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Somalia: ¿otro Afganistán?

Alfredo Iglesias Diéguez

Habituados como estamos a que las noticias relacionadas con África tengan como argumento central las guerras que calificamos como tribales, cuando en realidad esconden un conflicto en el que están en juego intereses imperialistas, o las calamidades, sean físicas (sequías, inundaciones o tsunamis) o humanas (los desastres producidos por la pobreza, el hambre o el SIDA y otras enfermedades) y acostumbrados a asociar la extrema pobreza con el continente africano, nos resulta, por lo menos desconcertante, el interés que los EE UU están mostrando por Somalia, un desconocido país del Cuerno de África del que las pocas noticias que tenemos están relacionadas con los señores de la guerra que desangraron el país en los años noventa y con el derribo de dos helicópteros norteamericanos en 1993, desde hace más de una década.

Somalia – Ampliar
No obstante, si supiésemos que ese país tiene un estratégico litoral de 3.300 kilómetros que es clave para controlar el acceso meridional al mar Rojo, por el que transita el 40% del petróleo que circula por el mundo y que es crucial para el abastecimiento de Europa, y que, además, posee importantes reservas de petróleo y gas natural, explotadas desde 1986 por cuatro grandes gigantes americanas: Conoco, Amoco, Chevron y Phillips, nuestra sorpresa quedaría disipada, pues nos es pequeño el interés estratégico de Somalia.

Asimismo, es la defensa de sus intereses lo que lleva a los norteamericanos a intervenir de nuevo en el país; unos intereses que vieron amenazados en junio de 2006 cuando las milicias de la Unión de Tribunales Musulmanes, un modelo de gobierno autónomo que en medio del caos provocado por la guerra que asola Somalia desde 1991 llevó una cierta estabilidad a la población del sur del territorio de Somalia, ocupó la capital del país, Mogadiscio, y puso fin a las esperanzas norteamericanas de imponer un gobierno de su gusto, representado por Abdulai Yusuf Ahmed y Ali Mohamed Ghedi.

Efectivamente, la excusa para intervenir en Somalia, donde desde 1991 no hay un gobierno real, donde existen amplias regiones de su territorio (Somalilandia y Puntlandia) que proclamaron su independencia de facto, donde los mismos señores de la guerra que desangraron el país entre 1991 y 2000, se reunieron en la vecina Djibuti para acordar la formación de un gobierno de transición que después de cinco años fracasó completamente en su intento de unificar y pacificar el país, no es otra que la presencia de la Unión de Tribunales Islámicos, que cuentan con una milicia armada y apoyada por Siria, Irán, Eritrea y la milicia libanesa de Hezbollah, a la que se ha presentado como la manifestación de Al Qaeda en la región. Pero, ¿por qué ahora y no antes? La respuesta es bien sencilla: a pesar del desgobierno y la inestabilidad, los intereses de los EE UU siempre estuvieron preservados, primero cuando los señores de la guerra constituyeron la Alianza para la Paz y Contra el Terrorismo y después con el gobierno de transición decidido en el 2000 y renovado en el 2004. Así pues, ahora como antes, cuando Europa colonizó el Cuerno de África en el siglo XIX, aunque los discursos legitimadores hayan cambiado, se mantiene el mismo objetivo: controlar los recursos estratégicos mundiales en nuestro propio beneficio.

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Artículo publicado originalmente en gallego en el periódico Galicia Hoxe. Traducción del autor.

Mapa tomado de Wikipedia Commons

Alfredo Iglesias Diéguez | 24 de enero de 2007


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