Libro de notas

Edición LdN
Opiniones misceláneas por Pablo Muñoz

Prefacios juveniles, reseñas de media tarde, lecturas a tiempo parcial… Un intento meridiano de soñarse columnista, por supuesto. Aquí vienen a leerse libros, a recomendarse unos cuantos y a discutir(los).

Aunque al final termines convertido en ti mismo

John Jeremiah Sullivan, Pulphead.
Farrar Straux & Giroux, Nueva York, 2011.

El segundo libro de Sullivan confirma algo que podíamos sospechar si le veníamos leyendo: que se trata del cronista y ensayista más interesante de la literatura reciente norteamericana. Sus piezas de no ficción están exquisitamente concebidas, aunque tengan la rara virtud de no parecerlo.

Lo digo porque el estilo brillante de Sullivan es adaptar el relato al asunto tratado, pero sin que medie, digamos, un estilo constante. Tomemos la seriedad de Susan Sontag, pensemos en la brillantez (léxica a minuciosa) de Foster Wallace o en los relatos humorísticos de Martin Amis basados en su polisemia y en sus hallazgos estilísticos. En todas estas crónicas sobresale el estilo, casi diría que persiste, pero además se percibe desde la primera línea. Las de Sullivan no.

Fijo la vista en como empieza el recuento de su tiempo al lado de Andrew Lytle.:

When I was twenty years old, I became a kind of apprentice to a man named Andrew Lytle, whom pretty much no one apart from his negligibly less ancient sister, Polly, had addressed except as Mister Lytle in at least a decade. She called him Brother.

Cuando tenía veinte años, me convertí en una especie de aprendiz de un hombre llamado Andrew Lytle, a quien básicamente nadie aparte de su insignificantemente menos anciana hermana, Polly, había excepto como el Señor Lytle an al menos una década. Ella le llamaba hermano.

Y ahora su perfil, glorioso, de la estrella del rock caída en eterno regreso, Axl Rose

HE IS FROM NOWHERE. I realize that sounds coyly rhetorical—in this day and age, it’s even a boast, right? Socioeconomic code for I went to a second-tier school and had no connections and made all this money myself.

Yeah, I don’t mean it that way. I mean he is from nowhere. Given the relevant maps and a pointer, I think I could convince even the most exacting minds that when the vast and blood-soaked jigsaw puzzle that is this country’s regional scheme coalesced into more or less its present configuration after the Civil War, somebody dropped a piece, which left a void, and they called the void Central Indiana. I’m not trying to say there’s no there there. I’m trying to say there’s no there. Think about it; let’s get systematic on it.

ÉL ES DE NINGUNA PARTE. Me doy cuenta de que esto suena coquetamente retórica – en estos días, es incluso una fanfarronada, ¿verdad? La clave socioecónomica para “Yo fui a una escuela de segundo nivel y no tenía conexiones e hice todo este dinero por mí mismo”.

Sí, no quería decirlo de ese modo. Quería decir que él es de ninguna parte. Dados los mapas relevantes y una brújula, creo que podría convencer a las mentes más precisas que el vasto y rompecabezas que es el esquema regional de este país en más o menos la presente configuración después de la Guerra Civil, alguien se saltó una pieza, que y llamaron ese hueco Indiana Central. No estoy tratando de decir que no hay allá allí. Estoy tratando de decir que no hay allí. Pensad sobre ello; pongámonos sistemáticos sobre ello.

Existe un interés evidente en el lenguaje. Su estilo quiere recalar, y en estas dos crónicas lo hace de una manera distinta, en un lenguaje. Desde la manera en la que Polly llama a su hermano, el señor Lytle al que da título el ensayo, hasta la manera, casi oral, en la que empieza a exponer su pequeña intelectualización.

El libro de Sullivan es, qué duda cabe, excelente. Pero su triunfo yace, en menor medida, en la manera en la que el autor debe aprender a contar lo sucedido y lo que le viene sucediendo.Al final de su ensayo de Axl Rose, se decide a llevar al final su estilo.:

I don’t know him at all. Maybe if his people had let me talk to him, he’d have bitten and struck me and told me to leave my fucking brats at home, and I could transcend these feelings. As it is, I’m left listening to “Patience” again. I don’t know how it is where you are, but down south where I live, they still play it all the time.

And I whistle along and wait for that voice, toward the end, when he goes, Ooooooo, I need you. OOOOOOO, I need you. And on the first Ooooooo, he finds a note so tissue-shredding it conjures the image of someone peeling his own scalp back, like the skin of a grape. I have to be careful not to attempt to sing along with this part, because it makes me, like, sort of throw up a little bit. And on the second OOOOOOO,you picture just a naked glowing green skull that hangs there vibrating gape-mouthed in a hyperbaric chamber.

No le conozco en absoluto. A lo mejor si su gente me hubiera dejado hablar con él, me hubiera mordido y y me hubiera dicho que me llevara mis putos y podría trascender estos sentimientos. Así como está, soy escuchando “Patience” de nuevo. No sé como es donde tu estás, pero aquí, en el sur de los Estados Unidos , todavía la tocan todo el tiempo.

Y me silban a lo largo y esperar a que la voz, hacia el final, cuando se va, Ooooooo, te necesito. OOOOOOO, te necesito. Y en el primer Ooooooo, encuentra con una nota tan trituradora de tejidos que evoca la imagen de alguien pela la espalda propio cuero cabelludo, como la piel de una uva. Tengo que tener cuidado de no tratar de cantar junto a esta parte, porque me hace, digamos, una especie de vomitar un poco. Y en e lsegundo OOOOOOO, uno puede ver sólo un cráneo desnudo, que brilla intensamenteverde que cuelga allí vibrando con la boca abierta en una cámara hiperbárica.

Barroquizando la frase, con esos adjetivos y esas observciones (llama a la nota “tissue-shredding” / tritura papeles), Sullivan ha dado con su hombre. El asunto es que, una vez terminado el libro y disfrutado de muchas de sus piezas, el lector no dudará en ninguna medida de la personalidad de Sullivan, dispuesta a emprender la siguiente pirueta para que su voz se filtre de nuevo. Una de las pequeñas magias que atribuimos con certeza y justicia a la literatura, es la de reconocer la misma voz, en la que se forja una mirada, sin que importe ya cuán distintos puedan ser los estilos empleados.

Pablo Muñoz | 19 de mayo de 2012


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