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Quiero una segunda opinión por Santiago Viteri

La salud, la enfermedad y sus tratamientos son una fuente inagotable de noticias, suplementos especiales y comentarios con la vecina. Una gran cantidad de entendidos de salón y “expertos” en salud opinan sin criterio mientras que la clase médica suele responder con tecnicismos incomprensibles que solo aumentan la confusión. Por eso, Santiago Viteri (médico especialista en Oncología), escribirá una columna sencilla sobre medicina el 29 de cada mes. Porque él siempre tiene una segunda opinión y si hace falta, muchas más.

¿Puede un médico ser amigo de sus pacientes?

A menudo me preguntan si mi especialidad, la oncología, no me resulta demasiado dura. Cuando respondo que no casi todo el mundo deduce que es porque con el tiempo te vas acostumbrando, que de alguna manera te haces más indiferente al hecho de que muchos de tus pacientes mueran.

Sin embargo, yo creo que la oncología no me resulta dura precisamente por el motivo contrario. Cuando uno se implica con un paciente, recibe de él y de su familia, muchas cosas buenas que contrarrestan los momentos tristes o difíciles que uno tiene que afrontar como, por ejemplo, tener que dar malas noticias (el tumor ha recaído, tu enfermedad no se puede curar, etc.) La confianza y el agradecimiento que te demuestran cuando te esfuerzas en conseguir que una persona se sienta mejor son un poderoso incentivo para el oncólogo. Te demuestran que estás haciendo bien tu trabajo.

La persona que se distancia de sus pacientes y se hace indiferente es muy fácil que se sienta frustrado, ya que muy pocas veces va a obtener un éxito terapéutico objetivo, una curación. Y además tiene que afrontar una serie de tareas difíciles y “aguantar” al paciente y a sus familiares que, como se ha distanciado, no le importan.

Sin embargo una cosa es implicarse, interesarse por la persona que sufre una enfermedad (y no exclusivamente por la enfermedad) y otra muy distinta entablar una relación personal de amistad. El paciente viene a la consulta para ver a un especialista que le aconseje sobre su enfermedad y ponga los medios para tratarla. No viene buscando a un amigo. Por lo tanto el oncólogo tiene la obligación de cumplir el servicio que se espera de él, es decir, tratar la enfermedad. Lógicamente, en la consulta, como en cualquier otro sitio, uno puede conocer a una persona y sentir simpatía y afinidad. Puedes pensar: “si conociera a esta persona en otras circunstancias, seríamos amigos.” El problema es que cuando un amigo tuyo está enfermo, corres un gran riesgo de perder tu objetividad como oncólogo. Ya resulta duro decirle a una persona que su enfermedad no se puede curar, o aconsejar a alguien que se someta a un tratamiento agresivo, pero cuando se trata de un amigo los sentimientos pueden interferir con la interpretación de los datos y en la toma de decisiones.

Así pues, un buen oncólogo ha de esforzarse, por el bien del paciente, en mantener la objetividad y ayudar al paciente a tomar las decisiones que más le beneficien, sin dejarse influir por sus propios sentimientos. Yo siento una gran estima por la mayoría de mis pacientes y no se la oculto, les hago notar que les aprecio. También recibo de ellos un gran afecto que yo acepto con enorme agradecimiento. Pero siempre mantengo fuera de la consulta mi vida personal. Muchos de mis pacientes se sorprenderían de saber como soy yo en la vida privada. Seguramente no se imaginan que cuento chistes, que toco la guitarra o que me encanta el cine. Esto sí que resulta fundamental, una buena separación entre la vida personal y la vida profesional.

Es inevitable que en algunos casos la relación prolongada entre el médico y el paciente tenga una vertiente más personal y no creo que haya que desecharla, pero es importante recordar que el paciente, ante todo, nos necesita como médicos. Y en el caso preciso, tal vez uno deba dejar de ser médico para poder ser amigo, dejando el tratamiento en manos de otro profesional.

