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Profundidad de campo por Adrian Daine

La fotografía no ha muerto, sólo ha cambiado de formato. Sus valores y normas tampoco han desaparecido, sino que se han actualizado y nos obligan a mirar el mundo de otra manera. En Profundidad de Campo, cada día 23 repasaremos su evolución en un intento por demostrar que las dudas que origina son similares tanto cuando hablamos de megapíxeles y Photoshop como cuando hablamos de daguerrotipos y granos de plata, y explicaremos cómo interpretar un arte y oficio que, a su vez, interpreta el mundo para nosotros.

Googlegrafías

Transmetropolitan

Para los que hemos leído Transmetropolitan (Warren Ellis/Darick Robertson, 1997-2008, DC Comics) hay un atractivo evidente en la existencia del próximo invento de Google. Personalmente, Google Glass es un proyecto que me parece interesantísimo por cuanto parece la evolución obvia al hecho de que todos tenemos ya una cámara de fotos en nuestras manos y nos comunicamos y relacionamos cada vez más mediante imágenes: eliminar la herramienta, usar nuestros ojos.

Esto no es enteramente así: al fin y al cabo, Google Glass sigue siendo una herramienta que se interpone entre nuestro ojo y lo fotografiado, y el tamaño y resolución de la imagen diferirá bastante de lo que ese ojo ha visto, pero poco a poco vamos reduciendo la distancia.

Apartémonos un instante debate social sobre su uso y el derecho a la intimidad. Es un debate necesario y evidente dado que actualiza y amplía el enorme dilema que surgió con el boom digital y eclosionó con las redes sociales y los smartphones. Google Glass es un instrumento capaz de rebasar muchos límites y va a ser necesario saber acotar su uso al mismo tiempo que va a haber que adaptarse a una nueva dimensión social. En Profundidad de Campo no queremos obviar este tema (máxime estando muy de acuerdo con este titular de The Huffington Post sobre Winky, la app que permite hacer fotos sólo con un guiño), pero queremos, por hoy, centrarnos en el aspecto fotográfico.

Y es que Google Glass nos permite algo más que hacer fotos “sin manos” o librarnos de ciertas limitaciones físicas a la hora de hacer una foto (y ni siquiera eso: aquí explican cómo va a tener sus propias complicaciones): es, al fin y al cabo, una cámara de fotos más pequeña. Cartier-Bresson eligió la por entonces poco popular Leica porque su tamaño y rapidez le beneficiaban en el tipo de fotografía que quería hacer; nosotros mismos empezamos a usar más nuestros smartphones en situaciones en las que ya no es necesario el volumen y aparatosidad de una cámara tradicional; Google Glass va un paso más allá y se convierte en una herramienta bastante apetecible para la street photography.

La street photography se basa en algo aparentemente sencillo: retratar a la gente en lugares públicos, extrayendo atractivo de situaciones y personas aparentemente cotidianas. Es una fotografía ligada a lo documental pero no idéntica a ésta, entre otras cosas por estar más orientada hacia algo más “literario” que documental. Es un género que ha evolucionado en miles de direcciones distintas pero que ha mantenido por lo general un elemento común denominador: la espontaneidad.

Evitar el posado es esencial. Por tanto, evitar que los sujetos sean demasiado conscientes de la existencia de una cámara fotográfica es crucial: la elección de cámaras compactas y telemétricas en oposición a las réflex es habitual, dado que permiten mucha rapidez para no perder una foto por estar trasteando con ella y potencian el anonimato del fotógrafo. La Leica de Cartier-Bresson no sólo era rápida, también le permitía ser el foco de atención de todo el mundo a su alrededor.

No es la primera vez que Google entra en el terreno de la street photography. Ya en su día Google Street View generó un amplio número de ediciones de estas imágenes aleatorias, de las que Jon Rafman y su proyecto llamado 9 Eyes son el máximo exponente. Imágenes espontáneas en las que el fotógrafo emplea su visión no para capturarlas sino para extraerlas de entre cientos de miles de fotografías y darles un nuevo contexto. Google Glass nos permitirá ser editores de nuestro propio dispositivo, y nos permitirá acercarnos más a los sujetos y a sus situaciones para retratarlos con mayor eficiencia. Sólo será necesario, como lo ha sido desde que se tomó la primera fotografía, un ejercicio de honestidad para con lo fotografiado. Y de respeto.

Adrian Daine | 23 de mayo de 2013

Comentarios

  1. Cayetano
    2013-05-24 02:08

    Todo esto está muy bien, al menos en teoría.

    Pero hace mucho tiempo que se inventaron las cámaras espía (o camufladas) para obtener imágenes sin que los “sujetos” (cosificar al individuo como tema) se percatasen de que son fotografiados con la excusa de evitar que actúen ante la cámara.

    En teoría, claro, propongo montar un comercio donde adquirir los elementos necesarios para disfrazarse antes de salir a la calle, es un negocio de futuro :-)

    Google se está convirtiendo en un monstruo muy peligroso al que estamos alimentando entre todos. Veremos en que acaba todo esto

    Saludos

  2. k
    2013-09-23 03:50

    El otro día un amigo mío dijo: si algo es gratis, el producto eres tú.

    En otro orden de cosas, quién no ha deseado tener una cámara en las gafas un millón de veces. El problema es que eso multiplicaría exponencialmente el número de fotógrafos geniales. Otra vez.

    Bueno, no sé si eso sería un problema.



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