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Reseñas por LdN

Se publican aquí críticas de libros que por algún motivo —pequeñas editoriales, escasa distribución, desconocimiento del autor, fuera de modas— no aparecen en los medios y publicaciones tradicionales.

Tres novelas de Alber Vázquez

por

Alber Vázquez
La conquista de Aquitania
236 páginas, 15 &euro
El hormiguero
168 páginas, 12 &euro
Instrucciones para doblar un mapa
140 páginas, 9 &euro
Todas en Verbigracia.

Es difícil encontrar en España escritores de género —en español, diría—; más todavía que no se adscriban a uno, sino que cambien casi con cada libro. Y entra dentro de la rareza casi prodigiosa el novelista que además no utiliza el canon genérico como un camino ya trazado sobre el que andar sin tropiezos, sino que parte de él, pero se bifurca y abre otras sendas. Por eso es una sorpresa, un alivio y un desasosiego encontrarse con la literatura de Alber Vázquez. Sorpresa, porque a pesar de que viene publicando novelas —seis— desde 2003 apenas se ha podido leer nada sobre él fuera de su entorno. Alivio, porque constato la existencia de bullicio y remolinos más allá del adocenamiento de las grandes editoriales. Desasosiego porque intuyo otras prosas perdidas en empresas pequeñas a las que jamás llegaré, dado el carácter casual del encuentro con la de Vázquez.

La conquista de Aquitania. «En 1512, un ejército inglés desembarca en Castilla con una sola misión: invadir Aquitania. Acampados en el linde de los reinos de Francia, Castilla y Navarra, aguardan a que Fernando el Católico les surta de caballos y armas para emprender la conquista.» Y la novela es la crónica de una espera; una crónica que es un estudio de la desesperación, una lenta transcripción del tedio y de la brutalidad del hombre. El autor renuncia a escribir una novela histórica al uso; renuncia a que la documentación ahogue la trama, renuncia a traer el costumbrismo documental a primer plano, renuncia en definitiva a que el género sea un justificante de la obra. De hecho, el gran mérito de La conquista… es ser atemporal, pues de borrar las referencias históricas y nominales la trama no perdería absolutamente nada (al margen, y como valor añadido, está el origen del Estado, tal como hoy lo conocemos, en las estrategias geográficas de los Reyes Católicos). Una pesadilla en la que la degradación y la angustia llegan a envolver al lector y a pesarle casi físicamente. Pero la empresa, tan valiente como difícil (más para una obra primeriza), se cobra algunas tasas. La principal es la construcción de personajes; es un acierto diluir el foco, el protagonismo, pues no se trata de una peripecia personal sino colectiva; pero eso requiere que las pocas figuras que emergen sean perfiladas de modo que el lector reconozca su personalidad y las identifique claramente. Esto afecta especialmente al protagonista, un narrador-testigo, el traductor de la expedición que no llega a provocar ni odio ni empatía por su falta de fuerza y magnetismo como personaje. El otro problema de la novela deriva quizás del anterior: el narrador repite excesivamente las mismas preocupaciones, dudas y reflexiones, de modo que en ocasiones corre el riesgo de provocar el tedio más que describirlo. En cualquier caso, una novela interesantísima, tanto por su prosa como por lo que de singular tiene en la narrativa española.

El hormiguero. Afronta otro reto serio Alber Vázquez en esta novela: elaborar una fábula, género casi enterrado en el siglo XIX, para intentar explicar nuestras sociedades, o más en concreto sus muchas contradicciones y problemas. Una hormiga obrera decide abandonar su rutina y su entorno para explorar el hormiguero y buscar sus límites. Su afán subvierte el orden de la especie elevando preguntas donde nadie requiere respuestas: la sociedad funciona a la perfección por una especie de acuerdo tácito primigenio que no se parece cuestionar: las cosas son como son. Pero la protagonista defiende su derecho a actuar lateralmente, a salirse de los carriles que tienen trazados sus congéneres, y en el periplo descubre a otros que, con el mismo impulso inicial que ella, siembran el gérmen de la discordia y la destrucción: la búsqueda de la libertad puede provocar su pérdida, pero es irrenunciable. El modelo de Estado —con los nacionalismos, la identidad y las fronteras— y la religión son los principales temas de esta deliciosa fantasía antropomorfa, que aprovecha las cualidades de la fábula para alejarse y tratar de ver con mayor claridad lo que está más cerca. Si acaso, podría achacársele, nuevamente, el excesivo carácter reflexivo de muchos pasajes, echándose en falta algo más de acción, no en un sentido bélico sino de movimiento de la trama. Pero el Alber Vázquez poeta —seis libros de poemas publicados— aparece aquí con mayor intensidad y las cavilaciones, juicios y razonamientos cobran una intensidad lírica que convierte la prosa en justificación argumental por sí misma, y para el lector.

