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El salvaje e inhumano mercado gobierna nuestras vidas - Cómo combatirlo

por Les Leopold

Los miembros del Senado y la Cámara de Representantes están a punto de acordar una reforma financiera que está virtualmente designada para institucionalizar el concepto “demasiado grande para fracasar”. Y cuando lo hagan perderemos otra batalla en la guerra que se libra entre los mercados financieros globales y los estados-nación democráticos.

Esta guerra viene librándose desde hace décadas – pero la democracia no siempre ha estado de retirada plena.

La conquista del New Deal: Durante la Gran Depresión, las fuerzas democráticas ganaron la primera mano en la guerra. Éramos conscientes de que los mercados de finanzas, que están dirigidos por los grandes bancos y financieras, tenían que ser fuertemente controlados. Sabíamos que la especulación global sobre las divisas sólo agravaba la Depresión y debía ser limitada estrictamente. Sabíamos que era necesario un telón de acero entre la banca comercial y la de inversiones para proteger a los ahorradores de la clase media de las locuras del mercado (lo que produjo la Ley Glass-Steagall). Y, lo más importante, sabíamos que la clave para evitar un trastorno en la economía era limitar la riqueza de los super-ricos e incrementar la riqueza de los trabajadores mediante los impuestos progresivos, la Seguridad Social, las leyes de salario y horarios, y la promoción de los sindicatos. Los acuerdos de Bretton Woods, forjados por los Aliados durante la SGM determinaron reglas estrictas para los mercados globales, reglas que mantuvieron a las financieras bajo vigilancia durante más de un cuarto de siglo.

Y funcionó cojonudamente. Como señala el economista Joseph Stiglitz, esta era solamente vio una crisis financiera (Brasil, en 1964), y los trabajadores de las democracias occidentales tuvieron unas ganancias enormes. Desde que la era de la desregulación cogió protagonismo a finales de los setenta, el mundo ha sufrido más de cien crisis financiera y los ingresos de las clases medias se han estancado.

La contraofensiva desregulatoria: Hacia finales de los 70, los banqueros recuperaron la ventaja mediante el proselitismo de una nueva fe en los mercados autorregulados. Los apóstoles económicos de los mercados sin grilletes presionaron contra los impuestos progresivos, los sindicatos y los programas de bienestar social. La nueva ortodoxia era: que las elites recojan el dinero, que ya lo invertirán sabiamente (en vez de consumirlo), y todos irán hacia arriba. Esta revolución cuasi-religiosa se extendió rápidamente gracias al establishment político y económico. Las regulaciones fueron desmanteladas a derecha e izquierda, y la puerta giratoria entre el gobierno y Wall Street comenzó a dar vueltas. El catecismo finaciero estadounidense gobernaba el mundo. Y en Wall Street se abría el grifo del dinero. Y no goteaba precisamente.

Entonces, de repente, en 2008, los dioses del mercado se destruyeron a sí mismos a medida que los casinos financieros no regulados se estrellaban y ardían, exactamente como hicieron en 1929. Durante unos pocos meses pareció que la teología desregulatoria se había vuelto una herejía global. Era obvio que la temeraria especulación de Wall Street y su audaz nueva ola de ingeniería financiera habían causado la Gran Recesión (véase The Looting of America para un relato accesible de los hechos). También estaba claro que si el gobierno no acudía al rescate, Wall Street acabaría en ruinas, junto con el resto de la economía. Este era el momento perfecto para que la democracia asegurara el control democrático de los mercados financieros, como hicimos durante el New Deal. La cagamos.

