vende lo mismo) usualmente interrumpe sólo para ofrecer un menor precio. Hay que tomarse esto con mucha tranquilidad, disfrutarlo pues, sobre todo, ¡la idea es nunca pagar un precio inflado!</p>

	<p><strong>2. Bay Street</strong> – Si uno está buscando gangas en ropa de diseñador y otros artículos de lujo, uno estará más que satisfecho con los precios duty-free del principal distrito de la moda de Nassau. Ir de tienda en tienda, con la música de los tambores golpeando del cercano Straw Market, es lo que hace de esta experiencia algo único. Los precios de clásicos como Waterford y Wedgwood, como Gucci y Prada no pueden pasarse por alto. No obstante, también hay un mundo de tejidos hechos en las Bahamas de gran confección y a precios irresistibles. Son éstos los obsequios ideales para llevar a los amigos y familiares en casa. La mayoría de las boutiques en Bay Street están abiertas de lunes a sábado, entre 9am y 5pm. Un dato adicional: sólo las droguerías están abiertas los domingos en Straw Market.</p>

	<p><strong>3. Jardines Ardastra</strong> – A una milla al oeste del centro de Nassau, se encuentra una de las atracciones turísticas más valiosas de la ciudad. Incluso, si se llama previamente, la administración de los jardines enviarán una cómoda y climatizada furgoneta para recogerlo a uno en el hotel. Los jardines son pequeños (sólo un poco más de 2 hectáreas), pero albergan a más de 300 animales que representan completamente los habitantes originales de estas islas. A cada vuelta, es inevitable repetirse que el concepto del jardín nada tiene de comercial, sino que es un centro de conservación donde los animales &mdash;especialmente los flamencos&mdash; son respetados, y  nunca tratados como mascotas. La atracción especial de los jardines es el mundialmente reconocido show de los flamencos marchantes que tiene lugar 3 veces al día. Mientras el instructor les grita órdenes, más de 30 flamencos hacen gimnasia al unísono. No ir a Ardastra Gardens es como no haber estado en Nassau.  </p>

	<p><strong>4. Fort Charlotte</strong> – Mientras que uno está en Ardastra Gardens, puede visitar el cercano fuerte Charlotte, el más grande e interesante de los 3 fuertes coloniales en el área de Nassau. Tiene un foso ya sin agua, un puente levadizo y pasadizos subterráneos que rematan en oscuros calabozos. No pueden pasarse por alto las paredes rayadas por los soldados que estuvieron alguna vez estacionados ahí, su memoria. Aunque el fuerte no es especialmente hermoso, nadie se arrepentirá de haber ido ya que ofrece una vista única de la bahía de Nassau. La admisión es gratis, como el recorrido guiado. Si uno no llegó en la furgoneta de Ardastra Gardens, hay un autobús, el número 10, que lo regresa a uno al centro de Nassau.</p>

	<p><strong>5. La Escalinata de la Reina</strong> – Se trata de una escalera de piedra caliza, cuyos peldaños conmemoran cada uno un año en la vida de la reina Victoria de Inglaterra. Se trata de una de las mejores 10 escaleras del mundo al aire libre, y está a solo un paso del fuerte Fincastle, construido en 1793. En la cima de las escalinatas, con sus impresionantes vistas, se sacan las mejores fotografías postales de Nassau.</p>

	<p><strong>6. Junkanoo</strong> – Si por casualidad, como los pingüinos, uno está en diciembre en Nassau, deberá alistarse para el festival Junkanoo, que tiene lugar en el “Boxing Day”, esto es, el día después de Navidad, como es la tradición en la Commonwealth (26 de diciembre). Lo que uno encontrará será una exuberante parada de disfraces coloridos y demasiado elaborados. Junkanoo, sin duda, recuerda al Mardi Gras de Nueva Orleans, aunque es menos impresionante, claro está. El punto álgido de la parada son los tambores, que siguen una secuencia específica y significativa a medida que se comunican entre sí durante la festividad.</p>

	<p><strong>7. El paraíso bajo el agua</strong> – El snorkeling (nado con tubo para respirar y careta) es una de muchas formas de disfrutar verdaderamente de las aguas lúcidas como el cristal que rodean a Nassau. Sin importar si uno es un aficionado o un buzo profesional, fácilmente puede alquilarse el equipo adecuado, tomar lecciones e incluso ir con un grupo en un recorrido guiado bajo el agua, o si uno lo prefiere, completamente personalizado. Si uno no sabe nadar, tampoco es una excusa para perderse de los paisajes submarinos: hay botes con piso de vidrio, únicos en el mundo. De este modo, se verán los mundos coralinos abundantes y los peces exóticos, de colores vivos, jamás vistos. Los viajes se ofrecen desde un par de horas, hasta todo un día, con excursiones a otras islas, por ejemplo.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1806.jpg" title="Buceo" /></center></p>

	<p><strong>8. El plan del náufrago</strong> – Sólo en las Bahamas, por sus facilidades, uno puede hacer lo que llamo “el plan de Crusoe”: alquilar un bote y navegar a una de tantos islotes y cayos desiertos, hacer el picnic perfecto, nadar con tubo y explorar. Hay muchas compañías que ofrecen aventuras para parejas y familias completas, y las opciones varían. Ya uno esté interesado en un día a bordo de un yate, en un bote a remo o de motor, o en un velero, no sobra planificarlo desde el hotel, o con los locales en el puerto.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1810.jpg" title="Navegar" /></center>

	<p><strong>9. Paradise Island y el Atlantis</strong> – Nassau está unida a una isla que se llama Paradise, o “Paraíso”, como es su traducción. Sin embargo, sólo un puente separa a la capital con la isla mayor, hogar de complejos hoteleros de ensueño. Esta isla, inicialmente fue el hogar probado del millonario Huntington Hartford, que puso su empeño para transformarla completamente en una isla fantasía. Una de las principales atracciones de Paradise Island son los casinos, 800 máquinas tragaperras en el Atlantis (sólo para mencionar un ejemplo) y un promedio de 35 mil dólares entregados por hora a sus jugadores. Porque a los locales se les prohíbe apostar (aquel viejo lastre británico), los casinos están llenos de turistas.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1808.jpg" title="Casino Atlantis" /></center></p>

	<p>Pero ya que mencioné el Atlantis, vale la pena endosarlo aquí, si es que no tiene la oportunidad de hospedarse allí: consiste de 11 lagos, con una colección de más de 50 mil peces y criaturas marinas (pirañas, tortugas, tiburones de todo tipo), que los emires del Golfo Pérsico ven con recelo. Es el hábitat marino artificial más grande del mundo, después de los mismos océanos, y los recorre uno fácilmente por túneles de cristal. Sin embargo, la mayor atracción del Atlantis es “The Dig”, un amasijo de túneles y habitaciones que exploran la historia de 11 mil años de la mítica y perdida ciudad de la Atlántida. La recompensa está al final, en el último salón, donde una espectacular guía de navegación muestra una representación viva de la Atlántida, mientras que un mapa de bronce  muestra las estrellas favoritas de sus habitantes.</p>

	<p>Hay más cosas por hacer como visitante de un día en el Atlantis. Lo que yo recomiendo es llegar temprano y marcharse tarde. De cualquier modo, si el presupuesto lo permite, es mucho más cómodo quedarse en el lujoso complejo mientras se visita Nassau (es mi favorito). El problema es que, con tanto que hacer en este lugar, el visitante por primera vez terminaría ignorando lo demás que Paradise Island tiene por ofrecerle.</p>

	<p><strong>10. Los jardines Versalles</strong> – Hacen parte del resort Ocean Club en Paradise Island, y vale la pena también echarles un vistazo. Los claustros adyacentes son un ejemplo inigualable del lado caprichoso de Nassau. Traídos en partes por William Randolph Hearst en los años 20 del sur de Francia, las estructuras se armaron pieza a pieza en 1962. Sin embargo, el resultado nunca fue exactamente igual al de los originales antes de desarmarse, y el resultado es una estructura que parece antigua.</p>

	<p>Los Versailles Gardens se caracterizan por su exquisito y deliberado diseño clásico. Las largas sombras del fin de la tarde agregan drama a los jardines, y es el lugar propicio para concluir el día antes de dirigirse a uno de tantos excelentes restaurantes de Paradise Island para la cena.</p>

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	<p>Las islas de las Bahamas son magníficas, y Nassau, la joya de la corona. Ya uno tenga en mente tumbarse en la plata o visitar sus atracciones, Nassau es un lugar hermoso para vacacionar, y no sólo eso, sino para quedarse a vivir. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1807t.jpg" title="Casas de Nassau" /></div>Brisas tropicales, música de tambores, restaurantes de primer nivel y actividades fabulosas son sólo unas pocas de tantas cosas en Nassau, para todos los gustos. Y lo mejor: las Bahamas están a un trecho por avión de Miami (media hora), y sólo 2 horas y media de Nueva York. El lugar favorito de los estadounidenses para pasar el invierno, las Bahamas son un auténtico paraíso en otoño</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-08-04T08:00:00Z</published>
		<updated>2009-08-04T01:03:48Z</updated>
		<title type="html">10 destinos de verano</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2009-08-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b9c8f208f6256dae5010b90f3b60de50</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>El verano es la época del año de días cálidos y noches largas, para pasar muchas horas a la intemperie, nadar, descansar y sobretodo, pasear. Por ello, el verano se traduce en vacaciones, fiestas y festivales, como no pueden faltar tampoco las playas. Sin embargo, otro gran número de personas se dirigen a los lagos y a las piscinas, a veces menos congestionadas que los balnearios de siempre. Esta es mi lista de destinos de verano de 2009, que publico justamente en el punto álgido de la estación, el mes de agosto, y que propone ofertas desde ciudades famosas hasta islas hechas para un total aislamiento y descanso. Ofrezco pues, una selección para todo tipo de turistas, desde los más arriesgados hasta los más tradicionales, excluyendo momentáneamente, el exótico y pletórico mundo de las playas.</p>

	<p>1. <span class="caps">CAPRI</span></p>

	<p>Pese a los miles de turistas que desembocan como garbanzos en la Marina Grande, los alemanes con su würst, y la invasión de marcas de alimentos extranjeros, Capri continúa siendo una isla encantadora, un paraíso en el golfo de Napóles. Sus magníficas cuevas, su vegetación lujuriosa y sus angostas callejas han atraído y cautivado a visitantes por siglos. Nadie puede perderse las vistas desde la cima del Monte Solaro, a dos horas del ocaso.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1772t.jpg" title="Capri" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1772.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />
</p>

	<p>2. <span class="caps">HAMPTONS</span></p>

	<p>Artistas escénicos, músicos y escritores siempre han sido atraídos por el magneto de las hermosas playas y las casas rústicas al mejor estilo de Cape Cod del extremo este de Long Island, flanqueada por el oeste con la enorme Nueva York. Hamptons está compuesta por varios poblados, a saber: Hampton Bays, Southampton, East Hampton, Sag Harbor y Amagansett. La mayoría de los restaurantes y hoteles abren solamente entre junio y octubre. Recomiendo Southampton, un pueblecito para recorrer en una tarde, así como echar un vistazo al viejo puerto ballenero de Sag Harbor, y por supuesto, disfrutar de East Hampton, la joya de la corona, con una cena en el Maidstone Arms, un clásico de restaurante. También, en la punta este, la zona de Amagansett ofrece una variedad de alojamientos y restaurantes, al igual que vistas únicas desde su faro y tardes de té en sus campos de golf. Un clima único, con amplísimas playas de mar abierto, llenas de arbustos y moteadas de lilas, es lo que hace de Hamptons un destino único.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1773t.jpg" title="Hamptons" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1773.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />
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	<p>3. <span class="caps">LAGO</span> DI <span class="caps">COMO</span></p>

	<p>Donde Lombardía se levanta hacia los Alpes suizos, nacen los más bellos lagos (y una de las atracciones relegadas de Italia). Los lagos no son sólo el lugar de recreo de la élite de Milán, y son tres: el Garda, el Como y el Maggiore. De los tres, el más bello es el Lago di Como. Fue Marie Henri Beyle quien pusiera pies en las playas silenciosas del lago, con 17 años, y bajo las órdenes de Napoleón. Años después, bajo el nombre de Stendhal, escribiría “La Chartreuse de Parme”, una de las obras cumbre de la literatura universal, en donde el inmortal escritor alababa las aguas verde-azul y el reflejo alpino del entorno. También, Plinio el Viejo y Plinio el Joven nacieron allí. Ferias de antigüedades, caminatas por senderos especiales y posibilidades para escalar, al igual que remar, son muchas de las ofertas de esta área.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1774t.jpg" title="Lago di Como" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1774.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>4. <span class="caps">LONDRES</span></p>

	<p>Podría decirse que nada tiene de extraño la capital inglesa durante el verano, salvo por pequeñas sutilezas: el clima. Como nunca antes, los cielos de Londres se abren y muestran un azul que se oscurece con el embate solar. Además, la estación favorece a los habitantes de la ciudad, que se muestran mucho más animados y alegres que en otros meses. Momento adecuado para recorrer la ciudad y, a la sombra, cuando se necesite, beberse un “pimms” o un “gin and tonic”.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1775t.jpg" title="Londres" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1775.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>5. <span class="caps">MONTREAL</span></p>

	<p>La mejor época para visitar Canadá, al igual que Londres, Montreal se abre como una flor en primavera. Montreal no es de esas ciudades que necesitan tiempo para saborearse: es única en su tipo. Da la impresión de ser uno de esos pocos lugares que quedan, en los que se mezcla el romanticismo y el misterio, de besos furtivos en las calles y extraños que, de repente, comienzan a hablarse entre sí; una exquisita mezcla de Inglaterra y Francia enmarcado en un escenario típicamente canadiense. Montreal es demasiado europea, y su buen gusto se refleja en una oferta de más de seis mil restaurantes, y una serie de actividades veraniegas para mantener al turista entretenido. Además, es la base perfecta para dirigirse a la muy británica, pero flemáticamente francesa villa de Quebec.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1776t.jpg" title="Montreal" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1776.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=399,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>6. <span class="caps">PARQUE</span> <span class="caps">NACIONAL</span> DE <span class="caps">YELLOWSTONE</span></p>

	<p>En la esquina más alejada de Wyoming, bordeando con Montana e Idaho, se encuentra uno de los santuarios naturales más bellos del mundo: Yellowstone, el primer parque natural de Estados Unidos. La intención al crearlo fue de homenajear lo espectacular y único de la geografía americana: los muchos fenómenos geotérmicos, el Gran Cañón del Yellowstone, los bosques fósiles y el Lago. Además de albergar la mitad de todos los géiseres del mundo, Yellowstone es también hogar de la más amplia y variada concentración de especies salvajes de Norteamérica. Compuesto por cinco regiones, Mammoth Country es la más activa de las tierras geotermales. Roosevelt Country, con vistas irrepetibles a una geografía que parece virgen en sus pinceladas, y que se une con el Canyon Country, con su Artist Point (un mirador especial) y Mount Washburn, el pico más alto del Yellowstone. Lake Country es un área eminentemente alpina, con lagos y las montañas Absaroka cubiertas de nieve siempre observando, al igual que Geyser Country, con el Old Faithful, que escupe más de 800 galones de agua entre 30 y 60 metros cada 80 minutos en promedio. Acampar, escalar, montar en bicicleta y esquiar están entre muchas de las actividades que ofrece Yellowstone, en pleno verano.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1777t.jpg" title="Parque Nacional de Yellowstone" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1777.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>7. <span class="caps">ISLA</span> <span class="caps">GORGONA</span> E <span class="caps">ISLA</span> <span class="caps">COCOS</span></p>

	<p>Antiguamente hogar de una prisión, la Gorgona americana se encuentra a doce horas en barco de América del Sur, desde Colombia. Gorgona es un santuario natural, hogar de especies indómitas y cuyas aguas son la sala de maternidad de las ballenas del Pacífico. Es un lugar de increíble paz e aislamiento. A la llegada, a cada turista se le asigna un guía personal, y las opciones son múltiples: prístinas playas, selvas que ascienden hasta por encima de las nubes, caminatas por el interior salvaje. Desde Playa Blanca, puede verse la otra isla, Gorgonilla, que está cerrada al público. Para ver, entre otras, hay grabados en piedra aborígenes, las ruinas de la versión colombiana de la prisión de Alcatraz (que funcionó hasta mediados del siglo XX) y la rica historia, como la estadía del conquistador  Pizarro en la isla cuando se dirigía a la conquista de Perú.</p>

	<p>Isla Cocos está más al norte, sobre el mismo océano Pacífico, a más de 700 kilómetros de Costa Rica. Con menos restricciones al mundo exterior que Gorgona, Cocos es un lugar aislado, que pareciera ser otro mundo, donde fue grabada en parte Jurassic Park (o al menos inspirada allí). Se trata de una isla en la que abunda la fauna marina, las aves, y dada su topografía, sólo goza de dos temporadas, una de sol y otra lluviosa. Agosto es la mitad de la temporada de lluvias (que es la mejor), ya que los arcoíris abundan, al igual que facilita el clima el buceo.</p>

	<p>Dos destinos, por supuesto, para olvidarse del mundo.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1778t.jpg" title="Isla Gorgona e Isla Cocos" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1778.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=500,height=781,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>8. <span class="caps">SAN</span> <span class="caps">PETERSBURGO</span></p>

	<p>La metrópoli europea de Rusia, San Petersburgo es el destino perfecto para visitar durante el verano, dado su agradable y fresco clima. La ciudad, además, es una sutileza arquitectónica: las vistas de los edificios a lado y lado del río Neva y sobre los canales, con amplias avenidas que recuerdan a París, Ámsterdam, Venecia y Berlín, se suavizan aún más con los colores de la ciudad, verde y dorado. San Peterbursgo es, sin duda, lo mejor de Rusia, y más que ser “una ventana a Occidente”, como dijo Pedro el Grande, es esa ventana por la cual Occidente se asoma y descubre la grandeza cultural de Rusia.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1779t.jpg" title="San Petersburgo" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1779.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=344,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>9. <span class="caps">VANCOUVER</span></p>

	<p>Atrapada entre el mar y las montañas, Vancouver es la única ciudad canadiense de importancia sobre el océano Pacífico. Su apariencia física y sus características la hacen uno de los puertos más atractivos de Norteamérica. Construida sobre colinas, al igual que San Francisco, Vancouver tiene numerosas entradas al mar, puentes, y un reguero de islas, con grandes parques que desbordan en tamaño y sobrepasan el promedio en cualquier lugar del mundo. Nunca a más de 20 grados de temperatura en verano, Vancouver invita a tardes en las playas, avistamiento de orcas y ballenas, y tranquilidad.</p>

 <center><img src="https://librodenotas.com/images/1780t.jpg" title="Vancouver" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1780.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=299,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center><br />


	<p>10.  <span class="caps">SUECIA</span> Y <span class="caps">NORUEGA</span></p>

	<p>En Escandinavia, durante el verano, las temperaturas jamás sobrepasan los 25 grados, por lo que es muy común que esta sea la época en la que nuestros vecinos nórdicos se ponen pantalones cortos y camisetas y disfrutan de las noches largas de la temporada. Un recorrido completo, sin obstáculos, casi hasta las tierras más meridionales, es posible en este mes.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1781t.jpg" title="Suecia y Noruega" /><div class='piefotoldn'> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1781.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=398,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></div></center></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1773t.jpg" title="Hamptons" width="110" hight="82,5" /></div>Esta es mi lista de destinos de verano de 2009, que publico justamente en el punto álgido de la estación, el mes de agosto, y que propone ofertas desde ciudades famosas hasta islas hechas para un total aislamiento y descanso. Ofrezco pues, una selección para todo tipo de turistas, desde los más arriesgados hasta los más tradicionales, excluyendo momentáneamente, el exótico y pletórico mundo de las playas.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-06-04T08:15:07Z</published>
		<updated>2009-06-04T19:31:10Z</updated>
		<title type="html">El Airbus A-380-800</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/16171/el-airbus-a-380-800" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-06-03:77c262b7562572606450a68115f67ab6/3c98f90ef5bacb5fbf16ad4ecec486a8</id>
		<category term="Viajes" />
		<category term="Tecnología" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Apenas unas horas antes del vuelo, en un chequeo rutinario a los billetes mientras desayunaba en un agradable café sobre Sunset, caigo en cuenta de que, no por coincidencia, volaría en el nuevo gigante de los aires. Casi tímida, confusa, era la anotación en el billete: “388”. Una llamada a Qantas en su oficina de Los Angeles fue suficiente para salir de dudas. No lo pensé dos veces, de inmediato, en hacérselo saber a un par de amigos, y desde Buenos Aires a Nueva York se regó la noticia.<br />
<br />

<center><img src="https://librodenotas.com/images/1694.jpg" title="Airbus A-380-800 " /></center><br />
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El vuelo QF94 de Qantas hacia Melbourne estaba programado para partir a las 11:30pm de aquel lunes, aunque se elevó sobre Los Angeles faltando un cuarto para la medianoche. Ya hace un tiempo había completado la misma ruta a Sydney &mdash;doce mil kilómetros medidos en 14 horas, pasando por 6 zonas horarias y sin escalas a bordo de un Boeing 747-400 también de Qantas&mdash;, pero esta vez iría a Melbourne, que está una hora más al sur, y en el A380. Por lo tedioso del recorrido, 15 horas 25 minutos, reservamos como siempre para esta clase de travesías en primera clase (casi seis mil dólares por plaza), que se traducía a comodidad y, sobretodo, acceso ilimitado al avión (si es quería hacer esta nota). Porque da la casualidad que, en clase económica y súper económica, el viajero no carece de “privilegios” para acceder al segundo nivel del avión y echar un vistazo a la cabina “business” y, por supuesto, la espectacular “First”.</p>

	<p>Se trata de un avión hermoso, aunque estéticamente parezca un delfín obeso. La primera aerolínea en el mundo que recibió el A380 fue Qantas, y quería verlo de día, así que no tardamos en salir del hotel para acampar en <span class="caps">LAX</span>. Fue fácil captar un sinfín de imágenes, desde que aterrizó en su aventura de Melbourne hasta que lo preparaban para nuestro viaje. Por ello, me limitaré a describir minuciosamente la experiencia Qantas a bordo del A380 en su trayecto Los Angeles-Melbourne, con la advertencia que de aerolínea en aerolínea puede variar.</p>

	<p>Qantas ofrece varias categorías de silletería, comenzando por la “económica”, que aunque tiene tonalidades futuristas, es demasiado estrecha, casi como un camión de ganado. Le sigue una que denominan “economy Premium”, lo que significa un pelo más holgado (es como en algunos cines donde los pasillos quedan más cerca del centro del sándwich), pues a partir de aquí, las cosas mejoran, ya que ascendemos (y también por las escalas) a “Business”, donde las sillas se convierten en las que usualmente se ven en primera clase en otros aviones. Y, finalmente “Primera”, prácticamente con sus dormitorios de lujo y sus artilugios electrónicos. En económica, un billete bien puede costar 2 mil dólares ida y vuelta, mientras que en Primera superará los 6 mil, y en Business, casi unos 5 mil. Lo recomendable, como viajero empedernido, es la máxima comodidad, particularmente en viajes que superan las 8 horas. El descanso de las vacaciones comienza desde la llegada al aeropuerto, no hay que olvidarlo.<br />
<br />

<center><img src="https://librodenotas.com/images/1695.jpg" title="Airbus A-380-800 " /></center><br />
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Entre otras cosas, la primera clase da otra serie de ventajas, como el embarque preferencial y el manejo más rápido de maletas (y ya lo dije, la posibilidad de caminar sin restricción por el avión). Por lo demás, todo es igual. Una de las ventajas de los A380s de Qantas es que esta aerolínea ofrece internet abordo (bien democrático, como debería ser) y conexiones <span class="caps">USB</span> y eléctricas en cada silla, de modo que nadie se queda sin batería.  </p>

	<p>El avión que nos llevaría a Melbourne era el Nancy Bird-Walton (matrícula VH-<span class="caps">OQA</span>), hoy una nonagenaria que fue pionera de la aviación australiana, avión que luego me enteré fue el primer A380 que recibió Qantas en septiembre de 2008, y de los que ya posee 3 en operaciones (como también el que piloteó John Travolta en su vuelo inaugural, por cierto).</p>

	<p>Olía a aire purificado, a limpio (por no decir &#8220;nuevo&#8221;, ¡que suena tan a cliché!), no a ese olor peculiar de los aviones de mucho vuelo que oscila entre oxígeno, queroseno y mugre de alfombra. Bajo la excelente iluminación, una azafata me condujo a mi compartimento o celda de lujo, entre la nariz y la puerta de acceso al “upper deck”. Me quitó la americana que llevaba puesta, como en los mejores restaurantes, y la colgó en un perchero una vez en mi silla, tras de lo que procedió a enseñarme el bonito juego de toallas de mano y cara Molten Brown. ¿Le apetece beber algo?, me dijo, y en vista de mi petición regresó al cabo de un minuto con una San Pellegrino, un doble de Chivas y dos tazones con aceitunas y pistachos. Me senté apoyando mi cabeza en la almohada, con los pies sobre la manta y el par de toallas, y saboreé el Chivas. Aún no cerraban las puertas y se escuchaba el rumor de la tropa. Una azafata sonriente me trajo la primera toalla caliente para mis manos, y otra, los periódicos del día (escogí la edición del Sydney Morning Herald, por supuesto). Si quería revistas, al final del pasillo había una pared con todo lo inimaginable.</p>

	<p>De inmediato, mi primera sorpresa, pues ya estaba a la caza de las anomalías, fue los visibles avisos de prohibición de fumar y la presencia de ceniceros. Sí, tal como lo leen, ceniceros. ¿Pero a qué diablos se debía el exabrupto? Una de las azafatas cordialmente explicó que estaban ahí por exigencia de la [obsoleta, digo] Autoridad Federal de Aviación estadounidense, que los hace mandatorios. Menuda estupidez. ¡De entrada había detectado cuál era el apéndice del A380!</p>

	<p>Silencioso, sólido, mi A380 se elevó sin la sensación de vacío y brusquedad (por lo paquidermo, claro), y puedo decir que fue el despegue más agradable de toda mi vida. A medida que acelera, el sonido de la turbina se silencia las alas se separan de la tierra rápidamente, de modo que si alguien está muy concentrado en una conversación o con sus audífonos puestos, probablemente siente el ascenso diez o quince segundos después de producirse. El único sonido que recuerda a los viejos 747s es el de los alerones, y es cuando te dices ¡quién diablos está haciendo ese ruido!<br />
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<center><img src="https://librodenotas.com/images/1696.jpg" title="Airbus A-380-800 " /></center><br />
<br />

Primera tiene 14 plazas giratorias, que al aterrizar y despegar parecen cualquier otra silla, pero que en vuelo adquieren ya sea forma de cama (valiéndose del asiento negro de cuero que parece una otomana) o sillón. Por ejemplo, mi silla giraba siempre a la izquierda. Hay dos servicios en la parte delantera, y no hay compartimentos para poner equipaje de mano para las sillas del medio, excepto en las dos hileras sobre cada ventana. El control de las ventanas, traducido en luz, es inteligente. Hay dos botones debajo de cada marco, o, de lo más apropiado me resultó el “master control”, que parece sacado de un Wii pero con pantalla táctil, desde los que se controla. Tocando la pantalla en el lugar adecuado, la luz se disminuye con una persiana blanca que se desliza silenciosamente y difumina. Hacia arriba, vuelve y se sube. Mientras se mueve, otro toque hace de freno, de modo que puede dejarse hasta la mitad. Si se quiere oscuridad total, entonces se activa el mecanismo doble, cae lentamente la persiana romana seguida por la usualmente gruesa que todos conocemos. Las ventanas son grandes, sí, pero gracias a los gruesos cristales, a veces cuesta trabajo ver fácilmente el exterior, ya que tiende a distorsionarse. Los cinturones de seguridad efectivamente funcionan en tres puntos y son de lo más parecido a los de un coche, y el broche se maneja con botones.</p>

	<p>Una vez sentado en mi silla, exploré un espacio esquinero pequeño donde puse posteriormente vasos y botellas (¡y un libro!), y a mi izquierda el revistero (el folleto de seguridad, la guía de vinos y la revista Australian Way de Qantas, así como un compartimento con puerta para guardar mis objetos personales. El aire acondicionado puede distribuirse desde varios puntos en el mando en el techo, al igual que la luz, según la posición que uno adopte (muy apropiado para leer). Uno puede tener visitas en su cubículo, y hasta cenar en compañía, ya que está la posibilidad de utilizar la otomana negra, moviendo a un lado la pantalla <span class="caps">LCD</span>, y dos personas quedar frente a frente. Hay un montón de espacios donde guardar objetos pequeños como relojes y estilográficas (el mejor es el pomo para colgar los audífonos), aunque no me parecieron tan seguros, ¡y vaya a ver una turbulencia y termina uno perdiendo sus herencias! La mesa desplegable es demasiado chica, de todos modos, si se compara con la de Business o Economy. Un control maestro dirige para cada pasajero la tecnología en vuelo de pantallas, luces y silla (que tiene cuatro funciones de masaje).</p>

	<p>Noté que tras el despegue, las azafatas habían rotado o que se habían puesto un uniforme distinto para atender a los pasajeros. Y de repente, se habían aprendido mi nombre. Vino la tal Lucy y me tuteó como si nos conociésemos de toda la vida, y me entregó sonriente unas mudas de noche, por si me quería cambiar antes de dormir a pierna suelta (¡qué poco me conocía!).</p>

	<p>Fui a los servicios antes de cenar, y me encontré con que son un poco más grandes que los del 747, y con una ventana (apropiado), pero así como hay cestas con lociones y cremas finas el cuarto presenta muchos defectos, comenzando por la estrecha boca del cesto, y el chorro de agua que podría eventualmente salpicarle a uno los pantalones. Cuando regresé a mi asiento, el sistema <span class="caps">IFE</span> de entretenimiento ya estaba encendido, 18 canales y un repertorio de 70 pelis para el de los ojos cuadrados, sin duda.<br />
<br />

<center><img src="https://librodenotas.com/images/1697.jpg" title="Airbus A-380-800 " /></center><br />
<br />

Con la segunda ronda de bebidas vino Pats, con su acento del Outback, a tomarme la orden. Me ofreció cuatro aceites de oliva extra virgen distintos y cinco clases de mantequilla preparada. Nada mal. Llegaron los “canapés”, con otra chica, Lin, que puso mi mesa. Una verdadera lástima que las regulaciones aéreas obliguen a utilizar hoy cubertería plástica. Una copa de agua y la carta de vinos fue puesta en mis manos. Ordené el “Mas de la Dame Les Baux-de-Provence Coin Caché Blanc 2005”, y cinco minutos después Lucy me trae la caliente “Soupe de Baguette” gratinada con trocitos de calamares, y cuando termino, como en un desfile de modas y con precisión de reloj, Pats aparece con el “Boudin Noir” de acompañamiento y la cazoleta estilo “séte” de salmonete rojo y mejillones, de excelente aroma. Con los digestivos, y desafiando las reglas de Italia (¡por la hora!), se pasearon cappuccinos y postres, pero yo me quedé con la tarta de mango y almíbar de maracuyá, muy equilibrada en sabor, con crema casi molecular. Bebí una taza de té (que no puede faltarme) y me relajé en mi silla. Al cabo de una hora, todas las almas en la cabina (excepto la mía) dormían. Llamé a Lin, que estaba al alcance, y le pedí que me hiciera mi cama (¡de haberme visto mi madre!): sobre la silla tendió un grueso y suave edredón Duna, y esperó a cerciorarse que le jurara que estaba cómodo de verdad. Además, me entregó dos botellas de agua, por si me quedaba seco.<br />
<br />

A la mitad del viaje sólo había movimiento de la tripulación en Business y Primera, como era de esperarse. Medio uno se movía o miraba alrededor y ya se te plantaba de frente alguna azafata con su: ¿Qué necesita, señor Vergara? Pues sí, a medio camino me invadieron esas ganas de comer algo dulce, y Lin no dudó en traerme una copa de helado de chocolate belga con cerezas. Incluso mientras dormía, no dejaron de pasar revista para ver si medio abría un ojo y se me ocurría pedir algo. </p>

	<p>Tres horas antes de aterrizar en Sydney, en la semipenumbra, me levanté tras alternar mi tiempo entre dormir y leer y eché un vistazo. El 80% de los pasajeros aún dormían. Sé que en Singapore Airlines y Emirates, por ejemplo, que no sólo derrotan a Qantas sino a cualquier otra aerolínea, lo que para mí era lujo en Emirates podría ser “Premium economy” perfectamente. Inspeccioné las clases económicas y me di cuenta que habían sillas demasiado reclinadas sobre los pasajeros que tenían detrás despiertos, y que parecían ya bizcos con la pantalla de 10 pulgadas casi en la narices. Business era un pabellón de cancerosos, y más de una vez temí que algún durmiente fuera a caer. En algo ya se me había pegado el elitismo de Primera, con Pats y Lucy apostadas en los flancos de los accesos vigilando con su expresión del hampa rusa.<br />
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<center><img src="https://librodenotas.com/images/1699.jpg" title="Airbus A-380-800 " /></center><br />
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Parecía ya un niño e incluso se me unieron dos chiquillas igual de inquietas en mi exploración. El entretenimiento en Business y Primera es excepcional, y seguramente los chicos, y no uno, ya demasiado serio y repeinado, sacan de él mejor provecho. Destaca la pantalla táctil con juegos a lo Play Station y los programas infantiles. Aunque si bien es cierto, Primera no es lugar para llevar niños, donde quedarían peligrosamente aislados en un cubículo. ¡Como tampoco la súper económica!</p>

	<p>Por lo demás, la velocidad promedio, según las pantallas interactivas de seguimiento de vuelo (que además permitían elegir entre las tres cámaras externas desde las que se podían ver distintos planos del avión), osciló entre los 970 y 975 kilómetros por hora, en match .09, y a una altitud de crucero de 36 mil pies.</p>

	<p>Aproximadamente dos horas antes de aterrizar se encendieron las luces del pasillo (¡llevábamos ya una hora en amanecer, entre sol y sombra!) y las azafatas se pusieron a trabajar para el desayuno, abajo con las mesas rodantes de servicio, arriba con las bandejas en cada mano. La fruta era fresca, dulce y al gusto, al igual que los huevos y el pan (desde croissants hasta bollos de cereales, galletas, rollos dulces y magdalenas), además de bebidas calientes con distintas combinaciones de tipo cóctel. A quienes les costaba reincorporarse, vi para mi horror a Pats entregar latas de Red Bull.</p>

