Libro de notas

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En Opinión & Divulgación se publican artículos de colaboradores esporádicos y de temática variada.

El estado de la crítica literaria (I)

Por Carlos Acevedo y Jónatan Sark

En el seno de una conversación informal sobre el paupérrimo nivel de la crítica literaria en España, tanto en medios convencionales como en Internet, desde Libro de Notas propusimos a dos de nuestros colaboradores, Carlos Acevedo y Jónatan Sark, que dialogaran sobre el estado de la crítica nacional en la actualidad y sobre cuál sería un estilo de crítica “ideal”. Luego han hablado de lo que les ha parecido a ellos. Cosas de dejarles solos sin moderador.

CARLOS ACEVEDO: Oye, Sark, ¿tú crees que en España existe algo que merezca el nombre de crítica cultural? En plan general, claro.

JÓNATAN SARK: Existen aproximaciones, diría yo. Muchos se escudan en que es Periodismo Cultural pero no Crítica, o que es Crítica cuando es Reseñismo, porque —y ese es para mí el problema— sí existen aproximaciones al tema de La Cultura pero sólo en momentos limitados y discutibles se puede hablar de Crítica. Entre otras cosas porque incluso cuando consideramos los textos negativos sobre una aproximación cultural es más fácil que se deba a una vendetta entre grupos o al puro revanchismo, del mismo modo que un texto positivo suele deberse a la acción publicitaria o el amiguismo. Y luego están los Marginales, la gente que en la Red —por aquello del espacio— tratan de hacer Crítica Cultural y que de manera no tan sorprendente van cayendo en la imitación de lo que ven. De manera que al imitar algo que no es Crítica Cultural crean extraños monstruos por aproximación. Esa es mi visión del asunto, desde el optimismo.

CARLOS ACEVEDO: Creo que comparto tu visión, al menos en principio y un poco menos desde el optimismo. Es decir, que no comparto lo de las aproximaciones. Básicamente porque implica establecer un baremo de sospecha que hasta cierto debilita el pacto de lectura. Con baremo de sospecha me refiero a esa serie de preguntas que se hace un lector o así para quitarle cualquier valor a lo que lee. Por ejemplo, apunta a que el autor del libro está con tal autora que ya pertenece a tal grupo, etc. Vamos, que es la manera conspiranoide de leer la cultura, cosa que también pasa con las subvenciones y otras lindezas como los premios, ¿no? Supongo que no estarás del todo de acuerdo, pero creo que la inexistencia de la crítica, en prácticamente todas sus formas, tiene que ver con una dinámica cultural determinada por el mercado y por lo que Guillem Martínez llama la CT (Cultura de la Transición): una dinámica que elimina tensiones y aplaza polémicas. Lo cuál me lleva a hacerte otra pregunta ¿crees que sería posible una idea de crítica donde las tensiones no derivaran exclusivamente en la sospecha? ¿Qué tendría que hacer un crítico para ser respetable, para ganar capital simbólico que le permitiese cumplir su rol sin la sospecha constante?

JÓNATAN SARK: Si lo prefieres lo llamamos deformaciones y no aproximaciones. Pero tampoco parece muy claro cómo podría ser optimista. ¿Es la CT o es la Industrialización? O la Comercialización. Porque lo cierto es que no tenemos una Industria cultural, como mucho un Tenderete. Así que hace falta algo organizado y que no cree muchos problemas.

Pero el caso es que SÍ hay críticas negativas. Porque en esto, como en todo, se montan bloques, grupos, broncas. Muchas veces no se sabe —fuera de los respectivos mundillos, claro— pero sí se nota la animadversión y el revanchismo. El problema es que eso tampoco es crítica. Precisamente porque la crítica lleva un respeto aparejado que no suele darse, aceptando que podemos considerar que un Crítico puede ser interesante aunque no nos de la razón o no opine lo mismo —o en sintonía— que nosotros. Precisamente porque el Prestigio, como el Respeto, no se tiene a priori sino que se gana, se acumula, y puede perderse en cualquier momento o con malas decisiones. De manera que para ganar el Capital de respetabilidad lo que hace falta aquí, como en todas partes, es realizar el trabajo con hornadez y probidad, durante años. Porque, como siempre, es más fácil destruir que crear. El problema es que para aguantar a esos críticos hace falta una infraestructura que mantenga a todos, a los creadores, a los críticos y los aparatos teóricos. Fíjate en el cómic, por ejemplo. Ahora bien, podríamos discutir si la existencia que articulara una Crítica Cultural debería ser desde la Academia, desde el Tenderete o en Posiciones Libres. Es una pena, pero todo lo que debería ser colaborar termina siempre en guerra de guerrillas.