Instrucciones para doblar un mapa. Una novela admirable. No se puede decir que sea perfecta (en el sentido mortal que le podemos dar a esa palabra), pues recae en ese incierto estatismo que dificulta el avance lubricado de la trama. Pero es admirable porque se trata de una parábola (sí, los Evangelios, Apuleyo, Manrique, Calderón, Kafka o Saramago) en el tiempo de la llaneza y la lisura; admirable porque cada capítulo es una estructura poética en el que la prosa fluye rítmica y cadente y el verbo es una fuerza centrífuga que sale de las páginas y se expande; admirable, porque la metáfora-leitmotiv de la parábola —las huellas que dejan nuestros dedos al estudiar un mapa configuran la memoria y el pasado, y destruir el mapa, por lo tanto, es aniquilar la memoria de un pueblo— es hermosísima; y es admirable porque es valiente: la alegoría es un género político (en su significado etimológico, referente a la polis) y Alber Vázquez huye de la afabilidad o la autocomplacencia para apuntarnos directamente, para señalar a la sociedad civil como la partícipe directa o indirecta en la lenta destrucción de la memoria, en la manipulación de la información para borrar, trocar o invertir la realidad: una comisión de ciudadanos ha de ser elegida para recoger el mapa que ha servido de guía al pueblo durante décadas; la mayoría se escabuyen o desentienden, y los elegidos a la fuerza se autoconvencen de la necesidad de su labor: doblar el mapa, hacerlo con el cuidado y la delicadeza que merece algo tan valioso, abstraerse a las escasísimas muestras de rebeldía, dar la vida si acaso en el empeño, pero doblarlo y encerrarlo en uno de esos baules que jamás vuelven a ser abiertos.

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En Verbigracia pueden leer extractos de las tres novelas. Enterrar la memoria para ser felices es la presentación de Instrucciones para doblar un mapa que publicó en 2004. Desencriptación de la medusa es un precioso poemario que da idea de la prosa de sus novelas. Y la prueba de la singularidad de Alber Vázquez es El mundo gira sobre un eje podrido, la columna semanal que mantiene en Libro de notas y que muestra los diferentes registros estilísticos en que se mueve, radicalmente distintos dependiendo de que su faena sea literaria o periodística. Ahora acaba de publicar Icuza. Veremos qué nos depara.

Marcos Taracido | 10 de julio de 2007

Comentarios

  1. Ana Lorenzo
    2007-07-10 16:51

    Gracias por las reseñas, Marcos. Tienes razón, dada el carácter casual con el que yo he llegado a las novelas (y poesía de Alber Vázquez), gracias a Libro de Notas, también me invade cierto desasosiego.
    He leído, por ahora, El hormiguero: cierto, un reto el construir una fábula en los tiempos que corren. Me gusta también que la hormiga obrera busque los límites del hormiguero (no su fin hacia el exterior, ya que salen a menudo a por comida y conocen perfectamente lo que es fuera y “casa”), casi una empresa absurda; que el hormiguero sea capaz de absorver esas conductas anómalas (las “religiosas”, las “nacionalistas”, etc.) y no gaste ningún esfuerzo, ni siquiera en negarles comida, en marginar a los que se automarginan. La anomalía no toma fuerza subversiva hasta que la hormiguita viajera no ve en todas ellas el punto en común que puede unirlas: su conducta de actuar al margen, de cuestionar, porque fuera de eso, nada le une a esas hormigas, ni la religión, ni el estado de espera, ni la sensación pasajera y dosis diaria y artificial de felicidad, ni la identidad del Territorio. Solo la capacidad de la disidencia.
    Tengo encargado Icuza, pero creo que, por tu reseña, trataré de hacerme con Instrucciones para doblar un mapa.
    Y Alber podría decirnos si se va a reimprimir Desencriptación de la medusa (¿Alber, andas por ahí?), porque es un libro precioso y a más de uno nos gustaría tenerlo encuadernado.

