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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

El extraño caso del adverbio esquizofrénico

La edición en vigor del Diccionario de la Real Academia mantiene (y no está prevista modificación alguna) una entrada única para la voz “aun” (así, sin tilde) para dar a continuación cinco probables significados: cuatro que corresponden a “todavía” (con distintos matices) y una que se despacha con un críptico texto: Denota a veces idea de encarecimiento en sentido afirmativo o negativo. Para rematar añade un estrambote ortográfico: Escrito con acento cuando pueda sustituirse por todavía. […]. En los demás casos, se escribirá sin tilde.

Y, fiel a este principio, la entrada correspondiente en Wikilengua comienza con La palabra aun puede tener tilde en función del contexto”.

No entiendo ese empeño en aunar bajo un mismo cuerpo físico y conceptual a lo que razonablemente son dos palabras, distintas, dispares y disjuntas: aún, un adverbio de tiempo (o valor ponderativo), equivalente semántico de “todavía”, tónico prevaleciendo el hiato y, por eso mismo, debidamente tildado; y, enfrente de este, aun, un adverbio de variado pelaje con vocación de conjunción, prosódicamente átono y, en consecuencia, un diptongo monosílabo que, coherentemente con la norma, ni lleva tilde ni tendría por qué.

Lo cierto es que un tiempo hubo en que “aún” y “aun” fueron la misma cosa, cuando no existía el castellano sino, como mucho, un latín trufado de localismos en boca de labriegos, arrieros y pastores. Decíase entonces “adhuc”, literalmente “hasta ahora”, con esa sorda desinencia en “c” que no tardó en perder o trocar en “n”, como sucediera también a “sic” (asín=así) o “hic” (aquí).

Pero ya desde los primeros balbuceos del idioma encontramos documentos donde los “aun” alternan su función entre lo que permanece (todavía) y lo inclusive (incluso). No tenía entonces, claro, la tildación diferenciativa, que no entra normativamente hasta 1959.

Ya el Esbozo de la gramática (RAE, 1973) tenía claro que aún es un adverbio de tiempo y aun otro vocablo que de aquel proviene (1.6.9.b 2º y 3º). Aunque no figura así explícitamente, la Gramática de 2009 trata ambas funciones por separado y solo en un momento alude levemente a su parentesco.

Empero, es en lo ortográfico donde mayor colisión parece haber. En el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), se establecía lo siguiente:
Este adverbio oscila en su pronunciación entre el hiato [a – ún] y el diptongo [aun], dependiendo de diferentes factores: su valor semántico, su situación dentro del enunciado, la mayor o menor rapidez o énfasis con que se emita, el origen geográfico del hablante, etc. Dado que no es posible establecer una correspondencia unívoca entre los usos de esta palabra y sus formas monosílaba (con diptongo) o bisílaba (con hiato), es preferible considerarla un caso más de tilde diacrítica.

Sin embargo, y con mejor juicio, la muy reciente Ortografía de la lengua española (2010) enmienda esta plana:
La escritura con tilde o sin tilde de esta voz responde estrictamente a la aplicación de las reglas de acentuación del español […]. Así pues, la distinción gráfica entre ambas formas no es del todo asimilable a los casos de aplicación de la tilde diacrítica expuestos antes, aunque sea este el tratamiento ortográfico que se le ha venido dando tradicionalmente…

En efecto, si no hay identidad fonética, tampoco excepcionalidad de norma ni se atisba riesgo de anfibología, no hay, en resumen, ninguna razón para considerar “diacrítica” la tildación de una de las dos palabras. Ni la hay ni la hubo nunca, pues no hace falta diferenciar lo ya diferente.

Al menos no desde un punto de vista normativo, pues no está tan claro que, a la hora de la verdad, el hablante se esfuerce en delimitar con claridad la vocal tónica según lo que quiera expresar. Para Manuel Seco (D.Dudas, 1998) “esta norma, aunque muy clara, no responde exactamente a la pronunciación real. La sinéresis /aún/ es general cuando la palabra va delante de aquellas a las que afecta o usa el hiato (Aún no ha venido); solo a veces se usa el hiato /a-ún/ en esta posición cuando la pronunciación es lenta o se desea reforzar la significación del adverbio. Detrás de la palabra a que se refiere, el adverbio se pronuncia corrientemente con hiato, /a-ún/. En ninguno de estos casos interviene la signficación del adverbio”, para constatar a continuación que el uso en América es casi exclusivamente el tónico, cualquiera que sea el uso de destino. Nada recriminable, pues la fonética es un tema personalísimo y el riesgo de confusión es mínimo.

Pero el problema de esta aparente identidad se revela cuando llega la hora de escribirlo, lo que se pone de manifiesto diaria y reiteradamente en los medios escritos, tanto impresos como digitales, supuestamente escrita por profesionales (de los blogs de aficionados ni hablemos).