CARLOS ACEVEDO: ¿Consideras que lo de Echevarría, el caso Echevarría, supuso un caso de honradez y probidad? Yo no estoy del todo seguro de que lo haya sido, bueno, si que lo fue, pero finalmente recaen en manos del grupo PRISA, quienes en definitiva se pusieron en entredicho. Lo curioso, en cualquier caso, es que más allá del particular, Babelia no hizo ningún esfuerzo por esclarecer su posición, ni arramblar el hecho. En fin.

JÓNATAN SARK: Porque, de hecho, fue un caso de incompetencia editorial. El Tenderete es lo que tiene. La falta de Industria que controle las ideas económicas, el Capitalismo, hace que un crítico se asigne al autor equivocado. Un crítico de la línea dura, usado para los otros —en este caso Planeta habitualmente— recibe una crítica de un niño mimado de la casa. Y, claro, nadie se lo lee antes de montarlo con lo que el daño sale a la calle. Sale porque lo mismo que se hace de cambiar reseñistas o asignar discretamente se hace a la vista de todos. No, el caso Echevarría no fue la probidad o la honradez, fue la estupidez de la organización. Y sirvió para que se pudiera demostrar al gran público, especialmente a los lectores de Babelia, que la ilusión de una crítica real y justa era, básicamente, una ilusión. Lo que pasa es que el tiempo es muy malo, los lectores son peores, y en unos meses —¡o antes!— habían olvidado el bochorno. ¿Qué credibilidad puede tener el Babelia ahora? ¿Cuál podría tener desde que Juan Cruz modificó el suplemento en el que pontificaba Conte por un Boletín de Novedades del Grupo y sus Allegados —especialmente el Hermano Más Listo de Dios— ¿Cómo se podría recuperar esa Confianza que —como decía antes— ha dilapidado públicamente por su propia estupidez?

CARLOS ACEVEDO: Con lo de Echevarría si hay, al menos, valentía. Luego no sé como se come eso, y seguramente él tampoco lo sabía en aquel momento, pero el relato de ese evento es curiosísimo.

La credibilidad del Babelia es nula, aunque cada tanto ponen a un crítico mas o menos experimentado a destruir alguna novela de una, ejem, independiente. El caso de Suonmelinna de Javier Calvo, que fue criticada por Ana Rodríguez-Fischer. Una persona a la que evidente no le iba a complacer la apuesta de Calvo, no porque lo diga yo, sino porque a lo largo de su carrera como crítico —entre lo que destaca una etapa brillante en el ABC en los primeros dos miles y el libro Ronda Marsé que editó Candaya— nunca ha manifestado amenidad hacia ese tipo de escritura, digámoslo así, poco castellana o agramatical. A mi, por ejemplo, ese tipo de cosas me despiertan sospechas. Básicamente porque no hay cojones de dejarle a Guelbenzu, por decir algo, Corona de Flores de Javier Calvo. Es el mismo autor, pero bajo otra editorial, una más grande y que se deja más pasta en publicidad. Bien, pues esa novela, que a mi juicio es un desastre hacia su último tercio, y eso es básicamente porque no sabe resolver lo que él mismo se ha impuesto a nivel de trama. Una cosa que Guelbenzu habría detectado con solvencia y savoir fare, es reseñada por otro, por uno que simpatiza con una idea de Narrativa que muy rara vez pone en cuestión el funcionamiento de la misma, por decirlo de manera suave.

JÓNATAN SARK: Lo de Echevarría tiene el problema de que no fue una denuncia a priori, no discutió con otro crítico por disparidad de opiniones, tampoco fue algo hecho discretamente a lo que pego el altavoz. Le echaron y entonces armó la bronca.

