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La vuelta de Max Aub: nueva vida editorial de un clásico contemporáneo

Javier Lluch Prats
Edición online del artículo del nº 4 de la revista Per Abbat

Desde los años noventa del pasado siglo, particularmente, notable es la respuesta a la deuda histórica de reconocimiento que se tenía con Max Aub: poeta, dramaturgo, novelista, ensayista y guionista cinematográfico, entre otras facetas. Nacido en París en 1903, Aub es un paradigma del devenir del convulso siglo XX: en 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, por su origen franco-alemán se exilia desde París a Valencia, donde su padre mantiene contactos comerciales y consigue reagrupar a la familia. Años después, a finales de enero de 1939, desde Cataluña se marcha a Francia. Tras un tiempo en el que pasa por cárceles y campos de concentración franceses, en el 42 llega a Veracruz y se instala definitivamente en México D.F., donde fallece en 1972. De ahí que su escritura recoja una amplia visión de mundo: desde la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la guerra civil, los campos de concentración españoles y franceses, la antesala prebélica de la Europa de los 40, los años de la guerra fría y del México posrrevolucionario, hasta el devenir de los españoles que padecieron el exilio, e incluso la cotidianidad de cuantos se quedaron, imaginada por Aub. Durante treinta años de exilio, Aub se mantuvo activo frente a la dictadura, y lo hizo sin descanso, con la escritura como el mejor antídoto contra la derrota moral que supuso la derrota militar. Y es que a pesar de que la dictadura había borrado del mapa cultural a los exiliados, éstos encontraron en la escritura un medio de rememorar y de testimoniar, de afrontar el olvido y de continuar adelante y, como dijo el propio Aub, de luchar contra la muerte. El régimen franquista sólo le permitió regresar a España en 1969, en un viaje cuyo resultado fue el duro testimonio narrativo de La gallina ciega, obra publicada en 1972, año de su segundo y último reencuentro con España.

Max Aub no tuvo la fortuna de ver reconocida su labor en vida, sino póstumamente. En los últimos quince años, la crítica especializada viene admitiéndolo como uno de nuestros mejores escritores:

Su obra es capaz por sí sola de modular la historia de nuestra narrativa y la de nuestro teatro, de mostrarnos a un poeta sorprendente, pionero en más de un aspecto, a un ensayista de alta tensión moral y ensayística y a un hombre que, en su trayectoria y en la escritura confesional-testimonial que dejó en ella, desborda de vida y de historia, con una autenticidad y una intensidad raramente alcanzadas, las de un clásico contemporáneo. [1]

Aub participa de la tradición, la renueva, la acomoda a signos nuevos, aproxima enfoques muy actuales, combina diferentes lenguajes artísticos: cine, literatura, pintura… Seduce, pues, a nuevos lectores y espectadores, a nuevos editores e investigadores. El entusiasmo que genera deriva de afinidades electivas varias, que podrían coincidir en el aprecio de cuanto Aub pone sobre el tapete: una literatura inclinada hacia una poética de la versatilidad y de la innovación: por la experimentación de su heterogénea escritura, por la aplicación de nuevas formas expresivas y su superación. Así también, por su adaptación a las circunstancias, especialmente cuando la Guerra Civil varió su orientación estética hacia el realismo testimonial, en consonancia con el «dar cuenta de la hora en crónicas más o menos verídicas» que, en su ensayo Hablo como hombre (1967), Aub menciona como labor de novelistas y dramaturgos de su tiempo. Y en ese viraje estético hacia el realismo, relevante es que Aub arrastrara, conjugara y renovara lo que le daría un valor sin par como creador: su caudal expresivo y estilístico de herencia vanguardista. A todo ello se sumó un arte imaginativo ligado a su receptividad de la renovación del lenguaje literario, dado su conocimiento de las corrientes estéticas de su época. En tales condiciones, la creatividad aubiana pudo ir más allá de la labor de cronista —como él la definía— que supuso escribir, por ejemplo, El laberinto mágico, título del ciclo narrativo en torno a la guerra y sus consecuencias (campos de concentración, exilio). Y fue más allá y su desbordante imaginación aportó contribuciones mediante las que Aub dio rienda suelta a una fantasía extraordinaria: obras como la biografía ficticia del artista Jusep Torres Campalans (1958); la novela Luis Álvarez Petreña (1934/1965/1971), sucesivamente ampliada; la propuesta lúdica de Juego de cartas (1964) o su último gran proyecto, truncado por la muerte, que iba a titular Luis Buñuel: novela. Además, nos legó acaso los mejores diarios del exilio republicano español y, aun prácticamente inédito, un magnífico epistolario del que, de manera íntegra, y en coedición de la Biblioteca Valenciana y la Fundación Max Aub, desde 2001 se han publicado las cartas que Aub intercambió con Francisco Ayala, Manuel Tuñón de Lara, Alfonso Reyes e Ignacio Soldevila.

