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Castilla y León: Desconfianza política

Jesús Salamanca Alonso

El próximo año hay cita electoral. Los políticos empezarán a prometer, aunque no llegarán a aquel “puedo prometer y prometo” del siempre anhelado e injustamente tratado Adolfo Suárez. Todos conocemos el tipo de político que pulula por ésta, nuestra tierra, cuya obra más conocida en los años transcurridos, desde los últimos comicios, ha sido la simulación del avestruz y para los que el premio – si aparecen en alguna lista electoral – debe ser la moneda de la ignorancia.

Los medios de comunicación suelen ser fieles testigos de las opiniones de los “primeros espadas” de partidos nacionales y regionales. Con el famoso “y tú más”, compararán la corrupción de finales de los años ochenta y princi­pios de los noventa, así como la desorientación política del Gobierno central, con fugaces apuntes de subvenciones mal adjudicadas y peor empleadas o con la confusa ignorancia a las víctimas del terrorismo. “Predicadores” de las distintas formaciones intentarán convencer a la población de lo hecho (aunque esté por hacer) y cuando, los menos, comparen los programas electorales comprobarán semejantes ideas, similares planteamientos a los de hace cuatro años, correctas redacciones en la forma; pero vacías, a veces, de contenido real y no menos oscuras en el fondo. En definiti­va,...casi, casi,...¡más de lo mismo!.

Sin duda, los temas que más tratamiento informativo han recibido en Castilla y León han sido los referidos a los papeles del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, el estatuto catalán, la LOE, la progresiva despoblación de nuestra comunidad y la continuada deslocalización empresarial. Todos, sin excepción, hemos acertado unas veces y errado otras en nuestros planteamientos; pero seguramente siempre ha predominado la confianza en nuestra gente y en nuestra tierra y su indiscutible capacidad para sacar adelante temas tan controvertidos y ásperos como lo aludidos. Tal confianza no alcanza a gran parte de los políticos de la comunidad castellana y leonesa, más empeñados en sus cuestiones personales y partidistas que en promocionar y trabajar por Castilla y por León. Algunos medios de comunicación han contribuido a esa imagen permanente y tan poco acertada de los primeros “espadas” de la comunidad, al publicar sus fotos casi siempre haciendo gala del buen yantar, por lo que dan a entender que suelen acudir allí donde hay un canapé.

Siguen olvidando, por ejemplo, la educación de personas adultas y cuanto hace referencia al desarrollo rural. Temas de los que únicamente se acuerdan concejales, procuradores y diputados cuando llegan las campañas electorales. Son votos y todo vale; pero a ninguno de ellos hemos oído mencionar dichos asuntos con la seriedad, el rigor y la profundidad que merecen. No sé quien dijo aquello de “apoltronados, comidos, bebidos y sin reflexionar demasiado por si acaso”. Claro que, pensándolo bien, tiene su similitud en aquel “quien se mueva no sale en la foto”, del diputado Guerra.

Aún recordamos el contenido del Acuerdo Social por la mejora de la calidad y el empleo en Castilla y en León, donde se decía, respecto a la educación permanente, que era insuficiente la oferta de procesos organizados ante la creciente demanda social. Afirmación correcta a pesar de lo poco novedosa que resultaba. De lo que no hay duda es del reiterado olvido respecto a la educación de las personas adultas. Nuestros gobernantes parecen no entender que es un importante marco para el permanente afianzamiento del proceso democrático, así como para la extensión y difusión de los derechos del ciudadano. Desafíos que deberán estar presentes en Castilla y en León, fundamentalmente porque se han marcado como prioritarios para el siglo XXI en todos los foros internacionales sobre educación de personas adultas y porque, en la actualidad, forman parte de la educación en valores tan extendida y trabajada en los centros educativos.

Cada vez estamos más convencidos de que en nuestra comunidad está pendiente la consecución de la igualdad de oportunidades, para poder dar respuesta a la demanda. Es fundamental que se atienda, además, y con carácter preferente, a cuantos grupos y sectores sociales se encuentran con carencias formativas, sin olvidar a quienes mayores dificultades tienen para su inserción en el ámbito laboral: inmigrantes, mayores de cuarenta años y ciudadanos sin titulación básica..

La reflexión anterior nos pone en disposición de proponer a la Junta de Castilla y León la necesidad de seguir desarrollando la Ley de Educación de Personas Adultas, actualizando la misma para recoger las nuevas necesidades y retos que han surgido en los últimos años. Va siendo el momento de atender lo que de verdad interesa a esta tierra. Las Cortes de Castilla y León no representan actualmente el sentir leonés y castellano; es preciso un cambio en profundidad. La falta de líderes en la oposición y en el Gobierno de la comunidad supone una rémora para afrontar el diario devenir de los acontecimientos; parece como si toda su política se ciñera a la discusión permanente, a la reducción de partidas destinadas a la oposición y al envío de mensajes difamatorios al Gobierno central.

Desde la perspectiva del análisis político no podemos seguir manteniendo visionarios y, mucho menos, ingratos observadores. Castilla y León se merecen más, mucho más, por sus ciudadanos y por los constantes desvelos de éstos, frente a la pasividad de buena parte de su clase política. Entre la ciudadanía y sus actuales representantes políticos hay un importante “precipicio” en estos momentos. No conviene olvidar que “lo peor que puede hacerse —en palabras de Lloyd George— es cruzar un precipicio en dos saltos”.

A pesar de ello, el cumplidor ciudadano será fiel al firme asentamiento de los valores democráticos; máxime cuando la madurez y los hechos ponen de manifiesto que hasta la frase del político estadounidense Cleveland pierde perspectiva y actualidad en nuestra tierra, respecto a que “el navío de la democracia, después de haber capeado tantos temporales, puede irse al fondo en un motín de los que van a bordo”.

Jesús Salamanca Alonso | 01 de marzo de 2006


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