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Tele por un tubo por Ramiro Cabana

Ramiro Cabana es comentarista de radio y televisión. Tele por un tubo dejó de actualizarse en agosto del 2006.

LA MANI

Hola mis queridas interracialmente guapas. Ya sabéis lo que siempre os digo, o por lo menos podéis intuir de mi fabulosa columna: no os creáis todo lo que salga en la tele,y menos lo que sale en los telediarios. Porque si os lo creéis, seréis como esa gente que dice que algo es verdad porque lo han dicho por la tele, o por la radio, que es peor. Esa pobre gente. Un valiente servidor vuestro incluso descree de lo que dicen en los papeles: demasiadas agendas ocultas, demasiados intereses creados, demasiada necesidad de vender publicidad, como para que de repente salgan los periodistas a hacer lo que dicen que hacen: ofrecer un servicio al público, a la ciudadanía, a la democracia.

Pero por increíble que me parezca incluso a mí, lo que vi el domingo por los telediarios me lo creo. Y he visto lo mismo que vosotras, queridas. A saber: lo de la mani del sábado. Lo increíble de un evento como este es que la clase media, o sea vosotras, salga a la calle a pedir expresamente que se la perjudique. Porque la mani ha sido directamente en contra de la educación pública, ¿o no? Digan lo que digan los organizadores, toda esta movida en realidad es en contra de la educación pública y a favor de la privada, que eso sí: hay que subvencionarles.

Antes de acabar de entrar en este asunto, guapísimas mías, me gustaría pedir disculpas a favor de mi clase social (la alta), por si había en la mani alguien de esa categoría. La cosa no va con nosotros. Tenemos pasta e influencias en sitios guays, y si queremos enviar a nuestros hijos e hijas al colegio más caro de Europa, lo hacemos y punto. Y no andamos por ahí, saliendo a la calle, gritando consignas inventadas por las masas, cantando cancioncillas de guitarrista melenudo de iglesia de los 70, ni ensuciándonos los zapatos de suela delgadísima por cargar una pancarta. No, la cosa no va con nosotros.

A las familias de clase trabajadora tampoco se las veía por ningún sitio en las imágenes de la tele. Esas familias necesitan la educación pública como el agua: porque para trabajar en la nueva industria, la global, la de la información, donde el proletariado es intelectual y no de fuerza física, lo que hace falta es aprender a usar el cerebro. ¿O quizá esas familias están encaminando a sus vástagos hacia el hardware de diario, la electricidad, la fontanería, la carpintería, etc? Si es así, preparaos para la venganza del proletariado antiguo, el mismo que ya os está obligando a pagar por la nariz por cualquier trabajillo que necesitéis para seguir viviendo decentemente en vuestros pisos sobrevalorados.

No. La gente que estaba en la mani era definitivamente de clase media. La gente que más necesita la educación, sobre todo la pública, para sacar adelante a sus hijillos debiluchos y llorones. Y tienen un morro que se lo pisan con los dos pies al mismo tiempo. Porque lo que han salido a pedir es que el Estado, al que evidentemente odian (por eso no quieren la educación pública) les subvencione sus escuelas. ¡La cultura de la queja es ahora de derechas, queridas amigas personas lectoras! ¡HABRÁSE VISTO!

Y sí, en los últimos años hemos visto cómo aumentaban las subvenciones a los colegios privados (que hay gente que los llama concertados, para esconder la verdad sobre su financiación), y ha bajado la financiación en los colegios públicos, con el lógico alto índice de fracaso escolar. Porque el dinero sirve para contratar a más profesores, construir más aulas, rebajando así el número de estudiantes por clase y aumentando la atención que cada uno recibe. ¡Es de cajón, queridas!

Pero la clase media, tan propensa al suicidio, no quiere eso, quiere clasecitas fáciles para sus hijitos en los colegios privados, donde si el niño saca una mala nota, puede amenazar con llevarlo a otro colegio. Y en dirección se espantan porque no quieren una espantada que los deje sin clientes. De ahí la inflación en las notas. Y las notitas enviadas a clase explicando que su hijo, aunque un pelín imbécil, es una gran persona. En el fondo.

Tampoco quieren que entre cualquiera que no sea uno de ellos en sus colegios. Ese es otro motivo de la mani. Quieren que cada quien tenga sus guetos. Olvidándose de que la nueva economía tiene mucho de la calle que jamás entenderán. Tiene mucho de proletarización del intelecto, y que sus hijos, por pijos, se quedarán fuera de la jugada. Espéin entera será un gueto, comparada con el resto de Europa y del primer mundo.

