Libro de notas

Edición LdN
Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

Palabrotas (I)

(Advertencia: este artículo puede herir la sensibilidad de quienes piensen que este artículo puede herir la sensibilidad).

En un deportivo fin de semana oigo que Alberto Contador es “el puto amo“ y que Carla Suárez juega “un huevo de bien“, lisonjas (que por tales deben entenderse) ambas dichas en un medio de comunicación público –en audiencia y propiedad- por personas cuya apariencia presupone un nivel cultural más que aceptable. Nada, por tanto, de jerga barriobajera. Es “el lenguaje de la calle”, que es una forma relamida de llamar al lenguaje, común y auténtico, pues tengo para mí que son los otros apellidos del lenguaje los farsantes (léase literario, judicial, políticamente correcto, …).

En un sucinto repaso a publicaciones digitales y bitácoras de renombre encuentro igualmente una larga lista de coños, cojones, putos/as, cabrones, joderes y otros sintagmas soeces puestos sin tapujo en boca, pluma o teclado de dignísimos profesionales de la palabra.

Resumiendo, que lo que hasta no hace mucho yo, y supongo que usted, teníamos por palabrotas, expresiones tabú propias de entornos tabernarios y cuarteleros, vienen abandonando esos reductos y colonizan con descaro el habla cotidiana y aun la expresión culta y la opinión respetable.

No me malinterpreten ni deduzcan de mi tono que censuro este salir del armario de la ordinariez ni que me escandalizo por ello, que procuro mantener al margen de esta página mensual mis censuras y escándalos (aunque los tenga, como todo el mundo) y dejar solo a la luz la inquietud lingüística que al caso atañe, y a eso voy.

El uso de tacos es un hecho común, que yo sepa, a todos los idiomas que la cultura humana ha pergeñado. Desconozco si los sicólogos y sociólogos le conocen una causa mental a este universal recurso a la grosería. Pero si existe1 los lingüistas la ignoramos y, sencillamente, tomamos nota de ello. Permítanme el divertimento de poner cierto orden gramatical a la vulgaridad léxica.

Para empezar, hay que diferenciar el taco de la obscenidad. En ésta el vocablo posee su significación propia y plena, habitualmente genital o sexual, por lo que no es sustituible sino por sus sinónimos o eufemismos. Puede aparecer como un elemento conversacional “normal” como también un recurso “literario” (p.ej. para contar un chiste), o bien formar parte de un juego erótico de provocación:
· Anoche me fui de putas.
· Esto es un maricón que va…
· ¡Fóllame, cariño!

Pero, desligado de estos usos restringidos a un entorno o nivel de conversación concretos, la palabra tabú, por su propio valor de violación de la norma social, encuentra nichos de expresión peculiares, en los que tanto la función gramatical como el valor semántico son secundarios frente al valor expresivo y la contundencia con que se pronuncia.

En primer lugar tenemos el exabrupto, siempre en forma de interjección impropia, provocado por la sorpresa, el dolor o la ira. No hay estructura de oración (¡mierda, joder!), o, si la hay, no representa una acción real ni se alude a nadie en particular (¡me cago en la puta!).

Supuestamente responde a un componente emotivo muy alto. Es evidente que no ha de bastar soltar un “cáspita” cuando en el beso entre puerta y batiente se han interpuesto los dedos de nuestra mano. Caso particular es la blasfemia o juramento, donde se añaden elementos sacrílegos para aumentar la calidad de la infracción como mecanismo de liberación.

En la misma categoría, pero con el ímpetu atuenuado, encontramos la palabrota fática, es decir, aquella que es superflua salvo para recalcar la frase en la que aparece: Que sí, joder, que te escucho.

El otro uso habitual de la palabrota es la agresión verbal, el insulto o la imprecación. A la señorita que ha arruinado nuestra sacrosanta siesta para hacernos oferta telefónica de una inútil enciclopedia podemos mandarla a “hacer gárgaras”, pero no será raro que le recomendemos una actividad más relacionada con el extremo justamente opuesto del tubo digestivo. A diferencia del caso anterior, y aunque se pronuncie en un estado de excitación repentina, aquí el taco tiene destinatario, pudiendo figurar como sustantivo, calificativo o verbo en imperativo:
· Era un hijo de puta.
· ¡Qué puta vida!
· ¡Que se joda!

