Libro de notas

Edición LdN
Sillón-Ball por Luis A. Blanco

El día 15 de cada mes nos asomaremos al deporte desde un punto de vista relajado, tal y como se disfruta desde el sillón. Pretendemos analizar de un modo distinto al habitual cuestiones de actualidad, momentos míticos o incluso recuerdos personales. Para ello, Luis A. Blanco se aprovechará de su conocimiento enciclopédico sobre el pasado y el presente del deporte para salpicar sus historias con anécdotas, trivialidades o datos poco conocidos para el gran público.

Vancouver 2010: Luces y sombras de unos JJOO de Invierno a nivel del mar

Cuando se aproximan unos Juegos Olímpicos, uno planifica cuidadosamente su calendario frente a la televisión (y desde hace unos cuantos, al ordenador también). Siempre hay unas retransmisiones que no se perdería por nada del mundo, otras que podría ver si no hubiera nada mejor que hacer, y una gran mayoría que simplemente engrosa una lista que no interesa. No obstante, cuando los Juegos son de invierno, al final siempre acaba picando uno en deportes con los que no contaba, y, aunque sea zapeando, todos acaban teniendo su minuto de gloria en nuestro receptor. Los acontecimientos se han vuelto a repetir una vez más en este 2010 con los Juegos de Vancouver. Unos Juegos marcados por la tragedia (la muerte de un deportista letón de luge en los entrenamientos el día antes de la inauguración), las extrañas condiciones meteorológicas (temperaturas primaverales, mala calidad de la nieve) y por las sorpresas, al menos en algunos deportes.

La cobertura televisiva ha sido bastante desigual. Muy bien, como siempre, Eurosport. Rápidos de reflejos con los imprevistos en el programa, buenos y apasionados comentaristas (al menos los de la versión inglesa) y excelente cobertura. Regular tirando a mal Televisión Española. Empezaron desastrosos, con problemas en la web y mala cobertura, poniendo partidos de tenis durante las horas de más actividad. Luego fueron mejorando, teniendo una semana final aceptable en este aspecto. El problema es que de los comentaristas sólo se salvaba la de siempre, la gran Paloma del Río, y un poco el binomio Paco GrandeBlanca Fernández Ochoa, cuando no tenían un invitado en la cabina que les hacía olvidarse de lo que ocurría al otro lado del cristal. El resto no tenían ni idea del deporte que comentaban (desde un estudio), y se dedicaban durante horas a repasar el currículum de los protagonistas.

Así que comprenderán que, dada la gran experiencia de Pekín, decidí que, en los casos de ausencia forzosa de Eurosport (cuitas personales), seguiría los Juegos por Internet, cortesía de Eurovisión. Seis canales simultáneos en directo, y buenos resúmenes por las mañanas. Sin comentaristas peñazos, sólo con sonido ambiente. Y totalmente gratis. La mejor opción, sin duda. Apúntenla para Londres 2012.

Deportivamente, ha habido de todo: sorpresas, confirmaciones, decepciones…desde héroes que serán nombrados hijos predilectos en sus poblaciones canadienses, hasta responsables que serán defenestrados a su vuelta a Moscú. Nos centraremos aquí en los deportes a los que este cronista prestó mayor atención, pidiendo disculpas por anticipado a los interesados en otras disciplinas que vi poco y de las que no entiendo nada.

