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Tele por un tubo por Ramiro Cabana

Ramiro Cabana es comentarista de radio y televisión. Tele por un tubo dejó de actualizarse en agosto del 2006.

EL EQUIPO G

Que no cunda el pánico, chicas, cuando todo esto acabe no nos habremos dado cuenta y es posible que incluso lo echemos de menos. ¿De qué estará hablando Cabana hoy?, os preguntaréis con sagaz perspicacia de la buena. Estoy hablando de toda esta movida del metrosexualismo que de vez en cuando da contra el interior de nuestras pantallas de televisión (la mía de plasma) como un mosquito contra el exterior del parabrisas del coche cuando nuestro chofer mete la quinta y rebasamos los 200 por hora. Y lo hacemos sólo cuando hay radares y para joderle las estadísticas al ministerio de tráfico de la guardia civil, o como se llame.

Pero vamos al mosquito en cuestión: la metrosexualidad, queridas amigas personas lectoras de la segunda mejor columna televisiva de la red o prensa espeinola. (Y digo segunda para que no venga alguien con una sobredosis de terapia de grupo a hablarme de autocrítica). Bien. Pues al parecer, Antena3 opina que es un tema candente y ha comprado un programa de la NBC gringa para traerlo hasta nuestras pantallas (la mía de plasma) en fabuloso espeinol. El original se llamaba Queer Eye for the Straight Guy, el nuestro se llama El Equipo G. Ge de guey, o sea de marica. Y digo marica porque en inglés dicen queer, que significa algo así como raro, pero se ha quedado en marica, y ha sido absorbida por la cultura guey como palabra propia. Pero todo esto da igual. Diremos guey para no encabronar a nadie innecesariamente. No vaya a ser que me envíen a alguna terapia de grupo.

Premisa de El Equipo G, queridas: Cinco gueys cinco atacan a un pobre heterosexual que no sabe ni vestirse solo y le enseñan a vestirse, a peinarse, a arreglar su casa, a comer e incluso a tener alguna idea sobre cultura contemporánea. En otras palabras nuestros 5 héroes gueys se lanzan a las calles de nuestras ciudades como vengadores emplumados en busca de gente a quien convertir en metrosexuales. Pero claro, como todo buen guey sabe, convertirse en metrosexual puede llevar semanas, meses, incluso años y algunas horas más de esfuerzo. No es fácil ser metrosexual. Y tampoco veo que valga mucho la pena.

Yo veo a los cinco protas de la nueva serie telerreal y pienso: a estos tíos les ha llevado un buen tiempo saber vivir como viven. Tiempo, dinero, movidas, conversaciones, millones de horas delante de miles de revistas, una gran inversión en sí mismos. Pero tienen que lograr el milagro de convertir a un tío que no tiene ni idea ¡en un solo día! Vale, es televisión y hacen trampa. La trampa es lo principal. Pero la trampa principal está en no mostrar el proceso de cambio que implica cualquier proceso de cambio. Transmitir que el cambio es rápido, automático, realizable con sólo ir de compras: esa es la trampa. Porque es una mentira insalvable, mis queridas, una mentira, una mentira unamentiraunamentira UNA MENTIRA. Y las mentiras que esconden el proceso por el cual se llega de un sitio a otro, sobre todo en movidas de cambio personal, hacen más daño que dejar las cosas como estaban.

El gran antecedente del metrosexual, como todas vosotras sabéis automáticamente y sin haber leído nada, es el dandy decimonónico. Bien, el dandy, como el metrosexual, es un tío de clase media que aspira a más. Dandy: aspira a pertenecer a una nobleza idealizada, elegante, sabelotodo, ya en vías de extinción (ver Revolución francesa). El MS aspira a pertenecer a la clase de gente que pilla birras gratis en la sala vip del aeropuerto, que entra en las discotecas de moda sin hacer más de una hora de cola entre las 3 y las 4 de la madrugada, que come en restaurantes donde echan comida hiperdecorada a precios lunestres, que conduce coches que sólo el dinero puede comprar, que se hospeda en hoteles de 5 estrellas y sabe para qué sirven todas esas chorradas que dejan en una cestita en el baño, y no se atraganta con la almohada al ver los precios del servicio de habitaciones.

En todo caso, el dandy llegó a estar tan estreñido mental, social, intelectual y espiritualmente que se convirtió en una figura que ya lo había visto todo, para quién todo carecía de interés y que por lo tanto, estuviera donde estuviera, se aburría como una ostra entre mejillones en una batea de la ría de Vigo. El MS no ha llegado todavía a ese nivel de bajura emocional, pero ya se la veo venir. El otro día en Barcelona vi un gimnasio con grandes ventanales que daban a la calle. Y ante esos ventanales había una fila de unas 15 máquinas de andar. Y un servidor absoluto vuestro pensó: ¿Y por qué no sale la gente a andar por la calle, que al fin y al cabo es lo mismo en cuanto ejercicio, pero más entretenido en cuanto a ver cosas, gente, perros, etc.? ¿No será que ya lo han visto todo y les da igual aburrirse en un sitio que otro?