	<p>En el descenso, el sobrecargo fue silla por silla y estrechó las manos de cada uno de nosotros, tras de lo que hubo una nueva ronda de toallas calientes y se dibujó la visión de la costa australiana en el horizonte próximo. Fue un descenso largo, advierto: no debe ser fácil hacer bajar un avión de 500 toneladas.<br />
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<center><img src="https://librodenotas.com/images/1698.jpg" title="Airbus A-380-800 " /></center><br />
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Aterricé en el aeropuerto de Melbourne a las 8 de la mañana del miércoles. Entre zonas horarias y horas de vuelo, el A380 nos había robado el martes a todos. Bromeo. Llegamos con un retraso de catorce minutos, pero lo más tedioso estaba por venir. El paso por los controles migratorios en Sydney o Melbourne suele ser a veces molesto: ni con un pasaporte europeo logra uno librarse de los chequeos exhaustivos de las autoridades australianas, que según sé, en algunos casos llegan hasta la xenofobia. Por ello merece que aquí lo advierta y, de paso sea dicho, porque sólo ocurre en los aeropuertos.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1694t.jpg" title="Airbus A-380-800" /></div>Se trata de un avión hermoso, aunque estéticamente parezca un delfín obeso. La primera aerolínea en el mundo que recibió el A380 fue Qantas, y quería verlo de día, así que no tardamos en salir del hotel para acampar en <span class="caps">LAX</span>. Fue fácil captar un sinfín de imágenes, desde que aterrizó en su aventura de Melbourne hasta que lo preparaban para nuestro viaje. Por ello, me limitaré a describir minuciosamente la experiencia Qantas a bordo del A380 en su trayecto Los Angeles-Melbourne, con la advertencia que de aerolínea en aerolínea puede variar.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-05-04T08:30:30Z</published>
		<updated>2009-05-04T01:27:02Z</updated>
		<title type="html">Túnez</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/15942/tunez" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-05-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/9dfb8a85cc163a5c29c72aba99efc3d6</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>A sólo 80 kilómetros de Sicilia, se encuentra uno de los países mediterráneos más bellos y pequeños del norte de África, aunque significativamente tan grande como Inglaterra y Gales juntos, el estado de Washington al norte de Estados Unidos o Victoria, en Australia. El turismo en Túnez llega a su punto máximo cada año entre julio y agosto, cuando cerca de dos millones de europeos se apretujan en sus 1.400 kilómetros de playas, lo cual dice, al sentido común, alejarse siempre. Tampoco es una buena época para visitar el país, ya que los precios suben y el transporte es una pesadilla. A esto, se suma el calor durante las horas de actividad turística (10am a 6pm), particularmente hacia las ruinas antiguas. La mejor época, aunque se cruce con las obligaciones laborales de muchos, es entre marzo y mediados de mayo, pues los días primaverales son placenteramente tibios y las afueras se renuevan para el ojo extranjero tras las lluvias de invierno. Hacia fines de mayo, el fogonazo del estío se asienta hasta las postrimerías de octubre, y solo en diciembre nuevamente el clima se torna propicio, aunque húmedo y espeso en el norte, como también perfecto para ver las dunas al sur del país y las aves migratorias del lago Ichkeul.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/1608.jpg" title="Dunas" /></center><br />
<br />

A mi parecer, un mes es suficiente para recorrer minuciosa y pacientemente a Túnez, aunque basta solo con dos semanas mínimo para ver lo esencial. Hay tres tipos de viajes, los usuales de paquetes turísticos de 1 semana, los de una quincena (dos semanas) y el viaje de 4 semanas, que es el ideal y es una suma de los dos primeros itinerarios sugeridos, aunque extendidos. Para efectos prácticos, el que narraré a continuación será la travesía sustanciosa de 2 semanas, pero antes, repasaré el recorrido que queda por fuera, y que también es una excelente oportunidad para el viajero.</p>

	<p>El viaje a Túnez de 1 semana deberá concentrarse únicamente a explorar un área determinada, teniendo en cuenta uno de tres puntos de arribo al país (Túnez, Monastir y Jerba). En el <u>Norte</u> del país, comenzando por la capital, el viajero deberá visitar el Museo Bardo, la medina y Cartago (dedicando a esto dos días a lo sumo). Luego, podrá trasladarse a Dougga y explorar el lugar camino a Le Kef (un día). De ahí, deberá seguir a Jendouba y visitar la Bulla Regia, tras de lo que proseguirá a ‘Ain Draham, donde se recomienda permanecer un día. El viaje por la costa es indispensable bordeando el inspirador bosquecillo de alcornoques por otro día (pero opcional), y ver la playa de Tabarka (que amerita quedarse a dormir), antes de regresar a Túnez. Si se parte del <u>Centro</u> de Túnez, el recorrido perfecto deberá comenzar en Sousse (para visitar la medina y su museo, como mínimo en estadía de 2 días). La siguiente parada será en Kairouan (un día) para seguir rumbo sur a El-Jem (otro día). La medina de Sfax merece la pena explorarla, y hay opciones buenas de estadía. De ahí, nuevamente camino norte a Mahdia (otro día) antes de regresar a Sousse. En el <u>Sur</u>, se comenzará en la isla de DJerba donde se explorará la ciudad de Houmt Souq (un día). Luego, es indispensable moverse al sur a Tataouine, en medio del desierto, y quizás contratar un “louage” o taxi chárter o compartido a Ksar Ouled Soltane, para pasar un día. Otro louage se hará indispensable para visitar Douiret o Chenini (puntos bellísimos de arte y cultura sahariana, hundidos en las dunas), antes de concluir la alargada en Matmata (via Gabès, una ciudad arruinada por una petroquímica horrenda). De ahí, la siguiente parada es por Chott el-Jerid a Tozeur (dos días máximo para disfrutar uno de 2 hermosos lagos salados en medio de la arena de Túnez). Douz sigue en la ruta, para un viaje de acampamiento típico en el desierto bajo las estrellas (una noche opcional, para los amantes de las aventuras), antes de regresar a DJerba.</p>

	<p>Si tengo una lista de lo bueno y lo malo de Túnez, sin duda, merece la pena compartirla con los futuros viajeros. Así que aquí va:</p>

	<p>LO <span class="caps">BUENO</span>:</p>

	<blockquote>
		<p>	<ol>
		<li>La amabilidad de los tunecinos.</li>
	</ol></p>
	</blockquote>

	<ol>
		<li>Los recorridos temprano por la mañana al “ksour” o “fuerte  bereber” cerca de Tataouine.</li>
		<li>El verdor de los oasis.</li>
		<li>Los oasis de montaña al oeste de Gafsa.</li>
		<li>La arquitectura islámica en Kairouan, Mahdia y Túnez.</li>
		<li>El coliseo de El-Jem.</li>
		<li>Las ruinas romanas de Dougga.</li>
		<li>Las caminatas por el bosque en ‘Ain Draham.</li>
		<li>La condimentada “chorba bil djej”, una espesa sopa de pollo con pasta en forma de granos de arroz.</li>
		<li>El “Vieux Magon” o vino rojo local.</li>
	</ol>

 <br />
<br />


	<p>LO <span class="caps">MALO</span>:</p>

	<blockquote>
		<p>	<ol>
		<li>Las hordas europeas veraneras.</li>
		<li>Los complejos hoteleros de paquete con su comida aburrida.</li>
		<li>Las etiquetas erróneas o inexistentes en los museos.</li>
		<li>El poblado de trogloditas de Matmata, después de las 9 de la mañana, por los buses turísticos en temporada alta.</li>
		<li>El villorrio minero de Metlaoui, desde donde inevitablemente comienzan las excursiones al manantial Seldja (en el Lezard Rouge o “Lagarto Rojo”, la famosa línea del ferrocarril).</li>
		<li>La polución de las aguas en Gabès.</li>
		<li>Cualquier tipo de cuarto de servicio (baño) en Ksar Ghilane.</li>
		<li>El zoo Tijani en Tozeur (no hay que perder el tiempo).</li>
		<li>Las casas de clientes de tapetes en Kairouan.</li>
		<li>Los altos costos de alquiler de coches.</li>
	</ol></p>
	</blockquote>

<br />


	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1607.jpg" title="Coliseo romano de El-Jem" /></div>¿Qué no hay que perderse? En arqueología, el escalafón lo inicia “Bulla Regia”, el famoso sitio en el que los romanos se fueron bajo tierra, excavando refugios subterráneos para evadirse del sol. Sigue “Cartago”, por supuesto, aunque poco es lo que queda, muy poco, y solo la imaginación, en la cima de la colina Byrsa, puede recrear el escenario de la poderosa ciudad que alguna vez dominó el Mediterráneo occidental. “Dougga”, una ruina sobre una colina, es una de las mejores muestras de arquitectura romana en todo Túnez, con su estrella principal, el Capitolio, excesivamente fotografiado. “El-Jem” es el coliseo enorme construido por Roma, y el tercero más grande de todo el Imperio. Se levanta espectacularmente sobre la ciudad moderna, y puede verse desde muchos kilómetros lejos gracias a la planicie. Y por último, “Sbeitla”, que aunque se apreciaría mejor desde el cielo, por las mañanas un anodino matiz naranja cubre el magnífico complejo religioso antiguo.<br />
<br />

Las medinas importantes son cuatro: “Kairouan”, que además es la ciudad sagrada de Túnez, con uno de los ejemplos mejores de su arquitectura islámica, y su Gran Mezquita. La medina de “Mahdia” es un viaje hasta el siglo X, con uno de los ejemplos notables de religión y cultura. “Sfax”, que quizás gracias a Alá, aún se mantiene marginada del turismo, es un villorrio de callejas serpenteantes que invitan al romanticismo. Y por supuesto “Túnez”, medina de auténtico valor y tesoro arquitectónico, que nadie que visite el país puede perderse.<br />
<br />

¿Y museos? Yo recomiendo nada más 3:</p>

	<blockquote>
		<p>	<ol>
		<li><u>Museo Bardo</u>: El mejor entre los museos de Túnez, famoso por su colección de mosaicos romanos. También guarda las exquisiteces de otros hallazgos y sitios arqueológicos del país.</li>
		<li><u>El Sousse</u>: localizado en la impresionante “kasbah” (fuerte o ciudad amurallada), el museo ofrece una buena colección de mosaicos como objetos que se remontan a las guerras Púnicas.</li>
		<li><u>Museo Dar Charait</u>: Este museo privado en el poblado de Tozeur (junto al oasis) contiene las mejores escenas de la vida corriente de Túnez, pasado y presente, desde réplicas de habitaciones hasta una tienda tradicional bereber. También, exhibe pinturas de arte contemporáneo local.</li>
	</ol></p>
	</blockquote>

	<p><br />

En cuanto a actividades, comenzaré por la observación de pájaros en el Parque Nacional Ichkeul, protegido por <span class="caps">UNESCO</span> y cerca a Bizerte, especialmente entre noviembre y marzo, cuando las copas se llenan de aves migratorias. Los viajes en globo (imprescindibles) son capaces de evocar por la tarde las imágenes únicas de la película “El paciente inglés” sobre las dunas, esa geografía mítica voluptuosa y dormida, como una hermosa fiera, a la vez, diosa femenina. También, están las caminatas de montaña por los bosques de los montes Kroumirie, y, de obligatorio cumplimiento, los viajes en camello por el Sahara, en los alrededores de Douz, que duran entre tres y cuatro días (una aventura auténtica de desierto, durmiendo bajo el manto de estrellas y escuchando leyendas alrededor del fuego).</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1606.jpg" title="Chott el-Jerid" /></div>Dos vistas particularmente de Túnez bastan para el turista. La primera, la de Chott el-Jerid, el mayor de los lagos salados del país, con sus orillas cercadas por montañas de sal que podrían pasar por nieve si no hiciera tanto calor. Si se coincide con la luna llena, la vista se vuelve poética, en versos del gran Angelos Silekianós: “… y pródigo el látex lunar / anegaba cual océano.” La otra vista imprescindible es la de los “Palmeraie” o canales espesos de palmeras en la zona de los oasis al sur, en medio del desierto, auténticos jardines del Edén y de primaveras eternas. Lo mejor de esto está en Douz y Tozeur.<br />
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Al hablar de playas, menciono la razón principal por la cual el turismo prospera en Túnez. Las más bonitas están al norte, cerca a Tabarka y Bizerte y Sidi Ali el-Mekki. Otras merecedoras de ser vistas (aunque siempre atestadas de bikinis y bañadores) están en Monastir, Aghir y en la isla de Djerba.</p>

	<p>El viaje perfecto dura 2 semanas y debe seguirse casi al pie de la letra con el fin de sacar mayor provecho del país.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1605.jpg" title="Bizerte" /></div><u>Desde el Norte y Centro de Túnez</u>: El punto de partida es Túnez, con visita al Museo Bardo, la medina, Cartago y Sidi Bou Saïd (hermoso villorrio blanco, a 10 kilómetros de la capital sobre el golfo), todo para tres días. De ahí se recomienda tomar el tren al norte hasta Bizerte (un día), sin perderse de la Place Bouchoucha, con su puerto, canales y el fuerte español, terminado en 1573. De ahí, el viaje continúa a Tabarka, puerto de gran belleza, con su fuerte y las vistas del ocaso desde el “Aiguilles” (un día). El trayecto que sigue debe hacerse sin prisa por las montañas hasta ‘Ain Draham, lo que sería el centro alpino del país, con su arquitectura de techos de aguja para soportar las nevadas invernales, y de paso ver el bosque de alcornoques (todo en un día), antes de ir a Bulla Regia, y seguir hasta Le Kef (otro día), un bello fuerte antiguo a 800 metros de altura. Estando en Le Kef, no hay que descartar echar una mirada a Dougga, las ruinas romanas (otro día), antes de seguir por la carretera del sur a Kairouan, la ciudad sagrada, con una parada en Makthar (un día máximo), el Mactaris en ruinas que pertenecía a Cartago. La siguiente escala es Sousse, una dosis de modernidad con una hermosa mezquita, un buen museo y una medina perfecta; para un día después, seguir a Nabeul (sólo por la Neapolis romana y la facilidad de viajar a Kelibia y El-Haouaria, auténticas muestras de la vida sahariana común y corriente). El viaje termina en Túnez.<br />
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<u>Desde el Centro y el Sur</u>: Comienza en Sousse (dos días para visitar la medina y el museo), y seguir a Monastir (ver el famoso Ribat, que data del siglo XI aunque su antecesor del 796 a.C., un hermoso castillo) y Kairouan (la ciudad sagrada de Túnez). Tras un día de exploración, el viaje continúa a Sbeitla (hogar de las ruinas religiosas romanas de Sufetula), por un día. De ahí a la horrible Gafsa, aunque sólo para tomar el tren “Lezard Rouge” hasta Seldja (se requiere haber arreglado los detalles previamente con una agencia de viajes local), antes de continuar a Tozeur (por dos día). Tras haber visto el bello poblado y el lago salado de Chott el-Jerid, se recomienda dirigirse a Gabès (el único motivo, el oasis). Otro viaje a Mahdia por un día para ver su medina y su inspirador y somnoliento puerto, y el regreso a Sousse, por El-Jem (hogar del coliseo romano), para concluir el viaje.<br />
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<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1609.jpg" title="Fuerte bereber en Matmata" /></div><u>Desde el Sur de Túnez</u>: El punto de partida es la isla de Djerba, explorando Houmt Souq (su ciudad vieja, los monumentos islámicos y su fuerte) y recorrer la isla (dos días), antes de cruzar el canal en ferry y seguir a Tataouine, sólo para ir luego, por un día, a Ksar Ouled Soltane, muestra única de arquitectura berebere a pesar de los cables de la electricidad. De ahí, el viaje puede seguir a Douiret o Chenini, aunque recomiendo más Douiret si se quiere ver un auténtico pueblo sahariano, con ruinas y todo incluidas. Otra excursión lleva a Ghomrassen (pueblo berebere) y Ksar Haddada (otra fortaleza), todo por un día. La siguiente parada, por un día, será Matmata, con su arquitectura berebere bajo tierra (muy bella), antes de seguir, desde Gabès, a Douz (para ver la “Palmeraie”, un día). Tozeur merece dos días del itinerario (no solo por la calidad de lo que ofrece y su oasis), sino porque sirve de base para echar un vistazo a los oasis de montaña de Chebika, Midès y Tamerza, solo por un día. Luego, en tren, hacia Seldja (con sus formaciones rocosas), y al día siguiente, hacia Matmata (el pueblo berebere famoso por su arquitectura a 6 metros de profundidad y patios al estilo andaluz). La penúltima parada es en Medenine, solo para ver los castillos berebere de la zona, antes de seguir a Metameur para quedarse a dormir en su ksar (un fortín amurallado berebere compuesto de muchas “ghorfas” o celdas).<br />
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Las atracciones que ofrece Túnez sin duda alguna le hace justicia a su tamaño. Desde playas hermosas hasta un escenario desértico espectacular y una riqueza de sitios históricos que retroceden más de 2.500 años en el tiempo a la espectacular Cartago, Túnez lo ofrece todo. Además, su ubicación perfecta, a solo hora y media de Madrid en avión, por ejemplo, es un motivo más para pasar allí unas vacaciones diferentes y únicas.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1608t.jpg" title="Dunas de Túnez" /></div>A mi parecer, un mes es suficiente para recorrer minuciosa y pacientemente a Túnez, aunque basta solo con dos semanas mínimo para ver lo esencial. Hay tres tipos de viajes, los usuales de paquetes turísticos de 1 semana, los de una quincena (dos semanas) y el viaje de 4 semanas, que es el ideal y es una suma de los dos primeros itinerarios sugeridos, aunque extendidos. Para efectos prácticos, el que narraré a continuación será la travesía sustanciosa de 2 semanas.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-04-04T22:39:06Z</published>
		<updated>2009-04-04T22:39:06Z</updated>
		<title type="html">Jamaica</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/15764/jamaica" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-04-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/496451e4be5007355a0470948aa78c77</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><right>«Nunca había visto una tierra más hermosa. Ahora me enteraba de dónde los autores de la Biblia habían sacado su noción del Paraíso: habían venido a Jamaica.»<br />
<span class="caps">ERROL</span> <span class="caps">FLYNN</span>, My Wicked, Wicked Ways</right></p>

	<p>La joya del Caribe, sin duda, Jamaica es una de las islas más bellas con las que uno puede encontrarse. Para ser tan pequeña, indudablemente es un lugar exótico: apenas más grande que el Líbano, es una isla de suaves colinas y una cordillera fértil hacia el este, las Blue Mountains, que reciben su nombre por la misteriosa niebla azulina que las envuelve. De por sí, se trata una isla hecha de pantanos y verdes llanuras, cuevas y desiertos, montada sobre una base de piedra caliza. A la llegada de Colón, sus únicos frutos endémicos eran la guayaba, el ananás, la anona y el caimito. Europa introdujo la caña de azúcar, el plátano y las naranjas. Los comerciantes españoles trajeron en el siglo <span class="caps">XVII</span> el coco de Malaya. El “ackee”, perteneciente a la familia del jaboncillo llegó del Oeste africano en 1778 en barcos negreros. Además, la isla tiene sus propias variedades de ají morrón, como su árbol exclusivo, el <em>telipariti elatum</em>, que crece hasta los 20 metros y también fue introducido en Cuba. Se suman a este panorama más de 25 variedades propias de murciélagos, el peculiar “conejo jamaiquino” (parece un conejillo de indias pero en realidad pertenece a la familia de la rata), como también 25 especies endémicas identificadas, entre las que destacan el “Doctor Bird” (<em>Trochilus polytmus</em>), uno de los más bellos colibríes que existen en el mundo, además, el más pequeño (hasta 17 centímetros en los machos contando las largas plumas de su cola, que exceden el tamaño del cuerpo).<br />
Y también está el reggae. Y el exotismo de sus playas. La mezcla cultural de su gente, desde negros africanos hasta ingleses, chinos, judíos, escoceses y alemanes. Y su rica historia. Más que tumbarse a tomar el sol frente al mar, Jamaica merece ser descubierta en su interior.</p>

	<p>Kingston está construida sobre una bahía natural (la séptima más grande del mundo), protegida por un brazo angosto de tierra llamada Palisadoes, por el que apenas cabe una carretera (11 kilómetros de longitud). En el centro de esta serpiente chamiza que se precipita sobre el mar, está el aeropuerto Norman Manley, que toma el nombre de uno de los próceres blancos de la independencia nacional, y se recuerda desde que apareció por primera vez en los ojos del mundo en la película Dr. No, del agente 007. La carretera es rápida, moderna, y pronto los avisos dan la bienvenida a Kingston, entre palmeras cimbreadas por los últimos aires de la tarde, del célebre Doctor’s Breeze, que sopla desde el mar. Kingston cuenta con un puñado de buenos hoteles, entre Marriott, Hilton, Crowne Plaza y Four Seasons, pero también, otros grandes como el Pegasus (antiguo Forte Travelodge), y el Courtleigh (una excelente opción). La mayoría se encuentran “uptown”, en una zona que popularmente se conoce como New Kingston, donde los edificios modernos se suceden unos tras otros y se encuentra el principal comercio, las embajadas y los restaurantes. Kingston es una ciudad antillana en todas sus proporciones, pintoresca, vibrante: dese los barrios construidos sobre lomas, atravesados por calles serpenteantes, hasta la ciudad vieja con rastros de hace 300 años, frente a las aguas oscuras de la bahía. Una zona agradable para caminar por Ocean Boulevard, una avenida de cuatro carriles que atraviesa por el Banco de Jamaica, el Kingston Mall (con su mercado Victoria de artesanías y manufacturas), la Galería Nacional de Jamaica y el Centro de Conferencias, el más grande de las Antillas occidentales, sede perpetua de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Allí, también, está el muelle de cruceros y, dominando un poco más la visión hacia el oeste, la zona de Newport, una masiva aglomeración de grúas y chimeneas &mdash;se trata del principal puerto de Jamaica y su gran refinería.</p>

	<p>El crecimiento poblacional de Kingston, acercándose ya a los 3 millones, se deja ver hacia el norte, donde la urbe absorbió la capital de la parroquia de Saint Andrew, Half Way Tree. Esta área es hogar de la iglesia anglicana más antigua de la isla, Saint Andrew’s, construida en 1666; Constant Spring, una antigua plantación dieciochesca (hoy museo) cuyo atractivo son sus jardines, surcados por numerosos manantiales que descienden de la montaña. Al norte de New Kingston, está la pequeña exquisitez de Devon House, hogar en el siglo dieciocho del primer millonario de la isla, George Stiebel, que hizo su fortuna con la explotación aurífera de Venezuela. También, está cerca Jamaica House y Vale Royal, oficina y residencia del primer ministro, y entre hermosos jardines, sobre una colina, Kings House, hogar del gobernador general de la isla. En Hope Road está el museo de Bob Marley con el a-z de todo lo que se quiera saber sobre el famoso cantante, y más al este, en la zona de Liguanea, el histórico Jamaica College (lo más parecido a un Eton en el Caribe), y el zoo y botánico Hope (inaugurado en 1953 por la reina Isabel II). Asimismo, está el complejo de la Universidad de las Antillas Occidentales, que en 1948 abrió como apéndice del London University, pero que hoy es completamente independiente y, entre sus otras sedes en Barbados y Trinidad, ésta, de Mona, es la más grande. Destacan allí las viejas líneas del acueducto y los murales, impresionantes y enormes. Al norte de Kingston, a medida que se comienza a ascender por las montañas, el clima cambia y la gente se mueve por la carretera con sweaters de lana. Hay un centenar de sitios aptos para el montañismo, además de interesantes circuitos para recorrer en bicicleta, asimismo como una serie de posadas y balcones con vistas únicas al horizonte &mdash;una banda plateada de agua que pronto las nubes devoran al final de la tarde.</p>

	<p>Tampoco puede ignorarse, en la punta este de los Palisadoes, las ruinas de la mítica ciudad de Port Royal, hogar de piratas y leyendas, y sede de uno de los complejos militares más grande del mundo que se conservan de la British Royal Navy, cuando su flota dominaba los océanos. En realidad, la antigua Port Royal de Morgan y Barba Negra está hundida al pie de los fuertes, y excursiones bajo el agua mostrarán al turista la ciudad hundida por el terremoto de 1692. Hoy el área está bajo un programa de restauración y recuperación.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1549.jpg" title="Spanish Town" /><div class='piefotoldn'><small>Spanish Town</small></div></div>El viaje en Jamaica sigue a Spanish Town, lugar de parada en la reciente visita del rey Juan Carlos y doña Sofía a la isla, que fue fundada en 1534, hace cuatrocientos setenta y cinco años y que es, sin duda, la villa más antigua del hemisferio americano. Spanish Town fue llamada por don Diego Colón “Villa de la Vega”, sede de la gobernación de “Santiago”, y está aproximadamente a 22 kilómetros al este de Kingston al que se accede por una carretera moderna y eficiente. Hoy predomina el paisaje colonial inglés, tras los españoles perder la isla en 1655, cuando la ciudad correspondía al nombre de San Jago de la Vega. Sin embargo, la arquitectura Georgiana de la ciudad es una de las mejores del mundo, y se aprecia en el Court House, el Old Kings House, la vieja casa de la asamblea o parlamento y el puente de hierro sobre el río Cobre, el primero de su tipo que se construyó en las Antillas y que hoy ya no se usa. En el centro de la ciudad, está la Catedral de Saint James, hoy anglicana hasta la saciedad, pero que fuera construida en 1525 como Católica por España (llamada la “Capilla de la Cruz Roja”) y que los ingleses convirtieron posteriormente, hasta su restauración completa en 1908.</p>

	<p>Hacia el este, la carretera lleva al viajero a una pequeña ciudad entre montañas y bosques, Mandeville, que es más inglesa que americana, silenciosa, llena de calles limpias y enormes casones, clubes de golf y coches lujosos; la historia de Mandeville pertenece a la época del conde de Mandeville, hijo del Duque de Gloucester, quien como gobernador fundó la ciudad y atrajo con él a una corte de burgueses y ricos del continente que allí se establecieron. Hoy es un vividero con una población mayoritariamente extranjera que vive de la próspera industria de la bauxita, siendo Jamaica el principal productor en el mundo de este componente primario del aluminio. </p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1546.jpg" title="Bamboo Avenue" /><div class='piefotoldn'><small>Bamboo Avenue</small></div></div>Siguiendo por la carretera, se llega a Holland Estate, antigua plantación de la familia del famoso primer ministro victoriano Gladstone, y entre dos pueblos, Holland Estate y Lacovia, el viajero se topará con los 5 kilómetros de carretera más bellos del mundo, conocida como “Bamboo Avenue”, que es como entrar en una carretera gigante cuya nave desaparece en la distancia. El bambú fue plantado en ambos lados de la carretera en el siglo <span class="caps">XIX</span>, con el fin de que los terratenientes tuvieran sombra mientras avanzaban por ahí. Lacovia, localizada al final del túnel natural, es uno de los villorrios más grandes y antiguos de Jamaica, originalmente un asentamiento de judíos. Hacia el norte la carretera se bifurca hacia Accompong, en el llamado “Cockpit Country”, una llanura difícil, desértica, de piedra caliza que los esclavos cimarrones llamaban “Land-of-no-see-me-no-you-come”, y la fábrica de ron Appleton, que es enorme. También, hacia el sur, está la mejor playa de la zona, Treasure Beach, asimismo como el Lover’s Leap, un mirador especial sobre un risco a casi dos mil pies sobre el mar, donde los camareros son morenos de ojos azules que, según se dice, descienden de los marinos escoceses que llegaron a la zona. Desde aquí la puesta del sol es sublime; por nada Gabriel García Márquez dijo alguna vez, a la pregunta del tono de amarillo que más le gustaba, “el amarillo del mar Caribe a las tres de la tarde, visto desde Jamaica”.</p>

	<p>Hacia el norte, por el lado occidental de la isla, están los balnearios de lujo, Negril y Montego Bay, con sus playas perfectas, sus números buques de crucero, las hordas de europeos y canadienses con la piel rosada como el camarón y los centros vacacionales cinco estrellas. Destacan sobre la costa norte las cuevas Runaway de 2 kilómetros de longitud y Discovery Bay, cerca al puerto de Kaiser Alumina, hogar de un museo al aire libre, el Columbus Park, donde se cree que pisó tierra Cristobal Colón en 1494, el año que cambió la historia del mundo. Colón llamó a este lugar “Puerto Seco”, según las placas. Este privilegio se lo disputa, también, una bahía un poco más al este llamada Río Bueno.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1547.jpg" title="River Falls" /><div class='piefotoldn'><small>River Falls</small></div></div>Del otro lado de la isla, hay otro balneario llamativo, Ocho Rios, capital de los cruceros del Caribe, con Fern Gully, que fuera hace miles de años lecho marítimo hoy un espeso bosque de coníferas y helechos, atravesado todo por una carretera siempre mojada. Aunque en la vecindad jamás hubo “ocho ríos”, si hay unas cascadas fabulosas en el río Dunn’s, al oeste de la ciudad, cuyo nombre original fuera el de “Las chorreras”. Se trata de una serie de cascadas bastante anchas que caen a 180 metros lentamente hacia el mar, y que los turistas escalan, mientras se enmarcan entre las ramas de los árboles y los cantos de pájaro. Generalmente la travesía comienza en la playa, donde hay casilleros para guardar los objetos personales y se contrata o no un guía (a precio bastante módico). Arriba, hay un punto llamado Roaring River infinitamente precioso, en el terreno de una propiedad llamada Laughing Waters, donde se filmó en su integridad el film de James Bond Dr. No, como otras escenas de sus secuelas. Curveando la isla, para los fanáticos de Ian Fleming, está el villorrio de Oracabessa, con la famosa casa Golden Eye en la cima de una colina con vistas espectaculares sobre el Canal de Jamaica, y en cuyo estudio Fleming escribió la saga completa del espía más famoso del mundo. También, muy cerca, está la residencia de Nöel Coward, “Firefly”, y en cuyo jardín fue enterrado en 1973. En el Blue Harbour Hotel, al pie de Firefly, está la hermosa edificación donde se hospedaron celebridades como Marlene Dietrich, Sean Connery, la reina madre de Inglaterra y la princesa Margarita. La carretera sigue descendiendo por la costa hasta Port Maria y Drax Hall, el mayor campo de polo de las Antillas, y siguiendo por la carretera que salta de bahía en bahía aparece Saint Ann’s Bay, que conserva las ruinas originales del primer asentamiento español en Jamaica, “Sevilla Nueva”, y de las que sobresalen el molino, algunos edificios, y lo que parece ser un pequeño fuerte. La historia dice que gran parte de las construcciones fueron “empacadas y llevadas hacia el este, donde se construyó Villa de la Vega”, hoy Spanish Town.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1548.jpg" title="Port Antonio" /><div class='piefotoldn'><small>Port antonio</small></div></div>La última ciudad en el recorrido es Port Antonio, fundada por España con su “Río Grande” y sus dos bahías gemelas, “Puerto San Francisco” y “Puerto Antón”, en la que hay ruinas de hatos pero principalmente sobresalen el Fort George inglés levantado en 1729, y la exótica Navy Island, que comprara Errol Flynn en los años 40s para sus fiestas privadas y por donde pasaron divas de la talla de Clara Bow, Bette Davis y Ginger Rogers, y millonarios como Hearst y J.P. Morgan. Hay rastros por doquier del pasado azucarero de Port Antonio, y mucho de sus fuertes conexiones hoy con la producción de plátano. Sobre la plantación Folly se encuentra un Partenón de naturaleza romántica, hoy en ruinas. Según la historia popular, «un millonario ordenó construirla para su futura esposa. La llenó de flores y animales, todos lo más blancos posibles, para antes de su luna de miel. Una vez los recién casados llegaron, el concreto de la estructura comenzó a ceder, pues había sido mezclado con agua del mar, y del mismo modo se desvanecieron los sueños del ardiente amante. La bella mujer, pues, se atacó a llorar y juró jamás regresar a su brazos o a la mansión.» En realidad, “Folly” es obra del millonario norteamericano Alfred Mitchell, que la construyó en 1905 y donde vivió temporadas con su familia hasta 1912, cuando falleció. Su esposa, una de las herederas Tyffanys de Nueva York, ya era demasiado vieja cuando se mudó a la propiedad, y pronto murió también. Folly comenzó a venirse abajo hacia mediados de los años 30 pero en la actualidad está protegido por el gobierno.<br />
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A las afueras de Port Antonio, el empresario canadiense Garfield Weston abrió un resort perfecto que llamó French-man’s Cove, sobre un peñasco de antigua lava seca. V.S. Naipaul pasó varios días en el hotel en 1962, y una reflexión de su estadía quedó consignada en su libro de ese mismo año, “The Middle Passage”: «En menos de veinticuatro horas mi interés en la comida y la bebida había desaparecido. Todo estaba al final del teléfono, y era mi deber tener exactamente lo que quisiese. ¿Pero cómo podía estar seguro de lo que quería mejor?». La gloria, sin embargo, duró poco, y el Cove, que tenía diez estrellas, se declaró en bancarrota. Hoy, su playa paradisiaca está abierta al público, al igual que la isla diminuta frente a ella, Monkey Island, efectivamente alguna vez llena de monos, como las aguas inimaginablemente azules de San San Bay, poblada de peligrosos erizos de mar. A un kilómetro hacia el sur, se encuentra Blue Hole, una laguna natural llamada “Laguna azul”, cuyo fondo, según los realistas, está a 64 metros de profundidad, mientras que para los románticos, tal cosa no existe, y más bien se une directamente al mar. La zona alrededor perteneció alguna vez al escritor estadounidense Robin Moore, autor del “Contacto en Francia”, que lo llevó a la fama mundial, e inspiró la escenografía del film de 1980 (“La laguna azul”) con Brooke Shields y Christopher Atkins.</p>