Lo de los críticos, como te decía, de tanto en tanto destrozan algo. A veces uno destroza y al poco sale otro a defenderlo. Pasó con El nombre del viento, que tenía al cabo de un par de meses un recuadrito de Rosa Montero alabándola. Quizá por sus propios motivos, quizá porque era la apuesta de RHM de la temporada. Lo mismo pasa con el resto, sea El Cultural, el ABC o lo que tocara. Al menos las revistas de cine montan el teatrillo de las opiniones contrapuestas. Aquí no son capaces ni de eso.

CARLOS ACEVEDO: Si, tienes razón. De todas maneras, tengo la impresión de que la sospecha no es sana o que llegará a un punto en el cual será imposible de revertir. Incluso si existiese esa infraestructura que mencionas. Sobre todo teniendo en cuenta de que no hay arrebatos éticos en ningún sitio. Con arrebatos éticos me refiero a que un critico por sus cojones decida no hacer critica de algún libro editado por una editorial en la que edita/trabaja. Y ni hablar de las entrevistas entre amigos, jeje, que intentan disimular la relación. Es curioso, porque ahora parezco un moralista. De todas maneras, y antes de seguir ¿podrías definir que entiendes por la infraestructura imposible que mencionas?

JÓNATAN SARK: Era lo que hablaba antes. Hay tres aspectos: el Académico, el Tenderetesco y el Libre; por tanto debería haber —de hecho hay— revistas o crítica Académica, lo mismo desde el Tenderete y desde posiciones Libres. El problema está en que las Académicas hablan o de libros e historias que están perdidos en el tiempo y la memoria, o de obras impulsadas por nuestra querida endogamia —seremos buenos y lo dejaremos ahí— o, peor aún, de buenos artículos sobre libros, autores o corrientes pertinentes escondidos en la pequeña distribución y la nula, digamos, publicidad.

El Tenderete tiene sus tentáculos hechos en cuchipanda, cosas como Planeta poseyendo un periódico con su sección cultural, Alfaguara otro, el resto controlando con los anuncios o con los envíos a críticos —a ver si alguien es capaz de explicarme cómo pudo entrar en la lista de Babelia de los 10 mejores libros del año un tocho de 3580 páginas como Historia de mi vida de Casanova que había salido en Atalanta como menos de dos meses antes. Es decir, sin tiempo físico para que lo pudieran haber leído. Eso sí, cuesta 120€ el estuchito con los dos volúmenes— pero todo con ese aspecto de bajos fondos, de hacer las cosas demasiado a las claras. No hay un rigor ético o el más mínimo interés en que no se le note lo relacionado que está con la parte empresarial, no digamos ya los lazos de amistad: Almudena Grandes con Rafael Reig con Marta Sanz con etc…

Finalmente los Libres tienden a repetir tanto esos tics —o, peor aún, a limitarse a destacar para acabar logrando un puesto acomodaticio en algún suplemento o similar— que su utilidad está incluso más bajo sospecha. Y yo lamento que parezca que sospechar de los que hacen crítica es una idea paranoica pero, ¿cómo deberíamos entonces protegernos? ¿No da eso pábulo a todos los críticos que no aceptan una crítica? No sé si lo has notado pero hay muchos escritores de suplemento que no aceptan que su docta opinión sea puesta en entredicho.

CARLOS ACEVEDO: Hombre, claro. De hecho recuerdo con particular cariño una vez que Patricio Pron, que me parece un crítico medianamente sensato aunque digno eje de sospecha, decía, respecto a Vicente Luis Mora algo así como “¿qué se puede esperar de un abogado sin estudios de filología?”.

JÓNATAN SARK: ¿Al tipo que usa monoparentales sin saber lo que significa le preocupaba de Vicente Luis Mora eso? Aunque yo pensaba más en un Boyero desatado porque le llevaban la contraria. Ah, esa épica de la bronca Boyero-Almodóvar con Borja Hermoso como eje central de la trama al haber sido El País el que le colocó de Jefe de cultura y el que trae a Boyero desde El Mundo, molestando así al Amiguito de Prisa que siempre ha sido Almodóvar. Que, por cierto, la facilidad para pasar de periódicos de izquierdas a derechas, de un suplemento a otro y, en un descuido, a ninguno, como si la Cultura fuera un único campo en el que pastan las vacas, es otro ejemplo del descacharrante mundillo cultural en que vivimos.

