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Profundidad de campo por Adrian Daine

La fotografía no ha muerto, sólo ha cambiado de formato. Sus valores y normas tampoco han desaparecido, sino que se han actualizado y nos obligan a mirar el mundo de otra manera. En Profundidad de Campo, cada día 23 repasaremos su evolución en un intento por demostrar que las dudas que origina son similares tanto cuando hablamos de megapíxeles y Photoshop como cuando hablamos de daguerrotipos y granos de plata, y explicaremos cómo interpretar un arte y oficio que, a su vez, interpreta el mundo para nosotros.

El nuevo pictorialismo

1.
En El Óxido del Tiempo (Ed. Omnicon), uno de los pocos libros sobre la historia de la fotografía que se atreve a dar una opinión crítica sobre la misma para evitar ser un simple torrente de datos, su autor Antonio Molinero Cardenal empieza el capítulo dedicado al pictorialismo definiéndolo como “un subgénero pseudofotográfico, parásito y anémico”, para pasar a una documentada cronología de este primer ismo fotográfico sin dedicarle mejores palabras.

El pictorialismo nace a finales del siglo XIX con la intención de otorgar a la fotografía un peso equivalente al de artes como la pintura sin ser necesariamente una disciplina de ésta. Al mismo tiempo, los pictorialistas reniegan del carácter representativo de la fotografía y se obstinan en dar a sus obras un aura artística alejada del mecanicismo fotográfico. Esta contradicción acaba suponiendo más un acercamiento a la pintura que a una reivindicación artística de la fotografía al tomar por defectos lo que no son más que características fundamentales, como la posibilidad de hacer copias (algunos pictorialistas destruían el negativo para que la imagen fuese única, al igual que un cuadro) o la nitidez y exactitud de las lentes, que según ellos era algo propio de la vulgar fotografía de aficionado y no de un arte en condiciones; esto es lo que les lleva a despreciar la técnica y emplear retoques como las veladuras y los desenfoques, además de optar por unas temáticas dentro del paisaje y del retrato más cercanas a la pintura que a otra cosa.

La posibilidad de realizar este tipo de obras sólo estaba al alcance de una clase social acomodada que pudiera permitirse las cámaras de fotos necesarias para producir este tipo de efectos, con lo cual la fotografía queda encerrada en sus orígenes en los guetos de las sociedades fotográficas de la época, cuyos miembros realizaban exposiciones respetando las normas pictorialistas sin dar espacio a nuevas perspectivas. Según Antonio Molinero Cardenal, esta endogamia es la que lleva a que la fotografía no empiece a experimentar con su propio lenguaje hasta después de la Primera Guerra Mundial.

2.
Hace una semana escasa (según la fecha de publicación de este artículo) se falló el Premio Nacional de Fotografía 2010, otorgándoselo a José Manuel Ballester. La noticia ha causado un cierto revuelo en internet dado que, de nuevo, el jurado del premio parece haber valorado más un concepto artístico que uno fotográfico. Decimos “de nuevo” porque desde 2004, año en el que se lo concedieron a Ramón Masats, el premio ha recaído más en artistas cuyo uso de la fotografía se caracteriza más por buscar en ella un cierto esteticismo relativo a otras artes plásticas que en fotógrafos que usan y aprovechan la técnica fotográfica en pos de una expresión propia de dicho arte, sin necesidad de aludir a otras disciplinas.

3.
Gonzalo Juanes (Gijón, 1923) estuvo vinculado al grupo Afal y forma parte de un grupo de fotógrafos españoles que ayudó a desterrar el pictorialismo del que hablábamos antes, ya caduco en el resto de Europa pero que en España y gracias al franquismo gozó de buena salud durante un buen tiempo. En un monográfico dedicado a su trayectoria (colección Photobolsillo de La Fábrica Editorial), se destaca una frase que lanzó a uno de sus alumnos en un taller: “coge la cámara y sal a la calle a fotografiar lo que te dé la gana, pero no te empeñes en hacer arte…Ahora estamos ante un nuevo pictorialismo que me parece inadmisible.”

