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Tele por un tubo por Ramiro Cabana

Ramiro Cabana es comentarista de radio y televisión. Tele por un tubo dejó de actualizarse en agosto del 2006.

¿POR QUÉ?

Hola guapas. Una pregunta, ¿nunca os habéis preguntado por qué veis la tele? Yo sé que para muchas de vosotras eso es como preguntar por qué el cuerpo siente la necesidad de soltar lastre (líquido y sólido) de vez en cuando. O sea una pregunta inútil acerca de algo diario, evidente, medianamente placentero, pero en el fondo carente de interés. Pero los científicos y las científicas y los filósofos y las filósofas llevan siglos, ¡milenios! ganándose el pan de cada día haciendo esa clase de preguntas.

Bueno, yo no entro en ninguna de las cuatro categorías profesionales que acabo de mencionar, pero ¿qué pasa si la pregunta es válida? Y no confundamos mi pregunta fundamental sobre por qué vemos la tele, una interrogación sobre lo más profundo de nuestro ser, con otra pregunta que normalmente nos hacemos cuando estamos delante de la caja lista: ¿por qué conho estoy viento ESTO?

Esa es la pregunta que todos nos hacemos cuando nos damos cuenta de que llevamos quince minutos viendo Gente de primera. Sí, estabais canaleando, sonó el teléfono, hablasteis, volvisteis a la tele, quizá preocupadas, y cuando se os encendió el cráneo de nuevo, os disteis cuenta de que llevabais un cuarto de hora viendo tele para personal jubilado. Pero eso no es más que un accidente existencial, puede pasarle a cualquiera y no hace falta que nos hagamos ninguna pregunta metafísica al respecto.

También puede ocurrir que estáis en casa de familia aburrida un domingo para comer, que la seudo conversación en la cocina os pone los pelos de punta y os hace crecer las uñas, como si algo dentro de vosotras quisiera arañar las paredes y comerse el papel pintado, y entonces os vais al salón, ponéis la tele con la intención de ver algo de balonmano, ese deporte interesantísimo, y el mando se queda sin pilas, y vosotras os quedáis pegadas a Tele5 viendo Walker. De nuevo, no hace falta que preguntéis nada.

O a lo mejor sí. A lo mejor los dioses, o vuestro ángel de la guarda, intentan comunicaros algo. Que no tenéis criterio, o algo. No lo sé. O quizá se trate de una señal del mal allá, como los locos de las pelis que oyen voces y acaban matando a Aníbal Lecter, por fin. O algo más cercano a la realidad. Quizá algo en vuestro fuero interno intenta deciros que, en efecto, la vida entera no consiste de otra cosa que una combinación de Gente de primera y Walker.

Pero volvamos a la pregunta inicial. ¿Por qué vemos la tele? ¿Echan algo bueno hoy? Lo dudo. La duda es la madre de la ciencia, queridas. Las estadísticas avisan de que en Espéin vemos unas tres horas de televisión diarias. Vamos a ver: una hora de telediario, una hora de María Teresa Campos y una hora de Aquí hay tomate. Todavía falta lo de la noche. Tiene que haber mucha gente que no ve la tele para que la media se quede en tres horas. Y siguen sin echar nada realmente interesante.

Ayer por la tarde entré en un bar y tenían la tele encendida. Yo era el único cliente. El camarero me puso el café y volvió a la cocina a charlar con la cocinera. Nadie estaba mirando la película del oeste que echaban por la autonómica. Pero la tele estaba encendida y se oía perfectamente lo que el cauboi le decía a su caballo. A la hora de pagar le pregunté al camarero por qué tenía la tele encendida, si nadie le prestaba atención. Porque acompaña, me dijo.

Porque acompaña. No es la primera vez que lo oigo. Todas sabéis de alguien que en cuanto llega a casa pone la tele, aunque no la vea. Porque acompaña. Los poetas no se cansan de decir (para eso les subvenciona el Estado) que al fin y al cabo todos (y todas) morimos solos (y solas). Pero quizá la tele sea la respuesta a esa verdad espiritual y existencial. Quizá vemos la tele porque esa es la única manera que tenemos de estar solos con nosotros mismos sin volvernos locos.

En muchos bares ponen música, o la radio, porque los clientes no soportan el silencio. O eso me dicen. El silencio es una forma de la soledad, ¿no mis queridas? Quizá la tele sea la manera que ha encontrado la sociedad de vacunarse contra tanta soledad urbana. Por eso da igual lo que echen. Aderezamos nuestra soledad con un poco de publicidad durante unas horas y a la cama. Al día siguiente, nos levantamos, bueno, os levantáis temprano, os vais al curro, volvéis, y aunque la casa esté llena de gente os dais cuenta de que estáis solas. Y ponéis la tele.

Y una última pregunta. ¿Habéis visto en las tiendas esas teles enormes y planas que venden ahora? ¿Tiene algo que ver el tamaño de la tele con el tamaño de vuestra soledad? ¿Habéis visto los precios?

Chao, queridas

Ramiro Cabana | 29 de noviembre de 2005

Comentarios

  1. Rokutanda
    2005-11-29 23:15 Yo no veo la tele desde hace varios años pero conozco a muchisima gente que no hace otra cosa. Me a encantado el texto.
  2. yaku
    2005-11-30 05:57 Acaso tu capilla no sabe fria sin los rayos de tu pantalla de plasma?...:)
  3. Cabana
    2005-11-30 15:46 En efecto, querida, la tele de plasma donde el altar.
  4. una amiga
    2005-12-01 21:28 un texto genial, querido Ramiro;
    cuántas pulgadas mide mi soledad no lo sé, depende del receptor, creo como vos que la tele acompaña, en la medida de su propio vértigo… pero… ¿nunca te has preguntado por qué preguntas tanto si nos preguntamos por qué vemos la tele? einh?
  5. Cabana
    2005-12-02 03:59 ¿Por qué preguntas por qué no me pregunto por qué pregunto? Ahí está la jugada, querida, y el que para de preguntar pierde.

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