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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

Traicionero infinitivo

En una de estas “redes sociales” que vienen sustituyendo a los cafés de tertulia (salvo que, ahora, el café te lo pones tú, de tu casa, y te ahorras la propina) aportaba yo un texto donde un tertuliano y amigo me señaló un renuncio, esto es: Mentira, falta o contradicción en que se coge a alguien, que dice el DRAE, y colijo entonces que, si no te cogen, no es renuncio propiamente dicho.

Pero el caso es que me cogieron.

Decía yo: “Advertir además que, en este caso,…”

Y, claro, ahí no hay oración. No la hay porque no hay verbo ni sujeto, pues, aunque aparece una forma verbal, esta figura en infinitivo. Y un infinitivo es, en realidad, el nombre del verbo, un sustantivo, una forma impersonal que, por lo tanto, no admite sujeto.

En vano descargo aclararé que la frase “pensada” portaba un introductor del tipo “quiero advertir…”, “debo advertir…” o “tengo que advertir…”; formas correctas donde el infinitivo ejerce de complemento directo. Hubo pues una elipsis indebida, fruto de la premura que el teclado alienta, lo que no justifica el solecismo.

Pero lo usual en este caso es que el hablante haya querido emplear el modo imperativo plural: Advertid. Pero los hispanohablantes abominamos de las consonantes finales sordas y pronunciamos reló, Madrí, coñá e interné, y esta ausencia termina por provocar la vacilación entre “d” y “r” final, toda vez que, además, ambas formas existen aunque con funciones distintas.
– ¡Niños, ser bien educados y dar las gracias a este señor tan amable!
– Esto tenerlo muy en cuenta.
Hacerle caso y esconderlo bien.

Es más frecuente encontrarlo con el aditivo de un pronombre, especialmente cuando se trata del reflexivo de segunda persona “os”, en parte una hipercorrección ante el horror vacui que produce la obligada elisión de la desinencia –d del imperativo (estad->estaos, tened->teneos, poned->poneos), con la excepción muy cualificada de “idos” que, sin embargo, no escapa a la maldición.

Esta incorrección ha sido trasladada a la literatura culta en innumerables ocasiones, muchas veces como artificio del autor para dotar al personaje de un habla castiza.
– “Estaros quietos, éste es compañero, joder”. […] “Tranquilizaros un poco, coño”. (Trascripción de conversación oral, así recogida en varios medios, 26/09/2012).
– Niñas… Poneros los sombreros… (Gómez de la Serna)
Poneros como es debido —les decía su madre-. (Sánchez Ferlosio)
– ¡Fuera! ¡Iros a vuestro infierno y dejarme con el mío! (Torrente Ballester)
Quedaros aquí. (M. A. Asturias)
– Eso decimos por acá. “Darle un actor malo al público a ver cómo lo toma. ¿No alcanza, no gusta? Darle dos.” (Larra)

Lo cierto es que el panorama para el hablante no es sencillo. Para empezar, como ya dije, son válidas las estructuras con verbo más infinitivo, con o sin la partícula “que” u otras.
– De su condición deciros podría … (Góngora)
Nadar sabe mi llama el agua fría… (Quevedo)
– Mis pensamientos no temiendo hallaros, […] / dicen mis ojos que podrán miraros. (Lope)
– Que el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada. (Becquer)

Por otro lado, anteponiendo la preposición “a” a algunos infinitivos se obtiene un sentido imperativo coloquial pero correctísimo:
– ¡Venga, a correr todo el mundo!
¡A callar, que no son horas!
¡A joderse!

Y, para terminar de complicarlo, es también uso aceptado cuando aparece en instrucciones o indicaciones (pese a que no hay una justificación gramaticalmente sostenible):
Tirar de la anilla en caso de emergencia.
Batir los huevos y mezclarlos con el azúcar.
No fumar.
Empujar.

Todo lo cual configura una compleja gama de usos y opciones que confunden y tientan al mejor escribano a cometer un imperdonable pero humano desliz.

Como fue el caso.

Miguel A. Román | 28 de septiembre de 2012

Comentarios

  1. Germán
    2012-09-29 00:16

    El uso del infinitivo, como licencia poética, al modo de las instrucciones, a menudo da buenos resultados semánticos.

  2. Otis B. Driftwood
    2012-09-29 04:54

    Se te ha olvidado el ya mítico “si me queréi, irse”.

    Alguien tenía que señalarlo.

  3. Marcos
    2012-09-29 05:12

    Yo creo, Germán, que ese uso del infinitivo en manuales no suplanta al imperativo, sino que es uso genérico del significado de ese verbo. Así, “Doblar el papel por el medio” no es una orden, sino que el uso del verbo en infinitivo indica algo así como su “significado completo”, solamente su significado sin conjugación alguna.

    ¿Me equivoco, Miguel?