A este nuevo pictorialismo se refiere también el Doctor en Bellas Artes José Gómez Isla, en su ensayo Imagen digital: lecturas híbridas (descarguen el .pdf pinchando en el título), en el que relaciona los avances tecnológicos en fotografía con una nueva orientación hacia el pictorialismo mediante las nuevas posibilidades de retoque y manipulación, que rompen con el registro de la realidad que la fotografía ostenta como rasgo característico.

4.
Si entran en la sección de fotografías destacadas por los usuarios de Flickr encontrarán que el 95% de las mismas corresponden a temáticas relacionadas con el paisaje, el bodegón, y el retrato en menor medida. A simple vista no es un dato que podamos usar como prueba, ya que son temáticas utilizadas en todos los ismos de la fotografía sin ningún tipo de problema (y si no vamos a realizar fotos de paisajes, personas o naturalezas muertas, ¿de qué lo vamos a hacer si no?). Sin embargo, basta un vistazo más certero para darse cuenta de que la gran mayoría de estas imágenes poseen un post-proceso más que evidente, siendo la nota predominante una intención por alejar la imagen de la noción de que ha bastado un sólo click para realizarla. Como si no bastase con hacer simplemente la foto, el HDR (múltiples exposiciones de una misma toma a diferentes mediciones de luz para crear una sola foto en la que cada elemento se encuentra a su nivel más óptimo de exposición, originando un hiperrealismo alejado de toda realidad) está a la orden del día, así como saturados, desenfoques selectivos, degradados y cut-outs (elementos de una foto en color resaltando sobre el resto en blanco y negro).

Podríamos decir, pues, que estamos presenciando una nueva versión del pictorialismo, una no circunscrita a un grupo social determinado ni orientada a una temática tan estricta como la del pictorialismo original, pero que mantiene un concepto de la fotografía más cercano al arte y al esteticismo que a la comunicación y la representación de la realidad.

5.
¿Es la obra de José Manuel Ballester un ejemplo del nuevo pictorialismo? La tendencia a una fotografía desprovista de intenciones, cercana a la hiperrealidad y consistente más en una muestra de capacidad estética que en un lenguaje fotográfico propio son indicativos bastante fuertes, pero la existencia de una “fotografía pintada” dentro de su obra no parece dar lugar a dudas.

Sin embargo, la cuestión aquí no es poner a debate la calidad ni la orientación de la obra del autor. No es que el que suscribe no quiera mojarse, pero cree más importante centrarse en el hecho de que un premio que generalmente se otorga a toda una trayectoria dentro del mundo de la fotografía parezca más interesado en galardonar a autores cuyo uso de la misma se limita a explorar situaciones más cercanas al mundo del arte. Como si se quisiera volver a ese punto en el que la reivindicación de la fotografía se diluye al querer equipararla a la pintura, la escultura o la arquitectura por sus mismos medios. ¿Es una equivocación condecorar a este tipo de autores en detrimento de otros que llevan toda su vida construyendo una obra fotográfica que se ajusta a sus rasgos característicos y que se mantiene al margen del mercado del arte por pura coherencia, o es un signo de los tiempos debido a que a medida que avanza, la fotografía se diluye cada vez más entre el resto de disciplinas? Esta es la verdadera cuestión.

6.
Para concluir, y volviendo al libro que citábamos al principio de esta columna, Antonio Molinero Cardenal cuenta que el pistoletazo de salida para el pictorialismo clásico tuvo lugar en una exposición en 1891 del Club de Amateur-Photographen de Viena, compuesta por seiscientas imágenes. Dentro del jurado de aquella exposición sólo había pintores y escultores, y ni un solo fotógrafo. El jurado del Premio Nacional de Fotografía 2010 estaba compuesto por seis personas, de las cuales una era el fotógrafo ganador del año pasado y otra pertenecía a una revista de fotografía; el resto se trataba de directores y conservadores de museos y centros de arte contemporáneo. No había ningún representante de centros o festivales de fotografía.