Por parte de la crítica, en España la recuperación de Aub comienza a manifestarse en los años cincuenta, cuando Valbuena Prat le da entrada en su Historia de la literatura (1950); Sainz de Robles en Diccionario de Literatura (1953); Arturo del Hoyo en Teatro Mundial (1955); Torrente Ballester en Panorama de la literatura española contemporánea (1956) y Pérez Minik en Novelistas Españoles de los siglos XIX y XX (1957). En los sesenta se inicia verdaderamente el camino vivificador de Max Aub, quien recoge elogios en trabajos de José Corrales Egea, Juan Luis Alborg, Eugenio García de Nora, José Ramón Marra-López, José García Lora, Arturo del Hoyo, Manuel Tuñón de Lara, Francisco Ayala. Decisivo fue también que Aub contactara con la agencia literaria de Carmen Balcells, quien activó todos sus resortes para procurar la edición y difusión de su obra. Finalmente, el universo aubiano recibía los parabienes de los especialistas y del público, aun cuando su consideración entre los grandes del pasado siglo no se alcanzaría plenamente, como hemos mencionado, sino en la década de los noventa.

De modo muy señalado, el interés que Aub generaba se puso de relieve en el Congreso Internacional Max Aub y el Laberinto español celebrado en Valencia y Segorbe, en diciembre de 1993, con amplio poder de convocatoria en el hispanismo internacional. En 1996, el Ayuntamiento de Valencia publicó en dos cuidados tomos las Actas de aquel encuentro y, tres años después, con patrocinio público, se puso en marcha el proyecto de edición crítica de sus Obras completas. Por entonces hubo otros encuentros aubianos en Castellón, Salerno y El Escorial, y se llevaron a escena distintas obras: Una botella, De algún tiempo a esta parte, San Juan (cuyo espectacular montaje se estrenó en Valencia en 1998 y llegó después a Madrid y Lisboa).

En 2003, con motivo del Centenario del escritor, los encuentros académicos se multiplicaron: Verona, Madrid, México, Valencia, Postdam, París… Varias exposiciones (Museo Nacional Reina Sofía, Museo de Bellas Artes de Valencia, Colegio de San Ildefonso, México) originaron impresionantes catálogos, como los dedicados a Jusep Torres Campalans. Asimismo, en la actualidad, el privilegiado puesto de Aub en el canon literario favorece su inserción en programas académicos y la aparición de tesis doctorales y trabajos de investigación, tanto en España como en otros países, dejando atrás los años en que su estudio en las universidades quedaba relegado, como el de tantos escritores del exilio, por el de autores canonizados en las historias literarias y en los programas de Literatura Española contemporánea.

En la vuelta del escritor basilar es la creación de la Fundación Max Aub en Segorbe (Castellón), en agosto de 1997. Como Archivo-Biblioteca Max Aub funcionaba desde finales de los ochenta tras su adquisición por el gobierno local (http:www.maxaub.org). Esta institución forma parte de la Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores y de la Red de Centros y Archivo Virtual de la Edad de Plata de la cultura española contemporánea (1868-1936). Entre otras actividades propias de la difusión de su patrimonio, la Fundación ha creado colecciones particulares: “Guías Didácticas”, “Homenajes”, “Biblioteca Max Aub”, entre ellas. Anualmente convoca becas de investigación, así como un premio internacional de cuentos, ya en su XXI edición en 2007. A su Boletín Sala de Espera, título tomado de una revista unipersonal publicada por Aub, se añade desde 2006 el anuario científico El correo de Euclides, cuyo nombre evoca la singular felicitación que cada 31 de diciembre Aub enviaba desde la calle Euclides, donde residía en la capital mexicana.