¿Qué pasará cuando los empresarios espeinoles nos demos cuenta de que a quienes debemos contratar es a los jipjoperos de los barrios jodidos? Esos sí que saben de qué va el nuevo mundo y nos pueden abrir nuevas avenidas (o por lo menos una calle que otra) en la nueva economía global del conocimiento.

Yo lo que propongo es que el Gobierno se olvide de la clase media actual. No tiene remedio. Y que invierta todo su dinero para educación en los barrios duros de nuestras ciudades, enseñando pocas cosas, las necesarias: matemáticas, lengua, programación, dibujo y música. Y que con eso la chavalada con ganas de verdad salga al mundo a hacer cosas nuevas. A reinventarlo. Y que sea la crema de la crema de los barrios la que vaya a nuestras mejores universidades tecnológicas y científicas.

La clase media sólo produce gestores. Pero de esos los hay a cien por un duro. Lo que necesitamos es gente aventurera y creativa, mis amigas, gente que se abra al mundo. No gente que se encierre en una vidilla cutre de clase media, con paella los domingos y las tarjetas de crédito ya sin crédito. A esos, que les den.

Un saludo desde las alturas de mi clase socioeconómica,

Chao.

(Se nota que me he cabreado, ¿o qué?)

Ramiro Cabana | 15 de noviembre de 2005

Comentarios

  1. Craso
    2005-11-16 03:32 Acabo de leer esto y lo copypasteo: “¿Puede un padre de las 3000 Viviendas elegir el centro escolar en el que estudiarán sus hijos?

    ¿Cuántos centros escolares concertados existen en las 3000 Viviendas, por ejemplo?

    ¿En qué barrios se localizan la mayoría de los centros concertados?

    ¿Puede ese mismo padre negarse a que de sus impuestos se subvencione la enseñanza concertada a la que no puede acceder porque no cubre su demarcación?

    Como habrá gente que lea esto que no sea de Sevilla diré que las 3000 es uno de los barrios más pobres y abandonados de la ciudad; diré también que la mayoría de centros concertados se localizan en barrios como Nervión, Los Remedios y Casco Antiguo; diré que en estos barrios la extracción socioeconómica es media-alta y que en ellos suele triunfar el PP en las elecciones.

    Supongo que todas estas personas que llevan a sus hijos a estos centros concertados para que reciban clases de profesores pagados por “papá estado” se habrán desplazado a Madrid este fin de semana -—en AVE, por supuesto— a gritar por lo que ellos creen es un atentado contra la libertad de los padres a elegir centro escolar. ”
    Visto aquí
  2. Athini
    2005-11-27 03:10 Verás, mi querido amigo, como tú estás en esas alturas sociales tan vertiginosas, es normal que opines sobre la educación desde un cúmulo de prejuicios de clase. Es obvio que en tu entorno no hay “profes de insti”. Permíteme, por tanto, que yo, una humildísima “profa de insti”, te haga algunas confesiones.

    En los últimos años el número de alumnos por aula ha disminuído de forma milagrosa en la enseñanza pública. Cuando yo empecé, hace quince añitos, las clases normales eran de cuarentaypico alumnos; hoy en día, una clase de veinte alumnos se considera grande. Esta disminución de la “ratio” entre alumnos y profesores no se debe, naturalmente, a los desvelos de los políticos, sino a la casualidad demográfica de que cada vez nacen menos niños en España. Lo mismo cabría decir, en líneas generales, de todo lo que son recursos materiales: jamás se destinaron a la Enseñanza Media tantísimos medios como ahora. En mi “insti” (que es un “insti” de pueblo, y además el antiguo “insti” de FP: en otras palabras, que es uno de los peor dotados), en mi “insti” tenemos más de doscientos ordenadores para unos quinientos alumnos.

    ¿Por qué no mejora, entonces, la calidad de la educación? Pues por la razón sencillísima de que los medios siempre están bien, pero son sólo una cosa secundaria. Ya podemos tener clases pequeñitas (yo tengo en bachillerato una clase con sólo dos alumnos…, y no creas que se trata de algo infrecuente) y ya podemos tener muy pocos alumnos por aula, que si los alumnos están allí, por una parte, obligados (sí: tienen que estar allí inevitablemente hasta los dieciseis años), y, por otra parte, los profesores carecemos de cualquier autoridad, la inutilidad del sistema educativo está asegurada. En otras palabras: si la enseñanza es “obligatoria” por narices, entonces no queda más recurso que imponer a los adolescentes una disciplina cuartelera; si, por el contrario, queremos que nuestros únicos instrumentos sean el diálogo y la libertad de elección de los jóvenes, entonces la enseñanza no podrá nunca ser obligatoria para todos, quiéranlo o no.

