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Periofantas

Por Berta López (Cuenca, 1983) Periodista y escritora.

La sabiduría popular ha dado en llamar pagafantas a aquella persona que se dedica a cortejar a otra haciéndole regalos sin llegar a conseguir nunca su objetivo de conquistarla. El cineasta español Borja Cobeaga la convirtió en una comedia en 2009 y, con la crisis, el término está empezando a extenderse del terreno amoroso al laboral para definir la situación por la que pasan muchas personas en aras de conseguir un trabajo y, sobre todo, una nómina con la que poder sobrevivir.

Una de las profesiones más afectadas por este fenómeno es la de periodista. El término periofanta —acuñado recientemente por el twittero @JonatanSark con bastante acierto, en mi opinión— define a aquellos profesionales de la comunicación que trabajan gratis, o por sueldos y/o compensaciones irrisorias, durante determinado periodo de su vida, pensando que de este modo después conseguirán un buen contrato o que engordan su currículum con experiencia que, más tarde, les granjeará el ansiado puesto de trabajo digno.

Esta situación, que en el caso del periodismo se ha dado siempre, con la crisis se ha intensificado. Así, si antes el término era sólo aplicable a los becarios o gente muy joven, recién salida de la Facultad y sin experiencia laboral alguna, ahora incluso personas con veinte años (y más) en la profesión se encuentran cada día con ofertas de empleo en las que sí, trabajar van a trabajar, pero de cobrar ya hablaremos, si eso. Para rematar la situación, en los últimos meses ha aparecido un segundo tipo: el periofanta que tiene un contrato y una nómina pero, debido a la situación económica de las empresas periodísticas españolas, no la cobra.

El caso más mediático en salir a la luz ha sido el de los profesionales del diario Público. Como ellos están cientos de periodistas en medios locales y regionales de todo el país, de los que nadie tiene noticia porque no pertenecen a un grupo de comunicación “famoso”, de los de tirada nacional, pero que siguen haciendo su trabajo cada día pese a no cobrar (cada uno con su nivel de profesionalidad, todo hay que decirlo). ¿Por qué aguantan? La razón mayoritaria es que, según marca la legislación laboral en España, si se van por propia voluntad y sin haber llegado a ningún acuerdo con la empresa, lo pierden todo. Incluido el derecho al paro.

Cuando una persona se ve obligada a aguantar en su puesto de trabajo sin percibir su salario, pueden darse varias opciones: o bien baja su productividad, o bien continúa haciendo su trabajo normal pero sin “extras”, o bien lo hace como siempre, “extras” incluidos. Los extras —en periodismo, al menos— suponen seguir mejorando en aras de lograr la excelencia y, por supuesto, tratar los temas con rigor, objetividad —o, por lo menos, honestidad— y veracidad. Me consta que hay periodistas de las tres clases y que de esta última, aunque a algunos les parezca mentira, también quedan.

Hace un par de días mantuve un enriquecedor debate en Twitter con varios usuarios sobre los periofantas. Todo vino a raíz de este titular de El Mundo: “Resignación y esperanza en la calle: Hay que apretarse el cinturón”, que encabezaba ese día una noticia sobre la reforma laboral. El debate comenzó con una queja —totalmente legítima— hacia la noticia en sí. El periódico pretendía dar a entender que las encuestas hechas por el periodista ofrecían unan visión global de la opinión de los ciudadanos sobre la reforma. Sin embargo, personalmente, esa visión se me antoja bastante sesgada o, cuando menos, floja.

Pero no es ése el tema. La cuestión es que, en medio de la marabunta de quejas hacia la labor periodística que todos los días se ven en las redes sociales, quise mirar un poco más allá y apuntar que muchos de esos periodistas a quienes se critica día sí, día también, continúan haciendo su trabajo pese a ser periofantas forzosos, cada uno —como dije antes— con su grado de profesionalidad. En muchos casos, esos periofantas tienen además que acatar las líneas editoriales de sus medios si no se quieren ver en la calle con una mano delante y otra detrás. Y encima sin cobrar.

Algunas opiniones apuntan que acatar una línea editorial es ser lacayo y no periodista. Y que acatarla con el agravante de no cobrar tu sueldo es poco menos que ser tonto, con perdón. Se preguntan esas opiniones por qué si no cobran, los periodistas no dejan su puesto de trabajo. Me gustaría recordar a esas voces que es motivo de despido procedente publicar cualquier cosa que sea contraria —aunque sea mínimamente— a la línea editorial del medio. Y vuelvo a señalar que, igual que en cualquier empleo, irse por decisión unilateral propia supone para el trabajador la pérdida de todo derecho generado por su trabajo.

“Pero pueden denunciar” dicen esas voces. Cierto. A partir del tercer mes de impago del salario. Muchos lo han hecho, otros no. La denuncia tarda una media de 10 meses en tramitarse —según va la Justicia en España— y, durante ese tiempo, el trabajador, periofanta o de cualquier otro sector, ha de seguir desempeñando su labor como la empresa decida. A muchos periofantas les da miedo enfrentarse a este proceso. Bajo mi punto de vista, nadie que no se haya visto en esa situación puede juzgar su decisión: cada uno sabe por qué hace las cosas que hace.

