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Mondo Píxel PG por John Tones y Javi Sánchez

Mondo Píxel PG supone, como el Parental Guidance de su título indica, un punto de vista alternativo y guiado acerca de los videojuegos. Cada viernes, John Tones y Javi Sánchez, miembros del hervidero de visiones con seso sobre lo interactivo Mondo Píxel, contarán en LdN cómo se ha convertido el ocio electrónico en una volcánica explosión de inquietudes pop. Sus ramificaciones en cine, tebeos y música, su influencia en nuestra vida diaria, su futuro como forma de ocio y olla a presión cultural. Cada semana en Mondo Píxel PG.

Un acróstico/aprende a ser malote

Activision Blizzard es su propio monstruo desde anoche: Bobby Kotick, el ejecutivo más admirado y odiado del sector, ha llevado a cabo una operación de compra de acciones por valor de 6.200 millones de euros, entre los dos fondos de inversión que lideraba. Kotick y su colega Brian Kelly controlan ahora más cerca 60% de la compañía, creadora de títulos como Call of Duty o World of Warcraft. La matriz, Vivendi, estaba loca por vender para impulsar al resto de sus divisiones y, sobre todo, para reforzar su propia acción.

Uno de los inversores liderados por Kotick es Tencent Industries, nombre que no le sonará ni a los jugones empedernidos, a no ser que tengan una fijación por los movimientos de la industria del videojuego en China que, ya se lo decimos nosotros, consiste en juegos online de PC en un porcentaje absurdo. Tencent no sólo es el portal líder en China, sino que tiene una división de juegos online gordísima, que ya sabe lo que es trabajar con Activision (y con Capcom y con prácticamente todas) a la hora de crear MMOs —juegos masivos online— como Call of Duty Online y demás.

Retrocedamos nada, unos días, para encontrarnos otro terremoto: China levantando la prohibición de vender consolas porque quieren seguir ganando mucho dinero. Las condiciones son draconianas, por un lado: el gigante asiático quiere que todas las consolas que se vendan en su territorio se fabriquen en Shangai, para no perder más cuota de fabricación en electrónica. Puede que Microsoft (y sobre todo Sony y Nintendo) piensen que es una señora cabronada pero eh: un millardo de personas en edad de jugar, ahí, esperando, en un mercado “virgen”.

El movimiento, pues, se produce en un momento turbulento. Las consolas, ya se lo decimos nosotros, no van a entrar mañana en China. Es posible que las fabricantes tarden un par de años en medir riesgos —el país le da a la piratería con un arsa y un ole y una alegría que en principio te quita las ganas de meter una consola, pero eh: un millardo de personas, etcétera— y diseñar un plan de negocios adecuado para un país que, encima, sólo juega online. Pero si Tencent ha pensado que es buena idea meterse más a fondo en la editora, puede ser por tres razones: abaratar el coste de sus propias licencias, chupar parte de la teta de una compañía con unos movimientos de líquido envidiables, entre suscripciones y las ventas estacionales de los Call of Duty, una franquicia que año tras año se folla cualquier cifra que arroje el cine en un fin de semana.

Activision Blizzard es el mayor vendedor de videojuegos del mundo. Depende, en parte, de sus dos franquicias estrella. Esto es, si ignoramos que Diablo III, de Blizzard, vendió una millonada en PC y que sale en septiembre para consolas. O que Starcraft 2, de la misma compañía, es el mayor deporte virtual del planeta, en perfecta simbiosis con casi toda la población de Corea del Sur. O la franquicia de muñequitos Skylanders. O… Vale, lo petan bastante aunque Activision haya ido quemando casi todas sus franquicias, incluyendo Guitar Hero o Tony Hawk, mediante la doctrina Kotick: saca una copia anual, o dos si hacen falta, mientras dé dinero.

La otra cara de la moneda es que a la compañía le resulta fácil darse cuenta de cuándo un juego no vende: si las adaptaciones a cine pinchan se las quitan de encima y las reconvierten en licencias; si los instrumentos de plástico aburren, aunque ellos sean los responsables de que aburran (y nos gusta pensar que para hundir a Rock Band, la franquicia paralela de EA) a tomar por culo los Guitar Hero. Decisiones sacacuartos, hundefranquicias, que provocan el odio del fan y provienen de una persona.

Bobby Kotick que, no lo olvidemos, lleva más de 20 años al frente de Activision. Y que ha puesto 100 millones de dólares de su propio bolsillo en éste, su enésimo show. Robert Kotick, un tipo capaz de convertir a Call of Duty en un juego que tiene su propio stand en todas las tiendas del planeta después de que sus creadores le abandonen (West y Zampella, que se fueron a EA, claro, a crear la mejor arma de Xbox One: Titanfall). De llevar a juicio al creador más querido por la industria, Tim Schafer, por llevarse a la competencia —otra vez EA— un juego que Activision no le dejaba publicar. De declarar que no le gustan lo videojuegos. Un pérfido ignorante, la encarnación del mal, etcétera.

O no. Kotick en realidad tiene una carrera riquísima (también es el director de Coca-Cola desde hace un año, ojo), que se remonta hasta sus años mozos, cuando se dedicaba a vender software para Apple. Y siempre fue él el que quiso meterse en videojuegos. Intentó comprar Commodore en su momento para convertir a los míticos Amiga en lo que siempre debieron ser: consolas de 16-bit que compitieran con Sega Mega Drive y Super Nintendo. Fue él el que compró en su momento el 25% de Activision. Y lleva dos décadas cambiando de modelo sin despeinarse. Es un tipo mucho más listo que ustedes y nosotros.

Brian Kelly, su escudero de siempre, y Kotick han repetido la misma jugada que llevaron a cabo en diciembre de 1990: han comprado su compañía. Una a la que Vivendi quería meter mano para suplir sus propios problemas (llevaban tiempo avisando que, si no vendían, la iban a vaciar de dinero. Vivendi es un constante todo mal en el videojuego desde que compraron Sierra) y que, en realidad, es una fuente de alegría para los accionistas desde tiempos inmemoriales. Vivendi pensó que podría meter en vereda a Kotick y convertir Activision Blizzard en la filial de videojuegos de sus otros media, con Universal a la cabeza.

Oh, pobres ilusos: cinco años después, Kotick se ha quedado con la compañía, con la licencia gorda de Universal (Skylanders, una fábrica de hacer dinero inventada sobre el esqueleto de una mierda llamada Spyro The Dragon), con la filial interesante de Vivendi, Blizzard, y ahora cuenta con el apoyo de la empresa china más gorda del sector para llevar a Activision al nuevo capítulo. Que, si nos fijamos en la trayectoria del ejecutivo, acabará en diez años con Activision Blizzard China Inc. Y nosotros encantados: en un mundo repleto de gente de mierda, a veces nos alegra contemplar a auténticos supervillanos en acción.

John Tones y Javi Sánchez | 26 de julio de 2013

Comentarios

  1. Juan
    2013-07-26 20:06

    Por lo que me ha contado un amigo que se pasa la mayor parte del año en China, las consolas están prohibidas pero, al menos en las ciudades grandes, como si no.

    A mi Kotick no me parece tan horrible. Sus franquicias anuales cambian más que las de EA. Lo malo es su casi nula apuesta por nuevas propiedades intelectuales no a la IP, sí a la PI.



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