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Las reformas y lo que está pasando. De cómo en la educación la democracia encontró su pareja: el mercado

José María Rozada

Las políticas educativas seguidas en España a lo largo del actual periodo democrático, suelen presentarse desde enfoques progresistas o críticos en términos de reforma-contrarreforma, asignándose el primer término al periodo de gobierno del Partido Socialista a partir de 1982 y el segundo al del Partido Popular a partir de 1995. En este artículo, escrito desde un enfoque crítico libre de toda servidumbre bipartidista, se rechaza ese planteamiento señalando que desde la LOECE (1980) hasta la LOCE (2002), pasando por la LODE (1985), la LOGSE (1990) y la llamada Ley Pertierra (1995), lo que se da en España es un proceso a través del cual el sistema escolar heredado de la dictadura va progresivamente acomodándose a las formas de democracia propias de la economía de mercado. Con esta idea como telón de fondo el autor recorre las sucesivas reformas escolares fijándose en cómo se han ido generando cuatro de los principales problemas que hoy padecemos, a saber: primero, el desmantelamiento progresivo de lo que de público hubiera en la propia escuela pública; segundo, el desmesurado incremento de los aspectos burocráticos y organizativos del sistema de enseñanza, con el consiguiente desvío de la atención hacia los aspectos puramente formales del mismo y el olvido de lo que realmente ocurre con las prácticas pedagógicas; tercero, la persistencia de tradiciones corporativas y disciplinares que dificultan una adecuación del sistema escolar a las condiciones socioculturales de nuestro tiempo, las cuales inevitablemente llegan a las aulas a través de unos alumnos que son muy diferentes a los de hace sólo unos cuantos años; y cuarto, la mala situación en la que se encuentran hoy las iniciativas de innovación escolar.

Con respecto al primero de estos problemas, señala el texto que el mantenimiento de la doble red pública-privada desde el primer momento, bajo la “ingenuidad” de suponer que la escuela privada se acercaría a pública mediante su democratización, acabaría desembocando en una reconversión del contenido de términos como “participación”, “autonomía de los centros”, etc., hasta llegar a perder éstos su sentido democrático original, pasando a para ser utilizados al servicio de la diferenciación y la elección de centros requeridas por el mercado, de modo que no sólo no se hizo más pública la escuela privada, sino que progresivamente se ha venido privatizando la escuela pública.

Por lo que respecta al segundo problema, hemos pasado del discurso de “los profesores serán los protagonistas”, con el que se había iniciado la reforma en 1982, a los niveles más altos de formalismo, burocratización y fortalecimiento de las prescripciones administrativas (estatales o autonómicas, que para el caso igual da) y del staff directivo nunca jamás alcanzados antes en el sistema escolar español.

En cuanto al tercero, se dice que las tradiciones corporativas y las rutinas pedagógicas de larga duración se mantienen vigentes en los centros, bien es verdad que pasándolo mal, dada su evidente obsolescencia ante unos alumnos que no son sino los hijos de nuestro tiempo.

Y, finalmente, con respecto a la innovación, el texto señala que el marco que se ha venido configurando en los últimos años dificulta de manera notable las prácticas docentes innovadoras.

El autor concluye avanzando algunas de las situaciones (no muy halagüeñas) en las que previsiblemente se encontrará el sistema escolar en un futuro no lejano, e invita, sobre todo a los profesores, a buscar formas posibles de habitarlo no del todo claudicantes.

Aunque el texto está escrito antes de las elecciones del 14 de marzo 2003 que llevaron a un regreso del Partido Socialista al Gobierno del Estado, y por ello no hace referencia a las últimas propuestas de revisión parcial y mínima de la LOCE, su lectura sigue siendo válida para poner de manifiesto que en la política educativa no estamos ante alternativas del tipo reforma-contrarreforma, sino ante procesos donde, a pesar del frecuente griterío, las continuidades dominan sobre los cambios, sin que ninguno de los grandes problemas que se señalan esté siendo realmente afrontado.

José María Rozada es pedagogo en una escuela primaria y en una facultad y autor de Fomarse como profesor (Akal, 1997) y Las reformas escolares de la democracia (coord., kdr Ediciones, 2003), entre otros, y uno de los propulsores de Fedicaria. El presente texto es un resumen del trabajo del mismo nombre aparecido en Con-Ciencia Social, nº 6, Díada, 2002.
José María Rozada | 13 de octubre de 2004

Comentarios

  1. Alfredo R.
    2004-10-15 20:45 Brillante análisis. Ahora falta que lo lean los legisladores, que harán cualquier cosa menos tomárselo en serio. Así vamos.

    Enhorabuena.


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