	<p>La comida en Jamaica es de gran sabor y durante todo el año hay grandes eventos culturales, comenzando por el Reggae Sunsplash y el Reggae Sunfest, entre julio y agosto de cada año. No me cabe duda de que se trata de un destino turístico agradable y de gran importancia. Desde haciendas coloniales hasta ruinas españolas, desde villorrios de montaña hasta playas perfectas: Jamaica es más que unas vacaciones exóticas. La isla más allá de las playas merece la pena recorrerla. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1548t.jpg" title="Jamaica" /></div>La joya del Caribe, sin duda, Jamaica es una de las islas más bellas con las que uno puede encontrarse. Para ser tan pequeña, indudablemente es un lugar exótico: apenas más grande que el Líbano, es una isla de suaves colinas y una cordillera fértil hacia el este, las Blue Mountains, que reciben su nombre por la misteriosa niebla azulina que las envuelve. De por sí, se trata una isla hecha de pantanos y verdes llanuras, cuevas y desiertos, montada sobre una base de piedra caliza.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-03-04T09:11:52Z</published>
		<updated>2009-03-04T09:15:07Z</updated>
		<title type="html">Los 8 del souvenir</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2009-03-03:77c262b7562572606450a68115f67ab6/3b973f9e66946cba1994f0b06bb376ee</id>
		<category term="Viajes" />
		<category term="Arte" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>A la hora de viajar, a veces tan lejos y tras gastarnos una fortuna, ciertos artículos de algunas regiones del mundo son imprescindibles para nuestros hogares o para obsequiar a amigos, a veces a muy buenos precios…</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1523.jpg" title="Máscara Chambi, Papua Nueva Guinea" /><div class='piefotoldn'><small>Máscara Chambi, Papua Nueva Guinea</small></div></div><strong>1. MÁSCARAS DE <span class="caps">PAPUA</span> <span class="caps">NUEVA</span> <span class="caps">GUINEA</span>:</strong> Máscaras hay en muchos países, pero las de Papua Nueva Guinea (y puedo decirlo) son la excepción. Se venden más para decoración que para usarse, ya que se trata de una mezcla de arte tribal y religioso. El viajero las encuentra a manos llenas a lo largo del río Sepik, esa serpenteante línea entre la espesura, aunque las del área de Chambi (cientos de villorrios al borde de los lagos) son las más modernas de todas, instantáneamente reconocibles por su alargado diseño lustroso, y los terminados particulares de color negro con patrones en canal marrones y blancos &#8211; los colores que identifican el arte de Chambi. En otras zonas costeras como las de Korogo y Sepik, las máscaras se decoran con arcilla en la que los locales incrustan hermosas conchas y hasta dientes de jabalí.<br />
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<strong>2. ARTESANÍAS <span class="caps">BOLIVIANAS</span>:</strong> A raíz de un bochornoso incidente, en el siglo <span class="caps">XIX</span> la reina Victoria declaró que Bolivia no existía, lo que hasta mucho después de su muerte en 1901 hizo que este país sudamericano, que perdió a favor de Chile su salida al océano Pacífico, no figurara en los mapas del continente dorado que se vendían en Europa. La Paz es la capital de las artesanías en Bolivia. Me habían hablado de Perú y Ecuador, en cuanto a calidad respecta, pero en Bolivia me llevé una auténtica sorpresa: la calidad es superior, especialmente por los colores, mucho más vivos, por ejemplo, en cuanto a los artículos de tela.<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1524.jpg" title="Lana y alpaca, Bolivia" /><div class='piefotoldn'><small>Lana y alpaca, Bolivia</small></div></div>Lo que hay que tener claro cuando se visita Bolivia son todas las artesanías kitsch que también se ofrecen, y esa, precisamente, es la inversión ante la que el viajero debe mantenerse alejado. Lo más horrendo, en este sentido, son ceniceros con diseños incas, figuras falsas tipo Tiahuanaco, joyería indígena, camisetas americanizadas con estampados ridículos y lanas malísimas en distintas presentaciones. Sin embargo, la belleza de algunas piezas talladas en madera provenientes de Oriente, asimismo como sus cerámicas, y la platería de Potosí (eternamente famosa) son imprescindibles. También, de excelente gusto, hay tapetes con fibras de lana, hermosos tapices andinos con paisajes detallados, como también las “chompas” (jerséis) y “chullos” (gorras de lana), todos de alpaca, que es costosa y muy suave (en Sudamérica se vende mucha alpaca, pero de pésima calidad, incomparable a la boliviana). También, otra opción es el charango, la famosa guitarra diminuta, para la que el viajero debe aprender la técnica para encontrar la mejor.<br />
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<strong>3. MUÑECAS Y ALFARERÍA <span class="caps">JAPONESA</span>:</strong> las muñecas japonesas Ningyõ tienen su propósito de ser vistas siempre como decoración y nunca para jugar con ellas. Con cabello tocado y vestidas de kimono, son artículos sumamente exquisitos. Uno de los juguetes más preciados de la cultura japonesa son los gogatsu-ningya, vestidos de samurái, que se regalan en el Día de los Niños, fiesta nacional. Las muñecas más famosas provienen de Kyoto y se les conoce como kyõ-ningyõ.</p>

	<p>Los objetos de barro y la porcelana japonesa se diferencian en la temperatura con las que son cocidas. Los objetos de barro se caracterizan por su calidad terrosa e imperfecciones naturales. La porcelana, en cambio, se admira por su perfección. En Japón hay numerosos pueblos expertos en alfarería. No muy lejos de Tokio está Mashiko; en el Honshü Occidental está Imbe, cerca de Okoyama, famoso por sus vasos y platos bizenyaki; en la región de Kansai está Tumba Sasayama, cuna de la famosa porcelana Tumba; Kyushu, que es el templo de la alfarería japonesa, tiene a Koishiwara, Karatsu, Imari y Arita, centros verdaderos de cacharros de estilo.</p>

	<p><strong>4. <span class="caps">ARTE</span> DE <span class="caps">KENIA</span>:</strong> No sólo safaris y Obamamanía ofrece este país centroafricano; Kenia es famoso por sus telas y “batik”, entalladuras Makonde, canastas Sisal, esculturas de esteatita o galaxia, y los típicos brazaletes de “pelos de elefante”.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1525.jpg" title="Arte Makonde, Kenia" /><div class='piefotoldn'><small>Arte Makonde, Kenia</small></div></div>Las Kangas y Kokis son los sarongs (faldoncillos ligeros) que sirven muchos propósitos y, por ejemplo, han encontrado en el mundo moderno el acompañamiento a las bañistas de figura perfecta. Las Kangas son telas con impresiones de algodón fino. Cada uno lleva un proverbio Swahili y se venden en pares – una supuestamente para atarla a la cintura y la otra para llevar al crío atado en la espalda. En Biashara Street, en Mombasa, que es el centro de Kangas de Kenia, se consiguen de todas las calidades. Los Kikois están hechos de algodón más grueso y tienen siempre rayas, y se venden a buen precio donde se hacen, en el pueblo de Lamu. Las telas Batik, dependiendo de sus figuras, varían de precio, ya que más que el tamaño (generalmente son cortes de un metro), se cotizan según el artista o diseñador local.</p>

	<p>Las entalladuras Makonde, hechas de ébano, un tipo de madera muy negro y pesado, son las mejores piezas talladas que se puedan comprar, y también, un poco costosas a veces. Este arte tiene su origen en las montañas a ambos lados del río Ruvuma al sur de Tanzania, pero gracias a su calidad, se vende hoy por toda África Oriental. Antes de comprar Makonde, es recomendable pasearse por las lujosas tiendas de artesanías de Nairobi, solo para mirar y tener una idea de la calidad del trabajo, de modo que no habrá forma luego de comprar piezas de mediocre calidad o buenas falsificaciones (se acostumbra a vender madera que se hace pasar por ébano ennegrecida con betún). Hay dos formas de Makonde: la tradicional y la moderna. Para ser sinceros, la moderna parece muy Modigliani, sin duda, aunque nadie jamás en el país haya quizás visto las obras de este artista mundialmente reconocido.</p>

	<p>Las canastas Sisal o Kiondos son el suvenir más reconocible de Kenia y ya se venden bastante en Europa y América. Llaman la atención por sus colores, tamaños y bordes en terminados de cuero. Los Kiondos más finos tienen acabados de corteza de árbol (el que localmente llaman “boabab”), cosida en ellos. Las esculturas de esteatita tienen su origen en Kisii, al occidente de Kenia. El suave y claro acabado se talla en múltiples formas, desde adornos para mesas hasta pequeños elefantes. Sin embargo, el centro de comercio de estas figuras está en Kisumu, cerca al Lago Victoria. Su único problema es el peso, que seguramente podría causar un flagrante exceso de equipaje.</p>

	<p>Los brazaletes de pelos de elefante, pese a las protestas de algunos por jurar que en efecto son hechos con piel del animal, se venden por todas partes en Nairobi, cada hebra debidamente extraída de campos enteros de junquillo o aguinaldo teñido. También, con la globalización, las hacen de plástico o hebras de buey, quién sabe, pero eso sí, ¡jamás de elefante!</p>

	<p><strong>5. <span class="caps">AUSTRALIANA</span>:</strong> el eufemismo, usado para llamar suvenires hechos en Australia adquiere para mí pleno significado en cuanto se use para el arte aborigen. Primero, hay que resaltar la pintura sobre corteza, especialmente aquélla fibrosa del árbol Eucalyptus tetradonta, que se corta en la época lluviosa. Los pigmentos usados en la pintura sobre corteza son principalmente (ocres) rojos y amarillos, blanco (de caolín) y negro (de carbón vegetal). Otros agentes que se adhieren a las tonalidades son yemas de pájaros, cera y resinas, para mantener los pigmentos. Últimamente, cada vez más se extiende el uso de barniz o pegamento. Lo más bello son sus diseños, siempre en forma de espinas muy pegadas entre sí. Las pinturas, pues, también se categorizan por estilos regionales. En el occidente la tendencia es a las imágenes o estampas naturalistas, mientras que en el oriente de Australia los dibujos son geométricos.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1526.jpg" title="Seda Utopia, Australia" /><div class='piefotoldn'><small>Seda Utopia, Australia</small></div></div>Entre los artefactos, cabe primero destacar los “Dijeridus”, que se venden en todas partes y como se deseen, cañas largas que inicialmente se usaban como instrumentos musicales de los aborígenes de Amhem Land. El instrumento tradicional, pues, estaba hecho de ramas de eucaliptus que habían sido agujereadas por las termitas y eran recogidas del suelo. En un extremo del tubo se encaja una pieza de cera para llevar a la boca (hecha de auténtica cera de abeja) y se decora con llamativos diseños. Al comprar un Dijeridu, hay que tener en cuenta que la mayoría hoy se hacen mal, por lo que es imperativo comprobar si su acústica es buena (la mayoría de estas piezas las hacen inescrupulosos que no son aborígenes).</p>

	<p>Los “Boomerangs”, famosos por las películas filmadas en Australia, eran usados para la caza y también como instrumentos de percusión en ceremonias. Contrario a lo que comúnmente se cree, no todos los boomerangs están hechos para regresar al punto desde donde fueron lanzados (los que retornan son hechos en el oriente y occidente del país, solamente). Los boomerangs vienen tallados, con patrones delicadamente dibujados y de todos los tamaños y tipos de madera, según el gusto. Una de las piezas más bellas de Australiana la constituye las bufandas o chalinas de seda, pintadas por las mujeres del pueblo de Utopia, a 260 kilómetros al norte de Alice Springs. Estas artesanas son producto de la recolonización del área tras la reconciliación en los años 70 por las gentes Anmatyerre y Alyawarre, en lo que solía ser una estación ganadera de “blancos”. Juntas, formaron lo que se conoce como Utopia Women’s Batik Group, para la fabricación de telas que se conocen como Sedas Utopia. Muchos de los diseños son femeninos, pintados con el cuerpo según la técnica “awely”, pero también los hay sobre seda verde o azul con figuras de plantas y animales. Además, entre otros artículos, sobresalen las telas pintadas a mano, los collares y anillos variopintos de nuez de goma y los jarrones vistosos de terracota.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1527.jpg" title="Juguetes de madera, Alemania" /><div class='piefotoldn'><small>Juguetes de madera, Alemania</small></div></div><strong>6. <span class="caps">MADE</span> IN <span class="caps">GERMANY</span>:</strong> De Europa, es quizás Alemania el país de los suvenires. Comenzando por Munich, donde el viajero puede comprar (si su gusto es tal, a lo Lorelei) un auténtico vestido bávaro, aunque los de calidad, como el Dirndl, son difíciles de detectar. En toda la zona de las Montañas Harz, cualquier camino llevará a un comercio tradicional de muñecos, marionetas, figuras de madera talladas a mano (hay unos corchos decorativos estupendos para las botellas de vino), asimismo como manteles tejidos y faldas sacadas de una película de brujas. Sin embargo, para los más chicos, una buena marioneta de madera puede ser un obsequio representativo, y si éste es el caso específico, Nuremberg es la capital mundial de los juguetes. En objetos de vidrio, sobresalen las fábricas de familias en el Harz, por los bosques bávaros muy tupidos, especialmente hacia Meissen, hogar de la famosa porcelana. La versión más benevolente para algunos bolsillos de este lujo puede ser la porcelana Einschnitt, un buen sustituto. Otros productos típicos (y que con cada visita no dejan de sorprenderme) son los emblemas heráldicos, los relojes de cucú de la región de los bosques negros, los barcos en botellas de Hamburgo y las gorras Príncipe Heinrich, asimismo como las sandalias Birkenstock.<br />
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<strong>7. <span class="caps">ORO</span> Y <span class="caps">ESMERALDAS</span>:</strong> Colombia no solo es el principal exportador de esmeraldas, sino el lugar en el que la joyería con esta piedra preciosa toma tonalidades artísticas. Desde pendientes hasta pulseras, y pasando por figuras con hermosas incrustaciones del verde típico, las esmeraldas son indiscutiblemente una compra forzada en Bogotá. <div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1528.jpg" title="Máscara dorada, Colombia" /><div class='piefotoldn'><small>Máscara dorada, Colombia</small></div></div>Entre la alfarería de alta calidad que emula las piezas precolombinas de los distintos museos del país, las jarras y vasijas son la mejor opción, aunque los precios por razones obvias nunca serán cómodos. Lo que si se recomienda es no comprar estos artículos en zonas arqueológicas o fuera de las ciudades, ya que se pierden del sello de autenticidad y la calidad, que no tiene precio. La filigrana dorada se aúna a las esmeraldas para producir auténticas piezas de colección, especialmente como reproducciones exactas de aquéllas exhibidas en el Museo del Oro de Bogotá, la galería más grande del mundo de arte precolombino en este metal, y solo en Colombia las sucursales de la Galería Cano tienen licencia estatal para venderlas. Entre otros objetos, hay miniaturas coloridas de cerámicas que siguen la línea del arte costumbrista, representando autobuses de madera (“chivas”) y escenas pintorescas tales como las de las “corralejas”, o corridas taurinas en plazas de madera. También están las “hamacas” o “chinchorros” de excelente calidad, algunas traídas de los llanos o las más livianas de la Guajira (la punta extrema al norte de Colombia, que sobresale al Golfo de Venezuela), hasta las más decoradas y mundialmente exportadas en las páginas de la obra de Gabriel García Márquez, de los indígenas de San Jacinto, al sur de Cartagena de Indias. También, en el altiplano central, se venden a buen precio ponchos de lana llamados “ruanas” que vienen en patrones coloridos o de lana sencilla.</p>

	<p>8. MÁS ALLÁ <span class="caps">DEL</span> <span class="caps">KITSCH</span> <span class="caps">EGIPCIO</span>: Una de las cosas más sorprendentes de Egipto, es que es el paraíso de los suvenires, porque los hay baratos y, generalmente, son en su mayoría de mal gusto. Para las hordas de viajeros europeos que toman los cruceros por el Nilo o se refugian en Alejandría o la costa idílica del Sinaí, lo mejor de comprar en Egipto no es el suvenir perfecto por sí mismo, sino la misma expedición para conseguirlo, si se puede. Así, a primera vista, el turista podría llenar sus maletas con jeroglíficos de faraones y reinas, mesas de bronce grabadas o papiros, todos en oferta en el Khan al-Khalili, aquel laberinto medieval del mundo islámico en El Cairo. No obstante, si se está tras el rastro del alabastro, el destino será Luxor. No hay que comprar, de ningún modo, artículos inservibles como los fez, o pagar más por una medida fraudulenta de joyería, porque si Egipto sobresale en algo, al menos para mí, es por sus telas y tapetes. Comprar lino egipcio es toda una aventura, similar a la que se experimenta en los callejones apretujados y calurosos de Nueva Delhi con el paño, donde en 1 hora pueden además confeccionar en un diminuto taller chaqueta o traje (o ambas cosas) a la medida.</p>

	<p>En cuanto a los tapetes y tapices, la mayoría de las “escuelas” que los fabrican y diseñan están sobre la Saqqara Road, siendo particularmente atractiva la Wissa Wassef School. Si se quieren estilos menos refinados, en Dahab un sinnúmero de tiendas ofrecen tapetes a buen precio, casi siempre de algodón, y con un plus adicional: están elaborados por los beduinos.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1528t.jpg" title="Máscara dorada, Colombia" /></div>A la hora de viajar, a veces tan lejos y tras gastarnos una fortuna, ciertos artículos de algunas regiones del mundo son imprescindibles para nuestros hogares o para obsequiar a amigos, a veces a muy buenos precios. Máscaras de Papúa Nueva Guinea, artesanías bolivianas, muñecas japonesas, arte de Kenia o arte aborigen australiano entre otros souvenires.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2009-02-04T08:30:40Z</published>
		<updated>2009-02-03T23:47:45Z</updated>
		<title type="html">Tahití</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/15398/tahiti" />
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Fueron las primeras noticias de que se trataba de un paraíso lo que mitificó para siempre a la Polinesia. Sin embargo, la imaginación de aquellos viajeros y misioneros fue sobrepasada poco después por las apreciaciones del aristócrata Louis-Antoine de Bougainville, a quien se le debe la fantasía de “salvajes nobles” desnudos en las muchas playas de ensueño de la “Nueva Sitia”, tal y como bautizó a Tahití por el lugar de nacimiento de Afrodita, patrona del amor.</p>

	<p>Desde entonces, el vasto archipiélago hace parte de la fantasía. Hoy, la Polinesia no solo atrae a los amantes del lujo y de vacaciones idílicas, sino a todos los que siguen a Herman Melville, Robert Louis Stevenson y el mismo Paul Gauguin, entre otros. Algo de Moby Dick, Robinson Crusoe y los óleos que inmortalizaron, probablemente, las islas más apartadas, las Marquesas, la belleza polinesia los inspiró.</p>

	<p>La Polinesia Francesa es apenas una parte de la “gran Polinesia”, que se extiende, por ejemplo, hasta las islas Cook en Australia, Hawái al norte e Isla de Pascua al este. Se ubica, pues, a 6.500kms al suroeste de California; 5.500kms del noreste de Australia, 6.000kms en línea recta desde Sudamérica, 9.500kms al sur de Japón y 15.700kms del otro lado de su metrópoli, París. Esta fina perlería de mar comprende 118 islas de las que sólo 6 sobrepasan los 100kms cuadrados. En total, son 5 archipiélagos que la componen, siendo el primero de esta entrega “The Society”, con sus sistemas de Barlovento y de Sotavento, y la isla capital, con el monte más alto en esta porción del Pacífico, el Orohena.</p>

	<p>La mejor época para visitar Tahití es durante la época seca, desde mayo a octubre, ya que los cielos se blindan de ciclones, el aire es seco y muy fresco, y aprovecha “el maraamo” (viento que sopla del sudeste, a velocidad que oscila entre los 40 y 60kms por hora).</p>

	<p><center>* * * * * * * *</center></p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1484.jpg"  /></div>El Airbus A-340 de Air France en el que viajaba aterrizó poco después de las diez de la noche, en el Aeroport de Tahiti Faa’a, tras un vuelo de casi 9 horas desde Los Ángeles. Para mi sorpresa, la mayoría de pasajeros, ojerosos y adoloridos, venían desde París, y completaban a esa hora casi 24 horas de vuelo, contando la parada en California y la diferencia horaria. Hasta era cómico verlos. El Faa’a está a 5kms de Papeete, el epicentro comercial y político de la Polinesia. Aquella noche, mientras trataba de dormir, imaginaba la clase de puerto atrasado que con el sol encontraría a la mañana siguiente, no obstante cuando desperté todo resultó ser, como suele pasar, diferente. Cierto es que una estadía en Tahití no debe exceder de cuatro o cinco días máximo, porque esta isla nada tiene de la fantasía y belleza que de Bougainville y Gauguin difundieron. No hay playas de postal como se espera ni bungalós flotando en medio del mar. Pero si alguien quiere sumergirse al menos un poco en lo que queda de cultura polinesia, Papeete, sin duda, es la auténtica opción.<br />
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Papeete no tiene ni un pelo de pueblo, como podría pensarse, o comunidad somnolienta de pescadores. Por el contrario, es una ciudad escandalosamente americanizada, de arquitectura vulgar y un tráfico a veces canalla, por lo de sus calles, angostas casi siempre. Hay quienes aún la llaman con orgullo “Las Vegas del Pacífico”, aunque sin duda se trata de una exageración, lamentable en todo caso. Visto desde el aire, Tahití parece un pez de arrecife: un círculo grande seguido de otro chico. Papeete ocupa lo que podría decirse es la boca, en lo que se llama Tahiti Nui. Al Sur, la cola del pez recibe el nombre de Tahiti Iti, montañosa, llena de cuevas y jeroglíficos. El centro es fácilmente recorrido a pie, a través del Boulevard Pomare, que sigue paralelo al mar. Los barrios se extienden hacia el este y oeste, siempre siguiendo la costa, e incluso hasta las faldas de las empinadas y verdes montañas, donde los caminos empedrados se cubren de niebla. En Papeete hay que ver el Mercado (Market), por el colorido de los puestos y lo que venden (bastante polinesio), aunque recomiendan visitarlo en domingo, por su efervescencia y variedad de ofertas. <div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1485.jpg"  /></div>Puede allí comprarse telas y prendas terminadas de todo precio, canastas, artesanías, pescados y carnes, suvenires hechos a mano, asimismo como teléfonos móviles y otro tanto de productos chinos. Entre las frutas locales, reconocibles por sus rubores, sobresale el taro (que parece una cebolla con tallo), los cocos de carne suave y rosada, el ananás de Moorea, las sandías de Maupiti, papayas y otros exotismos de las islas cercanas. La zona del muelle es perfecta para ver la puesta del sol, e incluso entrada la noche, cuando se llena de paseantes y parejas enamoradas, y aparecen “les roulouttes” o restaurantes móviles que, aunque no son lo más barato como se pensaría, ofrecen una múltiple variedad gastronómica, muchas veces limpia. Para completar la escena, la punta oriental del Boulevard Pomare abunda con bares, cafés, restaurantes y discotecas, y por supuesto, cuando la noche cae, las aceras se llenan de “mahus”, las exóticas travestis de la isla.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1486.jpg"  /></div>Una caminata hacia el occidente del Boulevard Pomare (de cuatro carriles, por cierto), será siempre bajo la sombra de los enormes hibiscos y sus raíces colgantes. No es necesario recorrer la Pomare de arriba abajo, sino simplemente un buen recorrido puede comenzar desde la iglesia protestante, construida en 1818 y que conmemora la fundación del pueblo. En la esquina opuesta, una perla negra gigante anuncia la presencia del Museo de Perlas, que es realmente una combinación entre tienda y museo que explica el proceso de esta especialidad polinesia. Del otro lado del Boulevard hay una canoa doble enorme, monumento que conmemora las hazañas de los legendarios navegantes polinesios que remaron desde Hawái hasta Tahití en 1967. A medida que se avanza hacia el este, se encuentran más muestras de las barcazas utilizadas por los locales, y que a menudo, pueden verse en pleno movimiento sobre el mar (nadie creería la velocidad que pueden alcanzar), gracias a los clubes locales de remo, por lo general en las horas de la tarde. Pasando la Avenue Bruat, la ventana que se abre hacia el mar de yates y regatas en movimiento da a Papeete un sabor internacional. Del lado contra las montañas del camino está el Parque Bougainville, y convenientemente, la estafeta (que reemplazó la bonita edificación original de madera, a mi parecer otro de los retrocesos arquitectónicos de la isla. Acto seguido, el viajero encuentra un shopping que llaman Valma Centre, y que es completo, y enseguida el puerto, donde por lo general dos cruceros permanecen anclados.</p>

	<p>Ya entrada la tarde, llegan las barcazas de pescadores y les roulouttes se alinean ofreciendo sus menús desde el aparcamiento costero hasta el Terminal de Ferri. Este es el núcleo de correos finalmente, con sus catamaranes veloces y los ferris pesados abriendo morosamente las aguas, ante el sonido de los distritos rosa que comienzan al sur de la Avenue du Prince Hinoi hasta pasada la Avenue du Chef Vairaatoa, varias docenas de metros al norte.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1487.jpg"  /></div>El turismo y el entretenimiento de adultos se desvanecen a medida que uno se aleja de Papeete, incluso por las mismas vías urbanas que conducen al centro naval y el Fare Ute. Se trata de la zona industrial de la isla, donde las lanchas sucias y viejas permanentemente descargan las importaciones de otras islas y el aire huele a sudor y aceite de coco. Aquí es donde abundan las radios fabricadas en Cantón y las bicicletas taiwanesas que a su vez, son repartidas a tiendas rústicas en las demás islas. En realidad, está ocupada zona mueve más de medio millón de toneladas de carga por año, y otro tanto al interior del gran archipiélago.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1488.jpg"  /></div>Alrededor de Tahiti Nui y Tahiti Iti los recorridos por costa y montañas llevan a un sinfín de ruinas y monumentos históricos de todo tipo que recuerdan las tantas etnias que habitaban la isla, asimismo como los exploradores posteriores. También hay atracciones como parques naturales, y un Jardín Botánico junto al museo Gauguin (que por cierto exhibe préstamos del Musée d’Orsay de París). Además, entre las ofertas turísticas está el montañismo y las caminatas, sin descartar las opciones de diversión marina.</p>

	<p>Dada la fama de la Polinesia Francesa por sus altos costos, ¿qué se recomienda? Sin duda evitar las compras de última hora (un protector solar de Hawaiian Tropic que adquirí en Los Ángeles por casi 15 dólares, lo venden en cualquier esquina de Tahití a más de 40). Aunque la Polinesia es costosa para el viajero común (una cena buena [no elegante] para dos con botella de vino puede sobrepasar los 80 euros), ciertos gastos merecen la pena. Porque la mayoría de visitantes se limitan a las islas paradisiacas cercanas y a los resorts de cinco estrellas, el interior de la isla esconde bungalós para todos los gustos y tipos, y al margen del alquiler de coches existe toda una oferta sustitutiva en cuanto a scooters y bicicletas, a mejores precios.<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1489.jpg"  /></div>Si dos cosas baratas tiene la Polinesia (y en Tahití se hace evidente), es el servicio público de transporte y los sándwiches (éstos se venden en todas partes y como se quieran, desde el popular “casse-croûte” que es invención local hasta los típicos de salsa Bechamel). Visitar la Polinesia es una experiencia de una sola vida, y si la economía colonial que se mueve por sobrecostos e impuestos de todo y para todo, sumada a que casi todo lo que entra viene de Francia (ya uno ve las botellas de Merlot que generalmente se ofrecen en Carrefour a 15 euros sobrepasar los 70 en Papeete), hacen lo posible por poner al archipiélago más allá de los límites, creo yo, que el esfuerzo es y será siempre a medias. Nada más una pista que alivia: el boleto aéreo de ida y vuelta, desde París, no sobrepasa los 2 mil euros, si se compra por anticipado.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Hoy, la Polinesia no solo atrae a los amantes del lujo y de vacaciones idílicas, sino a todos los que siguen a Herman Melville, Robert Louis Stevenson y el mismo Paul Gauguin, entre otros. Algo de Moby Dick, Robinson Crusoe y los óleos que inmortalizaron, probablemente, las islas más apartadas, las Marquesas, la belleza polinesia los inspiró.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-12-04T08:50:14Z</published>
		<updated>2008-12-04T08:51:15Z</updated>
		<title type="html">San Francisco</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1415.jpg"  /></div>Si no fuera por el Golden Gate, la imagen de San Francisco bien podría ser otra, mucho más enriquecedora que simplemente un punto de referencia en el campo visual. Por ejemplo, se me ocurre el baile en la Misión Dolores, práctica inmortalizad por Ludovic Choris en su cuadro de 1816, en el que los indios miwok u ohlone, pintando su cuerpo de rojo, azul y blanco, actuaban para los misioneros todos los domingos después de misa. En efecto, fue Sir Francis Drake quien, al fondear en Point Reyes (año 1579), reclamó no solo las tierras sino estos pueblos amerindios para su reina, Isabel I, la que como yo, solo “veía y callaba” (lo que seguramente, para muchos, nos hará conspiradores). Es importante resaltar que la bahía de San Francisco, en su amplitud, permaneció como terra incognita hasta 1769, cuando España funda allí un “presidio” o fortaleza y una misión franciscana, a la que dieron el nombre de su santo, Francisco de Asís. Posteriormente, tras su independencia en 1821, México abrió California al resto del mundo (Europa), y San Francisco pasa de ser un mero puerto a una metrópoli comercial e indómita ciudad fronteriza. En 1848, con el descubrimiento de oro en Sierra Nevada y la anexión irreversible de California a Estados Unidos, se inicia el periodo dorado de la ciudad, de la “fiebre del metal”. Al cabo de un tiempo, cerca del medio millón de buscadores de oro habían entrado por aquella boca natural por entonces famosa, puerta de entrada a la bahía, conocida ya como la “Golden Gate” (gracias a John Fremont, en 1844). Lo que, en la pequeñez del mundo y su historia, nos lleva nuevamente al punto de partida de esta nota, como es evidente, y refuerza la importancia de la bahía con su suertudo nombre de Golden Gate, y no del puente, que debería ser Golden Bridge, como erróneamente se cree.<br />
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Por tanto el puente es simbólico del pasado, el presente y el futuro. Y constituye el principal punto de aproximación a San Francisco. El Golden Gate remata la prominente saliente al mar de Presidio, un hermoso y amplio espacio verde, exactamente en el punto del fuerte que, en 1993, se convirtió en parque nacional. Todavía allí están las baterías de la guerra de Secesión, un par de plazas de armas y los cuarteles militares del siglo <span class="caps">XIX</span>, todo enmarcado por el bosque de pinos y eucaliptos. Por Lincoln Boulevard, cruzando el parque, se llega a Baker Beach, la mejor playa de la ciudad, al pie de escarpados peñascos y lugar forzado de caminatas de fines de semana y vistas impresionantes (pero a veces un poco tenebrosas) de los cimientos del puente. Marine Drive es la carretera pintorescamente flanqueada de palmeras que bordea la costa, y desde la cual se accede al Cementerio de Animales, inicialmente creado para enterrar a los perros del ejército, pero que desde 1945 está abierta a todos los dolientes de mascotas; y más allá al Presidium Museum, exclusivamente de armas. Hacia los puentes de Doyle Drive el viajero encontrará el Palacio de Bellas Artes, un exceso neoclásico, sin duda, único vestigio de los impresionantes edificios construidos para la Exposición Panama-Pacific de 1915, que celebraba la reconstrucción de la ciudad (tras el terremoto de 1906) y la conclusión de las obras en el Canal de Panamá: durante los diez meses durante los que funcionó, más de veinte millones de visitantes acudieron al lugar. Al interior del Palace hay un “exploratorium” entre la planta baja y el entresuelo, una exposición de varias secciones temáticas (modelos, sonido audición y lenguaje, electricidad, ondas y resonancia, movimiento, calor y temperatura, etc.). Por ejemplo, en el Tactile Dome se está totalmente a oscuras, y los visitantes tienen, por supuesto, que moverse a gatas. En realidad, la alargada nave industrial del Exploratorium es uno de los museos de ciencias más notables de Estados Unidos, más por su muestrario interactivo (y huelga mencionar a su fundador en 1969, el físico Frank Oppenheimer, el pacífico hermano de Robert, quien contribuyó al desarrollo de la bomba atómica).</p>

	<p>El Golden Gate, la dama de honor de todo viaje a la ciudad, es una estructura enorme de seis carriles para vehículos y uno bastante amplio para peatones. Siendo uno de los cinco puentes más grandes hoy, en el año de su inauguración, 1937, fue la estructura colgante más larga y elevada del mundo. La longitud del puente es de 2,7 kilómetros, con un vano central de 1.280 metros. Los cimientos de las torres gemelas que sustentan la estructura, proeza de la ingeniería son notables: pilares enterrados a 30 metros de la superficie, con bases de 20 metros de grosor de concreto y una estructura de 47 metros de alto enfundada en hierro. Para llegar al fondo rocoso del lecho de la bahía, se emplearon buceadores que, sumergida tras sumergida, dinamitaron las cámaras hasta los 6 metros de profundidad. La calzada de hormigón con soporte de acero se construyó desde las torres en ambas direcciones, para que así el peso se distribuyera equilibradamente a los cables de suspensión. Las dos torres huecas de acero del puente, se elevan, por ejemplo, a 227 metros sobre el nivel del mar. Un detalle interesante, que generalmente pasa desapercibido: la forma como se puso toda junta la estructura. La mano de obra fue excesiva: por ejemplo, para remachar el esqueleto, se trabajaba en grupos de 4: uno calentaba los remaches, otro los recogía en un cubo y los dos restantes ensamblaban los trozos de acero con los remaches al rojo vivo. En enero de 1933 las obras de construcción del Golden Gate, y sucesos adicionales hasta su inauguración, a 27 mayo de 1937, se resumen así: junio de 1933 (un barco destroza parte de la estructura); mayo de 1934 (se remata la Martin Tower y se iza la bandera estadounidense en la cumbre); junio de 1935 (un fuerte terremoto pone a prueba las torres, saliendo éstas bien libradas). La viabilidad del puente había sido puesta en duda, principalmente por la Gran Depresión; sin embargo, el arquitecto Strauss, había logrado un amplio apoyo: una emisión de bonos por valor de 35 millones de dólares, que lo financió. Cuando se inauguró, con casi 18 mil personas aguardando tras las barreras de la policía, todas las sirenas y campanas de San Francisco y el condado de Marin repicaron al unísono.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1417.jpg"  /></div>Pacific Heights es un barrio compuesto por las manzanas entre Alta Plaza (convertido en parque público hacia 1850) y Lafayette Park (rodeado de preciosas casas victorianas). El sector es famoso, no tanto por sus edificios de apartamentos antiguos tipo palacetes, sino por la forma como por el lado norte las calles descienden abruptamente hacia el distrito de Marina, y sobretodo, por las espléndidas vistas desde allí de la bahía. Una caminata por el área obliga al turista siempre a no perder de vista Webster Street (por sus casas que son monumento histórico).</p>

	<p>Fisherman´s Warf, o la zona del puerto, con un par de edificios, aloja el Museo de la Ciudad, el Museo de Cera, el Ripley’s Believe It or Not!, el <span class="caps">USS</span> Pampanito por el Pier 45 (es un submarino veterano de la guerra) y facilita su recorrido sus ampliasaceras. El Pier 39, una auténtica feria, ofrece distintas opciones de restaurantes y almacenes. Sin embargo, lo más notable en el muelle 39 son los cientos de leones marinos que allí, en plataformas flotantes, toman el sol, colonia marina que principalmente acude en enero, para alterar el equilibrio de los dueños de embarcaciones que allí anclan. Otra de las vistas más interesantes de esta zona, es la de la Isla de Alcatraz, que entre 1934 y 1963 albergó la penitenciaria de máxima seguridad del mismo nombre. <div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1416.jpg"  /></div>Hoy, la isla rocosa y escarpada, a cinco kilómetros de la costa y expuesta siempre a los fuertes vientos oceánicos, hace parte del Golden Gate National Recreation Area. Casi de paso forzado, es Lombard Street, una calle en pendiente de 27 grados y ocho pronunciadas curvas, conocida como la calle “más sinuosa del mundo”: los coches solo pueden recorrerla en sentido descendente.</p>