En este aspecto, y por figura retórica de antífrasis (o quizá asteismo), puede también emplearse como halago:
· ¡Qué bien dibuja ese cabrón!
· Aquí se come de cojones.
· Alberto Contador es el puto amo.

Cervantes nos deja en el Quijote testimonio de que ya de antiguo la ordinariez no era únicamente empuñada como insulto sino también como encomio:
- ¿Veis ahí —dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho- como habéis alabado este vino llamándole “hideputa”?
- Digo —respondió Sancho- que confieso que conozco que no es deshonra llamar “hijo de puta” a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.
(Cervantes, 2ª Quijote, 1615)

Mas, frente a estos usos (dispensables en tanto el habla es vehículo de pensamientos y, por ende, de emociones) aparece un empleo enfático de la palabrota, en forma algo más gratuita, desprovisto de marcada intencionalidad transgresora y sin aparente razón anímica que la respalde:
· Los trabajadores están cada vez más puteados2.
· ¿Qué coño dice aquí?
· Tener que ir por la tarde es una putada.
· Se me ha jodido el televisor.
· Estoy acojonada3.
· No me toques los cojones con ese asunto.
· Las he pasado putas para encontrar la dirección.

Además del uso explícito, se viene imponiendo una moda que consiste en dejar en elipsis el órgano que otorgaría plena impudicia a la oración: “se la suda”, “que le den” o “con un par”, en un ejercicio de recato tipo tanga: mostrar hasta el límite de lo permisible para evidenciar lo que supuestamente se oculta.

La característica fundamental de este grupo es que los vocablos han perdido su significado propio para adoptar un valor semántico distinto: perjudicar, estropear, fastidio, temor, etcétera. No constituyen una palabrota impulsiva o expresiva, sino que suplantan un término ya existente pero expresado en forma malsonante.

Y es este achabacanamiento de la forma de hablar y escribir, que vengo encontrándome a cada paso, lo que me ha llamado la atención. No es que sea tan inocente como para pensar que hasta hace unos años no éramos, en la intimidad coloquial, tan malhablados, pero me sorprende la facilidad con que este modo de hablar viene infiltrándose en espacios de comunicación públicos y más o menos formales donde eran insólitos tales vocablos.

Particularmente, y ahora sí es mi opinión personal, me inquieta que me hablen con abundantes procacidades personas que no forman parte de mi círculo íntimo, en igual forma que cuando me tutean sin haber dado yo pie ni otorgado aquiescencia a esas confianzas. Si no me parece un lenguaje adecuado en el fontanero que me arregla el bidé, menos me apetece en periodistas, políticos o personajes públicos de cualquiera estofa. Y si bien respeto el derecho de todos a expresarse en el idioma como crean conveniente, me reservo el mío a formarme una opinión de su educación basándome en dicho empleo de la lengua.

En cualquier caso, tengo también cierto recelo de que el abuso por cotidianeidad del taco le retire ese carácter de quebrantamiento liberador, alivio oral e inocuo de pulsiones primitivas, y que, a la hora de maldecir cuando nos salpique el aceite de la sartén o zaherir al que se salta el paso de peatones a nuestros pies, nos encontremos que nuestras armas léxicas han quedado romas y tengamos que regresar a los extintos “voto al chápiro”, “pardiez”, “bellaco” o “villano” para expresar con renovada vehemencia nuestro dolor y cabreo.

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1 En la relación entre psique y palabrota está la curiosa figura de la coprolalia, síntoma infrecuente pero característico del síndrome de Tourette, donde el paciente profiere tacos de forma compulsiva.