Y visto el coñazo que di hace un par de meses, es de justicia empezar con el biatlón. La temporada de Copa del Mundo venía siendo bastante atípica, con muchos atletas prescindiendo de acudir a alguna prueba para preparar mejor la cita canadiense. Era por ello que cabía la posibilidad de que los grandes dominadores de los meses previos (en hombres Evgeny Ustyugov, Christoph Sumann y Simon Fourcade, y en mujeres Helena Jonsson y Anna-Carin Olofsson) no se encontraran en la forma idónea y pasaran sin pena ni gloria por la competición. Y algo así sucedió, sobre todo por lo que respecta a las suecas. Jonsson horrible, y Olofsson a nivel medio. La gran reina ha sido Magdalena Neuner, que perdió incomprensiblemente el oro en sprint ante una rival que esquió más rápido, pero que a esa plata sumó dos cómodos oros más en persecución y salida en masa. En su talón de Aquiles, la prueba individual, quedó cerquita del podio, y renunció por cansancio a los relevos. Lo ha hecho tan bien, que ha tomado la cabeza de la Copa del Mundo (en biatlón los JJOO puntúan también para esa clasificación). Sus compañeras alemanas, en cambio, han estado desastrosas. Sólo se salva un bronce de Simone Hauswald, y en el relevo, cuando lo tenían todo para luchar por el oro, tuvieron que conformarse con el bronce: pese al buen rendimiento de Hauswald y la muy regular Kati Wilhelm, Henkel y Beck estuvieron desastrosas.

Así que las rusas se hicieron con el oro en relevos, con un gran cuarteto casi infalible en el tiro, al que sumaron solamente una plata más (Zaitseva en salida en masa). Bueno, Anastasia Kuzmina era rusa, pero ganó un oro en sprint y una plata en persecución para Eslovaquia. La prueba de las outsiders fue la individual, donde la noruega Tora Berger se hizo con un merecido título, encabezando un atípico podium completado por una kazaja (Khrustaleva) y una bielorrusa (Domracheva).

Dejo para el final la gran actuación francesa, con dos bronces inesperados en sprint (Dorin) y persecución (Brunet). En relevos lo tenían muy bien para luchar con rusas y alemanas, pero Dorin tuvo que hacer 300 metros extra. Logró pasar del noveno al tercer puesto, y Sandrine Bailly consiguió su última gran medalla adelantando a Henkel en la última posta: se retira al final de temporada.

En cuanto a los hombres, todo se planteaba como un reto para Ole Einar Björndalen: ¿cuántas medallas sería capaz de añadir a su colección? Poco fino estuvo el gran Ole. Empezó fallando cuatro disparos en la prueba sprint, quedando decimoséptimo (y gracias a que salió delante, luego volvemos sobre esto). En la persecución, tres ceros le colocaron tercero, pero dos postreros fallos le dejaron séptimo. En la individual un poco mejor, compartiendo plata a pesar de dos errores. De la salida en masa ni hablamos: siete fallos y cuarto por la cola. En el relevo, sus compañeros le dejaron luchando por el oro, y se limitó a aprovechar los fallos ajenos para asegurarlo. Era su sexto oro, que suma a cuatro platas para tener diez medallas olímpicas.

Y es que éramos muchos los que veíamos a su joven delfín, Emil Hegle Svendsen, como el mejor preparado para ser el mejor biatleta de los Juegos. Tampoco le hizo falta mucho: en una prueba sprint marcada por el hecho de que comenzó a nevar al poco de empezar, arruinando las posibilidades de todo aquel que no hubiera salido entre los quince primeros, consiguió la plata; un par de días después fracasó en la persecución, donde era el máximo favorito, y acabó junto a su mentor. Se desquitó ganando una de las pruebas individuales más igualadas de la historia, sacando sólo nueve segundos a Björndalen y al bielorruso Novikov, que con su cero iba en cabeza hasta a pocos metros del final. Y mientras que en la salida en masa estuvo gris, en el relevo cumplió su papel.

Así que hubo sorpresas. La mayor, el francés Vincent Jay, ganador sobre la misma pista el año pasado en individual: ganó la lotería sprint por delante de Svendsen y del croata Fak, y demostró que tampoco había sido mucha casualidad, manteniendo el bronce en persecución por detrás del sueco Björn Ferry, muy superior aquel día, y del austríaco Sumann, que le superó en la vuelta final. La salida en masa fue una prueba muy abierta, ganada por el líder de la Copa del Mundo, Ustyugov, delante del pequeño de los Fourcade, Martin, y de otro sorpresón, el casi retirado eslovaco Hurajt. Y en fin, en los relevos, cuando todos esperaban a los franceses, se hundieron quedando sextos. Los decepcionantes austríacos se llevaron la plata, que pudo ser oro de no pifiarla Sumann, y los rusos aseguraron su medallita habitual, en este caso un bronce perdido al sprint.

