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Profundidad de campo por Adrian Daine

La fotografía no ha muerto, sólo ha cambiado de formato. Sus valores y normas tampoco han desaparecido, sino que se han actualizado y nos obligan a mirar el mundo de otra manera. En Profundidad de Campo, cada día 23 repasaremos su evolución en un intento por demostrar que las dudas que origina son similares tanto cuando hablamos de megapíxeles y Photoshop como cuando hablamos de daguerrotipos y granos de plata, y explicaremos cómo interpretar un arte y oficio que, a su vez, interpreta el mundo para nosotros.

Con la Historia hemos topado

Con Abraham Lincoln llegó el bombazo. La colorización de fotografías en blanco y negro llevaba un tiempo circulando por Tumblr y Facebook, aunque sólo fuera como curiosidad. Pero la colorización de las imágenes de Abraham Lincoln para la revista TIME generó el fenómeno viral, llegando a crear —ahora sí— debates sobre la condición de la fotografía en blanco y negro como digna representación de la historia.

En dos artículos de The Guardian (uno y otro), probablemente el único sitio de internet donde leer los comentarios no causa una irrefrenable tristeza por la especie humana, se han generado discusiones bastante interesantes sobre la legitimidad, necesidad o importancia de colorear las viejas fotos para que “la historia no nos parezca tan lejana” (?), “veamos las imágenes históricas con una perspectiva actual” () o “recuperen su vitalidad” (?). Por lo visto, el blanco y negro nos evoca de manera obligada a un pasado antiquísimo del que nos es imposible aprender nada y que dificulta nuestra comprensión de la historia. Por no hablar de que parecen dar un aspecto muy viejo a fotos que, bueno, pueden llegar a tener más de un siglo.

¿Por qué colorear una foto la hace más impactante? ¿Surge esta idea del mismo sitio del que procede esa noción del blanco y negro como una irrealidad que nos desconecta con la historia? Me van a disculpar, pero las fotos en blanco y negro no eran una elección estilística como lo son ahora, sino una imposición debido a las dificultades técnicas de la época para tratar en color (dificultades que no impidieron a muchos el hacer fotos a color en esa Era Monocromática que parece ser el pasado, como veremos en un par de párrafos): hacer fotos en blanco y negro era lo que había que hacer para conseguir fotos, y este hecho me parece muy poco trivial para el tema del que hablamos. Ver las imágenes de Dorothea Lange en el supuesto color con el que las veríamos ahora no me reconecta con la historia tanto como me afecta ver que se ha pasado por encima de muchos procesos fotográficos relativos al blanco y negro y a su calidad para subsistir a través del tiempo y que podamos chulear por encima con el Photoshop. Las fotos de Lincoln, mucho me temo, no se verían así ahora por mucho que se hubieran hecho en un perfecto proceso con película a color. Ésta envejece tanto como la emulsión monocromática, y en ocasiones esto puede afectar al impacto de la fotografía mucho más que el ajado blanco y negro que conocemos. Hoy en día la lomografía e Instagram y sus sucedáneos han llenado el mundo de fotos con filtros que emulan esos colores desvaídos de las imágenes de nuestros padres en Torremolinos con bigotazo, pantalones de campana y un Seat Panda, pero hasta hace menos de un lustro esa estética no se quería ver ni en pintura. ¿Por qué entonces esa insistencia en que esta colorización no es sólo una moda sino también una nueva perspectiva sobre el pasado? ¿Qué ha ocurrido con el hecho de que una fotografía, si es buena, no importa cómo esté hecha? ¿Cuál es el peso específico del color sobre el blanco y negro?

color sobre el blanco y negro

Las fotos que ilustran la columna de este mes proceden de este artículo y no están “colorizadas”, sino que se tomaron a color en la época mediante procesos bastante más complicados que cargar un carrete de blanco y negro y cuya recuperación también ha tenido su miga. Comparándolas con las coloreadas de este artículo que recopila las más famosas, no puedo evitar pensar que hay algo más irreal en estas últimas que en su blanco y negro original —otro argumento esgrimido es que “la historia no sucedió en blanco y negro”, con toda probabilidad la mejor obviedad que he leído en mucho tiempo-, y que radica en la búsqueda de la atemporalidad. No sólo se ha coloreado -sin entrar en asombrosas interpretaciones, como por ejemplo el color de la ropa o de los automóviles antiguos—, sino que se han eliminado manchas, rozaduras y detalles que apunten a un pasado aunque sea reciente.