Volviendo a la cuestión de acatar líneas editoriales aún sin cobrar, otras opiniones precisan que, aunque al final pierda, el periodista siempre debe defender sus ideas, su criterio y sus principios, por encima del medio. Estoy de acuerdo con esas opiniones, siempre se puede luchar. Pero también quiero apuntar que, a veces, cuando la situación económica aprieta mucho, el periodista —igual que cualquier trabajador— tiene que comulgar con ruedas de molino y hacer lo que se le pide. Muchos periofantas forzosos no firman noticias con las que no están de acuerdo. Pero si se las encargan, tienen que hacerlas. No hacerlo supone, también, motivo de apertura de expediente, sanción e incluso despido procedente.

Comprendo a los periofantas que comulgan con ruedas de molino y a los que no. A los últimos por razones obvias: para nadie es plato de buen gusto hacer cosas con las que no estás de acuerdo o que, incluso, van contra tus principios. A los primeros los entiendo porque, por mucho que no nos guste, sin dinero nadie puede vivir. Y no todo el mundo tiene un colchón ahorrado, no todo el mundo tiene familiares o pareja de la que tirar, y las facturas no se pagan solas. Yo no sé qué haría en su lugar llegados a ese punto. Por eso, respeto su decisión, aunque no me guste.

Para terminar, un apunte. Pagafantas laborales hay en todas las profesiones. Lo que yo me pregunto es por qué parece absolutamente intolerable en el caso de los periodistas convertirse en uno de ellos —hablo de los forzosos, el de los voluntarios es otro tema que requiere análisis aparte— pero no lo parece tanto en otras profesiones en las que también, en muchas ocasiones, los trabajadores tienen que acatar sin rechistar, o rechistando —pero bajito— y aquí no ha pasado nada.

Y ustedes… ¿qué opinan? ¿Puede seguir llamándose periodista un periofanta forzoso? ¿Y un profesional que decide acatar la línea editorial para no perder su empleo? ¿Deberían los periofantas forzosos plantarse y dejar su trabajo? ¿Por qué lo que parece mal para un periodista está bien —o pasa desapercibido— para otro trabajador? Esperamos sus respuestas.

Berta López Pérez | 14 de febrero de 2012

Comentarios

  1. Juan
    2012-02-14 21:01

    En primer lugar, no me gusta la palabra “periofanta”. Los castellanohablantes somos muy poco inventivos a la hora de inventar palabras, y las pocas veces que surge una tan salerosa como “pagafanta“empezamos a abusar de ella hasta que al final se desvirtúa su significado y pierde completamente su gancho. Es lo que ha pasado con “friqui”, que de tanto utilizarla ya no se sabe muy bien qué significa.

    En segundo lugar, y hablando del tema en cuestión, como bien se dice la situación de estos periodistas de no cobrar no es para nada exclusiva de su gremio y desde luego no siento más simpatía hacia ellos que la que sentiría hacia cualquier otro asalariado en la misma situación. Situación en la que, de hecho, yo mismo me he encontrado. Soy un ingeniero microelectrónico que estuvo más de un año cobrando una nómina de cada tres en una pequeña empresa de tecnología, hasta que me cansé y emigré al Reino Unido. ¿Cómo fui capaz de soportar tanto tiempo en esa situación? Por espíritu de grupo y por no perder un buen sueldo, un empleo interesante y un ambiente de trabajo relajado y amistoso, algo no muy frecuente en España. Entiendo que, en el mundo periodístico, donde quizás prime el idealismo y las ganas de sacar adelante un proyecto editorial, también sea fácil tragar y permanecer en esa situación demasiado tiempo.

    En mi caso, en retrospectiva, lo que tenía que haber hecho es demandar. Un puñado de personas lo hicieron y tras unos pocos meses (menos de diez, desde luego) lograron ir al paro y ahorrarse varios meses de angustias y de escuchar milongas del director general.

    Por cierto que me gustaría subrayar que el que tanta gente esté en esta situación miserable es por culpa de la justicia en este país. Normalmente no figura entre las preocupaciones de los españoles, pero en mi opinión es uno de los grandes problemas que nos aquejan. Si la justicia fuera ágil y los jueces no fueran una casta tan prepotente y anquilosada, seguro que irían mejor las cosas.