La Victoria en “Demasiado grande para fracasar”: En el momento en que Wall Street estaba de rodillas, decidimos pasar de una reforma seria. En su lugar, reconstruimos Wall Street, utilizando el dinero y las garantías del contribuyente – por un valor de más de 10 billones de dólares. Dejamos que los banqueros usaran el dinero del rescate para pagarse a sí mismos 150 mil millones de dólares en bonificaciones – en un momento en el que más de 29 millones de americanos estaban sin empleo o forzados a trabajar a tiempo parcial. Permitimos a los jefes de los hedge funds más destacados irse de rosetas con más de 900.000 dólares a la hora (no es una errata) en 2009. ¿Y un impuesto sobre esas ganancias sobrevenidas? No. De hecho dejamos a los peces gordos de los hedge funds que pagaran un porcentaje de impuestos extraordinariamente bajo llamando a sus ingresos “ganancias del capital”. No recuperamos la ley Glass-Steagall, no troceamos las instituciones financieras “demasiado grandes para fracasar”. En realidad, los bancos más grandes se hicieron incluso mayores, por cortesía del gobierno de los EEUU.

La Invasión contra la Democracia: La guerra está en auge. Ahora mismo, las elites financieras no están simplemente luchando a la defensiva contra las nuevas regulaciones. Están atacando: se dedican a extender la histeria por el déficit alrededor del mundo y pidiendo recortes drásticos en los programas de la clase media. ¿Por qué? Quieren asegurarse de que sus préstamos a los gobiernos no se ven amenazados por el alza del déficit público. Irónicamente, el déficit público por el que tanto se preocupan fue generado en buena parte por ellos – como resultado de los enormes rescates y otros gastos generados por el crash que ellos provocaron. Aunque los banqueros quieren que desmantelemos lo que queda de nuestras políticas orientadas a los trabajadores, el bienestar para las elites financieras es todavía estupendo.

Este es el contraataque más peligroso de la historia de la economía. Más nos vale conocer lo máximo posible de los atacantes. ¿Quién compone esta tenebrosa fuerza llamada “mercados globales”? ¿Quién pelea sus batallas? ¿Tienen un Estado Mayor?

Realmente no. No existe un comité ejecutivo o unas elites financieras. No hay una conspiración internacional, no hay Sabios de Sión. En lugar de eso los mercados son zarandeados por unos 50 grandes bancos e instituciones financieras. Aquí es donde deambula buena parte de los dos billones de dólares de dinero en hedge funds. Aquí es donde retozan los seis principales bancos estadounidenses. No necesitan sentarse a una mesa para plantearse estrategias. Inmediatamente perciben las amenazas a su poder. Inmediatamente huelen las oportunidades de beneficio y están listos para agarrar todo lo que puedan, en cualquier momento en que puedan. Prosperan con las turbulencias, que les otorgan nuevas oportunidades de comercio “propietario” para explotar. La volatilizad significa mucha pasta, especialmente ahora que los grandes jugadores saben que el gobierno respaldará incluso sus jugadas más arriesgadas. La Historia acaba de demostrar que son realmente demasiado grandes como para fracasar.

Por supuesto, aún han de presionar a los miembros del gobierno – muchos de los cuáles o bien fueron banqueros o lo serán en cuanto dejen sus cargos. Pero su palanca más potente sobre el gobierno la tienen gracias al mismo mercado: aquí, mareando vastas cantidades de dinero, son capaces de vetar instantáneamente las políticas que no les gustan. Si la UE habla en serio de gravar las transacciones financieras, los mercados bajan y el Euro se vuelve más débil, y los tipos de interés crecen – haciendo más caro para las gobiernos el poder tomar prestado el dinero que necesitan para funcionar. Los políticos han aprendido a “escuchar” a los mercados y están condicionados a aplacarles.

Si un estado-nación se pasa de la raya (Grecia, Italia, España, Portugal, etc.), los mercados le dan un capón. Los políticos se asoman rápidamente al escenario y empiezan a laminar el gasto social. Si en vez de eso exigen nuevos impuestos a las elites financieras para reducir el déficit público, los mercados responden con furia. El dinero huye.

Toda la maquinaria externa de la democracia sigue funcionando. Aún movemos las palancas en la cabina de votación. Pero las decisiones que nos afectan a la mayoría se toman de un modo profundamente antidemocrático. Los mercados financieros sin rostro ejercen un control mucho mayor sobre los políticos que los votantes que les eligieron.