2 El término “putear”, al margen de su significados tradicionales y algo obsoletos de ir con prostitutas (ellos) o ejercer la prostitución (ellas), tiene otros dos, diferenciados por el area geográfica: en América significa insultar con palabras malsonantes, pero en España es más común la acepción de fastidiar o perjudicar, especialmente cuando se hace adrede.

3 Así, dicho en femenino, para resaltar que el verbo acojonar y su participio adjetivable han perdido con el uso la referencia a los testículos. Nada nuevo en el universo etimológico, toda vez que existen varones histéricos, del griego histera: relativo al útero.

Miguel A. Román | 28 de septiembre de 2008

Comentarios

  1. Cayetano
    2008-09-28 17:20

    Algunos domingos, como este de hoy, escucho a Pepa Fernández. Dentro de su programa “No es un día cualquiera” hay un colaborador que se llama Pancracio Celdrán. Cuando leo algunos de sus artículos, no se porqué, los leo imaginando su voz, la de Pancracio digo. Es que usted caballero escribe de puta madre. ;)

  2. Marcos
    2008-09-28 17:23

    Claro, entiendo que el taco, la blasfemia o la palabrota tienen una función lingüística y, por lo tanto, un ámbito de uso determinado; si se sale de ese ámbito de un modo habitual, dejan de tener la utilidad para la que surgieron. Y supongo que, o bien poco a poco habrá un retroceso en ese uso fuera de su contexto original, o bien se sustituirán por otros. Pero temo que todo forme parte del mismo cambio social: hoy los alumnos en clase dicen tacos abundantes cuando antes era impensable.

    Saludos

  3. Alberto
    2008-09-28 19:54

    Es la recomendación de la LFP para los jugadores: Señor colegiado, ha errado usted, diría que no ha sido penalty, tal vez debiera consultar con su asistente caballero.

  4. María José
    2008-09-28 21:16

    Miguel Ángel, veo que te resistes a ponerle la “p” a la psicología, aunque se la respetas a la psique.

    Marcos, es que hay que ponerse en la mente de los alumnos, para ellos esos tacos no tiene la carga de insulto y transgresión que podría tener en nuestra época. Forma parte de su forma de comunicarse y les cuesta mucho reprimirlas porque emocionalmente no están cargadas con esa valencia negativa con la que las percibimos nosotros.

  5. Ana Lorenzo
    2008-09-29 02:33

    Sí, la verdad es que las palabrotas son tan expresivas que resultan idóneas para cuando uno las necesita en casos como el del macarra del cochazo de detrás que se te pone pegadito y en cuanto te descuidas te la juega en la carretera, o cuando te das con la ventana abierta (inevitablemente siempre en la sien o en la nariz). Estoy contigo en que si se gastan, ya no es lo mismo. Siempre nos quedará rescatar las palabrotas de otros tiempos, como dices, o imitar al capitán Haddock.
    Un artículo muy entretenido, Miguel Ángel, y muy interesante. Veo que hay segunda parte; no me lo pierdo.
    Un beso.

  6. Manuel Ortiz
    2008-09-29 05:00

    Los tacos son un elemento del idioma que tiene su utilidad, y diría que hasta su gracia. Ahora bien, como acertadamente dice el autor, no es de recibo tener que aguantar estas palabrotas en boca de personas que apenas conocemos o que nos acaban de ser presentadas.

    Un taco empleado con gracia y con tino tiene su encanto y es un indiscutible refuerzo del lenguaje. Los tacos soltados sin ton ni son de manera repetida son una vulgaridad que retrata perfectamente la normalmente cortedad mental y la escasez de recursos verbales de quien los profiere.

  7. Una más
    2008-10-01 03:20

    Como alumna de instituto, me siento identificada y pese a que yo no suelo utilizarlas creo poder responder a tu duda sobre el porqué las usamos…y es que para nosotros esas palabras carecen de ese significado despectivo (excepto que se recurra a la difamación) así que las utilizamos únicamente para resaltar alguna idea y darle más expresividad a lo que queremos decir.

