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Por un caciquismo propio

Marcos Taracido

Galicia, tierra feudal. La fuerza del pasado, el arraigo al ancestro, el origen que parece haberse agarrado a cada roble e inoculado en los nuevos heucaliptos para brotar perenne y vivo. Antaño la orografía y el clima eran propicios: una frontera natural de montañas alejándonos del exterior, y cada pueblo encerrado entre sus propias laderas, ríos y bosques; un mar embrabecido poco propicio como entrada o salida; los inviernos largos, húmedos, oscuros. Tierra de lobos, infestada de señores feudales con pequeños reinos fáciles de controlar con el miedo, el hambre y el canje: vuestros pequeños bienestares por el mío pantagruélico.

El viaje del tiempo se ha traído los feudos, y ha instalado la niebla estableciendo y limitando los terruños donde los nuevos poderosos establezcan su círculo. El nuevo cacique utiliza nuevas técnicas, más modernas y sofisticadas y casi siempre derivadas del control o manipulación de los Medios, y se ve obligado a utilizarlas porque así se lo exigen los nuevos escenarios urbanos, que establecen nuevas relaciones sociales, mayor independencia económica y social de los ciudadanos y, sobre todo, la inmersión en el anonimato de la ciudad: privada la relación directa entre el Señor y sus súbditos se requieren nuevas tácticas de control.

Pero Galicia sigue siendo básicamente rural, y allí el cacique apenas ha tenido que modificar sus técnicas a través de los siglos y sigue ejerciendo el chantaje, la extorsión y el dominio de sus tierras con la instauración del vasallaje: ahora el tributo es el voto, la vianda que permite la ostentación del poder por otros cuatro años. Las condiciones sociales sí han variado con respecto a los feudos medievales, pero la TVG y los Medios de Comunicación locales ejercen de perfecta frontera como antes las montañas y el mar. Ojo, también igual que antes, el pueblo no es un ignorante que se deja engañar: estos vasallos saben quién es su Señor, saben de sus artimañas, de sus sucios negocios, de su extorsión… pero establecen un pacto de concordia: mi voto por mis pequeños privilegios, mi voto por tu protección, mi voto por si acaso… La relación con el cacique es la misma que se mantiene con la Iglesia: desprecio por los curas, crítica despiadada a su labor y sus formas, pero presencia masiva en los templos y reverencias y dádivas a los representantes de Dios en la tierra, por si acaso.

La crisis del PP gallego es la lucha por un caciquismo propio (título de una viñeta de Pepe Carreiro en A Nosa Terra ), es una lucha única y exclusivamente por el poder: un poder interno al partido, un poder dentro de la organización, un poder en las altas esferas del partido autonómico que permita mantener sin dificultades los pequeños poderes provinciales, parroquiales, locales. La llamada rama centrista, los afiliados del PP orensano con el aval de Cuiña a la cabeza, no representan ideología ni variante política alguna: son meros caciques que ven perder su sitio en las alturas de la estructura piramidal y afilan sus uñas y sus dientes para recuperarlo: y amenazan con llevarse todo el poder electoral de sus vasallos a otro sitio.

Al fin y al cabo esta estructura de poder es ancestral y no hay nada nuevo en ella. Lo realmente preocupante es el silencio: no hay apenas disimulo en en las manifestaciones de unos y otros respecto de sus intenciones; ni siquiera se tiñen los discursos de barnices idelógicos, de diferencias políticas: se habla abiertamente de cuotas de poder y calla la ciudadanía y calla la prensa y calla (grita, pero no contruye) la oposición. Todo un consejero de la Xunta acusa a los díscolos de aprovechar sus cargos políticos para enriquecerse (delito punible, no lo olvidemos) y ni dimite ni es dimitido, bien por mentir tan gravemente, bien por conocer el delito y permitirlo. Y una vez más no pasa nada. Se dice que ya hablarán las urnas, pero yo pensé que la democracia era otra cosa.

Marcos Taracido | 08 de octubre de 2004

Comentarios

  1. Juan Rodríguez Hernández
    2004-10-11 09:05 Holas :-).
    Al hilo del artículo he encontrado un interesante trabajo de Diego Chmielevsky sobre El Estado moderno y los Medios de Comunicación

    Un artículo sobre la necesidad de los estados modernos y sus “gobernadores” de contar con “los medios de comunicación” para crear una identidad de pertenencia a la “comunidad” y legitimar un “estado” basado en relaciones de poder jerárquicas respecto de sus súbditos.
    La historia se repite…
    El pregonero y el bufón de la Corte “con-vertido” en periodista mediático.
    “Biban Los Reies”, “Biban!!!”


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