    Permíteme que te ponga un ejemplo. Hace un par de años fui nombrada instructora de un expediente disciplinario contra un alumno. El castigo mayor que actualmente se le puede imponer a un alumno es cambiarlo de centro. Pues bien, el joven aquel había venido desplazado a nuestro centro como castigo por haberle pegado (sí, por haberle pegado) a una maestra: el chaval decidió que aquella clase era muy aburrida y que él se iba a dar una vuelta, la maestra intentó impedirle salir de la clase, y el le dió una hostia (le estuvo bien por pesada). Como te digo, el castigo que se le impuso (después de instruirle un complejo expediente disciplinario) consistió en que se lo trasladara a otro centro: al nuestro, que quedaba al lado. El chaval, por tanto, aprendió muy bien la lección: puedo hacer lo que me dé la gana, que lo peor que me puede pasar es que de este centro me pasen a otro (y así de paso voy viendo mundo). En mi centro, como es lógico, el chaval se pasó el curso organizando follones continuos en las clases y, después de varios meses, se decidió abrirle un expediente disciplinario: el expediente que yo tuve la malaventura de instruir. Me pasé así varias semanas realizando trámites más o menos absurdos, entrevistando a unos y a otros, rellenando infinidad de papeles. Al final, en efecto, el chaval fue “condenado” a cambiarse nuevamente de centro…, pero no hizo falta que se ejecutara la sentencia, ya había cumplido dieciséis años, y ya no era necesario que estuviera escolarizado.
    Mientras tanto, por cierto, nuestro joven se había visto involucrados en un par de robos, y estaba procesado por el Tribunal de Menores. ¿Era realmente aquel chaval un monstruo? Pues yo creo que no: sólo era un joven al que no le importaban nada todas esas cosas que supuestamente se aprenden en la escuela, él no quería saber ni literatura ni geometría, él quería que lo dejaran ir a trabajar de albañil con su padre, para ganarse honradamente unos dinerillos y poder comprar una moto. En otros tiempos este niño se habría convertido en un honrado trabajador, habría aprendido lo que significa el trabajo, y (es verdad) posiblemente lamentara algún día no haber estudiado cuando podía haberlo hecho. En la extraña situación actual, le habíamos enseñado, por una parte, que la sociedad exige cosas absurdas y, al mismo tiempo, no castiga a quien no cumple las normas. Consecuencia: un delincuente.

    Pues este, mi querido amigo, no es un caso extraño en los institutos de enseñanza secundaria. Añádele a esto los alumnos con problemas o minusvalías psíquicas, que tienen que estar en la misma clase que los restantes (maravillas de la “coeducación”). En ciertas zonas (yo, por suerte, aún estoy libre de esto) añade alumnos emigrantes que no conocen ni la lengua: ¿crees que es posible dar clases y obtener rendimientos si de veinte alumnos uno es un delincuente dispuesto a que le rían las gracias, otro es, el pobre, retrasado mental y se mea en los pantalones, y un par de ellos, en fin, no entienden nada porque acaban de llegar de Tanzania? Explícales tú el análisis de la oración compuesta.

    Súmale a estas circunstancias del alumnado, la manía de hacer experimentos pedagógicos basados en buenas intenciones sin proyectos realistas. Con todo esto, en fin, quizás puedas entender cómo la enseñanza pública, con más medios que nunca, ha visto disminuidos hasta el extremo sus posibilidades de transmitir conocimientos eficazmente.

    ¿Y qué pasa con la enseñanza privada? Quienes somos “profes” sabemos muy bien que sus mejores resultados no se basan en que tenga más medios (por lo general tiene menos) ni en que sus profesores sean mejores (dado que “los de la privada” suelen cobrar mucho menos que nosotros, “los de la pública”, todos sabemos que en principio, trabajan en ella quienes no han tenido la capacidad o la suerte de aprobar una oposición). Pero, eso sí, en la privada pueden evitar que los alumnos conflictivos hagan imposible la labor de dar clases.

    Por otra parte, querido amigo, te voy a hacer una confesión que jamás me perdonarán mis compañeros, aunque todos sabemos que es un secreto a voces: cada alumno en la enseñanza privada concertada le cuesta al Estado mucho menos dinero que un alumno en la enseñanza pública. Las razones son varias, pero la fundamental es el sueldo y las horas de trabajo de los profesores: un profesor de enseñanza media de la pública da unas 20 horas de clases a la semana (incluyendo guardias), y cobra netos bastante más de 1500 euros al mes. En la privada, por el contrario, suelen dar un mínimo de treinta clases semanales, y raros son los que ganan más de 1000 euros al mes. Este es el motivo, en fin, mi querido amigo, de que todos los gobiernos, de derechas o de izquierdas, digan lo que digan en sus declaraciones, a la hora de la verdad fomenten la enseñanza privada: así pueden escolarizar a más niños con menos dinero.

