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Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

¿Queremos saber?

No recuerdo dónde leí por primera vez la extraña historia de Rudolph Fenz. Debió de ser en uno de esos libritos ilustrados sobre misterios sin resolver que abundaban en España a finales de los ochenta y que te hablaban de los sueños premonitorios de Lincoln, o de la famosa novela “Futilidad” en la que se describía el hundimiento del Titanic años antes de que se produjera. Sucedió, según contaban, en Nueva York, una noche de junio de 1950. Incluso se atrevían a constatar que fue a eso de las once y media. De pronto, en mitad de la multitud que pasea por las abarrotadas calles de la capital del mundo, aparece un individuó elegantemente vestido que mira a su alrededor como si no supiese muy bien dónde está. Camina embelesado, parece que no acaba de creerse lo que ven sus ojos y, sin que nadie pueda hacer nada para evitarlo, termina siendo atropellado por un taxi que lo mata en el acto. En el depósito de cadáveres, la policía revisa los bolsillos de lo que parece un traje de época y encuentra monedas y billetes antiguos, así como varias cartas a nombre de Rudolph Fenz fechadas en 1876. Como nadie reclama el cuerpo el caso pasa a la unidad de personas desaparecidas, en la que el investigador Hubert Rihn, tras una larga y difícil búsqueda, encuentra a un tal Rudolph Fenz Jr. en una vieja guía telefónica de 1939 y trata de localizarlo para ver si es algún familiar del fallecido. Lamentablemente descubre que Fenz Jr. también ha muerto, pero consigue ponerse en contacto con su viuda, que le cuenta que el padre de su marido desapareció misteriosamente una noche de 1876 cuando salió a fumar un cigarro. Rihn busca en los archivos de personas desaparecidas del siglo anterior y encuentra un expediente con una foto en la que aparece el atropellado.

Jack Finney
Jack Finney
En cada uno de los libros en los que leí la historia se decía que estaba basada en fuentes dignas de crédito, aunque ninguno las citaba; y quedaba como demostración efectiva de que era posible viajar en el tiempo. El relato ha seguido apareciendo en revistas y libros durante las últimas dos décadas. Últimamente aparecía también en varias páginas de internet que se ocupan de fenómenos paranormales. Y cada vez que la leía me asaltaba la misma duda que la primera vez, cuando tenía catorce o quince años: ¿Por qué nadie cita sus fuentes más allá de otros libros similares si es un caso tan bien documentado? Hace poco encontré navegando por la red el blog de Chris Aubeck, un londinense afincado en España que en 2002 se hizo la misma pregunta y fue mucho más allá. Aubeck comenzó buscando en los archivos de la seguridad social americana, las guías telefónicas de Nueva York entre principios del siglo XX y los años 50, y los archivos de la policía neoyorquina. Solo fue capaz de encontrar a un Rudolph Fez, residente en Chicago y muerto en 1976. La búsqueda del intrépido investigador Rihn fue igual de infructuosa, de manera que Aubeck pasó a tratar de encontrar las fuentes bibliográficas del relato. Comenzando con el libro “Los enigmas pendientes” de Joaquín Gómez Burón (1979) (curiosamente descubrió que la historia apenas era conocida en los Estados Unidos), Aubeck rastreó la historia a través de la exigua bibliografía que éste aportaba hasta un libro francés “Le Livre du Mystére” de Jacques Berguier y Georges H. Gallet (1975). El libro francés se había basado en un artículo aparecido en una revista esotérica italiana de 1974 que tenía como fuente a otra publicación noruega de 1973, que recogía la historia de una revista sueca del mismo año la cual, a su vez, se basaba en “The Voice From The Gallery” de Ralph M. Holland, historia aparecida en 1972 en la publicación The Journal of Borderland Research, de la Borderland Sciences Research Associates, una sociedad americana dedicada al estudio del fenómeno OVNI en la que abundaban los “contactados” como el mismo Holland, que decían estar en comunicación con entidades extraterrestres y que, por aquel entonces, mostraban gran interés en demostrar la posibilidad de viajes por lo que ellos llamaban “la cuarta dimensión”. Finalmente la historia de Holland remitía a la revista Colliers, en la que Aubeck encontró el relato fantástico publicado en 1951 “I´m Scared” del conocido escritor Jack Finney, autor entre otras cosas de la famosa La invasión de los ladrones de cuerpos (1954). “I´m Scared” era la versión original de la historia de Rudolph Fenz. Y yo añadiría que es posible que Finney se inspirase en un episodio de la novela “Un guijarro en el cielo” (1950) de Isaac Asimov, en la que el protagonista viaja al futuro lejano de manera parecida a la de Fenz o, rizando más el rizo, en las historias de desapariciones misteriosas que escribió Ambrose Bierce a principios del siglo XX. El caso es que el tema no es infrecuente en la literatura fantástica.