Así que el problema no es solamente las contribuciones de las corporaciones a las campañas electorales, o el control corporativo de los medios, o el consenso académico que apoya a nuestra teocracia financiera. Es el poder puro y duro de los mercados. Han estado deambulando con libertad y virtualmente desregulados durante más de una generación, y ahora tienen un poder sin parangón. Sólo unos meses después de que hicieran estrellarse a nuestra economía, han regresado a sus viejos trucos, preparando el escenario para el próximo crash y el próximo rescate mientras se hacen asquerosamente ricos por el camino.

Bill Clinton la clavó totalmente cuando, según cuentan, dijo:

“¿Me está diciendo que el éxito del programa económico y mi reelección depende de la Reserva Federal y de un puñado de putos comerciantes de bonos?” (Véase Agenda, de Bob Woodward)

¿Sin retroceder, sin rendirse?: No hay sitio para los pacifistas en esta guerra. Claramente, Wall Street y sus subordinados no están buscando tregua. En su lugar, van tras nuestra Seguridad Social, los programas Medicare y Medicaid. Quieren que trabajemos más tiempo antes de jubilarnos y que recibamos menos cuando eso suceda. Quieren que paguemos más por la asistencia sanitaria y que recibamos menos de ésta. Quieren que menos dinero público vaya a las escuelas, a los maestros y a las infraestructuras públicas. Y quieren que nos acostumbremos a una recuperación sin empleos con tasas de paro de dos cifras (y cuando millones y millones de personas estén desempleadas, no podemos mantener unos niveles altos de trabajo y nuestros salarios y beneficios se deterioran). En resumen, quieren minar todas las políticas y programas que han construido y mantenido la vida de la clase media.

Ya los miembros del gobierno del Reino Unido, de Alemania y de aquí nos están diciendo que debemos esforzarnos en la austeridad durante “las próximas décadas”. Como apuntó ingenuamente el jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke:

Podemos ver qué problemas surgen en un país si los inversores pierden la confianza en la posición fiscal de ese país, así que es muy importante que resolvamos este problema.

Por supuesto, no va a indicar que esta austeridad es solamente para las masas, y definitivamente no es para las elites financieras. O que la causa que subyace en el déficit que tanto preocupa a los inversores es el enorme cráter económico causado por esas mismas élites financieras, quienes ahora podrían “perder la confianza” para financiar a una sociedad de clases medias.

No deberíamos tomarnos a broma la batalla campal que se nos avecina. Defenderse no va a ser fácil y ganar va a ser incluso más difícil. El pueblo de un país tras otro tendrá que movilizarse para defender la auténtica democracia, para defender el derecho de cada nación a proporcionar a su pueblo una calidad de vida decente. En mi opinión, eso incluye empleos sostenibles con beneficios decentes y una infraestructura pública sólida que promueva la equidad, proteja a los vulnerables y enriquezca el medio ambiente.

Por desgracia, nadie puede garantizar que la democracia vaya a prevalecer en la guerra contra la teocracia financiera – sólo hay que recordad el caos totalitario en Europa durante la Gran Depresión. Pero tampoco lo descartemos. Es cierto que muchos de nosotros, personas normales, hemos sido distraídos por los medios de comunicación, distraídos por internet o embaucados hasta el estupor por las farmacéuticas. pero cuando nos demos cuenta de que se nos ha acorralado en una esquina sin posibilidad de escape, actuaremos. Comenzará una lucha del pueblo. Y cuando lo haga, al menos tendremos una posibilidad de pelear para recobrar nuestro espíritu democrático.

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Les Leopold es el autor de “El saqueo de América: Cómo el juego de Wall Street y la fantasía financiera destruyó nuestros empleos, pensiones y prosperidad, y qué podemos hacer al respecto”. Chelsea Green Publishing, Junio de 2009 (enlace)

Este artículo es traducción a cargo Otis B. Driftwood del original The Wild, Inhumane Market Rules Our Lives — Here’s How to Fight Back, publicado en AlterNet el 12 de junio de 2010

Les Leopold | 16 de junio de 2010


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