En fin. Entre los superchicos cuyo curro consistía reinventar al guarro de turno, había uno dedicado a la belleza masculina, otro a la moda, otro a la decoración, otro a la cocina, otro a temas culturales. Igual que una revista de señoras. La casa estaba echa un verdadero ñam. Increíble. Mi chavala tuvo que salir de la capilla donde tenemos la tele de plasma y pedir un vaso de agua al primero del servicio que pasara por ahí. Bueno, luego pasa todo lo que tiene que pasar. Extraen al tío de su madriguera utilizando señuelos y otros trucos propios de la caza de subsistencia en sociedades tradicionales. Lo llevan a comprar ropa de bastante mal gusto (porque, claro, todo depende de quién patrocine el programa, ¿no?). Lo llevan al mercado y le enseñan a comprar comida fresca y/o comestible (si tuviese una cocinera como tengo yo, no tendría ese problema). Lo llevan a una tienda de trastos para el hogar a buen precio. Lo llevan a la peluquería a que le arranquen la cabellera (que luego se lleva debajo del brazo como un trofeo de guerra, la guerra contra sí mismo). Y lo llevan a una escuelita de música para que aprenda a cantar en diez minutos porque el tío quiere ser cantante. Esto último quedó un pelín flojo. Tendrían que haberlo llevado a una tienda de discos retro a comprar las obras completas de Vicki Carr en vinilo.

Luego lo retrotraen a su madriguera y resulta que el sitio ha sido totalmente transformado. Han pintado las paredes de fucsia o algún color anejo, han limpiado el baño y la cocina y matado a todas las bestias mitológicas y dragones y hasta a un cíclope enano y peludo que se había metido a vivir debajo del fregadero. Labor heroica donde las haya y mi enhorabuena al equipo (invisible) de producción que logró la proeza. Le enseñan a vestirse-que-ya-es-mayorcito. Le muestran rápidamente como se prepara un rollito de jamón serrano con rúcula y allioli. Le enseñan a preparar un cóctel horroroso conocido por el nombre de cosmopolitan. Y digo que es horroroso porque detesto los cócteles dulces. Y ya. Todo listo. Tenemos entre nosotros a un metrosexual.

Tengo la tentación de llamar a este programa y proponerme como conejillo de indias. Así tendrían que venir a ver qué hacen con mi palacio del quince (hay unas humedades que cuesta un pastón reparar). Que vayan a hablar con mi sastre, a ver si me perdona la deuda a cambio de la publicidad. Que hablen con mi cocinera, que no es millonaria porque no le gustan los restaurantes, y le digan qué les apetece comer hoy. Y por lo cultural, que discutan el programa del microfestival de cine mudo que organiza mi mayordomo para los vecinos todos los veranos. Principalmente me interesa que lo convenzan de dejar eso del cine mudo porque no soporto que la gente de las películas no hable, y si habla, que no se le oiga. Oiga.

En fin, amigas, se me acaba el espacio. Lo único que me queda por decir es que El Equipo G es un programa educativo que deberían ver todos los tíos que viven por su cuenta y riesgo y tienen entre 20 y 40 años. DEBERÍA SER OBLIGATORIO. Porque si no enseña otra cosa, enseña a vivir, a disfrutar de la vida, de la vida en ciudad y en sociedad, cosa que parecen saber hacer muy bien los 5 chavalotes del Equipo G. Y de eso se trata.

Chao

Ramiro Cabana | 21 de diciembre de 2004

Comentarios

  1. Cayetano
    2004-12-22 04:22 ¿El equipo? Usar pantalla de plasma tiene algunos problemas, uno de ellos el olvidar viejas tecnologías: El haz de electrones se acelera y enfoca hasta que hace impacto sobre el recubrimiento de fósforo. La energía que contienen los electrones aumenta el nivel de los electrones del fósforo. Cuando los electrones retornan a su estado inicial emiten energía en forma de luz. El brillo emitido depende de ... Busque en el esquema dónde está el punto G. Que no cunda el pánico, chicas
  2. raul perez cobo
    2004-12-26 11:33 Recuerde Cabana, que existio Un Comando G…era el Comando G un grupo de adelantados de la moda, metrosexuales, a tenor de la ropa que vestian?
    Eran doctores en fisica y pilotaje, saber conducirse lo mismo en el espacio aereo que en el terreno, de buenas maneras y buen rollito, contra todo lo malo de la sociedad…
    cual es la diferencia entonces?
    quiza que eran mas animados y con menos trampa?

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