Revista Collier´s del 15 de septiembre de 1951
Revista Collier´s, 15 / 09 / 1951
La pregunta que queda en el aire es: ¿Por qué durante treinta años la historia de Rudolph Fenz ha sido contada una y otra vez por un montón de presuntos periodistas serios (el último Iker Jiménez en su libro de 1999 “Enigmas sin resolver” ) que no se han tomado la molestia de investigarla de verdad como ha hecho Chris Aubeck, limitándose a repetir una y otra vez el cuento de Finney aderezado con nuevos detalles que inventaba cada uno de ellos?

La historia de Rudolph Fenz no es la única que se ha convertido en leyenda pese a tener a mano los datos que la desacreditan (el relato pormenorizado de la investigación se puede leer en el blog de Chris Aubeck). Otro ejemplo del mismo fenómeno es el famoso Triángulo de las Bermudas. Convertido en un mito gracias al libro publicado en 1974 por Charles Berlitz, éste fue desenmascarado por Lawrence David Kusche en su libro “El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado” en fecha tan temprana como 1975 lo que no evita que sus teorías sigan circulando como “misterios sin resolver”. Más próximos al relato de Fenz, podemos encontrar la historia que cuenta como en 1969 un matrimonio argentino entró en una extraña niebla cerca de Buenos Aires y apareció en Ciudad de México, o la leyenda del soldado español del siglo XVI teletransportado desde Filipinas a México. El caso del matrimonio argentino es curioso porque, pese a que fue originalmente ideada por un cineasta de aquel país para promocionar una película, la historia ha sobrevivido durante casi cuarenta años y se ha convertido en una leyenda urbana que ha cruzado el Atlántico y se repite con pocos cambios en muchos lugares de España. Incluso se llegó a rodar una broma del programa “Inocente, inocente” utilizando la historia de la niebla como base.

Más allá del evidente beneficio que reportan para algunos, es curioso que este tipo de historias sigan siendo superventas, al revés que los libros o artículos serios que desbaratan la patraña y que nos devuelven a la dura realidad. Es como si nos resistiésemos a conocer la verdad. Quizás se trata de eso, de una necesidad de creer en mitos que superan la aburrida rutina cotidiana, de esperar que quizás mañana vamos a ver un OVNI o nos va a pasar algo digno de contarse. Es algo similar a las historias contadas a la luz de la hoguera en tiempos pasados pero amplificado miles de veces gracias al mundo global que nos ha tocado vivir y que, pese a poner en nuestras manos instrumentos para llegar al fondo de la cuestión, se ve que no estimula precisamente la lectura crítica de lo que nos cuentan cada día. Parece bastante seguro que, pese al magnífico trabajo de investigación de Aubeck, habrá quien mañana siga contando el caso de Rudolph Fenz entre los misterios no resueltos. Lo saben muy bien los nuevos creadores de mitos necesarios para sostener su particular visión de la realidad, y que ya no tienen que ver con extraterrestres o viajeros temporales, sino con inexistentes armas de destrucción masiva o con “agujeros negros” necesarios para no tener que aceptar que han metido la pata.

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ALGUNAS FUENTES

  • Gómez Burón, Joaquín: Los enigmas pendientes. Espacio y Tiempo, Madrid, 1991.
  • Ortí, Antonio y Josep Sampere: Leyendas Urbanas en España. Booket, Barcelona 2002.
Jose Antonio del Valle | 11 de abril de 2006

Comentarios

  1. Nitram
    2006-04-14 20:33

    pues si leyendas como estas son dificiles de erradicar del imaginario colectivo imagínate las que cuentan con todo un conglomerado de sacerdotes y templos…

  2. Marcos
    2006-04-14 22:18

    Sí, la unión hace la fuerza; en el fondo es un concepto empresarial: si eres lo suficientemente inteligente y hábil como para montar un holding poderoso, serás respetado y podrás campar a tus anchas pues no habrá quien ose ofenderte. Si eres un mindundi, tus mentiras serán fácilmente rebatibles y condenables.

    ¿Que si queremos saber? Los millones de fieles de distintas religiones en el mundo parecen dejar clara la respuesta.

    Saludos.

  3. Chris Aubeck
    2006-04-16 22:13

    La historia de Rudolph Fentz es una entre muchas (cientos) que ha investigado a fondo. He abandonado mi blog por falta de tiempo, pero mi página web contiene mucha información interesante.

    http://magoniax.100webcustomers.com

    Un saludo,

    Chris

  4. Jose
    2012-02-24 23:23

    Seis años después, el caso del matrimonio argentino sigue siendo usado por los magufos como si tal cosa:

    http://blogs.elcorreo.com/magonia/2012/02/23/%c2%bfacabara-un-cable-mal-conectado-con-los-suenos-de-viajes-en-el-tiempo-telepatia-y-bilocacion-de-javier-sierra/



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