En general, he encontrado el biatlón olímpico bastante decepcionante: sólo la individual y la salida en masa masculina fueron interesantes hasta el final. Como hecho curioso y lamentable, decir que en ambas pruebas de persecución los jueces se equivocaron a la hora de dar la salida a algunos competidores, haciéndolo desde 30 segundos antes (el canadiense Leguellec) o quince después (Olofsson). Así, parecía que los tiempos se habían vuelto locos, puesto que el desfase era corregido automáticamente en los marcadores.

En cambio, el esquí de fondo o cross-country ha sido, a mi juicio, lo mejor de toda la competición. Las doce pruebas disputadas tuvieron muchísimo interés, y en casi todos los casos se decidieron de forma brillante. Había dejado de lado este deporte porque consideraba que casi siempre ganaban los mismos y, aunque no me faltaba algo de razón, la espectacularidad ha sido la nota dominante.

Empezemos de nuevo por las chicas. Llegaba de gran dominadora la polaca Justyna Kowalczyk, y como gran alternativa, la sueca Charlotte Kalla, que siendo más especialista en el estilo libre era la gran favorita para la primera prueba, los 10 km contrarreloj. La sueca se impuso, como estaba previsto, por delante de la estonia Smigun, que al igual que en Turín preparó con esmero la primera prueba, y de la veterana noruega Marit Björgen. Björgen había sido la gran derrotada en Turín, cuando llegó como dominadora absoluta y se fue sin oros. Aquí iba a venir desde atrás. Siendo especialista en clásico, la prueba sprint le venía como anillo al dedo, y se impuso a Kowalczyk, aprovechando que la gran favorita, la eslovena Majdic, se había caído en las eliminatorias y, renqueante, sólo pudo ser tercera. Esa misma punta de velocidad le sirvió a Björgen para ganar la prueba combinada o de persecución (que antes se corría en contrarreloj clásico y hándicap libre, y ahora se corre en salida en masa clásico con cambio de esquís para hacer libre). Björgen no disputó el sprint por parejas (libre), que ganaron las alemanas con bastante soltura, pero fue la última relevista en la prueba tradicional de relevos, llevando a Noruega al título tras un gran trabajo de sus compañeras. El colofón vendría en la prueba final, los 30 km clásicos. Desde el principio se vio que todo sería un duelo entre Björgen y Kowalczyk, y que posiblemente se resolvería al sprint. Así fue, pero el sprint fue de una belleza sobrenatural. A mí me recordó a la final de 10000 metros de los juegos de Sydney entre Gebrselassie y Tergat. Kowalczyk entró primera en la recta de meta, Björgen se puso a su altura, la superó, pero la polaca sacó fuerzas de alguna parte para ganar por una fracción de esquí. Meritorio tercer puesto ¡a más de un minuto! de la finlandesa Saarinen, que tuvo problemas en un cambio de esquís (hay que cambiarlos cada cierto tiempo porque se les acaba la cera que les dan). Lástima que Kowalczyk, que estuvo sancionada por dopaje hace unos cinco años, haya insinuado que Björgen debe sus cinco medallas a un medicamento contra el asma…