  2. Otis B. Driftwood
    2012-02-15 04:41

    Bueno, no creo yo que se trate sólo de idealismo. Para empezar, porque el periodista, en general, tiene la dificultad añadida del idioma si quiere irse a trabajar al extranjero en su profesión (y no, no basta con aprenderlo, hay que dominarlo como si se hubiera nacido en el país). Y luego porque yo entiendo que al periodista se le exige otro plus por parte del público que no se le exige (o no tan abiertamente) a otras profesiones: se le exige credibilidad y veracidad en lo que cuenta. Sin pretender en absoluto despreciar su trabajo, Juan (trabajamos usted y yo en casi lo mismo, probablemente), el hecho de que nosotros mintamos o manipulemos la realidad si se nos da la opción o si se nos obliga a ello no le va a importar a nadie más que a nuestros jefes y, si se enteran, a nuestros clientes, pero no al público en general. En cambio el periodista está permanentemente sometido al escrutinio público, por un lado, y al de quien le paga, por el otro. Entiendo que no son situaciones equiparables y que tienen poco que ver con el idealismo.

    Un saludo.

  3. Berta López
    2012-02-16 04:19

    Estimado Juan,
    comparto con usted la queja final hacia el mal funcionamiento de la Justicia española en general. No apunta cuándo tuvo lugar su caso pero si la denuncia se solucionó antes de diez meses, fue usted afortunado. Varios familiares míos llevan ya nueve meses de demanda por una situación parecida en otro sector y aún no han conseguido nada. Y no porque hayan perdido juicios, sino porque ni siquiera se ha celebrado el primero de ellos. Patético, si me permite la expresión.

    Estimado Otis,
    tiene toda la razón en cuanto al idioma. A pesar de que es exigible el manejo de idiomas a la prensa en general, en la mayoría de los casos no se da y eso cierra puertas internacionales a muchos profesionales ya que, para hablar en una radio o escribir en un periódico en Alemania, no vale con decir Beckenbauer, bier, danke.

    Bajo mi punto de vista, el problema del periodismo con los idiomas viene de base, ya que en las facultades públicas de periodismo (si no en todas, en la mayoría al menos) los idiomas no figuran como asignatura. Ni troncal, ni obligatoria, ni optativa, ni de nada. Paradójicamente, al salir de la Facultad se te piden mínimo inglés y francés en la mayor parte de los trabajos. Paradójicamente de nuevo, otras carreras como Arquitectura, Medicina o Derecho sí cuentan (afortunadamente para sus profesionales) con Inglés Aplicado como asignatura en muchos de los casos. Si no ha cambiado la cosa desde que yo acabé la carrera, hace nueve años, en la Complutense así era.

    Lo que sucede con esto es que el periodista debe, además de pagarse su carrera, pagarse también los programas oficiales de aprendizaje de Inglés (los famosos First y Advance) además de formación complementaria en otros idiomas. Muchos estudiantes de Periodismo no pueden permitirse eso y salen de la facultad sin lo básico, pero con muchas nociones sobre literatura del siglo XIX, historia del Periodismo y demás. Que no digo yo que no sean importantes, lo son. Pero más puertas abren los idiomas y no los tenemos como obligatorios.

    Idiomas aparte, sobre el resto de su razonamiento, no puedo estar más de acuerdo. Y añado: el periodista ES lo que escribe. Eso es, al menos bajo mi punto de vista, lo que percibe la gente. Así las cosas, el periodista es una suerte de ejemplo constante con lo que hace y escribe ya que, por firmar con su nombre, se identifica que todo lo que escribe o habla es lo que piensa y, por ello, se le juzga. Lejos de esto queda la idea de objetividad, que debería ser, a mi modo de ver, contar las cosas de forma neutral, lo más neutral posible, y donde el nombre del periodista fuera el de la persona que recogido y explicado una información, la comparta o no. Pero esto no es así, en tanto en cuanto el periodista da siempre (o casi) la cara. Y eso propicia que esté constantemente sometido a juicio público.

    Eso, cuando trabajas en un medio pequeño, de una ciudad aún más pequeña, conlleva que haya personas que te retiren el saludo, según escribas una cosa u otra. Cuando tienes que acatar línea editorial sí o sí, a veces es preferible no firmar la información si no estás de acuerdo con lo que vas a contar. Pero opino que hacer esto es viciar la profesión. ¿Por qué? Porque yo sigo creyendo que, salvo en una columna de opinión o en una crónica —que conlleva opinión— en el resto de noticias la opinión del periodista no debería interesar a nadie y el profesional debería poder escribir sobre cualquier cosa de forma más o menos neutral, contando lo que opinan todas las partes y sin mojarse nunca.

    Lástima que esto sea tan complicado. En unos casos, por el afán de protagonismo del periodista (que no entenderé nunca. Me decía un profesor: si el periodista es la noticia y no está muerto… malo malo) y en otros porque, cuando la línea editorial entra por la puerta, la veracidad, objetividad y credibilidad saltan por la ventana.

  4. Juanjo
    2012-02-16 04:25

    Tal y como esta el panorama de trabajo no me extraña que proliferen… tienen que sacar el dinero como sea aunque sea chupando culos…pobre gente…

  5. Otis B. Driftwood
    2012-02-16 05:33

    Una nota de Ramón Lobo que toca el tema aunque sea muy lateralmente, hablando de los freelancers.



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