    Un beso

  2. Alber
    2007-07-10 18:26

    Buenas, Ana. Sí, ando por aquí. Gracias por leerte mis cosas (y por gastarte tus cuartos en ellas). En cuanto a la reedición de Desencriptación de la medusa es algo que no depende de mí. Uno estaría siempre encantado de que sus libros se reeditaran una y otra vez, pero, por desgracia, los podridos editores son los que tienen la última palabra. Y un libro como Desencriptación…, con todas sus ilustraciones, es caro de editar y difícil de vender (a fin de cuentas, no son más que dibujos y poemas). En fin, no sé. Hemos venido a jugar.

  3. María José
    2007-07-11 00:36

    Aunque soy devota (siento la metáfora, Alber) de Desencriptación de la medusa, no he podido leer todavía ninguna de sus novelas, así que me da un poco de rabia no poder hacer ningún comentario en este momento.

    Pero me llama la atención que dos de los puntos “débiles” que señalas en La conquista de Aquitania para mí serían dos logros si los consigue en un sentido profundo:

    “La principal es la construcción de personajes; es un acierto diluir el foco, el protagonismo, pues no se trata de una peripecia personal sino colectiva; pero eso requiere que las pocas figuras que emergen sean perfiladas de modo que el lector reconozca su personalidad y las identifique claramente. Esto afecta especialmente al protagonista, un narrador-testigo, el traductor de la expedición que no llega a provocar ni odio ni empatía por su falta de fuerza y magnetismo como personaje”. Quizá no lo entiendo bien, pero si los personajes no tienen fuerza y magnetismo y así consigue construir cierta colectividad, y está sí tiene fuerza y magnetismo, pues estaría bien.

    “El otro problema de la novela deriva quizás del anterior: el narrador repite excesivamente las mismas preocupaciones, dudas y reflexiones, de modo que en ocasiones corre el riesgo de provocar el tedio más que describirlo.” Si en vez de describir el tedio te lo provoca, mucho mejor, suponiendo que el objetivo sea el tedio.

    Pero claro, es hablar por hablar. Ya veré cuando las lea.

    Marcos, como siempre, un placer leerte, en ti también se nota la “intensidad lírica” en todo lo que escribes.

  4. Marcos
    2007-07-11 00:54

    Bueno, todo son apreciaciones. Tal y como yo lo veo (lo leo) tendrías razón si se renunciase a la individualidad, si en aras de la colectividad se “eliminasen” las individualidades; podría así construirse una especie de bruma en la que no hubiese protagonistas, quizás ni nombres siquiera; de hecho, algo similar ocurre en “Instrucciones para doblar un mapa”, donde no hay nombres, pues precisamente se evita individualizar unos comportamientos que podríamos asumir cualquiera de nosotros, cualquiera de los lectores. Pero eso no ocurre en “Aquitania”, donde por la trama es necesaria la presencia de personajes principales.

    En cuanto al segundo aspecto, el del tedio… no sé, María José, pero dudo que una obra que provoque el tedio (que no es el caso), aunque sea a propósito, esté lograda.

    Pero quizás Alber tenga algo que decir.

    Y veo que a pesar del verano sigue habiendo gente viva. Y mucha.

    Saludos.

  5. Alber
    2007-07-11 01:43

    Yo no quiero decir nada porque puede parecer que estoy defendiéndome y no quiero que eso suceda: yo las opiniones de los demás acerca de lo mío las acepto una detrás de otra y sin nada que apostillar al respecto.

    Una cosa sí me gustaría apuntar: es absolutamente cierto que el tema principal de La conquista de Aquitania es el tedio. En realidad, es una novela en la que no sucede nada: absolutamente nada. Los personajes están quietos y aguardando a que algo suceda pero ese algo nunca llega. De manera que caen en un tedio que les lleva hacia la autoaniquilación.

    Dicho sea de paso, y por si a alguien le interesa, todo lo que se narra en esa novela sucedió de verdad y más o menos como yo lo cuento.



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