En el campo masculino, esperábamos la repetición del duelo vivido en el Tour de Ski entre el noruego Petter Northug y el checo Lukas Bauer. Siendo este último un especialista en clásico, el que quedara tercero, detrás del suizo Cologna y del italiano Piller Cotrer en la prueba inicial, en libre, hacía presagiar que arrasaría en estos Juegos, al menos en las pruebas de distancia. Pero la historia la iban a escribir otros. En la prueba sprint, conocido el superior final de Northug, los rusos Kriukov y Panzhinsky decidieron llevar un ritmo infernal durante los 1600 metros, peleando entre ellos por el oro y dejando al noruego con el bronce. La mejor prueba fue la persecución. Tras una fase clásica llevada en grupo grande, justo en el cambio de esquís para afrontar la parte en libre atacó el sueco Olsson. Sus compañeros Hellner y Södergren se pusieron en cabeza del grupo para ralentizar su marcha, y a pocos kilómetros del final Olsson llevaba 25 segundos de ventaja. Como en las mejores pruebas ciclistas, la caza fue terrible al final, con dudas de si lo cogerían o no. Pero tan fuerte tiraba el ruso Legkov, que un grupo de cuatro lo alcanzó en el último kilómetro. Northug tuvo un problema con los bastones en el momento justo, y en el sprint final Hellner venció delante del alemán Angerer y Olsson. Legkov, cuarto, veía cómo su descomunal esfuerzo se quedaba sin recompensa.

En el sprint por equipos, una gran posta final le daba al fin a Northug su primer oro, por delante de Alemania. Y en relevos, contra lo habitual la posta decisiva fue la segunda, y no la cuarta. Olsson y el francés Vittoz se escaparon, siendo alcanzados, en una posta sensacional, por Bauer. Se hundió el noruego Hjelmeset, que ha atribuido su bajo rendimiento a haber visto demasiado porno. El tercer relevo, donde por Noruega actuó el biatleta Lars Berger, no cambió las cosas; pero en el último, Hellner dejó al checo y al francés, cuya ventaja de 40 segundos enjugó Northug con aparente facilidad. Oro para Suecia, plata para Noruega, bronce para Chequia…e increíble cuarto para Francia, tuvieron la medalla durante toda la prueba. Finalmente, en los 50 km, la prueba se desarrolló de manera muy diferente a la femenina: en grupo total, numeroso, con diferentes estrategias de cambios de esquís. En el tramo final, Northug pudo sobrepasar al alemán Teichmann, ganando su cuarta medalla (segundo oro). Olsson conseguía otro bronce.

Por el contrario, cada vez me gusta menos el esquí alpino. Acostumbrado desde niño a ver sólo este deporte de invierno, siempre lo he visto, pero entre los aplazamientos y parones, las diferencias del estado de la nieve entre las bajadas de unos y otros, y la ausencia de figuras carismáticas, ha perdido mucha de mi atención. Aun así, he visto bastante. En chicos, la decepción fue Didier Cuche, muy lejos de las medallas en las pruebas de velocidad. La sorpresa, el renacimiento del veterano Bode Miller, tres medallas, una de cada color (oro en supercombinada): igual que el noruego Aksel Lund Svindal, que ha sabido reponerse de una gravísima lesión, que ganó el supergigante. Los suizos salvaron, y bastante, los muebles, con las victorias de Didier Defago en el descenso y Carlo Janka en el gigante. Al vencedor en eslalon, el italiano Giuliano Razzoli, lo conocían pocos. También hay que destacar al siempre competitivo croata Ivica Kostelic, que sumó dos medallas.

En el campo femenino, la batalla se planteaba en un principio entre la estadounidense Lindsay Vonn y la alemana Maria Riesch; la primera con ventaja en las pruebas de velocidad, y la segunda mejor en las pruebas técnicas. Pero ambas con posibilidades de ganar en cualquier disciplina. La muy mediática Vonn empezó mejor, ganando un descenso que nos dejó muchas caídas, especialmente la de la sueca Paerson cuando saboreaba la plata, y muy llamativa la de la francesa Rolland, a los tres segundos de carrera, en un tramo recto y casi plano, rompiéndose el cruzado. Paerson ganaría su sexta medalla olímpica al día siguiente al ser tercera en la supercombinada, donde Riesch igualó a Vonn, que se salió en el eslalon, incapaz de superar la presión. Julia Mancuso había sido la segunda en ambas pruebas. En el supergigante, la austríaca Fischbacher dio la sorpresa, con Vonn tercera y Riesch algo lejos. Vonn no acabaría ninguna prueba más. Extraño fue el gigante, ganó otra alemana, Rebensburg, delante de dos multimedallistas: la eslovena Maze y la austríaca Goergl. En un precioso eslalon, Riesch tomó el trono de los Juegos, con otra reaparecida, Schild, justo detrás.