CARLOS ACEVEDO: Sí, pero eso es una especie de marca de la casa, ¿no? Lamento usar el trademark CT (Cultura de la Transición), pero precisamente apunta a eso. La cultura es cualquier cosa que no plantea conflictos con la realidad. Lo otro, no son mas que apreciaciones estéticas, digamos, que, como bien sabes, son concebidas por el publico como eso sobre lo que no hay nada escrito.

JÓNATAN SARK: Es que ese es un punto en el que no estoy de acuerdo sobre la CT. Sí, existen broncas culturales, estúpidas en su mayor parte, pero son esas broncas que duran y perduran: que si Tapies o el de turno no es más que un sinvergüenza, que si los del cine son Titiriteros que se quedan con nuestro dinero, que si determinada película —una al azar: La pelota vasca— es buena, mala o pasteurizada. Y eso por poner las de Cultura vs. Sociedad y no las del mundillo cultural que suelen ser por dinero o celos. Que si esta editorial, que si los otros, que le diste la cátedra, el viaje, el despachito en Nueva York, en fin. Yo no les veo tan inocentes. Lo que no significa que esas broncas fueran o tuvieran una finalidad intelectual, o que hubiera algo interesante detrás. Del mismo modo que las broncas de política no suelen ser tanto en fondo como concatenaciones de y tú más y una lucha de demagogias. Así que quizá el problema es la parte de la Transición y no la Cultura.

CARLOS ACEVEDO: Y tú, ¿como conceptualizas la cultura? El otro día me lo pase muy bien enterándome de que la cultura, y por ende el debate en los contornos, era algo que pasaba en las cenas y en las mesas redondas.

JÓNATAN SARK: ¿Conceptualizar? Para mí la Cultura es. Luego ya está el resto, la Academia, el Tenderete. Lo que decía un clásico, quizá Nabokov: Escribo para mí pero publico por mi editor. Algo así era. El asunto es que existe por un lado la Cultura —y aquí entra todo, no se puede despiezar en Esto es Alta, Esto es Baja, salvo desde el convencimiento de ser Intelectualmente Superior— y por otro lado su Monetarización, el convertir la Cultura en Dinero, el Difundir el productor cultural y, por supuesto, el Tenderete. Lo que pasa es que hay muchos que juegan a las dos barajas, a la Cultura y a la Difusión, a su faceta pública si lo prefieres. Por eso las críticas, apostillas y batallitas se comenta en los márgenes y parece que hay gente que no es capaz de decir lo que piensa si no hay alguien que se lo pueda echar en cara. Ojo, eso no significa que todas las críticas —positivas, negativas, tanto da— sean falsas. Julián Clemente pone muy bien cientos de cómics de Marvel que a casi todo el resto de la humanidad le horrorizan, pero es porque él realmente cree que son buenos. Casi prefiero esa opinión a la de los que dejan mal cualquier pieza porque, en fin, no es comparable. Peor aún cuando deciden defender irónicamente algo, ya sea Amar en tiempos revueltos o las novelas de detectives pulp usando la nostalgia como rehén exculpatorio.

CARLOS ACEVEDO: Ah, bueno, pero eso es otro tema. ¿No? Y aún susceptible de sospecha. Pero creo que me estoy desviando o desviando el debate. Perdon.

JÓNATAN SARK: Es que nos hace falta un moderador. Claro. Tengo cierta facilidad para divagar.

