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Sinapia: una utopía española en el siglo de las luces

Daniel Medvedov

Utopía y Realidad en las Reducciones del Paraguay

El tema de las “Reducciones” jesuíticas del Paraguay es uno de los casos más sonados de la Historia de la Iglesia. Relacionado con la idea de la utopía social, este aspecto está inscrito en la memoria del continente como un hecho político y no tan sólo religioso.
¿ Qué era una reducción?
El Padre Antonio Ruiz de Montoya la define en su obra Conquista Espiritual, del siguiente modo:

«...llamamos Reducciones a los pueblos de Indios, que viviendo a su antigua usanza en montes, sierras y valles, en escondidos arroyos, en tres, cuatro o seis casas solas, separados a legua, dos, tres y más unos de otros, los redujo la diligencia de los Padres a poblaciones grandes y vida política y humana, a beneficiar algodón con que se vistan.»

Bastan estas pocas palabras para percibir , detrás del texto, la filosofía y la teleología jesuítica de la Conquista. En realidad no se trataba de sugerir a los indígenas una mera reducción de su dispersa visión de vida social, sino también educarlos para la construcción de una sociedad perfecta, austera, serena y , por ende, utópica. Fue un experimento de laboratorio social, una puesta en escena de ciertos ideales “jansenistas”, una materialización de los conceptos metamórficos de la perfección humana.

UTOPÍA : No hay tal lugar, traduce Quevedo en el prólogo a la versión, expurgada, que en 1627, hizo don Gerónimo Antonio de Medinilla y Porres de la obra de Tomás Moro. News from Nowhere titúla su obra sobre Moro, William Morris , en el siglo XIX.
Ningunaria llamaban los marineros antiguos a las Islas Canarias, imagen mítica de las Islas de los Afortunados.

La necesidad de buscar a Nadie y a sus moradas situadas en Ninguna Parte, es una auténtica moda de la época.

Al hablar de utopía, todos pensamos, —es casi una muletilla — , en la República de Platón. Lo mismo pensaron Tomás Moro y su tocayo, Campanella. Pero la utopía de Platón no está en la República sino en las Leyes.

En el libro V de la República, al final, los interlocutores de Sócrates escucharon su plan de la república perfecta y todos quedaron complacidos.

¿ Pero es acaso posible semejante república ?
Sócrates reconoce que tiene : «... cierto temor y vacilación ante una proposición tan extraordinaria como ésta, que ahora tengo que investigar y explicar …»

Las Reducciones jesuíticas no son originales y tampoco se basan en modelos utópicos de organización social como los representados en las obras de Platón, Thomás Moro o Tomaso Campanella. Antes de las Reducciones, el mundo hispano era , en si mismo, una auténtica fuente de inspiración, directa, inmediata, presente y experimental.

Hace unos años, en 1975, el bibliotecario de la Fundación Universitaria Española, don Jorge Cejudo López, dió noticia de la existencia de una utopía española del siglo XVIII, en el catálogo que publicó en el mismo año. Se trataba de SINAPIA, Península en la Tierra austral. El texto original de la SINAPIA se encuentra entre los documentos pertenecientes a don Pedro Rodriguez de Campomanes, hoy depositados en la Fundación Universitaria Española. El legajo en cuestión consta de 10 cuadernillos escritos por ambas caras, con un total de 80 páginas. La letra es del siglo XVIII. Es este un verdadero descubrimiento, que no sólo enriquece los estudios sobre la utopía sino que vierte nuevas luces en el oscuro y tan desconocido mundo de las visiones políticas de aquellos días.

La frugalidad, la sobriedad y la austeridad de los habitantes de SINAPIA son puntos virtuosos de la misma naturaleza humana que los jesuitas trataron y lograron implantar en las Reducciones del Paraguay. Tanto los jesuitas como el autor de la SINAPIA, descartan la violencia física como medio para conseguir la adhesión religiosa. Nada hallamos en la Descripción de la SINAPIA que contradiga al catolicismo profundo que todos los autores coinciden en atribuir a las Reducciones jesuuíticas del Paraguay. El régimen educativo de Sinapia y las instituciones y modalidades educativas de las Reducciones tienen muchos puntos en común. El interés por la medicina naturalista, las curas hidroterápicas, el uso de las plantas, las mezclas naturales, la iatromecánica y la iatroquímica que practican los sinapienses, encuentran su eco en la visión jesuítica de la salud, de la terapia y de la terapéutica, de la profilaxia y de la ciencia del diagnóstico.