	<p>Un recorrido interesante propone North Beach, distrito de famosa vida nocturna gracias a chilenos, luego italianos, que lo llenaron de cafés y bohemia, y gestó en parte la famosa generación “beat”, de los años 50, encabezada por Kerouac. No muy lejos, está el Telegraph Hill, que debe su nombre a la luz instalada en lo alto de la colina en 1850, y que transmitía señales alertando a los comerciantes de la llegada de los barcos. En el lado este, de brusca pendiente (fue dinamitado para obtener roca con la que pavimentar las calles), hay senderos escarpados bordeados de frondosos jardines. La parte oeste desciende en una pendiente más suave hasta Little Italy. <div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1419.jpg"  /></div>Antaño vivían en la colina inmigrantes y artistas atraídos por las vistas; hoy las pintorescas casas de colores pasteles están muy cotizadas, y el lugar es una de las mejores zonas residenciales de la ciudad. De Telegraph Hill es notable la Saints Peter and Paul Catholic Church, también llamada la catedral italiana (es portal a la pequeña Italia), las escalinatas de Filbert Street y Greenwich Street, y el agradable Washington Square.</p>

	<p>El Chinatown de San Francisco es, quizás, uno de las más decentes comunidades chinas de Estados Unidos. Ciertamente, los primeros inmigrantes chinos se establecieron en Stockton Street en los 1850s, y gran parte de las fachadas conservan ese aire provincial que se sabe en el sur de China, pese a que la arquitectura básica, las costumbres y demás tengan un carácter híbrido muy norteamericano. El Chinatown se le conoce también como el “gueto dorado”, a causa de sus vistosas fachadas y populosos mercados que ocultan, como en las mejores películas, un mundillo de inmigrantes ilegales, fábricas clandestinas y familias hacendadas. Por su parte, el adyacente Nob Hill es, también, la colina más célebre de San Francisco, famosa por sus vistas a la bahía, los tranvías y sus hoteles de postín (Fairmont, Mark Hopkins, Stouffer Stanford, etc.). De las mansiones originales de la zona solo se conserva una, sobreviviente del terremoto de 1906, capaz aún de transmitir el mohíno resplandor de la opulencia victoriana.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1420.jpg"  /></div>El Financial District es Montgomery Street, básicamente su corazón. El pasado de esta calle está lleno de historias de tiendecillas donde los mineros acudían para pesar el polvo de oro. El downtown viene, pues, por esa vía a coincidir con la antigua línea costera de Yerba Buena, ganada al mar en los años de la fiebre del oro. Hoy, los bancos de principios de siglo quedan a la sombra de los rascacielos de cristal y acero, mientras las hordas de ejecutivos pululan en sus calles. Para compras, se recomienda Union Square, donde están los grandes almacenes. De entre los edificios de esta zona sobresale el Transamerica Pyramid, de 46 pisos y coronado por una aguja, alzándose 256 metros sobre el nivel del mar. El Transamerica es el edificio más alto de San Francisco, y aunque no fuera del gusto de los ciudadanos cuando se inauguró en 1972, hoy la torre es todo un ícono de la ciudad. La “pirámide” acoge en total unas 1.500 oficinas sobre un solar que ha sido a lo largo de la historia uno de los más costosos de la lonja. Es importante saber que la aguja es hueca y se eleva 64 metros sobre el último piso, se ilumina desde adentro (lanza un fuerte destello amarillo de noche), pero su función es puramente decorativa. También, las alas verticales del edificio se elevan desde el centro de la planta baja y se extienden más allá de la estructura. El ala este acoge 18 ascensores y la oeste una torre de humos y las escaleras de incendios. El mirador de la Transamerica Pyramid está, no como se espera, sino en el piso 27, y recomiendo particularmente la panorámica hacia el norte. Igualmente, el exterior de la pirámide está recubierto de un material que permite la separación entre paneles, de modo que hay oscilación lateral en caso de terremoto. Y merece destacar, por último, la forma del edificio, imitando el huso, para así proyectar una sombra menor (evita por tanto, las deliciosas tinieblas eternas de Manhattan).</p>

	<p>Haight Ashbury es otro distrito interesante y está al norte de Twin Peaks, dos colinas de 274 metros azotadas siempre por los vientos. Aunque en el barrio vivieron miles de hippies en los años 60, ahora son las clases acomodadas las que ocupan sus hermosas casas de estilo victoriano tardío. Hacia el este se halla el distrito de Castro, centro de la comunidad homosexual. Famoso en los años 70 por su hedonismo, el Castro es hoy más tranquilo, aunque los cafés y tiendas siguen teniendo gran ambiente. El distrito de Mission, aún más al este, fue poblado inicialmente por monjes españoles, y en efecto allí hoy se concentran algunas colonias hispanoamericanas.</p>

	<p>No cabe duda que San Francisco es la ciudad más bella de todo Estados Unidos: si algo salva al país, en términos arquitectónico-visuales, es esta ciudad, ubicada al norte de California, y mi preferida en todo el país. San Francisco es un viaje recomendado.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1420t.jpg"  /></div>El Financial District es Montgomery Street, básicamente su corazón. El pasado de esta calle está lleno de historias de tiendecillas donde los mineros acudían para pesar el polvo de oro. El downtown viene, pues, por esa vía a coincidir con la antigua línea costera de Yerba Buena, ganada al mar en los años de la fiebre del oro.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-11-04T08:07:45Z</published>
		<updated>2008-11-04T06:51:37Z</updated>
		<title type="html">Por la Costa Azul</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2008-11-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/0a402544795c8c92cd532dad2a323887</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Para mí, la Costa Azul va técnicamente desde Toulon hasta San Remo, en Italia. Y la más pintoresca porción de esta franja Mediterránea, se extiende desde Mónaco hasta Saint Tropez. La capital indiscutible es Niza, pero lo más interesante se esconde en las bahías diminutas y las montañas. Son estas carreteras, llamadas “corniches”, que ascienden y serpentean y esconden quizás los más bellos y artísticos poblados de toda la zona. Estas excursiones son frecuentes desde mi base en La Condamine, en el puerto de Mónaco, siempre no más allá de Saint Trop y Génova. El siguiente es un itinerario razonable, entre Mónaco y Antibes y sobre las montañas:</p>

	<p><strong>1. MÓNACO –</strong> Para el turista promedio, dos días aquí son suficientes (distinto para el que, como yo, tiene en esta famosa ciudad su residencia). El puerto de Mónaco tiene apenas 1.5 kilómetros cuadrados, es famoso por su casino y el Grand Prix de Fórmula Uno en mayo de cada año. La ciudad de más de 30,000 habitantes comprende cinco barrios o zonas: Monaco Ville (la ciudad vieja y el panorámico Rocher, esta roca de más de 800 metros de largo donde está el Palais du Prince (con sello Grimaldi); Monte Carlo, al norte del puerto, donde está el casino y los más costosos hoteles; La Condamine, la zona llana llena de edificios (en su mayoría de los años 60) al suroriente del puerto; Fontvieille, un área mixta que antes era industrial y ahora tiene modernos edificios y calles perfectas; y Larvotto, la playa a las afueras. El pueblo francés de Beausoleil está apenas a tres calles ascendiendo la montaña de Monte Carlo.</p>

	<p>En Mónaco hay muy poco que ver, pero es un puerto hermoso, lleno de vida nocturna. Su oferta turística se limita al Musée Océanographique, uno de los acuarios más respetados del mundo, con sus noventa tanques y su exhibición extensa sobre la exploración marina. Una escalera opuesta al Musée lleva a un recorrido por la Historia de Monte Carlo, un lugar donde proyectan un video en todas las lenguas europeas la trayectoria de la familia Grimaldi (dueña del puerto desde 1297). Contra ambos museos, está el costero Jardin Saint Martin, con su vista preciosa al mar. Sin duda, el Palais du Prince es uno de los puntos turísticos par excellence. De por sí que, entre las primeras cosas que un amigo local hizo, fue llevarme a ver el cambio de guardia, allí al final de la Rue des Remparts, precisamente a las 11:55am de un día nublado de invierno. Los guardias llevaban su uniforme negro, que cambia a blanco en verano). De junio a octubre es posible visitar los Apartamentos de Estado del Palais, e incluso, puede accederse combinadamente al pequeño Musée des Souvenirs Napoléoniens, un muestrario de los objetos personales de Napoleón, en el ala sur del palacio. La Cathédrale de Monaco, con su magnífico estilo Romano-Bizantino, guarda en 4 Rue Colonel el motivo de su concurrencia: la tumba de Grace Kelly (1929-1982), que se encuentra en el lado oeste del Coro. La lápida es más bien modesta, y se lee, en latín, “Gratia Patricia Principis Rainerii III”, ornamentada con flores. Entre septiembre y junio, en la misa de los domingos a las 10am, el coro de niños de la ciudad, Les Petits Chanteurs de Monaco, refrescan la homilía. El Jardin Exotique, por su parte, es bellísimo, hogar de más de 7 mil variedades de cactus traídos de todos los rincones de la tierra. La vista, desde la falda empinada, es impresionante. La entrada al jardín también permite visitar el adyacente Musée d’Anthropologie Préhistorique e incluye el recorrido con guía por el Grottes de l’Observatoire, una red de cuevas de estalactitas y estalagmitas que descienden 279 peldaños al interior de la colina. Obviamente que no puede concebirse una visita a Mónaco sin el Casino, y su aledaño, Hotel de Paris Louis XV, con sus respectivos retratos “in situ”. Construido entre 1878 y 1910, el Casino está abierto al público, claro está, previo pago de 10 euros para acceder hasta el Salon Ordinaire, con su ruleta francesa y el trente et quarante; y se debe cancelar otro tanto para ingresar a los Salons Privés, con sus mesas de bacarat y blackjack, la ruleta americana, etc. Entre los requisitos es ser mayor de 21 años y no haber nacido en Mónaco (se exige mostrar pasaportes), se prohíbe entrar en bermudas al salón principal, y para las salas privadas, se exige sin excepción corbata y vestido.</p>

	<p><strong>2. <span class="caps">ANTIBES</span> –</strong> Del otro lado de la Baie des Anges está este poblado de más de 71 mil habitantes, con sus hermosas playas y los vestigios de su importancia en el siglo <span class="caps">XVI</span>. <div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1356.jpg" title="Antibes" /></div>En la Rue Saint Esprit, en el medio de la ciudad vieja, está la Catedral (conocida localmente como Iglesia de la Inmaculada Concepción), con su fachada neoclásica color ocre y su torre romanesca. Unas escaleras llevan a la Château Grimaldi, en un promontorio espectacular que da a la iglesia y al mar. Lo más importante es que esta casona sirvió de estudio a Picasso en 1946, y por ende, es en sus inmediaciones que funciona el Musée del artista, que exhibe una importante colección de pinturas, litografías, dibujos y cerámicas, como también ofrece un recorrido por la vida del pintor. La terraza llena de esculturas, inspiradora, da al mar. En el lado suroeste de la Château, en Bastion Saint André, está el Musée Archéologique, sobre la Promenade Amiral de Grasse, dedicado a recordar la era griega de Antibes. A las afueras está Juan-les-Pins, con su playa voluptuosa de 2 kilómetros de largo, enmarcada por el mar y una falange de pinos, recordará al visitante el por qué del Jazz-à-Juan, el festival musical anual, parte del ambiente prevalente de los años 20 del pasado siglo, cuando era popular entre los visitantes norteamericanos. Cap d’Antibes, hermosa península, es exclusiva en cuanto a las lujosas villas privadas y el hotel más lujoso de toda la Côte d’Azur, el Hôtel du Cap. Entre las coníferas, está el Jardin Thuret, en Boulevard du Cap, que desde 1856 exhibe un sinfín de plantas exóticas. Y también, imprescindible, los jardines de la Villa Eilenroc, en la punta peninsular, que se benefician de la incomparable presencia de mar.<br />
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<strong>3. <span class="caps">VENCE</span>, <span class="caps">SAINT</span> <span class="caps">PAUL</span> DE <span class="caps">VENCE</span> &amp; <span class="caps">CAGNES</span>-<span class="caps">SUR</span>-<span class="caps">MER</span> –</strong> La serena Vence, sin mar y muy turística, está a 21 kilómetros al noroeste de Niza. Aunque abundan las villas y mansiones de veraneo, no hay quizá algo más agradable como caminar por su centro medieval cuando el sol o el viento lo permiten. El arte bulle en Vence: hay una buena dosis de galerías, y parecería que, en cada casa, vive un pintor. La Porte du Peyra, la puerta principal construida en el siglo <span class="caps">XIII</span> con su muralla todavía resguarda la ciudad y, una vez superada, el sendero lleva a la íntima Place du Peyra con su surtidor. La catedral, también romanesca como muchas otras en la zona, fue construida en el siglo XI, y reformada dos veces, la última en el siglo <span class="caps">XVIII</span>. A unos 800 metros al norte de Vence, por la carretera que conduce a Saint Jeannet, está la bellísima Chapelle du Rosaire, cuyo interior fue diseñado y decorado por el propio Matisse.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1357.jpg" title="Cagnes-sur-Mer" /></div>Saint Paul de Vence es un villorrio pintoresco, excesivamente concurrido en temporada, montado sobre una colina a 4 kilómetros al sur de Vence. Saint Paul es hogar de una multitud de escritores y artistas, una auténtica colonia cultural de enorme belleza. Si aparece en los mapas, no es por el prestigio de algunos de mis colegas, sino más bien por la Fondation Maeght, una de las mecas de Francia de arte contemporáneo. Con vistas al campo provenzal, rodeado por jardines llenos de esculturas y fuentes, la galería abrió sus puertas en 1964. La colección permanente de arte del siglo XX es excepcional, con obras de pintores como Braque, Bonnard, Matisse y Miró.</p>

	<p>Tres poblados conforman a Cagnes-sur-Mer: primero, Le Haut de Cagnes, antigua sobre la colina; Le Cros de Cagnes, el antiguo cuartel de pescadores junto al mar; y por supuesto, Cagnes Ville, el sector moderno, en constante ebullición. Es en Cagnes donde hay otra Château Grimaldi, en la zona vieja, donde funciona un museo de arte mediterráneo contemporáneo y se hace el festival internacional anual que le da su prestigio. Cerca de Cagnes Ville está el Musée Renoir, en Chemin des Collettes, casita que fuera el hogar y estudio del pintor entre 1907 y 1919. Todavía conserva su decoración original y de sus paredes cuelgan un buen número de obras. La villa está protegida por hermosos olivos.</p>

	<p><strong>4. <span class="caps">THE</span> <span class="caps">CORNICHES</span> –</strong> Son 30 kilómetros de pueblos entre Niza y Menton, los que reciben este nombre, unidos por tres “corniches” o carreteras costeras, cada una sube más las montañas que la anterior.</p>

	<p>La Corniche Inférieure, también conocida como Basse Corniche (es la carretera N98), se mantiene muy cerca de la playa llena de villas y el ferrocarril, atravesando Villefranche-sur-Mer, Saint Jean-Cap Ferrat, Beaulieu-sur-Mer, Éze-sur-Mer, Cap d’Ail y, por supuesto, el centro alternativo de nuestro itinerario, el Principado de Mónaco. Todos los poblados merecen ser visitados, pero yo, personalmente, recomiendo dos.</p>

	<p>Villefranche-sur-Mer está situado, quizás, en una de las bahías más hermosas desde Saint Tropez a Marsella, con un puerto que da al Cap Ferrat. En la ciudad vieja tiene una muy bien preservada iglesia del siglo <span class="caps">XIV</span>, con una ciudadela inmaculada del siglo <span class="caps">XVI</span>. Las escaleras de piedra, cada tanto, rompen las calles diminutas, de todas la más interesante siendo la Rue Obscure. Las vistas desde arriba del mar, entre las casas, a medida que se recorre el villorrio a pie, son incomparables. Villefranche fue particularmente el lugar favorito de Jean Cocteau, quien en 1957 pintó los frescos en la Chapelle Saint Pierre, del siglo <span class="caps">XVII</span>.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1359.jpg" title="Saint Jean-Cap Ferrat" /></div>Una vez un asentamiento de pescadores, Saint Jean-Cap Ferrat es hoy un balneario exquisito, en la península boscosa de Ferrat, totalmente inundada de mansiones y villas de excéntricos millonarios. En la bahía cerrada se encuentra el Musée de Béatrice Ephrussi de Rothschild, en la Villa Île de France, construida al estilo de las casas toscanas para la Baronesa de Rothschild en 1912, y que exhibe su antiguo mobiliario, pinturas, tapices y porcelanas de gran valor, rodeada por el pacifismo de sus jardines.</p>

	<p>La Moyenne Corniche, la carretera central de la costa (N7 en los mapas), se pega a las faldas, ofreciendo un espectáculo escénico de gran valor. Desde Niza sigue las formas de las montañas atravesando Villefranche, Éze y Beausoleil hasta Monte Carlo. Éze pareciera engarzado en un pico rocoso de 427 metros sobre el mar, con una historia llena de historias antiguas. Desde el jardín exótico, como si en cualquier momento pudiera uno caerle encima, está Éze-sur-Mer, lamido por el Mediterráneo. Fue en Éze donde Nietzche comenzó a escribir “Así habló Zaratustra”, al punto que el sendero que comunica a Éze de su contraparte en la playa lleva el nombre del filósofo.</p>

	<p>El Grande Corniche, cuyas panorámicas, entre los Corniches, son sin duda las mejores, deja Niza para adentrarse en el Col d’Éze, con una vista espectacular del mar (y hasta las sombras de Córcega, en un buen día); La Turbie, sobre Mónaco, un punto romántico de noche por las luces parpadeantes del Principado; y Le Vistaëro, otro mirador. En esta ruta Roquebrune, entre Mónaco y Menton, es el principal punto de atención. Medieval, con calles angostas que llevan al castillo llenas de tiendas de suvenires y artesanías y su Rue Moncollet, tallada de la roca, con sus pasajes y escalinatas. En el número 20 de la Avenue Paul Doumer, está Cap Martin, un suburbio exclusivo de Menton de primoroso ambiente famoso por sus famosos residentes (Churchill, Le Corbusier, etc.).</p>

	<p><strong>5. <span class="caps">MENTON</span> –</strong> Un recorrido por la “petit Côte d’Azur” no puede descartar a Menton, que tiene la reputación de ser el punto más cálido de toda la región (incluso en <div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1358.jpg" title="Menton" /></div>invierno). Quizás sea esta la razón por la cual Menton es un destino popular con los viajeros de cierta edad, y que se refleja cuando cae la noche, a diferencia de otros puntos hacia el oeste. Guy de Maupassant, Robert Louis Stevenson, Gustave Flaubert y Katherine Mansfield están entre los escritores que encontraron alguna vez solaz en Menton. Cuando se está en la cosecha, el aire se llena con el aroma de los limones, y todo en este poblado rinde honor al cítrico; incluso, por dos semanas, los limones se toman a Menton en su muy propia Fête des Citrons en febrero, una versión valiosa del Mardi Gras. En Menton no hay que perderse de la Église Saint Michel, construida en el siglo <span class="caps">XVII</span>, quizá la pieza arquitectónica del barroco más grande del sur de Francia (aunque el interior muy italiano), situada en pleno centro del Vieille Ville que, como la mayoría de los poblados de la Côte d’Azur, también tiene sus callejas angostas y sus cientos de escalinatas. También, los cementerios, comenzando por el Cimetière du Vieux Château, con sus tumbas de una multitud de inmigrantes muertos en el siglo <span class="caps">XIX</span>, y una vista que recompensa la escalada; o el Cimetière du Trabuquet, más grande, que permite echar una ojeada al lado costanero italiano. El Musée Jean Cocteau, situado en un bastión frente al mar construido en 1636 (Quai Napoleón <span class="caps">III</span>), exhibe una amplísima selección de las obras del poeta, dramaturgo y cineasta muerto en 1963. Los frescos de Costeau nadie puede perdérselos en la Salle des Mariages en el Hôtel de Ville. El Palais Carnolès es la antigua residencia de veraneo de la familia Grimaldi, pero que hoy aloja el Musée des Beaux-Arts, con obras del siglo <span class="caps">XIII</span> al siglo XX. El Jardin de Sculptures, que rodea el Palais, está plantado de naranjos y limoneros, por lo que asegura una caminata con sombra y aromas. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Para mí, la Costa Azul va técnicamente desde Toulon hasta San Remo, en Italia. Y la más pintoresca porción de esta franja Mediterránea, se extiende desde Mónaco hasta Saint Tropez. La capital indiscutible es Niza, pero lo más interesante se esconde en las bahías diminutas y las montañas. Son estas carreteras, llamadas “corniches”, que ascienden y serpentean y esconden quizás los más bellos y artísticos poblados de toda la zona.</p>]]></summary>
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	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-10-04T08:59:56Z</published>
		<updated>2008-10-04T09:12:18Z</updated>
		<title type="html">Bermuda</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/14659/bermuda" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-10-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/e2686d30590fc091bf63ac86d488d808</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>El 2 de junio de 1609, la carabela Sea Venture partió de Plymouth hacia el Nuevo Mundo junto a nueve naves más que llevarían el “tercer suministro” de colonos a Jamestown, Virginia, al mando del almirante Sir George Somers. Casi mil millas al sur del Atlántico, la flota se vio atacada por un huracán, y el Sea Venture, que luchó durante tres días a capa y espada contra la tempestad y gravemente averiado por los vientos, consiguió mantenerse a flote hasta que el almirante Somers avistó tierra, la mañana del 25 de julio, hacia donde se dirigió el Sea Venture para prevenir finalmente irse a pique (las aguas en las bodegas habían sobrepasado los dos metros y medio). El Sea Venture encalló en un arrecife a más de un kilómetro del extremo nororiental de lo que hoy se conoce como Bermuda, donde desembarcaron ciento cincuenta personas y un perro. Más de uno, de entre los objetos de valor, cargó sobre sus hombros un tonel de vino.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1336.jpg" title="Bermuda" /></div>Esta historia hizo aparecer a Bermuda en los mapas. Sería durante los meses siguientes, en la isla, que se construirían otros dos barcos históricos tras la catástrofe, el Deliverance y el Patience, incluso con partes extraídas al Sea Venture. Sin embargo, el evento sirvió para que este archipiélago abandonara sus antiguos motes de “La Garza” e “Isla de los Demonios” y, gracias a los recién llegados, corriera la voz de que la isla era un verdadero paraíso. Incluso, subsiste el reporte de la Segunda Compañía de Suministros en el que, por ejemplo, quedaron grabadas para la historia las palabras de uno de los marinos, que decidido a no abandonar la isla afirmó: “en Virginia nos espera solo desventura y trabajo sin pescado, carne o aves que sólo aquí en paz pueden disfrutarse.” Para completar los datos curiosos, nada más y nada menos que, entre los pasajeros del Sea Venture, iba un inglés llamado John Rolfe, cuya esposa allí daría a luz a una niña, llamada Bermuda, quien desafortunadamente pereció poco después de que Rolfe se estableciera en Virginia. En las cercanías de Jamestown, Rolfe fundaría la más importante plantación de tabaco, en la que precisamente, como sigue la historia, conoció a Pocahontas, con quien se casó en abril de 1614.</p>

	<p>Lo cierto es que Bermuda, pese a su aislamiento (su punto terrestre más cercano está a unos 965 kilómetros al este, el Cabo Hatteras, en Carolina del Norte), es un paraíso. Erróneamente se cree que Bermuda hace parte del Caribe, desconociéndose que se trata de una isla subtropical que disfruta de uno de los climas más agradables del mundo: en medio de esa cálida corriente que arranca desde el Golfo de México, durante el verano las temperaturas oscilan entre los 24 y 32 grados centígrados, mientras que en los meses de invierno, entre 15 y 20.</p>

	<p>Aunque la metrópoli de este territorio inglés de ultramar es Londres, a más de cinco mil kilómetros de distancia, Nueva York está apenas a poco más de una hora por avión, y Boston, el otro punto de embarque, media hora más. Air Canada vuela a diario desde Toronto, al igual que American Airlines y Jet Blue vuelan desde el aeropuerto Kennedy, Continental Airlines desde Newark (en Nueva Jersey), Delta desde Atlanta y Boston, British Airways a diario desde Gatwick y US Airways con siete frecuencias semanales desde Filadelfia.</p>

	<p>Los hoteles no se apretujan unos contra otros, como podría esperarse en islas tan estrechas, como es el caso de Bermuda. Por el contrario, están esparcidos a lo largo del muñón y garfio de coral que es este territorio, tomando como punto de partida el norte, la parroquia de St. George’s, donde está el aeropuerto internacional L.F. Wade. Hamilton, la soñolienta capital, está a 16 kilómetros al sur, enmarcada por enormes edificios victorianos al estilo colonial, pintados siempre de colores pastel (limón, lima, durazno y azul cielo). En las horas de trabajo, cuando no se está en vacaciones, el viajero podrá observar principalmente el código de vestimenta de los funcionarios y oficinistas, en su estricto rigor inglés: bermudas (pantalones cortos), calcetines hasta la rodilla, camisa de manga larga, corbata y chaqueta. Podría decirse que éste es el traje nacional de Bermuda, con una opción adicional: bermuda y chaqueta pueden ser de distintos colores. Como todo en Bermuda tiene una historia (más que sol y playas), la de ésta fue inspirada por los mismos soldados británicos que eran enviados a los cuarteles coloniales, tan exóticos como la India, y quienes impusieron la moda, por cuestiones prácticas del clima, recortando sus pantalones hasta el término del muslo. No pasó mucho tiempo cuando los soldados estacionados en Bermuda comenzaron a usar la prenda, de modo que poco a poco se difundió permaneciendo en los más conservadores elementos de la pequeña sociedad.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1337.jpg" title="Hamilton" /></div>Al moverse por Hamilton, como por el resto de las islas (convenientemente unidas por puentes), el viajero debe tener en cuenta algo: en Bermuda no existe el alquiler de coches. Del mismo modo como el ferrocarril, inaugurado en 1931 y que los mismos isleños archivaron en 1947 (los vagones y máquinas fueron vendidos al gobierno de la Guyana Británica en Sudamérica), el uso de vehículos se limita a un riguroso sistema legal y está sometido a todo tipo de prohibiciones. Sin embargo, Bermuda tiene más de veinte mil coches, otro tanto por igual de “motorscooters” o bicicletas con motor, y un excelente sistema público de autobuses (cuyo tiempo de mayor uso es entre las 3:30 y las 5:30pm, cuando los niños salen de las escuelas y los empleados regresan a sus casas). Además, desde Hamilton hacia el otro extremo, Sandy’s Parish y las parroquias cercanas de Paget y Warwick hay un servicio continuo de ferris, que acortan, por ejemplo, el viaje desde la capital hasta el impresionante Royal Naval Dockyard, en media hora (comparándolo con el autobús).</p>

	<p>Una caminata típica por Hamilton incluirá visitas al Banco de Bermuda (su impresionante colección de monedas a partir de 1603, como también los anodinos peniques de la isla difundidos en 1614, y que hacían honor a su nombre, “hog money”, por el puerco introducido en la isla recién colonizada, y que se dice, alimentó a las generaciones fundadoras). El Museo de la Sociedad Histórica de Bermuda, ubicado en el Par-la-Ville sobre Queen Street, tiene replicas de todo tipo de los famosos barcos (incluyendo el Sea Venture), asimismo como los instrumentos de viaje del almirante Somers y una carta de 1775 firmada por George Washington en la que urgía a las gentes de Bermuda a unirse a la campaña estadounidense de independencia. Asimismo el edificio del Ayuntamiento (museo de varias importantes obras de arte de Desmond Fountain, al igual que el teatro de 378 sillas, que ha visto importantes interpretaciones en las giras de la Orquesta de Cámara de Inglaterra, el ballet danés y varios solistas de renombre). La Galería Nacional, por ejemplo, exhibe pinturas europeas desde el siglo XV (el retrato del patriota americano Thomas Paine, pintado por George Romney, es notable; tanto como las obras de Gainsborough, Reynolds y Bartolomé Murillo), y también arte local (en el vestíbulo superior están los veintiún cuadros de Winslow Homer inspirados en Bermuda, como también obras de Ambrose Webster y Demuth, los doce dibujos de Georgia O’Keeffe y las estampas del cubista francés Albert Gleizes, todos pintados durante sus residencias allí).</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1338.jpg" title="Playas" /></div>Hamilton está en la parroquia de Pembroke, un apéndice que asoma al mar y que en su punta más occidental tiene el Parque Spanish Point, donde en 1603, el galeón español comandado por Diego Ramírez encalló, obligando a la tripulación del barco a permanecer por tres semanas en el lugar mientras se reparaba la estructura averiada. Seis años después, los colonos ingleses encontraron las señales de existencia del campamento, que se convertiría en parque y así se ha mantenido hasta el día de hoy. Otro parque famoso es el Admiralty House, en la bahía del puercoespín, y hacia el este, pasando un poso tenebroso, se halla el transeúnte con una carretera que se abre paso por entre enormes y negras paredes de piedra caliza, de aspecto macabro (y que no obstante es, para los nativos, un prodigio de la ingeniería local).</p>

	<p>Hacia el norte, la ciudadela de St. George’s ofrece una caminata por Ordinance Island, que fuera una vez la bodega inglesa del arsenal, y atraviesa la estatua de Sir George Somers (padre de Bermuda), asimismo como una réplica del Deliverance, el barco de madera que allí Somers construyó en 1610 y con el que llegó a Jamestown, Virginia. Un puente corto lleva de esta isla al Ayuntamiento, construido en 1782, y del otro lado de la plaza, se verá las réplicas de los cepos y artefactos de castigo, en su lugar original, útiles antiguamente a la hora de las reprimendas públicas. La Old State House, en el extremo este de King St., es el edificio más antiguo de Bermuda (construido en 1620) y que, pese a su modesto tamaño, incorpora elementos italianizados y en su interior, gran parte de la historia judicial de la isla. Somers Gardens, al norte, comparte su espacio con otros museos y la antigua cárcel (donde el famoso misionario metodista John Stephenson estuvo encerrado en 1801 por el delito de “predicar a los esclavos”). En St. George’s hay dos iglesias importantes: St. Peter’s y la iglesia “inconclusa”; la primera uno de los más viejos templos anglicanos en el hemisferio (contiene una Biblia de 1594), y la segunda que, poco después de comenzarse a construir en 1874, fue abandonada.</p>

	<p>En Bermuda hay varias docenas de fuertes que, según los nativos explican, deben su presencia a la ansiedad permanente de los antiguos habitantes frente a la amenaza de ser invadidos. En 1614, dos naves españolas que hacían reconocimiento de la isla a la altura de Castle Harbour decidieron embarcarse en una escaramuza, a la que las fortalezas de la isla respondieron con tan fiero fuego que aquella sería la última de las que ocurrieron. Como consecuencia, en los siguientes años, se construyeron más de cincuenta fuertes, de los que sobrevive el St. George’s, Fort Victoria, Fort Albert, las baterías Alexandra y St. David’s y Fort Park. Hacia Bailey’s Bay está la Perfumería, con su maravilloso sendero de aromas (cientos y cientos de flores debidamente etiquetadas con sus nombres latinos), al igual que las Crystal Caves (descubiertas en 1907por dos chicos que, al intentar recuperar su bola de cricket, se encontraron con un hoyo en el suelo al cual ingresaron mediante soga). Para los más chicos, está el Acuario y Zoo, en Flatts Village, inaugurado en 1928, al igual que el Museo del Ferrocarril. Uno de los paseos más agradables, quizás sea a lo largo del sendero del tren (o lo que queda de él), de por sí muy panorámico, y que corta a Bermuda de cabo a rabo. Por su parte, Devonshire Parish atrae a los amantes de la botánica, con su Palm Grove Garden, una auténtica colección de plantas y aves exóticas, al igual que el Arboretum (con sus especies de árboles traídas de lugares lejanos como Japón, Nueva Guinea y Canadá, al igual que otras obsequiadas por la reina Isabel II, enviadas desde Kew). En la parroquia cercana de Paget se encuentra el Jardín Botánico, abierto en 1898, y que es un verdadero tesoro sensorial. Fue allí que John Lennon se topó, en 1980, con la pequeña Fresia en flor que ostentaba su nombre local, “Double Fantasy”: fue éste el nombre del último disco que Lennon grabó en su vida.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1339.jpg" title="Royal Naval Dockyard" /></div>En Sandy’s Parish, al suroeste, se prolonga como un huesudo dedo el Royal Naval Dockyard, una masiva instalación militar que fue construida por mor de la Revolución Americana, cuando los ingleses no pudieron usar más los puertos de la costa este y todavía se empeñaban en intimidar a los estadounidenses. Alzado sobre una colina, el lugar donde se construiría el fuerte se pensó como el “Gibraltar de América”, desde donde el comando inglés podría supervisar los movimientos de transportes por el océano y, en el momento menos esperado, embarcarse en la reconquista de Norteamérica.</p>

	<p>Como se mire, Bermuda es un destino especial, y ni hablar de sus playas, con su agua azul turquesa y su arena casi rosada: para ser una isla que fue descubierta tras un naufragio, se trata de una extraña perla, conservada aún dentro de su concha para gran parte del mundo.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1337t.jpg" title="Hamilton" /></div>Lo cierto es que Bermuda, pese a su aislamiento (su punto terrestre más cercano está a unos 965 kilómetros al este, el Cabo Hatteras, en Carolina del Norte), es un paraíso. Erróneamente se cree que Bermuda hace parte del Caribe, desconociéndose que se trata de una isla subtropical que disfruta de uno de los climas más agradables del mundo: en medio de esa cálida corriente que arranca desde el Golfo de México, durante el verano las temperaturas oscilan entre los 24 y 32 grados centígrados, mientras que en los meses de invierno, entre 15 y 20.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-09-04T07:59:53Z</published>
		<updated>2008-09-04T07:59:53Z</updated>
		<title type="html">Una bitácora por la antártida</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/14469/una-bitacora-por-la-antartida" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-09-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/c97f5b42ae85e604290ae6f5f7be5f1d</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><em><sub>Fragmentos de mi diario antártico, en exclusiva para Libro de Notas</sub></em></p>

 

	<p><strong>DÍA 1 –</strong> Tras recorrer durante dos semanas la extrema Patagonia (desde el Estrecho de Magallanes hasta el Cabo de Hornos), hemos partido de Ushuaia finalmente a bordo del “Megaptera” hacia la tierra de Graham, en la península antártica, entre el Pasaje Drake y el Mar de Weddell.<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1308t.jpg" title="Antártida" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1308.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=399,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>El océano es gris y el viento sopla endemoniadamente; las nubes son rápidas, los hombres que están expuestos se mueven lenta, pesadamente, agarrándose de cuanto es sólido. Del horizonte, bajo un filón de nubes densas, destella un cálido albor que presagia vientos más fuertes y lloviznas. De vez en cuando la marea golpea con más fuerza el Megaptera, y la estructura del barco cruje mientras se inclina en ángulo sobre las aguas, pero luego se estabiliza. Sobre el barco se arremolinan los chillidos de gaviotas y el coro desordenado, aunque lejano adentro, es incisivo. La mesa en la que escribo tiene grabados nombres y palabras a veces en lenguas inteligibles; acaso sea el lenguaje del mar, o de todos los que han dormido en este camarote. La tubería del cuarto de baño de vez en cuando borbolla. Desde la escotilla el mar es mercurio meciéndose: me quedo mirándolo pensando en toda la enfermedad que puede estar causando un clima así en los demás pasajeros.<br />
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</p>

	<p>
<strong>DÍA 2 –</strong> Ayer el capitán nos permitió asomarnos en cubierta y ver el Estrecho de la Maire y una aterradora figura que, según nos dijo, era parte de las islas de los Estados. Navegamos por el Cabo de Hornos a buena velocidad, aunque el viento sigue soplando y el frío es intenso.<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1311t.jpg" title="Antártida" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1311.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=395,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Por momentos, veo un reflejo de sol sobre las borrascosas nubes y, media hora después, el “Megaptera” apenas parece estancarse entre un océano negro devorado por la niebla. Hemos recorrido unas cien millas a lo sumo, ya que entre la tripulación hay siete investigadores que, como niños con sus consolas de juego de bolsillo, los veo de aquí para allá y de vuelta con sus artefactos eléctricos. Creo que si no estuvieran a bordo, hace mucho habríamos alcanzado la Bahía Esperanza, donde está la estación argentina […] El capitán esta tarde nos llamó a todos (a quienes interesara) por medio de su campana macabra a cubierta, para que viéramos el parqué del mar: cientos y cientos de láminas flotantes de hielo, como pedazos de una pared desconchada. Luego nos presentó un precioso espécimen del Thalassoica antartica, sorpresivamente contemplándonos sobre una de las cuerdas del barco. La atracción de la tarde sin duda fueron las dos ballenas jorobadas que paseaban a cierta distancia de nosotros, solitarias, y que cada vez que emergían parecían viejos submarinos soviéticos.</p>

	<p>La luz es escasa en esta parte del mundo. Una vez dentro del camarote, cuando oscurece, nada se ve.</p>

 
<br />

<strong>DÍA 3 –</strong> Aunque hubiera podido dormir en la estación, preferí permanecer en el barco (no me gustó la historia de que la estación fue construida sobre las ruinas de la expedición fallida de Nordenskjöld de 1903, no sé, quizá haya sido una “superstición marina”). La noche fue helada, al punto que al despertar, había carámbanos de hielo amenazándome desde arriba por doquier. Frente a mí estuvo la isla Joinville, con su historia de nombres y dedicatorias de conquista (muy aburrida).
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1312t.jpg" title="Antártida" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1312.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=395,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>También, la isla Dundee, desde donde el magnate norteamericano Lincoln Ellsworth partió en el primer viaje trasatlántico el 22 de noviembre de 1935. La isla se ve cerca, con playas de arena oscura como todo lo que el ojo avista. Con un grupo de cuatro fui en “zodiac” a la isla Paulet, detrás de la Dundee, aprovechando por la mañana la calma del mar. Es bellísima, y sobresale donde está. Aunque tiene la forma de diamante (que no he podido ver a ras del suelo), nos divertimos observando la comunidad de pingüinos “Adélie” (pygoscelis adeliae) y el buen número de pájaros árticos que anidan allí. Los pingüinos, muy curiosos, se nos acercaban cautos y de repente, se alejaban de nosotros por algún motivo, para así repetir su exploración un par de veces […] Nuevamente el clima se emborrascó y tuvimos que retirarnos cada uno muy temprano a nuestros camarotes.

