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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

La aldea irreductible o la revolución cultural

Estamos inmersos en una revolución cultural, aunque todavía es pronto para saber el alcance que tendrá o lo decisiva que será. Pero ahora mismo está comenzando a cambiar los modos de producción y distribución de cultura hasta el punto de hacer tambalear (quizás sólo un poco, pero se mueven, se mueven) a los productores anclados en el modelo de los últimos siglos.

Pero las novedades que trae esta nueva ola digital no lo son tanto en su estructura: la base de estos cambios, su médula, ya se daba en el medievo. Entonces el grueso de lo que hoy consideramos cultura no tenía carácter comercial, y una vez creada la obra, fuera del tipo que fuera, se distribuía desinteresadamente, se modificaba, se repetía, en fiestas, en posadas, en el hogar, viajaba a otros lugares y por el camino mudaba a gusto o necesidad del usuario. Y también había quién se beneficiaba de estas obras para ganarse el sustento: las recogía y transitaba con ellas de audiencia en audiencia, pidiendo la voluntad a cambio del entretenimiento que producía. Y por supuesto había obras creadas ya con ánimo de lucro, directo o indirecto, como el afán publicitario que sabemos movía al corpus del Mester de Clerecía. Y convivían todas y así lo hicieron hasta que la llegada de la imprento comenzó a instaurar el modelo que ahora se empieza a poner en entredicho. Curiosamente, la expansión de la imprenta provocó la aparición inmediata de los piratas del papel, y las copias ilegales de libros y pliegos sueltos suponían en ocasiones un mercado mucho más activo que el oficial; no pocos poetas áureos se negaban a editar su poesía en libro para evitar las copias.

La red y los ordenadores están repitiendo el proceso medieval. Surgen por doquier creaciones que se ofrecen gratuitamente para el disfrute de cualquiera, y ahora como entonces en no pocos casos la calidad de unas y otras no es distinta. Los ejemplos son legión, pero les pondré sólo uno: los podcast de La Aldea Irreductible. Javi Peláez, como las familias, los tenderos, artesanos o campesinos medievales, carece de estudios especializados en el mundo de la comunicación, la informática, la historia o la ciencia. Pero es un ávido lector y le gusta crear y compartir lo que crea. Así que se arma de sencillas herramientas a las que cualquiera puede acceder fácil y gratuitamente y vuelca sus lecturas y averiguaciones en programas de alrededor de media hora de duración sobre los temas más variados: la batalla entre Ramses II y los hititas en 1274 a.c., Nicola Tesla, las bodas de Felipe II, Marco Aurelio, la teoría de cuerdas… Escribe el guión, escoge la música entre varios servicios de música libre y gratuita, y buena, y monta el podcast en su ordenador. Y lo cuelga de su bitácora para que cualquiera pueda escucharlo. No gana nada a cambio. Podría pedir la voluntad, pero ni eso hace: en el mundo de la cultura todavía —esperemos que sea “todavía”— no hay la costumbre de la donación, pero no son pocos los programadores que se ganan un buen sueldo con este sistema: creo un programa, lo ofrezco para libre uso y pido a cambio la voluntad. Y, sobre todo en el mundo tecnológico, hay varios autores de bitácoras que tras el éxito de público les llegó la llamada para empleos remunerados en periódicos, revistas o portales de internet. No es que Peláez no quiera que se le remunere, pero si eso no llega no importa porque como la inmensa mayoría de estos nuevos juglares desinteresados disfruta divulgando.

¿El futuro? Ni idea. Hay sitio para todo y todos los modelos, pero parece que la tradición siempre se siente atacada cuando se actúa fuera de sus sistema. Y la tradición es poderosa. No estoy seguro de quienes son los galos y quienes los romanos, porque la aldea irreductible es la aldea global, y un enclave sin murallas no puede ser derribado.

Marcos Taracido | 17 de septiembre de 2009


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