Libro de notas

Edición LdN
Polimecánica educativa por Daniel Medvedov

En el siglo XXI, como en cualquier otro nuevo milenio,
todos deberiamos empezar por ser originales: necesitamos crear otras ciencias y otras artes.
He aqui la Polimecanica Educativa, un nuevo sistema de
re-conocimiento que propone el re-conocerse a si mismo y
no respetar las opiniones de los demas. Esta seción dejó de actualizarse en agosto de 2007.

Pachipakuataichi, Artes marciales polimecánicas

He dado clases de análisis de la firma a los militares de Venezuela, por allí, por los años 2000. Me ha sorprendido el modo en que ellos consideraban a los civiles, entre los cuales, a Dios gracias, me cuento. No obstante soy un artista “marcial”, o sea, “militar”, por lo que es Marte dios de los guerreros. Para los militares, los civiles son unos perfectos imbéciles: no saben nada de armas, de pistolas, de revólveres, de tanques o de aviones de guerra. Es cierto, pero los militares están a años luz de lo que es la verdadera postura marcial. Míralos: su cara de muñecos confianzudos, su modo de caminar, su manera de sentarse, su entera fisionomía, muestran la pobre capacidad de enfrentarse a una situación de peligro si no cargasen su pistola de reglamento. Esa imagen es general, uno que otro resalta entre ellos, para hacer honor a la diferencia. Para mí, las artes militares modernas son un disparate, un juego infantil de la muerte. No hay nada que me interese en su mundo helado, artificial, simplón y desasistido de la más mínima compostura. Para un joven de hoy, las artes militares modernas se traducen en juegos de computadoras y guilindajos coloreados pegados por todas partes en el uniforme. “Uniforme’- esta es la palabra que le corresponde. En cambio, la sutileza del movimiento de la energia del Tai Chi, la suavidad y firmeza de sus posturas, el giro helicoidal del Pa Kua y la explosión devastadora del Pa Chi Chuan, son motivos de estudio para aquellos que entienden algo del poder que puede alcanzar el cuerpo humano. Un tratado de artes marciales modernas debe incluir, obligatoriamente, las técnicas de ataque y defensa del PaChiPaKuaTaiChi, el arte marcial completo, que los chinos y los japoneses han preservado a traves de los años. Claro, en el mundo de los gimnasios y de las escuelas hay muchos paracaidistas, gente que nada tiene que decir, muchos de ellos sujetos a un no sé qué de la tradición de las espadas y de los palos de madera. No denigro de la espada, ojo, es un objeto de contemplación de máxima sutileza. Pero de allí a prestarle más importancia a los ejercicios “de armas” que al verdadero combate cuerpo a cuerpo, hay una gran distancia. Hay que observar con mucho respeto la dignidad de las peleas entre los animales. Allí está envuelto un saber natural de los saltos, giros y caídas que los humanos deberían aprender y emular. Tampoco se debería imitar a los monos, dragones, osos, grullas o serpientes, puesto que esta monería es una ridiculez. Nos basta con ser humanos y no hay elemento somático más sutil y más poderoso que una mano humana. Por otra parte, contemplando y reflexionando sobre las llamadas artes marciales de “full contact” o “vale todo” me doy cuenta cuan rebajada se percibe la naturaleza humana en ese tipo de peleas. ¡Ni siquiera los gallos son tan inelegantes! El practicante de artes marciales debe buscar como palito de romero a un maestro ilustrado para empezar verdaderamente a estudiar algo que se parezca, aún de lejos, a la técnica, ciencia y arte del combate polimecánico. No se dejen impresionar por las patadas: combatir con los pies no es de humanos, es vulgar, ridículo, y no tiene ningún sentido darle una patada en la cara aún al más despreciable enemigo que te está atacando. Los caballeros de antaño tenían reglas muy estrictas en cuanto al protocolo del combate. Tenías que ser armado caballero para tener derecho a combatir. Eso no ha dejado de ser válido hoy en día, sigue siendo un requisito, puesto que la vulgaridad es campante en las calles de la ciudad.

Hay que estudiar mucho, practicar desde niño, caerse, levantarse con arte, girar, saltar, ser tan pesado como una montaña y tan ligero como una pluma de águila. Eso se alcanza con noches de práctica y mucho esmero y dedicación. Hay mudras que aprender, gestos que perfeccionar, posturas que descubrir, miradas que entender.

Aprovecho aquiípara agradecer a mis maestros, a Eugen Prodescu, mi primer guía de Gimnasia Olímpica en la Escuela Nacional de Educación Física de Rimnicul Vilcea, en Rumanía, Su Yu Chang, bajo cuya ala estudié muchos años en Venezuela, su Maestro y a la vez mío, el llamado “abuelo” de la escuela Wu Tang, el Rey del Pa Chi Chuan, Liu Yuen Chiao. No me olvido del maestro Nan Huai Chin, y para todos ellos, mi cariño y agradecimiento. Hay que recordar las fuentes de donde uno ha bebido pero, a la vez, y este es, tal vez, el más importante de los puntos de este escrito, no debemos comportarnos como alumnos de nuestros maestros, como tampoco debemos invocar ser hijos de nuestros padres. Ya hemos crecido, hay que madurar, ahora eres un hombre, una mujer, tal vez, un individuo hecho y derecho, con todos tus poderes y potestades. Sé original, querido hermano, pero deja de lamer las suelas de tu maestro. Emancípate, sé libre, autónomo, independiente. No seas ridículo, nombrando cada vez a tu maestro. Eso es como decir una y otra vez que eres hijo de fulano, o de mengano. Ya has crecido, ahora es tiempo de caminar por tus propios medios y conocimientos. Después de la madurez, debes trabajar en tu despertar, puesto que tal vez aun estés dormido. Y luego, con modestia y moderación, espera el regalo de la iluminación, puede que te caiga como un rayo, si eres agraciado por la bella energía.

A todos los amigos con-céntricos y también a los ex-céntricos, saludos.

Daniel Medvedov, Ta Yi Li, Yu Shin Sai, PaChiPaKuaTaiChi, Wu Tang, Almateria, 1000Arepas.

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Leer más en el texto Tratado de Artes Marciales, y en el artículo La pŕactica interna del Pa Chi Chuan

Daniel Medvedov | 20 de febrero de 2007


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