Libro de notas

Edición LdN
Realidad Acotada por Marta González Villarejo

“Realidad acotada” nos propone el día 26 de cada mes un acercamiento a la arquitectura que nos rodea. A los pisos en los que habitamos, a las calles por las que paseamos, a las plazas, las bibliotecas, los cines, los teatros… y a todo aquello que hay detrás y no vemos. Marta González Villarejo se detendrá en pequeños detalles con los que convivimos a diario y que a menudo pasan desapercibidos.

Las cubiertas planas son para el verano. Glosario sui generis 1

Cuando visito una nueva ciudad, siempre subo a un punto alto. Es un vicio que tengo. Puede ser una antigua torre o un moderno edificio domótico, pero es la mejor forma de tener una vista casi en plano de dicha ciudad. Si es de día, se ve una ciudad en movimiento, se delimitan las calles, manzanas e incluso barrios diferenciados por las distintas tipologías de edificios. Por ejemplo, la zona de altos edificios de negocios y las zonas más residenciales de casas bajas con sus zonas verdes, o los polígonos de los años 70 con sus formas de H y la ordenación de un casco histórico con forma de almendra que queda encerrado en una muralla. Si es de noche, se tiene la misma visión pero algo borrosa, con estelas de luz, como si se hiciese una foto con una exposición lenta. Hay luces de calles, luces de coches, luces de bares, luces de alguien que aún está levantado en su casa, luces de grandes elementos publicitarios o la luz intermitente de un puente en su parte más alta. Y es que, además de las calles y las manzanas, y en definitiva, de la ordenación urbanística, se obtiene mucha información por el tipo de cubiertas de sus edificios.

Os propongo unas aclaraciones previas, más técnicas, sobre las cubiertas. Un par de definiciones —ordenadas cronológicamente según las normativas—, y un comentario sobre los tipos de cubiertas más habituales que conocemos.

Se denomina cubierta al conjunto de elementos que constituyen el cerramiento superior de un edificio y que están comprendidos entre la superficie inferior del último techo y el acabado en contacto con el ambiente exterior.

Se denomina cubierta a aquellos cerramientos superiores en contacto con el aire cuya inclinación sea inferior a 60º respecto de la horizontal.

Una cubierta puede ser plana o inclinada. Una cubierta plana está comprendida entre 1º y 15º respecto a la horizontal, y una inclinada entre 15º y 60º. A su vez, las cubiertas planas pueden o no ser transitables. Si hablamos de tejado, sin duda estamos hablando de una cubierta inclinada, pero además, el elemento que lo cubre son tejas. Y si hablamos de azoteas, estaríamos hablando de cubiertas planas, habitualmente transitables.

Hechas estas aclaraciones, os diré que alguno de mis puntos altos favoritos para mirar cubiertas son la cúpula de Santa María del Fiore en Florencia, por la visión ordenada de los tejados, con su color tostado característico y la luz anaranjada del entorno; la torre Eiffel, desde la que se pueden ver los distintos anillos de ordenación urbana de París, siempre con una nebulosa presente; la torre de la Iglesia de San Pedro —Alter Peter— en Munich, con sus tejados y sus agujas características coronando edificios; y la Giralda. Subo las 33 rampas del monumento cada vez que hay que enseñarla a las visitas, y, una vez arriba me sitúo uno por uno en los cuatro puntos cardinales de las caras de su base cuadrada y miro Sevilla. La última de mis visitas quedó muy sorprendida por el tipo de cubiertas que se estilaban en esta ciudad. Mi visita era de Alemania, así que el paisaje es bastante distinto.

Lo que más llamó la atención de mi visita fue la gran cantidad de cubiertas planas, con tonalidad predominantemente roja que coronaban los edificios, y que sustituían a las cubiertas inclinadas o tejados a los que estaba más acostumbrado. ¿Para qué se usan? Me dijo. Para tender la ropa habría sido una respuesta fácil. Para hacer barbacoas, cenas con velas. Indudablemente eran respuestas lost in translation. ¡Todos los niños de Sevilla han jugado en una azotea!, añadí.

