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Traduttore, traditore por Elisabeth Falomir Archambault

Desentrañar significados ocultos, concebir el texto como espejo, invocar la palabra detrás de la palabra y desvelar palimpsestos: todo esto nos proponemos hacer los días 20 de cada mes. Elisabeth Falomir Archambault, traductora y otras cosas, hablará de etimología y corrientes traductológicas, descubrirá curiosidades sobre el oficio del trujamán e intentará desenmascarar a traductores y traidores.

El fabuloso caso del escritor polaco que se tradujo a sí mismo al español (sin saber español)

«Esta traducción fue efectuada por mí y solo de lejos se parece al texto original. El lenguaje de Ferdydurke ofrece dificultades muy grandes para el traductor. Yo no domino bastante el castellano. Ni siquiera existe un vocabulario castellano-polaco. En estas condiciones la tarea resultó tan ardua como, digamos, oscura y fue llevada a cabo a ciegas —solo gracias a la noble y eficaz ayuda de varios hijos de este continente, conmovidos por la parálisis idiomática de un pobre extranjero—».
Ferdydurke, prefacio para la edición castellana del autor, Witold Gombrowicz.

Desde su publicación en 1937, Ferdydurke había sido objeto de críticas que consideraban la novela de Gombrowicz poco más que una provocación estrafalaria: suponía, en contenido y continente, un enorme desafío a las convenciones narrativas y a la tradición literaria. Dos años después, en agosto de 1939, el autor fue invitado a visitar Argentina con motivo de la inauguración de la ruta de un nuevo transatlántico. Cuando llegó a Buenos Aires a bordo del Chrobry, Polonia había sido borrada del mapa, invadida por las tropas nazis de Hitler. Desorientado por el rumbo político que tomaba una Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial, Gombrowicz decidió quedarse un tiempo en Argentina, sin llegar a imaginar que aquello que prometía ser una corta estancia iba a convertirse en el exilio definitivo de Polonia.

Lejos de su patria, en una tierra de la que ignoraba incluso la lengua, Gombrowicz retomó la literatura y se propuso llevar a cabo él mismo, en 1946, la traducción de su única novela. La idea empezó a tomar forma entre un círculo de amigos, admiradores y amantes de la literatura con los que se reunía en cafés del centro porteño para charlar o jugar al ajedrez, y pronto prendió el entusiasmo. En ese ambiente desordenado y festivo, sin diccionario polaco-español, asesorado en por los poetas cubanos Virgilio Piñera y Humberto Rodríguez Tomeu, Gombrowicz intentaba avanzar, párrafo a párrafo, en la ardua tarea de autotraducirse. Apenas conocía el español, por lo que muchas veces el francés sirvió de lingua franca a varios de los asistentes a la tertulia, que sugerían y propiciaban nuevos cambios y reescrituras de la obra. La traducción comenzaba siendo literal e iba paulatinamente despegándose del original; cada palabra se sometía al juicio de la asamblea.

La versión final de esta curiosa labor traductológica comunitaria, fruto de largas tardes de debate en el Café Rex de Buenos Aires —entre otros—, fue publicada por la editorial Argos de Buenos Aires y sentaría las bases de otras ediciones en distintos idiomas. Gombrowicz se inspiró en esta versión pulida, por ejemplo, para la traducción francesa que también realizó él mismo con Roland Martin, un joven francés de Buenos Aires, y que firmaron con el seudónimo «Brone». La segunda traducción francesa, de Georges Sédir, basada en la edición polaca y por tanto traducida directamente de esa lengua, no se publicaría hasta 1973.
La versión que se maneja actualmente, reeditada en España por Seix Barral, vio la luz en 1964 e incluye un esclarecedor prólogo de Ernesto Sabato y una nota sobre la traducción del propio Gombrowicz.

Por tanto, leer Ferdydurke en español no es leer una traducción del texto original en polaco, sino una recreación comunitaria de la novela perpetrada por Gombrowicz (y compañía). La singular metodología seguida en el proceso de traducción añade al texto una sensación de extrañeza que no hace sino incrementar el desconcierto que la novela misma pretende producir: esa perplejidad, ese asombro primigenio ante la literatura se logra así por partida doble. Las excepcionales circunstancias de la traducción de Ferdydurke lo son aún más, si cabe, dado que vienen a reafirmar el carácter excepcional del texto, como un guiño cósmico lanzado a la posteridad.

Elisabeth Falomir Archambault | 20 de agosto de 2013

Comentarios

  1. santi viteri
    2013-08-23 20:15

    ¡Qué gran historia! Habrá que leer Ferdydurke.



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