Los saltos de esquí tuvieron un desarrollo parecido en sus dos pruebas individuales. Se esperaba el duelo entre el suizo Simon Ammann y los austríacos, fundamentalmente Gregor Schlierenzauer, pero también el ganador del cuatro trampolines, Kofler. Pero Ammann no dio opción al duelo ni en el trampolín corto ni en el largo. Hizo los mejores saltos en cada una de las cuatro rondas de competición y no falló. Segundo en ambas pruebas fue el polaco Adam Malysz, excelso competidor, y tercero, recuperando de malas primeras mangas, Schlierenzauer. A destacar el hundimiento del finlandés Hautamaeki en el trampolín largo, donde pasó del tercer al vigesimoséptimo puesto. La prueba por equipos iba a ser ganada por Austria sí o sí: era la medalla más segura de toda la quincena. Así fue, e incluso Schlierenzauer se permitió arriesgar en el último salto para conseguir el más largo de todas las pruebas, con un meritorio aterrizaje donde consiguió no tocar la nieve ni con el cuerpo ni con las manos. Muy interesante estuvo la lucha por detrás, donde alemanes y noruegos se impusieron a finlandeses y japoneses.

En cuanto a la combinada nórdica, los cambios en el reglamento han destrozado, a mi juicio, este deporte. Hasta hace un par de años, había fundamentalmente dos pruebas, una sprint con un salto y 7,5 km de fondo, y una individual con dos saltos y 15 km de fondo. Ahora todas las pruebas tienen un solo salto, sea en trampolín grande o pequeño, y 10 km de fondo. Además, en Copa del Mundo la puntuación en salto depende de la puerta desde la que se salte y del viento reinante en el momento del salto. En los Juegos, de momento todos saltan desde la misma puerta y el viento no se tiene en cuenta. La Copa del Mundo venía siendo dominada por el francés Jason Lamy Chappuis, del que yo creía que llegaría a Vancouver pasado de forma.

La prueba de trampolín corto fue otro momento mágico de los Juegos. Tras un salto igualado, en la prueba de fondo se formó un pelotón de siete unidades del que no tiraba nadie permanentemente, y que fue cazado por el estadounidense Bill Demong a unos 2 km del final. En el último kilómetro se desataron las hostilidades. Atacó el japonés Kobayashi, que fue seguido y sobrepasado por el estadounidense Spillane. Cuando parecía que éste iba a ganar, surgió de la nada Lamy Chappuis, que había estado escondido en el grupo toda la prueba, y le pasó en la recta final. El italiano Pittin se llevó un sorprendente bronce, mientras que Demong acusó la factura de su esfuerzo. Nueve días después (los americanos se fueron incluso a su país) se disputó la prueba por equipos (un salto y relevo de 4×5 km). Los americanos hicieron grandes saltos y parecían favoritos para ganar el oro, pero sus primeros relevistas no estuvieron bien, sobre todo el campeón del mundo Lodwick, y Spillane y Demong se encontraron igualados con los austríacos para las dos postas finales. Gottwald aguantó a Spillane, y Stecher ganó en el sprint a Demong. Era la séptima medalla olímpica para Gottwald. Alemania se hizo con un cómodo bronce. En cuanto al trampolín largo, aquí se produjo un escándalo. Las condiciones de viento fueron muy cambiantes, y cuando sólo quedaban cinco saltadores por participar, eran mucho más desfavorables que al principio. El jurado, apresurado por terminar pronto, les obligó a saltar. Lo que ocurre es que eran los cinco primeros de la Copa del Mundo, y se vieron forzados a salir con más de dos minutos de retraso sobre los primeros, perdiendo todas sus opciones. Así vistas las cosas, al principio de la prueba en línea se formó un grupo de tres, con más de medio segundo sobre un nutrido pelotón, que se iba a jugar las medallas. También parecía claro que los estadounidenses eran superiores, y Demong logró al fin su ansiado título. Spillane sumó su tercera plata, y el austríaco Gruber, el mejor en el salto, el bronce. Detrás, bastante lejos, Hannu Manninen llegaba cuarto. El finlandés, que ha sido el gran dominador de la especialidad durante bastantes años, había vuelto tras su retirada para tratar de conseguir por fin una medalla olímpica individual: se quedó sin ella.