    Y, por cierto, no creas que soy una defensora a ultranza de la enseñanza privada. Todo lo contrario. Sólo digo que la enseñanza pública está siendo destruída, precisamente, porque una serie de prejuicios pseudoprogres impide que se planteen con realismo los problemas evidentísimos que en la escuela pública han provocado una serie de teorías pedagógicas tan llenas de idealismo como faltas de sentido de la realidad.

    Estoy cansada, en fin, de conocer a “profes” que son o han sido liberadas sindicales de CCOO y, al mismo tiempo, envían a sus hijos a colegios privados. Saben cómo están las cosas, y su instinto materno se sobrepone a sus prejuicios ideológicos.

    La gente de clase media, en fin, que acudía a aquella manifestación, por tanto, no te creas tú que no sabía muy bien qué es lo que quería. Quien quiera salvar a la enseñanza pública, hará bien en aprender de ellos.
  3. Cabana
    2005-11-28 17:58 Hola guapa. Me encanta que alegues a favor de la reducción de tu salario, incluso de la desaparición de tu puesto de trabajo, cosas que si llegaran a ocurrir, no te dejarían con la alternativa de encontrar un puesto en la enseñanza privada, donde los maestros ganan lo que ganan porque han visto que no tienen alternativa, y porque sobran. Bueno, siempre os quedará la construcción.

    Por otro lado, veo que en tu descripción del problema te quedas con una experiencia limitada del mundo. Mi queja con la clase media es que no está produciendo una idea de futuro. ¿Y no es ese su papel tradicional en la historia, ofrecer nuevas ideas, nuevas alternativas al statu quo? La clase media se ha refugiado en un conservadurismo que no puede significar otra cosa que la desaparición de España del mercado mundial. Las clases altas hace mucho, siglos, que dimitieron de su labor como motor de ideas. Les fue mal el siglo XIX y el XX ha sido lo que fue. Las clases jodidas no tienen otra alternativa que la supervivencia, quizá el escalar hasta las clases medias, y luego ya veremos.

    Pero si te fijas, es la clase media, en los países avanzados, la que produce las ideas de futuro, la que inventa, la que se enamora de la innovación. ¿Vemos en España un enamoramiento similar? Esa es mi crítica. Me quejo de que en la clase media a lo único que se aspira es a conseguir una representación (o su equivalente actual) y dedicarse toda la vida al pequeño y complaciente comercio. ¿Nos podemos permitir esa clase de dimisión social y económica? ¿O en realidad aspiramos a más? ¿A qué aspiramos, en realidad?

    Y mi queja con la educación, pública o privada, es que no ofrece a la chavalada las herramientas para que pueda encontrar su propio camino en un mundo cada vez más competitivo. ¿Los estamos educando para que aprendan a crear, a inventar, a imaginar, a competir, o para que aprendan a cumplir trámites, siempre calladitos y tranquilos? Que no hagan ruido, parece ser la consigna, que no nos molesten. Y toda la energía de la juventud acaba entonces pudriéndose en el mal rollo, en el botellón, en las oposiciones y la espera de empleíto fijo. No necesitamos más funcionarios, ni notarios, ni abogados. Sobran comerciales y empleados de banca. Necesitamos inventores de futuro.

    Y por eso alego que si las clases medias dimiten del futuro, entonces tenemos que invertir en las clases bajas, en la gente de los barrios, en los inmigrantes. Quizá ellos sí que tengan la energía para sacar al país de la complacencia, de la comodidad dominguera en la que tanto ansían tantos instalarse. O la clase media se pone a pensar en el futuro a nivel global, o se quita de en medio y deja que otros lo hagan. Al hortelano le sobran perros.
  4. Maikel
    2005-12-15 04:45 Hola, guapas. Yo creo que estamos educando a la chavalada para que se conviertan en clones del estado, me explico, al igual que Cabana, pienso que no se quiere educar más de lo que interesa, porque así será más fácil su manipulación el día de mañana. serán como un ejército de androides. Y ellos serán los perjudicados en definitiva. ¿Por qué no entonces los profesores de instituto prefieren llevar a su hijo a un privado? ¿Para que sus hijos no sientan vergüenza de su padre o de su madre, que le da clase?
    Tonterías, los profesores de secundaria saben bien cómo está el ganao, víctima, claro está, de los intereses políticos de un país que no ha sabido gestionar lo que realmente merece en definitiva un adecuado estatus en la escala de valores de su población: La cultura.
    Y la cultura es creatividad. Y esto no se ve en los institutos. Hay una libertad de acción sutil que contrarresta a otro tipo de libertad más importante, una libertad interior, la libertad de pensamiento…

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