Adrian Daine | 23 de noviembre de 2010

Comentarios

  1. Celebes 2.0
    2010-11-23 13:55

    Muy interesante. Nos pasaremos el próximo 23 de Diciembre.

    Saludos,

  2. Almudena
    2010-11-23 14:26

    Es un artículo interesante y pensaré sobre el asunto…
    Pero hay un punto que me parece algo contradictorio o, por lo menos, polémico. Lo voy a tratar de forma simplista, a sabiendas, porque me interesa la respuesta a una pregunta concreta:

    Es evidente que la fotografía no es pintura y no debe aspirar a serlo… pero ¿por qué la separas también del “arte”, en general? ¿no es más coherente defender que el arte acepta distintos tipos de técnicas y tipos de expresión? La música no se parece a la pintura y es también arte, tienen objetivos estéticos comparables que, además, suelen guardar cierto paralelismo. (Las peras no son manzanas y ambas son frutas, ¿o no?)

  3. Adrian Daine
    2010-11-24 14:53

    ¡Hola, Almudena!

    Te dejo una parte de la entrevista que le han hecho hace poco al fotógrafo Antoine D‘Ágata en Vice Magazine. Una de las preguntas que le hacen es cuál es su postura en cuanto a la fotografía y el arte y por qué él parece oponer ambos conceptos:

    “Creo que la fotografía posee un lenguaje artístico perfectamente legítimo, pero también creo que se usa a medias o directamente no se usa la mayoría del tiempo. El mundo no está hecho de lo que vemos sino de lo que hacemos. Los fotógrafos que ignoran esto —y hoy, como en el pasado, hay muchos que lo hacen— reducen la fotografía a su capacidad de registrar la realidad. No toman partido mientras observan el mundo y acaban asumiendo una postura voyeurística, sociológica o estética. Al contrario que con la literatura o la pintura, cuando haces fotografías tienes que enfrentarte a la realidad.”

    El problema, a mi ver, no es tomar la fotografía como arte, sino seguir tomándola en función de valores ajenos a la fotografía.

  4. NUFRO
    2010-11-27 13:48

    Mal asunto para la fotografía, si todavía estamos con “el pictorialismo” arriba y abajo.
    Mal asunto para la fotografía, si aducimos que para fallar un premio, que tenga que ver con esta, el jurado debería estar compuesto por personajes del mundo fotográfico, para “fallar con conocimiento de causa”.
    Mal asunto para la fotografía, si no sabemos quien somos y donde estamos, en los tiempos que corren.
    Mal asunto para la fotografía si todavía andamos en estas lamentaciones autocomplacientes.
    Ente comentario no necesita de réplica, es una lamentación sin posible consuelo.
    Nueva Fotografïa Recientemente Olvidada (Mascareñas, Coniglieri, Ameixeiro, Villavert … y otras/os)

  5. Sergio Amado
    2011-02-01 07:16

    Las técnicas (aunque algunos dirían aberraciones) que llevaron al pictorialismo, fueron necesarias en su época. El pictorialismo o quizá mejor dicho la depuración de las técnicas que llevaban a su consideración, nunca ha muerto, nunca han muerto y de hecho se utilizan hoy en todas las escuelas de fotografía y las herramientas para crear dichos efectos se venden en todos los proveedores de fotografía profesional. Por otro lado cabría también recordar que la pintura no utiliza ninguna de las herramientas cercanas al pictorialismo. No entiendo el desprecio al pictorialismo de algunos. Hoy en día, la continuación de aquellos efectos pictorialistas nos ayudan a los fotógrafos artísticos a crear ambientes y apoyar situaciones, entre otras cosas, la continuación del pictorialismo enriquece la fotografía hoy en día. Saludos


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