Y es que originalmente, en las sociedades preindustriales, este tipo de cubiertas era muy común ya que en ellas podían realizarse actividades como secar grano, tender la colada, hacer celebraciones. En el siglo XVIII se les da un valor más fuerte como miradores y observatorios astronómicos, muy ligados a la aristocracia, pero es con la era industrial —con la aparición de nuevos materiales de construcción como el hormigón y el acero—, cuando además se convierte en una solución constructiva apropiada, rápida y sobre todo en serie.

¿Y por qué no las usan más? Me preguntó mi visita. Están todas vacías. Amigo, aquí llegamos al misterio del verano en Sevilla, a su muy particular climatología. Las azoteas de Sevilla son un lugar idílico… cuando baja la temperatura: son un arma de doble filo. La superficie plana de una azotea es un lugar muy expuesto a las condiciones ambientales. El sol tiene una incidencia muy directa y durante muchas horas al día, llegando a alcanzarse temperaturas muy elevadas. De igual modo, la lluvia o incluso la nieve inciden sobre ellas, con el agravante de que dada su poca pendiente, puede quedar bastante agua sin evacuar de forma natural. Si sus formas de evacuación o si el aislamiento no funciona —esto es, si la cubierta no está bien construida—, será un perfecto transmisor de humedad o de calor.

Originalmente, estas cubiertas plantas eran llamadas terrados. Conseguían impermeabilizar gracias a una gruesa capa de tierra y a un constante mantenimiento. Debajo de la tierra podía haber troncos, ramas, cañas, etc., y en algunas localidades además, se cubría con una capa de arcilla para terminar de hacer estanco al conjunto. Este tipo de cubiertas es muy común en Grecia, norte de África, o Andalucía, zonas sin lluvias extremas y constantes.

Posteriormente, se han ido desarrollando distintos sistemas constructivos. Entre las baldosas que pisamos y el techo que vemos desde la última planta habitable hay muchas capas, como en un sándwich. En esas capas está el secreto del buen funcionamiento de una cubierta plana. Estas soluciones se recogen en las normativas de la construcción de los distintos países, bajo el nombre de detalles constructivos, el terror de los estudiantes de arquitectura, al menos para mí. Son como el mapa mudo de geografía, y además, en mis tiempos, había que hacer el dibujo a mano y en poco tiempo. En España contamos desde hace unos años con el Código Técnico de la Edificación, pero previamente, justo cuando yo acabé de estudiar, existían como referencia las Normas Tecnológicas. Siempre pensé que estaban casi derogadas, o que no eran de obligado cumplimiento, pero como un jefe mío me aconsejaba, acudía a ellas para los detalles constructivos. Os muestro alguno de ellos para cubiertas planas transitables —NTE-QAT—.

Los encuentros son lo más importante. Y lo más tedioso. Encuentros con paredes, encuentros con otros elementos constructivos, encuentros con las formas de evacuación. Y es que, en el momento en que se interrumpe una continuidad, por ese sitio exacto es por donde pueden darse los mayores problemas con la climatología.

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Imagen 1

Las cubiertas planas se componen de paños o faldones, que son las subdivisiones que se hacen para no superar una superficie máxima o por la forma no regular que pueda tener la azotea. Os sorprenderían las formas que pueden llegar a tener, sobre todo en centros históricos. Estos faldones cuentan con unas pequeñas pendientes para favorecer la evacuación, o al menos dirigir las aguas hacia los puntos con sumideros o cazoletas, comúnmente conocidos como desagües, que ya se conectan con la red de instalación de saneamiento para dar salida al agua sobrante.

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También puede darse en edificios muy antiguos que la cubierta termine en un borde libre, esto es, que desagüen por unos huecos para tal efecto hechos en la fachada, pero ya prohibido, lo habitual es reconducir o drenar este agua a través de canalones, que son como medias tuberías al final de las pendientes que recogen el agua que llega hasta ellas. Un sistema parecido al de las acequias, por ejemplo.
Ni que decir tiene que todos estos encuentros llevan refuerzos de las láminas asfálticas impermeabilizantes, normalmente realizadas con betún, que los hacen estancos. Al encontrarse el suelo de la cubierta con la pared vertical de protección que bordea las azoteas —*pretil*—, esta lámina asfáltica se dobla y continúa hacia arriba, para conseguir esa estanqueidad. Como cuando se llena un molde con hojaldre, para que no se quede tan justito al borde que se salga el relleno. La misma idea. Finalmente, también la pared se recubre de la solería que suela llevar la azotea, con una pieza de remate que tapa a la lámina, llamada zabaleta.