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	<p><strong>DÍA 5 –</strong> Dejamos Esperanza esta mañana. La estación, construida en 1952, puede acomodar a 42 personas en invierno y 50 en el verano. No es tan sofisticada como me han dicho que es la Amundsen-Scott y su Domo, por ejemplo, que tiene hasta salón de juegos, pero luce bastante apropiada. Esperanza fue construida por el gobierno argentino con el fin de introducir en la Antártida colonos que luego le permitieran reclamar territorio. Pese a las rivalidades con Chile y Gran Bretaña, en efecto es Argentina el país que se adjudicó el primer nacimiento humano en el Polo Sur: Emilio Marcos de Palma, cuya madre (con otras mujeres) residió en la estación. Vamos hacia la isla Anvers, donde está ubicada la estación estadounidense Palmer que, según me han dicho, es el equivalente aquí al puerto marítimo de Hamburgo.</p>

	<p>[…]</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1313t.jpg" title="Antártida" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1313.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=450,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Pasamos por una masa de hielo larguísima que una pintora, compañera de barco, ha descrito como “traumática”, quizá por lo que no logra transmitir (¿o será más bien ella?)…la masa de hielo parece una pared segmentada y muy filuda que da la impresión como si consistiera también de espejos. El mar parece a veces un jugo de uva muy líquido, como si fuera dulce pero muerto, y solo toma vida cuando desde los raíles de la borda logra uno ver el halo aguamarina que rodea algún témpano […] Las islas &mdash;Trinity, Low, Hoseason&mdash; quedan pronto atrás: el barco se mueve imperceptible, torpemente pese a todo, a través de este país sin turistas. Las playas negras de rocas que parecen talladas se interrumpen de vez en cuando por glaciales o acumulaciones de hielo. En un par de puntos alcanzamos a ver desde el puente líneas enteras de pingüinos, como tropas espartanas recortándose contra la tregua blanca. Mi visión está tan dura como el hielo.</p>

  
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	<p><strong>DÍA 6 –</strong> No fue fácil llegar hasta aquí, la estación Palmer, por los permisos. Tres pasajeros no pudieron bajar del Megaptera. Estuve hablando con un esquimal de Texas quien me ilustró sobre los eventos del 28 de enero de1989. Una nave proveedora, de bandera argentina, el “Bahía Paraíso” chocó contra una roca inmersa causando la grieta de 10 metros en el casco que, aunque no lo hundió, derramó más de 645.000 litros de diesel y otros químicos: la mancha llegó a medir 27 kilómetros de área total. Según el científico esquimal, lo peor fueron los veinte años de investigaciones que se perdieron con la contaminación.</p>

	<p>Quedo pensando en los pasajeros del “Bahía Paraíso” (234 personas, más de 50 eran turistas)… ¿Qué habrán pensado?” Según sigue la historia, hicieron al poco el transbordo a otras naves pero… ¿sentirían culpa? ¿Complicidad?</p>

	<p>[…]</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1310t.jpg" title="Antártida" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1310.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=396,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Después del almuerzo (otra vez todo de sabor muy enlatado) hicimos una excursión a isla Wiencke, llamada así en honor al joven marino ahogado (por alguna razón todas las islas llevan el nombre de algún héroe trágico). El puerto es el tal Port Lockroy, y allí atracaremos quienes tenemos el permiso en regla de diez horas previamente concedido por la British Antarctic Survey. Esto de los permisos es algo apremiante aquí. Realmente es poco lo que hay que ver en este hielo inglés, excepto los pingüinos ingleses (pygoscelis papua) y los “shags” de ojitos azules y mirada honda. Las playas alrededor del puerto y sus edificios escuálidos pero organizados están atiborradas de huesos de ballena (lo que recuerda la trágica época para estos animales que por humanidad no volverá a repetirse). En efecto, me ha parecido de lo más desagradable la caminata por la playa: cada cinco pasos hay un recuerdo de la masacre que recuerda “aquí estuvo la industria flotante ballenera.” La tripulación de otro barco que se abastece nos ofreció whisky y galletas con paté y cantaron canciones irlandesas con el acordeón del larguirucho a quien le faltaba un pie. Los fumadores se retiraron a la playa, a fumarse la vida rodeados de restos macabros de ballenas, ya que hay una prohibición de fumar hasta 10 metros cerca del puerto. La pintora trató de contrabandear un hueso abordo pero fue descubierta y reprendida. También está prohibido recoger artefactos o especímenes vivos o muertos.</p>

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	<p><strong>DÍA 8 –</strong> Sintiéndome ya un ser hecho de hielo y sal, el “Megaptera” continúa su rumbo Sur, es decir, cada vez más hacia el corazón del Polo. El día ha estado pésimo, como una noche sonámbula. El rompehielos enorme nos abre adelante el camino; la bandera rusa que lleva va encogida. Hubo quejas de los pasajeros vegetarianos esta mañana, por la escasez de frutas y vegetales. Un representante de la cocina les ofreció varias latas de frutas enlatadas, que cayeron en la protesta como alivio.<br />
<div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1309t.jpg" title="Antártida" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1309.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=600,height=451,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Como las cosas afuera no han estado bien, he decidido permanecer dentro de mi camarote. Esta especie de cubículo en la que duermo aún me da trabajo en cuanto al olor que, una semana después de haber iniciado el viaje (pese a que en los Polos nunca hay calendarios ni relojes, hay que tenerlo por sentado) aún huele a vejete sin bañar o afeitar mezclado con calzoncillos viejos (insisto que hubo un pasajero anterior sospechoso). Ya comienzo apenas a acostumbrarme. La vida en un barco como este es parecida a la de los cruceros, aunque aquí, en estos viajes más reales, las comodidades son mínimas. Lo más peligroso, haciendo un balance, ha sido la claustrofobia. […] Por ejemplo, la pintora trató hoy de pintar desde un punto algo resguardado en la borda los icebergs azules… si alguien no se hubiera dado cuenta se hubiera congelado allí mismo frente a nuestras narices de puntas rojas, pues aunque ella trazaba y trazaba, ya el hielo se acumulaba sobre su cuerpo y no se daba cuenta. ¿Qué pensaba? ¿Iba a dar su vida por el arte? Ciertamente los témpanos azules son una de las pocas cosas milagrosas que en mi vida he visto.</p>

	<p>[…]</p>

	<p>El capitán me enseño a distinguir entre el “hielo azul” y el “hielo viejo”. En mis ratos libres prefiero hablar con los lobos de mar. Finalmente, en la biblioteca de abordo no hay más que un par de novelitas muy leídas y de tapas blandas de tanto dedo; y por supuesto, la copia casi nueva del Tratado Antártico y sus anexos y correlatos, en edición anotada.</p>

	<p>[…]</p>

	<p>Lo más bello, hasta ahora, ha sido la “Aurora Australis”, y ha sido una sorpresa exquisita que, cuando ocurre, el clima mejora y el espacio se vacía. La Aurora es la profusión caótica más misteriosa y sublime que alguien puede ver en su vida. No se compara al fenómeno “borealis” en los países nórdicos, como antes lo he visto. Las cintas de luz serpentean por el cielo como lanzadas por baterías celestiales en el cenit magnético, líneas como de fuegos de artificio que “danzan la música de las esferas celestiales”… Quince minutos de esto son suficientes para redimir los momentos estancos que indefinidamente seguirán marcados por el clima y el hielo, los vientos de más de 200 kilómetros por hora a veces y las temperaturas, ya sin vientos, por los -60°C.</p>

	<p>[…]</p>

	<p>Faltan cinco días más en este viaje casi introspectivo, cerebral. Despierto, el mundo alucina de colores; cuando duermo, la nieve me pacifica.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Sintiéndome ya un ser hecho de hielo y sal, el “Megaptera” continúa su rumbo Sur, es decir, cada vez más hacia el corazón del Polo. El día ha estado pésimo, como una noche sonámbula. El rompehielos enorme nos abre adelante el camino; la bandera rusa que lleva va encogida. Hubo quejas de los pasajeros vegetarianos esta mañana, por la escasez de frutas y vegetales.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-08-04T08:30:41Z</published>
		<updated>2008-08-04T08:46:23Z</updated>
		<title type="html">Eslovenia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/14302/eslovenia" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-08-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/85a170e733f28b01ee0fb2649b9c95cb</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Diminuto, en efecto, pero completo como ningún otro país europeo: así es Eslovenia. De todos los lemas turísticos, el que más nos gustó fue “Europa en miniatura” y también, en algo, el de “el país de los castillos”. Eslovenia lo tiene todo, desde playas, crestas nevadas, colinas cubiertas de viñedos hasta campos de un moteado amarillo de girasoles y la arquitectura gótica sobreviviente, siempre luminosa. No me cabe duda, Eslovenia tiene uno de los verdes más hermosos del mundo.</p>

	<p>Cuando alguien dice “Eslovenia”, muchas veces quien escucha y es profano en la materia cree que le hablan de algún lugar de Europa Oriental. Aunque hoy, en Europa, mucha gente sabe dónde queda Eslovenia, y que las divisiones del continente (oriental/occidental) ya prácticamente no existen (ahora todos somos europeos, sin importar la nacionalidad). La confusión, por ello, persiste sólo a veces por fuera de Europa. Eslovenia tampoco pertenece a los Balcanes (como usualmente se cree), pues debe a su carácter más a Austria, Italia y Hungría que al viejo bloque yugoslavo.</p>

	<p>Pequeño el país como es, no debe pensarse que de un santiamén puede recorrerse: un viaje “decente” a Eslovenia toma de una a dos semanas, como mínimo. Menos de cuatro días, por ejemplo, solo permite recorrer Liubliana, la capital, y quizás, hacia el sur, el Castillo Predjama. Como no hay nada mejor que el placer de la calma, de poder permanecer, esa agradable sensación, mi recomendación es una estadía de, por lo menos, dos semanas en el país.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1284.jpg" title="Ljubljana" /><div class='piefotoldn'>Ljubljana</div></div>Ljubljana es una parada importante y excepcional. Casi reservada, pareciera, excepto al fin de la primavera y el verano, cuando las angostas callejuelas de la Ciudad Vieja, sus cafés aparasolados, se llenan de turistas; no en vano vienen las comparaciones de Liubliana como otra Praga o, incluso, del aire de París. Un recorrido por la ciudad puede hacerse en un mismo día, y en los mapas locales hay interesantes sugerencias. Pero todo viaje debe comenzar en Presernov Trg, la plaza que une la zona céntrica y la ciudad vieja, con el monumento Preseren, erigido en 1905 en honor al héroe nacional. A pocos pasos del monumento, está la Farmacia Central, un café frecuentado por intelectuales en el siglo <span class="caps">XIX</span>, y en una de las esquinas cercanas, el edificio Urbanc de 1903, hoy convertido en tienda por departamentos (Centromerkur). Diagonal, pasando la plaza, está otra joya arquitectónica, el Ura, y también la hermosa Iglesia Franciscana de la Anunciación, construida en el siglo <span class="caps">XVII</span>, cuyo altar, diseñado por el arquitecto italiano Francesco Robba, es una urna de cristal que contiene los restos de un santo. Por la misma calle, Miklsiceva, está la gran dama de la ciudad, el Grand Hotel Union, lugar recomendado para cualquier viajero, especialmente por el ala antigua (las habitaciones en el ala moderna, anexada en la década de los 60, no son tan recomendables). La zona del mercado, en la Ciudad Vieja (y cruzando el Tromostovje, este puente de 1842, año importante en el calendario victoriano), se accede a una zona de interesantes edificios religiosos, incluyendo la Catedral, inspirada para San Nicolás, patrón de los marinos y pescadores; el Magistrat o ayuntamiento, el Zmaski Most (Puente del Dragón), la fuente Robba (de 1751, cuyo diseño fue robado a una de Roma), y la bellísima Stari Trg, la arteria principal de Liubliana, una calleja de tiendas de madera, plazas interiores y paredes de piedra. Una de las atracciones principales, sin duda, es el Castillo de Liubliana, en cuyo lugar se asentó un castillo anterior, según cuenta la historia, desde las épocas celtas. Gran parte del castillo data de después del terremoto de 1511. Para acceder a la torre, hay que subir los 150 peldaños de hierro. Aunque el techo de la interior Capilla de San Jorge (de 1489) está cubierto con frescos y el escudo de armas de los Duques de Carniola, confieso que hubiera podido ser más impresionante. En cuanto a los museos, los tres más importantes se ubican al noroeste de Republike Trg: el Narodni, o Nacional, con todo el vidrio y joyería romana hallada en las tumbas eslavas del siglo VI; la Ópera, hogar del ballet y ópera nacionales, que a más de uno sorprende al cruzar por el frente ante las pruebas de los ensayos en su interior; y la Narodna Galerija (Galería Nacional), con las notables obras impresionistas de Jacopic, Grohar y la pintora nacional de Eslovenia, Ivana Kobilca, con su obra maestra, “Verano”. Las figuras en bronce de Franc Berneker son excepcionales, igualmente que algo inesperado, los baños públicos, como muchas cosas en Liubliana, al estilo Art Deco, de mármol negro y verde cristal. Para los amantes de los parques, está el Tivoli, con la colina Roznik y el zoo, y por supuesto, el Castillo Tivoli, con su Centro Internacional de Artes Gráficas y el Museo de Historia Moderna unos metros más allá. Los barrios más antiguos de Liubliana, Trnovo y Krakovo (especialmente por Krakovska ulica, antiguamente llamada el “Montmartre esloveno”), son el hogar de la muralla romana (Rimski Zid), la pirámide, el jardín Jakopic (estudio del pintor impresionista) y las ruinas romanas, con su sofisticado (para los tiempos) sistema de ventilación. Y para una auténtica comida eslovena, lo mejor es dirigirse a Sestica, en Slovenska cesta 40, un restaurante que desde 1776 (año de la independencia norteamericana) sirve platos como el goveji golaz y el chorizo Kranjska a la manera tradicional.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1283.jpg" title="Pirán" /><div class='piefotoldn'>Pirán</div></div>Nuestra siguiente parada, luego de cuatro días en Liubliana, fue Bled, esta joya visual situada a 55 minutos por tren de la capital (51 kilómetros). Bled es, sin duda, especial. Construida en la orilla del lago del mismo nombre cuyas aguas son de un sublime color esmeralda, y encerrada entre los Alpes y el Karavanke, en días traslúcidos puede atisbarse desde sus calles los picos más altos de Eslovenia: el Stol (2236 metros) y el rey de reyes, el Triglav (2864 metros). Un recorrido de Bled comienza por el Castillo, a 100 metros sobre el lago, que se remonta al siglo XI, residencia de los viejos obispos de Brixen. Impresionante, entre las exhibiciones, es la de armas y armaduras del Medioevo. Afuera de la cercana Parroquia Iglesia de San Martín (diseñada por el austríaco Friedrich von Schmidt, autor también del Ayuntamiento y una famosa iglesia de Viena), están las ruinas de la antigua muralla del siglo XV contra los turcos. La isla de Bled, que flota en el lago y a veces parece moverse, es hogar, desde el siglo IX, de una notabilísima iglesia católica, aunque las excavaciones demuestran que, mucho antes, en el mismo punto, los eslavos tuvieron allí un templo de veneración a un dios pagano. El viaje a la isla puede ser divertido, dependiendo de cómo se tome. Hay tres formas de llegar: una, la más obvia, nadando con algo de ropa seca metida en una bolsa plástica bien cerrada (para cambiarse una vez se llegue a tierra y, además, la temperatura del agua es muy agradable, 23°C incluso en otoño, lo que lo hace propicio); la otra, remando en un bote alquilado, y la más apropiada, si no se dispone de tanto tiempo para desperdiciarlo, en una de las “pletna” o góndolas eslovenas, en un viaje que dura casi dos horas con treinta minutos a favor del viajero para explorar la isla. Juan Felipe y yo hicimos otro recorrido recomendable, alrededor del lago, en total unos 6 kilómetros a pie, es decir, en tiempo dos horas. Esta excursión, para caminantes como nosotros, merece la pena por los bosquecillos de tilos, castaños y sauces (cuyas ramas muchas veces se sumergen sinuosamente en las aguas), los puntos de cabos para botes, las banquetas puestas de adrede para pescadores de caña y, sobretodo, las vistas como para una luna de miel. La mejor opción de estadía es el hotel Vila Bled, rodeado por un parque y con su propia playa privada y puerto.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1281t.jpg" title="Sudáfrica desde el aire" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1281.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=450,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>De Bled, la siguiente recomendación es el Valle Soca, Posocje, que se extiende a través del Parque Nacional Triglav al poblado de Nova Gorica. De este valle, sobresale el río Soca de casi 100 kilómetros de longitud, que se ensancha y acorta en sus colores aguamarinas casi irreales bajo los visos de sol. Aunque la mayoría de la gente va al valle para practicar el canotaje y otros deportes extremos, el lugar tiene también gran importancia histórica y cultural. Los poblados, uno tras otro, no se libraron nunca de su pasado italianizado: en efecto, durante las dos guerras mundiales del siglo pasado, el valle fue jurisdicción italiana, y solo, a partir de 1946, los colonos italianos que permanecían allí fueron expulsados o cruzaron la frontera voluntariamente.</p>

	<p>Entre tantos lugares por visitar, el turista no puede dejar de ir a las Cuevas Skocjan, en la región Karst, a una hora y media de Liubliana por tren hasta Divaca, que a su vez está a cinco kilómetros al sudeste de las cuevas. Skocjan es, en efecto, la experiencia más próxima a la imaginación de Julio Verne viajando al interior de la tierra (algo que, por ejemplo, no vi en mi viaje a Islandia, de donde Verne se inspiró). Las cuevas tienen 5 kilómetros de longitud y 250 metros de profundidad, fueron labradas por el río Reka (que aún penetra como torrentillo por debajo del villorrio de Skocjan (San Canziano, en italiano), y de ahí desemboca en el Lago Muerto (Mrtvo Jezero) donde desaparece para resurgir de nuevo 40 kilómetros al noroeste, antes de desembocar en el Golfo de Trieste. Las cuevas, o al menos sus entradas, fueron conocidas por gentes prehistóricas que se resguardaron en ellas o las usaron para hacer sacrificios a los titanes del inframundo. Pese a que hay múltiples excursiones organizadas, afortunadamente los progresos han sido lentos, la electricidad apenas iluminó parcialmente las cuevas en 1959 y solo cerca de 2 kilómetros son transitables por los turistas. Las cuevas, en 1986, fueron incluidas en la lista de Patrimonio Natural de la Humanidad de Unesco. ¿Qué hay para ver en las cuevas? Mucho. Comenzando por el mirador (Razgledisce o Belvedere, en italiano) a 300 metros sobre el valle Dolina, también la cercana iglesia de San Cantianus, del siglo <span class="caps">XVII</span>, santo protector de los malos espíritus (quizá por las cuevas) y las inundaciones (por los ríos subterráneos). Asimismo, al interior de las cavernas, hay numerosos puntos de gran belleza, con depósitos rocosos especiales (que darán la impresión que se camina por algún lejano planeta del sistema solar) y puentes interiores naturales, sobre abismos oscuros.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1282.jpg" title="Ptuj" /><div class='piefotoldn'>Ptuj</div></div>Un viaje a Eslovenia, sin duda, no puede terminar sin antes ir a dos poblados hermosísimos, Piran y Ptuj. Piran está ubicado en la misma región Primorska del Valle Soca, en una punta que sale al Golfo de Trieste (y la bahía del mismo nombre del pueblo), es mi punto favorito en toda la costa eslovena. Es sin duda una joya de arquitectura gótica veneciana, trazada en calles angostas e imposibles, tristemente, durante el verano. La otra, Ptuj, al otro lado del país, sobre un lago casi en la frontera con Croacia, toma su importancia al ser una de las ciudades eslovenas más antiguas y mejor conservadas, con una arquitectura medieval incomparable y el espléndido Museo Regional de Ptuj, en el Castillo, con su segundo nivel de esculturas góticas (la de Santa Bárbara es una exquisitez, tallada de la piedra en 1410), y el ala de retratos turcos más completa de Europa, colección que, en el siglo <span class="caps">XVIII</span>, fue la detonante de una revolución nacional en la moda, por su estilo turco.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1284t.jpg" title="Ljubljana" /></div>Pequeño el país como es, no debe pensarse que de un santiamén puede recorrerse: un viaje “decente” a Eslovenia toma de una a dos semanas, como mínimo. Menos de cuatro días, por ejemplo, solo permite recorrer Liubliana, la capital, y quizás, hacia el sur, el Castillo Predjama. Como no hay nada mejor que el placer de la calma, de poder permanecer, esa agradable sensación, mi recomendación es una estadía de, por lo menos, dos semanas en el país.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-07-04T11:06:06Z</published>
		<updated>2008-07-04T11:03:29Z</updated>
		<title type="html">Beijing</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2008-07-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/3868a2406e553e63741553f145f04ed3</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Boicot de los Juegos Olímpicos, Tíbet, niños perdidos por la ley de un solo hijo cuyos padres aún buscan, venta ilegal de menores, una economía despampanante contrastada con una espantosa pobreza: estas son algunas de las facetas negativas que, desde hace un tiempo, se ventilan acerca de China, y no por ello se salva su capital, Beijing.</p>

	<p>Hasta hace poco, luego de tantas luchas, las aerolíneas occidentales han conseguido la aprobación del gobierno chino para volar directamente desde nuestras capitales (Delta, la última en lograrlo, desde Atlanta), quitando así, al monopolio de Air China, una tajada del pastel. Quizás, también, sea una estrategia para deleitar a la opinión pública internacional en preparación y despliegue de los Juegos Olímpicos.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1260.jpg" title="Beijing" /></div>Beijing es una ciudad congestionada: no al estilo de Nueva York o Ciudad de México o Madrid a ciertas horas. Beijing se compara a Bangkok y a Yakarta en movilidad. Me esperaba encontrarme con una ciudad llena de bicicletas, como tantas veces nosotros de este lado del mundo creímos con tanta propaganda de la Revolución Cultural, pero no fue así: el tráfico de automóviles, autobuses y camiones es la constante pesadilla. Nuevos proyectos urbanísticos del más alto nivel, en los últimos años, se desarrollan en Beijing. Nuevas autopistas, nuevos edificios… Le he seguido el pulso a estas cirugías plásticas con mucha atención sólo para comprobar que en el fondo, con edificios alucinantes, la ciudad sigue siendo la misma. La nueva arquitectura de Beijing es sumamente vacía, incluso la que supuestamente deslumbrará al mundo cuando la pira olímpica se encienda. Hay algo grandilocuente, a lo Albert Speer, que me disgusta. Así pues, hablemos de Beijing.</p>

	<p>Desde épocas remotas, los mismos chinos querían alejarse de Beijing. Un notable proverbio chino lo confirma: “Las montañas son altas y el Emperador está lejos”; algo extraño, sin duda, porque pienso lo contrario. Sin embargo, Beijing es la muestra del lujo y el bienestar mínimo de China (Hong Kong, y ahora, el súper turístico Macao, son cosas bien distintas); en Beijing están los mejores restaurantes y los más palaciegos hoteles. Quien llega a China por Beijing y después hace algún recorrido por el país queda con la impresión de que, en efecto, la China es una nación riquísima.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1261.jpg" title="Beijing" /></div>Beijing tiene 16.800 kilómetros cuadrados incluyendo el área metropolitana, es decir, tiene casi el tamaño de Bélgica y es más grande que Jamaica o Puerto Rico. Tras aterrizar en el aeropuerto (a 27 kilómetros del centro de la ciudad), Juan Felipe y yo notamos enseguida el orden del trazado arquitectónico y, algo que no nos esperábamos en un país donde la gente acostumbra a escupir en la calle: su notoria limpieza. Los nombres de las calles son compuestos, largos diría, como “Chongwenmenwai Dajie” que significa “avenida” (por Dajie), “de fuera” (por wai) y “de la Puerta de Chongwen” (por Chongwenmen); las cosas se complican a veces cuando cambia la terminación, “Chongwenmennei”, ya no por fuera, sino por dentro de la muralla. Una de los mayores tropiezos para ubicarse se debe a la forma como una avenida cambia y cambia de nombres a lo largo o ancho de su extensión. Es difícil seguirle el pulso a la malla vial de Beijing. Lo sorprendente (que muchos urbanistas iberoamericanos jamás comprendieron, pero sí los chinos), es el esquema perfecto de los cuatro anillos viales (París, algo de Londres y Madrid) que se cierran uno a uno sobre la ciudad, y un quinto periférico. Ahora, tras mencionar el lío con las calles, merece de paso decir que iguales confusiones se presentan con los nombres de los chinos, que son cuatro y muy difíciles, y a más de uno, por confusión y mala elección entre las opciones de una tarjeta personal, hace ruborizar.</p>

	<p>No me extenderé sobre los puntos turísticos de Beijing, pues está claro que las agencias turísticas de la ciudad y en nuestros países son más eficientes en este aspecto. Me interesa, aún más, contar lo que la guía Michelin y las agencias jamás dicen.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1262.jpg" title="Beijing" /></div>Uno de los grandes problemas de una urbe como Beijing, es el smog, claro, pero más grave aún es el tabaquismo, a mi parecer. Que Mao y Xiaoping fumaran empedernidamente era cosa de ellos, pero en la China de hoy éste puede ser un problema para el turista. Ya se han tomado medidas en la capital, pero aún así la batalla ha sido y será larga. La tragedia se presenta, por ejemplo, cuando alguien se desplaza en un taxi cuyo conductor fuma sin parar. En el interior del país, esta situación empeora; los autobuses regionales son auténticas cabinas de humo, igualmente los vagones de trenes y los sitios públicos. Algo que nos impresionó fue como en una carretera se lanzan indiscriminadamente colillas desde los coches y autobuses sin precaver siquiera a dónde irán a parar; efectivamente, cuando íbamos a visitar las tumbas de Ming una hora al noroeste de Beijing, dos colillas, en distintos tramos, golpearon el parabrisas del coche en el que íbamos. Creo que China puede ser también la pesadilla para un fumador, por ser un gran cenicero donde abunda el humo tóxico y las colillas. A fin de cuentas, el tabaco chino es muy barato, libre de impuestos.</p>

	<p>En Beijing se habla el “putonghua”, un dialecto que nació en la ciudad, pero que el comunismo impuso en provincias tan lejanas como Xingjian y Guangxi. Un profesor de idiomas me explicó, sin titubeos, que en efecto el chino que se habla en todo el país es el “putonghua”, puesto que el mandarín, cantonés y demás son apenas “dialectos”. Al “putonghua” los chinos lo llaman “guoyu” (lengua nacional) o “zhongwén” (chino). Sin embargo, una de las cosas más cómicas de Beijing (entre tantas), para quien habla y escribe fluidamente en inglés, es el bien llamado “Chinglish”. En la ciudad, vimos para nuestro horror avisos como “Risky Investment Co.” (no quisiera llevar mi dinero allí por nada del mundo) y “Cockroach Palace Chinese Food” (no creo que sus dueños sepan lo que es higiene), o en un pocketbook local en inglés/chino, con diccionario incluido, Juan Felipe encontró esta perla, en nada un lapsus linguae del corrector: “This list is very useful for the using”: siempre es mejor redundar. Enviar por correo una carta implica que el dependiente pregunte: “To where are you sending the project?” (¿Hacia dónde enviará el proyecto?”), o fijado en la puerta de un baño, con mucha soya local, aparece: “Please don’t take the odds and ends put it into the nightstool” (traducido literalmente como “por favor no tome las cosillas sin importancia póngalas en la silleta de noche”), pero que se interpreta como “no tire objetos de sus bolsillos en el retrete: use la cesta”. Siguiendo la misma línea, un hotel económico proclamaba: “Safety Needing Attention! /Be care of depending fire / Sweep away six injurious insect / Pay attention to civilization” (¡La seguridad requiere atención! / Cuídese del fuego suspendido /Barrer lejos seis el insecto pernicioso /Preste atención a la civilización”). En una parada de autobús leímos “Be careful not to be stolen”, sin que supiéramos si se refería a nosotros o a nuestras pertenencias. En los museos, los carteles son de este calibre: “Do not stroke the works” (o “no choque las obras”), y así sucesivamente, todo muy proverbial. Sin duda, hoy en Beijing todo el mundo habla chinglish y por ello no hay que tomar todo lo que se lee y escucha tan literalmente, aunque a veces es mejor estarse atento.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1263.jpg" title="Beijing" /></div>Otro problema son los cobros al turista: algo que es tan frecuente en otras partes del mundo, se distancia de la regla general, pues en Beijing y el resto de país, es un negocio permitido. Hace un tiempo, incluso las aerolíneas chinas cargaban un 50% extra al precio de los boletos aéreos de todos los occidentales (hay que estarse alerta). Algunos hoteles conservaban la práctica, y museos y sitios públicos, que forzan al viajero a pagar más de diez veces lo que paga un ciudadano común y corriente poniendo a cada cual en filas separadas. Para entrar en la Ciudad Prohibida, por ejemplo, cientos de vendedores callejeros insisten en vender un plan “all-inclusive” (tipo Club Med o Sandal’s, se imagina uno) para ver cada esquina del fuerte, y en restaurantes y almacenes pequeños, la cosa sigue igual. Así, los extranjeros, frente a ciertos oportunistas chinos, seguiremos siendo objeto de cobro por “obligación nacional”.</p>

	<p>El crimen abunda ya no tanto en Beijing como en otras ciudades; va desde la comida (que puede ser realmente criminal con la salud), hasta los ladrones comunes. Dependiendo del delito, la pena aumenta para el infractor, y los extranjeros no se salvan. La cárcel de un delincuente (como si fuera un hotel) la pagan sus familiares, y si el imputado es condenado a la pena máxima, también el Estado le pasa a sus dolientes la cuenta de cobro por la bala.</p>

	<p>Los hoteles pueden ser otra jaqueca. Por fortuna, nosotros teníamos nuestras reservas. Pero hablando con otros turistas, pudimos sacar varias conclusiones: cuartos de baño que comparten los mismos sistemas de ventilación, tapetes requemados por tanta ceniza de cigarrillo y paredes sombreadas por el humo, alarmas contra incendios que no funcionan y son nidos de cucarachas y arañas, televisores inservibles (así como las duchas y neveras: no es por menos que las primeras horas del turista en Beijing sean junto a un reparador de electrodomésticos en su habitación de hotel); llamadas de la recepcionista del hotel tarde en la noche preguntando por “Mr. Xing” y después por un tal “Lao” y adentrada la madrugada por la “señorita Wang” y “si el huésped la ha visto”; o el asunto con el agua caliente (que no experimentamos nosotros por alojarnos en el Peninsula Palace), “servicio de 6 a 8 a.m.”: cuando alguien va a tomar su baño a las 7:45 y abre el grifo, solo obtiene humo y siseo en el mejor caso, mientras que en los peores queda atónito ante el chorrito de agua hirviente como café cerrero. También, según la temporada, están los problemas con los mosquitos, y ciertos hoteles con bares que, hacia las 10 p.m. encienden amplificadores y dan una noche de karaoke en mal inglés al extranjero. Y si alguien tiene una queja, entonces más vale que no vaya con el encargado, pues no lo encontrará en la oficina ya que probablemente se habrá unido a la fiesta y estará cantando alguna canción de los Pet Shop Boys o Billy Idol.</p>

