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Mondo Píxel PG por John Tones y Javi Sánchez

Mondo Píxel PG supone, como el Parental Guidance de su título indica, un punto de vista alternativo y guiado acerca de los videojuegos. Cada viernes, John Tones y Javi Sánchez, miembros del hervidero de visiones con seso sobre lo interactivo Mondo Píxel, contarán en LdN cómo se ha convertido el ocio electrónico en una volcánica explosión de inquietudes pop. Sus ramificaciones en cine, tebeos y música, su influencia en nuestra vida diaria, su futuro como forma de ocio y olla a presión cultural. Cada semana en Mondo Píxel PG.

La fiestaza de los megajuegos

Buena parte de los miembros de Mondo Píxel acudimos el pasado fin de semana a la última edición de Gamefest en Madrid a presentar los inminentes cambios en nuestra web, en una amigable mesa redonda en la que nos reímos de Hobby Consolas, que patrocinaba todas las actividades y, por ende, también nuestros insultos, y departimos con blogs rivales y, sin embargo, amigos, porque aunque a veces pueda inferirse algo así de nuestras invectivas, no todo el mundo en este sector es retrasado.

En cualquier caso: no nos gusta el Gamefest. Ni siquiera podemos escribir las típicas frases condescendientes, de palmaditas en la espalda, propias de quien está interesado por motivos legítimos y muy defendibles en que la feria de muestras tire para adelante. Es que ni nos resulta atractivo ni nos resulta interesante la maqueta de la cola del avión, la tía buena al lado del coche de Formula 1 o el puesto de (juramos que es cierto) los DJs-videoreviewers (“un 9’3 para Gears of War y subidóoooooooonnnnn”). Cuando lo más memorable de una feria es sujetar a Sánchez porque le quiere hacer un placaje al desgraciado disfrazado de Pikachu, sabes que estás fuera de lugar.

En nuestra memoria, sin embargo, se amontonan una buena sartenada de noticias y sensaciones que, perdida la perspectiva temporal por culpa de los abusos del fin de semana, nuestro goncelebro archiva en una única categoría de “fenómenos paralelos”. Y así, cuando pensamos en Gamefest 2011 pensamos también en el anuncio de que nuestro juego favorito de la pasada generación, el sinvergonzonazo God Hand, va a ser editado en formato descargable para PS Store, en PS3; que compramos con orgullo y satisfacción la última entrega del Humble Bundle (un proyecto en el que, por un tiempo limitado, se pueden adquirir unos cuantos excelentes juegos indies a precio de escándalo, pudiendo decidir qué porcentaje de ese dinero va a los desarrolladores, a la plataforma o a una asociación benéfica); que Valve, nuestra gente favorita en la industria, ha sacado un DLC (contenido descargable) completamente gratuito que expande y multiplica el ya prácticamente infinito y soberbio mundo de Portal 2; y que hubo algún momento en el que Tones se arrodilló besando los pies de un técnico (un santo, un titán) que le había arreglado su Commodore 64, fenecido desde hacía años.

Todo esto se nos mezcla, como decimos, en el goncelebro, y forma una sola amalgama de cuestiones relacionadas con el Gamefest, no sabemos muy bien por qué, y cuando llega el viernes, y llega el momento de juntar la “p” con la “a”, para constituir ese “pa” que es Mondo Píxel PG, los abajo firmantes nos preguntamos por qué todo se nos viene a la cabeza al unísono. Y aunque los alaridos de nuestros hígados nos impiden seguir el hilo de los pensamientos con fluidez (el de Sánchez ha aprendido a blasfemar en arameo), de repente, tenemos ante nuestros ojos la respuesta.

Valve, con su DLC gratuíto para Portal 2, es poco menos que una proclama anti-gamefest. Es un contenido comercial generado por una empresa que, obviamente, quiere obtener el máximo beneficio de sus productos, pero a la que le gusta mimar a sus clientes, ya que son, con la abundante cantidad de fan-art y otras muestras de rendida admiración hacia el universo de Portal, quienes han convertido a esta franquicia de la casa en un juego que puede considerarse, perfectamente, a la vez de culto y superventas, sin que una condición devore a la otra. Una condición mágica (y muy comercial, para qué negarlo), que solo se consigue acariciando el lomo de los clientes, no tratándolos como ganado. El Humble Bundle, teóricamente, obedece a la descripción del párrafo anterior; en la práctica, va más allá: a diferencia de las férreas prácticas industriales del mainstream, los juegos comprados en estos packs están libres de DRM, es decir, pueden ser copiados y prestados sin problemas, ya que no llevan protección. ¿Conclusión? Estos juegos baten records de ventas porque, a pesar de la elevada tasa de copieteo sin pasar por caja, el público entiende que las cuentas están claras y los primeros beneficiados por la compra son los programadores y, si acaso, alguna asociación benéfica. Las cuentas claras, el cliente contento y los intermediarios (¿lo habíamos dicho?: Gamefest está organizado por la cadena de tiendas *Game), disueltos en ácido. Lo mismo que en la industria mainstream, ¿eh?

Y al mismo tiempo, God Hand descargable. Se trata de un juego del que hemos hablado en otras ocasiones, siempre de forma elogiosa, y que se ha convertido con el paso del tiempo en un genuino producto de culto que poco a poco va recibiendo el reconocimiento que merece. En este caso, supone la punta del iceberg de un futuro esperamos que halagüeño: Sony se da cuenta del ingente catálogo de clásicos perdidos y olvidados que ha editado a lo largo de los años y los recupera. Para sacar pasta, claro, pero a efectos prácticos, suponen una oportunidad de rebozarnos en la certeza de que con menos dinero y con buenas ideas es fácil toparse con videojuegos más interesantes mucho más que los Triple A actuales. Es decir, Sony hace caja con su pasado a costa de reventar su presente, y nosotros encantados. Y finalmente, Tones llorando, como un niño reencontrándose con su juguete perdido, henchido de amor por una máquina arcaica y que le permitirá volver a jugar en su formato original a, digamos, el Rygar versión micro-computadora. Exudando algo que, en Gamefest, solo vimos en el (amplio) stand de la AUIC (Asociación de Usuaris de Informática Clásica): un amor que, desde luego y aunque aquí y en otros sitios le hemos puesto peros por muchas cuestiones, es más puro, productivo y brillante que el que iban paseando los mediocres product-manager a sueldo de las compañías de éxito.

¿Y por qué todas estas experiencias, futuras compras y recuerdos pasados nos asaltan deambulando por el Gamefest? Posiblemente porque varias horas rodeados de posters de Lara, camisetas de Sonic y efigies de Mario casi lograron hacernos olvidar que los videojuegos son un puñado de líneas de código que pueden petarnos la cabeza y cambiar nuestras costumbres de ocio, que es por lo que siempre hemos admirado este medio. El Gamefest se definía, así, como una buena representación de todo lo que odiamos de la industria, simplemente no siendo nada de lo que adoramos de ella. Y nos dimos cuenta del contraste porque, a diferencia de muchos de los muertos en vida a los que vimos pasar por los torniquetes, hacer cola en el Burger King y dar voces delante del stand del Kinect, a nosotros sí que nos gustan los videojuegos.

John Tones y Javi Sánchez | 07 de octubre de 2011


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