Santiago Viteri | 29 de junio de 2008

Comentarios

  1. El PSA salvaje
    2008-06-30 04:53

    Santiago … un saludo desde lo que queda del Mateu Orfila, de Mahón.
    Como dicen por aquí, aixó és un bordell.
    En cuanto pueda, seguiré tus pasos largándome.
    Un saludo.

  2. maria
    2008-06-30 05:45

    Hace 30 años que padezco una enfermedad crónica y mi médico no es mi amigo pero es una persona en la que puedo confiar y creo que nos tenemos un aprecio mútuo. No se anda con chiquitas cuando me propone un tratamiennto agresivo y a la vez se interesa por otros aspectos de mi vida y yo por los suyos. Pero creo que ésto deriva de los años de trato. En oncología no es tiempo lo que sobra precisamente, pero es tan agradable ver una cara que inspira confianza, que te llamen por tu nombre y que te den las explicaciones en términos coloquiales….
    Afortunadamente creo que en todos los campos existen personas que viven su profesión con entrega y al quitarse su uniforme son como yo, gente de la calle que unos dias sufre y otros goza

  3. Flores
    2008-06-30 10:48

    Soy un paciente diagnosticado de sida hace ya 8 años y hoy me he recuperado gracias a las terapias antiretrovirales y llevo una vida normal. Quiero dar mi opinión sobre el asunto tratado.

    Los médicos que hacen el seguimiento de mi enfermedad han sido y siguen siendo el verdadero motor de mi recuperación. Sentir que les importas como persona, y que, – como dice el post-, te transmiten su afecto y su interés auténtico por tí como persona, y no sólo como un caso clínico contribuye enormemente a la eficacia de la terapia.

    Entiendo perfectamente que no haya una implicación personal con los pacientes, pero sobre todo, y más en el caso de mi enfermedad, es mucho más importante el percibir la naturalidad y la sencillez que impera en el trato médico-paciente. El sentir que no te tratan como a un apestado y su verdadero interés en el seguimiento de la terapia son algo impagable.

    Desde aquí mi agrademiento a los médicos de la Clínica Puerta de Hierro de Madrid

  4. María José
    2008-07-01 03:12

    Me parece que llevas toda la razón del mundo, es lo que distingue a un buen médico (o psicólogo). Pero debes ser muy difícil llegar a ese punto de equilibrio, sobre todo desconectar. Supongo que una dosis de tu propia personalidad y un poco de habituación sí debe haber, por lo menos al principio, porque como dijo Marga en otro comentario, somos una sociedad de espaldas a la muerte.

  5. Arguelles
    2008-07-03 03:33

    Soy médico y como tal me precupa logicamente la evolución de la enfermedad que tenga uno de mis pacientes. Estoy seguro de que el paciente lo que espera de nosotros es la solución a su problema pero sin olvidarnos nunca de la persona. Por ello es tan importante el trato humanizado, que debe acompañar al conocimiento tecnológico y científico. Que lógicamente debe servir para cualquier actividad profesional, si bien en este caso puede ser más necesario. No podemos olvidar la máxima que dice que un médico debe curar, sino puede debe paliar y finalmente debe consolar.

  6. Dr jorge martinez
    2008-08-03 04:07

    felicidades colega, como tu soy oncologo, trabajo en mexico, monterrrey , comparto tu manera de pensar y proceder, paral os que nos dedicamos y vivimos para cuidar de la salud es un goce y una gratificacion inmensa el poder ayudar a sentir mejor auna persona, no se diga si la curamos, eso paga todo loque el dinero no opuede comprar, en paises como el mio donde el sistema de salud no es lo mas deseable es dificil dar la calidad de atencion que merecen los pacientes oncologicos, de ahi la imperiosa necesidad del sentido humano de los especialisatas de esta bonita rama de la medicina, en hiora buena, saludos desde mexico!

  7. karla
    2008-08-20 14:46

    mmm no0 me sirvio0’ de nada
    esta informacio0n

    babaiii♥



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