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Tele por un tubo por Ramiro Cabana

Ramiro Cabana es comentarista de radio y televisión. Tele por un tubo dejó de actualizarse en agosto del 2006.

TOMATELE

Hola mis infinitas. Bienvenidas de nuevo a Teleporuntubo, una columna sobre televisión que hace mucho que quiere dejar de existir pero que los editores de Libro de Notas insisten en que siga.

Hoy voy a seguir hablando de mi nueva obsesión, que es, como las más sagaces e importantes de vosotras ya habréis adivinado, la corazonización de la política espeinola. La corazonización de la política no es nada nuevo. Me encanta subir al metro en Londres y quitarle de las manos un diario gratuito a una anciana para disfrutar de la prensa sensacionalista británica, la mejor del mundo en su campo. No sé si habréis visto uno de esos periódicos, queridas, pero son perfectos. Porque lo revuelven todo: en una misma página pueden hablar de política, de famosos, de fútbol, de gripe aviar, y aún dejar sitio para la receta de cocina con microondas.

En Espéin todavía existe el escrúpulo periodístico (en estos tiempos en que sólo quedan post-periodistas) de poner cada asunto y/o noticia en su sección. Todavía no han adivinado que lo que la gente quiere, lo que vosotras queréis, no son noticias, sino ensaladas de noticias: así todo queda más mejor y hasta la empanada mental ya os la dan hecha. No hay que hacer ningún esfuerzo para no tener ni puta idea, que es el ideal post-democrático que nos está bien empleado. Como cuando os dan garrafón en el botellón y al día siguiente no hay quien os saque el cráneo del retrete.

Bueno. Basta de palabras bonitas. Vamos al grano: el Partido Popular, como ya os habréis dado cuenta, hace tiempo que insiste en la corazonización de la política. Lo que a ellos les gusta es el griterío, el insulto, ver quien vende más exclusivas, también conocidas como titulares. El Partido Socialista sigue demostrando su asqueroso pijerío pidiendo siempre seriedad y que se hable con propiedad del asunto que sea que se traigan entre manos. Con tanto querer quedar bien, no hay quien los aguante.

Hasta la semana pasada, claro, cuando la Vice sacó al portavoz de la oposición del escaño donde estaba escondido y le metió una zarandeada de las más bonitas que conoce nuestro reciente parlamento. En términos corazonísticos, la Vice sale en las revistas finas y el Porta en las de garrafón. Pero eso no quita que se esté encorazonando la política. Al contrario, pone que se está encorazonando. Y si se encorazona, la oposición tiene las de perder. Por una simple razón: el Gobierno siempre tiene derecho a réplica. Y en el mundillo del corazón, como sabéis mis guapas, el último en hablar/gritar siempre gana.

Hasta ahora, el personal derechista pensaba que el personal izquierdista era demasiado fino para entrar en el griterío. Así lo demuestran sus actitudes y sus medios amigos. Pero ahora han visto que el griterío les estalla en el bronceado de máquina y que hay quien puede ser/parecer fino y tener, al mismo tiempo, las piernas como para romper piernas. Pero da igual, el caso es que haya sangre y pelos por todas partes.

Así, vamos emprendiendo nuestro alegre camino telespectador hacia la corazonización de la política. Tarde o temprano el post-periodismo que nos echan por los telediarios tendrá que ponerse a la altura. Propongo de nuevo y para siempre la fusión entre Aquí hay tomate y el telediario. Podría llamarse Tomatelediario. O mejor aún, Tomatelediariodeportivo. Así la empanada trae de todo y nadie se podrá quejar.

Pero lo mejor, lo mejor, lo mejor, es que se acabará esa tontería de mantener las apariencias. Se podrá hablar de cómo influye la pasta de ladrillo en la política, se podrá por fin decir quienes son los corruptos, se podrán hacer reportajes con telefoto y con telemicro. Todo será válido. Y las entrevistas al personal político serán a gritos. Y por fin, nos enteraremos de todo. Todo. Y sabremos a quien votar.

Porque lo que más miedo les da es que vayamos a votar sabiéndolo todo. Sin ilusiones. Sin taparnos la nariz. Sin nada. Que votemos claramente por lo que nos interesa. Y vistos los índices de público en la tele, está claro, ¿no?

Chao

Ramiro Cabana | 21 de marzo de 2006

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