En un campo diverso, el de la milicia, hallamos también mutuas resonancias entre Sinapia y las Reducciones.

El primer organizador de las Reducciones fue el Padre Diego de Torres, cuyos ideales jurídicos eran similares a los del Padre Las Casas, en cuanto a la coherencia con que procede a la aplicación de la justicia.

La primera Reducción se fundó en el año 1610, con el nombre de San Ignacio-Guazú (_Guazú_ quiere decir en guaraní grande). Algunos de los misioneros murieron de hambre, otros se perdieron sin huella y otros fueron sacrificados por los indios. Tres de ellos, —triste y santa consolación — , han sido beatificados.

El grupo de jesuítas que llevó a cabo tal extraordinaria puesta en escena de los ideales de perfección socio-política y personal que fueron la base filosófica de las Reducciones, estaba formado por individuos de las más diversas especialidades, virtudes y nacionalidades. Habían entre ellos pintores y escultores, médicos e ingenieros, educadores y agricultores, orfebres y metalúrgicos, arquitectos y farmaceúticos.

Tanto la vida como la organización en las Reducciones tuvo dos principios rectores: la autonomía del indio con relación a la población blanca y la educación política, religiosa y existencial.

Las Reducciones se construían de manera uniforme y no casual. El número de habitantes estaba controlado: no pasaban de siete mil y no bajaban de mil. Cada reducción era dirigida por tres misioneros. El sacerdote era el jefe absoluto de la Reducción, pero sus palabras eran consideradas Palabras de Verdad.

La constitución fundamental fue la familia y la Reducción era, en cierto modo, autárquica, ya que contaba con todas las facilidades, artesanías e instrumentos que requería las austera vida de aquellos tiempos.

En un período de casi 160 años de existencia, el número de las Reducciones llegó a 37, al contar también las del Obispado de Santa Cruz y Alto Chaco y Chiquitos.

En cuanto al régimen de propiedad privada, es notable la categoría de ABAMBAË o posesión privada, más que todo en lo relativo a las tierras en oposición a la propiedasd de Diós o TUPAMBAË, los bienes de la comunidad, especialmente los terrenos donde se cultivaba el algodón y los cereales, el tabaco, el mate y otras plantas. Las Reducciones tenían gran cantidad de ganado. Poseían talleres para fabricar las herramientas y los oficios que desempeñaban eran multiformes: plateros, doradores, armadores de canoas, artesanos de instrumentos musicales de grande o pequeño tamaño, como órganos y violines, torneros, curtidores y retablistas, barrileros y sombrereros.

La lengua guaraní fue elevada a una auténtica dignidad poetico-literaria y a través de publicaciones, (gramáticas y diccionarios), es hoy día una de las más documentada del las lenguas indígenas del continente.

Al leer uno tales descripciones de la vida indígena de las Reducciones, no puede menos pensar en las imágenes de la SINAPIA.

Todos los detalles de la vida diaria en el seno de la comunidad indígena, eran observados y controlados hasta el punto de formar un verdadero mecanismo con mira hacia lo religioso. El tambor de la plaza tocado al amanecer, anunciaba la hora del despertar. Los niños y los jóvenes tenían que ir a la iglesia para rezar, oír la misa y luego trabajar cada uno en lo que se le había encomendado, no antes de ir a desayunar para luego regresar a la plaza para la asignación del respectivo trabajo.

Los misioneros consideraban que si a los niños se les dejaba en libertad, se criaban ociosos. Por la tarde, se vuelve a orar, se puede platicar y también rezar el rosario. Los que se mostraban ágiles, eran elegidos como monaguillos y aprendían a leer y escribir en guaraní, en latín y en castellano; se les enseñaba también música y danza.