CARLOS ACEVEDO: Y yo para abstraerme… Pero oye, volvamos un poco a lo de antes. Empecemos, pues, a desentrañar esos tres aspectos que enuncias. Empecemos por el Académico. Mi vision del infierno Académico es pésima, básicamente porque es un ámbito poco dado al debate y sobre todo que tiende a resumir sus funciones en poner un sello, en hacer de guardián de, por ejemplo, la filología. Tú ya has pasado por la carrera, que se supone es un lugar donde te dan las herramientas para hacer análisis. ¿Te sirvieron de algo esas herramientas? Yo lo único que he aprendido, en dos años, y por cansancio o repetición, es que no me tengo que pelear con según que profesores si quiero quedarme currando en la universidad. También he aprendido que hay algo parecido a los ojeadores en el fútbol, es decir, académicos que prestan particular atención a los chavales de los primeros años. Tipos y tipas que en general valoran dos cosas: capacidad de trabajar sin generar preguntas y de seguirle de la manita a los profesores. Dicho esto, dudo de las cualidades de las publicaciones académicas, aunque, claro, no necesariamente de todos aquellos que publican en publicaciones académicas.

JÓNATAN SARK: Hesse ahora: Sólo aprendí Latín y Mentiras. Y el Latín lo traía de casa. Te preparan para que hagas dos cosas: Prepararte para la investigación, aunque no haya plazas para investigadores, y dar la razón a los profesores. Por eso puedes tener dos con opiniones contrapuestas sobre un tema y como hay Criterios de Corrección más te vale que aciertes quien opina qué porque aquí no se trata de investigar o probar, se trata de leer sus libros y darles la razón. Las publicaciones académicas tienen, con algo de suerte, un poco más de libertad, pero tan lastradas por La forma adecuada de hacer las cosas y su corto alcance que es útil sólo para ganar puntos en las Universidades. De manera que, como forma de lograr puntos, acaba siendo otra forma de alinear y alienarte.

CARLOS ACEVEDO: A mi al respecto me han llamado la atención dos cosas. Una de ellas la decía Antonio Orejudo en una entrevista acerca de su ultimo libro y en la que hablaba del ninguneo que persiste entre la Academia hacia las publicaciones divulgativas; y la otra, que se la leí a Eloy Fernández Porta hablando con José Luis Pardo, donde ponía en cuestión que en aquella obra magna de la filología de Francisco Rico, esos doce tomos mas anexos que son la Historia de la Literatura Española, no hubiera un intento de generar un criterio unívoco. Que ya sabemos que es complejo, pero de ahí a que en una obra existan tal cantidad de contradicciones obliga a replantearse un poco la función de la Academia, no? (Por cierto, te has leído lo ultimo de Jordi Llove? Se llama Adeu a la Universitat y va desgranando cosas de estas, no tengo ni idea de si ha salido ya en español)

JÓNATAN SARK: No, no lo he leído, no debe haber salido en español. Pero me lo creo, claro. Nada de lo que vi en la Universidad: su extraña meritocracia de pandilla, su pasión por eliminar la disensión, me sorprendería. De hecho, me sorprendería que hubiera cambiado o mejorado. La Academia es uno de los tres puntos que habría que intentar cambiar para lograr mejorar el Estado de la Cultura.

CARLOS ACEVEDO: ¿Pero le ves algún cambio posible a mediano plazo? Curiosamente, los pocos estudiantes que he visto que tienen una idea más o menos diferente de lo que es la universidad tienen muy claro que se han de ir del país para desempeñarse como profesionales, al tiempo que no participan de ninguna de las gestiones del tipo asambleas (aunque, claro, cuando vez que los capos de las asambleas no quieren hablar nada mas que de tomarse la rectoría, tampoco es que den muchas ganas de presentarse). Por otro lado, esto también podría ser producto de: a) el estado precario de los profesores adjuntos; y de b) el intento de potenciar las materias practicas, con el perjuicio que ello implica para las humanidades. La novela de Orejudo, en ese sentido, y en muchos otros, da miedo. Quizás por eso es tan graciosa…

JÓNATAN SARK: Es que la novela de Orejudo tiene tan poco de ficción que resulta complicado explicar a los ajenos cómo o por qué es aterradora. Pasar por la Universidad teniendo una mente mínimamente crítica le quita a uno las ganas de acercarse a un puesto público de responsabilidad. ¿Cómo arreglar esto a medio plazo? Ni idea. Si algo sabemos gracias a las literaturas nacionales es que en todas partes cuecen habas, piensa en los libros de Barnes, Sharpe o el Lucky Jim de Amis… El problema es que allí por lo menos hay un pomposo grupo de gente inteligente, aquí puedo contar con los dedos de una mano los profesores realmente buenos que tuve. Alguno de los cuales acababan de llegar o habían pasado largas estancias en universidades extranjeras. ¿Qué cambiamos para evitar la endogamia? ¿Cómo se modifica? Porque, una vez más, empeorar algo es sencillo, pero arreglarlo después tiene el problema no ya de sacar la ley sino de vencer la resistencia de la propia Universidad.