En su conjunto, el destacable legado conservado en la Fundación lo conforman documentos personales, libros, cartas, cuadernos, agendas, libretas, hojas sueltas, esto es, materiales que posibilitan introducirse sigilosamente, y de primera mano, en el taller del autor, rastrear sus lecturas, sus intertextos, el proceso creativo de sus obras, la ideología subyacente en sus manuscritos. Así, por ejemplo, cuando se tiene la oportunidad de leer un manuscrito de Aub, se asiste a su imponente esfuerzo creativo, a sus idas y venidas con las palabras: como acto permanente de toma de decisión, la escritura aubiana muestra ahí su génesis y su movimiento, sus opciones y variaciones. En buena medida, los variados contenidos que un manuscrito reúne se relacionan con la inicialización y preparación de la obra de Aub: citas propias y ajenas, dibujos, textos ensayísticos, narrativos, poéticos o dramáticos, diálogos sueltos, anotaciones personales… Así también, se congregan fichas de personajes y planes desarrollados o no que cumplen la función operativa de orientación del proceso creativo. De esta manera, el legado de Aub nos abre las puertas de su laboratorio, con textos pero también con los denominados pre-textos (materiales preparatorios y redacciones propiamente dichas).

La obra aubiana revitalizada

En el reconocimiento de Aub, si el empeño puesto en él implica que se quede entre nosotros, su regreso no puede tomar cuerpo como mero ejercicio de nostalgia o puntual signo de conveniencia de la vitalidad del aparato cultural del Estado, como en tantos casos se realiza bajo la etiqueta «El año de…» o «Año…». Cuando su rescate de las tinieblas del olvido ya había tenido lugar en monografías, artículos y reseñas, mediante el montaje de algunas de sus obras de teatro, y cuando su agente Carmen Balcells y algunas editoriales seguían apostando por él, al filo del milenio era necesario consolidar la aproximación crítica y la difusión del frente literario de Aub que, como felizmente afirmó Ignacio Soldevila —su mayor especialista—, dibuja su camino a través del compromiso de la imaginación.

No hace tantos años, sus libros apenas se encontraban en España. Una importante señal de su retorno la trazó Alfaguara, por la publicación de seis novelas, los Campos del Laberinto, a finales de los setenta, en una apuesta por Aub ya hecha antes, entre otras, por las editoriales Edhasa (_El zopilote y otros cuentos mexicanos_, 1964), Gredos (Mis páginas mejores, 1966), Espasa-Calpe (Deseada-Espejo de Avaricia, 1971), Alianza (Las buenas intenciones, 1971), Picazo (La uña y otras narraciones, 1972) y Seix-Barral (Vida y Obra de Luis Álvarez Petreña, 1971; Antología traducida, 1972). Pese a que algunos textos no pudieron evitar ver la luz con recortes de la censura franquista (Campo del Moro, Las buenas intenciones, La calle de Valverde...), su reedición le permitió a Aub volver a España, deseo tan ansiado por él, y darse a conocer a un público nuevo de la tierra que consideraba su patria.

Años después, en los noventa, como repercusión de su positiva recepción crítica, se editaron numerosos textos: Enero sin nombre. Los relatos completos del Laberinto mágico (prólogo de J. Quiñones. Barcelona: Alba, 1994); Escribir lo que imagino. Cuentos fantásticos y maravillosos (prólogo de I. Soldevila y F. García. Barcelona: Alba, 1994); La gallina ciega. Diario español. (Ed. M. Aznar. Barcelona: Alba, 1995); Crímenes ejemplares (prólogo de E. Haro. Madrid: Calambur, 1996); Diarios (1939-1972) (Ed. M. Aznar. Barcelona: Alba, 1998); San Juan (Ed. M. Aznar, Valencia: Pre-textos, 1998); Manuscrito Cuervo. Historia de Jacobo (Ed. J.A. Pérez Bowie. Segorbe: Fundación Max Aub, 1999); Diario de Djelfa (Ed. Xelo Candel. Valencia: Denes, 1999) y Campo de los almendros (Ed. F. Caudet. Madrid: Castalia, 2000).

