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Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

Un general para ocupar Wall Street

Smedley Butler
Creo que ya he comentado muchas veces lo que me maravilla la red de redes como lugar donde uno nunca llega a saciar su curiosidad pero es capaz de encontrar las más extrañas conexiones e historias. Algunas de ellas parece que te están esperando y luego no te sueltan. Encuentras a una oscura filósofa rusa de la que no sabías nada, y desde entonces te la encuentras hasta en la sopa porque resulta que es la gurú de los neoliberales más cerriles. Hablas de un oscuro general norteamericano de cuya existencia supiste buscando datos sobre otro militar gringo y años después empiezas a verlo por todas partes porque resulta que se ha convertido en icono del movimiento Occupy Wall Street.

En el último caso me estoy refiriendo al general de marines Smedley Butler, del que ya conté aquí una historia hace cuatro años y al que hoy voy a tratar de hacer una pequeña semblanza por la importancia que su figura está volviendo a tener a juzgar por las veces que encuentro su rostro en Facebook y otras redes sociales.

Smedley Darlington Butler nació en 1881 en Pennsylvania, en el seno de una familia cuáquera situada en lo más alto de la escala social de la época. Hijo y nieto de congresista, parece que estaba destinado a que hoy estuviéramos hablando de él, aunque probablemente no de la manera en que lo haremos. A los 17 años mintió sobre su edad y dejó la escuela superior para alistarse en los marines e ir a luchar en la guerra de Cuba, cosa que sentó como un tiro a su familia, que lo había educado en el más estricto pacifismo como marcaba su religión.

Evidentemente Butler, viniendo de donde venía, no se enroló como soldado raso, y la academia hasta lograr su grado de alférez hizo que viese poca acción en la guerra contra los españoles, acabando acantonado en Guantánamo, que sus compañeros de armas acababan de conquistar.

Posteriormente, tras ser ascendido a teniente, fue enviado a Filipinas, donde se vivía una guerra contra los insurrectos locales. De aquella época sacó poco más que algunos tatuajes, una adicción al alcohol que más tarde abandonaría de raíz y su primera experiencia con el combate y las enfermedades tropicales, que le acompañarían prácticamente durante el resto de su carrera.

En 1900 fue enviado a China, donde había estallado la guerra de los boxers, y en la que se distinguió en las batalla de Tiensin y posteriormente en la de San Tan, siendo ya capitán. Por ambas acciones se le recomendó para la Medalla del Honor del Congreso, pero no la recibió porque el grado que ostentaba por aquel entonces no lo permitía. Lo que sí que recibió fue una herida de bala en un muslo y otra en el pecho antes del fin de la guerra.

A partir de 1903, con su unidad estacionada en Puerto Rico, Butler participó en las llamadas Banana Wars, pequeñas guerras libradas en Centroamérica para favorecer los intereses de empresas americanas que operaban en la zona, sobre todo la United Fruit Company, de ahí su nombre. Sirvió primero en Honduras, donde mandó un destacamento cuya misión era liberar al embajador norteamericano que se había visto envuelto en una revolución.

En Veracruz (segundo por la derecha)
Al volver de Honduras se casó con Ethel Conway Peters en New Jersey en 1905 y, tras dejar el ejército una breve temporada por una afección nerviosa sobrevenida en la guerra de Filipinas, volvió a ser enviado a Centroamérica, primero a Nicaragua, en 1912, y luego a Panamá, en cuya guarnición estuvo asentado. En 1914, en plena Primera Guerra Mundial, los americanos empezaron a temer que la revolución que ardía en México pudiese ser utilizada por los alemanes para evitar su entrada en la guerra mundial creándoles problemas a las puertas de casa. Butler fue enviado a Veracruz en una misión de espionaje que luego les sería muy útil en la posterior ocupación de la ciudad. Durante las luchas callejeras que sucedieron en esa ocupación recibió, esta vez sí, su primera Medalla del Honor, aunque no debió hacerle mucha ilusión, porque intentó devolverla alegando que no la merecía. La verdad es que el número de agraciados con la medalla en las guerras que siguieron a la de Cuba eran tantos, que había empezado a perder su valor. No obstante, la renuncia no le fue aceptada y se le ordenó que debía mantenerla y además lucirla.

En 1915 fue enviado a Haití, donde recibiría su segunda Medalla del Honor siendo ya comandante en lucha contra los insurrectos haitianos llamados “cacos”. Una vez acabadas las operaciones se le encomendó formar a la gendarmería haitiana y parece que destacó por primera vez por sus dotes administrativas.

