Libro de notas

Edición LdN
Pura Coincidencia por Santi Pagés

Un telefilm sin historia ni interés. Un culebrón con actores atroces y maquillaje pésimo. Una serie cancelada por falta de audiencia. Una novela gastada por los bordes. Una canción en repeat desde el lunes. Una pared cubierta con fotos de estrellas. Cada sábado, verán descomponerse una vida cuyo parecido con la ficción es pura coincidencia.

Al norte por el noroeste

El gordo, el puto gordo, que me mira de reojillo y me vigila, todo lo que hago, si entro o salgo, el gordo de mierda y su chaqueta de lanilla verde de mierda, sus dientes manchados y el pelo colocado sobre su calva como una cortinilla, cómo le odio, qué asco le tengo, todos los días igual, con sus bromitas, sus risitas y sus fotocopias, ¿qué lees aquí?, pon la hoja al revés, mira ahora, ¿te sabes el chiste de los leprosos y la colegiala?, ¿a que no lo has pillado?, qué rastrero es, siempre dándole coba al viejo, que le deja hacer por no tener que oírle, el gordo, el puto gordo, siempre observándome, como si no tuviera nada más que hacer, como si le diera igual el trabajo que se le acumula en la mesa, escuchando mis conversaciones por teléfono sin molestarse en disimular, mirándome por encima de sus gafas ultraligeras, que le han salido rebajadas porque su cuñado es óptico, claro, el cabrón no se gasta ni un duro más de lo imprescindible, que así le tengo que ver todos los días con la misma chaquetilla verde, la puta chaquetilla verde, que apesta al alcanfor y roña, que puedo olerla desde aquí en cuanto entra en el edificio, cómo me amarga, estoy harto de él, de no poder saludar tranquilo cuando llamo a casa, que no me queda más remedio que decir “hola soy yo” o “soy yo, tu padre” con voz seca, porque sé que el gordo registra en su libreta cada cosa que digo, para chismorrear o chivarse después, y si aún fuera sólo él, sería llevadero, pero es que son todos, joder, el viejo, su hija, que se pavonea por la oficina como si fuera una marquesa, y su marido, el bolinga, que no llega antes de las tres ningún día, siempre tambaleándose y rojo, que se arrima en cuanto puede al gordo y se lo lleva al rincón, los dos babosos, mirándole el culo a la rumana que nos limpia, panda de ineptos, parásitos, y aún así podría soportarles sino fuera porque en casa todo es un desastre, mira que se lo he dicho a ella muchas veces, que bastante tengo con soportar malas caras y amarguras durante al día, que al fin y al cabo no pido mucho, la cena hecha, la mesa puesta, un poco de calma, sin preguntas, sin cómo estás cariño ni qué has comido hoy, porque qué le importará qué he comido si en la tasca el menú siempre es igual, huevos con chorizo el lunes, albóndigas los martes, filete con patatas el miércoles, paella el jueves, macarrones el viernes, pero todo siempre sabe a lo mismo, a manos sucias y a aceite rancio, cambiado por última vez a saber cuándo, y es en realidad por eso que estoy cansado, tengo que dejar todo esto, no hay quien lo resista, no aguanto más, que me pregunte y me pida y me venga con esto o lo otro, con que si la niña tiene hipermetropía o con que hay que llevar al niño al psicólogo, con a dónde iremos de vacaciones este año, o con cuándo vamos a instalar el aire acondicionado, que parece que me pregunta todo esto sólo porque quiere saber que estoy, o quizá para comprobar que no estoy, que de ella ya me espero todo, que le encanta hacerse la víctima y la madre coraje, que basta ya de esa expectativa constante, siempre esperando que yo solucione todo, como si dependiera de mi, cuando la verdad es que yo estaré mejor sin ellos y ellos tres estarán mejor sin mi, aprenderán por fin a valerse por si mismos, me lo agradecerán al final, seguro, y yo ya andaré muy lejos, disfrutando de “una nueva vida”, qué decisión mas buena fue aceptar la propuesta, una salida, me dijo el tipo, la libertad, con eso me convenció del todo, como si supiera exactamente lo que necesito, qué estrategias de ventas más bien pensadas tienen los cabrones, una aventura impredecible, con estas palabras me dijo, joder, cómo negarme, una aventura, justo lo que busco, lejos de las facturas, de las broncas, de los cuadernos de los niños, lejos del puto gordo y de su amigo el bolinga, lejos de todo, quién sabe donde, aquí en el folleto lo dice bien claro, “una nueva vida”, sólo tengo que hacer lo que me han dicho y entonces empezará lo bueno, empezar de cero, dónde estarán por cierto, no debe de faltar mucho, espero que no haya sido todo una estafa, oh, sí, ahí están, esos dos tipos vestidos de gris en la puerta, tienen que ser ellos, claramente están buscando a alguien, ahora solo falta… ahí está el camarero, pero no, pasa de largo, aún debe de ser pronto, ¿serán todos lo clientes actores?, no creo, son demasiados y parecen demasiado reales, tienen clase, la verdad es que el bar de este hotel tiene mucho estilo, qué lujo, no es para menos, porque ya les vale, con el precio que piden, con lo difícil que fue sacar el dinero del banco sin que ella se diera cuenta, no les ha quedado gran cosa, la verdad, pero no había otra, ya se las compondrán los tres, yo no podia renunciar a este sueño, pagaría lo que fuese con tal de decirles adiós a todos, ahí os quedáis, idos al infierno, que empiece de una vez, como me sudan las manos, qué impaciencia, qué será lo que vendrá después, ¿una rubia como les pedí?, siempre me gustaron las rubias californianas, espero que tomaran nota de eso… ahí vuelve el camarero, con el teléfono en la mano esta vez, ahora parece que sí…

¿ Kaplan?, ¿ George Kaplan?, tiene una llamada por favor, ¿ Kaplan?, ¿El Señor George Kaplan?, tiene una llamada por favor.

… solo tengo que estirar el brazo, llamar su atención.

Santi Pagés | 30 de mayo de 2009


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