Así las cosas, editoriales como Alfaguara, Alianza, Cátedra, Punto de Lectura, Castalia, Alba, Media Vaca o el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México incluyen hoy en sus catálogos libros de creación y de signo testimonial aubianos. La propia Fundación Max Aub, en la colección “Biblioteca Max Aub”, ha reeditado más de quince títulos, como Fábula verde (1993), Yo vivo (1995), Antología traducida (1998), Hablo como hombre (2002), Imposible Sinaí (2002), Enero en Cuba (2002), El cerco (2003), Discurso de la novela española contemporánea (2004) y Los muertos (2006), incluso inéditos como Cuerpos presentes (2001). Y en su colección de facsímiles son recientes la primera edición de Luis Álvarez Petreña (1934), en 2005, y Del Amor (1972), en 2006. No obstante, todavía habrá que esperar algún tiempo para poder leer en su totalidad, y en buenas condiciones de recuperación, la vasta producción aubiana.

En esta revitalizada vía de circulación de obras de Aub se integra la edición crítica de las Obras completas, proyecto dirigido por Joan Oleza, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Valencia, que reúne a investigadores de diversas universidades y cuenta con el patrocinio, por un lado, de la Dirección General del Libro y Bibliotecas de la Generalitat Valenciana y, por otro, de la Institució Alfons el Magnànim de la Diputación de Valencia. El proyecto lo compone una serie de once volúmenes que reúnen la heterogénea obra de Aub. Las ediciones, a cargo de uno o varios responsables por volumen, cuentan en ocasiones con colaboradores. Contienen aparato crítico, apéndice bibliográfico, glosario de voces escogidas, fichas de representación en el caso del teatro y notas aclaratorias de lectura (de léxico, de referencias históricas, biográficas, culturales, específicamente literarias e intertextuales). Y desde 2001, varias novelas (los Campos), la narrativa breve, la poesía y el teatro completos forman parte de los volúmenes publicados, algunos en dos tomos por sus dimensiones. [2] Como señalan los criterios editoriales del proyecto, expuestos en el volumen II (y en el resto ampliados por la especificidad de sus contenidos), las obras aubianas se agrupan por géneros, secuencia cronológica e incluso por causas especiales, como ocurre con Campo cerrado y Campo abierto: aun cuando esta última novela apareció después, tras Campo de sangre, en su narración de la guerra sigue a la primera, y por ello integra con ésta un mismo volumen. Se agrupan las obras en secciones o grupos siguiendo la pauta marcada por el autor, como los ensayos publicados en prensa y luego recopilados en libro (Hablo como hombre, Pruebas o Ensayos mexicanos), a diferencia de los que se agrupan por materias al haberse publicado sólo en prensa (sobre poesía, narrativa, arte, cine, cultura y política cultural). Y se respeta la última voluntad de Aub en la selección del texto óptimo de cada obra, tal como demuestra la edición de Campo cerrado, cuyo texto base procede de la primera edición corregida por el escritor, o la de Campo del Moro, que pule la acometida de la censura en sus ediciones españolas. Al constar las variantes textuales en el aparato crítico, el lector puede contrapesar las decisiones del editor, sus justificaciones al elegir una u otra forma, uno u otro testimonio, y es que en esta fascinante experiencia de trabajo filológico, el legado aubiano permite manejar tanto testimonios impresos como manuscritos. En suma, con estas Obras completas los lectores cuentan con la obra de conjunto de uno de los escritores más relevantes del siglo XX.

