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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Islas en la red o hacia una poesía digital

Me he preguntado decenas de veces cómo sería la obra de Cervantes (la de Lope, la de Galdós, la de Borges) si hubiese vivido la era cibernética. Cómo hubiesen sido sus silencios, cómo hubiese afectado a su prosa, cómo a su inventiva y su documentación, cómo a su ritmo de publicación, cómo a la difusión de sus obras. Es una pregunta anacrónica y que, además, no tiene respuesta. Pero me la hago, igual que me gusta imaginar a Mozart componiendo con una guitarra eléctrica.

En Islas en la red (Idea, 2008; versión para soportes digitales gratuita aquí) Daniel Bellón se hace preguntas mucho más sensatas, y lo que es mejor, se contesta con planteamientos (no respuestas cerradas, pues muchas veces sólo indican pobreza de ideas), propuestas, reflexiones e ideas que constituyen un armazón necesario para afrontar el tema esencial del choque (aleación, fusión) de la literatura con las nuevas herrramientas de producción y difusión que llegan con los ordenadores e internet: así, la difícil adaptación del mundo poético a la tecnología, la nula presencia de ese mundo en los temas, la especial idoneidad del género poético para amoldarse a la red, la nueva oralidad, la distribución, la autoría, los nuevos géneros…

Breve y escasamente argumentado diálogo con algunos asuntos del libro de Bellón con los que estoy, creo, en desacuerdo parcial y poco riguroso, y del que se excluyen otros que merecen un mayor espacio y dedicación:

- Comienza el libro con la reproducción de la estrofa del Libro del buen amor en la que el Arcipreste parece ofrecer su libro para que sea modificado, manipulado, restadas o añadidas otras estrofas, es decir, y como subtitula Bellón, una licencia GPL del medievo. Este tema da por si sólo para escribir un libro, pero me esperan para cenar, así que sólo apuntaré un par de ideas: esa estrofa del Arcipreste se inscribe en una sección profundamente irónica y, como casi toda la obra, equívoca; es más que probable que el autor apunte precisamente en dirección contraria, reafirmando su genio; el libro se inscribe en las obras clericales del medievo, que se plasmaban por escrito y circulaban manuscritas, alejándose así de las obras de juglaría que sí estaban mucho más sujetas a las modificaciones y cambios populares.

- Se habla en Islas en la red de los intrusos en poesía: aquellos poetas que vienen de ámbitos alejados del propiamente literario, educados en carreras científicas o legales que aparentemente nada tienen que ver con la poesía. Yo no veo esa distinción: porque creo que el poeta, sin distinciones, es un siempre un intruso. Lo es porque las palabras jamás lo aceptan a uno, y a cada rato ha de esforzarse por agradar a la familia y no sentirse un extraño entre ellas. Y lo es porque sólo un intruso puede ver desde fuera, y querer entrar con tanto ahínco.

- Se refiere nuestro poeta y ensayista a la poca variedad en la terminología sexual de la lengua castellana; supongo que tiene razón, para algo tuvieron que servir tantos siglos de represión católica. Sin embargo discrepo: en poesía no hay palabras pacatas, ni correctas, ni frías, ni espantosas de por sí, sino en la mente del autor. Pide Daniel que, cuando hablemos de los órganos genitales, no utilicemos la palabra “sexo” para referirnos a ellos, pues le parece horrible y politicorrecta; y pone un ejemplo en el que yo mismo podría darle la razón. Pero es eso, no más que un ejemplo. Les dejo yo otro en dónde la palabra suena hermosa y húmeda:

Toca mi piel, de barro, de diamante,
oye mi voz en fuentes subterráneas,
mira mi boca en esa lluvia oscura,
mi sexo en esa brusca sacudida
con que desnuda el aire los jardines.

Toca tu desnudez en la del agua,
desnúdate de ti, llueve en ti misma,
mira tus piernas como dos arroyos,
mira tu cuerpo como un largo río,
son dos islas gemelas tus dos pechos,
en la noche tu sexo es una estrella,
alba, luz rosa entre dos mundos ciegos,
mar profundo que duerme entre dos mares.
(Octavio Paz)

Marcos Taracido | 04 de diciembre de 2008


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