El último deporte que tenía especial intención en ver era el curling, sobre todo el femenino. Aun con los recuerdos de la emocionante final de Turín, resuelta por el equipo sueco de la gran skip Anette Norberg en un extra end contra Suiza, desde el principio el torneo se planteó como un duelo entre un joven pero extraordinario equipo canadiense, y el de Norberg. En la liguilla, Canadá perdió con las campeonas mundiales chinas, y Suecia por ¡10-1! con Rusia. En el enfrentamiento entre ambas, Norberg estuvo fatal y Canadá ganó fácil. Ambos equipos llegaron a la final y ahí se vio que la veteranía es un grado. Norberg cometió fallos importantes en los primeros ends, pero la skip canadiense, Cheryl Bernard, erró un take-out no muy complicado en el décimo end, con 6-4 a su favor, que permitió a Suecia llevar el partido, una vez más, al extra end. Allí Norberg supo engañar a su contrincante, que aun con la ventaja de lanzar la última piedra falló el lanzamiento decisivo, dándole su segundo oro consecutivo a las suecas. De nuevo la final femenina había sido espectacular. El torneo masculino fue dominado por Canadá y Noruega, pero aquí se vio a las claras que los canadienses eran superiores. El interés quedó entonces en dilucidar si era más atractivo físicamente el third canadiense o el skip noruego, y en preguntarse de dónde habrían sacado los noruegos sus pantalones arlequinados.

Entre las pruebas con las que me he encontrado al zapear, destacaría el patinaje de velocidad. Aunque es muy plástica, tiene el inconveniente de no presentar competición directa, como el esquí alpino. Las pruebas de fondo son interesantes, ya que lo importante es mantener el ritmo y no desfallecer al final. En los 10000 metros masculinos se produjo una de las imágenes de los Juegos. El holandés Sven Kramer tenía la carrera ganada, pero a unos 3 km de la meta su entrenador le indicó que debía tomar la siguiente curva por la calle interior. Tras dudar, Kramer le hizo caso; el problema es que en realidad le tocaba ir por el exterior. Total, descalificación e impresionante bronca del patinador al técnico. La imagen de ambos sentados en la zona de boxes, separados, sin mirarse, era muy elocuente. Otra prueba es la persecución por equipos, similar a la del ciclismo, donde sí hay competición frente a frente. En la competición femenina, las japonesas aún deben estar pensando cómo pudieron dejar escapar casi dos segundos de ventaja sobre las alemanas a 1 km del final: perdieron por tres centésimas, quizá con estrategia equivocada sobre cómo entrar en meta. Por el contrario, el patinaje de velocidad en pista corta me parece un fraude: un montón de tipos dando vueltas sin parar a una pista minúscula (111 metros de cuerda) como pollos sin cabeza, con multitud de caídas.

El otro patinaje, el artístico, presentó algo histórico: ningún oro se vino para Europa. Mejor, pocos lo iban a celebrar debido al horario. La verdad es que Evgeni Plushenko, al que después de Turín sólo habíamos visto sobre el escenario del festival de Eurovisión, era favorito, pero no anduvo fino y los jueces le dieron el empujón definitivo al estadounidense Lysacek para que le superara por un estrecho margen. A destacar la fenomenal actuación del español Javier Fernández, decimocuarto, muy bien en el programa libre, que incluso quedó delante del caído Brian Joubert. En parejas tuvimos dominio chino, y en mujeres asiáticas y americanas dejaron a la mejor europea sexta. En cuanto a la danza, el apoteosis canadiense. Era la tercera vez que no ganaba Rusia/URSS, pero sin la calidad de las dos ocasiones anteriores: los fantásticos Jane Torvill y Christopher Dean en Sarajevo (inolvidable su Bolero de Ravel), o los no menos geniales Marina Anissina y Gwendal Peizerat, ganadores en 2002.

