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Retales por Agustín Ijalba

Agustín Ijalba es escritor. Durante dos años mantuvo la columna de análisis de la realidad Por arte de birlibirloque En este espacio publicará Retales todos los lunes. Retales dejó de actualizarse en febrero de 2007.

Vicent Martí, o las cosas bien hechas

Las cosas bien hechas, de tan sencillas, suelen pasar inadvertidas. Más si cabe en la agricultura. Las manos de quien trabaja la tierra no conocen el descanso, porque nacieron para ser una y la misma con ella. Su piel se tiñe del mismo color, y en sus uñas los restos de cada día se recogen con un poso de humildad infinita. Nada le separa de su quehacer, porque en él le va la vida. Es un aire que se descuelga de las profundidades el que le tiene pegado al caballón, atado a la mula, arrimado su rostro a cada mata y a cada hortaliza para saber no sólo su nombre, sino también su edad, su piel, su talle, su historia, sus querencias y desvelos.

Vicent Martí es una agricultor que cultiva la tierra en la huerta de Valencia con un mimo especial, evitando el uso de pesticidas y recuperando las formas tradicionales de la agricultura ecológica. Y que sólo pide que le dejen seguir cultivándola. Su mirada refleja la sabiduría de la tierra, y hunde en sus raíces la certeza de que ésa es su única salida. Recuerda a quien quiere oírle cada martes, al acercarse a su masía para comprarle la apreciada caja de verduras, que el mundo se ha vuelto loco. No entiende que le demos la espalda a la tierra, cuando es de sus entrañas que conseguimos alimento. La verdad en sus labios no ofrece lugar a la duda. Son tiempos difíciles los que le ha tocado vivir, rodeado de máquinas amenazadoras que pretenden transformar esa misma tierra en cemento. Pero él se niega. Es un resistente. De los que ya no quedan.

Hoy he sabido que le han concedido un premio, nada menos que por ser el mejor agricultor ecológico de España, y me he sentido profundamente agradecido por su tarea. Igual que cada quince días. Espero con anhelo el momento en el que lleguen los primeros tomates de la temporada para abrirlos en dos y notar su aroma, para comerlos a la fresca en esos atardeceres mágicos que aún te concede la huerta, mientras filosofas y razonas con Vicent acerca de lo difícil que está la vida, tan lejos ya de casa y sin embargo tan sencilla de recuperar. Basta con hallar la verdad en ese racimo de cebollinos que rezuman de ambrosía.

08 de mayo de 2006

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