Por otra parte, en esta vuelta, Max Aub va fortaleciendo una tradición, y admiradores confesos y reivindicadores de él se muestran otros escritores como Antonio Muñoz Molina y Rafael Chirbes. Del primero, quien siempre ha defendido a Aub como figura egregia de la cultura europea, valga recordar que le dedicó su discurso de entrada en la RAE: Destierro y destiempo de Max Aub, leído en junio del 96, cuya contestación fue de Francisco Ayala, íntimo amigo de Aub. Interés aludido igual y expresamente en los agradecimientos de la última novela de Almudena Grandes, El corazón helado (2007), en la cual el lector encontrará no pocas concomitancias con la escritura del Laberinto. Y también 2007 se presenta con Max Aub, novela, publicada por Edhasa, una obra narrativa sobre la vida y la obra del autor, pero también “una suerte de crónica de una generación desgarrada por la Guerra Civil y el exilio”, como en el prólogo expone su autor, Javier Quiñones.
Y si el cine sedujo a Aub, quien se dedicó al arte audiovisual con ahínco, por él se ha visto igualmente seducida la pantalla: fruto de la creatividad aubiana son, por ejemplo, la película Distinto amanecer (1943), de Julio Bracho, cuyo argumento toma ideas del drama de Aub La vida conyugal. Triángulo (1974), de Alejandro Galindo, basada en Deseada. Soldados (1978), de Alfonso Ungría, en Las buenas intenciones. La virgen de la lujuria (2002), de Arturo Ripstein, en el relato “La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco”, también en el origen del documental Los que quisieron matar a Franco (2006), de Pedro Costa y José Ramón Da Cruz. Crímenes ejemplares (1983), de Mariano Barroso, basado en el título homónimo de Aub —paradigma del microrrelato—, como Menos nove (Minus nine) (1997), de Rita Nunes, y Delitti esemplari (2001) de Andrea Graziosi. Y también de 2001 es el documental Max Aub. Un escritor en su laberinto, de Llorenç Soler, protagonizado por Juan Echanove.
En conclusión, el retorno de Max Aub permitirá que el curioso lector y el viejo conocido del escritor se aproximen a ese compromiso de la imaginación que configura la obra aubiana, mediante la que el escritor pudo, como él dijo, dar la cara y seguir viviendo. Por todo ello, esta nueva vida editorial simboliza el deseo cumplido del encuentro del escritor con sus lectores, pero es también el merecido reconocimiento a una obra que es una «summa de la que ninguna literatura podría permitirse prescindir, ni por su cantidad, ni por su calidad, ni por su diversidad».[3]

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Notas

[1] Joan Oleza, “Palabras preliminares”, en Max Aub, Obras completas, vol. II. Valencia: Biblioteca Valenciana-Institució Alfons el Magnànim, 2001, p. 10.

[2] Vol. I: Obra poética completa (A. López Casanova et al., eds.), 2001; Vol. II: Campo cerrado (I. Soldevila, ed.) – Campo abierto (J. Antonio Pérez Bowie, ed.), en El laberinto mágico I, 2001; Vol. III-A: Campo de sangre (L. Llorens, ed.) – Campo del Moro (J. Lluch, ed.), en El laberinto mágico II, 2002; Vol. III-B: Campo de los almendros (F. Caudet, ed.), en El laberinto mágico II, 2002; Vol. IV-A: Fábulas de vanguardia y Ciertos cuentos mexicanos, en Relatos I (F. García, ed.) – Los relatos de El Laberinto mágico, en Relatos II (L. Llorens y J. Lluch, eds.), 2006; Vol. VII-A: Primer Teatro (J. Ll. Sirera et al., eds.), 2002; Vol. VII-B: Teatro Breve (S. Monti, ed.), 2002; Vol. VIII: Teatro Mayor (J. Ll. Sirera et al., eds.), 2006.

[3] J. Oleza, art. cit., p. 6.
El mejor estudio de conjunto sobre el autor es El compromiso de la imaginación. Vida y obra de Max Aub, de Ignacio Soldevila Durante (Valencia: Biblioteca Valenciana, 2003). Contiene la denominada Maxaubiana, una exhaustiva bibliografía que Soldevila ha publicado en otros lugares, como las Actas del Congreso Internacional Max Aub y el laberinto español, antes mencionado. En la red, véanse http://www.maxaub.org y http://www.uv.es/entresiglos/max.

Javier Lluch es Doctor en Filología y miembro del GICELAH del CSIC. Con relación a Max Aub, entre sus numerosas contribuciones destaca su participación en el proyecto de edición crítica de las Obras completas del autor.

Este artículo apareció origalmente en el nº 4 de la revista Per Abbat, y ha sido reproducido en Libro de notas con el permiso del autor y del editor.

Javier Lluch | 05 de junio de 2007

Comentarios

  1. Ana Lorenzo
    2007-06-11 04:51

    Siempre es una alegría ver que se realiza la edición seria de las obras completas de un autor. En este caso en que aún hay obras poco difundidas, más aún.
    Además, creo que es un autor que consiguió decir el discurso de entrada a la RAE y codearse con García Lorca como académico, cosa inaudita, porque parece que ni la RAE ni García Lorca (por distintos motivos, claro) tenían la menor idea. ;-)
    Gracias por el artículo.

    Un saludo

  2. Antonio
    2007-11-24 00:29

    Gracias a la labor minuciosa y exhaustiva de investigadores como Javier Lluch, conseguiremos recuperar a un autor imprescindible en el panorama literario español. Un saludo.



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