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El burlador de Sevilla y Don Giovanni

por Jesús Nariño

De todas las obras que tienen como modelo a El burlador de Sevilla no cabe duda que el Don Giovanni de Mozart no sólo es una de las más populares, sino también la más perfecta en opinión de muchas autoridades. Compositores de la estatura de Berlioz y Janaceck la consideraron la “ópera de óperas” y otros como Chopin, Liszt, Thalberg y el mismo Beethoven no tuvieron reparos en componer variaciones sobre temas de Don Giovanni. El gran Rossini, cuando le preguntaron cuál de sus propias óperas prefería, contestó con su habitual buen humor y humildad: “Don Giovanni”. En literatura las referencias a Don Giovanni son innumerables y sólo citaremos el Ulysess de James Joyce, donde el tema de “Là ci darem la mano” parece obsesionar al protagonista, Leopold Bloom.

El burlador de Sevilla vio la luz en 1630 y pocos años después ya era popular en Nápoles (entonces posesión de la corona española) donde fue llevado por compañías teatrales trashumantes. De Nápoles pasó al resto de la península y pronto, aparecieron versiones en italiano bajo el título Il convitato di pietra; éstas no eran más que farsas al estilo de la “commedia dell’arte” donde se hacían resaltar el aspecto fantástico del argumento y la comicidad del criado de don Giovanni. De esta época datan las obras de Giliberti (1652) y Cicognini (1657), ambas tituladas Il convitato di pietra. En este punto don Juan ha perdido su mensaje teológico y su grandeza y se limita solamente a proveer un tema para el teatro popular. Algo similar ocurre en Francia, donde proliferan obras con el título Le festin de pierre, siendo las más notables la de Dorimond (1658) y la de de Villiers (1659), que probablemente fueron inspiradas por piezas de la “commedia dell’arte” más que por el drama original de Tirso. En 1665 aparece la primera obra teatral de envergadura inspirada en El burlador de Sevilla: se trata del Dom Juan de Molière que habrá de influir de una manera decisiva en la creación del libreto de Don Giovanni. No sabemos si Molière conocía la obra de Tirso, pero lo cierto es que su don Juan vuelve a recobrar la categoría de protagonista que tenía en El burlador de Sevilla, la atención se desplaza de las apariciones de ultratumba y de las gracias del criado a la figura de don Juan, y el autor enfatiza la depravación y el libertinaje de éste al mismo tiempo que profundiza en el tratamiento de las víctimas de don Juan. El don Juan de Moliere es ateo, cínico e hipócrita y la obra es una sátira violenta que no fue debidamente apreciada cuando apareció, pues se retiró de los escenarios después de unas cuantas representaciones y hasta 1840 no volvió a presentarse en su forma original, usándose hasta entonces una versión de Corneille (1677) bastante suavizada. Otra obra que influiría en la creación del libreto de Don Giovanni es el drama de Goldoni Don Giovanní, ossia il dissoluto punito, aparecido en 1736. Goldoní intentó devolver dignidad a don Juan despojándolo de los atributos de la “commedia dell’arte” pero su obra no alcanza la grandeza de la de Molière.

Musicalmente, el tema de El burlador de Sevilla fue tratado en 1659 por Melani que, sobre un texto de Acciajoli, compuso una ópera t¡tulada L ‘empio punito cuyo argumento es muy similar al de El burlador de Sevilla, si bien los personajes no son exactamente los mismos. En Francia hay noticia de una “comédie en chansons” representada en París en 1713 y 1714 con el título Le festin de pierre, y una pantomima del mismo nombre que también se presentó en París en 1746. Con el nombre de Don Juan se conocen el ballet de Gluck de 1761, el ballet presentado en el Carnaval de Turín en 1767, y el ballet‑pantomima ofrecido en Kassel en 1770. La primera ópera donde aparece don Juan con tal nombre es Il convitato di pietra de Callegari (1777): siguen otras de menor importancia y en 1782 Giuseppe Gazzaniga pone música a un texto de Giovanni Bertati titulado Don Giovanni, ossia il convitato di pietra. Esta ópera, que se estrenó en Venecia en enero de 1787 con razonable éxito, y sirvió de modelo para el Don Giovanni de Mozart, permaneció en relativo olvido hasta 1992, fecha en que se grabó por primera vez. Es indudable que Lorenzo da Ponte conocía la obra y es muy probable que de ella copiara en abundancia, ya que las semejanzas entre ambos libretos son más que casuales, sin embargo hay que admitir que su libreto es más pulido que el de Bertati, su verso más ágil y sus diálogos más animados. Con música de Mozart y con el nombre de Don Giovanni, ossia il dissoluto punito la ópera fue estrenada en Praga el 29 de octubre de 1787 alcanzando rápidamente la popularidad que ha disfrutado desde entonces.

