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Tele por un tubo por Ramiro Cabana

Ramiro Cabana es comentarista de radio y televisión. Tele por un tubo dejó de actualizarse en agosto del 2006.

REVERANEO

El verano es la estación mítica de toda infancia. Intentando recuperar ese paraíso perdido, nuestros “adultos” de hoy se largan de vacaciones y aventuras sin saber que el paraíso se pierde y no se recupera, y que esa es precisamente la señal de madurez que es en realidad lo que hemos perdido. Pero en el verano infantil todo es más intenso, más verdadero, más más. Hoy eso es imposible, con tanta comercialización, tantos helados con gluten o sin él, tanto calamar frito en aceite del año pasado, tanta marrullería de playa atestada, tanta fiestorra de toda la noche y tantos coches tuneados que pasan por debajo de la ventana del hotel con esa mierda de música a tope, que acaban despertando a los chavalines justo cuando papi y mami estaban echando un tremendo polvo de esos que traen hermanitos nuevos al mundo. El chavalín ve lo que hay, queda traumado para siempre, se convierte en un pervertido sexual y un drogadicto de esos que aparecen en Ley y orden y todo lo ideal, el paraíso en vida, lo mítico, todo, todo, todo se va al garete sin la más mínima posibilidad de redención. Eso es lo que hay.

Hola queridas. De nuevo aquí con vosotras a media cuesta de septiembre. Para intentar evitar lo inevitable (ver el párrafo que acabáis de leer) el Gobierno se ha sacado de la manga una serie llamada Abuela de verano.Y lo hace justo al empezar esa cuesta de septiembre. Sí, amigas, justo al volver de las vacaciones, justo cuando estáis pagando todos los excesos (o vais al banco a que os los re-financien), aparece este neoveranoazul a regodearse de vuestra pérdida de la poca autonomía económica que os quedaba.

El programa está bien hecho, incluso parece rodado en cine, no en vídeo cutre, de ese que obliga a tantas series españolas al abuso de los colorines para que se vea algo y no quede todo plano: fallo técnico-económico de nuestras cutres productoras de productos televisivos que ayuda muchísimo a que esos productos NO se vendan en el extranjero.

La serie se basa en un libro de nuestra bibliotecaria nacional, Rosa Regàs, cosa que nos evita otro encontronazo con la imaginación desfibrilizada de nuestros guionistas habituales. No sé que quiere decir desfibrilizada, pero ¿a que suena mal?

El primer capítulo está lleno de lecciones sobre cómo domar a los niños, igual que un programa sobre entrenamiento de mascotas: unas cuantas recetitas para que el perro no se mee dentro de casa, o para que no meta la trompa en la entrepierna de las señoras cuando éstas tienen a bien venir a media tarde, precisamente la hora en que saben que en el palacete se sirve el té, o un coñac (sólo para mí). Para evitar desaguisados sociales como los que pueden provocar los perros o los niños, que es lo mismo, un servidor se ha abstenido de importar al mundo alguno de los segundos, mientras que de los primeros se ha hecho con dos, pero bajitos (un salchicha y un chihuahua), inofensivos entrepiernalmente.

Así que estábamos hace una semana viendo a la Sardá lidiar con arte a todos sus nietos, cuando exclamó mi chavala: ¡Qué horror, tanto crío junto! Y se le frunció el entrecejo como si todo el palacio oliera mal, como a caca amarillenta de bebé, y preguntó si no podíamos poner otra cosa, aunque fuese fútbol, lo que fuera. Y calló cuando dije que no, que no podíamos poner otra cosa porque tenía que escribir algo sobre este nuevo e interesante producto de nuestra emisora de todos, TVE.

Y la serie, por lo menos el primer capítulo, y a pesar de todo el didacticismo sociata y bienpensante-horripilante de clase media con sueldo fijo, no está mal. Es divertida. Sardá hace de Sardá, los niños y las niñas de niños y niñas, respectivamente, el masover marroquí hace de masover marroquí ideal, y las mujeres que hacen de mujeres y ayudan a Sardá a controlar a la tropa hacen de mujeres que hacen de mujeres, en lugar de dedicarse a los negocios, hacerle una OPA hostil a Florentino y quitarle el Real Madrid, venderlo por partes, urbanizar el Bernabeu, hacerse de oro, platino y diamantes y del PP, o algo por el estilo. Ya se sabe que a las mujeres que salen al mercado laboral se les exige más que a los hombres. Si fueran hombres, sólo se les pediría que fuesen hinchas del Madrid y venerasen a Florentino como el ídolo que en realidad quiere ser.

Yo no creo que vuelva a ver otro capítulo de esta serie. Pero vosotras tenéis mi beneplácito para hacerlo. Incluso podéis ver dos, si os apetece, aunque no sea en semanas consecutivas. Termino este acertado artículo con un saludito para vosotras y un deseo irreal pero desmedido de que la cuesta de septiembre no os cueste mucho.

Chao.

¡Borja! ¡Borja, dile a Tigre que como se vuelva a mear en la alfombra persa del comedor lo entregaré a la cocinera para que lo eche a la paella del domingo! ¡Me cago en…! ¡Borja, ven aquí!

(¿No es así como se educa a los niños, queridas? ¿Culpando a los mayores de los desaguisados de los menores?)

Ramiro Cabana | 13 de septiembre de 2005

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