    Después de leer tu artículo he recapacitado y en verdad, si que hemos aumentado esa cantidad de improperios, por ejemplo esta mañana la gente saludó diciendo: ¡Buenos días cabrones!

    Un saludo

  8. Francisco
    2008-10-03 23:48

    Aunque en ocasiones resulta gracioso, el tacohablar consuetudinario realmente refleja la perdida de recursos verbales para ser notado o para poner enfansis en el habla de los que no son capaces de darlo sin recurrir a la taqueria.

    El uso de este yanobarriobajero lenguaje es concordante con el aspecto sucio que esta trayendo el cambio social y la falta de sutileza que estan desterrando la ironia, el sarcasmo elegante, la finura de expresion.

    Es decir, es el paletismo en flor.

    Muchos Sanchos y escasos Quixotes.

  9. Fernando
    2008-10-15 14:58

    Si en algo lamento el uso indiscriminado de palabrotas es que éstas se trivializan, dejando de ser malsonantes. Si bien alguien podría alegar que, por ejemplo, Quevedo las usó con profusión, no es menos cierto que no lo hizo por su condición poeta, sino por ser un hombre de armas tomar —literalmente—, que frecuentaba ambientes de la más baja estofa.

    Me da pena por la disolución de tacos centenarios en la lengua habitual, aunque no por perder este tipo de palabras, sino por el menoscabo que supone sustituirlas por otras sin abolengo. A lo mejor si me cago en el dios cristiano no resulto ofensivo, pero hay muchos otros dioses cuya mención es más o menos tabú. No hay peligro de quedar desabastecidos, solo hay que echar mano de lo políticamente incorrecto; hay interjecciones, exabruptos e insultos de sobra para sonrojar, escandalizar y ofender a cuantos timoratos se desee.

    PD Francisco, (del comentario octavo), todo eso que escribes es un mal menor al lado de tu cultalatiniparla. En muchas ocasiones lo que se presta es ser un deslenguado, y soltar un casticísimo taco. En cambio pocas se dan para ser un pedante escribiendo (fatal) con un lenguaje ampuloso.

  10. Eustakio
    2009-01-08 22:36

    puta mierda caca pis pene teta culoooooooo ostiaaa putaaaa i la virgen i me cagoooooo en to lo ke se mueve..
    saludos i buenos diass ;)

  11. Paula
    2009-01-15 06:46

    Las palabrotas ya forman parte de nuestro diccionario habitual, y aunque a veces suenen mal, creo que la mayoría de las personas (sobre todo mis queridos andaluces), saben cuando se dicen para molestar, y cuando se dicen para exagerar, como cualquier otra palabra, por ejemplo decir: el concierto fue muy bueno, a decir: el concierto fue la polla…

    Las palabras sufren una evolución con el tiempo, pero eso no es nuevo, siempre ha sido así..!

  12. Borja
    2010-11-21 22:54

    Descarga tu adrenalina escribiendo lo que tu quieras. Vale todo incluidos tacos, malas palabras. Puedes comentar sobre lo que mas te guste o te disguste, solo queremos que lo pases bien, que descargues tus frustraciones, a falta de romper unas cuantas sillas, descárgate aquí. Puedes contárselo a tus amigos y que también participen. Dale caña a tu teclado y comenta lo que quieras.
    Te dejamos con un invento nuevo pa que te entretengas. Mira en http://www.boquillapersonal.es

    http://desahogateescribiendotacosyloquequier.blogspot.com/2010/10/desahogate-escribiendo-lo-que-tu.html

  13. putilla
    2011-05-27 21:41

    me encanta esta página jejeje dice muchas palabrotas, las palabrotas ke mas me gustan decir es hijo de puta, cabrón, gilipollas me gusta por ke pone pollaas jejejejejeje la frase ke mas me gusta es… no digas palabrostias ke llamo a la puticia

  14. KEVIN
    2011-07-11 13:54

    No se como llegue aka ,pero este articulo de esta de la puta mare ( quiero decir q me a gustado ) ,por que hay cosas q no se pueden decir sino con palabrotas.



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