Tanto la obra de Bertati como la de da Ponte contienen elementos heredados de la “commedia dell’arte” (el “Aria del Catálogo” es el ejemplo más notable) y ambas presentan una clara influencia del drama de Molière (Doña Elvira es una creación del dramaturgo francés). El tratamiento de los personajes principales se resume como sigue:

El burlador de Sevilla            Don Giovanni
Don Juan Tenorio            Don Giovanni
Catalinón            Leporello
Don Gonzalo de Ulloa            El Comendador
Arminta            Zerlina
Batricio            Masetto
Doña Ana            Doña Anna

El Marqués de la Mota
El Duque Octavio
          
Don Ottavio

Isabela
          
Doña Elvira

Los cinco primeros no presentan mayores diferencias en las dos obras; doña Ana pasa de ser un personaje menor que ni siquiera aparece en escena (sólo oímos su voz) a ser el personaje femenino más importante; el Marqués de la Mota y el Duque Octavio son refundidos en don Ottavio; y las dos últimas, Isabela y doña Elvira, no tienen en común más que ambas siguen a don Juan con el fin de casarse con él, aunque los motivos no pueden ser más distintos: Isabela intenta reparar su honor perdido mientras que doña Elvira está auténticamente enamorada de don Juan y quiere alcanzar no sólo el matrimonio, sino la conversión y el arrepentimiento de don Juan. Como se dijo antes, doña Elvira es creación de Molière y es creación brillantísima que enriquecida con la música de Mozart se convierte en el personaje más completo de la ópera. El resto de los personajes presentes en El burlador de Sevilla han sido suprimidos en la ópera por razones de economía escénica.

Las manos constituyen un leitmotiv en la obra de Tirso, que nos presenta a don Juan dando la mano a sus víctimas en el momento de la seducción, formalizando con este gesto una promesa que, naturalmente, no cumplirá. Como es de suponer, el instrumento de su engaño es también el vehículo de su castigo, y al estrechar la mano de piedra del Comendador don Juan recibe la retribución de todos sus pecados. La importancia de este símbolo no pasó desapercibida a da Ponte ni a Mozart que nos han dado uno de los más hermosos dúos jamás escritos: “Là ci darem la mano”. El don Juan de Tirso de Molina es hijo de la Contrarreforma y como tal tiene un mensaje teólogico‑moral que hacer llegar al público: un arrepentimiento de última hora no es suficiente si se ha llevado una vida de pecado y se ha aplazado deliberadamente el momento de la contrición. Después de repetir su “¡qué largo me lo fiáis!” una y otra vez, don Juan pide al Comendador: “Deja que llame / quien me confiese y absuelva” pero éste responde: “No hay lugar. Ya acuerdas tarde”. El don Giovanni de Mozart es un producto de la Ilustración, ateo, racionalista y escéptico, y aunque el Comendador le insta al arrepentimiento repetidas veces, don Giovanni se niega. Su final es el justo pago por una vida de disipación y engaño; su mensaje se condensa en un verso: “Questo é il fin di qui fa mal!”.

Jesús Nariño | 30 de abril de 2010

Comentarios

  1. El huésped del Sevillano
    2010-05-01 09:24

    Claro y bien escrito. Ojala Narino siga ofreciéndonos mas información de este tipo. Gracias.

  2. Marcos
    2010-05-01 18:49

    No será por no insistirle, pero el señor Narino se hace de rogar. Pero esa es nuestra mejor virtud, rogamos como nadie :)

    Saludos

  3. hb
    2010-05-02 03:55

    Como conozco un poco al señor Nariño le rogaré para que continúe colaborando. A ver si hay suerte.



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