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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Editoriales, libro digital y abuso

Una de las editoriales más potentes en el terreno LIJ del ambito hispano acaba de enviar un correo electrónico a sus autores (escritores, ilustradores) anunciándoles su próxima entrada en la edición digital y pidiéndoles su consentimiento/aceptación del mismo contrato que habían firmado para la edición en papel. Se considera una apuesta por entrar en esta nueva oportunidad de negocio, en un mercado que está todavía dando sus primeros pasos. A los autores se les dejan claras las líneas principales de actuación:

  • En primer lugar se les tranquiliza: su obra no podrá ser compartida ni copiada.
  • Se opta por dos vías: por un lado, la inclusión de una serie de libros en un lector electrónico de próxima salida, con formato exclusivo y del que no se podrán descargar los libros; por otro, la distribución de los libros en plataformas como Libranda.
  • La aceptación de los mismos derechos que percibían por la edición en papel, a saber, el 3% los ilustradores y el ¿6%? los escritores.

Los autores contestaron al correo de la editorial mostrando su desacuerdo con que se mantengan los mismos derechos, pues como recomienda el Observatorio de la Ilustración

Las regalías pactadas por descarga deberán ser superiores a las pactadas para el libro en papel, de forma tal que aunque el precio de la descarga sea menor que el del libro en papel, el escritor o en traductor no vean mermados sus ingresos por tal concepto. Estimamos que en el caso de los escritores no deberían ser inferiores a un 30%

A esto la editorial responde (además de con aclaraciones de acuerdos con los fabricantes del lector electrónico que no vienen al caso) con que hay que tener en cuenta que la empresa debe afrontar los gastos de digitalización (¡pero si ya tienen todo el material digitalizado!, decía un ilustrador) y que a los libros les añadirá música y un narrador.

Este era el planteamiento inicial y no sé cómo siguieron o acabaron las negociaciones, irrelevante para comprender la mentalidad del punto de partida. Y no creo que merezca demasiados comentarios: se apuesta por contenidos cerrados, formatos exclusivos, protección de derechos intelectuales por encima de los derechos del lector/cliente; se apuesta por la inmovilidad. Y por encima de todo, por mantener el abuso: porque si resulta soprendente que se pretenda aplicar el mismo porcentaje de beneficios para el autor de un libro en papel a un libro digital, es indignante saber que ese porcentaje, el que cobran ahora mismo por sus libros en papel, es del 3% (ilustradores) y del 7% (escritores). ¿A alguien le extraña que es modelo se venga abajo?

Marcos Taracido | 13 de enero de 2011

Comentarios

  1. Cayetano
    2011-01-13 18:49

    Me voy a morder la lengua, solo vengo a decir que, a los ilustradores mejor que sea Vegap quien gestione sus derechos, ese 3% es y ha sido siempre un insulto. Saludos

  2. Miguel A. Román
    2011-01-13 20:52

    No estaría de más que algunos se repasaran estas recomendaciones de la Asociación Colegial de Escritores de Febrero de 2010, de la que extraigo dos frases:
    (…) estimamos que todo precio que supere el PVP de un libro en formato de bolsillo es una invitación a la práctica del pirateo.
    (…) el porcentaje para el escritor, a exigir por cesión de licencia, debería estar entre un 30 y un 50% del ingreso del editor desde la primera descarga

  3. Marcos
    2011-01-14 02:19

    Sí, el Observatorio de la Ilustración, que enlazo, recomienda más o menos lo mismo.

    Saludos

  4. Miguel A. Román
    2011-01-14 18:50

    Solo por divertimento…

    Miguel de Cervantes cedió la licencia de impresión y venta del Quijote al librero del rey, Francisco de Robles, por unos 1.500 reales (cantidad aproximada, pues no está documentalmente probado). Éste imprimió a su costa en la imprenta de Juan de la Cuesta una edición de 1600 ejemplares, en sucesivos lanzamientos de unas 300 o 400 copias cada uno, a la tasa de 292 maravedíes, precio de venta por unidad (el precio lo fijaba la corona).

    Por tanto, aquella edición princeps de 1605 fue vendida por un total de 467.200 maravedíes, lo que, a 45 maravedíes el real, equivalen a 10382 reales, por lo que el autor percibió algo menos del 15% de las ventas. Tal parece que las cosas no han cambiado mucho.

    Por abundar y aclarar un poco este dato, que dicho así queda en exceso frívolo, 1.500 reales a la sazón, cuando el real era más o menos el jornal base diario de un obrero sin cualificar, permitía a un gentilhombre vivir sin mucho apuro ni mucho dislate durante un año o algo menos.

    No era el caso de Don Miguel, que siempre fue un desastre a la hora de administrar su hacienda; aunque, más experimentado, sacó mucha mejor tajada por obras posteriores aunque de menor cuajo literario, como el Persiles o las Novelas Ejemplares. También obtuvo del Quijote algún plus de su “patrocinador”, el Duque de Béjar, por dedicarle la obra y publicitarlo en portada (Cervantes le menciona como “generoso”, pero pese a ello, pocos años después se cambiaría al mecenazgo del Duque de Lemos, que probablemente pagaba mejor).

    Ha de aclararse que en aquella época no existían propiamente los derechos de autor sino el “privilegio, una “licencia de impresión” que facultaba al autor para explotar la obra durante 10 años, concediendo su impresión y venta a quien quisiese o pudiese.