En cuanto a las competiciones de trineos, mi inexperiencia me hacía conocer sólo dos nombres legendarios: el italiano Zoegeller en luge, y el alemán André Lange en bobsleigh. Zoegeller consiguió su quinta medalla, pero detrás de dos alemanes; Lange ganó su cuarto oro total, segundo en parejas, y amarró por los pelos una plata en cuartetos, pero lejos del estadounidense Steven Holcomb, que después de su operación en la vista ahora tiene más argumentos aún para dominar el plantel. Lo más emocionante, de todas formas, estuvo en el skeleton, donde en la última manga de ambas carreras (masculina y femenina) se cambió el podio, debido a golpes de algunos corredores con el lateral de la pista. En general, hubo más vuelcos de lo habitual debido a la dificultad de la pista de Whistler y a su famosa curva fifty-fifty, donde en general hubo dominio alemán. Eso sí, no pude identificar las curvas con las fotos que me había mandado mi editor cuando estuvo visitando las instalaciones la pasada primavera…

Por último, reseñar que en el deporte nacional canadiense, el hockey, ambas selecciones anfitrionas derrotaron al gran rival, Estados Unidos, en las finales. Particularmente emocionante fue la final masculina, con los vecinos del sur forzando la prórroga en la última jugada, sólo para ser derrotados poco después. Otra imagen de los Juegos es la del equipo femenino celebrando la victoria en la misma pista fumando puros y bebiendo champán.

Los españoles, de viaje organizado, salvo algunas honrosas excepciones. Me gustaría saber cuántas personas compusieron la expedición que acompañó a los 18 deportistas. Sólo Fernández y Queralt Castellet, con su desafortunadísima caída en el calentamiento cuando apuntaba muy alto en half-pipe, tenían nivel suficiente para estar con los mejores, y del resto sólo unos cuantos para no estar en el pelotón de los torpes. Nada que no supiéramos de antemano.

Sochi 2014 nos espera; confiemos en que las pruebas se puedan celebrar sin mayores contratiempos meteorológicos, que TVE haga un despliegue medianamente decente, y que algún español se clasifique entre los diez primeros.

Luis A. Blanco | 15 de marzo de 2010

Comentarios

  1. oceanida
    2010-03-15 19:00

    Molan mas los Paralimpicos! Ya tenemos la plata!!

    Ademas los participantes son mucho mas “integros”!!!

    Abrazos!

  2. josep m. fernández
    2010-03-15 19:45

    Yo también intento seguir más los paralímpicos porque tengo un par de amigos que compiten mientras que a los Castellet y cía sólo los conozco de verlos por la tele. Lástima que la cobertura sea tan pobre a base de resúmenes paniaguados.

  3. Clyde
    2010-03-18 01:49

    Al final vi algunas pruebas de biathlón y la verdad es que me gustaron, gracias por la recomendación!

  4. Seo
    2010-03-18 21:16

    Buen resumen Lab, nos vemos en Sochi…

  5. Juan Luis
    2010-03-31 01:46

    El curling femenino lo querías ver por las ¿atletas? madre mía algunas suecas y la canadiense espectacular el calendari0 que han hecho



LdN en Twiter

Publicidad

Publicidad

Libro de Notas no se responsabiliza de las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons
Desarrollado con TextPattern | Suscripción XML: RSS - Atom | ISSN: 1699-8766
Diseño: Óscar Villán || Programación: Juanjo Navarro
Otros proyectos de LdN: Pequeño LdN || Artes poéticas || Retórica || Librería
Aviso legal