Pegado al forjado, o elemento estructural puro, el suelo o techo, se coloca una lámina que hace de barrera de vapor. Esta barrera evita que pase calor desde el lado caliente al lado frío y produzca condensaciones. Dependiendo del clima del lugar donde se instale, se coloca en distintas posiciones según se quiera aislar del frío o del calor. Finalmente, es importante hablar de las múltiples capas de mortero protegen a las distintas láminas y van aportando algo de asilamiento térmico también. El mortero es una mezcla de conglomerante, áridos y agua y se usa como material de agarre, revestimiento y protección. El de cemento está formado por cemento, arena y agua en distintas proporciones según el uso.

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Imagen 3

En conclusión, como ya dije al principio, el tipo de cubiertas que se ve desde el punto más alto de una ciudad nos ayuda a saber qué tipos de edificios construyen, qué materiales se usan, la evolución histórica, o qué climatología tienen, pero también a saber cuáles son sus costumbres o cómo se relacionan. Saber qué tienen por dentro las cubiertas planas transitables nos ayuda a ser conscientes de la importancia de una buena construcción para el confort y las condiciones de habitabilidad de los edificios.


Bibliografía

Código técnico de la edificación. CTE-HS-1
Normas tecnológicas de la edificación. NTE-QAT
La cubierta plana, un paseo por su historia. Ramón Graus. Universidad Politécnica de Cataluña.

Imágenes

[Imagen 1]: una propuesta de cubierta sencilla.
[Imagen 2 e imagen 3]: Detalles constructivos de la NTE-QAT anotados.

Marta González Villarejo | 26 de junio de 2013

Comentarios

  1. Miguel A. Román
    2013-06-27 15:17

    Tú Platero, no has subido nunca a la azotea. No puedes saber qué honda respiración ensancha el pecho cuando, al salir a ella de la escalerilla oscura de madera, se siente uno quemado en el sol pleno del día, anegado de azul como al lado mismo del cielo, ciego del blancor de la cal, con la que, como sabes, se da al suelo de ladrillo para que venga limpia al aljibe el agua de las nubes.

    ¡Qué encanto el de la azotea! Las campanas de la torre están sonando en nuestro pecho, al nivel de nuestro corazón, que late fuerte; se ven brillar, lejos, en las viñas, los azadones, con una chispa de plata y sol; se domina todo: las otras azoteas, los corrales, donde la gente, olvidada, se afana, cada uno en lo suyo —el sillero, el pintor, el tonelero— las manchas de arbolado de los corralones, con el toro o la cabra; el cementerio, adonde a veces llega, pequeñito, apretado y negro, un inadvertido entierro de tercera; ventanas con una muchacha en camisa que se peina, descuidada, cantando; el río, con un barco que no acaba de entrar; graneros, donde un músico solitario ensaya el cornetín, o donde el amor violento hace, redondo, ciego y cerrado, de las suyas…

    La casa desaparece como un sótano. ¡Qué extraño, por la montera de cristales, la vida ordinaria de abajo: las palabras, los ruidos, el jardín mismo, tan bello desde él; tú, Platero, bebiendo, en el pilón, sin verme, o jugando, como un tonto, con el gorrión o la tortuga!
    Juan Ramón Jiménez
    Platero y yo

  2. Marta
    2013-06-27 16:18

    Me encanta, Miguel Ángel. Gracias por recordármelo. De chica pedía que me lo leyeran todas las noches :). Aunque de mayor lo compré, lo leí y descubrí que se hablan saltado las partes tristes.

    Me has regalado la primera sonrisa de la mañana ^^.



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