Esta nueva moda es interesante desde un punto de vista actual. Nadie niega que las imágenes son bonitas, pero lo son no por haber “evolucionado” al color, sino porque una foto buena no distingue entre color, blanco y negro, película o digital. Pero no pretendamos darle mayor profundidad de la que tiene, porque corremos el riesgo de que, al igual que con esta foto de Abraham Lincoln, lo que pretendemos hacer real parezca poco más que una recreación demasiado voluntariosa, como los documentales en los que se dramatizan las batallas.

Abraham Lincoln

Adrian Daine | 23 de noviembre de 2013

Comentarios

  1. Adrian Daine
    2013-11-23 18:22

    Pequeña fe de erratas: donde dice “Comparándolas con las coloreadas de este artículo que recopila las más famosas” debería haber un enlace que redirigiera aquí: http://petapixel.com/2013/08/21/colorizing-photoshoppers-put-a-new-spin-on-old-historical-photos/

  2. Alberto
    2013-11-23 19:16

    Hala, ya, corregido.

  3. Luis Tovar
    2013-11-24 00:31

    Me parece una muy buena idea ¿Si pudieras viajar al pasado preferirías verlo en color o en blanco y negro? Preferir el blanco y negro no tiene mucho sentido, salvo que se pretenda provocar deliberadamente un ambiente tenebroso. Si hace cien años, o ciento cincuenta años, hubieran tenido disponible la tecnología en color, habrían fotografiado o filmado en color. Igual que ahora. Así que estoy totalmente a favor de colorear las imágenes del pasado que no pudieron realizarse en color simplemente porque en aquel entonces no podían hacerlo.

  4. Epicureo
    2013-11-24 01:31

    Sólo veo una posible justificación a colorear fotos (y apenas), que es añadir información relevante que se ha obtenido por otras fuentes. Por ejemplo, los colores de los uniformes en las fotos de guerra, o los colores de los anuncios en la foto de la tienda. Posiblemente no el color de la corbata de Roosevelt ese día (aunque si realmente lo has averiguado y no te lo inventas, podría pasar).

    Es absurdo es colorear una foto sólo para poner la carne de la gente de color carne, como en la foto del leñador desempleado. Ya lo sabemos, no hace falta cambiar el documento para mostrárnoslo. Y por supuesto es inadmisible inventarse colores de ropa y demás para “animar” la foto. Eso es falsear la realidad. Y se nota mucho.

    Este movimiento es equivalente a “traducir” a Shakespeare al inglés del siglo XX, o tocar a Bach con sintetizadores. Lo que supuestamente se gana en cercanía se pierde con creces en autenticidad y sutileza. Y al final no contenta a nadie.

  5. Adrian Daine
    2013-11-24 15:07

    Hola Luis,

    Si viajara al pasado no “preferiría” nada, lo vería a color todo, lo que no quiere decir que el blanco y negro sea una elección. Cuando Daguerre patentó su daguerrotipo ya había procesos fotográficos en película pero el método popular y digamos “más asequible” era ese. ¿Si viajaras al pasado elegirías volver a pintar los frescos de batalla o los cuadros de reyes o los fotografiarías?

    Lamento que pienses que preferir el blanco y negro no tiene mucho sentido, porque el blanco y negro no es más que una elección. Incluso cuando el color empezó a pegar fuerte grandes fotógrafos siguieron usando b/n porque pensaban que era el verdadero color de la fotografía, así que no sé si realmente hubieran escogido el color de haberlo tenido tan a mano. ¿Rodarías Metrópolis o Ciudadano Kane en color? ¿Aceptarías versiones coloreadas de la misma?

    El tema de la colorización no me parece más que una curiosidad muy bien hecha. Las fotografías a blanco y negro no son “peores” ni menos representativas por no poder registrar el color, ni son menos poderosas o efectivas por estar en escala de grises o incluso en sepia. Colorizarlas no hace más que potenciar un discurso que prima una elección (o imposición) de estilo por encima de la propia foto.



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