  4. Miguel A. Román
    2012-09-29 18:03

    No sé si Germán se refiere a algo así:

    Desmayarse, atreverse, estar furioso,
    áspero, tierno, liberal, esquivo,
    alentado, mortal, difunto, vivo,
    leal, traidor, cobarde y animoso;

    no hallar fuera del bien, centro y reposo,
    mostrarse alegre, triste, humilde, altivo
    enojado, valiente, fugitivo,
    satisfecho, ofendido, receloso;

    huir el rostro al claro desengaño,
    beber veneno por licor süave,
    olvidar el provecho, amar el daño;

    creer que un cielo en un infierno cabe
    dar la vida y el alma a un desengaño:
    esto es amor; quien lo probó, lo sabe.

    Este truco también se puede usar en otras lenguas:

    To be, or not to be: that is the question:
    Whether ‘tis nobler in the mind to suffer
    the slings and arrows of outrageous fortune,
    or to take arms against a sea of troubles,
    and by opposing end them? To die: to sleep;
    no more; and by a sleep to say we end
    the heart-ache and the thousand natural shocks
    that flesh is heir to, ‘tis a consummation
    devoutly to be wish’d.

    EL infinitivo para describir estados comunes, tiene dos ventajas: que es impersonal (y por tanto aplicable a cualquiera) y asimismo es atemporal, lo que le confiere un sentido universal y eterno, ideal para citar las grandezas y miserias inherentes al ser humano.

    Más prosaicamente, esas dos características serán tal vez la razón por la que se utiliza para intrucciones e indicaciones, aunque en realidad es un fenómeno de finales del siglo XX, ya que antiguamente se utilizaba el futuro simple y el imperativo o, más recientemente, la pasiva refleja con “se”.

    En parte, como dice Marcos, es una forma aséptica de indicar la acción propuesta frente al imperativo que parece señalar al lector del mensaje. Noto que cuando las indicaciones se hacen orales casi nunca se emplea el infinitivo, porque en esos casos hay un destinatario explícito.

  5. german
    2012-09-29 23:19

    Lo pensaba en su extendido uso en poesía, Marcos. Y es exacto, Miguel, lo que planteas. La impersonalidad y la atemporalidad, tras apuntar al todo, se abre a nada en específico: de ahí, de esa ambigüedad tan precisa (si se permite el oxímoron) de donde surgen juegos de polisemia poética muy atractivos. A eso me refería. Y por poner un ejemplo contemporáneo:

    Los gestos.
    Reducir los gestos.
    El de los ojos,
    entreabiertos para
    la claridad, y a veces
    cerrados. Prolongar
    el tiempo entre el abrir
    y el cerrar.
    Reducir los ciclos
    del párpado.

    Aquietar el aliento.

    Querer menos.

    Chantal Maillard De Hilos (2007)

  6. Kohonera
    2012-09-29 23:32

    Aunque no tenga nada que ver con el asunto del que se trata, creo que la expresión

    “aunque aparece una forma verbal, esta figura en infinitivo”

    sería más correcta así:

    “aunque aparece una forma verbal, ésta figura en infinitivo”

  7. Miguel A. Román
    2012-09-30 02:36

    No, Kohonera. El uso diacrítico de la tilde en los pronombres demostrativos ha sido explícitamente abolido. Literalmente, en la Nueva Ortografía de la lengua española, apartado 3.4.3.3 enuncia la Asociación de Academias que “a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en los casos de doble interpretación”, donde el adverbio “ahora” se debe interpretar como la fecha de publicación de dicha ortografía académica, diciembre de 2010.

    Puedes comprobarlo aquí, donde añade además que “la recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras”.

    A mí también me rechinaba al principio, pero la argumentación ortográfica que figura en la edición impresa (y que es algo prolija para contarla aquí) es impecable, y, por otro lado, el nuevo uso es mucho más cómodo.

    De todas formas, gracias por intentar advertir de un posible error; tal y como reconozco en el artículo, uno no está libre de pecado y esto de la gramática es terreno minado.

  8. Aloe
    2012-10-04 07:42

    Si de mi dependiera, yo quitaba todas las tildes. O al menos, las dejaba optativas. Pero no es probable que la mayoría de los que han aprendido a escribirlas renuncie a esa forma asequible de superioridad.

    En otro orden de cosas, cómo me gusta ese soneto de Lope, y eso que Lope no es santo al que tenga mucha devoción.

  9. Miguel A. Román
    2012-10-04 17:02

    Aloe: A mí también me encanta ese soneto de Lope, pero no le perdono haber usado dos veces la rima con “desengaño”, recurso absurdamente burdo en un poeta de su talla.

    De hecho, siempre he fantaseado con que la idea inicial del Fénix de los Ingenios fuera:
    dar la vida y el alma a un extraño
    pero las sinalefas del verso le arruinaban la métrica, algo aún más inadmisible en su época, así que cambió “extraño” por “desengaño” olvidándose de que ya estaba en el terceto anterior.

    Es una fantasía, repito; nunca sabré el porqué.

  10. Aloe
    2012-10-05 06:50

    Ni me había fijado. Esos dos tercetos me habían parecido siempre soberbios, aunque haciendo cada uno vida un tanto independiente. Quizá por eso no lo habia visto. Ahora ya me acordaré siempre, claro. Dulce ignorancia.



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