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Transtornos del sueño por Purranki Sandongui

Purranki Sandongui ha colaborado antes con Almacén en su columna Zasnujismo. Además publica la bitácora 3l Potadero de Bleturge. Su columna aparece los viernes. Esta sección dejó de actualizarse en julio de 2008.

La realidad ya no es lo que era

Una de las características más fabulosas de nuestra flipante realidad es la incansable capacidad de que dispone para hacer las cosas verosímiles. Se sospecha de algún tipo de droga que se autosuministre el cerebro para poder creerse las cosas.

El pensar que la realidad es real es una cuestión de fe, y la fe no es otra cosa que un inmenso ahorro de pensamiento. Qué industrioso fabricante de cigüeñales no ha sufrido la típica crisis entre el cigüeñal número 218 y el 220 y ha pensado que realmente todo este asunto de los cigüeñales resulta empalagoso, que no cuadra, o algo por el estilo?

Es como si fuera lo contrario de un dejà vu. Miras por el ventanal la extensión ciudadana y le dices a tu sorprendido y coreano compañerito de ascensor: “todo esto pa qué?” entonces sales del ascensor y con tu puntero láser refuerzas los puntos fuertes de un powerpoint que hable de la almendra mediterránea, tratas de ignorarlo el resto del día, pero cada vez es más poderosa la idea de que esto es un guión, y además uno de los malos. Uno de esos en los que se ve claramente que el monstruo es de goma y lleva unas almohadas atadas a la tripa con una cuerda, y que los edificios son directamente tetrabriks de don simón con luces de árbol de navidad pintadas.

Y cómo distinguirlo de un edificio de verdad en el que hubiera un anuncio de don simón? Qué narices querrá decir don simón?

Y te vas preocupando de las cosas que pasan cada día, de cosas que tienen garantía de realidad porque salen en los periódicos, porque salen en el televisor. Confías ciegamente en el televisor, y yo te digo porqué. Hechos que afecten a más de un millón de personas, tienen más visos de ser reales, ganan en verosimilitud cuando cualquier otro criterio se ha ahogado por inhalación de monóxido. La deficiente combustión de lo real en lo real cuando no se añade nada más al fuego. La eterna mesa camilla de la sociedad del espectáculo. Necesitamos cosas que le pasen a la vez a un millón de personas. Olas gigantes, terremotos, copas del mundo de tenis. Cosas que sean al menos tan poderosas como para que un millón de personas se enajenen pensando que tienen algún tipo de importancia. La ansiada vacuna contra el surrealismo y el solipsismo. cualquier tarde dirás para tu sorpresa que tus ojos son joyas esponja y que te dan miedo los volcanes instantáneos a tu paso. Cualquier día empezarás a driblar entre el sueño y esa otra diáspora. Cualquier día empezarás a tener miedo de la pesadilla.

Purranki Sandongui | 09 de diciembre de 2005

Comentarios

  1. leyona
    2005-12-09 13:17 Me gustó mucho. Las palabras en la medida justa. El universo retratado.

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