    En este sentido hay que reconocerle a Robles que asumía un no baldío riesgo, pues la obra era de estructura muy novedosa, demasiado larga y, sobre todo, de un autor que a la fecha no había publicado nada recordable (la Galatea fue un fracaso editorial, y de las seis partes anunciadas solo se publicó la primera).

    También se dirá que a este riesgo hay que añadir que los costes de impresión eran proporcionalmente muy superiores a los actuales: el papel era un material bastante caro y las imprentas y encuadernadoras semimecánicas de principios del XVII todo lo lentas y costosas en horas de mano de obra que podamos imaginar. Pero, como contrapartida a la situación de hoy, no existían los gastos de distribución, pues el editor era a su vez librero, con lo que el beneficio de venta era entero para la empresa.

    Aclaremos también que era por entonces impensable que un autor de narrativa o poesía viviera exclusivamente de su pluma, en una época en la que solo unos pocos sabían leer y, de estos, menos aún podían permitirse el lujazo de adquirir un ejemplar por puro ocio. Cervantes, de hecho, como Alemán, tuvo varios empleos; Quevedo era rentista; Góngora, canónigo a sueldo; sólo los autores de comedias podían aspirar a que sus principales fuentes de ingresos provinieran de la recaudación de taquilla (pues no hacía falta saber leer para ir al corral), y eso si se era tan prolífico y de éxito como Lope, Tirso o Calderón.

    Para terminar con esta comparativa de lo poco que ha cambiado (en el fondo) la industria editorial en estos siglos, aclarar que el “privilegio” concedía, como dije, licencia por 10 años, y al que imprimiese y vendiese sin la preceptiva licencia del autor le caían 50.000 maravedíes de multa e incautación de todo el material “pirata” (ay, Sinde, lo que tú hubieras disfrutado en esa época). Sin embargo, y como la licencia en exclusiva solo afectaba a los límites administrativos del reino (lease “comunidad autónoma”), en poco tiempo aparecieron ediciones “pirata” en imprentas de Lisboa o Zaragoza (de hecho, la cuarta edición ya cuenta en portada con el privilegio de exclusiva para Aragón y Portugal).

    Y de éstas, Cervantes no vio ni un maravedí, tan solo se quedó con la satisfacción moral de ser un “superventas” .

  5. José Eburi Palé (JEP)
    2011-01-15 04:07

    Llevo varios días viendo el artículo y mi comentario solo es a cerca de que, el título del mismo sería más acertado así:
    >>Editoriales, libro digital y totalitarismo<<

  6. Paco
    2011-01-15 09:01

    José: no es totalitarismo, porque hay opciones.

    La maniobra de las editoriales es adquirir los derechos digitales (que son diferentes a los de papel) antes de que los autores se den cuenta de que tienen otras opciones.

    Creo recordar (tendría que verificarlo) que Amazon está dando el 70% al autor por la edición digital. Mi consejor es claro: publicar la edición digital en Amazon o, en caso de duda, no ceder los derechos a nadie y esperar.

    Las editoriales se creen encima que los autores son imbéciles.

  7. óscar
    2012-01-27 20:55

    Acaban de escribirme de una editorial (de las grandes) con la que hace años publiqué (ilustré) un libro en papel. Quieren comercializarlo ahora en digital. Su oferta: yo recibiría el 1,5% de los ingresos netos percibidos por el editor por la explotación de la obra.

  8. Zasca
    2012-01-27 21:10

    La solución es fácil, edite usted su libro y así podrá cobrar el 100% de los ingresos netos que genere.

  9. Rafa González
    2012-01-27 21:19

    O hacerse con el material en digital
    y negociar año a año, con el que mejor opción nos de y mas quiera promocionar la obra.

  10. Alex
    2012-01-27 21:20

    Paco: Las editoriales creen que los autores son imbéciles porque se han estado aprovechando de ellos durante años y estos nonas sido capaces de hacer nada en contra, quizás porque no sabían que hacer o quizás porque no les interesaba hacer nada.

    Escritores como Juan Gomez-Jurado conocen perfectamente el negocio digital y no creo que se hayan atado a ninguna editorial para conseguir grandes éxitos (tan solo hay que seguirle en Twitter para comprobarlo)

    Si los escritores tuviesen también algo de visión digital verían que hay otras opciones que las grandes editoriales, y estas, al ver que los escritores empiezan a pensar por si mismos, empezarían a verle las orejas al lobo, y ya veríamos si cambiaba el “negocio editorial”.

    Al menos esa es mi opinión.

  11. Manuel
    2012-01-27 21:38

    ¿Un 7% al autor por cada copia en papel?…

    Es decir… por cada libro vendido por 10€, un autor se lleva… ¿0.70€?

    Dios santo, menudo atraco.

    Pues con esos márgenes no sé qué hacen los autores hablando con las editoriales.
    Vuestros textos son vuestros, así que haríais mucho mejor en no aceptar y venderlos directamente en Amazon a 1.50-3€.
    Creo que el margen para el autor es del 70%, así que ya estaríais ganando más que con su copia en papel.

    Y con esos precios, muchísima gente compraría y ni se molestaría en buscar en emule y demás el libro.

    Al que no le guste Amazon, también está la opción de vender cada autor directamente su libro a través de internet.

    Alfredo de Hoces lo lleva haciendo desde hace mucho tiempo con ‘Fuckowsky, memorias de un ingeniero’, enviando por Correos cada ejemplar y dedicado.

    Lo único que puede aportar hoy en día una Editorial es Marketing y asesoramiento, la Impresión en papel la puede encargar un autor y con internet los canales de distribución clásicos ya no son necesarios.



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