No bien hubo entrado su país en la guerra mundial, Butler empezó a solicitar un puesto en Europa, siendo rechazado una y otra vez por no ser “fiable” para sus superiores. En octubre de 1918 fue ascendido a general de brigada y puesto al mando de Camp Pontanezen, un puesto de embarque del ejército en Brest, Francia. Allí lidió al parecer con bastante éxito con una situación sanitaria escalofriante, entre cuyos menores problemas no debía figurar la gripe de 1918, que mató más soldados americanos que la misma guerra. Su valía como administrador le valió varias condecoraciones francesas y americanas, y el mando a su regreso del cuartel general del Cuerpo de Marines en Quántico, Virginia; donde lo hizo tan bien, que en 1924 el mismo Presidente de los Estados Unidos le obligó a aceptar un cargo que le habían ofrecido como jefe de seguridad de la ciudad de Philadelphia y para el que dejó los marines un par de años.

En Philadelphia en plena época de la Ley seca Butler actuó con todas sus dotes de organizador y también con el celo y la terquedad de un puritano cuáquero, acabando en dos años con los clubs en los que se servía alcohol, los de los pobres y los de los ricos, lo que le trajo no pocos enemigos; pero también terminando con la corrupción en la policía y el crimen organizado, de manera que cuando iba a ser despedido al final del primer año, parte de la población se amotinó para que se quedara otro más.

En 1930 debía haber sido elegido Comandante en jefe del Cuerpo de Marines, al ser el general de división más antiguo, pero fue relegado una vez más porque su forma de ser le había ido creando un número cada vez mayor de enemigos en las altas esferas. En su lugar fue elegido el general Ben H. Fuller. Víctima de su mala fama, incluso fue llevado ante un tribunal militar por decir que Mussolini había atropellado a un niño y luego se había dado a la fuga, aunque no fue condenado. Finalmente se retiró del ejército en 1931.

Una vez fuera de las fuerzas armadas, Butler trató de hacer carrera en política. Ocupó algunos cargos como el de miembro de la comisión que organizó la policía de Oregón, se dedicó a dar conferencias por todo el país y luego, casi como no podía ser de otra manera en su familia, se presentó al Senado en 1932, aunque perdió las elecciones. Poco después tenía lugar la marcha a Washington de miles de veteranos de la guerra mundial que exigían que se hicieran efectivos sus bonos de guerra, puesto que la mayoría estaba sin empleo por la gran depresión. Butler pasó una noche con ellos junto a uno de sus hijos poco antes de que fueran dispersados por las tropas al mando de Douglas McArthur que mataron a varios de ellos.

A raíz de aquello empezó a dar conferencias en contra de la guerra de tipo económico que había vivido, uniéndose a la “Liga contra la guerra y el fascismo” y poniéndose al frente de la organización Veterans of Foreign Wars como contrapartida de la Legión Americana, organización que creía controlada por la plutocracia estadounidense. En 1935 escribió su libro War is a Racket, donde describía el tipo de guerra a las órdenes de Wall Street que había librado en Centroamérica y China y que hoy es citado constantemente por los movimientos Occupy Marines y Occupy Wall Street en los Estados Unidos.

En 1934 Butler denunció un complot de las principales fortunas del país para deponer al Presidente Roosevelt y establecer un estado fascista a la manera italiana. Este es precisamente el tema de mi anterior artículo sobre Butler, de manera que remito al lector a él, aunque diré aquí que al parecer se pretendía hacer de nuestro general un dictador marioneta a las órdenes de las principales corporaciones del país, a las que los sacrificios a los que les estaba obligando el New Deal de Roosevelt en beneficio de todos les parecían excesivos. La comisión que se estableció para investigar los hechos, llegó a la conclusión de que el complot existía, y no era una paranoia de Butler, aunque nunca se tomó ninguna medida para atajarla o castigar a sus instigadores.

El día de su retiro del ejército
Smedley Butler murió de cáncer en su Pennsylvania natal en 1940. Para la historia quedará uno de esos personajes oscuros de los que de vez en cuando Hollywood gusta para poner a secar los trapos sucios de aquella nación bien a toro pasado; un heterodoxo al que en su país no sabían muy bien donde colocar puesto que, aunque se presentó a unas primarias del Partido Republicano para el Senado, la mayor parte de su actividad política la desarrolló como agitador y a favor de los veteranos de guerra más desfavorecidos fuera de las vías del bipartidismo imperante. Y digo que no sabían, porque según han discurrido los acontecimientos en estos años, y según se ha ido viendo que nos encontramos en una reedición de lo que vivió Butler, aunque esta vez el terreno ya había sido preparado por otros mucho antes para que el nuevo complot de los más ricos solo pudiese vencer, aquel general de marines ha ido poniéndose de nuevo al frente de los que luchan por la libertad desde las calles, desafiando a los políticos mamporreros y al poder financiero internacional que trata de aplastarnos a todos con su bota.
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ALGUNAS FUENTES

Jose Antonio del Valle | 22 de agosto de 2012


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