A su vez, los adultos tenían un ritmo diario acorde a su condición. Después de la misa, una actividad que no era obligatoria, los hombres iban a tomar el mate para luego volver a trabajar. A la tarde volvían a rezar el rosario y en ese momento reciben de nuevo el mate y la cantidad de carne que se reparte casi a diario, entre todos.

En la noche, un redoble de tambor anunciaba la hora de queda y las calles de la comunidad empezaban a ser rondadas por equipos de vigilantes entrenados para tal oficio.

Esta uniformidad de las actividades y costumbres ha sido uno de los puntos más criticados por los enemigos de las Reducciones pero no es menos cierto que los indígenas vivían gustosos bajo este yugo de orden patermnal.

El paternalismo excesivo ha sido, tal vez , una de las principales causas del derrumbe de las Reducciones.

Pero no todo es color de rosa en la historia: esta notable experiencia social ha sido sometida a la hostilidad y al salvajismo de los bandeirantes. Las bandeiras lusitanas y brasileñas eran una suerte de expediciones de rapiña en búsqueda de poblaciones indígenas prósperas con el objeto de agarrar esclavos para la venta en los mercados de Brasil. Más de 200.000 indios secuestraron los bandidos de la selva entre los años 1628 y 1631. Como en las Leyes de las Indias estaba prohibido el uso de las armas entre los indios, tuvieron los jesuítas que solicitar una dispensa especial que reivindicara este uso y además luchar codo a codo para defender sus comunes logros.

Gran valentía mostraron los indígenas en la defensa de lo suyo y también prestaron ayuda a los españoles cerca de Buenos Aires, contra los portugueses.

Es gracias a los indios de las Reducciones, el que la República del Uruguay, con su actual territorio, perteneciese a los españoles.

La ruina de las reducciones se debió, tal vez, al demasiado tiempo que duró el régimen paternalista de los jesuítas. Uno de los más nostálgicos testimonios de la Historia de la Iglesia, el retorno de los indios a sus antiguos hábitos y costumbres, aparece en las palabras de un indígena, bajo un crudo brillo: «... Padres, esta nuestra capacidad es distinta de la de los españoles, porque estos son constantes en su entendimiento, pero nosotros sólo lo tenemos a tiempos …»

Así como detrás de la breve definición de las Reducciones, que el Padre Ruiz de Montoya ofrecía en su obra Conquista Espiritual, se percibía toda la filosofía de los jesuítas, asímismo, aparece detrás de las palabras de los indios, la auténtica visión de su condición natural y de su destino humano. Se puede percibir una amarga ironía y a pesar de que los indios amaron mucho a los misioneros y los respetaron hondamente, no deja de ser motivo de reflexión el retorno a sus hábitos y costumbres ancestrales, luego de la ruina de las Reducciones.

Todas estas palabras saltan en la memoria y nos hacen recordar otro grave testimonio de los habitantes autóctonos de las tierras americanas que, en boca de uno de sus maestros, Crazy Horse de Lakota, dicen lo siguiente:

«... Nosotros no les hemos pedido a ustedes, hombres blancos, venir aquí. El Gran Espíritu nos dió esta tierra como hogar. Ustedes tienen el suyo. Nosotros no hemos interferido en sus cosas. El Gran Espíritu nos dio bastante tierra para vivir en ella, y búfalos, venados, antílopes y otros animales. Pero llegaron aquí ustedes; ustedes toman mi tierra; ustedes matan nuestros animales, tanto que se nos hace muy dificil vivir. Ahora, nos dicen que tenemos que trabajar para comer, pero el Gran Espíritu no nos ha hecho para trabajar sino para vivir, cazando … Ustedes, hombres blancos, pueden trabajar, si así lo quieren. Nosotros no nos metemos en vuestras cosas y , de nuevo, vienen y nos dicen que ¿ porqué no llegamos a ser civilizados ? ¡ Nosotros no queremos vuestra civilización ! Nosotros vivimos así como vivieron también nuestros padres, y sus padres antes de ellos …»

Todo esto explica, más que la Sinapia misma, la razón por la cual jamás va a ser el indio americano objeto de doma, amaestramiento o domesticación.

Su vida salvaje le entrega todas las verdades que un ser humano necesita para comprenderse.

Daniel Medvedov | 21 de abril de 2006


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