	<p>Ahora, con los Olímpicos en marcha, se estrenará la nueva Ópera de Beijing, el huevo de cristal del más fantoche diseño que jamás hemos visto. Desde hace unos años, después de tanto Hermanos Marx, la Pandilla de los Cuatro y el Ballet Rojo (esto era lo que los chinos llamaban “ópera”), los clásicos regresaron al país del opio. ¿Será cierto, como se ufanan muchos y especialmente Cathay Pacific, que Marco Polo fue quien fue por su viaje a China? Nunca se sabrá a ciencia cierta. La ópera china es cosa especialmente particular: seis o siete horas de soprano, baile, monólogos, pantomima, acróbatas y más danzas, todo por un mismo precio. Por lo general, hay cuatro personajes casi siempre: sheng, dan, jing y chou. Los “sheng” son los papeles principales de los académicos, los oficiales, los guerreros y parecidos. Los “dan” son los papeles femeninos, pero en un país machista como China, generalmente los “dan” exhiben galantemente sus facciones varoniles y sus sexos abultados bajo los apretados pantalones. Los “jing” son los papeles con las caras pintadas que representan guerreros, héroes, aventureros y demonios, y el “chou”, quizá el más simpático y refrescante, por supuesto, es el clown. Lo llamativo es el vestuario y el maquillaje, sin duda, pues la música china es demasiado estridente (muchos agudos) y el lenguaje, incluso para quien entienda chino, bastante arcaico. La acción de las obras, generalmente, sigue un patrón específico: batallas entre los “dan” que rematan en acrobacias de los “jing” del tipo Circo del Sol y viceversa, cantos y más bailes, y un poco de acrobacias finales al son de los tambores; nada que envidiarle, en últimas, a un andén del metro de Beijing en las horas punta.</p>

	<p>Beijing es mejor recorrerla en bicicleta. Dados los embotellamientos, el sinsentido de muchas calles y el carácter peatonal de otras, es quizás la mejor opción, a pesar del aire contaminado. Por lo general, un taxi o va demasiado aprisa como para poder apreciar la ciudad, o demasiado lento como para marear al pasajero con los gases del tráfico y el cigarrillo del conductor. Los paseos turísticos en minibuses, por la demanda, son bastante chapuceros y costosos. Y sin embargo, un recorrido en bicicleta también puede ser, en ciertos casos, un dolor de cabeza. La vida de Beijing, a fin de cuentas, no está en los museos o los hoteles, sino en sus calles. Difícilmente, cuando los vientos corren, podría ver un turista a los chinos en acción: elevando barriletes en la Plaza Tiananmen o los jóvenes ad portas del Palacio Imperial, en la tarde, con sus bailando rock al son de sus aparatos portátiles; o también los vecinos de algún sector jugando cartas y charlando bajo la luz del alumbrado público. Una bicicleta puede mostrar al dentista quien, campante en una acera, ha instalado su consultorio a la intemperie y extrae en vivo y en directo una muela; o al barbero que desocupa el barreño de jabón en la alcantarilla frente a su negocio; o los vendedores de aves exóticas, con mil jaulas colgando de sus cuerpos (Juan Felipe contó treinta y siete jaulas atadas a un hombre encorvado que quedó entre nosotros para siempre como “el hombre jaula”), ofreciéndolas como pregoneros. Los peligros de la bicicleta son muchos: a menudo, por ejemplo, las vías especiales para su circulación son invadidas por coches y camiones. Cruzar intersecciones inmensas debe hacerse por dosis, preferiblemente al tiempo del fragor de motores. Y si ocurre un contratiempo técnico, los talleres de reparación de bicicletas abundan como los semáforos. Las mayores discusiones de tráfico en Beijing no son por coches que se chocan, sino por bicicletas que se cruzan. El recorrido por la Ciudad Prohibida solo se justifica, de verdad, en bicicleta. Y además, las alquilan por toda la ciudad a precios módicos y según el modelo; hasta en los hoteles.</p>

	<p>Mucho se queda por fuera, por cuestiones de espacio, pero básicamente esta es mi mirada a Beijing, una ciudad hecha y haciéndose permanentemente; la Beijing de los Juegos Olímpicos de este verano, que en el fondo, por más maquillaje que se le haya aplicado, sigue siendo auténticamente la simpática Beijing de siempre.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>Beijing es una ciudad congestionada: no al estilo de Nueva York o Ciudad de México o Madrid a ciertas horas. Beijing se compara a Bangkok y a Yakarta en movilidad. Me esperaba encontrarme con una ciudad llena de bicicletas, como tantas veces nosotros de este lado del mundo creímos con tanta propaganda de la Revolución Cultural, pero no fue así: el tráfico de automóviles, autobuses y camiones es la constante pesadilla.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-06-04T08:45:10Z</published>
		<updated>2008-06-03T11:53:00Z</updated>
		<title type="html">Un viaje a la República Dominicana</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2008-06-03:77c262b7562572606450a68115f67ab6/fa884bcba0da7a9b3ac3dfeb790030a4</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Recuerdo haber escrito mi primer cuento en República Dominicana. Diríase que la mitad, el principio, o acaso la idea. No, en efecto se escribió allí. Tras un vuelo breve a Santo Domingo llegué después del ocaso al hotel, el V Centenario, frente al mar, tras atravesar media ciudad resonando en salsas y merengues. Yo no me esperaba lo que estaría a punto de estallar, detonarse en mí. En casa viajábamos regularmente;  creo, ahora, una costumbre que me quedó a mí para toda la vida. Incluso en el vientre de mi madre, hay en la familia múltiples historias mías, yendo de un lado para el otro. A veces, esto me lleva a preguntarme por qué diablos no nací en un avión, pues así (y no de otro modo) hubiera tenido billetes aéreos gratis durante toda mi vida. Descontando, obviamente, las aerolíneas que ya no existen: Eastern (de la que recuerdo el Mickey Mouse Fun Bag que nos daban a nosotros los críos en los vuelos), Panam o <span class="caps">TWA</span>. De haber nacido en uno de los aviones de estas empresas, seguramente ni un bono compensatorio habría recibido tras sus quiebras.</p>

	<p>El hotel V Centenario Inter-Continental era por entonces nuevo; homenajeaba a Colón y su arribo a San Salvador. Desde el balcón, me veo aún pensando en qué hubiera sido de su expedición, y de las siguientes, de haberse encontrado él y los conquistadores con una comunidad de Taínos aguerridos; puesto que a diferencia de los Caribes, los habitantes de La Española eran pacíficos y sumisos. El viento era cálido, mas aliviaba. Veía el mar, o mejor, lo escuchaba frente a mí, avanzando, retrocediendo. Las palmeras sobre la Avenida George Washington se sacudían levemente. Una historia en mí comenzaba a escribirse, como también gran parte de mi mito personal.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1227t.jpg" title="Santo Domingo" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1227.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=528,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Regresé posteriormente a Santo Domingo, ya adulto, pero con la intención de encontrarme con un viejo amigo que del área metropolitana de Los Ángeles se había mudado a una colonia artística al este de Santo Domingo, en sus palabras &#8220;atrincherada del mundo&#8221;. Por entonces, las colonias artísticas me interesaban de sobremanera; quizás, tras haber participado en una conversación reciente con el poeta Derek Walcott, quien llevaba años (y creo que aún sigue en eso) planificando una en su natal Santa Lucía. El primer día, decidí pasarlo en Santo Domingo: una alegre ciudad imposible y tercermundista como cualquier otra, ruidosa en música, pero con un par de cosas capaz de salvarla: la Zona Colonial (con la primera iglesia construida en el Nuevo Mundo y la primera calle pavimentada en las Américas). El conde es la calle peatonal que atraviesa el barrio antiguo, por ambos lados llena de comercios, restaurantes y un par de librerías. Caminé por allí, por el viejo parque Colón, luego la Fortaleza Ozama y las murallas serpenteando la avenida del Puerto, la Plaza de María de Toledo (en honor a la mujer de Diego Colón y sus dos arcos que sobreviven al original habitáculo jesuita que allí estuvo en el siglo <span class="caps">XVII</span>), y de ahí, a un lugar de encuentro para todos los hablantes de nuestra lengua, la Plaza de la Hispanidad. Por un lado, estaba la Calle La Atarazana, con sus restaurantes, bares y tiendas mirando hacia la plaza, en edificios muy bellos que fueron bodegas durante la Colonia. Las mesas y los parasoles ocupaban gran parte de la acera y tras comerme una &#8220;bandera&#8221; (arroz blanco, judías, carne en estofado, ensalada de aguacate y patacones), me quedé disfrutando de una Presidente en la helada botella. La vida dominicana se mermaba allí, con el turismo. Pensaba en la colonia artística, y que quizás, si era cierto lo que mi amigo decía, encontraría finalmente un poco de todo lo que pretendía descubrir en aquel viaje. No estuve mucho en la plaza, pues mi cabeza había absorbido tanto el sol que un dolor de cabeza me tenía liado, así que preferí, como buen mojigato, irme a dormir antes de pasar un auténtico mal rato a medida que subía el volumen de la música.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1222t.jpg" title="Altos de Chavón" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1222.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>A la mañana siguiente supe que no tenía nada más que hacer en Santo Domingo (aunque había aún mucho por hacer, no me cabe duda), abandoné el Meliá en una vagoneta refrigerada y me dirigí a Altos de Chavón, al este de Santo Domingo. Lo que no me esperaba era encontrar que esta comunidad artística pertenecía, como si fuera acaso un decorado, al complejo turístico de Casa de Campo, a unos minutos, por supuesto, de La Romana. Durante el viaje, que me pareció bien largo por cierto, el chófer de la vagoneta se detuvo una vez en San Pedro de Macorís, exactamente en una clásica confitería, donde nos embutimos de bizcochos de azúcar prieta, otro tanto de dulce de naranja en almíbar, un poco de flan de batata, gofio, habichuelas con dulce, pudín de nevera, suspiros para lustre, y por supuesto, las clásicas alegrías. Generalmente no como dulces, pero aquella vez fue la excepción; había aceptado comer de todo un poco, y regresé a la carretera con el remordimiento de futuras caries y temor por eventuales retorcijones de barriga.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1223t.jpg" title="Altos de Chavón" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1223.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Altos de Chavón es bello, apacible, pero su cercanía al complejo turístico de Casa de Campo aunque no lo arruina, lo convierte en un reflejo de los pueblitos temáticos que se encuentran a las afueras de cualquier Disneylandia. Construido en la década del 70 del siglo pasado a su vez al estilo de una villa mediterránea del siglo <span class="caps">XVII</span>, la ciudadela está abierta al público, excepto a los &#8220;motoconchos&#8221;, las motocicletas-taxi de la isla. Los huéspedes del resort contiguo, con sus pulseras de colores, abundan. Altos de Chavón está entre árboles: casas y más casas construidas entre callejas de piedra, surtidores dieciochescos; en sí, una arquitectura que convence a cualquiera de que en efecto se trata de un lugar antiquísimo. La villa está llena de galerías y tiene una bella iglesia, con su obelisco y sus palmeras. Lo más sorprendente, es el anfiteatro u odeón, que parece trasladado de Grecia, con sus gradas al cielo libre del Caribe y con capacidad de albergar cinco mil espectadores.</p>

	<p>Los restaurantes en Altos de Chavón son carísimos. En ellos se reflejan los dos campos de golf diseñados por Pete Dye para el resort Casa de Campo, considerado uno de los mejores del mundo, y cuyos privilegios milagrosamente se salvaron de la furia del huracán Georges, que en septiembre de 1998 y con vientos de más de 202 kilómetros por hora, por poco lo desaparece de la faz de la tierra. Aunque la mayoría de los huéspedes de Casa de Campo llegan bajo la modalidad de los paquetes turísticos, más del 90% aterrizan directamente en el aeropuerto privado que comparte el resort con La Romana. Lo hermoso de la villa (y más que el hotel), es el río Chavón, que la bordea, y el extraño ambiente toscano que envuelve las callejuelas.</p>

	<p>De cualquier modo, si una colonia artística verdaderamente me sorprende y gusta, es en la Riviera francesa, donde no solo hay una, sino varias. Mis excursiones recientes desde Mónaco a Vence, Saint Paul de Vence y Cagnes-sur-Mer, villorrios todos exhalando por cada poro de sus piedras y cada árbol aquello mágico que hace del Arte el Arte, lo comprueban.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1225t.jpg" title="Campos de golf" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1225.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Desde entonces, no he hecho viajes más profundos a la parte oriental de La Española. Hubo luego un breve retorno a Santo Domingo, para dirigirme a Haití, pero nada más. De algún modo, creo que me conformé con estas simples visiones, dos aspectos, las caras de una misma moneda que es la República Dominicana. Sin duda, una isla turísticamente idílica, con cierto ambiente agradable en Santo Domingo, y los lujos del paraíso del dinero en las playas en las que rematan los campos de golf. Por ejemplo, al sur de Altos de Chavón, está el Parque Nacional del Este, 310 kilómetros cuadrados de selvas secas, subtropicales húmedas y verdes transicionales. El parque, además, es hogar de 112 especies conocidas de aves, un par de manatíes entre la península y la isla Saona, y el solenodonte endémico de la isla, un mamífero que parece una rata enferma. Además, están las<br />
cuevas, con sus dibujos precolombinos, pero este nuevo viaje, sin duda, que incluya la Bahía de Samaná (recomendada por la World Wildlife Fund como uno de los lugares indicados para avistar ballenas en estado salvaje), Lago Enriquillo y sus cocodrilos, las cataratas de Jarabacoa y las caminatas por el pico Duarte, quedará para después.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p>El hotel V Centenario Inter-Continental era por entonces nuevo; homenajeaba a Colón y su arribo a San Salvador. Desde el balcón, me veo aún pensando en qué hubiera sido de su expedición, y de las siguientes, de haberse encontrado él y los conquistadores con una comunidad de Taínos aguerridos; puesto que a diferencia de los Caribes, los habitantes de La Española eran pacíficos y sumisos. El viento era cálido, mas aliviaba. Veía el mar, o mejor, lo escuchaba frente a mí, avanzando, retrocediendo. Las palmeras sobre la Avenida George Washington se sacudían levemente. Una historia en mí comenzaba a escribirse, como también gran parte de mi mito personal.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-04-04T07:41:00Z</published>
		<updated>2008-04-04T09:03:49Z</updated>
		<title type="html">Los gatos de Grecia</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><em>A Neige y Misha</em></p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1097.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>Bajo el inacabable manto azul, duerme un gato en una de las gradas del Odéum, a la sombra de la Acrópolis. Como todos los demás gatos de Atenas éste es pequeño, parecería frágil a veces, de ojitos abotonados y duerme a pata suelta. Nadie lo molesta, ni siquiera el sol, arriba en lo alto dirigiendo los estíos sin fin frente a las columnas. En Grecia el mar de gatos. Los Antiguos les eran indiferentes, hoy por ellos hay en el país amor, culto. Altar, podría decirse. Adonde quiera que uno vaya, siempre verá no solo uno, sino varios durmiendo al amor de una pared blanqueada de cal y canto: en efecto, muchas cosas se antojan indestructibles en la Grecia de los veloces tiempos que corren. Los gatos, bajo el sol y  en el aire cargado de sal, realzan el dorado vertido sobre la corrosión de las ruinas, como estatuas.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1098.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>T.S. Eliot se me viene a la mente durante todo mi viaje, no solo por la variedad, sino por los nombres que podrían encajar en cada gato que encuentro. Difícil tarea esta la de bautizarlos, aunque solo vaya a ser un mote provisional: Platón, Admetus, Electra, Deméter: todos ellos sutiles nombres cotidianos, y la lista sigue. Y bien uno quisiera a veces desbordar las opciones y el mismo idioma griego, elaborar combinaciones para llamar así lo vagabundo y anónimamente enigmático, que solo dice miaus y nada dice. «Gato» podría ser, pero sólo el mismo gato conoce la clave y su combinación, y no puede haber un Juan sobre el mismo Juan o una galgo llamada Galgo sobre su galgueidad. Cuando los gatos no duermen, ¿es posible que mediten sobre sus nombres? Los gatos en Grecia van por las trincheras de mis pensamientos, justamente allí espían el pienso pienso y repienso entre los Ulises y las Afroditas sin atinar en ninguno. 
	<br />
La leyenda griega de Galenthias, la mujer que se convirtió en gata y se sumó a Hécate en su regencia de las tinieblas durante la época clásica, vive en estos gatos y en mí. Entre los escombros del Templo de Zeus, las balaustradas opacas del Fuerte de Bourtzi, las callejuelas petrificadas de Monemvasia, a los pies del hombre vestido de foustanella al Norte, en un astillero temporal en las playas aledañas a Poros, bajo cada una de las tres campanas de una iglesia en Santorini, o caminando sigilosos entre las sillas y parasoles del viejo distrito de Rethymno; e incluso, simplemente en los brazos de una niña del Karpathos en su traje típico de rojos <div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1099.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>y bordados hasta las zapatillas, los gatos duermen y acechan con mimos el interés del viajero. Se los ve persiguiendo palomas cerca al edificio del Parlamento, girando alrededor de restaurantes como venidos a mesa puesta, en imágenes postales que esperan ser enviadas a cualquier lugar del mundo. Están en todas partes, como Heráclito y Zenón, como los dioses enterrados en la poca Grecia que nos queda. La mayoría son vagabundos, grecos hasta más no poder, con trazas de mar y marcas de muchos puertos, cuatro patas que aún conservan los perfumes secretos de los míticos, sepultados caminos. Otros, mientras se mueven a zancadas por los ondulantes aleros, o bajan unas escalinatas o están echados a la bartola, enseñan roncando el relumbre de sus collares: aunque todos los gatos aquí son de todos y a la vez de nadie, algunos persisten en hacerlos suyos a sus modos, diría, como se posee una casa con sendo título y registro. Aquí, por el contrario, por más placas en sus cuellos, los gatos son amos y señores de su propio país, “Gacia”, por llamar a este reino intestino de algún modo, pues un gato jamás nada nos dirá, y mucho menos la verdad. Así, en esta Grecia de viejos héroes y dioses paganos, los gatos son quienes nos venden el paisaje y su excremento por doquier. </p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1100.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>Los griegos daban los nombres de sus dioses a los gatos: demasiado significado metafórico tenían para reflejar la propia naturaleza humana. Los gatos, en la historia Antigua de Grecia, no fueron más que un lujo. El cambio de actitud frente a las numerosas deidades permitió a los gatos ganarse el respeto y pedestal, aunque seguramente, en su inmovilidad vespertina, envidiarían no haber alcanzado el fanatismo que profesaran por ellos otros pueblos, como los egipcios. En los museos atenienses, los gatos se dibujan en los vasos de hallazgos, e incluso fue célebre Aristófanes por introducirlos clandestinamente en los teatros. Grecia es sus gatos y gatas y gatitos juntos. Si alguien mira un mapa, el país se le antojará como una mano de esqueleto que alarga sus deformes dedos para introducirlos en el Mediterráneo, como si se tomaran de los bordes de una urna; para mí, con tantos gatos en la dirección de donde mire, el dibujo del mapa va asimilándose más bien a la garra de un felino.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1101.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>Difícil poner nombres a los gatos, sabiamente aconsejó T.S. Eliot, cada uno debe tener sus tres nombres, sentenció el viejo Possum, para así intuir su “inefable efable efable-inefable profundo e inescrutable nombre personal”. Abramos las bautismales griegas de los gatos, que dicen:</p>

	<p>Adonis es el primer nombre, masculino, al tiempo divino y gatuno. Le va al felino de pelaje variado, vanaglorioso en sus andares, de belleza poco común (ya se sabe por los ojos), y este nombre lo lleva el que aún descansa sobre las redes derramando de una barca en una aldea de Lemnos.<br />
<span class="caps">AELOUS</span>, dios de los vientos, macho, es el gato rápido, diestro, que no dejaba de saltar como un ciclón jugueteando entre las buganvillas caídas de un balcón en Corfú.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1102.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div><span class="caps">ARGOS</span>, con ojos en cada cola de pavo real, era el gato flaco, blanco y azulado, ojitos negros rebordeados de amarillo que aún me atraviesan: “Afán de ojos tienen las azucenas” se titula un poema.</p>

	<p><span class="caps">ATLAS</span>, posado en mi rodilla, de suaves manchas vinotinto, me señaló su natal Paros flotando en el mar.</p>

	<p><span class="caps">DANAE</span> se llamó la gata preñada, de piel dorada, con los bigotes sucios de leche cretense y mirada pesada que dormía en la Plateia Navarinou de Tesalónica. Otra, muy cerca, negra y de tetas bregadas, se presentó como <span class="caps">GAIA</span>.</p>

	<p>El gato que, al tacto de mis dedos en su nuca, tumbado como estaba, sólo movió para mí su erguida oreja, se llamaba <span class="caps">EROS</span>.</p>

	<p>GANÍ<span class="caps">MEDE</span>, saliste de un jardín oloroso a mentas y verbenas, todos pringues verdes, ojos pétreos, asfódelos de cola.</p>

	<p><span class="caps">HADES</span> fue cada uno de los gatos negros enrollados en las esquinas sombreadas de Zante. </p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1103.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>El felino pueril y ambicioso, jugando entre las patas de un jumento pardo en un villorrio del Parnaso era digno de este nombre: <span class="caps">HEBE</span>.</p>

	<p><span class="caps">ELIOS</span>, sol y gato, una misma cosa en la piedra del Castillo Monolithos: es el Dodecaneso, cosa o animal seas, lo que te venera.</p>

	<p><span class="caps">HERA</span>, gata envidiosa y de estirpe, caprichosa, a veces te acercas, a veces te alejas, quitas y luego das, todo te enfada y adonde llegas divides: te tememos.</p>

	<p>Un felino, de rayas al rapé que merodeaba bajo las sillas de la iglesia en Citera, ofició también en el mismo altar de Poseidón y de la Virgen Azulada; <span class="caps">HYPNOS</span>, ¡eras solo contriciones!</p>

	<p><span class="caps">MORFEO</span>. Escorpión, Cisne o Arquero: en tu piel llevas las cicatrices de Troya, erguido vas por una callejuela de Tebas un domingo por la tarde. Y nadie te distingue.</p>

	<p><span class="caps">NEMESIS</span> esperaba afuera las sobras del Diethnes, en el 105 de la calle Palaeologou de Esparta. Su pelo parecía pintado por Nikolaou, y el hocico, las marcas de los que se conectan con Anfión.</p>

	<p><span class="caps">PHOEBE</span> era la gata que la leyenda de un bardo llamó Anzusa y en otra la conocían como Selamena.</p>

	<p>PERSÉ<span class="caps">FONE</span>, gata en pleno estiramiento, elegante, patas que una a una se levantan delicadamente para de nuevo posarse en el suelo, tu andar contoneado era puro ritmo de Cimótoe.</p>

	<p><span class="caps">PROMETEO</span>, todo cola que ligeramente se enroscaba en la punta, flirteabas con Las Muchachas de Moralis.</p>

	<p><span class="caps">TANATOS</span>, hermano de Hypnos, azabache en los bigotes incluso, me acordaste de la suerte de una Areti al bajar por las escalinatas de mármol, piedra pómez siempre infeliz.</p>

	<p><span class="caps">URANO</span>, hacia tu cielo, tus orejas-torres no cedían al viento, puntiagudas, pero bellas como la iglesia de Paraportianí.</p>

	<p>Viento griego, viento egeo, jónico y cretense, canto de Sirenas que pierde a quien lo escuche, y tú, ZEÚS, con tus patitas endurecidas de las jarcias y el timón, ojillos verdes y peso de sandía, miras conmigo el viaje retorno a Chipre.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1102t.jpg" title="Los gatos de Grecia"/></div>En Grecia el mar de gatos. Los Antiguos les eran indiferentes, hoy por ellos hay en el país amor, culto. Altar, podría decirse. Adonde quiera que uno vaya, siempre verá no solo uno, sino varios durmiendo al amor de una pared blanqueada de cal y canto: en efecto, muchas cosas se antojan indestructibles en la Grecia de los veloces tiempos que corren. Los gatos, bajo el sol y  en el aire cargado de sal, realzan el dorado vertido sobre la corrosión de las ruinas, como estatuas.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-03-04T08:41:12Z</published>
		<updated>2008-03-05T15:56:42Z</updated>
		<title type="html">Tibet</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Se le conoce como “Shangri-La (por aquella maravillosa película, casi perdida, de 1937, con Jane Wyatt y Ronald Colman, que se anticipó con su mensaje de paz al terror de la Segunda Guerra Mundial), “el País de las Nieves” y “el Techo del Mundo”. Este reino budista tan remoto en el corazón de Asia ha sido objeto de múltiples mitos y misterios: por ejemplo, los jesuitas, tras escuchar del Tibet en Goa, creían que allí se escondía una comunidad cristiana excesivamente mística. Lhasa es la ciudad de aventureros, la capital de los soñadores, la “Ciudad prohibida”. Hasta hace poco, Occidente ha tenido el privilegio de verla, adormecida sobre el río Kyi Chu, a la sombra de los Himalayas, en su cordillera pardusca con algunas cimas moderadamente nevadas.</p>

	<p>Hollywood difundió y popularizó al Tibet, poniéndolo de moda, y más allá, la música también se ha beneficiado. Lo cierto es que ninguna de esas películas fue filmada allí, sino a miles de millas de distancia. Los misioneros fueron quienes pusieron al Tibet en el mapa. Uno de los más célebres, fue el pastor italiano Ippolito Desideri, quien llegó en 1716 a Lhasa para quedarse allí por cinco años. Luego vinieron otros, pero sus oficios de conversión no maduraron la cosecha esperada: en cien años de intenso proselitismo religioso, solo 13 tibetanos se convirtieron al catolicismo.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1043t.jpg" title="Yak" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1043.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>En el lado tibetano de la meseta Qinghai habita el yak, exactamente cinco de los catorce millones de animales en todo el mundo. La tierra del yak es la tierra de los nómadas del Tibet. Aunque es difícil ver un ejemplar en su hábitat primario, también abundan los especimenes domesticados, que hasta uno puede tocar. El yak tiene más de un metro de ancho y casi dos de alto, siendo así, un animal enorme. Su faceta más admirable, pastando en las praderas de montaña, encerrado en su timidez excesiva, es su habilidad para soportar las alturas: tiene tres veces más células rojas en su sangre que cualquier otro animal parecido, igual que entre catorce y quince pares de costillas, en vez de las típicas trece comunes al ganado, lo que le da gran capacidad de oxigenación. De ahí su nombre latino: Bos grunniens.</p>

	<p>Una de las cosas más bellas del Tibet son los Chörtens o stupas simbólicas, originalmente construida la primera para cremar las reliquias sagradas de Buda Sakyamuni. Luego se extendió este uso a los lamas y a los santos. Adentro, siempre el aire es solemne y ceremonial. Pero las estructuras son bellísimas, y siempre están cerca de paisajes inolvidables.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1044t.jpg" title="Yak" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1044.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>La capital del Tibet, Lhasa, se divide en un lado puramente tibetano y otro chino, siendo el primero el más pintoresco. La influencia china, pese a la resistencia, es enorme. Quien arriba desde el aeropuerto Gongkar lo primero que observa, por la carretera rodeada de un ambiente dramático, es el Potala, un fuerte-palacio entre blanco y ocre que se levanta, como un guerrero Mongol muy viejo pero aún fuerte, sobre el perfil de una de las ciudades más altas del mundo. El Potala es una de las piezas más originales y únicas de las arquitecturas tibetana y mundial. De masivas proporciones, el silencio y la vaciedad de sus pasillos recuerdan cada tanto al viajero que el <span class="caps">XIV</span> Dalai Lama huyó con su gobierno al exilio. De no haber sucedido aquello en 1959, el guía y monarca viviría aún allí. Pese a los costos de acceso al Potala (para todo hay cargos, comenzando por la tarifa especial que se cobra a los extranjeros, sumada a la extraordinaria por utilizar el mirador del techo y otra más por entrar al salón de exhibición), una visita al palacio es más que merecida. Esto sí, se advierte que, para sacar fotografías, también se cobra (en cada esquina, cada estancia, hay siempre un monje que no se venderá con una simple sonrisa, por cierto).</p>

	<p>Al Potala se entra por el villorrio de Shöl, en la falda sur del Marpo Ri. Antiguamente funcionaba allí el distrito rojo de Lhasa con una prisión, pero hoy se levantan algunos comercios pequeños y edificios estatales. También se accede por el Este, pasando por el Deyang Shar, el jardín exterior del Palacio Blanco, donde además de servicios y tiendas de souvenir, se tiene una de las mejores vistas panorámicas del valle. Las giras al interior del Potala comienzan desde el techo o planta superior, las estancias privadas de los Dalai Lamas <span class="caps">XIII</span> y <span class="caps">XIV</span>. La primera habitación es la del Trono, donde se recibían muy medievalmente a los invitados oficiales. Hay un retrato del monarca decimotercero, y la sombra marco del actual, que alguna vez allí estuvo, y que fue retirado hace mucho por las autoridades chinas. De ahí se pasa al Pasillo de recepción, con sus estatuas de bronce, el salón de la meditación y la habitación del Dalai Lama, con todos los objetos personales y un hermoso mural de Tsongkhapa, fundador de la orden Gelugpa.</p>

