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Lo que no se cuenta sobre Canadá y Afganistán

Por John McNamer

Traducción de Santiago Viteri

Este texto se redactó para ser leído en la “Marcha en favor de la paz, el medio ambiente y la justicia social de Kamloops, British Columbia” que tuvo lugar el 2 de Mayo de 2009.

Soy un veterano de Vietnam. Serví con el ejército de los Estados Unidos en la 4ª división de infantería. Por eso en estos días mi atención se centra especialmente en asuntos de guerra y paz. Me ha costado muchos años de conflicto personal lidiar con las trágicas consecuencias de haber participado en los actos de violencia horrible que desencadenó aquella agresiva campaña bélica, que consistía al fin y al cabo en invadir y ocupar otra nación por intereses puramente políticos.

Hoy estoy contento de poder contarles que he alcanzado la paz interior y que esto es, en parte, gracias a mi trabajo como abogado defensor que me permite defender la verdad y la no violencia en mi vida, en la vida de mi comunidad, de mi nación y de mi mundo.

Y si hablamos de guerra y paz, el principal asunto que debe tratar Canadá hoy en día es la implicación de nuestra nación en la guerra de Afganistán.

Me resulta escalofriante encontrar semejanzas tan marcadas entre este conflicto y la guerra de Vietnam. Probablemente la diferencia más importante es que en aquella ocasión Canadá tuvo la integridad intelectual y moral suficiente para no verse forzada a participar en la invasión y ocupación de un pobre país tercermundista al otro lado del mundo.

Al igual que Vietnam, Afganistán, ha sido invadido con los pretextos legales más ridículos y el uso descontrolado de la fuerza bruta en esta acción militar ha causado la muerte de incontables seres humanos, ha ocasionado crímenes de guerra y ha supuesto la destrucción de la mayor parte del país. Parece que los Estados Unidos no aprendieron nada de la guerra de Vietnam ni tampoco de la anterior invasión de Afganistán por parte de Rusia. Todavía resulta más triste comprobar que los oficiales canadienses tampoco sacaron ninguna conclusión

De esta forma, los impresionantes esfuerzos que Canadá ha desarrollado en la era moderna para convertirse en una nación que lidere e inspire a la comunidad internacional en el camino del mantenimiento de la paz y el empleo de las vías diplomáticas para la resolución de conflictos han sido borrados de un plumazo. Nuestros gobernantes nos están llevando por el camino de la violencia en la errónea creencia de que así aumentarán de alguna forma la seguridad de nuestra nación.

Yo estoy seguro de una cosa: SE EQUIVOCAN. La violencia y la agresividad sólo engendran más violencia y agresividad.

Cada día nos enteramos por los titulares de prensa de nuevas violaciones de la Convención de Ginebra, de la naturaleza terrorífica de las torturas practicadas de forma generalizada a los incontables prisioneros que están retenidos en Afganistán y en muchos otros lugares. Y aún peor, muchos de estos prisioneros están retenidos erróneamente.

Si usted, como la mayoría de los canadienses ha vivido bajo la ilusión de que hechos como la tortura (la tortura de los presos hasta la muerte) y otras violaciones de los derechos humanos se han producido sólo en lugares como Abu Gharib y Guantánamo, prepárese para una gran decepción: cada día recibimos nueva información que nos detalla como la base aérea de Bagram en Afganistán es la sede de un nuevo escándalo similar al de Guantánamo, incluso peor, ya que ha sido ocultado del conocimiento público para poder actuar con total impunidad.

¿Sabía usted que los actos de degeneración y tortura que nos impactaron en las fotos de Abu Gharib se implantaron allí después de haber sido perfeccionados como procedimientos de rutina por las fuerzas armadas estadounidenses en Afganistán? Esta información ha sido recientemente documentada en el acta de la “Investigación sobre el trato a los prisioneros bajo custodia de los Estados Unidos” llevada a cabo por el Comité de las fuerzas armadas del Senado que se publicó el 11 de Diciembre de 2008.

¿Sabía usted que los abusos de Afganistán estaban teniendo lugar al mismo tiempo que las fuerzas armadas canadienses entregaban prisioneros de forma rutinaria y sin hacerse preguntas a la custodia de las fuerzas armadas estadounidenses, quienes detentaban en solitario la autoridad en materia de retención de prisioneros? Entregar prisioneros para su posible tortura constituye una violación tipificada de la Convención de Ginebra.

Mis primeras protestas ante el gobierno canadiense empezaron hace años, tras conocer los abusos que fueron publicados en el “Informe de expertos independientes sobre la situación de los derechos humanos en Afganistán” presentado a la comisión de los derechos humanos de las Naciones Unidas en el año 2005. Desde entonces he continuado con las protestas, pero estas parecen haber llegado a oídos sordos.
¿Cuántos canadienses son conscientes del grado de destrucción y muerte causado a civiles indefensos por las fuerzas de la OTAN, que están compuestas principalmente por tropas estadounidenses, británicas y canadienses? No hace mucho el presidente Hamid Karzai rompió a llorar durante unas declaraciones a la televisión nacional afgana mientras explicaba que se hallaba impotente para poder detener la matanza indiscriminada de mujeres y niños civiles a manos de las fuerzas armadas de la OTAN.
Puedo decirle sin dudar que las fuerzas armadas canadienses junto con sus aliados estadounidenses han violado la Convención de Ginebra, pero nuestros líderes de gobierno no lo reconocerán. Ellos quieren correr un tupido velo sobre el asunto y pasar página.

Esto a mí no me sirve y continúo documentando estas violaciones ante las autoridades canadienses, solicitando formalmente que se realice una investigación pública.

Creo que es importante insistir en que las fuerzas armadas canadienses sean retiradas inmediatamente de esta horrible situación. Se mueven en arenas movedizas y no importa con cuanto ahínco intenten redefinir los propósitos de la misión. Puedo afirmar que la integridad de las fuerzas armadas canadienses en esta misión hace ya mucho tiempo que se perdió y ha llegado el momento de denunciarlo. Se han producido flagrantes violaciones de la Convención de Ginebra y Canadá tiene responsabilidad legal completa en este asunto.

Nunca volveré a creer en la integridad de las fuerzas armadas canadienses sea cual sea la misión que emprendan mientras que no se produzca una investigación independiente a todos los niveles que permita saber que es lo que fue mal en Afganistán y se tomen medidas para aplicar las correcciones necesarias.

Y si realmente estamos interesados en mantener la paz y la seguridad de nuestro mundo tendremos que encontrar la manera de que las fuerzas armadas canadienses y todos los representantes del gobierno de Canadá trabajen honestamente en vías no violentas para encontrar soluciones a los conflictos de nuestro planeta.

(John McNamer de 61 años y residente en Kamloops, British Columbia, es miembro de Abogados contra la guerra. Fue condecorado con la Estrella de Bronce durante su servicio en las fuerzas armadas estadounidenses en Vietnam.)

John McNamer | 25 de agosto de 2009

Comentarios

  1. Merche
    2009-08-25 17:15

    Como he tenido la suerte de conocer a John, desde aquí no puedo menos que felicitarle y, sobre todo, agradecerle, su empeño y lucha constante. Una taza de café en un diminuto pueblo entre montañas llamado Hope cambió la imagen de pasividad respecto a las acciones de los vecinos del sur (¡y las propias!) que yo tenía del pueblo canadiense.

    Gracias.



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