Toda vez que la fonética no ayuda tanto como se dice, lo mejor que podemos hacer es aprender a diferenciarlos; no para presumir de una esmerada ortografía y todavía menos por hacerlo con mayor claridad comunicativa (pues, como digo, poco riesgo de confusión contextual hay), sino porque es parte de nuestro idioma, un hermoso y valioso patrimonio.

Aún, el de la tilde, puede ser sustituido sin gran problema sintáctico por “todavía”, tanto en los casos en los que explícitamente indica tiempo como en las situaciones ponderativas (con más, menos, mejor, peor, etc, y siempre que aparezcan estos adverbios, la locución será con “aún” y nunca con “aun”). Cuando es de tiempo, su función afecta directamente al verbo principal de la oración y normalmente se sitúa cerca de él, pero, en cualquier caso, tiene la capacidad de mudar de posición en la frase sin que cambie para nada el sentido de la misma.
Porque soy como el árbol talado que retoño: / porque aún tengo la vida. (M.Hernández)
…tu mano como una tenaza/ agarró el oro vivo que quería volar / aún más profundo, aún más bajo, aún. (Neruda)
Como los papagayos colegiales, / y aún mejor, repetimos, / tan sólo de un aliento / y sin puntos finales, / los que de adolescentes aprendimos (Alberti)

Aun, el monosílabo átono, nunca indica tiempo, sino que propone una condición (que, sin embargo, nunca modifica la acción aunque se cumpla) o una situación de valor extremo, asemejándose a incluso, hasta, también o siquiera (con “ni”); al no ser un adverbio cualitativo, jamás se liga a un verbo, salvo en sus formas impersonales (especialmente gerundios y participios), y, en consecuencia, no es habitual en oraciones principales, sino en prótasis concesivas o condicionales, pareciendo más una conjunción, valor que alcanza al unirse a la conjunción “cuando”, al condicional “si” o al adverbio “así” (también a “que”, hasta el punto de haberlo hecho de forma inseparable: “aunque”) y casi siempre será este “aun” y no su alter ego el que se sitúe junto a estos. Y siempre, siempre, precede a los elementos a los que afecta, no pudiendo modificarse esta posición en el habla normal.

¡Qué traba la de la vejez, Platero! Ahí tienes a ese pobre amigo, libre y sin irse, aun viniendo ya hacia él la primavera (J.R.Jiménez)
Prendas son de amor estrecho, / que aun los más ciegos las ven. (Góngora)
Pide, porque, aun siendo dueña, / te pudiera dejar harta, / y aun si fueras cien legiones / de tías y de cuñadas. (Quevedo)

¿Se parecen? Sin duda. ¿Son iguales? Visto está que no. ¿Son “aun” y “aún” un mismo adverbio, un vocablo esquizofrénico o bipolar, que se complace en confundir al hablante y desquiciar al lingüista? Aun si así fuera ¿aún no ha quedado claro?

N. del A.: No es la poesía, ciertamente, el mejor ejemplificador del uso gramatical; pero los ejemplos en prosa sobre este particular están tan manidos que me he permitido ese guiño.

Otros:
La metonimia de aun por Javier Elvira (UAM)
En Culturitalia
En el Museo de los horrores

Miguel A. Román | 28 de enero de 2011

Comentarios

  1. Sofía Serra Giráldez
    2011-01-28 16:55

    Muy interesante, aunque sí creo que la poesía puede ayudar en estos asuntos, tal vez más que ningún lenguaje discursivo. Con permiso te dejo ese poema que escribí jugando con las dos acepciones, me lo has recordado.
    Un saludo

    [b]Aún tu joven y verde corazón[/b]

    Aún en todas las batallas del mundo/
    se alza tu estandarte extendido,/
    sábana de paz aleteando al compás del poderoso y rítmico eco/
    que el pálpito de tu pulso, generoso y aún, todavía, aturdido/
    por los menoscabos que tus pasos aun escasos,/
    van absorbiendo desde la arena a tu huella,/
    desde el agua salada a tu suave planta, a tu carne aún joven, a tu alma,/ magna aun tierna,/
    imprime en el libro del orbe./
    …Que no lo debilite el rompiente de las olas de los mares ajenos./
    Que las lenguas de sus mareas, brillantes, amplias,/
    vivíficas como páginas de agua,/
    tan sólo te laman las heridas. Si es que tienes que sufrirlas./

    Sofía Serra, (Canto para esta era, 2009)

  2. Day
    2011-02-01 11:29

    Siendo “aún” y “aun adverbios, no tendría sentido hablar de tilde diacrítica, pues no existe diferencia gramatical entre ambas palabras.



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