	<p>El Potala tiene tres niveles, un mirador, y un nivel subterráneo. Cuando fui, el primer nivel estaba cerrado al público, pero todo lo que había que ver lo habían trasladado al nivel inferior y helado. En el tercer nivel, se encuentra la esplendorosa capilla de Maitreya, con su bella imagen hecha por encargo del <span class="caps">VIII</span> Dalai Lama, y junto a un trono de madera bastante modesto, la bella mandala Kalachakra. Todavía pueden apreciarse, si se tiene buen ojo, las sombras del incendio de 1984 (causado por un corto circuito), durante el que se perdieron algunas cosas valiosas, según lo corroborará el monje custodio de turno.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1046t.jpg" title="Yak" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1046.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>El mundo budista, con todos los rigores y expresiones de su cultura, se concentra en el Potala y sus alrededores, como las dos colinas (Chagpo Ri y Bompo Ri), el Templo Lukhang y el Palha Lu-Pok. Una mirada al Asia antigua se concreta en el Tibet; no se trata del país monástico que muchos creen. Solamente en Lhasa hay esa vida de leyendas antiguas que aún se mantiene, aunque en pequeñas dosis: la plaza Barkhor, en el centro de esta pretensión de ciudad, es una feria con muchos puestos y tenderetes de mantas, tapetes hechos a mano y algunas otras artesanías. Allí, el viajero tiene su primer encuentro con los hermosos banderines de rezos, en colores blanco, verde, azul, rojo y amarillo, todos simbólicos de los elementos religiosos y culturales del silenciado reino: la tierra, la madera, el fuego, el agua y el hierro. En los alrededores de la capital, abundan los monasterios, cualquiera que sea la ruta que se tome, y que al igual que las gentes del común, sobrevivieron a la revolución cultural. Tsang es otro pueblo que parece construido en la superficie de otro planeta, con una arquitectura bella, del color de las faldas circundantes, bastante primitiva. También están los lagos sagrados (cuatro en total), siendo mi preferido el Yamdrok-tso, con sus aguas azul turquesa y las nubes mirándose en el espejo. Una de las mejores experiencias, si la salud y los ánimos lo permiten, son las peregrinaciones junto a los paisanos del común, para las cuales se habrá que acumular (dice la regla) suficiente mérito (sonam) y suerte (tashi). Los peregrinajes son múltiples y de cientos: los hay para la sabiduría de alguna enfermedad (cada mal tiene su viaje espiritual propio), algunas montañas sirven para expiar ciertos pecados. Una caminata alrededor del Monte Kailish ofrece la posibilidad de liberación del alma por tres vidas, mientras una caminata por la ruta sagrada del Monte Tsari puede acercarnos a la posibilidad del renacimiento, y en los elegidos, incluso volar.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1045t.jpg" title="Banderines de rezos" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1045.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=536,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>La cocina tibetana es primitiva y quizá en ello radica su valor, aunque está muy lejos de figurar con estrellas en la guía de Michelin. El plato tradicional es el tsampa, una especie de amasijo hecho de cebada tostada, mantequilla de yak, agua, té o cerveza (según el caso), pero aunque el viajero por primera vez lo sentirá agradable en su paladar, o tolerable, puede convertirse, como los baños públicos de Lhasa, en la peor pesadilla (solo un tibetano puede definitivamente zamparse tsampa todos los días). Así, el único respiro, y con cautela, puede ser la cocina china o la Tashi. En el campo y las montañas, la oferta de platos se merma, y lo común son los momos y la thugpa: los primeros son rollos rellenos de carne o vegetales, como se prefieran; la segunda es una excelente sopa de fideos y verduras (la carne de yak o de oveja es opcional), que se asocia con el gourmet drástico de los monasterios. Si no hay certeza que en efecto sea thugpa lo que se ofrece, es mejor abstenerse de comer. La yaksha es la carne de oveja picada en tiras y secada al aire, que es como la goma de mascar del país, y los caramelos, son las tiras de queso de leche de yak, que también se secan al sol hasta endurecerlas. Al llevarse un pedazo de este queso a la boca, se notara que es muy duro, pero poco después comienza a derretirse sobre la lengua por sí mismo.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1047t.jpg" title="Niños en Lhasa" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/1047.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=534,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Los viajes por tierra en el Tibet son largos, y está el factor de la altura y los cambios climáticos. La mejor época para visitar el Tibet es entre mayo y principios de noviembre, cuando el clima alterna entre sol y ventiscas. Durante el invierno, es imposible llegar a Lhasa, incluso a veces por tierra. El transporte público interno es escaso, y no hay posibilidad de alquilar un coche o una motocicleta (se necesita de una licencia de conducción expedida en China), puesto que no es válida una licencia internacional. La mejor forma de moverse por el Tibet, en los meses prósperos, es contratar a un chofer con todo y 4WD, teniendo en cuenta que entre agosto y septiembre, todos están contratados y, si hay camionetas disponibles, los precios pueden ser altísimos. <br />
Hay vuelos desde algunas ciudades chinas comenzando por Beijing, pero las tarifas aéreas son más convenientes desde Chengdu (tras una conexión vía Hong Kong) por Dragonair o China Southwest Airlines. Cabe anotar que hay vuelos más frecuentes desde Katmandú, Nepal, que desde el propio Beijing.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/1048.jpg" title="Tibet" /></div>Se le conoce como “Shangri-La (por aquella maravillosa película, casi perdida, de 1937, con Jane Wyatt y Ronald Colman, que se anticipó con su mensaje de paz al terror de la Segunda Guerra Mundial), “el País de las Nieves” y “el Techo del Mundo”. Este reino budista tan remoto en el corazón de Asia ha sido objeto de múltiples mitos y misterios: por ejemplo, los jesuitas, tras escuchar del Tibet en Goa, creían que allí se escondía una comunidad cristiana excesivamente mística. Lhasa es la ciudad de aventureros, la capital de los soñadores, la “Ciudad prohibida”.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-02-04T09:41:37Z</published>
		<updated>2008-02-04T13:09:34Z</updated>
		<title type="html">8 Platos contra el viajero</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/13058/8-platos-contra-el-viajero" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-02-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/21ca7b9ab944016c7f858f1cf1f8e3c3</id>
		<category term="Gastronomía" />
		<category term="Viajes" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>1. <span class="caps">CABEZA</span> DE <span class="caps">OVEJA</span> (Marruecos)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/993.jpg" title="Cabeza de oveja" /></div>Vendida en los mercados y restaurantes de Rabat, Marrakesh y Casablanca, la cabeza de oveja se asa hasta quemarle todos los pelos de encima y por ello solo le queda una sonrisa perversa (unos dientes lejos de parecer calcinados) y los ojos de ciego. Sin duda, es uno de los platos más desagradables con el que el viajero pueda encontrarse, por su presentación. La sola sonrisa del animal, en el plato, es macabra. <br />
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2. <span class="caps">BALUT</span> (Vietnam, Camboya)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/994.jpg" title="Balut" /></div>El balut es un huevo de gallina o de pato, que se consigue hasta de 15 días de gestación (tiempo suficiente para que el embrión dentro se haya desarrollado al punto), y que luego es hervido, descascarado, y el embrión comido con lo poco de yema y clara endurecida adherido a él. Los huevos balut, que se deben comer calientes, se consiguen en muchos lugares fuera del Sudeste de Asia, pero mi sorpresa fue mayor al verlos en la carta de varios restaurantes en Estados Unidos y Europa, donde es cierto, no son populares.<br />
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3. <span class="caps">ESCAMOLES</span> (Mexico)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/995.jpg" title="Escamoles" /></div>Parte de la cocina mexicana son los escamoles, las larvas de las hormigas Liometopum, que se cultivan en las raíces de las plantas de agave (de la que se saca el tequila) y el maguey (del que se saca el mezclal). Los escamoles son el caviar de México. Son tan blandos como el queso de un campesino, y su sabor es lechoso, como a nuez, pero lo que es seguro es que son nueces no tan sabrosas como las macadamia nuts.<br />
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4. <span class="caps">CASU</span> <span class="caps">MARZU</span> (Cerdeña)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/996.jpg" title="Casu marzu" /></div><br />
Prohibido no solo en Italia, sino incluso donde haya controles de higiene, el Casu Marzu convierte en terrorífica la cocina sarda. Se trata de queso de leche de cabra, que se amasa como cualquier queso hasta darle forma, y se pone a la intemperie (preferiblemente en una cornisa), hasta que las moscas comienzan a aparecer atraídas por el fuerte olor y comienzan a poner huevos. De los huevos, surgen pequeñas larvas, blancas en principio, que a medida que pasan las semanas y si el sol es bueno (en verano), se engordan y se vuelven marrones. Las larvas aceleran la maduración del queso, pero no hay que dejar que se hagan moscas, pues el Casu Mazu deja de ser el queso que es si no se come con todo y larvas. <br />
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5. <span class="caps">CUY</span> (Perú, Ecuador, Sur de Colombia)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/997.jpg" title="Cuy" /></div>Sin duda, este es El Dorado de los platos andinos, la suculencia heredada de todas las familias aborígenes de Sudamérica meridional, y que es muy popular, en mercados y algunos restaurantes que lo continúan preparando a la vieja usanza. Se trata del cuy o conejillo de indias, este roedor que alguna vez anduvo salvajemente por las montañas y valles de los Andes, y que bien podría ser una buena mascota, pero que se come al ser rico en proteína y bajo en colesterol. En los Andes, se vende “frito”, “asado” o “al horno”. El animal se sirve con ensalada, y se come desde el hocico hasta las uñas.<br />
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6. Lutefisk (Noruega, Suecia y Finlandia)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/998.jpg" title="Lutefisk" /></div>Este es un plato apreciado, hecho de pescado (bacalao o maruca) secado al aire libre y luego aderezado con NaOH, es decir, soda cáustica. De la soda viene el “Lut” de su nombre. Algo así como pescado de hidróxido de sodio. En Suecia y Noruega, le hablan al viajero del “tratamiento” en la preparación. Primero, el pescado se marina en agua fría durante 6 días, cambiando el agua todos los días, para que aumente su tamaño (pero pierde todas sus proteínas). De ahí adquiere esa calidad gelatinosa (en algunos lugares lo llaman Lutefiskjelly, por ello). Luego, se le satura con NaOH hasta dejar la viscosa carne cáustica. Y para que sea comestible, debe hacerse nuevamente el tratamiento de dejarlo en agua, por otros 6 días. Luego, el Lutefisk puede ser cocinado y luego horneado. Lo peor de este plato es que, si no se lavan tras comerlo los cubiertos y demás utensilios, se adhiere tan bien a la cerámica o al acero inoxidable que después no se puede quitar. Lo más desagradable es sin duda su apariencia babosa, excesivamente babosa. Y el hecho de que, si no se prepara bien, puede ser nocivo para la salud.<br />
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7. <span class="caps">SANGUINACCIO</span> (Italia, en otras partes de Europa conocido bajo otros nombres)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/999.jpg" title="Sanguinaccio" /></div>El sanguinaccio es un budín de sangre. Uno de los requisitos para un buen sanguinaccio es, una vez se corta el pescuezo del bovino o porcino, no permitir que se desperdicie la sangre y recogerla enseguida en una vasija. Si no se sacrifica el animal en casa, entonces al matadero, como un vampiro, hay que buscar todo el líquido rojo necesario. La sangre se pone a cocer sola, a fuego lento, y hay que revolverla permanentemente sin dejar que se le formen coágulos o que se separen los líquidos (máximo 4 horas, aunque puede ser menos). Los coágulos dañarían la textura que, para confeccionar el budín, debe ser densa pero no espesa. El éxito está en que la sangre no puede pasar de 24 horas desde haber sido obtenida directamente del animal, pues refrigerada no sirve. Y luego de seguir los pasos se hornea, y voilá!<br />
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8. <span class="caps">HUITLACOCHE</span> (México)<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1000.jpg" title="Huitlacoche" /></div>Famosa es la sopa, pero huitlacoche es en realidad una enfermedad que acaba con el maíz, haciéndole crecer en los granos horribles tumores que no son otra cosa que hongos. Así, lo que sería una mazorca, queda convertida en una forma deforme, grisácea, como quemada. Considerados estos tumores o chancros como una plaga en Estados Unidos, en México se le llama “huitlacoche”, que en lengua antigua significa “excremento de cuervo”,  y se vende por altísimo precio. De este hongo se hacen distintos platos muy apreciados. El sabor del huitlacoche cocido es al “champignon”, dulzón, leñoso, con un toque de lo que huele la tierra. Maíz añublado, desde México. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/993t.jpg" title="Cabeza de oveja" /></div>Vendida en los mercados y restaurantes de Rabat, Marrakesh y Casablanca, la cabeza de oveja se asa hasta quemarle todos los pelos de encima y por ello solo le queda una sonrisa perversa (unos dientes lejos de parecer calcinados) y los ojos de ciego. Sin duda, es uno de los platos más desagradables con el que el viajero pueda encontrarse, por su presentación.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2008-01-04T10:32:14Z</published>
		<updated>2008-01-06T01:08:04Z</updated>
		<title type="html">8 Destinos de Año Nuevo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/anforadeletras/12838/8-destinos-de-ano-nuevo" />
		<id>tag:librodenotas.com,2008-01-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/2b78859ff9b3547657a145f8a1ccf312</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Inevitablemente, año tras año, sobre la línea del Ecuador llega el invierno; e inevitablemente, año tras año, bajo la línea del Ecuador y hacia el Trópico de Capricornio, el verano reluce. Los ocho destinos para las primeras semanas de 2008 que aquí presento, son a su manera distintos a todo y bellísimos. Casi islas en sí, apartados de los mundos a los cuales pertenecen, sería un crimen ignorarlos en esta entrega. Por ello, aquí están, en un orden que no es representativo ni jerárquico en prelación:</p>

	<p><strong>1. TASMANIA</strong><br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/961.jpg" title="Tasmania" /></div>La última frontera australiana de cara a la Antártica, durante su suave verano de diciembre a febrero, recibe el mayor número de turistas (que no es de alarma tampoco) principalmente australianos. La isla es enorme y bellísima, con una geografía cambiante. En el norte, del lado que mira a Australia, es cálida sin llegar a calurosa, de modo que se puede nadar en sus aguas (cosa que es imposible durante el resto del año). El verde de las colinas, en los paseos por el interior, brilla intensamente como espolvoreado de dorado, se pueden fácilmente ver ballenas y algunas especies de aves migratorias. Los días hermosos cambian en el oeste y sudoeste de la isla, donde llueve y las nubes suelen cubrir el cielo. La única advertencia para el viajero se debe a la radiación UV que, gracias al enorme hueco de la capa de ozono, amenaza constantemente la piel. Por ello, siempre debe usarse sunscreen, mientras el cielo no se nuble.<br />
Todos los vuelos a Hobart, la capital de Tasmania, parten desde Sydney y Melbourne, y los únicos vuelos internacionales llegan desde Christchurch, en Nueva Zelanda.</p>

	<p><br />

<strong>2. <span class="caps">BUENOS</span> AIRES</strong><br />
El corazón del sur americano, Buenos Aires es la ciudad perfecta para un viaje casi de anónimo entre diciembre y febrero. Por las vacaciones argentinas, la ciudad se desocupa, de modo que florece el turismo. Si el viajero detesta las aglomeraciones, las complicaciones del tráfico, las barreras lingüísticas que a veces supone una gran ciudad, Buenos Aires es el destino adecuado. Desde Buenos Aires se pueden proyectar otros viajes menores al Delta del Tigre, la pampa, La Plata y Montevideo/Punta del Este cruzando el río-mar. Buenos Aires entre diciembre y febrero es caliente, con alta humedad, pero las noches son frescas, llenas de viento.</p>

	<p><strong>3. SINTRA</strong><br />
Fresca y casi metida en el Parque Natural que lleva su nombre, Sintra es sinónimo de inspiración y descanso. Situada en las faldas meridionales de la Serra y cercana a Lisboa, Sintra ofrece recorridos por calles perfectas, vistas a gran altura que permiten ver el Océano Atlántico en su tonalidad azul grisácea, y encuentros románticos. Esta pequeña villa, que supera los 20,000 habitantes, fue durante 500 años el distinguido lugar de veraneo de reyes portugueses, y aún la extravagante y grandiosa arquitectura, el trazado de esta urbe sobre la montaña, sorprende. Como escritor, me fascina Sintra. Si algo bueno en su momento Lord Byron vio en Portugal, fue ese “Lo! Cintra!”, que aparece en su ‘Childe Harold’. El Palácio Nacional da Pena es un hito arquitectónico, un balcón al cielo y a la tierra, asimismo como las hermosas murallas del Castelo dos Mouros, desde ciertos puntos, parece una serpiente elegante que se abraza a la montaña. Lo mejor en esta época de Sintra es el clima, y sus carreteras serpenteantes, libres de autobuses turísticos, a diferencia del verano.</p>

	<p><strong>4. <span class="caps">CARTAGENA</span> DE INDIAS</strong><br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/962.jpg" title="Cartagena" /></div>Atacada por vientos frescos del Norte y del Este, Cartagena de Indias es un destino único en su tipo. La joya del antiguo imperio español mejor conservada sobre la tierra, Cartagena es desde 1982 patrimonio histórico y cultural de la humanidad por <span class="caps">UNESCO</span>. Cartagena en realidad son dos ciudades, sobre bahías y lagos interiores: una moderna, con boutiques, restaurantes y edificios de vivienda, y la otra antigua, amurallada, con conventos convertidos en hoteles de lujo, donde todavía se respira el aire de otras épocas. La Ciudad Antigua está llena de plazas con mesas al aire libre y casas coloniales de paredes avivadas en exóticos colores pasteles, museos, castillos, y un enorme convento antiguo, sobre una colina que domina la ciudad, del que se tienen vistas perfectas sobre el mar. Caminar por las callejas empedradas de Cartagena, inmortalizadas en las novelas de Gabriel García Márquez, o contemplar la puesta del sol desde la muralla y los cañones originales de los conquistadores, supera todas las expectativas. <br />
Cartagena de Indias es una excelente opción, aunque por estas épocas se llena de cruceros, conectada con el mundo por vuelos diarios desde Bogotá, Miami y Madrid.</p>

	<p><br />

<strong>5. <span class="caps">CABO</span> VERDE</strong><br />
África Occidental siempre ha sido famosa por sus constantes guerras civiles, pero las antiguas islas portuguesas, siempre tan pacíficas y culturalmente superiores a sus vecinos en el continente, merecen una visita: mucho más frescas de diciembre a marzo, su temperatura desciende hasta oscilar entre los 10 y 20°C, con noches tan frescas que a veces es necesario llevar puesto un sweater. La lengua oficial de este archipiélago de 400,000 habitantes es el portugués. <br />
El principal atractivo de Cabo Verde es la posibilidad de viajar a un país africano que a veces no parece tan africano. Charles Darwin estuvo aquí hace más de un siglo, refiriéndose a Cabo Verde como una tierra casi toda estéril pero “cuya grandeza más vegetación arruinaría”. Las carreteras de Santiago, la isla principal, están llenas de casas de estilo mediterráneo, villorrios con bonitas “praças” muy coloridas, callejas de guijarros, el popular “vinho verde” y orquestas musicales que siempre recordarán la herencia ibérica-latina. La capital, Praia, brinda un interesante ambiente histórico gracias a la Cidade Velha (la antigua Ribeira Grande de los tiempos de la piratería y esclavitud), a 10km por carretera, con su bella catedral portuguesa construida en 1693, los cepos en el parque principal donde se exhibían los esclavos en venta y, sobre la colina, el Fort Real de São Filipe, que mira la bahía. No obstante, hay montañas, y el interior lleno de valles es hermoso, con el pico de Santo António y los jardines botánicos. <br />
A Cabo Verde se llega por <span class="caps">TACV</span>, la línea aérea nacional, que vuela a París, Munich, Milán, Ámsterdam, Londres, Varsovia, Lisboa, Las Palmas y Porto. A Sudamérica, hay vuelos desde Fortaleza, Brasil. La otra opción es vía <span class="caps">TAP</span>, desde Lisboa o Caracas.</p>

	<p><strong>6. LA HABANA</strong><br />
A diferencia de Miami, que en enero puede decepcionar climáticamente al viajero, la vecina La Habana ostenta en esta época una temperatura siempre especial: días soleados, refrescados por vientos muy frescos, y a veces el magnífico espectáculo del furioso oleaje embistiendo el famoso “malecón”. La Habana en estos meses no pierde su encanto: música en vivo en todos los restaurantes y hoteles (especialmente de noche) y la posibilidad de excursiones al interior, incluso al sur por tren o avión, con la estadía de uno o dos días para disfrutar del sol y las aguas frías y cristalinas de Varadero. La Habana no es un lugar de compras, sino uno para caminar y descansar, quizá leer un libro comprado en la famosa Plaza de Armas de la zona antigua, especialmente para escribir. No por capricho Hemingway la amaba.<br />
A La Habana llegan vuelos diarios de muchas capitales europeas y sudamericanas. Por la movilidad de su población turística, siempre es posible conseguir hotel.</p>

	<p><strong>7. LESOTHO</strong><br />
A la oportunidad de ver como en el verano africano sus habitantes viven abrigados y llevan sus manos enguantadas, se suma la oportunidad de encontrar la muestra de un estilo puramente tradicional de vida en África. Lesotho (un país dentro de un país), ofrece lo inesperado: esquí, mientras el calor derrite a Sudáfrica. O también los recorridos sobre un Basotho, este dócil pony que podría ser la especie nacional, por los caminos rurales especialmente construidos para sus herraduras a través de las montañas. El principal centro de esquí es Oxbow, que se activa verdaderamente en invierno, pero durante el verano con las playas en Durban llenas de surfistas, la estación de nieve es poco visitada. La belleza de Lesotho está en su paisaje: las montañas de piedra, enormes, como torres de ajedrez veteadas de hielo, obligan a respirar hondo. <br />
A Lesotho se llega por aire o por tierra desde Johannesburgo.</p>

	<p><strong>8. <span class="caps">ISLA</span> DE PASCUA</strong><br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/963t.jpg" title="Isla de Pascua" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/963.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>El octavo y último destino, no porque sea el de menor importancia, llega aquí por ser la suma total de lo que generalmente un viajero desea: contacto con los elementos básicos y tranquilidad. Por cientos de años, la isla habitada más remota de la tierra ha embrujado al mundo con sus enormes tótemes (moai) de tufa volcánica sobre sus pesadas plataformas de piedra (ahu). La temperatura en Isla de Pascua, durante el invierno europeo, no sobrepasa en su propio verano los 28°C. La capital, Hanga Roa, es un pueblecito agradable donde habitantes polinesios izan banderas chilenas y hablan buen español. Lo mejor de la isla son las vistas del Océano Pacífico en su sector más solitario, que se aprecian desde las colinas y los riscos o farallones. El Parque Nacional Rapa Nui es el mejor museo a cielo abierto, exhibiendo toda la arqueología prehistórica encontrada en la isla. Villorrios aún llenos de aborígenes dispuestos a mostrar a los visitantes sus ceremonias sin ninguna condición abundan. Los paisajes volcánicos recortados por hierba y alentados por cielos más azules y abiertos y una tonalidad armónica del mar, hacen de Isla de Pascua el destino más solitario de la tierra, y por ello, el más hermoso.<br />
Desde Santiago de Chile, hay vuelos permanentes al aeropuerto Mataveri en Hanga Roa, en una travesía sobre el mar que dura 5 horas y media. Lo bueno del retorno, debido a que el avión viaja a favor de los vientos, es que el vuelo se reduce hasta en 1 hora de duración.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/964.jpg" title="Isla de Pascua" /></div>Inevitablemente, año tras año, sobre la línea del Ecuador llega el invierno; e inevitablemente, año tras año, bajo la línea del Ecuador y hacia el Trópico de Cáncer, el verano reluce. Los ocho destinos para las primeras semanas de 2008 que aquí presento, son a su manera distintos a todo y bellísimos. Casi islas en sí, apartados de los mundos a los cuales pertenecen, sería un crimen ignorarlos en esta entrega.</p>]]></summary>
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	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2007-12-04T08:25:28Z</published>
		<updated>2007-12-04T19:49:36Z</updated>
		<title type="html">Tokio</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/923t.jpg" title="Tokio" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/924.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Desde el salón de té en el quinto nivel de un edificio inteligente en el distrito Ginza, alcanzaba a ver un asomo del verde de los Jardines Imperiales y el parque Hibiyu-kσen, y más cerca al cristal de mi ventana, de ponerme en pie y acercarme, la turbamulta citadina llenando las aceras. De tanto pensarlo, el kσcha (té inglés) se me había enfriado, pero no me había dejado tentar por los enormes anuncios (que de noche se encenderían para los ojos), y más bien me puse a pensar en la sensación de paz de Japón, y si no era más bien aparente. Porque en Tokio, la guerra que persiste es la del pasado con el presente en un mismo lugar, que coexiste en ciertos sectores silenciosamente, cómplices mutuos. Así como me había llegado mi taza de té al tradicional estilo japonés, mi sorpresa era mayor al contemplar parte de la ciudad desde un edificio de cristal y, no obstante, cumplir con ciertos ritos de la vieja costumbre.</p>

	<p>Lo cierto es que, arquitectónicamente hablando, Tokio es una ciudad aburrida y similar. Lo mejor de la arquitectura japonesa se conserva en el Edo, los vestigios de aquella ciudad de madera en cuyos frontones padecía el musgo milenario creciendo allí sin fin, con sus tejados afilados bajo los cuales, en su tiempo, se padecían las más grandes pobrezas. Las casas de tipo Shitamachi, llamadas localmente “las flores del Edo”, constantemente amenazadas por incendios y las grúas que levantan nuevos edificios, son sin duda un símbolo vivo del pasado de la ciudad. Por lo demás, los edificios son tan fríos, altos y parecidos, que el paisaje se torna aburrido, no como sucede en otras ciudades del mundo, como Londres o Nueva York.</p>

	<p>De estos edificios tan modernos y monótonos, si el visitante logra penetrar la coraza que separa al turismo de la vida de todos los días, interesarán los condominios o bloques residenciales, pisos unos encima de otros como cajas de zapatos, en los que viven en madriguera las familias capitalinas. Los pasillos de estos edificios son largos, llenos de puertas que se abren hacia fuera y no hacia dentro, como si fueran celdas. Todo es muy silencioso, propenso a los encuentros fantasmagóricos que perviven en la imaginación local.</p>

	<p>De noche, Tokio es una ciudad de Lego muy iluminada: todo parece ser de juguete. Lo más impresionante, a cualquier hora, es el mundillo del comercio, como nunca se ha visto antes, ya el agotamiento del capitalismo y la globalización. Las compras parecen más bien todo un culto nacional. Los distritos de Ginza y Shibuya (particularmente este último) son imposibles para caminar ciertas tardes en las vísperas de alguna fiesta: varias tiendas Parcos, la tradicional Mitsukoshi, Seibu y Loft, y luego las galerías Laforet. Las zonas de compras son prohibitivas. Mejor mantenerse al margen, o el presupuesto de viaje desaparece en un día. Sin embargo, al margen de estos bullicios y a la vuelta de la esquina, aparece el país buscado bajo la forma de pequeñas tiendas tradicionales con escaparates de madera y restaurantes de comida nacional que se defienden contra los constantes avisos que, día a día, intentan desaparecer del mapa lo viejo.</p>

	<p>Lo más sorprendente de Tokio son los contrastes: como el panorama, en su monotonía, también puede cambiar de lugar a lugar. Aún me veo doblar por una callejuela angosta, de tránsito peatonal, entre los rascacielos y el tráfico insoportable, y encontrar a media cuadra, una vieja casita de madera muy raída y agotada con jardines absurdos de tierra verdadera, y luego la visión de la dueña, ya entrada en años, vistiendo de kimono y geta, barriendo apaciblemente la acera.</p>

	<p>En Tokio no se necesita de una guía: sencillamente buen ojo, buena memoria y un mapa del sistema público de transporte, en un idioma comprensible. Los parques, como no los hay en ninguna otra ciudad japonesa, son un buen punto de referencia. Para quienes adoran los objetos electrónicos, Tokio les da un mundo, el carnaval de letreros mareantes de Akihabara. Las fiestas de largo alcance ocurren en Roppongi, y el esperado barrio rojo se llama Kabuki-cho, no muy lejos del centro financiero y muy seguro gracias a la vigilancia de la yakuza. Y el plato fuerte: las pagodas, los templos, y el Palacio Imperial con sus jardines, la visión más cercana a la Tierra de la Fantasía.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/924t.jpg" title="Tokio" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/925.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Sobretodo, al viajero le sorprenderá de Tokio dos cosas: los ritos tradicionales y el casi culto de los capitalinos por los baños. Cuando visité Japón, todavía era posible encontrarse con frecuencia con los baños sacramentales al estilo japonés: lo que llamaríamos nosotros “letrinas” en nuestro idioma. Algo parecido vi tiempo después en Hong Kong. Pero poco a poco, incluso la vida pastoril alrededor de Tokio, ha encontrado el placer que los franceses le vieron al váter convencional que hoy conocemos. Y también persiste la cultura del pis: de noche, por ciertas calles aún concurridas, es común ver a los borrachos orinando, libremente inhibidos. Es mucho mejor cambiar de acera y evitarlos, pues un amigo viajero me comentó que alguna vez, uno le pidió el favor que lo tapara con un periódico para que el asunto fisiológico fuera más discreto. También supe de las anécdotas en este sentido con policías, que se prestan para hacer de biombo y darle una mano a los ebrios que están-que-se hacen y no pueden ya más aguantar. Mi experiencia personal en este aspecto viene de los baños públicos, particularmente los “mixtos”. En nuestros países, una medida así equivaldría a una demanda ante el Tribunal Constitucional. Sin embargo, la sociedad japonesa es demasiado respetuosa, y ese nivel de respeto se ve en cada minuto que pasa, en cada cara o sonido que se escucha. En fin, el asunto fue el siguiente: una tarde, terminadas mis actividades en la Universidad Imperial, salí a recorrer a pie ciertas calles que me habían recomendado, y en algún momento inesperado me vinieron las ganas de ir. Busqué a un policía de tráfico, quien me indicó en un inglés macarrónico la existencia de unos baños a pocos metros de donde estaba. Ya antes había experimentado los baños “de tecnología de punta”, con máquinas capaces de mantener una conversación decente con los muy ocupados-en-sus-asuntos-íntimos, también llenos de cortesías por todo. Pero al llegar a la entrada, vi algo que no esperaba ver: las indicaciones en caligrafía kanji, y dos puertas, una claramente para mujeres, la otra para hombres. <div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/925t.jpg" title="Tokio" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/924.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Crucé el umbral guiado por la figura masculina junto a la puerta (que me indica siempre y en cualquier parte del mundo que no estoy entrando en el lugar equivocado) y mi sorpresa ocurrió adentro: dos mujeres se retocaban en el espejo sobre los lavabos, y detrás de ellas, en uno de los cubículos, percibí un movimiento de faldas que se subían y se acomodaban. Mi presencia, para estas mujeres pasó inadvertida. Yo realmente estaba tan incómodo que se me fueron las ganas. Y en esa confusión de segundos apareció un hombre, que tras subirse la bragueta del pantalón, se hizo espacio entre las dos mujeres para lavarse las manos. Enseguida de los cubículos estaban los urinales, al fondo. Realmente confieso que tuve que esperar a que el cuarto quedara libre de mujeres para poder hacer lo mío. Sencillamente, falta de costumbre.</p>

	<p><br />

La Torre de Tokio es quizá el souvenir más kitsch que la ciudad le ofrece al turista: una vulgar imitación de la torre en París. Pero en Tokio, nadie puede perderse de la vista del Palacio Imperial (abierto solo dos días al año al público), desde el puentecillo Niju-bashi, muy cerca. O disfrutar de la auténtica y ritualista ceremonia del té en los Jardines Orientales, a los que se llega por la hermosa puerta Ote-mon. Está el mercado de Tsukiji, el de pescado más grande del mundo (y muy organizado), y luego el palacio Hama Rikuy adyacente. El barrio de las librerías, Jimbσ-cho, será una fiesta para el experto en japonés e interesado en los clubes culturales de la ciudad. Si se pasa por el parque Ueno-kσen, la última trinchera del shogunado Tokugawa en 1868 (el mismo año, por cierto, que comenzó la guerra cubana), podrá apreciarse el arte natural más sublime de todos, el “hanami” o florecimiento de los cerezos, a mediados de abril. En el barrio de Asakusa, se encuentra el templo budista más completo de Tokio, el Sensσ-ji, con su Buda Kannon dorado, invocación ésta de la piedad, que de acuerdo a la leyenda, en el año 628 dos pescadores rescataron del mar en sus redes.</p>

	<p>Pero Tokio es mucho más: cuántos no pagarían porque se les ofreciera en la calle un Rolex falso, o ver desde afuera al monje budista comiendo una hamburguesa en el McDonald’s… o incluso, en el enfrentamiento antiguo-moderno, la mujer de mirada conservadora vestida en su kimono decorado y elegante, probándose un par de zapatos en la tienda de Prada. Lo importante no es dejarse llevar mucho por los ruidos y minorizarse bajo las luces de neón: Tokio verdaderamente es una colección de imágenes que solo se conservan con suficiente memoria, o al tener siempre la cámara lista. Y al final, el viaje merece la pena.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/926.jpg" title="Tokio" /></div>Lo más sorprendente de Tokio son los contrastes: como el panorama, en su monotonía, también puede cambiar de lugar a lugar. Aún me veo doblar por una callejuela angosta, de tránsito peatonal, entre los rascacielos y el tráfico insoportable, y encontrar a media cuadra, una vieja casita de madera muy raída y agotada con jardines absurdos de tierra verdadera, y luego la visión de la dueña, ya entrada en años, vistiendo de kimono y geta, barriendo apaciblemente la acera.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2007-11-04T09:07:57Z</published>
		<updated>2007-11-04T09:06:01Z</updated>
		<title type="html">El Dorado</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2007-11-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/6c4ef29c0e6a68c54b342da15b667862</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Fue un aborigen que, estando en Quito, comentó que en las antiguas tierras meridionales de Chiminigagua, había un príncipe que lanzaba toneladas de oro en ofrenda a los dioses de la laguna. Los conquistadores españoles ya habían escuchado diversas historias, pero la posibilidad de que ésta sí fuera cierta revivió en su momento la búsqueda por la joya más importante de toda la conquista: ni el mundo azteca con sus grandezas ni el Imperio Inca se igualarían en su dulzura; se trataba de llegar al Fort Knox de la América precolombina, a los caudales de la enorme cultura Omegua. Don Gónzalo Fernández de Oviedo escribiría:</p>

	<blockquote>
		<p>“Preguntando yo por qué causa llaman aquel príncipe el cacique o rey Dorado, dicen los españoles, que en Quito han estado e aquí a Sancto Domingo han venido (e al presente hay en esta cibdad más de diez dellos), que la que desto se ha entendido de los indios es que aquel gran señor o príncipe continuamente anda cubierto de oro molido e tal menudo como sal molida […] Yo querría más la escobilla de la cámara deste príncipe que no la de las fundiciones grandes que de oro ha habido en el Perú o que puede haber en ninguna parte del mundo. Así que, este cacique o rey dicen los indios ques muy riquísimo e gran señor.”</p>
	</blockquote>

	<p>Por muchos años se creyó que los Incas se habían extinguido, y aún muchos legos persisten en esa creencia romántica de los últimos bastiones aislados y pobres de esta civilización en los Andes peruanos ya entrada la Colonia. Por el contrario, los Incas, a medida que avanzó la Conquista, huyeron primero retirándose a las estribaciones quiteñas y finalmente adentrándose en la selva colombiana, donde reforzaron esa enorme cultura tan buscada por los conquistadores, la Omegua, el corazón de la leyenda de El Dorado. Escribió el padre José Gumilla en el siglo XVIII:</p>

	<blockquote>
		<p>“[…] la copia y multitud de Indios Omeguas, Omaguas ó Enaguas, que se dice haber en aquel Pais, no la estrañará quien supiere, que de todo el Nuevo Reyno de las Provincias de Quito y de las del Perú, viendo aquellas Naciones, que no tenian fuerza para resistir á los Conquistadores, gran número de gentes de ellas se retiráron á los Andes y á aquella cordillera de Serranías, que divide los Llanos inmensos de que hablé ya de los Reynos de Bogotá, de Quito y del Perú.”</p>
	</blockquote>

	<p>Los primeros historiadores y misioneros que dejaron muchísimas crónicas, desvirtuaron y ocultaron en gran parte la existencia de El Dorado, el verdadero lugar de escondite de los Incas en el exilio. Uno de los cronistas que principalmente alimentó la fiebre por las mayores reservas de oro entre los aborígenes americanos y con doble intención fue Fray Pedro Simón, quien detalló con gran rigor que un príncipe o cacique de las verdes y frías sabanas de de los ríos Sopó y Tibito, se hacía frecuentemente una ceremonia religiosa, cuyo altar era una balsa dorada y llena de esmeraldas que se ofrecía en una laguna. Aquél era El Dorado que atrajo a Belalcázar, Pizarro, Espira, Federman y Jiménez de Quesada, y del que encontraron algunos solo la muerte.</p>

	<p>Con los años, a medida que entre los cronistas se asentaron las demás leyendas, como la del lago de Oro de Parima en las estribaciones sureñas colombianas más antiguas junto al Amazonas, o la ciudad Manoa del Dorado (la gran capital del segundo imperio Inca que aún se busca), el área inicialmente señalada por Fray Pedro Simón perdió vigencia. Sólo fue hasta 1856, cuando una expedición arqueológica por los Andes colombianos condujo al maravilloso hallazgo en el pueblo de Pasca de la famosa balsa dorada muisca, de aproximadamente 10 centímetros de alto y 19 de largo, en la que se aprecia el príncipe o cacique chibcha y diez hombres detrás de él en actitud ceremonial. Sin duda alguna, los rumores del “rey dorado” que los hombres de Belalcázar y algunos otros aborígenes llegados a Quito desde las tierras de Bacatá (hoy Bogotá) difundieron, tenían fuerte sustento. Tras el hallazgo, se intensificó el interés por la búsqueda de aquel territorio mítico y áureo tan perdido, pero ya no en las cordilleras andinas, sino en las llanuras del Orinoco y el Amazonas, parte de la antigua plataforma de la Guyana. </p>

	<p>Visité de nuevo el originario mundo de la leyenda tras una invitación a comer en el moderno restaurante del Museo del Oro en Bogotá. Tras el postre, decidí subir y echarle una mirada a la exhibición, que en mucho tiempo no había vuelto a ver. Y allí estaba la famosa balsa dorada, tan pequeña que tuve que inclinarme para detallarla rápidamente y de manera muy concentrada ante la presión de los demás turistas. Nuevamente se había despertado en mí la inquietud. La narración original de la leyenda de El Dorado, que tuvo lugar en la Laguna de Guatavita, está en “El Carnero”, de Juan Rodríguez Frayle, y data de 1636:</p>

	<blockquote>
		<p>“La ceremonia que en esto había era que en aquella laguna se hacía una gran balsa de juncos, aderezábanla y adornábanla todo lo más vistoso que podían; metían en ella cuatro braseros encen­didos en que desde luego quemaban mucho moque, que es el zahumerio de estos naturales, y trementina con otros muchos y diversos perfumes. Estaba a este tiempo toda la laguna en redondo, con ser muy grande y hondable de tal manera que puede navegar en ella un navío de alto bordo, la cual estaba toda coronada de infinidad de indios e indias, con mucha plumería, chaguales y coronas de oro, con infinitos fuegos a la redonda, y luégo que en la balsa comen­zaba el zahumerio, lo encendían en tierra, en tal manera, que el humo impedía la luz del día. A este tiempo desnudaban al heredero en carnes vivas y lo un­taban con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo y molido, de tal manera que iba cubierto todo de este metal. Me­tíanle en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. En­traban con él en la balsa cuatro caciques, los más principales, sus sujetos muy aderezados de plumería, coronas de oro, brazales y chagualas y orejeras de oro, también desnudos, y cada cual lle­vaba su ofrecimiento.”</p>
	</blockquote>

	<p>Guatavita es una población a más de 1 hora y media de distancia al norte de Bogotá. Hay acceso por dos autorrutas, una a través de las montañas, muy rural, la otra por la planicie verde de la sabana. En la silla trasera del coche, llevaba mi libreta de apuntes sobre el tema, y algunos mapas entre antiguos y nuevos. Tomé deliberadamente la ruta más larga, por la planicie, para no negarme las vistas de la antigua civilización chibcha en su valle ceñido por los Andes y marcado por los numerosos lagos. Por momentos, me sentía como debió haberse sentido, por ejemplo, Walter Raleigh mientras navegaba por el río Orinoco, contento y decepcionado a la vez por sus hallazgos.</p>