Sorprendentemente parecen compartimentos estancos. La Academia por un lado, el Tenderete por otro. Hasta el punto que las prebendas del Tenderete parecen extraAcadémicas, becas, estancias, institutos e instituciones pero no puestos Reales.

CARLOS ACEVEDO: Sí, es que las prebendas son extraAcademicas, incluso teniendo en cuenta el gasto al interno de las facultades, que prefieren invertir en que vaya el escritor famoso de turno antes que financiar a un participante de un congreso. Por no hablar de que la posibilidad de participar en un congreso tiene relación directa con la buena relación que mantengas con la gente del departamento, etcétera. Luego, también se dan cosas bastante surrealistas, no sé como ves lo de Jordi Llovet. Un tipo que es mencionado en reiteradas ocasiones por Javier Marias y Enrique Vila-Matas, es decir, un tipo que tiene mucho que ver con lo que sucede en la actualidad literaria española, y es de los primeros que la Academia se saca de encima con una pre-jubilacion un poco rara. Bueno, una pre-jubilacion Bolonia, por decirlo de alguna manera.

JÓNATAN SARK: Lo raro es que queden incómodos por eliminar. Pero el asunto es, ¿tiene realmente sentido criticar la falta de una formación Académica cuando se está demostrando que es casi más inteligente ir por libre? Es decir, ¿por qué tendría que esperar o exigir una formación Académica antes que una formación Intelectual, como si fuera no ya la única manera sino, incluso, contrapuesta? No desprecio, claro, la sistematización que un plan o un buen profesor puede lograr pero me temo mucho que conocer a cinco buenos profesores no justifica perder un lustro jugando al gato y al ratón en un Instituto venido a más. Piensa en los periodistas, de hecho, ¿están mejor preparados los de toda una carrera o los del famosísimo Máster? Y ya que en ello estamos, ¿no indica una dejación de lo público —que ni prepara ni repara en el mundo real— frente a lo privado?

CARLOS ACEVEDO: Hay dos cosas. Yo pensaba como tú. Bueno, pienso como tú. Considero que es mucho mejor ir por libre, si, mucho mas inteligente. Pero en los dos años que llevo de universidad me he topado con que la gente con mayor capacidad ha llegado a la Universidad a aprender. Es sonrojante ver como traducen esa necesidad o vocación por el aprendizaje en una desidia incontrolada que los obliga a ir por libre pero, eso si, sin ningún tipo de preparación. Por suerte, claro, aparecen esos cuatro o cinco profesores buenos de rigor que ayudan un algo pero tampoco es suficiente en cuanto a la relación que estableces entre lo publico, lo privado y el mundo real. Personalmente, no puedo mas que sentir miedo y algo de asco. Debo admitirte, también, que no ayuda demasiado lo que esta pasando ahora en Madrid o en Santiago. En ambos sitios se esta disputando, precisamente, la relación de lo publico con el mundo real. Y, curiosamente, el periodismo no ha brillado por su capacidad de ver la realidad. Tengan o no tengan Masters, las mejores interpretaciones de la realidad vienen de gente de otras áreas académicas. Por no hablar de los que, siguiendo las directrices del grupo que sea, han decidido lisa y llanamente dejar de informar. Yo soy de los que piensan que todo esto que estamos hablando tiene que ver con la educación. Y claro, con el paisaje de fondo, tú mas, que estas en Madrid, el balance hacia el futuro se hace más cuesta arriba. No sé cómo lo ves… Quizás ya me he ido demasiado del tema.

LdN | 12 de agosto de 2011


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