	<p>La altiplanicie que circunda la carretera está llena de casitas y signos americanos de vida por todas partes (estaciones de Mobil, restaurantes McDonald’s, un Makro enorme, etc.) y ya sobre el verde oscuro de los bosques, que escalan hasta las cimas de las montañas, a veces se suceden jardines esmaltados de gramíneas hasta laderas bajas y peñascos erectos, pero de repente el valle se abre y las montañas se hacen lejanas. Se trata de una zona que, primero fue mar y luego lago. A más de 2,600 metros de altura, la autopista sobre aquella llanura asciende poco a poco.</p>

	<p>Mientras el coche rodaba por el pavimento, imaginé las peregrinaciones de los aborígenes chibchas, que a lo largo de todo ese valle cuyas montañas habían sido modeladas por los vientos y las mareas prehistóricas tenían varios santuarios, cada uno de acuerdo a su fiesta particular: la diosa del agua, madre de la vida; la divinidad de la tierra, el dios sol. Todas las poblaciones que lentamente aparecen en la carretera llevan nombres de la antigua lengua de los primeros pobladores; el paisaje es frío, y se refuerza con la presencia de los bosques de pinos, cauchos nativos, higuerones, álamos, robles, guayacanes, o a veces los gaques y el cucharo. La visión es hermosa e inevitablemente lacustre, pero sin agua. Los pobladores chibchas que encontraron allí los españoles, eran pacíficos, sencillos, benévolos: fue el mundo natural, sin duda, lo que modeló una mentalidad imaginativa, un idioma metafórico. De las enormes lagunas interconectadas del siglo <span class="caps">XVI</span> ya quedan apenas unos cuantos lagos, hoy convertidos en embalses. En ciertos parajes, entre laguitos y humedales, aún se escucha la rana cantar, una rana que sobrevive en las bajas temperaturas, y que está extinta. Estaba embelesado: estas gentes habían perdido el contacto poético con el agua y con ello refundieron su sociología propia.</p>

	<p>En un punto, llamado La Caro, se abandona la autopista principal, y se toma una carretera muy de vereda que pasa por dos poblaciones pintorescas: Briceño, completamente dedicada al agro, y Sopó (un nombre aborigen que significa “piedra o cerro fuerte”), en cuya Iglesia del Divino Salvador se encuentran los 7 óleos sobre tela del siglo <span class="caps">XVII</span> más complejos y hermosos de toda Hispanoamérica. Cada óleo representa un arcángel, y nadie ha podido determinar quién fue su autor. Los alrededores de Sopó son bellos, llenos de pinos y aromas de, como se dice, “los bosques nublados”. Hay muchos hatos, vacas de Holstein y de Jersey por aquí y por allá, y está la fábrica de lácteos más importante de la Sudamérica meridional, Alpina, siempre a rebosar de visitantes.</p>

	<p>Una vez se deja Sopó, se sigue por una vía a veces inhóspita bordeando estribaciones del antiguo lecho marítimo hasta Guavio, y poco después, se aprecia el enorme Embalse de Tominé por la carretera escénica. Finalmente aparece el poblado de Guatavita, que es realmente nuevo, pues el primer asentamiento estaba un poco más allá, en dirección de las aguas del embalse, desde 1771 hasta 1967, cuando el pueblo se trasladó a su actual posición. Debajo de las aguas oscuras y apacibles del Tominé, se encuentra el pueblo original.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/887t.jpg" title="Gustavita" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/887.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=540,height=720,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Pero la Laguna de Guatavita no es el embalse, ni fue absorbida por éste: se encuentra al oriente del nuevo pueblo, y se llega a ella tras un viaje entre los pliegues de las montañas. Es un lugar hermoso. Los Muiscas, aborígenes fundadores de la región, la consideraban “el ombligo del mundo”. Y en efecto lo es: se trata de un óvalo no muy grande entre labios verdes de montaña, detrás de los cuales, a menos que el cielo esté despejado, solo se ven las nubes. Las aguas son de un verde oscuro, y es probable que sea porque en ellas se refleja al mismo tiempo el cielo borrascoso y la vegetación. Cuando los Conquistadores la vieron por primera vez, era mucho más hermosa, no tan afectada como está hoy por el cambio climático y la erosión: se trataba de un verdadero espejo, la puerta entre la vida y la muerte, el lugar de los sacrificios de oro en toneladas. En la superficie no hay movimiento alguno, salvo cuando el viento sopla fuerte de Oriente y riza suavemente las aguas, pero dura poco. En los alrededores, abundan pajarillos de todas suertes, copetones, siriríes, parameros, mirlos, azulejos, petirrojos y canarios indígenas que llenan el aire con su canto. El aire huele a pasado e identidad.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/888t.jpg" title="Gustavita" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/888.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=600,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Guatavita traduce “remate de cordillera”, y era uno de los santuarios del antiguo pueblo que le dio su nombre. Hoy, es un santuario natural del hombre moderno, y está protegida por la ley forestal. Desde que se difundió la leyenda de El Dorado, muchos fueron e intentaron extraer el oro de sus profundidades, que son espesas y carentes de luz. Entre los lunáticos que propusieron su desecación, están en los años de la Conquista el capitán Lázaro Fonte, Hernán Pérez de Quesada (que logró extraer de 3 a 4 mil pesos de oro fino), Antonio de Sepúlveda (quien en 1562 encontró un botín de 12 mil pesos en esmeraldas y oro), y a principios de siglo, el británico W. Cooper rescató varias piezas de oro y cerámica, que hoy se exhiben en Bogotá.</p>

	<p>Sin embargo, todos ellos se habían equivocado: las leyendas nada darían, ni siquiera aquélla sobre la segunda capital del Imperio Inca, más dorada que el mismo sol; el verdadero Dorado que los aborígenes comprendieron mejor y con tan poca cultura (según dicen), no era el oro, que para ellos servía apenas para sus ritos religiosos y algunas actividades comerciales; era el mapa geográfico, aquella tierra que los dioses les habían regalado, tan fértil que daba sus frutos con solo extender una mano, y era la fuente de los millones de animales de caza de los que se alimentaban, al igual que los peces (el “capitán” era uno, y ya está extinto). Las aguas de estas lagunas todas interconectadas por pasos fluviales subterráneos desembocaban en el río Bogotá, la arteria de agua dulce principal de la próspera sabana, hoy de corrientes venenosas y de muy mal olor.</p>

	<p>El viaje al corazón de la leyenda más fabulosa del Nuevo Mundo había terminado, sin que quedaran muchos interrogantes abiertos. Mientras caía la tarde en el espectacular crepúsculo muisca, imaginé como en el campo de aquellos seres primigenios, sembrado de maíz, ondulaban las espigas; vi los surcos paralelos hacia la vera del pantano, donde florecían los papeles como un tendido de azulejos. También estaban las hibias de un verde tierno, macollando en tupidos matorrales. Y en las ondulaciones abrigadas del terreno, encontré las eras de arracacha, con sus hojas crespas, brillantes y moradas; la quina en arboladuras rojizas, los arbustos de ají, pepinos y tomates, las notas de alegría de aquel paisaje solemne y esplendoroso, que el buen dios Bochica había creado para la felicidad de los hombres.  El Dorado verdadero.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2007-10-04T10:17:49Z</published>
		<updated>2007-10-04T10:28:47Z</updated>
		<title type="html">La tierra de sagas</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2007-10-04:77c262b7562572606450a68115f67ab6/726acd3be034541530ab308453c4deb1</id>
		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Hubo un tiempo, dicen los viejos hechos, en que los únicos visitantes extranjeros que llegaban a Islandia eran geólogos y pescadores. Durante sucesivos veranos, los viajeros preferían apiñarse en Miami o Canarias, aunque a veces llegaban hasta la República Dominicana o Bali. Sólo hasta hace poco, muchos se han animado a tomar rumbo polar cuando el sol mejor y más brilla en el año, y aunque un nuevo interés ha surgido por la antigua isla de las sagas nórdicas y las leyendas paganas, todavía los billetes aéreos de Icelandair no bajan de precio.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/794.jpg" title="Islandia" /></div>Islandia quizá no sea el destino familiar perfecto: sin Mickey Mouse o cruceros de lujo con atracciones infantiles, ciertamente puede todavía explotarse como la tierra de los Smurfs… aunque, ¿aún quién los ve? El punto es que, por mucho tiempo, Islandia fue sólo el sitio de escala de muchos aviones que viajaban entre América y Europa, y al aterrizar tampoco nadie nunca quiso bajarse. Pero hasta hace poco.</p>

	<p>Volar bordeando el Círculo Ártico siempre es borrascoso, espeso, a veces ligeramente turbulento. Pero de pronto, entre las brumas, aparece una plataforma de tierra, recortada como una chuleta, con campos verdes y a veces la visión de un glacial. Luego, a través de la bahía, el avión parece embestir a Reykjavík, el poblado de puntos multicolores que de lejos se observa.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/795.jpg" title="Islandia" /></div>¿Cómo uno puede interesarse por un país tan remoto como Islandia? Primero, en mi caso concreto, a través de los gnomos de las historias que leía de chico. Más adelante llegó Björk y, un tiempo después, Halldór Laxness, con sus novelas. Pero aunque me atraía, Islandia aún no lograba seducirme. Fue hasta que descubrí un antiguo libro con las dos sagas nacionales del país, las de Njáls y Hrafnkels, y fui invitado a la ártica casa de madera rodeada de un jardín con flores (que en vez de levantarse junto a un río o lago de aguas heladas está en uno de los barrios más suntuosos y por ello sorprende), que es la embajada de Islandia en mi ciudad donde vivo. Así, y con una breve motivación por parte del funcionario consular nacido en Stykkishólmur (cerca del lugar donde el profesor Hardwigg y su sobrino iniciaron su “Viaje al Centro de la Tierra”), decidí viajar.</p>

	<p>Las impresiones de quien regresa de esa enorme isla de hielo y volcanes son siempre diversas: Reykjavík, la capital, es pequeña, pintoresca, rodeada de pequeñas formaciones geotérmicas típicas del lugar, en una bahía de aguas oscuras y tranquilas, con una tendencia a embotellamientos en algunas calles, especialmente cuando se espesa el clima. Casi todo el mundo es amable y habla inglés, quizá porque un gran número de sus habitantes nació o vivió mucho tiempo en otro país, y uno sospecha que la mayoría ni una cosa ni la otra. Para ser una ciudad tan chica, tiene muchos restaurantes, almacenes modernos (el Kringlan Mall es un ejemplo), su propio Hard Rock Café y una sensación de seguridad excesiva. Cerca de la bahía hay puestos de hot dogs publicitados por Coca-cola, y la vida nocturna comienza después de la medianoche.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/796.jpg" title="Islandia" /></div>Por las tardes, entre sol y mal tiempo, las aceras se llenan de madres con sus hijos, y muchos de estos chiquillos en el frío del verano llevan puestos shorts y camisillas muy ligeras. Me llamó la atención que ninguno de ellos tuviera un mal estado físico, como sucede en muchos países donde la alimentación se constituye de Trans y almíbares (de lo que muy poco hay en Bonus, el supermercado local). A la pregunta, un lugareño amablemente me explicó: en la educación islandesa, prima la enseñanza de la natación como la historia y la matemática. Aunque nadie nada en el mar ni en los lagos (morirían en el acto), Islandia tiene todo un sistema de piscinas públicas y al aire libre, humeantes, hervidas por la naturaleza misma (Blue Lagoon es uno). No se aleja mucho uno de Reykjavík cuando comienzan a aparecer los vapores y humos.<br />
Todos los poblados de Islandia se parecen, no hay grandes diferencias entre uno y otro. Aunque hay algunos villorrios inmundos, básicamente de pescadores, y lo digo por la forma como el hedor de peces muertos y el fango se agolpa bajo las casas, y el escenario alrededor tampoco les favorece. Pero uno ha venido a Islandia no por los pueblos, sino por las vistas, que son espiritualmente sublimes.</p>

	<p>Las carreteras son las más solitarias del mundo (más que las sudafricanas o australianas), y quien se detiene en la berma a contemplar el paisaje y demora bastante, podrá darse cuenta que cruza un coche cuando más cada hora. De tanto en tanto, aparecerá una casita muy alejada de la carretera, en el fondo del campo de visión entre la hierba y la costa rocosa; y si está bastante cerca, merece la pena echarle un vistazo con lupa: las piedras negras que rodean la casa, los parterres de botoncitos coloridos, las cuerdas de colada de las que ahora cuelga el pescado, tan fresco como fue capturado el día anterior, si no vivo.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/797.jpg" title="Islandia" /></div>Hacia el sur de Reykjavík la carretera se hunde y luego levanta nariz en las faldas del Snaefell, en la región del Lónsöraefi. Pero para llegar allí, se ha tenido que cruzar media porción de isla, un viaje que comienza en la pastoril Selfoss, con todos sus hatos lecheros, y sigue hasta los valles de Pórsmörk, con sus bosques espesos y cañones que descienden de picos glaciales donde el viento, con su aúllo, parece llevarte a remo en una travesía vikinga de otrora. Los pinos de Pór es una de las áreas más bellas del mundo polar: por momentos, cuando los troncos musgosos desaparecen, se abren valles completamente encendidos en flores bajo una hierba exuberante que rematan hasta riachuelos salvajes y faldas veteadas de hielo… y la catarata Gullfoss, una de las imágenes naturales más hermosas del mundo.</p>

	<p>Los caminos aislados de Islandia son difíciles, y a medida que uno se aleja en el interior del país, se encuentra con senderos sucios que llevan hasta parajes innominados a los que sólo se llega en 4&#215;4.  Y por instantes, en esos parajes bañados de sol y velados por una ligera niebla, el viajero se encuentra rodeado de rocas enormes y redondas, como meteoros, que llegaron allí a fuerza de gravedad desde la alta montaña. Hacia el norte, las carreteras pavimentadas se convierten en cintas largas que suben y bajan y doblan y zigzaguean sobre la superficie de una enorme ballena orca, y de vez en cuando, las cimas de las suaves colinas se cubren de un verdor que se asemeja a las algas marinas, escurridizas y frescas, donde anidan las alcas.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/798.jpg" title="Islandia" /></div>Algo sorprendente de Islandia es la visión de sus cielos: donde uno menos lo piensa, surge una pared imaginaria que separa un negror de fondo de un sol profundo en el frente, o un rosado derretirse del día y veteado de púrpura más allá de una nuca hermosa por un blanco completo, totalmente blanco, de los paisajes de páramo muy escoceses que en Islandia son mucho más sublimes. Allí, el aire se carga de skyr, agrio o dulce. Esos cielos son los mismos que gozan de dos estaciones al año: el verano, que comienza el 25 de abril; y el invierno, a partir del 25 de octubre. Y de vez en cuando, al borde del principio de una planicie extensa, sopla un viento que quiere arrancar de la tierra las ovejas y los carneros, y que pica las aguas del océano.</p>

	<p>Quien vaya a Islandia en el verano encontrará postales de todo tipo: desde las nieves implacables en el norte hasta el mullido corazón de la isla donde el verde renace, o las costas lejanas, azotadas por alguna tormenta, donde las olas lamen esa arena negra como ala de cuervo, y que solo es posible ver en su dimensión desde un risco o lo alto de una cañada, con la playa en medio, allá abajo, llena de hielo.</p>

	<p>En Islandia, ya no se habla tanto de nomos y enanos mágicos, pero en sus montañas volcánicas aún duerme la voluptuosa Brynhildur, mientras quien la contempla recibe el guño de Lofn, aquella visión antigua que llega hasta Dinamarca.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/794t.jpg" title="Islandia" /></div>Hubo un tiempo, dicen los viejos hechos, en que los únicos visitantes extranjeros que llegaban a Islandia eran geólogos y pescadores. Durante sucesivos veranos, los viajeros preferían apiñarse en Miami o Canarias, aunque a veces llegaban hasta la República Dominicana o Bali. Sólo hasta hace poco, muchos se han animado a tomar rumbo polar cuando el sol mejor y más brilla en el año.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2007-09-04T08:42:23Z</published>
		<updated>2007-09-03T12:54:33Z</updated>
		<title type="html">Sudáfrica</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/735t.jpg" title="Sudáfrica desde el aire" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/735.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=533,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div><span class="caps">DESDE</span> <span class="caps">ARRIBA</span>, en verano, Sudáfrica es tan parduzco como si estuviera cubierto por muchas mantas sucias. Los cielos son infinitos, y las montañas asumen un verde oscuro casi azulado con el relumbre de la estación. Pero pronto, los campos se antojan como esas figuras simbólicas de los abalorios de tela zulúes, y de repente desaparecen los valles baldíos y surgen los primeros y distanciados focos de civilización. Así, en la creencia simbólica de los Nguni, Sudáfrica es sin lugar a dudas noche (negro), azul (anhelo), fuga (azul oscuro), marrón (desesperación) y paz (verde).</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/740t.jpg" title="Sudáfrica" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/740.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=533,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Sudáfrica es un país que merece ser recorrido por tierra. Por ejemplo, si se viaja desde Tzaneen a Pietersburg en la Provincia Norte, el viajero descubre una enorme estrella de David dibujada en una de las caras de la montaña: se trata de la señal que advierte de la sede mundial de la Iglesia Zion Cristiana, que allí tiene su origen (y sus 7 millones de creyentes). O también es factible, si se corre con suerte, en algún camino vecinal de Mpumalanga, encontrarse con un tímido y evasivo Tragelaphus scriptum, y dos o tres de sus símiles muy cerca, siempre contemplativos pero muy alertas. Para hacer contacto con la rica fauna sudafricana, no es tan necesario dirigirse al Parque Nacional Kruger &mdash;sólo si no se dispone de tiempo. En efecto, uno de los grandes problemas, según se me informó hace ya muchos meses durante mi visita, es que Sudáfrica es un país de elefantes, a diferencia del resto de África, donde ya ver uno en su albedrío es casi un encuentro milagroso. En Sudáfrica hay tantos, que llegan a considerarse también una comunidad que amenaza al resto en términos de número.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/737t.jpg" title="Sudáfrica" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/737.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=533,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Pero quien se mueve por las carreteras sudafricanas aún hoy puede enfrentarse a unos cuantos problemas como rezago del Apartheid, que lentamente comienzan a superarse. Comunidades negras no figuran todavía en algunos mapas, y quien sigue muy de cerca alguna carta no sabrá si ha tomado el camino equivocado o si acaso el cartógrafo decidió no anotar algún pueblo. Sin embargo, viajar en minibús puede ser una alternativa distinta, y sigue unas reglas muy particulares. Primero, hay que tener claro que transportan a los sudafricanos de las aldeas donde viven a los pueblos donde trabajan, así que puede ser un viaje bastante representativo con faldas coloreadas, roce de piernas y multitud de olores. Las mujeres, que siempre cargan cantidades de equipaje, se sientan en la primera fila, detrás del conductor. El pasaje se paga con monedas, no con billetes, y los que van en la primera fila son quienes recogen el dinero y dan el cambio. Quien se sienta junto a la puerta del minibús tiene la función de abrirla y cerrarla. Y quien quiere apearse, no dice “¡Alto!” o “Deténgase por aquí”, porque el código indica que se señala el sitio donde el chofer debe detenerse con un “Thank Youu!”</p>

	<p>Si uno renta un coche para guiarse por las hermosas carreteras rodeadas de paisajes únicos &mdash;dulas doradas cuyas hierbas ondean en el viento bajo el ceño lejano de montañas azules&mdash; verá que los coches zumbantes que se rebasan unos a otros operan una especie de código de luces, y cada grado de intensidad de las farolas dirá siempre un “gracias” o un “de nada”. Algo de lo más sorprendente es que, en medio de la nada, de repente cuando la carretera desciende tras una trepada, aparece una multitud de sudafricanos que, en efecto, muestran sus dedos pulgares “asking for a lift”. Las distancias, que en un país como Sudáfrica son tan enormes, conllevan a que en la era del post-Apartheid se forjen algunos lazos de solidaridad que, sin embargo, los rezagos de la discriminación amenazan todavía con destruir. </p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/739t.jpg" title="Sudáfrica" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/739.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=535,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Ciudad del Cabo es fabulosa. Es una ciudad con la típica arquitectura holandesa que uno ha visto en las Indias Orientales y la modernidad Occidental. Creo que hay muchas cosas que hacer, muchas playas y lugares entre piedras que parecieran moldeadas, y atestadas de pingüinos o focas. Sin embargo, quien busque la sorpresa en las comunidades, tendrá a los musulmanes del Cabo, una serie de descendientes de esclavos y presos políticos que los holandeses se cargaban desde Indonesia. El Círculo de Karamats se compone de tumbas de más de 25 santos de origen indio o malayo casi “Made in South Africa”. Uno de ellos, cuya lápida me sorprendió, fue la de Sheik Yusef, un exiliado proveniente de la Batavia que arribó al Cabo en el siglo <span class="caps">XVII</span>. Según cuentan, durante el viaje la tripulación del barco se vio corta de reservas de agua dulce y Yusef sin más convirtió el agua del mar en agua bebible y así compensó la escasez.</p>

	<p>En Ciudad del Cabo, el clima se mide por Table Mountain, una montaña que si los griegos la hubieran visto primero, sería hoy la del picnic de Zeus y sus socios. Table Mountain se ve desde cualquier punto de la ciudad. Su cúspide sin embargo se llama la Cabeza del León, y extrañamente en verano no se deja ver. Todo lo contrario, termina cubierta por una nube espesa que localmente se conoce como “el mantel”. Algo que sí puede atraer la atención del caminante por la ciudad, es la cantidad de señales que advierten a todos por igual de no alimentar los mandriles, que tienden a invertir los papeles. Al menor descuido, estarán los mandriles dentro del coche y los pensantes fuera de él. </p>

	<p>Cerca de Ciudad del Cabo, los amantes del vino tienen la región de vinerías del Stellenbosch, compuesta por los viñedos de Blaauwklippen (de más de 300 años de antigüedad), Hartenberg (en la carretera de Koelenhof a Kuilsrivier, establecido en 1692), Morgenhof y los Vinos Neil Ellis, en el bello valle Jonkershoek. Y quien quiere aventurarse más aún por las preciosas comarcas aledañas mejor debe saber algo del Afrikáans, esta lengua tan pluralista en sí, hablada por 6 millones, la mitad negros. El “Hallo” es bien alemán (como el “Dankie”), pero ya la cosa se complica con palabras más complejas como “Goeienaand, mevrou”. No obstante, muchos términos suenan como inglés escritos, pero una vez pronunciados, pertenecen a otro mundo. Confieso que me encantaba ver a los locales hablar en su idioma, la forma como movían los labios, la curva de la entonación: “sestien” por “sixteen”, o “Wat” por “what”, o “Dogter” por “daughter”… </p>

	<p>Una de las cosas más impactantes de Sudáfrica, y de la cual fui informado en Johannesburgo, es el idioma Apartheid traducido en adjetivos que aún se conservan. En Estados Unidos, siempre nos han advertido que utilizar la palabra “Nigger” puede ser un enorme problema, pero en Sudáfrica, esa misma palabra (kaffir) es cien veces peor, y por obvias razones. Los blancos dicen que, si uno es muy bondadoso con alguien de color, termina siendo un “kaffirboetie” (en Memphis dirían “nigger-lover”), o en un puesto de refrescos auspiciado por Fanta al borde de una autopista meridional alguien se referirá a los sureños como “soutpiels”. Un grupo de jóvenes negros cuya ambigüedad despierta malos pensamientos y una amenaza, es “swart gevaar” y, oye blanco, salte mejor de su camino. </p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/736t.jpg" title="Sudáfrica" /><div class='piefotoldn'><small> <a target="_blank" href="https://librodenotas.com/images/736.jpg" onclick="window.open(this.href, 'popupwindow', 'width=800,height=533,scrollbars,resizable'); return false;">Ampliar</a></small> </div></div>Johannesburgo es otro mundo más próximo a África, y el Soweto aún después de Mandela me parece a mí bastante impenetrable y poco llama mi atención. Sólo un amigo de la Universidad de Ciudad del Cabo me llevó al restaurante famoso donde comía Mandela, donde probé algo de biltong, waterblommetjie bredie, monkey gland sauce, kingklip, potjekos y vleis braaisvleis. Pero no sé de dónde salió tanta abundancia. Desde una calle enorme rodeada de feas y polvorientas cabañas, escuché de lejos los ladridos de perros, como si quisieran perder el sonido de sus gargantas. “Vienen de los barrios ricos”, me aclararon. “Nos huelen”. Los barrios ricos se codean con el Soweto. Poco después fui lanzado en ellos, en lo mejor de Jo’burg. Allí, pude ahogarme en el terror de los ladridos. Mi guía que era un blanco medio socialista y progresista comenzó de lejos a enseñarme los perros, unas bestias feísimas y muy altaneras, del otro lado de las rejas. También me dijo mi guía el chiste racista que poca gracia puede causarle al extranjero. “¿Sabe del tipo que cruzó un rottweier y una hiena? Pues esa bestia mordió un negro y se rió.” Sin embargo, para testimoniarlo, estaban a mí alrededor las varias docenas de “boerboels”, esta temible raza canina que asusta aún a todos. Según me informaron, el boerboel fue producto de los experimentos científicos de los pro-Apartheid, una perfecta mezcla entre sabueso, doberman y rottweiler. El animal, con su expresión engañosamente apacible y gigantesca, tiene el peso de un hombre y es desde cachorro entrenado para matar. Apenas a uno lo ven los boerboels, se saborean los dientes y se inflaman. Su única función en el mundo natural es esa: matar lo que crea que es amenaza para su amo blanco.</p>

	<p>Pero Sudáfrica es mucho más, incluso que el Mundial del 2010: los paisajes hacen que los costosos tiquetes aéreos merezcan la pena. Una de las frases menos incendiarias de Coetzee se me clavó durante el viaje; aún no la he podido olvidar [traduzco]: “Mi secreto es lo que me hace deseable para ti, mi secreto es lo que me hace fuerte… Guardado en mi cofre de tesoros, cosido en sangre oscura, pernea contra su ciega ronda y no morirá”. The Heart of the Country.</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Max Vergara Poeti</name>
		</author>
		<published>2007-08-04T07:40:25Z</published>
		<updated>2007-08-02T22:35:05Z</updated>
		<title type="html">El Trabi</title>
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		<category term="Viajes" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p>Poco antes de que a ambos lados del muro, en los puertos de entrada, aparecieran las multitudes de berlineses esperando noticias del “Wende” desde cualquier dirección de la veleta y que luego ante la mirada impávida de los soldados cruzaran miles de Trabants triunfales entre el champán y la ovación, y el mundo supiera definitivamente que el “Die Mauer ist geffalt!” no tenía vuelta de hoja, una revista reciente a Berlín y mi memoria pudieron remontarme de nuevo al feliz final del invierno de 1989, donde un viejo amigo recobró toda su relevancia con colores plenos: el Trabi.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/702.jpg" title="Cartel RDA"/></div>Todavía en 1989, viajar a la <span class="caps">RDA</span>, la olvidada Deutsche Demokratische Republik, no era cosa sencilla. Los trámites (que en ese momento experimenté o viví indirectamente) eran engorrosísimos, comenzando por la visa de entrada (distinta a la de tránsito), que se tramitaba mínimo con varios días de anticipación desde Berlín occidental. Además, no era un viaje barato. A lo largo de «la línea de hierro» había varios puntos de cruce, pero las excursiones al otro lado del muro siempre tenían como paso principal e histórico al Checkpoint Charlie, igual de enorme a un paso de peaje, con sus tres controles del lado oriental que, si finalmente los lograbas vencer (por los trámites burocráticos) te lanzaba pronto en la Unter Den Linden (por la opaca Friedrichstrasse) y en lo mejor del silencioso Mitte.</p>

	<p><div class='fotoldnder'><img src="https://librodenotas.com/images/699.jpg" title="Desde el muro"/></div>Hace 18 años, a pesar del sol que trataba de sacarle rubores al socialismo, la primera impresión de Berlín Oriental fue la de una ciudad con pocos habitantes. Al menos muy cerca del muro, todo parecía moverse en puntillas. Ya no estaban las oleadas de caminantes del lado norteamericano, ni los torrentes de coches, largas ristras de puntos luminosos en la noche… El aire se sentía más grave, sentías más bien que habías como ingresado en un barrio periférico y olvidado de la verdadera ciudad. Los raquíticos árboles a lo largo de la Unter iban largamente hasta donde tu imaginación te llevara, y eran los mismos árboles por el mismo camino que el Gran Elector se había hecho construir para irse de caza al Tiergarten. Nuestra camioneta Ford avanzaba suavemente por las calles húmedas, por un mundo distinto al que conocíamos (nada más a juzgar por los coches y las modas), y de vez en cuando aparecía un Vopo, oficial tan formal, con su cinturón de un blanco que no se me olvida. En Alexander Platz  nos esperaban dos guías «ossies», cada uno con su coche de Citysight, que tampoco prometía mucho. Orgullosos se presentaron y nos presentaron sus Trabants, que junto a ellos parecían dos lunas de limón.</p>

	<p>Aún no me había liberado de mi primera impresión cuando ya tenía la segunda: las calles de oriente eran mucho más limpias. Incluso en los segmentos del muro que podías a veces ver, no había rastros de pintura de aerosol. Y luego, la tercera, que casi no me dio tiempo para nada más: el Trabant. Cuando nuevamente me veo dentro del Trabant, aún recuerdo las imágenes de la Gira 1990-1 de U2 por el bloque comunista: las imágenes de la televisión emergen de los archivos de mi mente mucho más frescas: cuatro Trabis cuelgan sobre el escenario como móviles mientras Bono canta debajo de ellos. En ese momento, había visto sillas bávaras de nomos, y muchos artículos raros en cuero, pero el Trabant parecía un verdadero juguete.</p>

	<p>Su lanzamiento coincidió con el Sputnik puesto en órbita, nunca viceversa. Era el orgullo Ossi. El modelo que nos guiaba por el camino era el célebre P-601, introducido en 1964. Un año antes de mi visita, se había puesto en marcha un nuevo modelo, el 1100, que era una liebre comparado con el P-601 (pero seguía siendo tortuga frente a los demás coches del mundo). Aún para marzo de 1989, dos fábricas producían Trabants por encargo: Zwickau y Sachsenring. Fábricas que, un año más tarde, cerrarían ante la invasión de los rápidos Golf, Kadetts, Polos y Bullis que se tomaron la <span class="caps">RDA</span>.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/701.jpg" title="Trabant"/></div>Pero ese país con coches occidentales no lo conocí en 1989. El que recuerdo es el país del Trabi. Cómodo en aquel entonces, hoy apenas pasaría por modesto, incluso ofensivo. La cáscara de color que cubría el chasis era dura y brillante, hecha de plástico que los orientales habían inventado mezclando papel, resina y algodón ruso. En los años 50, cuando había sido concebido, la escasez de acero había llevado a los ingenieros a batirse hasta sus últimas fuerzas con los recursos disponibles. Por ejemplo, el primer prototipo, que era de un cartón reforzado, jamás superó la prueba del aguacero y en eso quedó: en una sopa de engrudo. Pero el material final del Trabant fue novedoso para su época: “Duraplast”, paradójicamente el terror del reciclaje. Sonaba como una dínamo, aunque a veces parecía una máquina podadora de césped. No tenía válvulas, ni bombas, ni radiador, ni aire acondicionado. La refrigeración era toda natural. Cuando aceleraba demasiado, dejaba una breve estela de humo gris, y por fortuna nadie hablaba aún del Protocolo de Kyoto, y a nadie le importaba el smog.</p>

	<p>En un semáforo, el dueño aprovechó y nos mostró con orgullo el prodigio que, aseguraba, había sido inventado en la RDA: la ignición electrónica. Nadie dijo nada en ese momento, pero luego las carcajadas vinieron. Nuestro amigo había olvidado aquella graciosa máxima del conductor precavido del Trabant, que además de una llanta de repuesto, llevaba también un segundo motor.</p>

	<p>Más que entonces, hoy se sabe que los compradores de los Trabis tenían que esperar un promedio de 9 años para recibir su coche. Ahí, se ha coincidido, en la espera, estaba todo su valor. Y porque no había de otra. Sin embargo, mientras te llamaban de la fábrica para llevártelo a domicilio, servía si mientras podías ir acumulando repuestos…</p>

	<p>Numerosos chistes tenían al Trabi como su estrella central. En Berlín Occidental, te los contaban a menudo, demasiado “alemanes” para tu gusto. Uno era: “¿Cómo aumentas el valor de un Trabant? Pues llenándole el tanque de gasolina”. O también, “Quien iba a Zwickau en 1985 y hacía la orden de su Trabi color rojo, y le decían de inmediato la improbable fecha estimada de entrega: «lo recibirá a más tardar el 16 de febrero de 1996». Entonces el comprador respondía: «¿Por la mañana o por la tarde? Es que quiero saber, porque a las 4pm de ese día vendrá el plomero»”.</p>

	<p>Aquel coche capaz de recordarnos un Topolino, desde adentro se veía impráctico como un tractor. El tiempo ha revelado qué tan defectuoso era, pues frecuentemente en los semáforos alguien sacaba de su puesto la cabrilla o la palanca, o en el giro de alguna cerrada glorieta, hasta dos coches perdían sus llantas delanteras. Sencillamente en ese mismo sitio sus dueños las ponían de nuevo en su lugar. Siempre algo extraño sucedía.</p>

	<p>Los Wessis consideraban que el Trabant venía a la medida del opaco socialismo. Se rumoreaba que estaba hecho de papel y en invierno muchos coches se derretían, o que más que resina el Duroplast era puro papel maché…</p>

	<p>En fin, que es pequeño, ruidoso, contaminante y plástico no cabe duda. Pero mucho más que el muro, el Trabi para mí encarna sobradamente la comprensión de la nostalgia de la que los alemanes hoy todavía no se liberan. En Alemania, aún quedan más de 52,000 Trabants registrados. De vez en cuando, si se tiene suerte, se pueden ver varios juntos por la Autobahn (aunque ya no los dejan circular por el centro de Berlín). Muchos fueron abandonados, como casas y apartamentos, después del 9 de noviembre de 1989. Otros son esculturas, y uno que otro de vez en cuando sale a la venta por unos 5,000 euros. Pero conservan su orgullo, el mismo que mostraban junto a los feos Lada soviéticos y los Fiat polacos. Porque los tiempos han cambiado. Si vas por la Schlossplatz, hoy nadie te pregunta ya sobre la vida americana, ni sobre lo que se podría comprar en KaDeWe.</p>

	<p>Este año el Trabant cumple 50 años, y la celebración es completa en Alemania. Mi recuerdo de 1989, es de cuando era todavía el rey de aquel mundo llamado <span class="caps">RDA</span>. Tan plástico y tan perezoso como se veía… en la ropa podía dejarte un leve olor a gasolina tras un viaje … Y estos 50 años que se conmemoran con esta, mi Quinta nota de 2007, que coincide con las Bodas de Oro del primer coche plástico del mundo: el Trabi. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/701t.jpg"/><br />
</p>]]></summary>
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